Ichigo, Chad, Orihime, Uryuu, los peluches, en fin, la pandilla habitual se encontraba en la tienda de Urahara―san, pasando la tarde, una tarde tranquila, entre risas y bromas de mal gusto que acababan con Kon hundido en el suelo de un puñetazo o con el tan cacareado orgullo de Ishida―kun humillado como siempre.
―Esto me pasa por rodearme de Shinigamis ―refunfuñaba para sí.― Los Shinigamis no saben más que liarla, son unos...
Y se quedó con la palabra en la boca pues un brusco movimiento de las auras indicaba que los Shinigamis habían vuelto a liarla. El Shinigami Sustituto asumió inmediatamente su rol y seguido por los demás, salió al exterior de la tienda. En último lugar llegaban Ishida y Urohara―san, con su característica expresión perezosa, justo para notar el paso semioculto y extremadamente rápido de un Hollow, cuya presencia se esfumó en fracciones de segundo.
―¡¿Un Hollow?! ―exclamó Ichigo.
―Síguele, ¿que no es tu trabajo? ―le ordenó Kon, acercándose en su habitual peluche de león.
Ichigo extrajo su radar, pero no había rastros de la presencia maligna.
―Desapareció ―dijo―, no puedo rastrearlo.
En ese momento, el cielo crujió como si fuera a resquebrajarse. Una senkaimon se abrió lentamente y por ella se dejó caer un bulto semiensangrentado.
―¡¿Byakuya?! ―clamó Ichigo al reconocer al que iba en trayectoria directa hacia la acera.
Otra figura pasó por la puerta mientras ésta comenzaba a cerrarse y llegó rápidamente al piso. Antes que su hermano llegara a azotarse contra el pavimento, Rukia le sujetó.
―Nii―sama.
Este abrió los ojos, junto a los cuales pasaban riachuelos de sangre.
―Nos siguen ―dijo la muchacha, echando mano a la espada y colocándose en guardia frente a su hermano.
La negra garra de un Hollow trabó la puerta de la senkaimon antes que se cerrara y consiguió volver a abrirla por la fuerza. Dos espectrales figuras se dejaron caer hacia el mundo de los vivos.
―Danza, Sode no Shirayuki ―invocó Rukia y trabó combate con el primer Hollow. El segundo se acercaba reptando por su espalda.
―¡Rukia! ¡Kuchiki―san!― gritaron Ichigo y Orihime al unísono, listos para intervenir, mas no fue necesario. El Hollow fue a dar lejos de Rukia ya que Byakuya le ensartara el codo en la máscara, resquebrajándosela.
―¿Byakuya luchando a manos desnudas?― pensó Ichigo y no muchas más preguntas alcanzaron a pasar por su mente antes que ambos Hollows, uno por la espada y el otro por el Kidou, fueran despachados.
Rukia volvió a tierra sobre sus dos pies. Byakuya lo hizo echando una rodilla a tierra, la respiración presurosa.
―¡Nii―sama!
Todos se acercaron a ayudarle, pero él los hizo a un lado con un ademán. Tenía un golpe en la cabeza del que manaba sangre en hilillos que le cruzaban el rostro. Los keiseikan estaban agrietados. Pero la herida de mayor cuidado era un profundo tajo en una pierna, que parecía bastante doloroso. Como fuera, el capitán rechazó la ayuda que se le ofrecía y se puso de pie por sus propios medios, comenzando a caminar entre cojeos.
Otra senlaimon se abrió. Pasó primero una mariposa infernal y luego una figura conocida desde hacía poco: Senbonzakura.
―Amo, ―dijo, arrodillándose ante Byakuya, quien se volvió ante él de escorzo― Abarai―dono abrió una puerta para mí, ya que me dejásteis olvidado en la Sociedad de las Almas. ¿Os encontráis bien? ―la zanpakutou materializada tenía algo diferente: un lazo rojo roto que pendía de cada una de sus muñecas, como si hubiese estado maniatado.
―Sí.
―Me alegro. La situación está casi controlada. Yamamoto―dono envía órdenes.
La mariposa voló frente a Byakuya y, como el que pueda entender lo hará, sus órdenes eran "Llegar hasta el fondo del asunto. Se te enviarán refuerzos en el momento adecuado". Byakuya extendió una mano y Senbonzakura saltó, llegando hacia él en la forma de una katana envainada, de la cual pendía una cinta roja que estaba rota. El detalle de la cinta no pasó inadvertido a los ojos de Kisuke, quien observó con atención como el Capitán la retiraba y se la guardaba.
―Con su permiso ―y se disponía a alejarse de la escena dando un paso instantáneo cuando Rukia lo tomó del haori.
―Nii―sama, no así. Debes verte esas heridas primero.
―No hay problema, dejadme.
―Nii―sama, aunque seas tú, pelearás de mejor manera estando sano. Déjame ir en tu lugar. Las órdenes del Comandante son inespecíficas y la protección del honor de la familia también recae en mí, por cuanto soy tu hermana menor.
Byakuya la miró con ojos bien abiertos.
―Me has salvado la vida en innumerables ocasiones. Déjame hacer esto por tí. Yo seguiré a ese Hollow y lo haré soltar su carga.
