LA CIUDAD DE LA LUNA ETERNA

La nota

El reflejo de los primeros rayos a través de la claraboya me obligó a abrir los ojos. Grimmjow yacía a mi lado, rodeándome con un brazo. No llevaba el batín y mi cabeza reposaba sobre su pecho desnudo.

Levanté un poco la sábana y comprobé aliviada que llevaba ropa interior.

Traté de separarme con sigilo, para no despertarle, pero solo logré que me abrazara con más fuerza, como si yo fuera su peluche.

Alcé la cabeza y le observé mientras dormía. Una sonrisa delataba su sueño plácido y cedí al deseo de acurrucarme un rato más entre sus brazos. Yo también me sentía a gusto... Hacía tanto tiempo que no descansaba por las noches que, un segundo antes de volver a dormirme, me pregunté si el vino añejo había sido el único responsable.

Una voz dulce me acompañó de nuevo al mundo de la vigilia.

Abrí los ojos y me incorporé de un sobresalto.

Grimmjow me observaba divertido desde una butaca que había junto a la cama. Estaba vestido con su ropa y parecía recién duchado.

Con la chimenea a toda leña, la habitación estaba muy caldeada.

Me atusé el pelo revuelto y reparé en que no llevaba puesto el quimono.

Estiré el edredón y me cubrí hasta el cuello.

Imágenes confusas de la noche anterior sacudieron mi conciencia. Recordé las pruebas de Urahara, el vino, el cuadro y mi visita a la habitación de Grimmjow.

También me acordaba de los besos y de haberme despertado en sus brazos al amanecer... Pero no lograba precisar el momento en que nos habíamos quedado dormidos y si había pasado algo más entre nosotros.

Al ver mi batín en el suelo, junto al de Grimmjow, no pude contener una pregunta:

—¿Por qué no lo llevo puesto?

—¿No lo recuerdas? —Su sonrisa burlona me hizo temer lo peor—. Te lo has quitado tú misma cuando he encendido la chimenea hace un rato. Supongo que tenías calor... No pensarías que yo...

Sentí cómo mis mejillas se encendían.

—Yo soy un caballero, Rukia, nunca me aprovecharía de ti... Al menos, no en ese sentido.

—¿Qué quieres decir?

—Que me has servido para dormir como nunca. Eres el mejor somnífero que he probado jamás. —¿Tan aburrida te resulta mi compañía?

Soltó una carcajada antes de ponerse muy serio.

—He tenido pesadillas desde... —tensó el rostro— lo ocurrido en el bosque. No he dejado de soñar con el incendio ni una sola noche. Veo a Riruka y a mi padre ardiendo en ese infierno, y a todos esos chicos...

Agitó la cabeza para alejar aquellas tristes imágenes.

El corazón se me encogió.

—Esta noche, abrazado a ti, he dormido como un ángel. —Mantuve su mirada y vi cómo sus labios esbozaban una sonrisa—. Estoy pensando en secuestrarte de nuevo y obligarte a dormir conmigo todas las noches...

Supuse que bromeaba, pero aun así me estremecí ante la idea.

—Yo también he dormido bien —reconocí—. Pero no creo que el mérito sea de la compañía, sino del vino que tomamos anoche.

—Te invito a salir de dudas cuando quieras. Solo para dormir... ya sabes.

Abrió los brazos de forma teatral y le lancé un cojín.

Después me enrollé en la sábana y me dirigí al baño.

—Ururu me ha dado esta mañana tu ropa lavada y planchada —le oí decir desde el otro lado de la puerta—. La tienes junto a la bañera.

Deduje que se refería a la chica de rasgos exóticos.

Mientras me duchaba, oí cómo la puerta se cerraba.

Tras vestirme, busqué el móvil en el bolsillo de mi abrigo y vi que tenía cinco llamadas perdidas de Stark. Alojarme en su casa y desaparecer de esa manera, sin una explicación, había sido muy desconsiderado por mi parte.

Eran más de las ocho y la primera clase estaba a punto de empezar, pero aun así marqué su número.

Al descolgar, la voz gritona de Stark me obligó a separarme del móvil.

—¿Se puede saber dónde te has metido?

Le pedí disculpas y le expliqué que estaba con un amigo con el que había coincidido por Florencia.

—Podrías haberme llamado. —Suavizó el tono—. Anoche, al ver que no volvías, me preocupé mucho. Me habías dicho que no conocías a nadie en esta ciudad, aparte de esa chica que te ha dejado tirada. ¡He estado a punto de llamar a la policía!

