Ahora sí me pasé, mira que tardarme un mes en actualizar ;; no era lo que quería, pero entré a clases y este es el semestre más horrible que he cursado en la vida, la universidad me consume la energía y literal sólo tengo libres los domingos. Pero bueh', nobody cares, así que vayamos al asunto. La vez pasada dije que había dividido el capítulo en dos porque si no iba a quedar muy grande y... qué bueno que lo hice, porque el de hoy es aun más largo x'DD es como el doble del primero y rompe con la extensión media que quería mantener en los capítulos, pero ya no iba a volver a cortarlo, so xD
Me disculpo por la demora, pero ya está :'D
Disclaimer: Yuri on Ice no me pertenece, sólo soy feliz imaginando cosas.
Promesa
Es el mejor. Conociendo al rubio, Yuuri pensó que la respuesta terminaría ahí, seguirían su camino en silencio y se irían sin volver al asunto, con un poco de suerte encontrando otro tema de conversación. Pero no, como le había pasado todo el día, volvió a equivocarse; era como si hubieran abierto un grifo en la garganta de Yurio y las palabras le salieran a borbotones sin poder contenerlas, casi parecía que alguien hubiera cambiado al chico a su lado por otro. En menos de cinco minutos se había enterado de las mil y un proezas realizadas por Nikolai Plisetsky (alias el mejor abuelo que cualquiera pudiera tener), lo increíble que era en el hockey a pesar de su edad, y cómo Yurio empezó a patinar, en gran medida, gracias a él.
—Además, hace los mejores piroshki de todo Moscú, ni los de la señora Sveta saben así, ¡a pesar de lo que diga!
Yuuri había dejado de caminar y sólo lo miraba tratando de no parecer demasiado atónito. Una cosa era que ya no lo mirara como basura y que pudieran tener una conversación agradable sin problemas, pero el chico entusiasta con las mejillas ligeramente sonrojadas, una sonrisa en la cara y hablando emocionado tan rápido como sus pulmones se lo permitían… era algo que el japonés no esperaba ver… nunca; se veía tan radiante que no parecía que hubiera estado todo el día estornudando en la pista de hielo, ya ni siquiera se veía resfriado. Pero lo vio tan entusiasmado que su estupefacción duró apenas unos segundos antes de sonreírle de vuelta y alcanzarlo junto a los casilleros para unirse a su conversación.
—¿Piroshki?
—Son unos, eh, ¿bollos?, rellenos de diferentes cosas, de lo que quieras, se comen calientes y van perfecto con todo. Mi abuelo hace los mejores y, como fue él quien me enseñó a cocinar, yo soy el segundo mejor— comentó mientras sacaba sus zapatos del casillero y se giraba con una mirada llena de orgullo.
—¿Eh? ¿Cocinas?
—Claro que cocino, la mayor parte del tiempo comparto cuarto con Mila y moriría si comiera lo que ella hace.
—¿Mila?
—Ah, es mi… compañera, supongo— dijo como si no fuera la gran cosa, pero a Yuuri no se le escapó el cariño en su voz y la pequeña sonrisa que no abandonaba su rostro.
Yurio se sentó en una de las bancas para ponerse los zapatos y amarrarlos, mientras seguía hablando de "lo bruja e insoportable que es Mila" cuando practicaban juntos o simplemente cuando estaba a menos de dos metros de ella. El pelinegro trató de seguir lo que decía el otro, pero era como si Yurio se hubiera olvidado de su presencia y sólo dijera sus pensamientos en voz alta, ya ni siquiera aparentaba estar enfurruñado con su compañera. Yuuri terminó antes de amarrarse las agujetas y se quedó sentado en la banca, contemplando en silencio a Yurio con una sonrisa divertida; era evidente que adoraba a la chica, y ni hablar de su abuelo. Si le hubieran preguntado hace algunas semanas, habría dicho que lo único en la mente del rubio era la victoria en una competencia, pero ahora lo había visto patinar de cerca, había visto cómo también fallaba y se esforzaba en las prácticas, no era sólo el chico prodigio de Rusia. Yuri Plisetsky era más.
—… y ahora que terminó con ese jugador de hockey, no deja de mandarme mensajes y molestarme— decía el rubio mientras terminaba lo que hacía y se levantaba de la banca, con su mochila al hombro. Al notar que el otro no lo seguía, se le quedó mirando— Hey, ¿por qué sonríes como idiota?
