Wow, este capítulo es largo. Si a alguien le molesta, puedo intentar dividirlo en dos.


―¡Qué desastre! ―exclamó Matsumoto al llegar a la puerta Oriente.

Jidanbou yacía en el suelo, bastante malherido, asistido por varios miembros de la Cuarta División.

―Ensañarse así con el pobre Jidanbou, cuando con derrotarlo basta para abrir la puerta ―comentó Toshirou al notar las heridas―. Esto nos confirma que la gente con la que lidiaremos es muy peligrosa.

―¡Pensé que era el Capitán Kuchiki! ―clamaba el hombretón, llorando en el suelo, pues, mientras lo asistían, también se encontraba prestando declaración ante miembros del Escuadrón Dos.

Toushirou miró de reojo sus heridas. Eran, de hecho, muy parecidas a las que dejaría el shikai de Senbonzakura.

―Capitán, mire ―dijo la teniente, señalando un pequeño objeto trabado en la jamba de la enorme puerta―. Con esto evitaron que la puerta estuviera cien por ciento cerrada y por eso pudieron colarse los Hollows.

―Todo esto requiere mucho conocimiento acerca del Seireitei. El tal Aoshi o su madre no deben haber tenido malas notas en la Academia.

En la Academia, mientras tanto, la capitana Unohana y Renji revisaban los documentos a los que les daban acceso.

―¡Qué retardado! ―exclamó Renji―. Este tipo salió de la Academia con peores notas que Ikkaku. ¿Cómo un tipo tan tonto podría urdir un plan así?

Retsu cerró de golpe un libro más antiguo y polvoriento que el que revisaba Renji.

―Pues las notas de Kuchiki Rei no deshonran en nada a la familia ―murmuró―. Sirvió en el Escuadrón Seis, bajo las órdenes de su padre ―agregó para sí―, pero sus poderes le fueron arrebatados cuando fue expulsada del Seireitei... Aunque... ―repuso, en voz alta― no creo que las calificaciones sean un indicador tan confiable.

Luego de agradecer la ayuda prestada y de averiguar que, una vez egresado, Aoshi Takamori fue destinado al Escuadrón Dos, capitana y teniente marcharon sobre Minazuki a dicho cuartel.

―¿Por qué dijo eso de que las calificaciones no eran un indicador confiable? ―preguntó Renji, luego de un rato.

―Cuando viste a mi hija por primera vez, ¿por qué supiste inmediatamente que no la habías visto antes?

―Su cara no se me hacía familiar...

―Mas, habiendo tantas shinigamis, ¿por qué supiste que no te era familiar?

―Pues porque de seguro me habría acordado de su cara, ella es muy bonita... ―reconoció Renji, tendiendo a sonrojarse un poco.

―Así es, tendemos a recordar mejor las caras bonitas. Sin embargo, Megumi parecía muy sorprendida frente al intruso que atacó la mansión Kuchiki, como si no hubiese visto jamás a alguien con semejante parecido al Capitán. Eso es precisamente porque nunca lo vio, tal como tú nunca habías visto a mi hija antes. En ninguna reunión de la Asociación de Mujeres Shinigamis oí hablar de alguien parecido a Byakuya, y hay que ver cómo se habla de hombres en esas reuniones.

―No entiendo a dónde quiere llegar, capitana.

―"Cualquiera que domine su bankai será recordado en la Historia de la Sociedad de las Almas" ―citó la capitana―. Sin embargo, un shikai tan peligroso como el de esa Zanpakutou descrita por Megumi, Dai-Uso, no era conocido para nadie...

―No la estoy siguiendo... ―murmuró Renji, cada vez más confundido.

―Que el tal Aoshi se ha mimetizado todo este tiempo ―aclaró finalmente la capitana, poniendo compasivamente una de sus manos sobre la cabeza del teniente―. Nadie ha comentado su rostro, su Zanpakutou, sus calificaciones en la Academia... Todo ha permanecido oculto, todo ha sido pensado para pasar inadvertido. Eso lo hace más peligroso aún, si cabe.

Fuera del Seireitei, Toshirou y Matsumoto recorrían los barrios de infancia del capitán, siguiendo la dirección de la "modesta casa" que habían apuntado del libro de contabilidad.

―Esta zona se me hace conocida ―dijo el capitán, hasta que de pronto se paró en seco, llevando la mirada de la dirección a la casa y de la casa a la dirección.

―¿¡Puede ésta ser una "modesta casa"!? ―se escandalizó su teniente al observar el palacete que tenía en frente, algo desvencijado ahora, pero que tenía encima memorias de tiempos de gloria, sin duda.

―¡Pero si es la Casa de la Bruja! ―exclamó Toshirou apuntando con el dedo.

―¿La casa de quién?

―De la bruja, todos los niños del barrio sabían eso. Se decía que vivía allí una bruja a la que le gustaba atraer personas a su casa, sobre todo hombres, los cuales pasaban allí la noche y luego, en un plazo no superior a una semana resultaban muertos por causas... naturales.

―¿Toshirou-chan? ―dijo una vocecilla de anciana en la calle.

Al capitán Hitsugaya se le saltó una vena, pero se volvió.

―Kuwashima-san ―exclamó al ver a la señora, con una alegría no muy convincente.

―Niño, qué grande estás, ¿cómo está tu abuela?

