LA CIUDAD DE LA LUNA ETERNA

El escondite

Estuve un rato mirándole maravillada sin acabar de creerme lo que estaba viviendo. No pude evitar soltar una carcajada.

—¿Qué es lo que te parece tan gracioso? —me preguntó Urahara alzando una ceja.

La cálida luz del fuego iluminó su rostro perfecto.

—Hace un año exacto, ni siquiera soñaba con conocer a mi padre. Y ahora... —La risa frenó mis palabras—. Estoy frente a mi retatarabuelo, un tipo guapísimo y casi tan joven como yo que, para más inri, el otro día trató de seducirme con sus juegos. ¡Es para volverse loca!

Nada más soltar esas palabras, me perdí un instante en su mirada. Era tan intensa y profunda que sentí vértigo mientras trataba de encontrar en ella el rastro ancestral de mi propia sangre.

—Querida Rukia, nos separan catorce generaciones. Mi huella en ti está más diluida que el vino que saboreaste aquí hace dos semanas.

—Catorce generaciones —repetí sorprendida antes de sumergirme en mis cavilaciones—. Si las copias nacen cada seis o siete, debió de haber otra Hiyori antes que yo. ¿Cómo era?

—No tengo ni idea. Antes de que el anciano muriera no solía interesarme mucho por lo que ocurría en ese pueblucho de la sierra —confesó—. Fue a partir de la transformación de Ichigo y de lo que ocurrió después con Rodrigoalbar que empecé a fijarme en vosotros. Me hizo prometerle que si alguna vez le ocurría algo a él, velaría por el muchacho.

—Si no aprobabas lo que hizo... ¿por qué accediste a velar por él?

Suspiró profundamente antes de responder:

—¿Le negarías algo a tu Dios?

Comprendí sus palabras. Urahara había sido el primer mortal elegido para fundar la aldea. Y a Rodrigoalbar le debía la vida eterna. Del mismo modo que Ichigo, su descendiente, había cumplido su deseo de no separarse jamás de la semilla, Urahara no había podido negarse a hacer lo que le pedía.

—Por eso me dio el antídoto. —Enmudeció un instante—. Por si el chico abandonaba el bosque.

Durante décadas, se comportó como un guardián obediente... Hasta el día que llegaste tú y lo revolucionaste todo, como ya sucedió antaño.

Aunque pronunció las últimas palabras sin ningún tipo de reproche o acritud, no pude evitar sentirme mal.

—Cuando pienso que podría haber muerto...

—Y puede que suceda, todavía es pronto para saberlo. Recuerda que son tres días...

—¿Qué contiene el antídoto?

—El último sorbo de la eterna juventud. Antes de la destrucción de la aldea, pudimos probarlo con dos chicos que habían sobrevivido al elixir y habían llegado a la edad adulta con el mismo donde Ichigo.

—¿Y qué ocurrió? —pregunté con curiosidad.

—Uno de ellos murió. No soportó la nueva dosis.

Temblé por lo que aquello significaba y desvié la mirada hacia el ermitaño. Parecía dormido; sin embargo, en aquel instante, dejó escapar un gemido y se retorció de agonía en su lecho. Aquel chico desvalido distaba mucho del que había conocido en el bosque un año atrás, cuando parecía no necesitar a nadie.

Si moría en aquella cama, jamás me lo perdonaría.

Ahogué un sollozo con la palma de la mano cuando se agitó, con la mirada perdida, y trató inútilmente de soltarse de sus ataduras. Luego volvió a cerrar los ojos y se sumió de nuevo en un profundo sueño.

—Has dicho que si sobrevive será incluso mejor que antes, ¿a qué te referías?

Me miró a los ojos antes de responder:

—Nunca más sufrirá el miedo ajeno.

Una luz de esperanza brilló en mi horizonte al imaginármelo a salvo y libre de su condena.

—¿Quiere decir eso que podrá alejarse del bosque? —pregunté excitada.

—Sí... —Vaciló un segundo sin dejar de mirarme—. Pero para hacerlo necesitará un motivo de mayor peso que la simiente que le ha atado a él durante más de un siglo.

Me sentía tan confusa y responsable de su destino que desvié mis pensamientos hacia el auténtico culpable de su calvario.

—Cuando se entere de que Rodrigoalbar le engañó no creo que le queden ganas de seguir custodiando su maldita semilla.

—Es posible —reconoció con una sonrisa—. Se me ocurren otras ocupaciones mucho más llevaderas.

No me atreví a preguntar cuáles. Su forma de mirarle me hizo pensar que veía en Ichigo al perfecto compañero de juegos, un igual con quien distraer su bella y monótona eternidad.