Bueno, aunque se llevaran mucho mejor, Yurio era Yurio. Y el japonés había dejado de sentirse ofendido y de darle importancia a cada "idiota" que el otro le dedicaba, prefería tomarlo como un apodo cariñoso… O lo más cercano a un apodo cariñoso que podía esperar de él. Yurio continuaba mirándolo con una ceja arqueada y él sólo atinó a decir lo primero que le vino a la mente.
—Pareces un niño.
Yurio frunció el ceño.
—¿Ah?
—Ah, no. Quiero decir, te ves tan emocionado como si acabaras de salir de un parque de atracciones.
El repentino enfurruñamiento del rubio se desvaneció y se quedó viendo a la nada, perdido en su mente. Yuuri comenzó a temer, por enésima vez en ese día, haber dicho algo que no debía.
—¿Yurio?
—En realidad nunca he ido.
—¿Eh?
—A un parque de atracciones— respondió volviendo de nuevo la vista hacia él.
—¿Enserio? ¿No te gustan?
—No lo sé, nunca lo intenté, las prácticas no me dejaban mucho tiempo libre para ir a ningún lado. Recuerdo que quería visitar el zoológico de Kaliningrado, pero está a más de diez horas de Moscú y todos los días tenía entrenamiento, así que simplemente me quedaba en la pista practicando mi rutina. Siempre me ha gustado patinar, pero como lo he hecho desde siempre… hay muchas cosas que desconozco. Más de las que quisiera.
El tono de Yurio se había vuelto paulatinamente nostálgico y sus ojos se habían tornado un tanto melancólicos; seguía mirando en dirección a Yuuri, pero era como si realmente no lo viera a él, sino a todas las cosas que el pequeño niño ruso se había perdido.
—No es posible, no puedes morir sin haber ido siquiera una vez— dijo Yuuri tratando de volver a atraer su atención y sacarlo de su mar de recuerdos.
—Tengo quince— murmuró poniendo los ojos en blanco.
—Da lo mismo, entre antes mejor, déjamelo a mí.
—Como quieras— respondió dándose la vuelta y saliendo del lugar; el pelinegro se levantó y lo siguió.
Yuuri definitivamente había tenido una idea completamente equivocada de Yurio, en realidad no lo conocía. Pero comenzaba a interesarse.
-o-o-
-o-o-
Yuuri Katsuki, 23 años, patinador profesional. Admirador de Victor, amante de los tazones de cerdo y… un completo manojo de nervios en aquel momento. Aún no entendía cómo la semana había pasado tan rápido, pero ahí estaba, en los vestidores a cinco minutos de que empezara la competencia. Victor se le acercó con una sonrisa mientras le extendía en la mano un celular que el pelinegro conocía muy bien.
—Mi teléfono— murmuró tomándolo— ¿dónde…?
—Yuuri~, no deberías dejar tus cosas en las gradas de la pista.
—¿Las gradas? Pero lo busqué. Incluso llamé y no había nada.
—Ah, sí, tampoco deberías dejarlo en modo silencioso todo el tiempo.
—¿Cómo lo…?
—Ni tener "1234" como contraseña— finalizó guiñándole el ojo.
Yuuri no pudo decir nada más porque Victor se fue inmediatamente a la esquina contraria de la habitación buscando señal con su propio celular para mandar un mensaje. Estaba a punto de ir a preguntarle, pero lo distrajo un pequeño estornudo. Yurio tenía su presentación primero y estaba calentando en la esquina opuesta, a simple vista el rubio se veía concentrado y en perfectas condiciones, pero su nariz ligeramente roja lo delataba.
—Yurio, tu resfriado…
—No.
—Pero…
—No.
Y antes de que pudiera objetar otra cosa, Yuko abrió la puerta y entró llamando a Yurio.
—¡Yurio-kun, ya es hora!- casi gritó de la emoción.