―Mi abuela murió hace años...

―¿Murió? ¡Pero qué desgracia!

―Pero si asistió al funeral y todo, lo que pasa es que se le ha olvidado ―murmuró el capitán por lo bajo.

―¿Y qué haces aquí ahora, niño? ―preguntó la anciana, mirándolo con ternura.

―¡Que yo ya no soy un niño...!

―Eres un buen niño, por acordarte de tus antiguos vecinos, venid, venid a mi casa ―lo interrumpió la señora, tomando al capitán de la mano y arrastrándolo a su casa, que, afortunadamente era la casa vecina a la de la Bruja.

―¿Y qué os trae por aquí? ―preguntó la viejecita una vez que ya los tuvo sentados a cada uno con un té.

―Kuwashima-san, ¿qué sabe usted de la bruja de acá al lado?

Dicho eso, en medio segundo tuvieron a la anciana cerrando puertas y ventanas, además de esparciendo sahumerios y sellos por toda la casa.

―Niño, hablar de ella trae mala suerte.

―Sin embargo... ―se atrevió a decir Matsumoto― realmente necesitamos saber. ¿Hace cuánto abandonó la casa?

―Pocos días, pero la gente sigue asustada.

―¿Por qué se ve tan deteriorada entonces? ―preguntó el Capitán luego de darle un sorbo a su té.

―Ah, eso es porque en las últimas décadas dejó de venir Shinigami-sama ―respondió la viejecita, poniéndose algo coqueta.

―Y, ¿quién es Shinigami-sama? ―preguntó Matsumoto con una sonrisa de interés.

―Oh, es un señor muy distinguido ―dijo la abuela, totalmente transformada en una quinceañera―, alto, con una larga cabellera platinada, muy guapo. Todos decían que la Bruja debía ser su amante, aunque yo no sé qué podía verle a una casquivana como ella, cuando habíamos tantas otras adonde mirar ―comentó luego por lo bajo.

―Debe referirse a Ginrei-dono ―dijo Toshirou a su teniente, en voz baja.

―Pues entre una pasa y un melocotón maduro no hay que pensar mucho para decidir ―apostilló Matsumoto, prestando más atención a la anfitriona que al motivo de su visita.

―¡Oye, niñata mal educada! ―protestó la viejecita―. ¡Que yo de joven fui dos veces Reina de la Primavera y tenía mejores toronjas que tú!

―¡¿Qué?!

―Retomando el tema de la Bruja ―dijo Toshirou muy serio, luego de haber detenido a su teniente de un elocuente coscacho en la cabeza―, pensamos que se trata de la hija del shinigami, más que de la amante.

―Ya veo ―dijo la abuela de pronto, despabilándose―. Después de todo no tenía sentido que un señor tan majo tuviera un enredo con una muchacha tan joven y del Rukongai. Lo cierto es que venía de noche cada cierto tiempo y al día siguiente siempre había remodelaciones en la casa y un fiestón al que solían asistir sólo hombres. Luego, antes de una semana, varios de los asistentes se morían de enfermos...

―¿Entonces era verdad? Yo pensé que era una historia que nos contaban a los niños del barrio para que no anduviéramos en la calle de noche ―prorrumpió el capitán, dejando el té de golpe.

―Era verdad, era verdad, un sobrino del primo de mi cuñada fue a una de las fiestas y apareció muerto en su cama tres días después.

―Pero si todos sabían del rumor, ¿por qué seguían yendo a las fiestas? ―preguntó Toshirou.

―Pues porque ella estaba muy buena, niño mío, cómo se ve que eres aún un crío ―replicó la abuela, burlándose del capitán, lo que no le sentó nada bien―. Yo no la he visto mucho, pues rara vez sale de día. Pero es una mujer alta, curvilínea, de pelo negro largo y liso. Tiene una perfecta piel blanca y una mirada entre fría y misteriosa de sus ojos negros, que hacía a todos los hombres caer rendidos...

―Vamos, Byakuya en versión femenina ―apostilló Matsumoto, no muy feliz de oír la descripción de una belleza ajena. La imagen mental que pasó por la mente de Toshirou, de Byakuya vestido de geisha tampoco fue muy bien recibida que digamos.

―Cuando recién llegó, no hablaba con nadie y a todos nos miraba con desdén ―continuó la señora―. Cuando Shinigami-sama le pagó una partera, se vio forzada a entrar más en contacto con el vecindario. Nos dijo que era viuda, pero no le creímos mucho. Tuvo una criatura muy bella, un niño. Se llamaba Aoshi, pero cuando era muy pequeño fue admitido en la Academia y no le vimos mucho desde entonces. Venía una vez cada cierta cantidad de días y luego comenzó a usar máscaras y lentes oscuros y esas cosas que les gusta usar a los jóvenes. Y eso es todo lo que sé de la bruja.

―¿Dijo alguna vez cómo se llamaba? ―preguntó el capitán.

―Takamori-san. Y a los hombres les daba diferentes nombres, pero todos coincidían en que habían pasado la noche con "la Bruja".

―Una perfecta extraña que vivió aquí 250 años hasta la semana pasada ―comentó él, aún algo sorprendido de cómo alguien podía pasar tan desapercibido en un barrio de cotillas como ése.

