Hola~

Me tardé más de lo que planeaba, pero estuve en negación desde el capítulo 11 y la cosa se puso peor cuando terminó YoI(?), luego vinieron las fiestas navideñas y bla bla, básicamente, entre mi sufrimiento por JJ, porque se terminaba YoI, y por las reuniones familiares, no tuve tiempo ni de pensar en actualizar. Pero ya está~

De nuevo, gracias a todos los que leen :3

Disclaimer: Yuri on Ice no me pertenece, haría muchas cosas si así fuera...~


Búsqueda

A ese paso Yurio no iba a encontrar nada antes que Yuuri, al menos no si el otro lo seguía mirando de aquella manera.

¿Me enseñarías a hacer un salchow cuádruple?

El rubio frunció el ceño, aunque interiormente estaba feliz de que se lo hubiera pedido a él. Toma eso, Victor; pero no podía disfrutar la sensación al máximo porque el susodicho supuesto entrenador no estaba allí, a pesar de que debería estarlo desde hacía casi media hora. El primer pensamiento del rubio fue negarse, después de todo era su rival y si no podía hacer los salchow del programa, eso lo dejaba a él prácticamente en la victoria. Pero, ¿cómo iba a decirle que no a esos ojos si lo miraban directamente y con esa intensidad? Muy a su pesar, Yurio quería verlo patinar en todo su esplendor, dándolo todo como él sabía que podía, incluso aunque eso supusiera arriesgar un poco –sólo un poco- su posición como ganador. Esto no sería ni siquiera entretenido si no está a la altura, eso es todo, se repetía mentalmente tratando de convencerse. No le respondió, pero se dio la vuelta y se dirigió al centro de la pista.

—No aprenderás nada si lo ves desde allá, sólo me harás perder el tiempo— masculló dirigiéndole una mirada hosca.

Inmediatamente el otro lo siguió con un "gracias" y una determinación que casi deja pasmado al ruso en su sitio.

-o-o-

Habían pasado un par de horas y el rubio estaba perdiendo un poco la paciencia y la esperanza, aunque no es que tuviera mucho de la primera, lo compensaba con la increíble cantidad de la segunda. Tampoco es que Yuuri fuera malo, simplemente no aprendía con la velocidad que, según un impaciente adolescente ruso, era la adecuada y en el tiempo que, con las bases que tenía, ya debería haberlo podido hacer con mediano éxito al menos una vez. Pero no.

—Bueno… tienes la idea… si sigues intentándolo, quizás algún día…— empezó a susurrar incómodo

Apestaba tratando de dar ánimos a los demás, se sentía completamente fuera de lugar. Sacudió la cabeza casi imperceptiblemente y se cruzó de brazos para intentarlo de nuevo.

—¡Eres pésimo! ¡Mírame hacerlo de nuevo!

Ahí está, eso estaba mejor. Al menos era él.

El pelinegro lo miró antes de apretar los labios e inspirar para ver cómo lo hacía otra vez, pero cuando ya se estaba posicionando, fue interrumpido por la voz de Victor, que los veía entretenido desde la primera fila de las gradas.

—¡Me encanta su entusiasmo, chicos!—exclamó con una sonrisa casual apoyando la barbilla en ambas manos.

El japonés se sobresaltó al escucharlo mientras que Yurio lo miró lo más hostil que pudo. ¿Cuánto llevaba ahí? ¿Y con esas pintas? Tenía la ropa arrugada y el pelo más desordenado de lo que Yurio jamás lo había visto, básicamente porque nunca lo había visto con un solo mechón fuera de lugar, Victor Nikiforov era impecable; casi podría jurar que veía incluso una tenue marca en su mejilla derecha, como si se hubiera dormido encima de una cremallera. No importaba cómo se viera, era imposible no darse cuenta de dónde había estado la noche anterior, sólo le faltaba una botella vacía en la mano. Eso explicaba sus tres horas de retraso. Vaya entrenador estaba hecho.

—Pero— continuó el mayor con la sonrisa que no le llegaba a los ojos— esos mediocres movimientos siguen sin transmitirme ningún amor.

Lo detestaba. Yurio realmente detestaba esa estúpida sonrisa. Y lo detestaba más porque sabía que tenía razón, no se estaban enfocando en la temática ni en el sentimiento, sólo practicaban los saltos y se limitaban a la parte técnica del programa. Así no llegarían a ningún lado.

—Así no llegarán a ningún lado— siguió hablando Victor como leyéndole el pensamiento— no puedo ver más que ambición en esas rutinas, sobre todo en la tuya, Yurio~

—Eso no pasaría si me dijeras concretamente qué es Ágape— masculló el aludido cruzándose de brazos.

—Lo que yo crea Ágape no te sirve de nada, y si no tienes el tuyo, pierdes automáticamente— finalizó con la misma sonrisa casual.

—¿Ah? ¡Él tampoco ha encontrado ningún Eros!— replicó señalando a Yuuri, que había pasado los últimos segundos pasando la mirada de un ruso a otro, sin saber qué hacer, y que se sobresaltó en cuanto sintió el dedo acusador de Yurio sobre él.

—Hum…

—¡Bien! Quizás el templo ayude.

