Medio año después me atrevo a aparecer en este fic. No, no lo he abandonado. Pero como me suele pasar, los bloqueos vienen y desaparecen en cuanto menos te lo esperas. Sé que no es excusa, pero quería estar segura de poder escribir algo en condiciones antes de subirlo. Y bueno... He tardado más de lo previsto. Perdonad por la demora, a partir de ahora intentaré actualizar sin dejar seis meses de margen.

¡Gracias a Gala117, UntouchableBerserk, NiiaOffer, Yartiza9, masimon, LisGonzalez, Sttar Jack y luna por sus reviews! Siento mucho no responder a sus hermosos reviews, el tiempo se me echa encima, pero todos me llegaron al corazón. Y perdonad de nuevo este hiatus -.-'

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: EreRi, OoC, angst (leve).


Reina derriba al caballo

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—Deberías tomarte un tiempo —sugirió Erwin una vez llegaron al edificio donde vivía Levi—. Piénsalo con calma.

Levi no quería tomarse un tiempo, porque eso sería reconocer abiertamente que su relación con Farlan se encontraba en un punto realmente crítico; era muy posible que no quisiera ver la realidad tal y como era.

Quería mucho a Farlan, no era una mala persona, pero se estaba convirtiendo en algo totalmente distinto. Sus celos, su posesividad y su malhumor no le dejaban vivir en paz. Rememorando la época en la que mantuvo una relación con Erwin, este jamás le había gritado ni controlado compulsivamente. Confiaban el uno en el otro, y eso era lo que importaba. ¿Por qué Farlan no entendía algo tan sencillo como eso?

—No sé si es lo mejor, Erwin.

—Tienes que pensar más en ti. Esto está perjudicando más de lo que debería.

Muy a su pesar, Erwin tenía razón. No se había mirado en el espejo esos días y todo por miedo a ver su actual aspecto. Las constantes peleas, el aire tóxico que respiraba en casa y su propia frustración le robaban las pocas horas de sueño que podía permitirse. ¿Cuándo había sido la última vez que durmió más de cuatro horas?

—Me gustaría arreglar las cosas hablando —expresó Levi, quien tenía la esperanza de hacer las paces con Farlan de una vez por todas.

Erwin respetó su decisión. Abrió la boca para decir algo, pero otra voz se alzó fuerte sobresaltando a ambos.

—¡Eh, tú! ¡Aléjate de Levi!

Todo pensamiento reconciliador que estuviera pasando por la cabeza del moreno se esfumó casi de inmediato al ver la agresividad con que Farlan se dirigía a Erwin. Sin saber muy bien por qué, Eren le acompañaba, pero este tan solo parecía preocupado, no había rastro de furia en sus facciones.

—¿Qué hacéis los dos aquí?

Hubo un cruce de miradas entre los cuatro, Levi totalmente desconcertado por ese encuentro tan insólito entre su ex pareja, su novio y su vecino. Farlan estaba a un segundo de pegarle un puñetazo a Erwin, sin importarle que el rubio fuera más alto y más fuerte. Levi y Eren se miraron y el castaño le dirigió una mirada como pidiendo disculpas por esa situación.

—Será mejor que me vaya —anunció Erwin sin prestarle el más mínimo interés en Farlan.

—¡Eso! ¡Vete!

Eren quedó tan sorprendido por ese arrebato de furia que a punto estuvo de pedirle que se relajara, pero Levi fue más rápido.

—¡Cállate, Farlan!

De la rabia pasó a la indignación. Como un huracán, se adelantó y sin decir nada a nadie entró en el edificio dando un portazo a la puerta de entrada. Levi inspiró profundamente; la actitud de Farlan le ponía en evidencia frente a Eren y Erwin, cuya escena les había dejado mudos.

"Ese tío es imbécil" —pensó el castaño con desprecio.

—Si necesitas algo, llámame —dijo Erwin antes de subirse a su coche.

Levi asintió. El ruido del motor hizo gran estruendo en mitad de la noche, pero gradualmente fue haciéndose más débil a medida que Erwin se alejaba. Eren sentía la urgencia de decirlo algo, el rostro abatido de Levi no le transmitió nada bueno.

