LA CIUDAD DE LA LUNA ETERNA

Variables

En aquella retorcida historia había piezas que no acababan de encajar en mi cabeza. Y una de ellas era Hiyori. Ichigo era descendiente de Rodrigoalbar, y su única posibilidad de repetirse en un futuro... Pero ¿qué importancia tenía una chica u otra para llevar a cabo su plan? ¿Acaso Ichigo no podía tener hijos con cualquier otra mujer para que aquello sucediera?

—¿Por qué yo? ¿Cómo sabía Rodrigoalbar que Ichigo elegiría a Hiyori?

Urahara suspiró. Pude ver en su mirada un intento por hallar en la mía algún atisbo de mi antepasada.

—Hiyori fue la única mortal de la que se enamoró un eterno, la única que conocía el secreto de la aldea... Era lógico suponer que solo ella podía repetir de nuevo la historia. —Se encogió de hombros —. Además, como bien has dicho, Rodrigoalbar quería corregir contigo el error que cometimos con Hiyori. Al negarle la inmortalidad, condenamos a todos los eternos. Él veía en ti a la primera mujer en una segunda oportunidad para la aldea. La Eva ideal para los nuevos eternos.

Aquellas palabras me produjeron un escalofrío.

—Sí, pero como bien has dicho, en toda historia hay variables y las cosas no siempre suceden de la misma forma exacta.

—¿No te parece significativo que en cien años Ichigo solo se haya enamorado de ti?

—¡Soy la única chica que ha conocido!

No mencioné a Senna, pero estaba claro que a ella siempre la había visto como a una hermana.

—Hasta ahora ha vivido como un ermitaño —continué—, pero ya no sufre su don. Tiene toda la eternidad para...

Sentí vértigo al pensar en un futuro como el suyo.

—¿Volver a enamorarse?

—Tú llevas cinco siglos haciéndolo, ¿no? —Recordé algunas de sus célebres frases sobre el amor —. «Todos los días, varias veces.» También dijiste: «Quien solo ama una vez en la vida, no conoce la profundidad del amor».

Cerró los ojos con aire cansado.

—No deberías tomarme tan en serio.

—Claro, para ti la vida es un juego ¡y sin game over! Es fácil jugar cuando sabes que la partida no se acabará nunca, por más fallos que cometas.

—Ser eterno no es tan fácil, Rukia. —Su mirada se endureció de repente—. Tal vez algún día tú misma lo descubras.

Me sorprendí pronunciando las siguientes palabras con una seguridad que ni siquera sospechaba que poseía:

—Mientras mi vida sea la que es, única y limitada, quiero sentir que soy yo quien toma mis propias decisiones. No voy a someterme a ningún plan y, mucho menos, a los deseos de alguien que dejó de existir antes de que yo naciera.

Unos golpecitos en la puerta nos interrumpieron justo en ese instante. Acto seguido, la variable de mi particular historia entró en la biblioteca. —

Ya que a nadie parece importarle lo que le haya sucedido a Ashido, seré yo quien vuelva a la mansión a buscarle —nos anunció Grimmjow.

—No descartemos tan pronto que Ashido se fuera de aquella mansión por voluntad propia —dijo Urahara—. No olvidemos que ha vivido como un ermitaño durante meses en el bosque... Y eso a veces te lleva a comportarte de forma extraña.

En aquel momento, una sombra apareció junto a la puerta y se aproximó a nosotros. Era Ichigo.

—No cuando hay un interés común. Todos sabemos que su objetivo es la semilla. Jamás se alejaría de nosotros sin decirnos nada. —Ichigo enmudeció un instante y se dirigió a Grimmjow—. Iré contigo a buscarle.

—¡No! ¡Tú no puedes ir! ¡Eso es justo lo que esperan! —Urahara bajó la voz y añadió con total serenidad—: Te apresarían nada más verte. Tú eres para ellos casi tan valioso como la semilla.

—Pero no lo hicieron en la fiesta.

—Porque no sabían que tú estabas tras una de aquellas máscaras. ¡Lo último que Mayuri podía imaginar es que habías abandonado el bosque y estabas en su propia casa! —Urahara sonrió complacido por aquella jugada antes de ponerse muy serio—. Si la hipótesis de que Ashido sigue allí es cierta, hay dos posibilidades. Una es que se haya ocultado en la mansión con algún oscuro propósito. La otra es que lo hayan apresado. En tal caso, a estas alturas, ya lo habrá confesado todo.

