LA CIUDAD DE LA LUNA ETERNA

La semilla de la duda

Durante la siguiente media hora me resultó imposible concentrarme en aquel estúpido dibujo. Tenía frente a mí a la chica que me había engañado y dejado tirada en la calle... Pero también a la culpable de que yo estuviera en Florencia. Y esto último me producía sentimientos contradictorios.

Por un lado, me alegraba de haber dado con Grimmjow. Me sentía como un ratoncito que ha encontrado al fin su queso tras husmearlo en el laberinto. Pero, por otro, era evidente que alguien había dirigido hacia allí mis pasos y movía mis hilos a su antojo.

Me pregunté si ese alguien era Hallibel o si, como yo, se trataba de una marioneta más en aquel extraño juego. ¿Se conocían ella y Urahara?

La italiana había descrito con todo detalle el cuadro que él tenía en su poder. Un lienzo renacentista en el que salía yo. Pero ¿sería Urahara el ser eterno de la Aldea de los Inmortales? De ser así, una luz de esperanza se encendía en el futuro de Ichigo. ¡Él parecía haber superado el miedo!

Deseché aquella idea recordando que una sombra amenazadora nos acechaba a todos. Mi deber era proteger el secreto de Ichigo y la semilla dormida. Y para eso, debía ayudar a Grimmjow a recuperar las páginas perdidas del emManuscrito Voynich/em donde estaban las coordenadas del valle.

Mi mente regresó a la clase tras oír al profesor chasquear la boca junto a mi caballete.

—Cualquier parecido entre la modelo real y su obra es pura coincidencia —bromeó—. Concéntrese, Rukia.

Intenté hacerlo, pero, cada vez que miraba a Hallibel y trataba de copiarla en mi lámina, el pulso me temblaba y me salía un garabato.

Nuestras miradas coincidieron varias veces. Lejos de inquietarse, su pose lánguida y su sonrisa etrusca no variaron ni un ápice. Traté en vano de descifrar la misteriosa mueca que se escondía en sus labios.

¿Qué pasaría por su mente?

Una gota de sudor, resbalando por su frente, me hizo intuir que se sentía incómoda. Estaba claro que no esperaba encontrarme allí y que esta vez sí había sido el azar el que había cruzado nuestros caminos.

Hallibel no sabía que yo estudiaba en aquella escuela tan elitista.

Se lo había ocultado deliberadamente al conocerla, no tanto por prudencia, sino por pudor. Me había parecido poco elegante decírselo a alguien que debía trabajar duro para pagarse los estudios. Ahora entendía que ella tampoco había sido muy sincera en ese aspecto y que su empleo de «azafata» consistía en posar desnuda para estudiantes de dibujo.

Pensé en abordarla nada más terminar la clase, pero mucho me temía que no averiguaría gran cosa y que trataría de huir de mí lo más rápido posible. Tampoco podía seguirla sin que se diera cuenta.

Hallibel era demasiado astuta. Sin embargo, había alguien que sí podía hacerlo por mí.

Busqué a Stark con la mirada. Su caballete estaba situado en una esquina, de tal manera que estaba casi segura de que la modelo no habría reparado en él.

Decidí enviarle un mensaje, así que salí del aula con la excusa de ir al baño y le escribí un WhatsApp desde el pasillo.

"La modelo es Hallibel"

Esperé impaciente una respuesta:

"¿La chica que te ha dejado tirada?"

"Sí, y probablemente la que ha intentado entrar en tu casa"

"¡Lleva peluca! Lo sabía… La seguiré cuando salgamos de clase"

"Puede ser peligroso"

"Ya te lo he dicho, siempre he querido vivir una aventura :)"

"Ten cuidado"

Pegué un saltito emocionada por su mensaje. Era justo lo que esperaba de alguien que se moría por ser el protagonista de un thriller. Una preocupación me asaltó de golpe al recordar algo que me había dicho esa misma mañana:

"¿Qué es eso comprometido que guardas en tu casa?"

"No puedo decírtelo, pero no te preocupes. No es nada ilegal"

Pasó u segundo antes de que entrara otro mensaje:

"Entretenla un rato cuando acabe la clase para que me dé tiempo a seguirla"

"Envíame un mensaje cuando sepas algo…"

"Ok. Lo haré"

Cuando volví a clase, algunos compañeros estaban recogiendo sus cosas y entregando sus láminas al profesor.

No había rastro de Stark y deduje que habría salido por la otra puerta del aula.

Hallibel ya estaba vestida y se había quitado la peluca.

Cuando me acerqué a ella, me abrazó de forma exagerada y me dio dos besos antes de exclamar:

—¡Rukia! No sabía que estudiabas aquí. Te he buscado por todas las academias de la ciudad. Me dijiste que te ibas a preparar la selectividad, pero esta es una escuela internacional.

—Y tú que te ibas a Madrid —respondí en un tono seco.

—Suspendieron la beca. Me enteré en el aeropuerto. Algunos de mis compañeros se han ido igualmente, pero yo no puedo. No tengo dinero...

—Lo sé. El casero vino buscándote por eso. Y me hicieron pagar el alquiler. Quinientos euros. Solo he estado dos días en esa casa...

—¡Oh, Dios! ¡Qué vergüenza! Lo siento tanto, Rukia.

—Me dijiste que el piso era de tus tíos.

—Y lo es. Pero se han molestado por algo que hice y... A veces la familia no es el mejor apoyo.

—Bajó la mirada como si le costara hablar del tema—. Dime dónde te alojas y te devolveré el dinero.

La miré con desconfianza.

—Ahora debo irme. Tengo un trabajo en la otra punta de la ciudad, pero llámame y hablamos.

—Lo he intentado unas cuantas veces, pero tu teléfono siempre está apagado.

—¡Es cierto! —Puso los ojos en blanco y me dio una tarjetita con un número—. Me lo cortaron por falta de pago, pero ahora tengo uno nuevo.

Me guardé su nota en silencio.

—Llámame cuando puedas, Rukia. Hay cosas que debes saber...

A punto de desaparecer tras la puerta, se giró y me preguntó:

—¿Has sabido algo de Grimmjow?

—Sí. —La reté con la mirada—. Y me ha dicho que no tiene ni idea de quién eres.

Observé cómo su rostro pasaba de la sorpresa a la tristeza en cuestión de segundos.

Parecía realmente afectada.

—¿En serio te ha dicho eso? —Tragó saliva y sus ojos se pusieron vidriosos—. Y tú le has creído...

Asentí en silencio, impresionada por su reacción, mientras la semilla de la duda empezaba a echar raíces en mi interior.

To Be Continued...