―¡Ni tan perfecta, ni tan extraña! ―exclamó la anciana de pronto―. El sobrino de Mae-chan vio algo un tiempecito atrás que les puede interesar, vengan, vengan.

Y dicho esto, los arrastró a la casa de una vecina, otra afable ancianita, bastante más gorda y lenta.

―Es que son ancianas y se deben aburrir mucho ―explicó Matsumoto, ante la contrariedad pintada en el rostro de su capitán que no hallaba ya cómo zafarse de las visitas de cortesía―. Y claro, si encuentran a alguien a quien contarle sus historias, pues mejor para ellas...

―Mae-chan, estos chicos quieren hablar con Hajime-chan.

―Oh, por favor, pasen ―dijo la señora y luego los miró mejor―. ¡Pero si son shinigamis! ¡Pasen, pasen! Mi Hajime ha esperado más de cincuenta años para contar su historia.

Con sonrisas de cortesía, los shinigamis pasaron al interior de la casa. En una habitación de la parte de atrás, encontraron una cama, y sobre la cama un hombre más o menos joven, delgado y moreno. Su particularidad: le faltaban ambas piernas a la altura de las rodillas y tenía una gran quemadura en un brazo.

―Zero ―murmuró Toshirou al reconocer el origen de la cicatriz.

―¿Así se llama? ―preguntó el hombre volviéndose hacia ellos―. ¿Así se llama la cosa que me hizo esto?

―Tal vez ―repuso Toshirou―. Nos dijeron que sabes algo acerca de la Bruja.

―Que si lo sé... ―replicó el minusválido con un tono claramente amargo.

―¿Fuiste a alguna de sus fiestas? ―preguntó Matsumoto.

―No, yo me preciaba de ser más inteligente que los demás. Además no me gustan las mujeres altas, sino más bien las pequeñas y frágiles ―dicho lo cual Matsumoto dio un significativo respingo―. Cincuenta y seis años atrás yo era un vago. Deambulaba por todo el Rukongai, siempre metido en problemas y malentretenido. Una mala noche, me echaron de la casa en que pernoctaba, junto a otros vagos como yo. Pero entre tanto vago y vago había una muchacha muy bonita, vamos que era un verdadero ángel, a quien había seguido en los últimos días. Ella era dulce, frágil y amable, pero la habían echado tal como a mí. Al principio la perdí de vista cuando huimos, pero luego di con ella. Se había ido al bosque, de noche, en pleno Inuzuri, era obvio que algo malo le iba a ocurrir. Y le ocurrió. Aparecieron dos Hollows.

"Ella estaba tan cansada ya de deambular, que luego de huir un poco de los espíritus malvados, se echó de rodillas y esperó que se la comieran. Yo... juro que iba a hacer algo para ayudarla, pero no me dio tiempo..." ―dijo el hombre y la voz le tembló con emoción.

―¿La devoraron? ―preguntó Matsumoto, algo conmovida.

―No. Apareció un shinigami, uno joven e impulsivo. Saltó para protegerla y en cuanto pudo la tomó y la apartó del peligro. Derrotó a los dos Hollows sin mayores problemas, pero justo cuando iba a acercarse a ella para ver cómo estaba, el cielo se resquebrajó y apareció un enorme monstruo negro, con máscara blanca, guantes y botas blancas. Fue la cosa más aterrorizante que he visto en la vida.

―Menos Grande ―murmuró Toshirou.

―¿Así se llaman? ―preguntó Hajime, angustiado por sus recuerdos.

―Sí.

―Pues el shinigami las vio negras para derrotarlo. Es más, si bien consiguió hacerlo desaparecer, yo creo que con una caída como esa cualquiera se despanzurra, aunque sea shinigami. Pero apareció entonces otra shinigami y parece que curó sus heridas. Luego la shinigami desapareció, él despertó y yo lo vi marcharse con mi florecita... ―se lamentó el joven, suspirando lastimeramente.

―...Ya... ―murmuró Toshirou luego de un momento―. Y esta historia se relaciona con la Bruja en...

―En que cuando vi al shinigami marcharse, yo me fui también. Caminé un buen rato por el bosque, hasta que me di cuenta que estaba completamente solo... y que la cosa aquella no había muerto, sino que estaba de vuelta y de bastante mal humor. Me agarró, me desgarró las piernas. Me caí de su hocico y parece que pensó que iba a huir, así es que me lanzó ese rayo rojo con el que también había herido al shinigami antes. Se me quemó la mano. Grité y cuando el Menos se abalanzó a devorarme, apareció la Bruja.

"―¡Basta por hoy! ―le dijo al monstruo, interponiéndose entre él y yo―. Se te escapó esta vez, habrá que esperar a otra oportunidad, pero no te desquites con este pobre diablo ―agregó, mientras yo me arrastraba hacia atrás―. Sé que estás herido y que quieres recuperar fuerzas, por eso estoy aquí.

Encontré refugio detrás de un árbol. La bestia se revolvía, como si la Bruja tuviera el poder de detenerlo y a la vez no lo tuviera, pues la miraba y me miraba a mí y se retorcía, furioso, de hecho lanzó un par de rayos al cielo.

―¡Basta ya! ―gritó la Bruja― ¿Quieres que te descubran y que todos nuestros esfuerzos hayan sido en vano? Vete, ya habrán más oportunidades, ¡vete ya!

