Hola, sigo viva(?)
Soy una vaga, perdón :c últimamente me dio por ver Pretty Little Liars y sigo sin saber por qué, pero bueno, ando algo atrapada ahí xD también estoy leyendo la saga de Magnus Chase, de Riordan, y UF. Aquí sí que estoy súper enganchada xD
Pero en fin, finalmente aquí estoy y, al menos, el capítulo es un poco más largo (aunque tampoco la gran hostia). En realidad iba a serlo aun más, pero fue como wow, no, el doble de esto ya es demasiado, así que lo dividí(?) Y eso, pero me dejo ya de palabrería y mejor empiezo esto. Como siempre, gracias a los que leen.
Disclaimer: Yuri on Ice no me pertenece, tristemente.
Preludio
Cuando Yuuri le pidió a Yurio que le enseñara el salto, realmente no esperó que estuviera de acuerdo, así que fue el más sorprendido cuando el rubio no sólo no lo pateó por su incompetencia, sino que le dedicó varias horas para enseñarle, e incluso aprovechó los extraños viajes a templos y cascadas a los que los arrastró Victor para explicarle de manera teórica cómo debía aterrizar tras el salto. Pero su sorpresa fue incluso mayor cuando, al día siguiente, el rubio se le acercó en la pista una vez terminada la práctica con Victor, extendiéndole una hoja de papel en la mano derecha.
— Lo solucioné.
— ¿Eh? ¿Qué cosa?
— El salchow. Tu horrible aterrizaje. Resumiéndotelo, necesitas adelantar más la pierna derecha al momento de caer y así tener el equilibrio suficiente al momento de extender la izquierda.
El pelinegro tomó la hoja de manos del otro, aún sin procesar del todo la información. Bajó la vista y vio unos garabateos de lo que supuso debía ser una persona girando en el aire y luego cayendo de cara, junto con varias anotaciones de "no hagas esto, idiota". Qué alentador, Yurio, pensó, aunque realmente la causaba gracia.
— Ah, gracias, pero, ¿en qué momento…?
— Después de cenar— lo interrumpió el otro alzando una ceja— ¿cuándo si no?
— … ¿Te quedaste despierto haciendo esto?
La expresión ligeramente engreída de Yurio desapareció y se convirtió en una entre confundida y desconcertada, como si lo hubiera atrapado con la guardia baja.
— N-no te imagines cosas, no podía dormir en esa horrible cama y me aburría— respondió Yurio atropelladamente, hablando tan rápido que Yuuri tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no perder el hilo de lo que decía; incluso notó como si su acento ruso se hiciera más marcado— ¡A-además! Después de oír tu lamentable Eros me propuse que al menos el salchow cuádruple fuera decente.
Yuuri se olvidó inmediatamente del extraño comportamiento que estaba teniendo el rubio y volvió a hundirse en la vergüenza por lo que había dicho (o más bien gritado) la noche anterior. ¡Tazones de cerdo, eso es Eros para mí! Luego de eso había logrado huir de ahí e ir a correr a la playa, aunque ni los sonidos nocturnos ni la brisa marina lo ayudaron demasiado a bajar la elevada temperatura de su rostro. Se había sentido como la persona con menos sex appeal sobre la faz de la Tierra. Y aquí estaba Yurio, volviendo a sacar el tema.
— Eh… uh…
— …
Se formó uno de los silencios más incómodos que el pelinegro había presenciado; el chico frente a él estaba cruzado de brazos y con la mirada fija en ellos, no parecía molesto aunque tuviera los labios apretados en una fina línea, pero Yuuri prefería no arriesgarse.
— Eh, ¿Yurio?
El aludido salió de su ensimismamiento y volteó a verlo tan rápido como si tuviera un resorte en el cuello, con una expresión neutra en el rostro.
— Gracias— le sonrió el pelinegro mientras agitaba ligeramente la hoja en su mano.
No sabía exactamente por qué lo había hecho, pero el que Yurio hubiera pasado la noche haciendo algo para ayudarlo lo llenaba de emoción, sentía que en los últimos días se habían acercado más de lo que hacía medio año se hubiera imaginado; al menos ya lo saludaba con un "hey" o un "hm" y no con una patada, como hacía antes, y eso le parecía un gran avance. Independientemente de lo que el otro admitiera, porque si algo había aprendido de él en esos días que llevaban viviendo bajo el mismo techo era que a Yurio le gustaba esa cama, tanto que siempre se tumbaba en ella inmediatamente después de cenar, ya fuera que permaneciera ahí recostado sin hacer nada o con su celular en la mano. Tampoco es que lo estuviera acosando, su "habitación" había sido el espacio que usaban como almacén hasta hacía una semana y no habían podido sacar absolutamente todo, las sábanas de toda la casa seguían guardándose ahí, por lo que tenía que ir todas las noches por ellas.
