―¿Lo veis ahora, Abarai-kun? ―dijo Retsu―. Sé que el Capitán Kuchiki hizo todo como debía hacerlo, al menos hasta hoy. Kaoru permaneció en casa, se expulsó de la mansión a una sirvienta que no la quería bien y se hizo todo para adaptar los espacios y las comidas a sus gustos y antojos. Pero este secuestro los pone en peligro, no sólo a ellos sino también al niño que viene en camino y eso es una… tragedia ―acabó en un murmullo.
―Sí que lo es ―apostilló Renji, mirando al piso.
―Yo lo que no entiendo es cómo un puñado de Hollows vinieron a colarse en pleno centro del Seireitei ―dijo Rangiku-san, mirando a su alrededor.
―¿Acaso no puedes sentirlo? ―preguntó Toshirou, agachándose a tomar un pedazo de madera―. Aquí hay rastros del reiatsu de un Shinigami, tal vez dos, además del de los Hollows y del de los miembros del Gotei 13 que se involucraron en la refriega.
―¿Un shinigami? ―se espantaron Matsumoto y Renji.
―Así es ―confirmó la Capitana Unohana―. ¿Sabes cómo comenzó todo, Teniente Abarai?
―Yo llegué después, junto con el Capitán. Pero había un miembro de la Sexta División apostado aquí en la casa. Su nombre es Megumi, es la oficial número 19 y la única mujer del escuadrón que pelea más o menos decentemente. El capitán la había asignado para hacerle compañía a su esposa y protegerla, aunque ahora veo que debió haberme asignado a mí. Seguro nada de esto habría ocurrido.
―El Capitán no os habrá querido compartiendo tanto tiempo en la intimidad con su mujer, ¿no? Con lo guapo que sois os habrá visto como una amenaza ―apostilló Matsumoto, chanceando al pobre Renji que se sonrojaba por todo.
―Pero si me tuvo dos semanas completas siguiéndola día y noche ―murmuró el joven―. Si tuviera algún interés en ella me habría lanzado entonces, aunque quién sería suficientemente idiota como para querer levantarle la esposa al Capitán Kuchiki...
―¿Sobrevivió la muchacha? ―Retsu interrumpió sus balbuceos con evidente impaciencia.
―Sí, pero estaba muy mal herida. Hanatarou quedó de avisarme en cuanto se pudiera hablar con ella… Hey, allí viene.
―Renji-san, Megumi-san ya despertó ―dijo la voz del muchacho.
En un rincón del jardín de la mansión, cerca del estanque, tenían a la oficial Megumi Yamanaka, en una camilla. Se podía ver que la muchacha vestía un yukata de color rosado, muy similar al de Kaoru, el cual estaba manchado de sangre en su parte delantera.
―Creo que podrá hablar, pero no hagáis que se esfuerce mucho, pues está muy débil ―aclaró Hanatarou.
―Claro, seremos sutiles, ―dijo Renji, para luego los ojos, carraspear y prorrumpir luego en un―: ¡HABLA, IDIOTA!, ¿qué fue lo que pasó aquí si se suponía que tú tenías que proteger a la esposa del Capitán?
La muchacha dio un grito y se incorporó de golpe. Kaoru tenía razón. Renji tenía la misma sutileza que un ladrillo volando.
―Teniente Abarai ―dijo la chica en tono quejumbroso―, hice todo lo que pude, lo siento.
―¿Podéis contarnos cómo ocurrió todo? ―preguntó dulcemente la capitana Unohana volviendo a acostar a la muchacha y mirando a Renji de reojo con un destello nada amable.
―Kaoru-san y yo nos habíamos hecho muy buenas amigas en todos estos meses ―dijo la joven―. Ella me decía que ya que Rukia-san no estaba nunca en casa, yo era su única amistad.
"Hoy yo vestía con mi uniforme habitual y nos estábamos tomando un té cuando llegó corriendo una sirvienta más o menos vieja, que nunca me dio muy buena espina:
―¡Mi señora, hay un gran problema!
―¿Qué ocurre?
―Ha venido alguien del Escuadrón Cuatro con un mensaje de vuestra madre, dice que es urgente. Está en el antejardín.
―¿Qué? ―protesté―. ¿Cómo es eso de que le dejaste entrar? Como jefe de seguridad de la casa ya os había advertido que nadie puede entrar como no sea con mi autorización.