Entonces el monstruo las emprendió con ella. Iba a embestirla, pero ella lo esquivó, no sé cómo. La cosa es que en un momento la vi en un sitio y al siguiente estaba en otro."

―Entonces era una shinigami entrenada ―repuso Matsumoto―. Si era capaz de usar el shunpo y plantarle cara a un Gillian... Aunque ese Gillian era extraño... más rápido y violento de lo normal… ―El hombre la miró con poca amabilidad―. Oh, lo siento, continuad.

"―Conmigo no ―le dijo la bruja, amenazante―. Conmigo no.

Echó mano a una espada que llevaba pendiendo del cinturón, a su espalda y se metió la otra en el kimono, para extraer algo. La bestia se le fue encima de nuevo, pude sentir cómo resoplaba sobre ella, conteniéndose apenas.

―Conmigo no ―repitió ella y lo que extrajo de su kimono eran como unas botellas rojas y brillantes. Cuando el Menos volvió a dirigirse adonde estaba yo, ella le volvió a gritar―. ¡No! ¡Te dije que te fueras o vendrán más shinigamis a por ti! ―la cosa se volvía a mirarla a ella y luego a mí, alternativamente―. No lo hagas o reviento las botellas contra el árbol ―amenazó la bruja. A cada movimiento del monstruo ella amenazaba más con cumplir lo que había dicho.

Finalmente la bestia se fue calmando.

―Así es, buen chico ―dijo ella, cuando el monstruo pareció renunciar a mí. Dejó las botellas en el suelo, el monstruo las olió y se las comió―. Buen chico ―la oí decir una vez más, y la vi acariciarle el morro a la bestia, como quien lo haría con un perro. Luego no supe más, hasta el otro día, cuando me encontraron, casi muerto".

Capitán y teniente se miraron mutuamente, extrañadísimos. Kuchiki Rei... ¿bruja? ¿Encantadora de Hollows? No tenía el más mínimo sentido, pero había que investigarlo. Después de lo que hizo Aizen, no habían muchas cosas imposibles.

―Lo peor de esta historia es que me volví un inválido inútil, encerrado siempre aquí, que la bruja negó cualquiera de mis afirmaciones, que nadie me ha creído en medio siglo... ¡y que nunca más volví a ver a mi Hisana! ―exclamó el hombre antes de ponerse a llorar a todo grito.

―¿¡Hisana!? ―se espantó Matsumoto.

―Eso quiere decir que el shinigami que la rescató era... ¿el Capitán Kuchiki? ―agregó Toshirou.

De alguna manera, todo tuvo sentido... y a la vez no lo tuvo.

―Nunca quisimos decirle que vimos a Hisana, hecha ya una señora, recorrer todo el Rukongai durante algunos años ―dijo Mae, por lo bajo―. Habría sido doloroso para él verla bien vestida y hermosa, cuando él estaba inválido y amargado.

Capitán y Teniente salieron de la casa pensativos. Luego se dirigieron a toda velocidad al Seireitei. Pillaron a Renji y la capitana Unohana a la salida de los cuarteles de la Segunda División.

―¿Qué han averiguado? ―preguntó Toshirou, con ansiedad.

―Pues no mucho ―respondió Renji, mientras todos se subían a Minazuki―. El tipo pasó por estos cuarteles hace como 100 años, permaneció aquí una década y acabaron echándolo por gañán: llegaba tarde a los entrenamientos, faltaba a los ejercicios, lo cual con la disciplina impuesta por Soi Fong, una vez que se hizo capitana, eran faltas graves. Fue transferido al Escuadrón 11 y para allá vamos. ¿Y ustedes, qué obtuvieron?

Toshirou relató todo lo que habían averiguado en su visita al Rukongai. Renji los escuchó con muchísima atención, Retsu en cambio fingió concentrarse en el camino. Luego que Toshirou terminó su relato, se detuvieron en seco.

―¿Qué ocurre? ―preguntó Matsumoto, sujetándose de la ropa de Renji. ―¿Por qué nos detenemos aquí? ―agregó al ver que Minazuki aterrizaba antes de tiempo.

―Porque el teniente Abarai y yo llegamos hasta aquí ―dijo la capitana, luego de haber completado la maniobra de aterrizaje.

―Pero si esta es la División de Investigación y Desarrollo ―apuntó Toshirou―. ¿No debíamos ir al Cuartel del Escuadrón 11?

―Ustedes irán y averiguarán qué hizo o qué no hizo Aoshi Takamori bajo las órdenes del capitán Zaraki ―dijo Retsu, casi sin mirarlos―. El primero que termine va por el otro.

―Pero... ―balbuceó Matsumoto, antes de caer sentada en el suelo, puesto que la mujer sellara su espada, y llegara al zaguán del edificio que tenían al frente de un paso instantáneo―. ¿Qué estará pensando? ―se preguntó en voz alta, mirándolos de hito en hito, observando cómo un oficial menor salía a recibirlos y cómo éste se erizaba de miedo ante lo que sea que Retsu Unohana le haya dicho y acababan ambos colándose en el interior, pasando del pobre guardia, que los seguía tratando de detenerlos―. La desconozco completamente... ―murmuró finalmente, vuelta hacia su capitán.

