De vuelta en el mundo real, Rukia observaba el lugar en que se encontraban. Se hallaban al interior de una caverna, eso era evidente. Había una barrera de energía a su alrededor, que podría haber sido rota por ella con mucha facilidad, pero al estar usando un restrictor, dicha operación se hacía imposible. La caverna estaba semiiluminada con antorchas, pero había grandes extensiones cubiertas de una oscuridad impenetrable. Sólo se oían gotas de agua cayendo. De pronto, la inspección que hacía Rukia fue interrumpida por un quejido de Kaoru.
―¡Kaoru-sama! ―se alarmó la muchacha, volviendo en el acto junto a su compañera de prisión―. ¡Resiste!
―Estoy bien, estoy bien ―decía ésta, pálida, apoyando la espalda contra la pared y poniendo las manos sobre su abultado vientre―. El bebé se mueve en mi interior y ya está tan grande que me causa molestias.
―Tal vez él también está sufriendo ―pensó Rukia―. No te preocupes, Kaoru, Nii-sama llegará muy pronto ―agregó en voz alta.
―Tal vez sería mejor que no viniera...
―¿Por qué dices eso?
―Tú no viste lo que yo vi ―replicó la joven, con voz fatigada―. Yo no soy buena peleando, diga Yamamoto-dono lo que diga. Además no quería arriesgarme teniendo a mi hijo en el vientre. Por eso sólo atiné a apelar a Senbonzakura-dono, mas sabía que él no podría responderme pues estaba sellado. Tampoco me atreví a retirar el sello, pero cuando sentí todas esas anomalías en el reiatsu, lo único que se me ocurrió fue salir con la katana de mi marido entre manos.
"Sentí el reiatsu de Renji y de Byakuya-sama acercarse mientras corría. Entonces la casa se sacudió como si hubiese habido un terremoto. El velo entre dimensiones se rasgó y pasaron varios Hollows, los patios quedaron llenos con ellos. Me caí de la impresión. Vi un ataque venir hacia mí y no se de dónde saqué la velocidad para esquivarlo. Eran como agujas filosas, lanzadas por un Hollow a quemarropa en mi contra. Me aparté a tiempo, pero rozaron la empuñadura de Senbonzakura, rompiendo el sello. Al esquivar un segundo ataque volví a caer al piso. Escuché pelear a Renji al otro lado de la casa y oí una voz conocida nombrar el Hadou 33: Fuego Azul.
"―Byakuya-sama ―murmuré, luego de reconocerlo tras el destello de esa ráfaga de kidou que pulverizó al Hollow de las agujas.
Medio me miró hacia atrás y cuando vi a otro Hollow lanzar un ataque en nuestra contra, cerré los ojos. Cuando los abrí, ya me hallaba rodeada de una barrera de Bakudo. Era lógico. Una vez que Senbonzakura fue sellado, lo vi usar interminables horas buscando en el archivo de los Kuchiki el desarrollo de técnicas Kidou ya olvidadas y dedicar otras tantas horas a practicarlas. Yo solía echar la tarde observándolo, sentada en el corredor de la mansión. Allí veía cómo rostizaba un muñeco de paja al que le encajó una peluca color anarajando..."
―¿Anaranjado? ―preguntó Rukia, aunque no había mucho qué preguntar, digamos que la explicación era evidente.
―Sí, anaranjado. Lanzó el muñeco hacia el infinito y más allá o lo quemó muchas veces, pero otras veces el que salía disparado era él y también se quemó las manos más de una vez. Me acercaba a curarlo entonces y juntos nos reíamos de que al Gran Kuchiki Byakuya pudiera salirle algo mal.
―¿Reírse? ¿Mi hermano? Eso sí que no te lo creo.
―¿No? A lo largo de todos estos meses lo he visto hacer muchas cosas que todos desconocen ―Kaoru sonreía con melancolía, a medida que lo mejor de su matrimonio desfilaba por su mente―. Lo he visto ser cariñoso y atento. Lo he visto reírse de sí mismo y de buena gana. Hasta lo vi hacerse un lío cuando un día me dijo accidentalmente que me veía gorda y yo fingí enojarme sólo para ver qué hacía... y hoy lo vi luchar como nunca con el Kidou, pulverizar y rostizar Hollows, sin derramamiento de sangre ―agregó, cambiando de expresión, luego de una pausa―. La efectividad de sus ataques atrajo a más y más rivales. Pronto lo vi rodeado por todos los flancos y supe que aunque fuera él, le sería imposible salir indemne, no sin su zanpakutou. Le grité y una explosión me lo quitó de la vista. Cuando volví a divisarlo, venía en picada, aterrizando sobre su cabeza, igual que esa vez, hace tanto. La barrera que me rodeaba desapareció, al igual que su reiatsu. Pensé que lo habían matado.