―Lo siento, Megumi-sama, es que soy vieja y se me va la cabeza. Además la persona dijo que era urgente y se veía tan preocupada...
―Megumi-chan, si es un mensaje de mi madre y es tan urgente...
Le hice una seña significativa a Kaoru-san y despaché a la sirvienta.
En el antejardín efectivamente había una shinigami del Escuadrón Cuatro, mirando en todas direcciones, con aire preocupado. Su apariencia y su reiatsu se sentían extraños, de cualquier manera. En la División Cuatro todos suelen ser muy formales, pero ella llevaba unas marcas en la cara, como tatuajes. Cuando vio que Kaoru-san se acercaba a ella caminando lentamente, velada, embozada en un yukata rosado y con un haori azul encima que disimulaba muy bien los avanzados meses de su embarazo, la muchacha se despabiló y la tomó de la mano.
―¡Kuchiki-sama! ―exclamó―. Vuestra madre estaba en una misión en el mundo real y resultó gravemente herida, vuestra presencia en el Cuartel del Escuadrón Cuatro es urgente, sólo vos podríais curarla.
Y se iba, tan tranquila, arrastrando a la señora de la casa, mas se volvió al escuchar una exclamación de espanto a su espalda.
―¿Qué? ―dijo y toda su inocencia de becaria del Escuadrón Cuatro se esfumó en un segundo―. ¿Con que tratabais de engañarme?
Me solté de su mano y salté hacia atrás para desenvainar la zanpakutou que llevaba oculta y plantarme en frente de la verdadera señora de la casa, que había delatado su presencia desde una de las puertas de la mansión al oír que su madre estaba en peligro. Con el movimiento se me cayó el velo y el cojín que me había puesto bajo el yukata para fingir que era Kaoru-san.
―¡Kaoru-san! ¡Huye hacia la casa! ―le grité―. Y tú ―ordené vuelta hacia la visitante―, identifícate.
―No hay necesidad. Finge, Dai-Uso ―invocó el poder de una zanpakutou que había permanecido enfundada en una hermosa saya de color azul, lacada y con relieves y que al ser desenvainada comenzó a brillar considerablemente.
Luego de brillar, la forma de la zanpakutou varió.
―¡Megumi-chan! ―gritó Kaoru y pude evitar el ataque sólo por un pelo, aunque igual logró rozarme el brazo.
―Lo siento ―dijo la atacante―. Tal vez debí decir "Ruge, Zabimaru".
―¿Zabimaru? ―pregunté incrédula ante lo que vi. Era el shikai del Teniente Abarai".
―¿Pero cómo es posible? ―preguntó Renji―. Mi zanpakutou siempre estuvo conmigo.
―Luego lo entendí ―respondió la chica, con voz débil―. Evité algunos ataques, respondí otros.
"―¿Qué hacéis parada aún ahí? ―le grité a Kaoru-san―. Huye hacia la casa.
Pero ella parecía muy concentrada observando a la atacante. De pronto su expresión cambió y exclamó:
―¡No es una shinigami, es una...! ―y no escuché el resto, pues justo en ese momento, Zabimaru me había levantado del piso de un tajo, que me recorrió todo el torso―. ¡Megumi-chan! ―oí que me gritaba Kaoru, haciendo un conato por acercarse.
Llegué al piso y me incorporé, deteniendo a Kaoru con un gesto.
―No te acerques, huye hacia la casa.
―Pero...
Resistí aún algunos ataques y cuando pensé que iba a desfallecer, una figura conocida se presentó en el jardín.
―¡Capitán! ―dije, con lo último de mis fuerzas, antes de caer.
El rostro de mi atacante se desencajó antes que de un sablazo por la espalda, la hicieran desaparecer. Me invadió una sensación de alivio. Aunque mi cuerpo se dejó caer, sin ningún gramo de fuerza para moverme, me encontraba aún muy consciente y me volví a mirar la cara de felicidad que debía estar poniendo Kaoru. Pero no era así. Miraba al recién llegado aterrorizada y retrocedía ante cada paso que éste daba hacia ella.
―¿Qué pasa? ¿No te alegras de verme, esposa mía?
La miré a ella y luego a él. Era verdad, para ser el Capitán Kuchiki tenía algo extraño, lo cual se me confirmó cuando oí a Kaoru gritar.