Un torbellino de sensaciones y dudas sacudió mi conciencia. Aquel había sido mi sueño desde que lo había conocido en el bosque: vivir a su lado para siempre. Aunque mi siempre tuviera sus días de juventud contados... Pero ¿y si realmente Ichigo había encontrado la semilla y podía destilar de nuevo el elixir?

Tal vez mi destino era ser eterna, como él y como Urahara, y aquel era el plan que Rodrigoalbar había trazado para mí. Quizá era su forma de resarcir el error que había cometido con Hiyori al negarle la inmortalidad y condenar así a toda la civilización de eternos.

Una duda cruzó mi mente: ¿y si el viejo había previsto que la copia de Hiyori volviera al bosque y se enamorara de nuevo de un inmortal? De esa forma, no solo haría su vida más llevadera, sino que además podía ayudarle en su misión de custodiar la semilla. Me estremecí al recordar la abeja que me había tatuado en el vientre y mi promesa de proteger el secreto con mi propia vida.

Me pregunté también si su plan incluía acaso crear una nueva sociedad de inmortales y si un ex hombre de negro podía considerarse alguien noble y digno de ella.

¿Aceptaría Grimmjow algo así? ¿Deseaba él ese destino? ¿Lo deseaba yo?

Miré a Urahara y una pregunta tomó forma en mis labios:

—¿Nunca tuviste tentaciones de usar esa última dosis?

—Yo ya soy eterno, Rukia.

—No me refería contigo. Has tenido una larga vida y te habrás enamorado alguna vez... ¿Nunca has conocido a nadie con quien quisieras compartir la eternidad?

Su rostro se tensó antes de pronunciar con sorna la siguiente frase:

—A nadie a quien hubiera aguantado más de un siglo... La eternidad es demasiado larga para convertirla en una condena.

A pesar de su tono jocoso, intuí un poso de tristeza en sus palabras.

—¿Cuál es el plan? —pregunté finalmente.

Urahara no respondió.

—Si Rodrigoalbar me incluyó en él, tengo derecho a saber de qué se trata.

—Y lo sabrás cuando llegue el momento...

Abrí la boca para protestar, pero él la silenció posando su dedo índice sobre mis labios.

—Confía en mí. Forma parte del plan que lo descubras cuando estés preparada.

Después de aquellas palabras se levantó del diván y se dirigió a la puerta.

—Si me disculpas, iré a atender un momento al resto de los invitados. Intuyo que andarán nerviosos por nuestra ausencia.

—Pero... —Le seguí nerviosa hasta la puerta—. ¿Y si despierta?

—Volveré enseguida —prometió.

Inquieta y profundamente cansada, me senté en una silla cerca de la cama. La respiración de Ichigo volvía a ser pausada, así que apoyé la cabeza y los hombros sobre el colchón y me adormecí un rato, hasta que un susurro ronco me despertó.

—Tengo sed.

Le miré sorprendida. Tenía las mejillas sonrosadas a causa de la fiebre y unas marcadas sombras azules bajo los ojos, pero, aun así, parecía tranquilo.

Había una jarra con agua y un vaso sobre la mesilla.

Le coloqué un brazo a la espalda para sostenerlo con todas mis fuerzas y le acerqué el vaso a los labios. Cuando acabó, nos miramos a los ojos. Me pregunté si era consciente de lo que le había pasado y de dónde estaba.

—Rukia... Hay algo que debo decirte. Si yo muero...

Un escalofrío sacudió todo mi ser.

—Eso no va a pasar...

Tomé su mano y la apreté con fuerza mientras las lágrimas amenazaban en mis párpados.

—Escúchame, por favor, antes de que el dolor me haga perder de nuevo la conciencia... He oído lo que te decía Urahara y sé que puedo morir...

Negué con la cabeza.

—Y no me importa. —Sonrió—. He tenido una larga y hermosa vida. Pero hay algo que debes saber...

Me acerqué temblorosa a sus labios.

Durante los siguientes minutos, Ichigo me contó con voz débil, pero con todo lujo de detalles, la ruta completa para acceder a un lugar recóndito, situado al borde de una cascada.

Mientras hacía un gran esfuerzo por memorizar sus explicaciones, oí un ruido a mis espaldas.

Me giré a tiempo para ver cómo la puerta se movía ligeramente. No había nadie junto a ella, así que deduje que había sido un golpe de aire. Mi piel reaccionó erizándose.

Después volví la mirada a Ichigo y me concentré de nuevo en sus palabras que conducían directamente al escondite de la semilla dormida.

To Be Continued...