—Levi…

—Ahora no, Eren.

Al contrario que Farlan, Levi tomó la dirección opuesta; esa noche no pondría un pie en su casa. Al ver sus intenciones, el castaño quiso detenerlo.

—¿A dónde vas? —preguntó poniendo una mano sobre su hombro.

—No seré yo quien pase una noche con ese cretino.

Eren se negaba a soltarlo. ¿Merodear por las calles a esas horas de la noche? ¡Ni hablar!

—Lo entiendo. Entiendo que no quieras estar con él —coincidió mostrándose comprensivo—. Pero no puedes vagar por las calles cual perro callejero. Ve conmigo.

Le estaba ofreciendo su casa desinteresadamente, sin ninguna pretensión sexual. Solo como refugio.

—Estaré bien. Iré a casa de una amiga —explicó para decepción del otro.

—Ah… ¿Vive muy lejos?

—No te preocupes tanto por mí, Eren —dijo con una sonrisa.

Eren buscaba razones para convencerlo de quedarse en su casa, pero no se le ocurrió ninguna. Pensándolo detenidamente, era lógico que eligiera una amiga antes que a él. Eso le enfureció, necesitaba ganar más confianza. Levi le dijo adiós y enfiló calle abajo sin darle tiempo a protestar. Eren no estaba contento ni mucho menos con ese final. Pese a lo cerca que estaban Levi y Farlan de una ruptura, le enervaba que el rubio no supiera controlar sus impulsos.

¿Es que no se daba cuenta del daño que le estaba causando? Levi estaba mal por su culpa, y en vez de solucionarlo, se cogía un berrinche como los niños pequeños. Él necesitaba un hombre de verdad, y estaba claro que Farlan no lo era.

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Durante los días siguientes no tuvo noticias de Levi. Tampoco le había preguntado a Farlan, evitando una muy posible pelea, aunque probablemente él tampoco estaba enterado de nada. Tenía guardado su número de teléfono, y la tentación de llamarle era muy fuerte, mas debía ser paciente. Levi se había ido en busca de tranquilidad, si le acosaba a llamadas solamente conseguiría distanciarlo más.

Regresaría tarde o temprano y con suerte daría punto y final a esa relación que le traía problemas y dolores de cabeza. Y entonces él entraría en acción. Le haría ver cómo se comportaba un verdadero hombre y con el paso de los meses el recuerdo de Farlan no sería más que un espejismo.

Justo una semana después de lo ocurrido, Eren había terminado su cuarta sesión fotográfica para Calvin Klein. El director lo mandó para casa informándole de que cuando tuvieras las mejores fotos seleccionadas, le llamaría. Luego las retocarían, modificarían la luz y eliminarían pequeñas imperfecciones: Eren odiaba que hicieran eso. Él ya era perfecto, no necesitaba de retoques ni mierdas.

Al tener la agenda vacía, optó por volver a casa. En su primer año como modelo, los compañeros de trabajo le dieron la bienvenida con los brazos abiertos, pero al cabo de unos meses estos dejaron de hablarle si no era estrictamente necesario. Su impuntualidad, descaro y soberbia le había costado muchas enemistades, pero a él poco le importaba. Ya no le invitaban a comer o a salir de fiesta después del trabajo, por ello siempre tenía huecos libres por la tarde y noche.

Abriendo la puerta de casa, empezó su ritual. Desvistiéndose y tirando la ropa al suelo, quedó completamente desnudo. Entrando en el baño, abrió el reproductor de música del móvil y colocando el aparato sobre el estante donde tenía puestas la crema de afeitar y la loción, se metió en la ducha escuchando de fondo Linkin Park.

Se entretuvo más de la cuenta dado que no tenía ningún compromiso pendiente. Cuando finalmente salió, una nube de vapor inundó todo el baño. Sin molestarse en cubrirse con una toalla, limpió el cristal empañado, y viéndose reflejado en el espejo, sonrió. Gotas de agua adornaban su pectoral marcado con extrema sensualidad… Esa era la imagen de un hombre.

