LA CIUDAD DE LA LUNA ETERNA

La cascada

—Llegas tarde. —Intenté que mi voz no temblara—. Mis amigos tienen la semilla.

—No importa —respondió sin dejar de mirarme a los ojos y sin bajar el arma—. Yo tengo algo mejor. Te tengo a ti. No creo que tus amigos quieran verte morir.

Hallibel me hizo un gesto con la cabeza para que saliera de la cabaña.

Mientras avanzaba por la nieve y pensaba en un plan desesperado para huir, noté el frío cañón de su pistola en la nuca. Supe que no dudaría en disparar si no obtenía lo que había venido a buscar al bosque.

Aquel pensamiento me produjo un escalofrío. Su objetivo no era muy distinto al que había tenido Ashido. Ambos querían fundar una nueva aldea, regresar al origen del hombre puro y vivir en armonía con la naturaleza mientras esperaban el momento propicio de compartirlo con la humanidad.

Walden 4, neorrenacentistas... ¡Daba igual cómo quisieran llamarlo!

Por fin entendía lo que Grimmjow había querido decirnos desde el principio. Había algo maligno en aquella simiente, algo que oscurecía el alma de quienes soñaban con despertarla.

De pronto me acordé de su líder.

—Mayuri Kurotsuchi está en la cárcel —dije en un intento por desarmarla.

Hallibel detuvo sus pasos un segundo.

—Es un hombre muy poderoso —dijo finalmente—. No tardará en salir.

No volvió a abrir la boca en todo el camino.

Yo tampoco, obstinada en encontrar una salida a aquella encerrona mortal. Tras atravesar el prado que bordeaba el valle, nos internamos en el bosque en dirección noroeste, siguiendo el rastro que Urahara, Grimmjow y Ichigo habían dejado en la nieve horas antes. Un viento pertinaz empezó a desdibujarlas y Hallibel me empujó para que acelerara el paso.

De vez en cuando, nuestras botas se hundían y tropezaban con las gruesas raíces de los árboles que aquella alfombra blanca se empeñaba en ocultar.

Observé cómo las huellas se detenían varios metros por delante, y daban un pequeño rodeo antes de continuar en la misma dirección.

Sus pisadas habían esquivado un pequeño montículo de nieve revuelta y manchada de tierra. Bajo aquel manto, había ramas finas y helechos semiocultos.

No sé si fue la intuición o las pistas que logré interpretar de forma rápida mientras nos aproximábamos, pero enseguida supe que era una trampa para animales.

Me pareció irónico que lo que había estado a punto de matarme un año atrás me ofreciera ahora una solución para escapar de aquella situación de peligro.

Debía actuar rápido.

Alcé la mirada con disimulo hacia una rama gruesa al otro lado de la zanja.

Si conseguía impulsarme hacia delante y agarrarme a ella, sin bordear el agujero, lograría salvarlo mientras Hallibel caía en él.

Mi corazón empezó a palpitar con fuerza.

Un error de cálculo podía hacer que yo también cayera en la trampa, o, peor aún, que Hallibel reaccionara apretando el gatillo.

Todos mis músculos se tensaron cuando concentré los sentidos en aquel salto, tan preciso y certero que yo misma me sorprendí de mi agilidad al ejecutarlo.

Hallibel gritó antes de notar cómo el suelo se abría a sus pies. Un disparo tronó en el aire antes de rebotar contra un tronco.

Todavía suspendida en la rama, oí el lamento de Hallibel pidiendo auxilio.

El árbol crujió levemente antes de que pisara de nuevo el suelo.

Después corrí sin mirar atrás.

Quería encontrar a mis amigos y contarles lo que había ocurrido. Asegurarme de que tanto la semilla como ellos estaban a salvo.

La nieve succionaba mis pies mientras el cierzo me azotaba cada vez con más fuerza. Me costaba avanzar, pero solo me detuve cuando escuché con total nitidez el rumor de agua al otro lado del bosque.

Nada más salir de la espesura, distinguí a lo lejos dos figuras al borde de una cascada. Uno de ellos movía los brazos de forma exagerada mientras el otro señalaba al vacío con determinación.

Eran Ichigo y Grimmjow.

Por sus gestos deduje que discutían y que algo terrible podía suceder si no se apartaban del precipicio. Aunque sabía que no podían oírme, empecé a correr hacia ellos mientras gritaba con todas mis fuerzas.

¿Qué demonios estaba ocurriendo? ¿Por qué discutían?

Lo único que sabía era que si uno de los dos caía, una parte de mí también moriría.

Mientras me acercaba, observé el puño cerrado de Grimmjow y cómo Ichigo le agarraba con violencia del brazo y vociferaba algo que no lograba entender.

En aquel instante comprendí la escena. Grimmjow quería destruir la semilla lanzándola al vacío mientras Ichigo intentaba convencerle para que no lo hiciera. Con el abismo a sus pies, aquel duelo solo podía acabar de una manera.

Desesperada, grité sus nombres a pocos metros del precipicio. Sin embargo, una sombra emergió tras un árbol y me bloqueó el paso.

Era Urahara.

Su expresión sombría no me dejó adivinar su propósito.

—¿Qué ocurre, Urahara? —le pregunté con creciente impaciencia mirando hacia la cascada—. ¡Tenemos que hacer algo! ¡Se van a matar!

Desesperada, intenté apartarlo, pero él abrió los brazos y me inmovilizó contra su pecho.

—¡Suéltame de una vez! —Forcejeé con furia, pero no conseguí que me liberara—. ¿Por qué haces esto?

El eterno no respondió. Impasible a mi súplica, me estrechó con más fuerza mientras mantenía la mirada fija en el precipicio.

Después, todo ocurrió tan rápido que no sabría precisar el orden lógico de los acontecimientos.

Desde la distancia, pudimos ver cómo Hallibel surgía de la nada y se acercaba a Ichigo y a Grimmjow.

Afectados por la tensión del momento, ni siquiera la habían visto aproximarse por el flanco izquierdo, agazapada entre los matorrales del sotobosque que se extendía al otro extremo de la cascada.

Antes incluso de procesar el peligro que suponía su presencia, me pregunté cómo había conseguido salir de la trampa. La profundidad de aquel agujero hacía imposible que lo hubiera logrado sin ayuda. De pronto me acordé de las pisadas que habíamos visto en la nieve el día anterior y lo entendí todo.

Las huellas pequeñas eran de Hallibel. Las otras indicaban que no estaba sola.

Mientras buscaba con la mirada a esa otra persona a nuestro alrededor, un grito centró de nuevo mi atención en Hallibel.

Cegada por la ambición de conseguir aquel diminuto trofeo a toda costa, se había abalanzado sobre la mano de Grimmjow justo en el momento en que la abría y dejaba caer la semilla.

El borde mojado hizo que la italiana resbalara y perdiera el equilibrio.

Lo siguiente que recuerdo es a Ichigo tratando de sujetarla para salvarla del abismo...

Luego, los dos cayendo al vacío.

To Be Continued...