-o-o-

-o-o-

No importó cuántas veces trataron de disuadirlo de su idea al día siguiente, Victor estaba muy entusiasmado con la fuerza espiritual de los templos que había visto en las películas y tenía la seguridad de que ahí encontrarían lo que buscaban. El amor. En un templo. Con monjes de mirada escalofriante. La idea no podía parecerle más ridícula y descabellada a Yurio. "Los templos siempre ayudan al héroe a encontrarse consigo mismo", había sido el lema de Victor durante el último par de horas, a pesar de que el rubio le repitió constantemente que no eran samuráis o ninjas. Ni siquiera creía ser ningún héroe.

¿El resultado? Ambos Yuris habían vuelto a las aguas termales con los hombros adoloridos, y con una aversión aun mayor a los monjes por parte de Yurio.

—¿Aún no? Qué raro…— musitó Victor al ver a ambos destrozados en el agua.

—¡No tiene nada de raro, era evidente que no funcionaría!— le replicó enfurruñado el menor y fue secundado por un leve asentimiento de cabeza por parte de Yuuri, lo cual casi le saca una sonrisa de satisfacción. Casi.

—Bien, entonces quizás la naturaleza ayude.

Eso animó al rubio, que dejó de fruncir el ceño y lo miró como si fuera un ángel.

—¿El zoológico?— preguntó con la esperanza en los ojos.

—Parecido, una cascada~

—¡Eso no es parecido!

Pero, en realidad, Yurio prefería mil veces la cascada antes que volver al templo.

-o-o-

-o-o-

Maldición, ¿a quién le importa Ágape?

Estar bajo la caída de agua habría podido gustarle si no fuera por el insistente mosquito que parecía meterse en sus oídos cada vez que revoloteaba cerca, pero cuando sintió una mano tomar su muñeca y sacarlo de la cascada se olvidó hasta del fastidioso insecto.

—Oye, Yurio

El rostro de Yuuri lo esperaba cuando levantó la vista, mirándolo intensamente y con un semblante entre preocupado y confuso mientras varias gotas de agua resbalaban aún por su pelo y daban a dar a su rostro, donde pasaban por las comisuras de sus labios entreabiertos, se deslizaban por su cuello y, ¡oh, por Dios! ¿Por qué Victor no le había dado el papel de Eros a él? El estómago le comenzó a cosquillear y se repitió mentalmente que debía dejar de mirarlo en ese instante o se quemaría, y de varias maneras distintas.

—¿Estás bien? Terminemos por hoy

—Bien— respondió más por reflejo que siendo consciente de ello, aún dentro de su embelesamiento, del cual salió dos segundos después debido a un repentino estornudo.

Ah, genial. Lo único que esperaba era no enfermarse justo ahora, a unos días de la competencia. Estúpidas ideas de Victor. Sintió la mirada del otro encima de él y procuró no voltear en su dirección para evitar verlo de nuevo, perderse y volver a parecer un idiota. Otra vez. Pero también notaba más que antes la mano con que lo tenía sujeto, el calor que desprendía a pesar de estar ambos empapados y en plena montaña; pensó que comenzaría a tener otro episodio de cosquilleos en su estómago, pero en lugar de eso, la sensación de frío alrededor y la calidez del agarre lo hicieron recordar su infancia, aquellos días en que su abuelo lo tomaba de la mano para llevarlo a las prácticas. Su abuelo.

Ágape.
Amor incondicional.

Casi se da un golpe mental por no haberlo descubierto antes, era evidente que la única persona que amaba de manera incondicional y desinteresada era él. Había encontrado a Ágape.

-o-o-

—¡Achís!

Y ese era el quinto estornudo desde que habían regresado. Yurio había perdido toda esperanza de no enfermarse y yacía con la cabeza tendida dramáticamente sobre la mesa del kotatsu de los Katsuki, mientras Yuuri y Victor comían. O, mejor dicho, mientras Victor comía, porque el japonés estaba igual de deshecho que el rubio y se limitaba a contemplar con sufrimiento a la nada delante de él.

—¡Ya sé! ¡Los tazones de cerdo! ¡Eso es Eros para mí!

El repentino grito de Yuuri atrajo la atención de ambos rusos hacia él en un incómodo silencio que apenas duró unos segundos antes de que Victor sonriera satisfecho.

—Bien, haremos eso. Es único, me gusta

—¿En serio?— se burló Yurio.

Tazones de cerdo como amor sexual, sólo a él podía ocurrírsele algo así. Pero, muy a su pesar, estaba de acuerdo con Victor, el encanto del patinaje de Yuuri era que sorprendía con lo que nadie habría pensado, era inesperado. Se permitió una pequeña y rápida sonrisa de deleite mientras miraba cómo el japonés se moría de vergüenza ante Victor. Era apenas un atisbo de todo lo que era capaz, pero en ese momento el rubio supo que iba a ver al auténtico Yuuri Katsuki sobre el hielo, y la idea lo emocionaba más de lo que le gustaría admitir.


Sí, cambié de orden toda la primera parte del episodio tres, lo sé xD, pero así se me acomodó más guay(?) El orden de los factores no altera el producto, no en este caso, al menos.

Este capítulo me parece más una miscelánea de escenas que otra cosa, pero bueno, tampoco creo que tenga caso alargar el asunto y hacer un capítulo por cada día que queda para la competencia o algo así(?

En fin, es todo, sigamos sobreviviendo a los miércoles sin Yuri on Ice y esperando por ese "Next Level"

Gracias por leer C: ~