—Y aunque no fuera así, Kaien te conoce y es el invitado de Kurotsuchi — argumenté a Ichigo antes de dirigirme a Urahara—. Tampoco es seguro que tú vayas. Si tu vecino toscano tenía alguna duda sobre ti, Ashido puede habérsela despejado explicándole que eres un eterno. Yo iré con Grimmjow a Villa Lucchesia.

La seguridad de mis palabras me sorprendió incluso a mí misma.

—Ni hablar —dijo Grimmjow cruzándose de brazos—. Es demasiado peligroso para ti.

—¿Y para ti no? —protesté.

—No olvides quién soy, Rukia, y de dónde vengo. —Su rostro se ensombreció con dureza—. He participado en misiones más complicadas que esta.

Recordé la garita de la entrada y los altos muros con alambrada.

—No puedes entrar en esa mansión como un ladrón. Hay vigilancia y una valla electrificada. Saltarían las alarmas en cuanto pusieras un pie en el recinto.

—¿Y qué sugieres? —preguntó Grimmjow con curiosidad.

—Nos presentaremos con alguna excusa y haremos lo posible para que nos inviten a cenar.

—Claro, seguro que nos ponen sus mejores cubiertos —replicó Grimmjow con ironía.

—Kaien es de Colmenar. Conoce a mi padre. No sería tan estúpido como para hacerme daño si le digo que él y su madre están al corriente de que estoy cenando con él en esa casa —expliqué convencida.

—No es mala idea —intervino Urahara—. Pero no conseguiréis encontrar a vuestro amigo si no dejáis a vuestros anfitriones fuera de juego durante un rato...

Observamos cómo Urahara salía apresurado de la biblioteca.

—¿Soy el único que piensa que esto es una locura? Dile a Rukia que no puede venir conmigo, Ichigo. —Grimmjow buscó su apoyo.

—No puedo hacer tal cosa —contestó Ichigo con un brillo de tristeza y preocupación en los ojos —. Sufriré con cada segundo de su ausencia, pero Rukia es libre. Le corresponde a ella decidir si quiere ir o no a esa mansión y ayudar a Ashido.

Satisfecha con su respuesta, reté a Grimmjow con una de sus frases:

—No hay nada de malo en necesitar la ayuda de alguien de vez en cuando, Grimmjow.

Touché —se rindió con una lánguida sonrisa.

Antes de partir, Urahara nos dio una botella de su bodega y nos explicó:

—Es un vino de elaboración propia con una particularidad extraña que os será muy útil esta noche. Un sorbo es suficiente para fulminar a un caballo con un plácido y profundo sueño. —Bajó la voz hasta convertirla en un susurro—. Mientras ellos duermen, podréis aprovechar para registrar la mansión. Si la intuición no me falla, y tienen a Ashido, lo habrán retenido en el sótano. Mayuri guarda siempre la llave en su bolsillo. Se la he visto sacar en más de una ocasión cuando ha querido presumir de bodega.

—¿Y por qué crees que va a beber con tanta confianza? —preguntó Grimmjow—. Sospechará en cuanto vea que Rukia y yo no tocamos nuestras copas.

—Vosotros también beberéis. —Sacó dos píldoras rojas de su bolsillo—. Tomaos estas pastillas y el vino no os afectará como a ellos... Eso sí, preparaos para dos largos días en vela.

Una hora después, estábamos en la garita de la mansión de Kurotsuchi anunciando nuestra llegada.

Habíamos decidido cabalgar separados para disponer de un caballo extra para Ashido. No montaba desde niña, así que me costó un buen rato controlar las riendas y conseguir el equilibrio y la coordinación necesarios para galopar con destreza.

Grimmjow cabalgaba a mi lado con paciencia, pendiente de cada uno de mis movimientos.

—¿Podría avisar de nuestra llegada? —me dirigí con seguridad al vigilante—. Somos Rukia y Grimmjow.

—¿El señor Kurotsuchi les espera?

—No, pero dígale que hemos venido a buscar algo importante que nos dejamos anoche —repuso Grimmjow con autoridad.

La verja se abrió y Grimmjow me hizo una señal para que me tragara la píldora roja en aquel momento.

Observé cómo él hacía lo mismo antes de que cabalgáramos los pocos metros que nos separaban de la villa.

Un rostro conocido nos ayudó a desmontar y nos acompañó hasta el vestíbulo. Era el camarero con el que habíamos hablado en la fiesta de máscaras, junto a la fuente de Titono.

A pesar de haberlo conocido en la penumbra de la noche, reconocí enseguida su sonrisa afable y los hoyuelos que se le marcaban junto a las comisuras. Sin embargo, había algo extraño en él. Su ropa informal, pero elegante, distaba mucho de cualquier uniforme de servicio.

