Las cosas cambian en cuestión de segundos y a veces es lo mejor que nos puede pasar
"Te quiero, April. Siempre te he querido. Me gusta todo de ti, hasta lo que no me gusta, me encanta. Quiero que estés conmigo. Te quiero y creo que tu también me quieres, ¿Es así?"
Mi corazón me latía a mil por hora cuando Jackson delante de todos los invitados se levantó y se me declaró. Cuando escuché esas palabras a punto de darle el sí quiero a mi futuro marido, lo supe. En ese momento lo supe. Era él, siempre había sido él.
Quedé en shock por unos minutos mientras todos me miraban esperando a que dijese o hiciese algo. Mathew me miraba fijamente, mientras yo miraba a Jackson y en ese momento lo único que pude hacer es salir corriendo, coger la mano de Jackson y salir de aquel granero que con tanta ilusión había decorado para el día de mi boda. Dejando atrás murmullos, el llanto de mis hermanas y las caras asombradas de todos mis invitados, nos subimos al coche.
-¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío!- repetía una y otra vez en voz alta mirando hacia delante, sin creer lo que acababa de hacerle a Mathew y a toda mi familia y amigos.
-April…April, ¿no quieres hacerlo?- me pregunto Jackson atónito.
Voltee para mirarlo y lo besé, lo besé con unas ganas que nunca antes lo había hecho. Llevaba tanto tiempo esperando ese momento, en volver a sentir sus labios, parecía que había pasado una eternidad desde nuestro último beso. En ese momento se me fueron todas mis dudas.
-Arranca el coche- le dije con una sonrisa. Y salimos despavoridos de aquel lugar.
Condujo por lo que parece que fueron horas, hasta que no pude con mi conciencia y le dije que parase el coche. Me baje corriendo y eche a andar, no podía hacer aquello, no era de ser una buena cristiana y sobre todo buena persona.
-April, vuelve al coche. No puedes ir andando.- me dijo Jackson gritando.
-¿Por qué?- le contesté.
-¿Por los osos?- ¿osos?
-¡Mathew no se merece esto! ¿Y Stephany? ¿Qué vamos a decirles? ¿Y a mis padres y a tu madre?- le dije nerviosa.
-Dios mío mi madre- Jackson asustado parece que no se había parado a pensar en eso…
-¿Cómo vamos a explicarle que hemos destrozado a dos personas encantadoras, para que podamos qué? ¿Salir?- seguí diciéndole.
-Vale la solución es que no volvamos a hablar con ninguno de ellos nunca más.- no pensó bien la respuesta…
-¿O?- le dije como si no hubiese oído la tontería que acababa de decir.
-O casarnos, yo que sé.
-¿Es más fácil de explicar?- le conteste.
-No, no, tienes razón. Yo no quiero ser tu ligue, April. Lo quiero absolutamente todo. Podemos llegar al lago Tahoe en 13 horas.- me dijo.
-¿Y cómo lo sabes?- le dije con curiosidad.
-¿Quieres hablar de eso?
-No…
-¿No quieres hablar de eso o no quieres casarte?
Mi corazón latía a mil por hora, no podía creer que en solo unas horas mi vida hubiese cambiado completamente.
-¡Sí!- grite con toda la felicidad del mundo.- ¡Sí!- volví a gritar mientras corría a los brazos de Jackson y nos fundíamos en un profundo beso.
Cuando llegamos al lago Tahoe fuimos a una boutique para comprarme un vestido nuevo, ya que no me parecía correcto casarme con Jackson y llevar el vestido que elegí para casarme con Mathew. Compré un vestido acorde a la boda que íbamos a tener, sencillo, por la rodilla y por supuesto, blanco. Cuando salimos de allí fuimos a un pequeño pero precioso hotel, ya que la boda no sería hasta el día siguiente.
-Sé qué te parece una bobada…- empecé a hablar mientas caminábamos a la habitación.
-Yo no he dicho eso.- me contesto Jackson.
-Pero va en serio ¿vale?, nada de sexo antes- le dije.
Ya sé que no llegaba virgen al matrimonio pero al menos esto quería respetarlo. Recordé la vez que le dije a Jackson que me sentía mal porque no iba a ser virgen para el hombre con él me casaría algún día. Y mirándolo bien, aunque me entregué a él antes de casarme, si que fui virgen para mi futuro marido, aun que en ese momento ni se me pasara por la cabeza.
-¿Va en serio, tipo ni por asomo o tipo alomejor me convences?- comenzó a decirme mientras me besaba el cuello.
-Podremos aguantar una noche más.- le dije, aun que ni yo misma me creía eso. Había pasado tanto tiempo desde la última vez, que mis ganas de estar con Jackson eran enormes.
-Aguantaras tú.- dijo Jackson mirando al cielo.
-Si esperamos, la noche de bodas será inolvidable.- le dije intentado convencerlo y tratando de convencerme a mí.
-Está noche también podría ser inolvidable.- dijo y me besó.
Tuve que cortar el beso, a pesar de no querer separarme de él nunca más, pero podía aguantar una noche más. Solo una noche más.
-Buenas noches, Jackson.- cogí mi llave, ya que dormíamos en habitaciones separadas para evitar la tentación, y me dirigí a mi habitación.
Me metí dentro cerrando la puerta y dejando al otro lado a mi gran amor, mi mayor tentación. Tocaron a mi puerta e imagine quien podía ser y que no se daría por vencido esa noche, por lo que puse la cadena de la puerta antes de abrir.
-Buenas noches, Jackson.- le dije nada más abrir.
-¿Has puesto la cadena?- me dijo sorprendido, mientras se reía.
-Te veo por la mañana.- y volví a cerrar la puerta.
Algo dentro de mí me decía que porque esperar, ya había esperado demasiado, ya había pasado, ya habíamos tenido relaciones muchas veces, entonces ¿Por qué esperar? Yo ya lo sentía como mío, como mi marido. Quité la cadena y abrí la puerta. Ahí estaba, como si supiera que yo iba a cambiar de opinión y es que nadie me conocía mejor que Jackson y él sabía que esa noche no había terminado para nosotros. Lo enganché de la camisa y lo empujé hacia mí, cerrando la puerta a nuestra espalda. Empezamos a besarnos mientras caminábamos hacia la cama. Jackson empezó a desabrocharme el vestido mientras yo hacía lo mismo con su camisa. Como dijo Jackson, esa noche fue inolvidable. Nos entregamos uno al otro como si nuestra vida dependiera de ello. Fue tan perfecto, era la primera vez que no escondíamos nuestros verdaderos sentimientos y nunca más lo haríamos.
Al día siguiente tuvimos la boda más hermosa que pude imaginar. Obviamente echaba de menos a mi familia y amigos, pero tener frente a mí a mi mejor amigo, mi verdadero amor, al hombre de mi vida y de mis sueños, mirarlo a esos hermosos ojos azules y ver todo el amor que sentía por mí. No necesitaba nada más, solo él y yo.