Hubiera seguido admirando su fibroso cuerpo, pero la lucecita parpadeante del móvil indicaba dos mensajes nuevos. Desbloqueando la pantalla, abrió el chat. El primero era de una tal Judy, quien le invitaba a su casa esa noche. Se había acostado con tantas mujeres que ya ni recordaba sus nombres, ignorándola deliberadamente, leyó el segundo mensaje; era de Petra.

"¿Te apetece cenar esta noche conmigo, Mike y unos amigos? Vente y nos echamos unas risas". —18:37pm.

Aceptó sin reparos.

"Claro, suena divertido". —18:38pm.

Petra le dio la hora y el lugar acordados previamente.

"A las 9 en el Brooklyn. Te quiero bien guapo para esta noche ;)" —18:41pm.

El Brooklyn era un restaurante informal de comida americana. Por supuesto iría guapo a esa quedada de amigos, pero no excesivamente. A veces la belleza casual era la más idónea.

Todavía era pronto para arreglarse, así que vistiendo la ropa que solía llevar por casa, dedicó las horas siguientes a ponerse al día con Juego de Tronos. Si mal no recordaba, iba por la cuarta temporada aún, a punto de presenciar la boda de Joffrey. Poniéndose cómodo en el sofá, cogió su portátil y abriendo la carpeta "Descargas" buscó la serie entre otras.

Como supuso, el tiempo pasó volando. Solo vio dos capítulos, y pese a querer ver más de la trama, tuvo que apagar el portátil y prepararse para esta noche.

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Eran las 21:13pm cuando Eren aparcó su coche dos calles más arriba de donde se encontraba el restaurante. Se sintió muy orgulloso por su puntualidad: era la primera vez que no sobrepasaba los treinta minutos de retraso. Echando una mirada fugaz al espejo retrovisor puesto en lo alto del cristal delantero, se despeinó un poco el flequillo.

Perfecto.

Saliendo del coche, cerró la puerta suavemente y lo aseguró a distancia. No tardó ni tres minutos en llegar al Brooklyn, buscó a su amiga Petra por el local y la vio en una mesa del fondo sentada junto con Mike y otros que no conocía. A medida que se acercaba apreciaba mejor los rostros desconocidos: había una mujer de pelo castaño y gafas, otra con el pelo corto y rubio y dos hombres: uno sentado al lado de la mujer de las gafas y el otro…

El otro era Erwin.

—¡Eren! —exclamó Petra sonriente.

Los presentes miraron al castaño y le saludaron cordialmente.

—Chicos os presento a mi amigo Eren, el mejor modelo que haya pisado la empresa.

Obviamente los halagos de Petra solo hacían que incrementar su ego.

—Un placer, soy Eren Jaeger —dijo tomando asiento en una esquina de la mesa, junto a la mujer de las gafas.

—Os presentaré. Ya conoces a mi maravilloso novio, Mike. Ella es Nanaba —. La mujer rubia le hizo un gesto con la cabeza—. Moblit y Hange —dijo señalándolos a ambos—. Y, por último, Erwin, ¡el líder!

—No soy vuestro líder —rectificó el aludido con una sonrisa.

—Le llamamos líder porque es el más viejo del grupo —le susurró Hange.

—Os recuerdo que Mike es tres años mayor que yo.

—Pero él lo lleva mejor —intervino Petra sacando un estruendo de carcajadas en la mesa.

El camarero les atendió poco después. Mientras discutían qué pedir para cenar, Nanaba formuló una pregunta que acabó con el buen rollo en la mesa.

—Entonces… ¿Levi no quiso venir?

Eren alzó la mirada de su carta y se tensó. Un breve, pero incómodo silencio se instaló entre ellos. Hange con toda naturalidad se llenó el vaso hasta arriba de cerveza y tras pegarle un buen sorbo, dijo:

—Le insistí en que viniera, pero prefirió quedarse encerrado en casa. Ya sabéis cómo es.

El castaño miró de reojo a Erwin que, a su vez, parecía tener la mirada perdida.

