Ok, perdón por la inconsistencia, pero me aburrí de mi experimento con la puntuación entre lo que es recuerdo y lo que es relato actual, así es que vuelvo al modelo inicial. Y gracias infinitas a quienes siguen esta historia ;)


En la Sociedad de las Almas, Renji se encontraba en la mansión Kuchiki. Un gran desastre había asolado la casa. Había escombros y Shinigamis heridos por doquiera, como si se hubiese desarrollado allí una gran batalla. Él dirigía las operaciones.

―¿Hay alguna pista? ―dijo una voz a su espalda.

―¡Capitana Unohana! ―exclamó, volviéndose―. No, no la hay. Las órdenes del Comandante Yamamoto son esperar.

―Esperar... ―repitió Retsu. Había contrariedad en su rostro.

―No se preocupe, capitana. Son sólo unos Hollows, no son rival para el Capitán Kuchiki. Dentro de nada traerá de vuelta a vuestra hija y todo no pasará de ser un gran susto.

―Un gran susto, eso es lo que me preocupa ―murmuró la mujer. Renji la miró confundido―. Teniente Abarai, ¿sabéis cuál es la tasa de natalidad anual del Seireitei?

Renji puso la cara que habría puesto ante un examen de Historia y Ciencias Sociales.

―Os lo pondré más fácil, ¿cuánto tiempo lleváis en el Seireitei?

―Unos 51 o 52 años.

―Es bastante. En todo ese tiempo, ¿cuántos niños pequeños habéis visto jugar y corretear por las calles?

―No lo sé, tendría que hacer memoria... ―replicó el teniente, pensativo.

―La respuesta es ninguno. La tasa de natalidad anual del Seireitei bordea el 0,005 por mil. Por eso, meses atrás, cuando acompañé a esos dos ante el Comandante Yamamoto, él le hizo esas mismas preguntas al Capitán Kuchiki, aunque, dado que él no es hombre que viva sin fijarse en lo que pasa a su alrededor, sus respuestas fueron mejores que las vuestras.

―Joder ―dijo Renji más para sí que para que lo escucharan―, ¿habrá algo que ese hombre haga mal?

―Eso habría que preguntárselo a Kaoru-chan ―dijo una nueva voz.

―¡Rangiku-san!

―¡Qué desastre! ―dijo la mujer―. La alarma se dio en nuestro cuartel, pero parece que llegamos un poco tarde... Ah, capitana Unohana, ¿qué era lo que le estabais diciendo a Abarai-kun?

―Matsumoto, no te metas en las conversaciones de otros ―le advirtió el Capitán Hitsugaya, apareciendo a su vez.

―Capitán...

―No hay problema ―murmuró Retsu, reanudando su relato―. El Capitán-Comandante le explicó a Byakuya lo escasos que eran los nacimientos en el Seireitei.

"―Nuestra organización se nutre de gente nueva sólo a través del Rukongai, por donde pasan todas las almas. Las que descubren sus capacidades vienen a dar acá, pero hay pocas almas que son concebidas y nacidas en el Seireitei.

―Por eso existe la nobleza ―apostilló el Capitán Kuchiki.

―Así es. Y de ahí que el hecho que vuestra esposa esté encinta es un acontecimiento de gran importancia. Ese niño es hijo de dos personas que fueron concebidas, que nacieron y se criaron en el Seireitei, es hijo de dos almas creadas aquí, lo cual lo hace especial. Dependiendo de las condiciones en que se desarrolle, nazca y crezca puede llegar a ser de vital importancia para esta corte.

"Para nadie es un secreto vuestra gran destreza y el enorme poder de vuestro reiatsu, Capitán Kuchiki. Sois uno de los más grandes guerreros que ha visto el Seireitei en siglos. Para todos sí es un secreto, en cambio, el enorme potencial de la hija de Retsu Unohana. Posee una potencia de reiatsu similar a la vuestra, sólo que con signo contrario: si vos fuisteis entrenado para atacar y herir, ella lo ha sido para defender y sanar. Nunca subestiméis a vuestra esposa, capitán, pues si quisiera, podría enfrentaros en igualdad de condiciones, aunque ni ella misma lo sepa.