El aludido se limitó a asentir con la cabeza como si nada hubiera pasado y se quitó la chaqueta. La castaña estuvo a punto de desmayarse al reconocer el traje que llevaba y, aún más, por verlo puesto en él y encontrarlo de lo más adorable, lo cual afortunadamente desvió la atención del rubio hacia ella y evitó que se diera cuenta de la cara de idiota que Yuuri estaba seguro que estaba haciendo mientras lo veía quizás un poco demasiado fijamente. Sin embargo, a Victor no le pasó desapercibido y le dedicó una sonrisa de complicidad al pelinegro sin que éste se diera cuenta antes de tomarlo del brazo para seguir a los otros dos fuera de los vestuarios.
-o-o-
Yuuri ahora sabía por qué llamaban a Yurio "el hada rusa" cuando estaba en la pista, no podía quitarle los ojos de encima y sentía como si con cada movimiento lo hechizara. Hasta ese momento nunca se había dedicado realmente a mirar con detenimiento una de sus presentaciones, siempre se había sentido intimidado por la manera impecable y segura en que el otro patinaba, así que en las competencias procuraba mantenerse alejado durante sus turnos para no tener más presión encima. Pero ahora se comenzaba a arrepentir de no haberse quedado alguna de aquellas veces, se había perdido demasiado. Jamás podría vencerlo, solía pensar. Y era la misma sensación que le estaba transmitiendo verlo patinar en ese momento; empezaba a ponerse nervioso. Pero tendría que hacerlo, tendría que ganarle si quería que Victor se quedara con él y que no regresara a Rusia; había soñado demasiados años con patinar en la misma pista que él, conocerlo como su igual… Y aunque la brecha entrenador-patinador no permitiera que fuera exactamente así, Yuuri no quería dejar ir a la persona que admiraba cuando ésta finalmente lo reconocía. Ni siquiera terminaba de creerlo aún y, si era un sueño, todavía no quería despertar. Aunque, para su leve sorpresa, tampoco tenía muchas más ganas de que Yurio se fuera, sentía una extraña incomodidad al imaginarlo.
—¡Vienen los cuádruples que le prohibieron en las competencias!— se escuchó la voz del comentarista por las bocinas.
Siguió mirándolo. Algo no iba del todo bien. La técnica era impecable, como de costumbre, pero sus movimientos se percibían rígidos. Lo sabía. Desde el día en que fueron a la cascada, Yurio había estado agotándose más rápido y tenía cierta dificultad para concentrarse, aunque él lo negara junto con el evidente resfriado que tenía. Yuuri estaba incluso sorprendido de que pudiera ejecutar la parte técnica tan bien, pero no iba más allá, la presentación carecía de ese Ágape que tanto le había costado encontrar a Yurio. El rubio giró sobre su eje y cuando se detuvo al finalizar el programa, el pelinegro pudo ver su expresión de frustración antes de que la sustituyera con una falsa y forzada sonrisa al mirar al público; esa era la peor parte, fingir sentirte conforme cuando no era así.
—Yuuri— miró hacia arriba al escuchar su nombre. Victor lo miraba fijamente— Es tu turno.
La tensión volvió. Asintió e inspiró profundamente mientras se dirigía a la pista; su único pensamiento era hacer que Victor lo eligiera a él, y para eso tenía que disponer de todas sus tácticas. Durante toda la semana había visto practicar a Yurio y, en un momento, los gráciles movimientos de Ágape le recordaron a la manera en que había visto a Minako moverse al bailar tantas veces. Así que, ¿por qué no podía también él ser un Eros femenino?
No estaba seguro de cuánto llevaba patinando, sólo seguía y sentía la rutina como una parte de él, concentrándose en su sentimiento de querer que Victor se quedara y expresando su amor por medio de los movimientos que había inspirado Yurio. Antes de que pudiera notarlo, la música y el programa terminaron, seguidos de un estallido de aplausos y un eufórico Victor abriendo los brazos hacia Yuuri. El japonés levantó la vista hacia las gradas, buscando al rubio, pero no lo vio por ningún lado.
—¿Yurio?— le preguntó a Yuko cuando pasó a su lado después de abrazar a su ahora entrenador. Ella negó con la cabeza.
—Se fue.
—Iré a hablar con él.
—No, Yuuri, tienes que quedarte a la premiación.
El chico miró alternadamente a Victor hablando animadamente con los camarógrafos y la puerta de salida. Finalmente asintió y sacó su celular para buscar el número que secretamente había agregado en los vestidores.