—¿Cómo está? —preguntó Petra preocupada.

Hange se encogió de hombros. Sirviéndose más cerveza, explicó que comía muy poco y abusaba sin medida del café ya fuera por la mañana o por la noche.

—Desde mi habitación le oigo pasearse por el piso de un lado a otro a altas horas de la madrugada. Fui a la farmacia a comprar su medicamento para el insomnio, pero no le hace ningún efecto. Procuro que se lo tome delante de mí, pero no creo que duerma.

Erwin tenía los nudillos blancos de la fuerza con que sujetaba la carta. Nadie comentó nada al respecto, pero todos expresaban una gran preocupación en sus rostros. Eren estaba por pegarle una paliza a Farlan en cuanto regresara a su casa. Algunos como Mike o Nanaba miraban a Erwin inquietos, quien, pese a su indignación, se mantenía firme. Eren lamentó que Levi no hubiese querido acudir a la cena, habría sido el momento ideal para hablar con él.

El camarero regresó, anotó sus pedidos y se fue en dirección a la cocina. No volvieron a mencionar a Levi durante el resto de la noche, mas Eren y Erwin no podían sacárselo de la cabeza. ¿Qué estaría haciendo en esos momentos? ¿Intentaría dormir? ¿Escribiría su libro en un intento por evadirse de la realidad? ¿Tomaría más pastillas de las necesarias?

La angustia empezó a carcomerle cuánto más pensaba en ello. No disfrutó del sabor de sus patatas fritas con carne picada, bacon y queso fundido tanto como le hubiese gustado. La imagen de Levi hecho mierda persistía en su cabeza. Los demás charlaban de cosas triviales, pero ni él ni Erwin abrieron mucho la boca. Hange le hizo algunas preguntas, pero en general, se la pasó comiendo de sus patatas en silencio.

El camarero les trajo la cuenta una hora después. Eren pagó su parte y distraído como estaba contemplando la decoración del restaurante que consistía en el gran puente de Brooklyn pintado en la pared y otros símbolos norteamericanos como la estatua de la libertad o el Empire State, notó como alguien le tocaba el hombro ligeramente. Volteándose, se encontró cara a cara con Erwin.

—¿Podemos hablar un momento? —pidió educadamente.

—Claro.

Alejándose de la barra, Erwin lo condujo hasta la entrada de los aseos.

—Disculpa si soy tan directo, pero… ¿de qué conoces a Levi? —preguntó en un tono educado.

—Somos vecinos.

—¿Estás interesado en él?

—No creo que eso te importe —respondió Eren de forma brusca.

—Sí, me importa —replicó Erwin seriamente—. Perdóname si me equivoco o te falto al respecto, pero mirándote detenidamente, solo veo a un niño rico, consentido y arrogante cuyas relaciones no le han durado más de medio año.

Eren se irguió en tanto que un rubor se extendía por su rostro. Ese hombre... ¿Quién se creía que era?

—¿Y qué, si es así? —afirmó sin molestarse en negarlo.

—Pues que no pienso permitir que nadie más le haga daño a Levi. Ya tiene suficiente con esa relación destructiva, como para que tú te aproveches de su estado y juegues con sus sentimientos.

—No voy a hacerle daño —aseguró Eren poniéndose a la defensiva—. Más bien le sacaré de esa relación destructiva, como tú la llamas.

—¿Y cuántos meses pasarán hasta que te hayas cansado de él? —cuestionó Erwin con una voz falsamente amable.

—¡Deja de hacerte el pretencioso! Tú no me conoces —contraatacó Eren furioso.

—Cierto, no te conozco. Pero dime, ¿conoces tú a Levi?

Hinchándose como un globo, el castaño cada vez se sentía más acorralado, pero no se echó para atrás.

—No, no lo conozco, pero eso...

—Déjame decirte un par de cosas, Eren —advirtió el mayor con serenidad—. Conozco a Levi desde hace más de diez años, y durante todo este tiempo he sido la persona más cercana a él. Lo sé absolutamente todo sobre él, y a día de hoy sigo queriendo lo mejor para su futuro. Créeme Eren, no te conviene ponerte en mi contra.

