LA CIUDAD DE LA LUNA ETERNA

La luna eterna

—Habéis captado la esencia de esta historia —concluyó Morelli complacido— , que en realidad no es más que otro cuento chino.

Deslizó el arco por las cuerdas, breve y suavemente, como un preludio de la hermosa leyenda que nos relataría a continuación. Tras enmudecer la viola, sus palabras tomaron el relevo:

—Hace muchos millones de años, durante el reinado del gran Yao, aparecieron diez soles en el cielo que secaron los ríos y echaron a perder las cosechas. Para ayudar a su pueblo, la Reina Celestial le pidió a un famoso arquero, conocido como Hou Yi, que abatiera con sus flechas mágicas nueve de esos soles.

»El héroe así lo hizo, y la Reina, profundamente agradecida, le premió con un remedio capaz de hacerle inmortal.

»Puesto que el frasco contenía una única dosis, y Yi amaba profundamente a su esposa Chang'e, renunció a la eternidad por amor a ella. Después le pidió que guardara el elixir en algún lugar seguro y que jamás se lo entregara a nadie.

»Tras su hazaña, muchos jóvenes del reino quisieron aprender tiro al arco con el gran maestro, y Yi abrió una escuela muy afamada en la que solo acogía a personas de espíritu noble y elevado. Entre sus discípulos destacaba un chico de corazón puro llamado Peng Meng.

»Aquel muchacho admiraba y respetaba a Yi, pero un día se enteró del remedio mágico que atesoraba en su casa y no pudo luchar contra el deseo de ser inmortal. La codicia de poseer aquel brebaje enturbió su corazón y le volvió mezquino.

»Aprovechando la ausencia de Yi, un día Meng se presentó ante su esposa y la amenazó con matarla si no le entregaba aquella pócima. Dispuesta a no desobedecer a su marido, decidió beberse el elixir allí mismo, ante la atónita mirada de su asaltante.

»Al momento su cuerpo despegó de la tierra y se elevó hacia la luna.

»Rodeada de lujo y cosas bellas, Chang'e se convirtió en la dueña del alcázar de la luna. Allí la acompañaba un conejo de color de jade que machacaba todos los días plantas medicinales. También había otro ser mitológico que no envejecía jamás, Wu Gang, condenado a talar el mismo árbol una y otra vez, como castigo por sus pecados cometidos.

»A pesar de sus curiosos acompañantes, la dama se sentía muy sola y añoraba profundamente a su marido, quien en la distancia se moría de tristeza sin ella.

»Fue tan grande y tan negra su pena que, desde la tierra, se reflejó una gran mancha gris en la luna.

—Un resplandor de Da Vinci... —murmuré antes de que Morelli prosiguiera con el relato.

—Por compasión, la Reina consintió que se reunieran en la siguiente noche de luna llena... Pero, antes de que pudiera elevar un paso hacia su amada, Meng le clavó un cuchillo en el corazón y les condenó a no encontrarse jamás.

»Desde entonces, las leyendas chinas dicen que la luna es eterna porque en ella habita una dama inmortal, cuya soledad es capaz de inspirar los poemas y las canciones más tristes.

—Es una historia muy trágica —dije emocionada cuando hubo acabado.

Sentía la piel erizada y un nudo en la garganta. No pude evitar sentirme celosa de aquel amor que les unía. Sin estar en la luna, una distancia más abismal nos separaba a Ichigo y a mí.

—Al menos, la princesa tenía al tipo del árbol para hacerle compañía —dijo Grimmjow.

Me sorprendió que se hubiera quedado con aquel detalle del cuento.

—Wu Gang era un guerrero desobediente y su castigo fue cortar eternamente el mismo tronco — explicó Morelli—. Cada vez que pegaba un hachazo, el trozo cortado crecía rápidamente y recuperaba su aspecto original. Wu Gang y Chang'e nunca tuvieron la oportunidad de hacerse amigos. Ambos estaban condenados a la soledad. Él bajo su árbol y ella en su palacio. La belleza y juventud eternas no podían darles ninguna felicidad.

—¿Y qué pinta ese conejito machacando hierbas? —pregunté muy seria—. Esa parte no la he entendido muy bien.

—No hay nada que entender —confesó Morelli divertido—. Realmente ese conejo no pinta mucho en la historia, pero los chinos son así de raros a veces.

Los tres reímos.

—Eres un cuentista fantástico —dijo Grimmjow—, pero ahora que Alicia y yo estamos en racha será mejor que continuemos con el siguiente sentido. ¿Cuál toca?

Me gustó verle tan animado. Su espíritu jugador —que ya había conocido en el sótano de Londres con nuestras partidas de backgammon— había emergido de nuevo.

Nuestro joven anfitrión sacó acto seguido un pañuelo de seda y se acercó a Grimmjow. Observé la delicadeza con la que le vendaba los ojos y explicaba:

—Es el turno del olfato.

Contuve la respiración cuando se colocó a mis espaldas y me apartó el pelo para anudarme la venda. El roce suave de sus dedos en mi nuca me produjo un escalofrío.

Sentí su aliento cálido en el oído susurrándome en italiano:

Il profumo più squisito della terra.

Aquellas palabras lograron que todo mi cuerpo se estremeciera, no tanto por la caricia de su voz grave —como la viola que había tocado minutos antes— , sino porque había reconocido en ellas la frase de Hannibal Lecter, el famoso asesino.

Entendí que era una pista cuando se acercó a mí y aspiré en su piel un aroma delicioso y conocido.

Deduje que era su cuello al sentir un roce de cabello en mi mejilla. Con los ojos vendados y los sentidos activados por el vino añejo, inspiré aquella fragancia como si se tratara de un último soplo de oxígeno. Olía tan bien que tuve la tentación de morderle.

Era el jabón de la farmacia de Santa Maria Novella que había comprado con Stark unos días atrás. Aquella casualidad era tan increíble que no pude evitar desconfiar de mi olfato...

No cabía la menor duda.

—Es la primera vez que huelo algo así —confesó Grimmjow cuando llegó su turno—. Es increíble, sublime...

—Yo siempre me baño con esto antes de acostarme —dijo Morelli de forma seductora—, pero dime, muchacho, ¿qué es? ¿A qué huele?

Antes de que errara en su respuesta, me adelanté con voz segura:

—«Sapone Alla Mandorla. Officina Profumo Farmaceutica di Santa Maria Novella».

—¡Bravo, Alicia! —aplaudió Morelli quitándome la venda y mirándome a los ojos—. Me pregunto cómo una chica tan joven puede tener unos conocimientos tan profundos. ¿Seguro que no has vivido otras vidas?

To Be Continued...