―¡Aléjate de mí! ¡Tú no eres mi esposo!
―Vaya, qué pena ―dijo el extraño, soltándose la bufanda y quitándose de debajo de ella, un lazo azul que había en su cuello―, supongo que ya no necesito esto, mi madre va a estar desilusionada... y fascinada de que alguien descubriera el truco tan rápido...
Cuando se lo quitó, una sombra pasó frente a él, muy rápido y apareció un kanji dibujado con sangre en su frente. Fue demasiado rápido, no pude distinguir lo que pasó. Pero sus facciones cambiaron de forma, aunque aún así se parecía al Capitán Kuchiki. Asumió posición de ataque con la katana que tenía desenvainada y se dispuso a rematarme.
―Finge, Dai Uso ―invocó y creo que eso era lo que Kaoru trató de decirme. La primera visita no era una shinigami, sino una zanpakutou materializada, por eso su reiatsu se parecía al de un miembro del Gotei 13, pero no era igual.
Aparecieron entonces los sirvientes de la casa, incluyendo los ancianos mayordomos, para interponerse entre el atacante y Kaoru-san.
―Mi señora, huid hacia el interior de la casa, nosotros no dejaremos que este hombre os toque ―dijo Gohei-dono.
―Vaya, más alimento ―dijo el intruso y en seguida extrajo la saya de su cinturón, la unió a la espada y dijo―: Crece, Hozukimaru.
Era la segunda zanpakutou ajena que veía invocada. Cuando los primeros sirvientes cayeron, vi a Kaoru correr hacia la casa, lo cual fue una especie de alivio, mas, la sirvienta de hacía un rato se interpuso.
―¡Nami! ―gritó―. ¡Quitáos de en medio!
―No. ¿O acaso creíais que haber echado a mi hermana de la casa os iba a salir tan fácil, niñata?
Kaoru la miró con terror. Esto olía a conspiración. A cada movimiento que Kaoru hacía la mujer se interponía.
―Bakudo n°1: Obstrucción ―dijo Kaoru y las manos de la anciana quedaron atadas. Cayó al suelo y al no poder utilizar sus manos, no pudo ponerse en pie.
Kaoru corrió por la casa, pero como es porfiada como una mula, no lo hizo para ocultarse. Abrió la habitación en que permanecía guardada Senbonzakura, junto a su propia espada.
―¡Senbonzakura-dono! ―dijo―. Despertad por favor. Sé que no debéis salir, pero es una emergencia.
Mientras, en el antejardín no había nadie de la mansión que pudiera hacer el frente al intruso. Cuando éste ya daba cuenta del último de sus oponentes y Kaoru ya venía corriendo de vuelta por el corredor con la espada de su esposo entre las manos, aparecieron todos los oficiales del Escuadrón Seis, incluyendo al Capitán y a usted, Abarai-kun."
―Sí, estábamos en el Cuartel, era una mañana normal ―confirmó Renji―. Yo no había sentido nada aún cuando el capitán ya se encontraba inquieto.
"―Hay problemas ―murmuró de pronto y casi no me dio tiempo a seguirlo.
Mientras íbamos de camino, comencé a ver que se daba la alarma en varios cuarteles y que las mariposas infernales se distribuían por el Seireitei. Podía verse humo desde la puerta Oeste y también una nube de polvo en la mansión Kuchiki. Las informaciones decían que había habido una brecha de seguridad en la barrera del Seireitei y que se detectaba la presencia de Hollows avanzando semiocultos hacia un punto específico.
"Cuando llegamos a la mansión, el lugar ya estaba sobrepasado de Hollows y entre tanta confusión me separé del Capitán. No vi a nadie que pareciera un shinigami, salvo a ti."
―Lo sé... ―murmuró la chica y en seguida comenzó a toser penosamente.
―¡Oh, Megumi-san! ―exclamó Hanatarou, acercándose a la joven.
―Siento no poder ayudar más... ―murmuró ésta antes que el esfuerzo por toser la llevara a desmayarse.
―Hanatarou ―indicó Retsu Unohana―, esta muchacha debe ser trasladada inmediatamente a los cuarteles de la Cuarta División.
―Sí, capitana ―y el fiel muchacho partió corriendo a solicitar ayuda para llevar a cabo la orden.