Ese hombre podía resultar un peligro mayor que Farlan... Pero no... No le convenía declararse enemigo suyo... Seguramente Levi le consideraba alguien de mucha confianza a pesar de ser su ex... No podía arriesgarse, Erwin no era como Farlan... ¿Qué podía hacer?

"Piensa, Eren... Piensa".

—Dime, Erwin, ¿quieres recuperar a Levi?

Si esa pregunta le cogió desprevenido, no dio muestras de ello. Sin alterarse, respondió con una sonrisa cortés:

—Quien sabe, pero no negaré que odio ver a Levi sufrir por un chico que no sabe tratarlo como merece.

—Entonces, también quieres que corte con Farlan, ¿verdad? —dedujo Eren con facilidad.

—Es posible —admitió sin problemas.

—Es decir, tenemos un objetivo común —concluyó como resultado—. Una vez Levi sea libre, que elija con quien quiere estar. Hasta que el momento llegue... Tengamos la fiesta en paz.

—¿Me estás proponiendo una tregua?

—Llámalo como quieras —respondió Eren encogiéndose de hombros.

Erwin observó aquel joven calculadoramente. Su determinación y la seguridad que mostraba eran admirables, pero, ¿serían suficientes? Levi era una persona difícil de tratar, y hacerle feliz todavía más. ¿De verdad creía ese chico poder estar a su altura? Aun teniendo muchas dudas, aceptó lo que Eren le proponía.

Se dieron la mano para formalizar ese acuerdo, sin odio ni rivalidad… por el momento.

A las once fuera del restaurante se despidieron y cada uno se fue en direcciones opuestas. Eren encendiendo el motor de su coche, pensó en lo mucho que habían cambiado las cosas desde que se propuso conquistar a Levi. Literalmente había firmado un pacto de no violencia con Erwin, la ex-pareja de Levi… Como se decía, el enemigo de tu enemigo es tu amigo.

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Sacando las llaves de casa, Eren subió hasta el segundo piso. No tenía sueño y aún era temprano; seguramente continuaría con Juego de Tronos. Hasta que Levi no apareciese, poco podía hacer. Irónicamente se preguntó si por casualidad había vuelto a casa cuando lo encontró de improvisto sentado en las escaleras de su rellano.

—¡¿Levi?!

Este le saludó de forma imperceptible. Su aspecto no había mejorado nada, estaba igual o peor que cuando lo vio días atrás. Eso sí, sus ojeras no podían ser más acentuadas. Todo él desprendía un aura depresiva.

—¿Qué haces aquí afuera?

Levi no respondió. Sus ojos no estaban puestos en ningún punto en particular, parecía totalmente ido. Eren pensó en la posibilidad de que Farlan le hubiera echado fuera de casa y abatido, el moreno no tuvo fuerzas para volver con su amiga Hange. Si ese era el caso… Oh, se encargaría personalmente de romperle esa cara tan bonita. La otra opción es que Levi no se atreviera a entrar en casa. Eren lo comprendió: estando Farlan ahí dentro se le quitaban las ganas a uno de entrar.

—¡Vamos, arriba! —exclamó Eren cogiendo a Levi por el brazo.

A duras penas, el moreno se puso en pie.

—Esta vez no te vas a librar —dijo metiendo la llave y abriendo la puerta de su casa.

Arrastrando a Levi consigo, quien no decía nada, los dos entraron en el piso. Cerrando la puerta, Eren encendió la luz que iluminó el amplio salón que a su vez hacía de comedor.

—Estás preocupando a tus amigos… y a mí.

—No sé qué hacer —murmuró con voz débil.

—¿Ahora mismo? Sentarte en el sofá y quitar esa cara. ¿Necesitas algo?

Levi tomó asiento tal y cómo le había indicado Eren, pero no cambió de expresión ni tampoco contestó a su pregunta. El castaño suspiró ante la escasa comunicación, pero no se rindió.

—Quizás despejar tu mente te irá bien. ¿Ves Juego de Tronos?

—He leído los libros.