—¿A qué debo el honor de vuestra visita? —nos saludó—. Soy Mayuri Kurotsuchi.

Grimmjow y yo nos miramos confundidos. Por algún motivo, el dueño de aquella mansión no encajaba con la idea que nos habíamos formado de él.

Teníamos delante al hombre ambicioso, y sin escrúpulos, del que nos había hablado Urahara. Él era el yanqui millonario, obsesionado con la eterna juventud, que había subvencionado las investigaciones de la Organización; el hombre para el que habían trabajado los hombres de negro y el padre de Grimmjow.

Me había imaginado a Kurotsuchi como a un anciano, con el deseo febril de recuperar su juventud perdida... Pero el hombre que teníamos delante no aparentaba más de cuarenta.

—Perdí mi bolso en la fiesta de máscaras —mentí—. Y necesito encontrarlo cuanto antes.

Me observó un rato pensativo antes de hacernos pasar. Seguimos sus pasos hasta un salón con chimenea, donde había una mesa preparada, con cubiertos para dos personas.

—Ponga dos cubiertos más y dígale a Uryu que sirva cena para cuatro —le indicó con amabilidad a una mujer con cofia y delantal almidonados—. Después, pueden retirarse los dos.

—Os quedáis a cenar, ¿verdad? —se apresuró a preguntarnos.

—Solo si acepta este obsequio —respondió Grimmjow de forma cortés, ofreciéndole la botella.

—Buena cosecha —dijo Mayuri examinando la etiqueta—. Los vinos de Urahara son siempre un acierto. Será un placer compartirlo en mi mesa con vosotros.

—La otra noche... —murmuré todavía sorprendida—. No teníamos ni idea de que usted era...

—¿El dueño de la casa? —Soltó una carcajada—. No importa. Yo, en cambio, sabía perfectamente quiénes erais vosotros. Y he de decir que tenía muchas ganas de conoceros mejor y seguir hablando con los dos.

—¿En serio? —preguntó Grimmjow con desconfianza.

—Por supuesto. Tu padre habla siempre maravillas de ti. Dice que eres un chico muy listo... Y muy obediente. «Una joven promesa de la ciencia.» Sí, eso fue exactamente lo que me dijo de ti. — Enmudeció un instante estudiando su reacción—. Ahora hace bastante tiempo que no nos vemos. Tengo entendido que está de viaje, ¿no es así, Grimmjow?

Mi acompañante asintió.

—No olvides saludarle de mi parte cuando hables con él.

—Lo haré, gracias.

Me pregunté si estaba fingiendo y si realmente conocía el destino que había sufrido Sosuke Aizen.

En aquel momento, Kaien entró en el salón y nos miró asombrado.

Después de lo ocurrido la noche anterior, tal vez esperaba algún tipo de acusación o reproche por nuestra parte.

—Ya os conocéis, ¿verdad? —preguntó Mayuri.

—Por supuesto —me apresuré a decir antes de dirigirme a él y besarle en la mejilla—. Nuestras madres eran amigas. Somos del mismo pueblo.

Kaien asintió con desconfianza y me miró con recelo.

—Precisamente, esta misma tarde he hablado con Natsuki —añadí.

—¿Con mi madre? —preguntó Kaien.

—Sí, he llamado a mi padre y tu madre estaba en casa, tomando café con Yotuichi. Les he explicado que nos vimos la otra noche y que hoy visitaría la villa donde te alojas.

Los ojos de Kaien brillaron de un modo extraño.

Tras acomodarnos en la mesa, la mujer de la cofia y un señor uniformado de negro sirvieron la cena: una ensalada tibia de setas y queso, y asado de ternera con trufa blanca.

Aunque todo estaba delicioso, no logré probar más que un par de bocados.

Me sentía nerviosa, pendiente en todo momento de que Mayuri descorchara por fin el vino.

—Pareces inquieta, querida —me dijo finalmente con voz dulce—. ¿No es de tu agrado la cena?

—Oh, sí. —Traté de sonreír—. Las trufas están deliciosas.

—Celebro que te gusten. Son frescas de esta mañana. Kaien y yo hemos salido de caza muy temprano.

—¿De caza? —preguntó Grimmjow—. ¿Para recolectar trufas?

—Es una forma de decirlo. —Mayuri rió—. Se necesitan perros adiestrados para encontrarlas. Los míos han sido entrenados desde muy pequeños y pueden reconocer su olor a kilómetros.

—Debe de ser complicado dar con ellas —murmuré.