Mi hija y su esposo se miraron extrañados. Un vaguísimo recuerdo llegó a la mente de Kaoru. ¿Como se había librado de aquellos villanos en Inuzuri, semanas atrás, si no recordaba haber luchado contra ellos?

―Siendo el hijo de dos Shinigamis de esa talla, vuestro bebé está seguramente destinado a cambiar el destino de la Sociedad de las Almas. Podría ser que haya llegado el día en que nazca alguien más poderoso que yo. Su reiatsu puede percibirse ya, aunque no sea más que un pequeño punto en el seno de su madre.

Y era la verdad. Eso explicaba la pequeña presión que ya podía sentirse, en adición a la de ellos.

―Como sus padres, tenéis la misión de protegerlo y propiciar para él un ambiente correcto donde gestarse y nacer. Desde hoy, vuestra esposa queda relevada de sus deberes como Subteniente del Sexto Escuadrón. Que permanezca en casa, a salvo, rodeada de paz y de cosas bellas. En cuanto a vos, Capitán Kuchiki, podéis continuar en vuestras funciones, mas necesito que me entreguéis vuestro zanpakutou.

Byakuya reaccionó algo sorprendido. Me miró.

―Haced lo que el Comandante os pide, Capitán ―le dije.

Lentamente, mi yerno sacó la espada de su cinturón y se la extendió al Comandante. El anciano señor la tomó y nos volvió la espalda durante unos cortos instantes en que lo vimos hacerle algo a la zanpakutou. Cuando se volvió, se la alargó a Byakuya diciendo:

―Vuestra zanpakutou permanecerá sellada hasta que el bebé nazca.

Byakuya observó el sello de color rojo que unía la guarda de la espada con la saya. Para desenvainar la espada, era necesario desatar o romper el sello.

―No podéis acercaros a vuestra esposa tinto en sangre, menos con sangre de Hollow. Aunque, si encontráis otro medio para permanecer en la lucha, podéis hacerlo. La Capitana Unohana ya vivió este proceso. Kenji Arai era oficial del escuadrón doce cuando se casaron y su zanpakutou fue sellada cuando la capitana quedó encinta de Kaoru.

―Claro, sólo que Kenji era bastante malo en las otras artes de lucha, así es que un Hollow lo devoró cuando a mí me faltaban sólo unas semanas para dar a luz ―dije con una sonrisa. Mi hija me miró como si me desconociera y se aferró al brazo de Byakuya, ligeramente asustada―. Pero no os preocupéis, que el Capitán Kuchiki es casi tan peligroso con espada como sin ella ―agregué riéndome.

―Capitán Kuchiki, debéis aseguraros que vuestra esposa permanezca a salvo y cómoda. Yo puedo recordar cómo se cuidó vuestra madre mientras os esperaba a vos. Solía pasear por los jardines de la mansión Kuchiki, que Ginrei hizo plantar precisamente para criar nietos. Y pasó un embarazo y un parto sin mayores novedades. Espero que corráis con la misma suerte. Os doy mi enhorabuena y os permito utilizar algunos recursos del Escuadrón Seis en procurar un ambiente propicio para la protección de vuestra esposa, aunque, que no sea todo el escuadrón, como hicisteis semanas atrás.

Byakuya no dijo nada, aunque veladamente le estuvieran pasando la cuenta por una nueva insubordinación.

―No os preocupéis, no habéis faltado a las reglas en ello. Si un oficial de un Escuadrón está en problemas es apenas normal poner en movimiento a todo su Cuartel, está en el manual de procedimientos ―lo consoló el Comandante, y yo ya veía que le iba a dar unos golpecitos en el hombro. Mas, tanto el Comandante recuperó la compostura como nosotros comprendimos que la visita protocolar ya había concluido."