—Perfecto, porque tú y yo vamos a pasar una agradable noche viendo esta serie. Sé que no es el mejor plan, pero no se me ocurre otra cosa —se disculpó mientras encendía el televisor para ver los capítulos en pantalla grande. Tras enchufar algunos cables y apagar la luz, se sentó junto a Levi sin tomar importancia a la poca distancia que les separaba—. Distrae tu mente, aunque sea por unas horas.

Eren se quitó los tenis mientras oía la característica canción del comienzo. Subiendo los pies al sofá, incitó a Levi a hacer lo mismo para que estuviera más cómodo, pero este se limitó a mirar la pantalla del televisor.

Del tirón se vieron "Rompedora de cadenas", "Guardajuramentos", "El primero de su nombre" y a mitad de "Leyes de dioses y hombres", Eren sintió un peso caer sobre su hombro. Descendiendo la vista, se sorprendió al ver a Levi durmiendo. Rápidamente bajó el volumen y pasando un brazo por su cadera, lo acercó a él. Eran más de las tres de la madrugada, y el castaño tenía sueño también, pero antes quería terminar el sexto capítulo.

Temió que despertara y no pudiera descansar debidamente, pero su respiración acompasada le decía que estaba profundamente dormido. Cuando terminó el capítulo, Eren apagó el televisor y el portátil. Con sumo cuidado, cargó a Levi en brazos como a una princesa y lo llevó hasta su habitación. Allí lo depositó con delicadeza sobre su cama y le arropó sin producir el más mínimo ruido.

Cerrando la puerta sigilosamente, se fue al sofá de nuevo. Dormiría algo incómodo, pero no le molestó hacer ese pequeño sacrificio.

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A la mañana siguiente, Eren se levantó temprano para preparar el desayuno. El cuello le dolía un poco al no estar acostumbrado a no dormir con su almohada, pero le restó importancia; dentro de unas horas ya se le habría pasado.

Eran exactamente las nueve y diez cuando Levi entró en el salón atraído por el delicioso olor procedente de la cocina. Con pasos inseguros, avanzó por el salón/comedor observando el entorno curioso.

—Buenos días, Levi —saludó Eren desde la cocina—. Siéntate, ahora traeré el desayuno.

Este retiró una de las sillas y se sentó esperando el desayuno. Era, sin duda, una escena de lo más peculiar. Jamás se planteó la posibilidad de despertar en casa de su vecino y esperar el desayuno cual niño antes de ir al colegio. Minutos después, Eren colocó sobre la mesa todo tipo de platos: tostadas con mermelada, chocolate caliente, cereales y leche, frutas, huevos revueltos…

—Como no sabía qué te gustaba, hice un poco de todo.

Levi con la boca entreabierta no daba crédito a lo que veían sus ojos.

—Si te apetece algo en especial, solo tienes que decírmelo —se apresuró a añadir el castaño.

—¿Por qué…? ¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué eres tan amable conmigo? —preguntó desconcertado.

—Bueno… Después de lo mal que lo has pasado, es lo mínimo que puedo hacer —dijo Eren con sinceridad.

Levi le miró a los ojos sobrecogido. Esa sensación… Le gustaba sentirse así. La angustia, el estrés y los nervios que cargó por más de una semana habían disminuido notablemente.

—Es la primera vez en muchos años que duermo más de cuatro horas.

Ni él mismo lo entendía. ¿Qué había cambiado? ¿En qué se diferenciaba esa casa de la de Hange? ¿Qué tenía de especial? Como buscando una respuesta, miró fijamente a Eren. No se había tomado la medicación y, aun así, ese chico consiguió lo que ni Erwin, ni Farlan, ni Hange intentaron con muchas horas de paciencia.

—¿Eres acaso la cura de mis males?

Eren sonrió por ese comentario.

—Quien sabe.

Levi le devolvió la sonrisa. Bebiendo un sorbo del chocolate caliente, se relamió los labios saboreando el cacao líquido. Posando la taza sobre el platito, tomó por fin una decisión.

—Mi relación con Farlan ha llegado a su fin.

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