Hello ~!

Aqui les traigo una historia de otra de las parejas que me gustan! Es algo corta pero aún así espero que les guste y puedan disfrutar su lectura! Me propuse a escribirla en 3ra persona por que además de ser esa la idea original, también me sirve como practica para seguir mejorando.

Muchísimas gracias por sus comentarios! ^^

Disclaimer: Inazuma Eleven Go no me pertenece.


El sol comenzaba a ponerse lentamente, pintando de un hermoso color naranja el cielo de la ciudad. A excepción de la biblioteca, los demás salones de la escuela Raimon estaban completamente vacíos. Bueno, casi todos.

En uno de los salones del ala este, un joven castaño luchaba por terminar su tarea. Apoyaba su cabeza en una de sus manos, la cual jugaba nerviosa con uno de sus remolinos, mientras que la otra apoyaba con firmeza la punta del lápiz sobre la hoja de su cuaderno. Sus ojos observaban detalladamente los problemas que tenía frente a él, pero su mente no lograba descifrarlos. Frunció el ceño inconscientemente mientras intentaba recordar la lección del día anterior, en la cual su maestro había dado inicio a una nueva materia, explicando paso a paso como resolver problemas similares al que tenía frente a sí. Habría sido fácil, si tan solo su mente no estuviera ocupada por una sola cosa: fútbol.

Estaba tan sumiso en sus pensamientos que ignoró por completo al joven de cabellos azules que estaba sentando en el pupitre de atrás. Sus piernas descansaban cruzadas sobre la mesa, mientras que su espalda apenas llegaba a tocar el respaldo de la silla. Sentando en lo que para él era la posición más cómoda del mundo, observaba serio la espalda de su compañero. Por momentos dejaba escapar una sonrisa cada vez que el castaño perdía el control y alborotaba su cabello, frustrado. La forma en como estaba sentado, sus cambios de expresión momentáneos y el pequeño paquete que tenía sobre su regazo, del cual retiraba un aperitivo de vez en cuando, daban la impresión de que estuviera mirando una película, pero en vez de palomitas comía palitos pocky.

De tanto ejercer presión en su lápiz, la punta de éste terminó rompiéndose. Tenma suspiró, era hora de darle un descanso a su cerebro. Estiró ambos brazos hacia arriba, desperezándose, y se dejó caer hacia atrás cerrando sus ojos. Se mantuvo así por unos segundos hasta voltear hacia atrás. Tsurugi tenía la mirada fija en su celular, seguramente estaría leyendo un mensaje. Tenma notó la caja roja que tenía en su regazo, de la cual salían unos finos palitos de pan cubiertos por chocolate.

—Tsurugi… —Su voz llamó la atención de su compañero, el cual guardó su celular en uno de sus bolsillos antes de prestarle atención— ¿Me invitas? —. Señaló la caja. Tsurugi dirigió la mirada hacia el objeto en su regazo antes de dirigirla hacia su amigo.

—No. —La forma seca en como lo dijo sorprendió un poco a Tenma.

—¡¿Eh?! Solo uno, por favor.

—No.

—¿Por qué no? Uno nada más.

—No.

—Bueno, uno no, pero… ¿la mitad? —Negó con la cabeza—. No te estoy pidiendo uno entero. Vamos, somos amigos, ¿no?

Tenma utilizó una técnica hasta el momento infalible: poner ojos de cachorrito. Por desgracia, Tsurugi no se vio afectado, simplemente frunció el ceño mirándolo como diciendo «¿Realmente crees que va a funcionar conmigo? ». Aun así el pequeño no se rindió, acercó más su silla a la mesa de su amigo y giró su cuerpo para sentarse de frente a él, juntando ambas manos frente a sí antes de volver a implorar.

—Por favor, por favor, por favor, por favor. —Prolongó el último "por favor" acompañándolo con una mirada que solía utilizar con Aki cuando necesitaba su ayuda y esta se negaba, pero siempre cedía ante su técnica personal.

Tsurugi terminaba de comer uno de los palitos que había tomado de la caja mientras Tenma se acomodaba en su lugar para poder verlo de frente. Se detuvo a observarlo por un tiempo. Tenma hacía lo posible para mantener su postura y más que nada, su mirada. El delantero cogió la caja y la llevó hacia su boca, con la cual tomó el extremo de un palito, extendiéndolo frente a Tenma. Este último lo observó confundido, le costó un poco descifrar la pretensión de su amigo, quien lo observaba serio mientras esperaba su respuesta. Sintió un ardor en sus mejillas al mismo tiempo que estas comenzaba a tomar el color del cielo, el cual comenzaba a ponerse rojizo.

Se arrodilló en su silla y apoyó sus brazos sobre la mesa de Tsurugi, acercándose lentamente a este. Los nervios hicieron con que titubeara antes de darle la primer mordida al dulce, pero a medida que continuó haciéndolo, comenzó a sentirse un poco más tranquilo. Tsurugi se mantenía inmóvil, observaba fijamente como el castaño se acercaba temerosamente hacia a él. Sus rostros estaban a centímetros el uno del otro cuando Tenma decidió romper el dulce para separase de su amigo, pero no fue lo suficientemente rápido. Como presintiendo su plan, Tsurugi se acercó a él y cortó la distancia con un beso, tomando por sorpresa a Tenma.

Al romper el beso no pudo evitar sonreír al ver lo rojo que se había puesto el menor, tanto que parecía que toda la sangre del cuerpo le había subido al rostro. El castaño estaba tan sorprendido que simplemente lo miraba con los ojos grandes como platos. Tsurugi le sonrió pícaro antes de traerlo a la realidad con el sonido de su voz.

—¿Quieres otro?

Tenma giró de inmediato volviendo a su lugar, dándole la espalda a Tsurugi. Se llevó ambas manos a sus labios, recordar la sensación de los labios de Tsurugi contra los suyos hizo que su corazón se acelerara. No lograba procesar lo que acababa de suceder, pero de una cosa estaba seguro, nunca volvería a pedirle un dulce.