— No me agradezcas, Tazón de cerdo. Más te vale hacerlo bien pronto— dijo saliendo de la pista y dirigiéndose a las gradas para recoger su mochila e ir a los vestuarios. Yuuri lo imitó, ligeramente aturdido por su nuevo apodo, y fue a buscar también la suya.
— A-ah, ¡lo haré, Yurio! Definitivamente- pero se detuvo cuando notó algo entre sus cosas, o más bien, no notó algo en ellas— Eh…
— ¿Qué?— el otro lo miraba inquisitivo a unos pasos de distancia y con la mochila ya sobre el hombro.
— Mi teléfono… no está.
En la cara del rubio se dibujó otra expresión que Yuuri nunca lo había visto hacer (aunque en realidad no había visto ninguna además de su usual cara de fastidio y desinterés), era una mezcla extraña de hartazgo e incredulidad.
— ¿Dónde demonios lo dejaste?
— ¡Aquí!
El otro no respondió, se limitó a mirar las pertenencias del japonés con una ceja alzada y un claro Pues ahí no hay nada en los ojos.
— ¡Yurio!— exclamó de pronto el pelinegro, asaltado por una idea- Préstame tu teléfono.
— ¿Qué? No.
— ¡Por favor, no haré nada! Sólo quiero marcar al mío para encontrarlo.
El rubio se limitó a mirarlo sin decir nada antes de abrir una bolsa lateral en su mochila para sacar su celular y lanzárselo al otro. Yuuri apenas logró atraparlo y que no se estrellara en el suelo.
— ¡Cuidado, casi se rompe!
Yurio sólo se encogió de hombros, como si fuera algo que pasara todos los días, y se recargó contra uno de los asientos de las gradas. El japonés bajó la mirada, esperando encontrarse con una carcasa de aspecto irrompible que protegiera el celular contra cualquier caída y que provocara la despreocupada expresión del otro, pero en realidad era sólo una simple funda tipo libro. Aunque quizás la palabra "simple" no fuera la correcta. Era de un amarillo brillante, con finas líneas negras que formaban patrones similares a una colmena y, como si no fuera lo suficientemente llamativa, tenía en el centro la cabeza de un tigre que le rugía con cara de pocos amigos. Sentía la mirada de Yurio mientras seguía mirando como tonto el celular, así que abrió la funda para terminar de una vez con eso, pero la pantalla se encendió únicamente para pedirle su huella digital. La huella digital de Yurio, más bien, porque la suya no desbloquearía nada. Estaba a punto de decirle que le prestara también su dedo, cuando vio un pequeño papel metido en las ranuras de la funda, justo delante de una tarjeta de aspecto tan caro que Yuuri prefería mantener sus manos a una cierta distancia; no es que fuera un entrometido y le gustara ver lo que los demás guardaban con sus tarjetas de crédito, pero reconoció lo poco de la imagen que alcanzaba a distinguirse en el papel. Al final sacó la fotografía y encontró lo que ya sabía: a sí mismo, con veinte años menos y desnudo en medio del pasillo, corriendo como si huyera de su peor enemigo. No la miró más que un par de segundos antes de apartar los ojos; podía ser un niño en ella, pero esa fotografía era prueba de lo que le parecía una de las cosas más vergonzosas que había hecho, incluso aunque no recordara nada de eso. Muy a su pesar, se la mostró al rubio, después de todo, si la tenía él, ya la había visto, ¿no?
— Yurio… ¿Por qué tienes esto?
El aludido llevó sus ojos del rostro de Yuuri a la pequeña fotografía en su mano, y su rostro palideció. Un segundo después se puso increíblemente rojo. Abrió los ojos desmesuradamente y abrió ligeramente la boca un par de veces, como si fuera a empezar a decir algo, pero no pronunció nada coherente además de un débil "Debí dejarla en la cartera", lo cual no le decía mucho al japonés; su expresión habría sido divertida en otras circunstancias, pero Yuuri también estaba incómodo sosteniendo en lo alto esa foto. ¿Y por qué la sostengo como si fuera un trofeo? Inmediatamente bajó la mano, lo que pareció despertar a Yurio de su trance.
— L-la encontré… por ahí, supongo que iba a… dártela y lo olvidé— respondió finalmente, mirando a cualquier sitio menos al pelinegro.