―Bueno, se trata de su hija y lo que le hemos contado se trata de la amante de su marido... Aunque sea Retsu Unohana, no deja de ser una mujer, eso sería lo que tú me dirías, ¿no, Matsumoto? ―explicó el Capitán, poniéndose en marcha.

―Creo que sí... ―murmuró la teniente, mirando aún hacia atrás―. Pues veo que mi toque femenino le ha ayudado mucho a comprender el mundo, Capitán ―repuso luego, siguiendo al muchacho, el cual entonces utilizó el shunpo para dejarla atrás.

Una vez dentro del cuartel del Capitán Kurotsushi, Retsu caminaba con decisión, mas Renji parecía estarlo haciendo muy a disgusto.

―Este es el último lugar del Seireitei que me habría gustado conocer ―refunfuñaba caminando detrás de la mujer y espantándose ante cada experimento contenido en las repisas y colgado de las paredes del laboratorio del Capitán Kurotsushi.

En el laboratorio central, Nemu se reportaba ante su capitán.

―Mayuri-sama, tenemos visitas ―dijo.

―No son visitas, tonta, sino intrusos ―aclaró el capitán, sin despegar la vista de su computadora―. Encárgate de ellos.

―Entendido ―replicó la joven y se marchó.

Y así fue como, al abrir una puerta, los "visitantes/intrusos" se encontraron con Nemu a boca de jarro.

―¿Buscáis a Mayuri-sama? ―preguntó con su voz sin inflexiones.

―Así es ―respondió Retsu.

―Él no puede atenderlos, de modo que debo pedirles que abandonen el Cuartel.

―No podemos irnos sin hablar con él.

―Debo pedirles que abandonen el Cuartel ―repitió la chica, exactamente en el mismo tono en que lo había dicho antes, como si fuera una grabación.

―Debo pedirte que te quites de en medio ―dijo la capitana, acercándose amenazadoramente a la muchacha, con rostro sombrío.

―Eso no va a ser posible.

―No me obligues a...

―Esteee, señoras... ―interrumpió Renji, viendo que aquello iba a transformarse en una pelea de gatas.

―Muy bien ―dijo Retsu, pasando de Nemu con un paso instantáneo―. Teniente Abarai, toda suya.

Y desapareció de otro paso instantáneo.

―¡No podéis pasar! ―dijo Nemu, vuelta hacia la dirección en que había desaparecido la capitana y dispuesta a seguirla.

―Esteee... Teniente Kurotsushi, se supone que yo debo detenerla aquí, para darle tiempo a la capitana de entrevistarse con su padre ―intervino Renji, poniéndosele por delante, rascándose la cabeza―. Así es que, debo detenerla de alguna manera... podemos conversarlo ―agregó, imaginando que lograría una solución pacífica.

Imaginó mal. De quién sabe dónde, Nemu extrajo la motosierra con que hacía disecciones de cadáveres y con eso Renji tenía para echar algunos minutos de entretención.

Al interior del laboratorio principal, Mayuri continuaba trabajando sobre su ordenador sin distraerse, a pesar que de reojo podía ver el monitor de una cámara de seguridad indicando que Nemu perseguía a Renji con la dichosa motosierra.

―¿Qué es lo tan urgente que te ha traído aquí a pesar que dije que no podía recibirte? ―dijo, notando la presencia de Retsu sin mirarla.

―¿Hay aquí algún invento que permita extraer la energía de un alma por medios artificiales?

―Los ha habido, ¿por qué la pregunta? ―respondió el capitán, volviéndose en su sillón giratorio. No se le pasó el cambio en las facciones de la capitana, normalmente plácidas y serenas, ahora, visiblemente alteradas―. Interesante ―murmuró.

En tanto, el Capitán Hitsugaya y su teniente ya habían arribado al Cuartel n° 11. Pasaron por un zaguán sin mayores medidas de seguridad, lleno de soldados ejercitándose, para los cuales el paso de Matsumoto fue una agradable distracción. Luego de hablar con Ikkaku, se toparon accidentalmente con Kenpachi.

―¿Qué coños hacen aquí? ―preguntó, malhumorado.

―¡Ken-chan está de muy mal humor hoy! ―apostilló Yachiru sobre su hombro, con su alegría característica.

―Investigamos, acerca del ataque sufrido por la mansión Kuchiki ―respondió Matsumoto.

―Por cierto, no vimos a nadie de esta división convocado ante la emergencia ―murmuró Toushirou, mirando de soslayo.

―Pues por mí, que le demuelan la casa con él adentro, me da igual ―respondió Kenpachi.

―Se trata de un asunto de seguridad para el Seireitei ―aclaró Toushirou.

―¿Y a mí qué? Además, no es la primera vez que un asunto de esa familia de afeminados se transforma en un asunto de seguridad para el Seireitei ―masculló el enorme hombre y con toda razón. Después de la que liaron Kuchiki Rukia con su ejecución y Kuchiki Kouga con la rebelión de las zanpakutou...

―Pues te perdiste una buena gresca ―dijo Toushirou, con ánimo de molestar.

―Un par de Hollows, tremenda cosa ―murmuró Kenpachi.

―Y un Adjuchas muy chulito, al que el Capitán Kuchiki pudo herir, pero no matar... ―comentó Matsumoto, con el mismo ánimo.