No te vayas, espérame en el puente
-Yuuri
Ahora sólo quedaba esperar que le hiciera caso.
-o-o-
Llegó corriendo al puente casi con ninguna esperanza, pero ahí estaba, recargado contra una de las columnas y sosteniendo una maleta con estampado de leopardo en la mano.
—Ni siquiera preguntaré cómo tienes mi número— dijo sin dejar de ver el agua del río.
—Me llamé desde tu celular, ¿recuerdas?
El único sonido entre ellos era el rumor del viento.
—No sabía si vendrías— confesó luego de un rato.
Yurio lo volteó a ver.
—Yo tampoco.
Yuuri no supo qué responder y se formó entre ellos un silencio incómodo, uno de esos que ya no tenían y creían haber superado.
—Es la primera vez que ganas, ¿no? Qué bien— dijo Yurio con tono algo sarcástico y la cara impasible— … ¿Qué quieres?— preguntó finalmente tras unos segundos.
Yuuri apretó los labios. Se había acostumbrado a que el trato entre ellos fuera menos tenso y ahora la hostilidad de antes se le antojaba demasiado extraña y desagradable. Sabía que el rubio hablaba desde el enfado, después de todo había perdido, pero eso no evitó que sintiera algo dentro de sí retorcerse.
—¿Por qué… Por qué querías tanto que Victor regresara a Rusia?
—¿Ah?
—Para mí, él es el máximo ideal, la perfecta esencia del patinaje, lo he admirado desde niño y… sé por qué quiero que se quede aquí, pero tú…
—Tu perfecto Victor me hizo una promesa. Y la está rompiendo.
—¿Promesa?
—Nada de tu incumbencia, Cerdo.
—Yurio…
—No te acostumbres a la victoria, quien gane el Grand Prix Final seré yo. No pierdas hasta entonces.
—No perderé— sonrió levemente, refiriéndose no sólamente a las competencias intermedias. Yurio se dio cuenta y frunció el ceño.
—Te voy a aplastar en la pista— gruñó, pero la expresión de Yuuri no cambió— ¿quieres apostar?
—¿Apostar? No tienes edad para apostar— contestó riéndose por lo bajo ante la expresión cada vez más enfurruñada del otro.
—Voy a ganar, y entonces tendrás que reconocerme por encima de Victor.
—¿Por encima de Victor?
—Quiero decir… Reconocer que te di una paliza.
—Pero lo de Victor…
—¡Olvida a Victor!
—Bien— dijo tras un momento— pero si gano entonces tendrás que cocinarme.
—¿Qué? Nunca.
—Piroshki.
—No.
Yuuri simplemente se le quedó mirando.
—… ¡Bien, trato! De cualquier forma no ganarás. Es una apuesta entonces— dijo tendiéndole la mano con una sonrisa competitiva.
—No, es una promesa— concluyó el pelinegro tomando su mano.
De no ser porque aquello era imposible, Yuuri habría jurado que las mejillas de Yurio se colorearon levemente mientras su expresión de superioridad se desvanecía en una de mal disimulado asombro. El rubio retiró su mano antes de lo que le habría gustado al otro y tomó su maleta de nuevo.
—Qué cursilada— murmuró poniéndose el gorro de su sudadera sobre la cabeza y dándose la vuelta.
—Y la cumpliré.
Yurio se detuvo y volteó a verlo.
—No dejaré que te eches para atrás— comentó simplemente antes de volver a girarse rápidamente, pero Yuuri pudo ver la sonrisa en su rostro antes de que comenzara a caminar.
Y eso. Desde que vi el capítulo tres siempre estuve medio enfurruñada de que sólo mi niña Yuko hubiera ido a ver qué onda con Yurio cuando se iba, siempre he sido una cursi con esas escenas de "me voy sin decirle a nadie, pero en realidad quiero que vengas tras de mí". Síp. Así que dije "why not?"
La verdad no tengo idea de cuándo pueda subir el siguiente, sólo quiero decir que no lo dejo: si ven que no subo capítulo es porque me estoy muriendo en la universidad o algo, pero renaceré como el fénix y actualizaré. Someday(?) Mientras esperemos el evento de marzo, que anuncien la S2 ahí, y que siga viva para entonces ;D
Gracias por leer C:~