Me pareció que exageraba un poco teniendo en cuenta que casi no nos conocíamos, pero aun así volví a disculparme.

—Espero que ese chico con el que has pasado la noche esté bueno al menos...

—Es solo un amigo. Y, además, es muy feo —bromeé—. Por cierto, no creo que pueda llegar a clase antes de un par de horas, ¿podrías cubrirme y decirle al profesor que he tenido que ir al médico?

Antes de colgar, Stark me dijo que intentara llegar antes de las tres porque a esa hora impartían una clase muy especial.

Cuando salí del baño, Grimmjow estaba de pie junto a la chimenea de la habitación.

—¿No podías haber escogido otro momento para llamar a tu novio italiano? Hace rato que te espero.

—Es solo un compañero de clase que me ha acogido en su piso —me excusé algo cohibida por su semblante serio.

—Claro, y yo solo «un amigo feo con el que has coincidido por Florencia».

Sentí que mis mejillas se enrojecían.

—¿Qué querías que le dijera? ¿Que he pasado la noche en casa de un inmortal con el chico que me secuestró hace unos meses?

—Me habría dolido menos.

—¿Estás celoso? —le pregunté con picardía.

—Claro que no.

—Tranquilo, Stark no es rival para ti —bromeé—. Es un modelo de dibujo que daría lo que fuera por meterse en la cama de Urahara... o incluso en la tuya.

—Desconfía siempre de alguien que se presenta enseguida como gay. Es una estrategia muy útil para atraer a las chicas. —Esbozó una sonrisa burlona—. En cualquier caso, no puedes seguir viviendo con un desconocido. Deberías venir conmigo. He alquilado una suite en un hotel pequeño cerca de los jardines Bóboli. Serás mi invitada.

—No te lo tomes a mal, pero ya sé cómo tratas a tus invitados... y no me apetece mucho volver a tenerte de anfitrión.

Grimmjow se llevó la mano al pecho, como si la flecha de mis palabras le hubiera herido profundamente.

—Hablando de anfitriones... Será mejor que no hagamos esperar mucho al nuestro —dijo señalando la puerta.

Mientras esperábamos a Urahara, nos entregamos a un largo almuerzo. Ururu nos había acompañado a la cocina y nos había servido un zumo de naranja y una tarta de zanahoria y pera que sabía de maravilla.

La observé mientras se movía de un lado a otro de la cocina, guardando unas verduras en la alacena y limpiando de tierra unas setas.

Buongiorno —chapurreé en italiano—. Capire spagnolo o inglese?

La chica ignoró mi pregunta y siguió en sus menesteres.

Insistí de nuevo.

—Déjalo, no va a responderte —dijo Grimmjow.

—¿Por qué? —pregunté extrañada—. ¿Acaso es muda?

—Sí, y también sorda. Antes he intentado hablar con ella... Lee los labios.

—¿Y cómo has sabido su nombre?

—Cuando se lo he preguntado, me ha dado una de estas florecillas.

Un ramillete de violetas bebía el agua de un vaso que había sobre la mesa.

Me levanté y le toqué el hombro con suavidad. Cuando se giró, señalé la tarta e hice un gesto con los dedos para expresar lo deliciosa que estaba.

La chica sonrió e inclinó la cabeza levemente.

Grimmjow se puso frente a ella y le habló con voz pausada, vocalizando cada palabra.

Dove è il signor Morelli?

Ururu sacó un papel del bolsillo de su delantal y nos lo tendió.

Queridos muchachos:
Tengo asuntos que atender en Florencia que me impiden acompañaros esta mañana, pero nos encontraremos muy pronto en mi galería de Oltrarno.
Kisuke Urahara Morelli

Era una nota escueta, escrita con tinta negra sobre papel blanco. No concretaba el día del encuentro, ni revelaba la dirección a la que debíamos dirigirnos. Tampoco mencionaba nada sobre los documentos que nos entregaría...

Pero no fue nada de eso lo que nos impresionó y nos dejó sin habla durante unos segundos.

Aunque la escritura seguía nuestro alfabeto románico y tenía un significado descifrable y lógico, nos remitió a una caligrafía muy especial que ambos conocíamos muy bien.

Aquella letra era idéntica a la que había empleado el autor del Manuscrito Voynich cinco siglos atrás.

To Be Continued...