Ese detalle pareció interesarle a Kenpachi, que estiró su feo rostro en una gran sonrisa.

―Toma, cabrón ―dijo, lanzando mentalmente un dardo al retrato de Byakuya.

―¿La casa de Bya-kun? ―preguntó Yachiru, algo triste―. No puede ser...

―Lo que sí, hasta donde sabemos, un miembro de este escuadrón estuvo involucrado ―apostilló Toushirou, entrando en materia. Kenpachi los miró con interés.

―Su nombre es Aoshi Takamori.

―Es más creemos que él inició el ataque ―agregó Matsumoto.

―¡Esa es mi gente! ―exclamó el capitán, riendo ante la ocurrencia de un soldado de su tropa de atacar la casa de Kuchiki Byakuya.

―Pero, Ken-chan, Masky-chan no ha formado parte del escuadrón en décadas ―dijo Yachiru.

―¿No?

―No, pidió su traslado hace mucho tiempo.

―¿Masky-chan? ―preguntaron Toushirou y Matsumoto en coro.

―La Teniente Kuzajishi conoce a todos los miembros del Escuadrón por el apodo que ella misma les puso y supongo que a ese sujeto lo bautizó así ―aclaró Ikkaku algo cabreado.

―Así es, Calvito ―confirmó la niña―. El siempre usaba una máscara, como la gente del Escuadrón Dos. Un día yo se la escondí y sacó inmediatamente otra de su bolsillo.

―No me llames Calvito ―dijo Ikkaku, bastante más cabreado.

―Pelón ―replicó la chica, sacándole la lengua.

―Con razón nadie recuerda al tipo, siempre metido dentro de una máscara ―concluyó Matsumoto, acordándose de lo que les había dicho Renji.

―¿Recordáis algún otro dato acerca de él? ―preguntó Toushirou, algo inseguro de llegar a entenderse con la teniente de Kenpachi.

―Que era muy perezoso y muy aburrido ―dijo Yachiru―. Cuando dijo que quería irse, nadie lo lamentó.

―¿Sabéis a qué Escuadrón fue trasladado?

―Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm... ―Yachiru se tomó su tiempo para contestar, poniendo cara de que lo estaba pensando mucho―. ¡Lo tengo! ―dijo de pronto.

―¿A cuál? ―preguntó Toushirou esperanzado.

―¡No me acuerdo! ―exclamó la niña alegremente. ―Tendrán que venir conmigo a los registros.

Aquello no le hizo ninguna gracia a nadie, pero a ella parece que sí. Iba alegremente sobre el hombro de Kenpachi, guiándolos a la oficina de registros, en donde puso a todo el mundo a buscar en libros y más libros, todos equivocados. Mientras, Kenpachi permanecía de pie, apoyado contra la pared, con expresión pensativa, en tanto escuchaba lo que decían los visitantes acerca del tipo: que era originario del Rukongai, aparentemente un vago, etc.

―Ufff, sólo queda ese libro ―dijo Matsumoto tomando el último, que estaba todo garabateado con crayones, seguramente de la teniente, lo cual dificultaba mucho la búsqueda.

―Creo que aquí está... ―murmuró Toushirou, leyendo con dificultad―. Takamori Aoshi, soldado clase 3... vaya que ha avanzado poco este tío, si esto fue setenta años después de salir de la Academia...

―Toda una decepción para ser un Kuchiki ―apostilló Matsumoto, ante lo que Ikkaku y Yachiru se la quedaron mirando y hasta Kenpachi levantó una ceja―. Oh, esa es una larga historia y... y... finjan que no lo escucharon y... ¿Capitán, se lee algo más?

―Trasladado a la División... ¿12? ¡13! ―exclamó luego de descifrarlo.

―¡Con Canas-chan! ―exclamó Yachiru, con mucha alegría.

―¿Canas-chan? ―preguntó Toushirou.

―¡Y tú eres Canas-chan Dos!

―Que no son canas que... ―intentó explicar Toushirou, pero luego recuperó la compostura y pidió excusa para retirarse.

A pesar de su carácter huraño, Kenpachi incluso los acompañó a la salida. Cuando ya se alejaban abrió la boca para hablar.

―Hace años... le rompí los huesos a un tal Aoshi en el Rukongai ―dijo, haciendo que todos se volvieran―. No era más que un crío, pero se atrevió a desafiarme.

―¿Y qué pasó? ―preguntó Ikkaku, mientras los demás ponían mucha atención.

―No ganó... ―murmuró el Capitán, muy serio―. Pero tampoco perdió ―dijo y antes de volverse, señaló brevemente el chirlo que le cruzaba la cara. Dicho eso, les dio la espalda y caminó lentamente hacia el interior del Cuartel.

―¡Ken-chan, espera! ―exclamó Yachiru a su zaga.

Mientras, en la División de Investigación y Desarrollo, Mayuri llamaba a Nemu por el intercomunicador, ya que la había perdido de vista en los monitores.

―Nemu, deja ya de hacer el loco y ven aquí.

―Sí, Mayuri-sama ―apareció ella ante una de las cámaras.

―Así es que pensáis que Kuchiki Rei se hizo con un aparato para extraer energía de las almas, sin llegar derechamente a matarlas; que tenía a mano un medio para almacenar esa energía y que con ella estaba alimentando a un Menos como quien alimenta a un cerdo de su corral, ¿no? ―dijo el Capitán bebiéndose un té, sentado junto a Retsu.