Acto seguido, fue Rukia la que de un sólo paso instantáneo llegó a la punta de un poste del alumbrado público, mirando al grupo que la observaba estupefacto, Byakuya entre ellos.
―Rukia, ¿qué diablos es lo que ocurre? ―gritó Ichigo, ya algo aburrido de que las acciones se sucedieran sin que nadie le diera una explicación.
―Que Nii―sama te explique. Yo tengo cosas que hacer ―dicho lo cual, desapareció.
Todas las miradas se volvieron hacia Byakuya, quien tornó a mirar al suelo, a la poza de sangre que estaba dejando su pierna.
―¡Ah, Inoue! ―gritó Ichigo.
―¡Sí! ―respondió ésta.
Al interior de la tienda de Urohara―san, Byakuya permanecía sentado en seiza mientras Orihime lo curaba. Todas las miradas se centraban en él, que aparentaba beber un té calmadamente.
―¡Cabronazo!, ¿acaso no piensas contarnos de qué va todo esto? ―acabó por gritarle Ichigo.
―¿Tanto te molesta no ser siempre el centro de atención? ―fue la fría respuesta.
―No me cambies de tema, que el que ha manchado de sangre las alfombras de Urahara―san has sido tú.
Byakuya sólo dio un corto suspiro de molestia. Se echó al coleto un trago de té y se dispuso a hablar.
―Un Shinigami ha sido secuestrado y traído al mundo de los vivos por la fuerza.
―¿Secuestrado? ¿Por quién? ―preguntó Kisuke.
―Aparentemente, Hollows.
―Eso quiere decir que sospechas que no eran sólo Hollows ―adelantó Ichigo, impaciente.
―No me interesan tus conclusiones.
―Hey, bastardo, que para que un Hollow te haya dejado en ese estado necesita ser un grandísimo Arrancar o no ser un Hollow después de todo.
Byakuya miró a Ichigo de reojo antes de llevarse la taza de té nuevamente a los labios. En ese minuto Senbonsakura se auto―invocó, materializándose entre Ichigo y su amo.
―No es eso, sino más bien que al momento del ataque mi amo y yo nos encontrábamos separados, ya que yo estaba... ―dijo, pero fue interrumpido.
―Senbonzakura... ―murmuró Byakuya sin mirarlo.
―Oh, Amo, lo siento ―se volvió la zanpakutou, arrodillándose en señal de sumisión frente a su dueño, para volver a desmaterializarse luego.
―Hum, así es que un ataque en pleno centro del Seiretei te pilló de sorpresa, teniendo sellado tu zanpakutou ―adelantó Kisuke desde un rincón, sin aspavientos.
El reiatsu de Byakuya se dispersó tomando un tonito amenazante, aunque la expresión de su dueño siguiera manteniendo la flema.
―Vaya, veo que no quieres que nadie ahonde en el asunto ―dijo Kisuke, entonces.― Me parece suficientemente justo. ¿Quién es el shinigami secuestrado?
―Su nombre es Kaoru y es la segunda teniente de mi escuadrón ―informó Byakuya, bebiendo té con tranquilidad.
―¿Alguna razón para su secuestro? ¿O es sólo la muy conocida adicción de los Hollows por comer almas de Shinigami?
―Lo desconozco.
―Si fuera sólo una comida habitual para Hollows, el ataque se habría producido fuera del Seiretei y la shinigami habría sido devorada sin más preámbulos. Aquí hay algo más ―afirmó Ichigo, mirando intensamente a Byakuya, quien permaneció en silencio.
―Ya está, las heridas ya están cerradas ―dijo Orihime, pasándose la mano por la frente. ―Falta terminar de curarlas ―agregó, para continuar su trabajo.
―No, ya es suficiente ―dijo el paciente, poniéndose de pie.― Os lo agradezco, mujer.
―Ah, Orihime, Orihime ―dijo ésta, algo cortada de ser llamada simplemente "mujer".― Además, con lo que he hecho sólo he cerrado las heridas, sólo me he asegurado que dejes de sangrar, todavía no estás curado.
―He dicho que es suficiente. Debo irme. Urahara Kisuke, gracias por el té ―dicho lo cual caminó hacia la salida, mas el dueño de la tienda lo detuvo sin mirarlo.
―Vi el sello ―susurró.― ¿Estás seguro que no necesitas ayuda?
―No es de tu incumbencia ―respondió el capitán, haciéndose soltar.― Si me disculpan.
Y luego de caminar un trecho, desapareció de un paso instantáneo. A poco andar, Ichigo apareció a su lado.
―¿Qué?― dijo Byakuya con algo de sorpresa en sus facciones habitualmente tan inexpresivas.
―Voy contigo.
―No.
―Sí, voy contigo. Tengo curiosidad sobre el caso.
―No estoy aquí para satisfacer tus malos modales. Fisgonear en lo que no te importa es una pésima costumbre.
―Además soy el Shinigami Sustituto. Si tu Hollow trajo hasta la ciudad de Karakura a esa subteniente tuya, está dentro de mi jurisdicción.
Ese argumento no podía ser rebatido, de modo que Byakuya se resignó a tener al molesto muchacho a su zaga. No hizo, ciertamente, ningún esfuerzo por esperarlo, por más que Ichigo protestara. Hizo uso indiscriminado de su shunpo, tratando de dejar al joven atrás, aunque sin demasiado éxito.