Me abalancé hacia él. Los keiseikan estaban agrietados y tenía sangre en el rostro, pero estaba vivo. Lo acaricié, a punto de largarme a llorar, el niño saltando en mi interior.
―¿Dónde está tu héroe ahora? ―dijo la voz del invasor, reapareciendo en escena―. ¿Qué es del 28 cabeza familiar del clan Kuchiki sin su zanpakutou?
―Un Kuchiki no viola la ley ―murmuré pensando en el sello de Senbonzakura―. Pues yo la violaré por ti...
Hice acopio de mi energía y se la entregué a mi esposo, con el fin de ayudarlo a sobrevivir. Su cuerpo se estremeció como si le hubiese dado un electroshock. Tomé a Senbonzakura y sin desenvainarlo, entablé combate personal con el atacante. Creo que no lo estaba haciendo para nada mal, a pesar que no había luchado cuerpo a cuerpo ni usado el shunpo en décadas y a pesar de mi barriga.
―Vaya, para ser una curandera lees bien los movimientos de un enemigo ―dijo el hombre.
Yo guardé silencio y traté de permanecer concentrada. Mas, aún así cometí un error. Esquivé hacia la izquierda un ataque que iba en la misma dirección. Pero a pesar que vi la sangre salir a borbotones, dicho ataque no me rozó. Byakuya me había apartado del peligro y había recibido una horrible herida en una pierna, que parecía haberle lacerado los músculos y una arteria, pues la sangre salía, negra y abundante.
―Déjame el resto a mí ―susurró en mi oído y tomó a Senbonzakura de mis manos.
Hizo el ademán de desenvainar, mas aún así lo dudó algunos instantes.
―¿Dudáis? ―preguntó el tocahuevos aquel.
Hubo una enorme onda de reiatsu que afectó a todos los presentes, pues la escena ya estaba llena de shinigamis del Sexto Escuadrón. Y Byakuya desenvainó. Caminó algo cojo hacia su oponente y comenzó a correr luego, para finalmente desaparecer en un paso instantáneo con el que llegó a cruzarse con él. Salió victorioso del movimiento, pero el muerto no fue el shinigami, sino su haori. El shinigami había llegado a mi lado de un paso instantáneo y me cubrió con una sábana o manta.
―Lo siento, Kuchiki, pero no tengo demasiado tiempo para jugar con vos. Os dejo en la compañía de un amigo, pero me llevo esto.
Ante la mirada atónita de Byakuya se abrió una grieta entre dimensiones. Bajó a tierra un Adjuchas. Mi captor saltó conmigo hacia la grieta.
―¡Byakuya! ―grité, estirando los brazos hacia él antes de ser llevada. Lo último que vi de él fueron sus ojos, derechamente aterrorizados por primera vez en la vida."
―¿Rukia, tú viste lo que pasó luego? ¿En serio crees que se encuentre bien y que venga en camino?
Rukia miró a su cuñada con compasión. Podía ver cuánto sentimiento había tras esas preguntas.
―Tú lo conoces bien ―replicó con aire tranquilo―. Sabes lo obstinado que es. Yo estuve en el campo de batalla luego de que fuiste llevada. Se disponía a abrir una garganta para seguirte.
"―¿Adónde crees que vas, Shinigami? ―dijo el Adjuchas detrás de él―. ¿Te atreves a darme la espalda?
―Mi asunto no es contigo.
―El mío parece sí serlo contigo, después de todo vine para devorar a tu esposa, ¿no es así?
―¿Comerse a Kaoru-sama? ―dije, llegando a la escena. ―¡Nii-sama!
―O bien podría comerte a ti. Sólo me falta engullir un poco más antes de convertirme en un Vasto Lord. O de liberarme de la máscara...
Todos los que escuchamos la voz distorsionada de ese horrible Hollow quedamos helados. Nii-sama recuperó la flema y se limitó a asumir postura de lucha.
―Bankai ―dijo, sin pestañear ante las amenazas―. Senbonzakura Kageyoshi.