―Así es, pero necesito saber si eso es posible.

―Retsu Unohana, de todos los oficiales del Seireitei, la única que siempre adivina lo que mi División es o no capaz de hacer... ―comentó el Capitán.

―El Escuadrón Cuatro siempre va un paso delante de ustedes ―dijo la mujer, con orgullo.

―No ―replicó el Capitán, moviendo un índice de lado a lado, frente a ella―. Tú eres la que siempre va un paso adelante de mí, dando con los antídotos a mis venenos y con las curas a mis enfermedades.

La capitana le tomó ese dedo acusador con fuerza.

―Los trabajos de vuestra División y de la mía no son equiparables, cualquier comparación me ofende. ¿Podéis contestar lo que os pedí o es necesario que os arranque el dedo?

―Impresionante ―sonrió el extraño hombre ante la amenaza, sin retirar la mano.

―¿Y bien?

―La familia Arai tuvo y tiene muchos miembros con aspiraciones científicas o seudocientíficas. A lo largo del tiempo siempre han estado relacionados a los grupos de Investigación y a esta División en específico, desde que se fundó. Si Kuchiki Rei fue la amante de vuestro esposo, pues es muy plausible que se haya hecho con Extractores y Restrictores, que son aparatos que requieren de cierto contacto físico para succionar las partículas espirituales desde dentro de un alma y almacenarlas en recipientes de un cristal especial. Es menos escandaloso que sencillamente consumir un alma completa, aunque de todas maneras puede provocar la muerte por debilidad en algunos días. Son experimentos desarrollados mucho antes que yo me transformara en capitán de esta división, e incluso antes que Kisuke Urahara llegara a fundarla. Si no me equivoco, estuvieron relacionados a la creación de los Bount. Por lo que sé, tales aparatos fueron desechados, pues el contacto físico que requerían para que funcionaran a su máxima capacidad era demasiado... intenso.

Justo en ese momento, se abrió la puerta, en la que aparecieron Nemu y Abarai-kun. Ella muy entera y lozana. El, cansadísimo, despeinado y con algún que otro agujero en la ropa, la cual llevaba bastante desarreglada.

―Capitana Unohana, qué bueno que los convenció que me dejaran, sino Nemu me habría vio... ―y se quedó con la palabra en la boca al ver a ambos capitanes... ¿tomados de la mano?

Se acordó de lo mucho que le había tocado interrumpir momentos ahora que su Capitán estaba casado con una subteniente de la misma División y que pasaban mucho tiempo a solas en el despacho... Cuando ocurría algo, él entraba, más o menos de golpe, transformando el momento ―Byakuya mostrándole algo a su esposa en el escritorio o ella sentada en sus rodillas o agarrada a su bufanda―, en un momento incómodo, y se llevaba una mirada asesina de alguno de los dos, un portazo en la cara, libros arrojados a su cabeza con buena puntería e incluso una nube de pétalos de cerezo en una ocasión en que su intrusión fue ya demasiado inoportuna. Teniendo eso en mente, la sangre se le subió toda a la cara ahora, mientras la capitana quitaba la mano bruscamente y lo miraba con su dulzura característica.

―¿Que Nemu os habría hecho qué, Teniente Abarai? ―arremetió ella, digamos, devolviéndole la pelota a su lado del campo, pues el que venía agitado y despeinado era él y la que se sonrojaba ante el comentario era Nemu.

―Nada, ¿nos vamos ya? ―preguntó el joven, arreglándose la ropa, luego de hacer el saludo respectivo al Capitán Kurotsushi.

―Sí, creo que ya tengo lo que quería saber ―dijo Retsu poniéndose de pie―. Capitán Kurotsushi, gracias por vuestro tiempo.

―No hay de qué ―respondió él, volviendo a trabajar en su ordenador―. No fue un placer, no vuelvan cuando quieran.

―Capitán ―dijo aún la mujer, antes de cruzar la puerta, apoyando una mano en el marco de la misma―, hay una de vuestras enfermedades cuya cura no pude descifrar.

―Sí, aunque vuestra hija dejara a su zanpakutou como espía y enfermera de la paciente durante mucho tiempo ―replicó el hombre. Renji los miraba a ambos, como si hablaran en una clave que él desconocía.

―¿El Capitán Kuchiki nunca os lo consultó?

―Lo hizo, muchas veces, con desesperación creciente y, al igual que vuestra hija, trabajé mucho en una cura, mas, ya que la cepa que me fue robada se mezcló con una enfermedad preexistente, no alcancé a desarrollar una vacuna antes que la paciente muriera. Luego experimenté en algunos Arai que me parecieron sospechosos del robo. Duraron menos que Kuchiki-san.

―Ya veo. Adiós, Capitán ―murmuró la mujer, atravesando la puerta.

―Adiós.

Al salir se encontraron con el otro dúo y volvieron a montar en Minazuki, ahora en dirección a los cuarteles del Escuadrón 13. Allá encontraron a los subtenientes de Ukitake dirigiendo las prácticas del escuadrón. Kotetsu-san los guío a los aposentos de su capitán, dónde éste permanecía en cama, con la cabeza cubierta con una toalla y aspirando los vapores de un lavatorio de medicinas.