—Nada más fácil. Están bajo tierra, a varios metros, pero basta con seguir al sabueso que conoce su escondite y arrebatárselas en cuanto las encuentra.

Aquellas palabras me produjeron un enorme escalofrío... Me obligué a recordarme que estábamos hablando de trufas y no de semillas.

—Me refiero al perro —continuó al ver mi cara de estupor—. En cuanto encuentra la trufa se vuelve loco y hay que detenerlo enseguida para evitar que la destroce con sus patas... —Enmudeció un instante y me miró con atención—. ¿Seguro que te encuentras bien, Rukia? Estás temblando...

—Es probable que se haya enfriado en el camino —dijo Grimmjow—. El vino quizá la haga entrar en calor...

—Claro —resolvió Mayuri abriendo la botella y llenando todas las copas—. Lo estaba reservando para el postre.

Alcé la copa en señal de brindis y bebí un trago largo.

Suspiré aliviada al ver que todos imitaban mi gesto.

—Me temo que esta noche no vais a encontrar lo que habéis venido a buscar—dijo Mayuri moviendo la copa y oliendo el vino antes de llevárselo de nuevo a los labios.

Grimmjow y yo nos miramos un segundo inquietos.

—El bolso —añadió—. Nadie del servicio ha mencionado nada sobre él. No creo que te lo dejaras aquí.

—Estoy segura de que lo hice —insistí.

—¿Y por qué tanta urgencia por encontrarlo? —Mayuri se encogió de hombros—. No quiero ser descortés, me encanta que estéis aquí, pero una simple llamada de teléfono os habría ahorrado el camino a caballo en plena noche.

—Es por mi pasaporte —improvisé—. Lo llevaba en el bolso. Mañana me voy de viaje y lo necesito. No puedo volar sin él.

—¿Tan pronto? ¿Adónde vas?

Me habría gustado responderle que no era de su incumbencia, pero me quedé callada.

Kaien respondió en mi lugar:

—Seguro que a Colmenar a visitar a tu padre. ¿A que sí?

Asentí nerviosa.

—Pero todavía faltan varias semanas para las vacaciones de Navidad y, por lo que tengo entendido, las clases en la academia donde estudias no finalizan hasta entonces. —Kaien negó con la cabeza y chasqueó la lengua a modo de reproche—. No está bien que vuelvas a dejar el curso colgado, Rukia. No está nada bien...

Sentí un escalofrío de terror.

—Es un viaje de fin de semana. —Grimmjow buscó mi mano y la besó de forma cariñosa—. Rukia y yo estamos saliendo, y quería explicárselo a su padre antes de las fiestas. Teníamos pensado pasar esas fechas en Nueva York, con mi familia.

La mirada de Kaien se posó en nuestras manos unidas antes de contraatacar con ironía:

—¡Qué bonito! ¿Y qué plan teníais pensado para el fin de semana? ¿Ir todos juntitos, en familia, a buscar la semilla?

—No veo por qué no. —Mayuri se dirigió solo a su invitado—. Tienen al sabueso que puede llevarles hasta ella.

Me sorprendió su forma de ir al grano. Era como si, tras la cena, se hubiera quitado por fin su máscara gentil y empezara a mostrarnos su auténtica personalidad.

—Lo que todavía no comprendo es cómo pensáis destilar el elixir de la eterna juventud de la semilla —añadió nuestro anfitrión—. ¿Seríais tan amables de explicármelo?

—Aun en el caso de que lo supiéramos, ¿por qué tendríamos que hacer tal cosa? —le reté.

—Porque de lo contrario —Mayuri suspiró con impaciencia—, ninguno de los dos saldrá de aquí con vida.

—Eso no sería muy inteligente. Este será el primer sitio donde nos busquen si desaparecemos. — Las piernas empezaron a temblarme—. Mi padre y tu madre saben que...

—¡Ellos no saben nada! —bramó el colmenareño—. Mi madre no está en el pueblo. Se ha ido toda la semana a la capital con su hermana. Y en cuanto a tu padre... es imposible que hayas hablado con él esta tarde... a no ser que...

—¿A no ser que...? —pregunté impaciente intuyendo algo horrible.

—A no ser que tengas la facultad de hablar con los muertos, Rukia. Tu padre murió anoche. ¿No lo sabías?

Mientras intentaba procesar aquella terrible noticia, las lágrimas me impidieron ver cómo las cabezas de aquellos dos chocaban contra la mesa y sus cuerpos caían inertes al suelo, víctimas de un profundo sueño.

To Be Continued...