Se encerró en la oscura atmósfera de la versión bankai de Senbonzakura, ninguno de nosotros pudo apreciar lo que de veras pasó allí, mas cuando la espada volvió a su forma sellada al Adjuchas le faltaba un brazo y Nii-sama se mantenía en pie a duras penas, debido a la cantidad de sangre que estaba perdiendo por la pierna. Senbonzakura se le cayó de las manos.
―Siempre he pensado que serías un buen plato, ―dijo el Adjuchas, comenzando a regenerar el brazo― pero no me apeteces hoy, quizás mañana. Adiós.
Dicho lo cual abrió una nueva grieta y se fue. Varios de los Hollows hicieron lo mismo, con dirección, tanto al Hueco Mundo como al Mundo de los Vivos. Intenté acercarme a Nii-sama, pero sin mirarme , abrió una garganta, arrojó a Senbonzakura hacia atrás y se lanzó por ella, sin siquiera llevar la zanpakutou consigo, en silencio.
―¡Síguele, Rukia! ―me gritó Renji, que venía acercándose―. ¡Yo me ocuparé de todo aquí!
―¡Te lo encargo! ―le respondí y me lancé por la garganta antes que se cerrara.
"Un par de Hollows nos siguieron, pero no fueron un problema. Fuimos a dar frente a la tienda de Urahara-san, supongo que la conoces. Justo estaba allá Orihime-san, una chica humana que tiene unos excelentes poderes de sanación. Dejé a Nii-sama allí y vine tras de ti, pues sospechábamos que te habían traído al mundo real. Me imagino que Orihime-san debe haberlo curado, estoy segura.
―Si está en manos de Orihime-san, me quedo más tranquila ―dijo la joven esposa, con algo más de esperanza en su voz.
―¿La conoces?
―Mejor de lo que ella a mí. Parte de sus poderes de curación es lo que yo le enseñé mientras dormía, durante los últimos cuatro años. Pero se los enseñé a su alma y permanecieron dormidos hasta que tú despertaste los de Kurosaki Ichigo.
―Vaya. ¿Y por qué hiciste eso, si está prohibido?
―Yo no le entregué mis poderes, como han hecho otras shinigamis que conozco ―dijo Kaoru, con los ojos cerrados y clara intención de molestar a Rukia, la cual miró despreciativamente hacia otra parte―. Lo que yo hice fue enseñarle a usar algunas capacidades que permanecen ocultas y dormidas en todas las personas. Además, cuando una es shinigami y pasa cinco décadas en el Mundo de los Vivos se aburre mucho y necesita nuevos desafíos y qué mejor desafío que enseñarle alta magia blanca a una niña bien intencionada, aunque nada brillante, como ella.
―Ah, pues tienes razón ―apostilló Rukia, imaginando lo difícil que debe haber sido aquello.
―Además, como no sea por una conspiración de alto nivel para sacar un artefacto oculto en el alma de alguien, la Sociedad de las Almas ha tenido mucho follón en los últimos años como para preocuparse de shinigamis renegados enseñándole técnicas secretas a humanos. Sino mira el caso de Kisuke Urahara y de Yoruichi Shihoin.
―Eso también es verdad... ―respondió Rukia. Cuántos recuerdos le traían esas palabras. Se llevó la mano al cuello y examinó la cinta que ahora lo ceñía. Detectó diferencias con respecto a aquella que la aprisionó durante su cautiverio en la Sociedad de las Almas. ―Kaoru-sama, ¿hay algo distinto en mi restrictor?
Y tomó el de Kaoru para compararlo.
―Es diferente ―respondió la muchacha tranquilamente―. El mío está hecho para debilitarme, o para extraer mi energía y es claramente un artefacto robado desde la Sociedad de las Almas. Tiene conexión a un lazo espiritual en la parte de atrás. El tuyo es de color azul, tiene una conexión diferente atrás y... creo que es parte de una zanpakutou a la que no he visto jamás, pero puedo ver su lazo espiritual.
Rukia quedó congelada ante la revelación, dicha tan tranquilamente.
―Estas en lo cierto, Kuchiki-san ―dijo desde las sombras una voz femenina―. No dejáis de sorprenderme, pues a pesar que hemos restringido tanto vuestro reiatsu aún eres capaz de daros cuenta de estas cosas...
Las mujeres se pusieron alerta, mientras la voz reía burlonamente, mas no pudieron detectar de dónde venía dado el eco de la caverna. Rukia se volvió a mirar a Kaoru, la cual suspiraba visiblemente agotada. Era cierto. La capacidad de esa joven era aún insospechada.