―Pasen, por favor ―dijo, su voz un poco ahogada debajo de la toalla―. Perdón por recibirlos en esta facha.

―No importa, veo que estás usando los remedios que te receté ―dijo Retsu.

―Sí, me he sentido algo mejor. ¿Qué los trae por aquí? ―preguntó luego, levantando la cabeza.

―Un hombre de tu escuadrón, de nombre Aoshi Takamori parece haber liderado el ataque contra la casa de Kuchiki Byakuya en el cual resultó secuestrada mi hija. Byakuya y Rukia viajaron de emergencia al Mundo de los Vivos siguiéndolos.

―¿¡Qué!? ―se incorporó el enfermo de golpe―. ¿Por qué yo no sabía nada de esto?

―Capitán, no queríamos preocuparlo... ―murmuró la subteniente Kotetsu―. De cualquier manera, fuimos uno de los primeros cuarteles en responder a la alarma, junto con el Número Seis, de hecho, casi nos adelantamos a los hechos, por eso Rukia llegó a tiempo a ver lo que ocurría en su casa.

―¿Y sabían también que Takamori-san estaba involucrado en el ataque?

―No, eso no lo sabíamos, para nada.

―¿Takamori-san? ―preguntó Renji.

―¿Va a decirnos que usted sí lo conoce? ―exclamó Matsumoto, con ilusión.

―Sí ―respondió el capitán, saltando de la cama y caminando hacia un biombo, para vestirse, mientras Renji y Matsumoto expresaban abiertamente su alegría de que alguien al fin supiera algo del dichoso Aoshi―. Quiero decir, no en realidad, puesto que no se trata de un tipo muy extrovertido que digamos ―corrigió el capitán, bajándole el ánimo a los celebrantes―. Pero es un hombre de mi escuadrón y algo sé de él.

"Sé que llegó al Escuadrón un poco después que Rukia. De inmediato Kaien me informó que uno de los reclutas nuevos llevaba una máscara como de agente de Operaciones Especiales y que se negaba a quitársela. Luego, a lo largo de semanas me informó que, como teniente, había aplicado toda clase de sanciones disciplinarias sobre el tipo, para obligarlo a quitarse la máscara, argumentando que "en la División 13 nadie tiene nada que ocultar". Pero no había caso. Lo último que le escuché del tema es que iba a retarlo a un duelo, como última medida, pero por entonces yo caí enfermo y no me enteré de nada hasta unas semanas después, en que, haciendo la revista al Escuadrón formado, vi a uno de los soldados con máscara. Le pregunté a Kaien qué había ocurrido con el duelo y no me contestó. Le dije entonces que lo dejara en paz, que tal vez tenía algo en su rostro que no quería que nadie más viera y que estaba en su derecho."

Con el capitán ya vestido, habían llegado a su despacho y Ukitake se sentó ante su escritorio, ofreciendo asientos a los visitantes.

―Desde sus observaciones disciplinarias en la Academia, en cuyos libros no había ningún retrato de él ―dijo Renji― hasta su paso por este Escuadrón, en todos figura el mismo comentario: el uso de máscaras, maquillaje o peinados que ocultaran su rostro.

―Ginrei-dono o alguien le dijo que no podía revelar su rostro o todos se darían cuenta de su origen ―habló Matsumoto.

―Luego pidió su traslado voluntariamente desde el Escuadrón 11 ―dijo Toushirou.

―Y llegó al 13 casi al mismo tiempo que Rukia ―agregó Renji―. Debe haberlo hecho para poder espiarla...

―Y con ello a la familia Kuchiki, ya que Rukia se transformó en su princesa ―aportó Matsumoto―.¿Pero cómo se enteró de todo?

―La sirvienta, Nami ―dijo Retsu, algo ida―. En las mansiones los sirvientes siempre lo saben todo y por lo que dijo Megumi-chan, la viejuja le abrió la puerta a la visitante y trató de detener a Kaoru.

―Es decir, la sirvienta puede haber estado metida en esto hasta los codos ―concluyó Matsumoto.

―No... No estoy entendiendo, ―dijo Ukitake luego de escucharlos intercambiar observaciones, como quien escucha a las viejas comentar una teleserie que él no está viendo―. ¿De qué estamos hablando?

Lo miraron entre todos y le explicaron lo que llevaban hasta el momento.

―El joven pasó doscientos años disimulando su parecido con Byakuya... ―concluyó Ukitake luego de la abrumadora historia.

―... Y la madre 250 años saliendo de su casa sólo de noche ―agregó Toushirou.

―Ahora secuestran a Kaoru, estando ésta encinta del heredero y con eso guían al actual Jefe de la familia y a su princesa al Mundo Real... ―continuó Matsumoto

―Esto debe ser un asunto de familia, de luchas por herencia y legitimidad ―dijo Ukitake―. En las familias nobles, las usurpaciones y las guerras por la sucesión son prácticamente una tradición.

―Ya. Pero, ¿cómo encajan aquí los Hollows? ―preguntó Renji.

―... Y hasta un Adjuchas ―apostilló Matsumoto.

Retsu los escuchaba a todos, pero permanecía con la mirada clavada en un punto fijo

―¡No puede ser! ―dijo de pronto, llevándose una mano a la boca, los ojos llenos de un repentino espanto.