— ¿Supones?
— ¡Lo iba a hacer!
Ahí estaba, el Yurio que bufaba y fruncía el ceño, no el que se ponía a balbucear con cara de cordero degollado. Yuuri se sintió inmediatamente aliviado ante el terreno conocido y suspiró casi imperceptiblemente.
— Bueno, te la regalo.
Ahora sí que no podía culpar la cara de sorpresa del ruso, él tampoco sabía muy bien qué estaba haciendo; aunque, bueno, también era una manera de deshacerse por fin de la dichosa foto y evitar que su madre siguiera mostrándosela a cualquier persona que llegara a la casa de baños. Confiaba en que Yurio no la subiría a Instagram o algo por el estilo.
— ¿Ah?
Exacto, eso quisiera preguntarme también, pensó.
— Si me das una tuya— se apresuró a completar Yuuri para que el rubio no pensara que lo utilizaba de basurero, aunque en realidad un poco así era su idea.
Yurio frunció ligeramente el ceño mientras lo miraba, como preguntándose qué estaba mal con él. Normalmente jamás le habría propuesto algo como eso (no sin esperar al menos una patada), pero, a pesar de la cara de contrariedad que tenía frente a él, se sentía extrañamente en sintonía con el rubio; no sabía cómo, pero sentía que no estaba molesto, incluso con la intensa mirada que le estaba dedicando en esos momentos.
— ¿Para qué…? Da igual, ni siquiera tengo fotos de mi infancia. Mi abuelo, quizás— musitó Yurio por lo bajo, con la vergüenza aún pintada en el rostro, antes de tomar la foto de manos de Yuuri y guardarla en la bolsa lateral de donde había sacado su celular.
— Bueno, entonces tendré que pedírsela a él.
El menor levantó la vista y se le quedó mirando sin decir nada, por lo que Yuuri comenzó a ponerse nervioso, pensando que había cruzado alguna línea que desconocía.
— Quiero decir… si está bien.
— Mi abuelo vive en Rusia.
— Eh, sí, ya lo suponía.
— Y habla ruso.
— … Oh.
— Idiota— soltó tras reírse entre dientes nerviosamente, pero no era su usual risa despectiva y de burla.
Yuuri no pudo evitar sonreír también.
— Podría… Podría pedírsela yo… si de verdad la quieres— susurró el rubio tan bajito que el otro apenas pudo escucharlo, pero lo hizo.
— Hecho.
Yurio simplemente asintió y le quitó su celular de las manos, volviéndoselo a dar dos segundos después.
— Marca.
Introdujo su número de teléfono y pulsó el botón verde, pero la pista y las gradas seguían en silencio mientras el celular llamaba; tras un par de intentos más, finalmente se dio por vencido y le regresó el aparato a Yurio.
— No está aquí.
— Eres increíble. Vámonos— y, sin esperarlo, continuó su camino a los vestuarios.
Yuuri se apresuró a guardar sus cosas para seguirlo.
— ¿Y cómo es?
— ¿Hm?
— Tu abuelo.
Yurio no se detuvo ni se dio la vuelta, pero pudo escuchar la sonrisa en su voz.
— Es el mejor.
Y fin(?) de esta parte. Si se siente cortado es porque, como ya había mencionado, esto iba a ser más largo, pero, ugh, no, llevo haciendo capítulos de una cierta extensión y no quería que quedara uno súper inmenso. Así que perdón por eso.
Algunas cosas:
Sí, ya sé que el teléfono de Yurio (de todos, creo) tiene una carcasa y no una funda flip o tipo libro, pero esa no me servía(?), así que imagínense que es la que sacaron en la mercancía de YoI hace unos meses: idéntica a la del anime pero en funda flip.
Una cosa en lo que no estaba segura qué hacer era el idioma, sigo sin saber lo que hacían todos en YoI para entenderse, pero supongo que lo más lógico que se me ocurre es el inglés (viva, inglés, oh, lengua universal), así que, aunque puede que no sea muy muy muy importante, finalmente me decidí por eso también. Vaya, que se supone que hablan inglés entre ellos para entenderse, porque dudo que hayan tenido el tiempo de aprenderse las lenguas de los otros, so x3 De ahí lo del abuelo de Yurio, porque, al menos yo pienso que si bien Yurio aprendió inglés por los viajes a las competencias y tal, no veo mucha razón para que su abuelo lo hable también.
Gracias por los favoritos, dejarme sus comentarios y, simplemente, por leer C:
Oh, and for the anglophone reader: thank you! And don't worry, you don't have to translate it, I understand :D
