XIV

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Desearía ser especial.

Él era como el sol, su ausencia era inmediatamente notada, estaba segura que ni él mismo era consciente de su propia luminosidad, desde su llegada la casa estaba cargada de un aura positiva que jamás había sentido antes.

Siempre vi mi vida en tonos grises, rodeada de diversos matices que me daban cierta gratificación, hasta que llegó ese azul eléctrico, poderoso y sensual que me revoluciono todo lo ya conocido, y mi vida fue un poco más placentera, hasta que solo quería y necesitaba ese azul, precioso, misterioso y único, pero ese azul se fue, se confundió con muchos grises y se perdió en la inmensidad del mundo, paso mucho tiempo para que volviera, esta vez con mayor poder del que alguna vez le creí capaz, pero nuevamente la vida me sorprendió, a la llegada de ese naranja, ese naranja vibrante y chillón que inevitablemente le daba color a todo a su demoledor paso, y mi vida nuevamente fue colmada de aquellos colores tan poderosos… que mi triste gris se perdió…

-¿Por qué estas triste? ¡Vamos! ¡Sonríe! – No podía no sonreír ante esa gran sonrisa que él daba, su felicidad era contagiosa.- ¿quieres salir a dar una vuelta?

Negué suavemente, Sasuke-sama se molestaría mucho otra vez, no necesitaba eso.

-no le diremos nada.- me guiño uno de sus preciosos ojos azules.- iremos a pie, lo prometo.- reí ante su gesto de chico malo.- aunque la verdad nose porque se molesta tanto, maldito emo cabrón… - murmuró otras cosas más que no le entendí, mientras se rascaba la cabeza y miraba por la ventana.

Él era refrescante.

-n-Naruto-san… ¿podemos pasar p-por una tienda d-de manualidades?.- se dio la vuelta rápidamente para encararme con el ceño fruncido.

-¿Qué no somos amigos?

-etto… si.- ¿A qué venia su pregunta?

-¿entonces porque no me tratas como tal? ¿Nee hina-chan?

-oh… n-no sé qué decir Na-Naruto-san

-¡trátame sin formalidades porfavor! Hina-chan a veces creo que eres una ancianita.- no pude más que apenarme por ello.- venga ya, vamos a por un helado, ¡necesitas dulce en tu vida niña por Dios!-

Naruto era una persona maravillosa, sentía que cada vez que le miraba debía de achinar los ojos por el aura radiante que le rodeaba, no podía evitar compararlo con Sasuke-sama y ver las grandes diferencias entre ambos, si bien discutían cada vez que podían por los temas más absurdos del mundo, podía ver como Sasuke-sama le tenía un gran aprecio y velaba por el bienestar de aquel hombre rubio.

Aunque su llegada no había estado absuelta de contratiempos…

-¿Qué haces aquí?... Hinata, adentro.- estaba intrigada por aquel extraño, pero bajo esas circunstancias quizás lo mejor era obedecer, la cara de muy pocos amigos que traía Sasuke no auguraba nada bueno.-

-c-con permiso.- le hice un corta reverencia al extraño rubio para luego salir pitando de ahí, en dirección a algún lugar seguro.

-¡Hey! Ella puede quedarse si puede ¿Por qué eres tan mandón? Así no conquistarás a ninguna chica–

No pude escuchar la respuesta de Sasuke por que para ese entonces ya estaba en la cocina con Kaede-san.

-es un amigo de Sasuke-sama, estarán bien.-

-p-pero parecían que iban a discutir Kaede-san… ¿a-así se lleva con sus amigos s-Sasuke-sama?- mi corazón saltaba violentamente por el susto,

-ni te podrías imaginar las diferentes naturalezas de amistad que pueden entablar las personas.- parecía que me quería decir algo con su mirada, algo que no pude descifrar.

Paso mucho tiempo, quizás horas para ver a Sasuke-sama y a Naruto-sama aparecer por la puerta de la cocina.

-él se quedará un par de días acá… ¿no hay problema con eso?- me habló mientras se sentaba a mi lado, sus ojos negros me hipnotizaron por un momento, ya ni siquiera podía recordar que era lo que me preguntaba, su mandíbula estaba tensa y la nuez de su cuello parecía sobresalir mucho más que en otras ocasiones.- ¿Hinata? -

-¿eh?...

-¿Qué si hay problema con que este tarado se quede acá unos días? – me miraba mientras alzaba una de sus cejas, sonreí apenada.-

-n-no… mucho gusto s-soy Hinata Hyuuga…- le tendí la mano al recién llegado que parecía atento a Sasuke-sama, poso su mirada en mí y sus ojos brillaron de alegría mientras me abrazaba y daba vueltas en el aire conmigo, no estaba para nada acostumbrada a las expresiones de afecto tan… ¿expresivas?

-eres tan adorable… pensé que eras la hermanita de Sasuke, pero este imbécil no podría tener una hermanita tan bonita como tú… llámame senpai.-

-¿eh?... – ¿no eran demasiados eh por el día?

-si serás tarado, y bájala imbécil, no tienes permiso para tocar nada en esta casa.-

-pero es tan pequeña… ¿Cómo no abrazarla?...

Ahí comenzaron los problemas, tenían una extraña amistad basada en la competitividad, muchas veces despertaba con sus discusiones ideológicas, otras tantas parecía haber un verdadero funeral por el ambiente tenso que solía respirarse en presencia de esos dos, y muchas otras más veces, la tranquilidad era tal que era imposible no desconfiar, a menudo pensaba que se terminarían matando el uno al otro, y yo sería la testigo principal de tal masacre.

Quizás la discusión más grande que tuvieron fue el 14 de febrero, y desde ese día Sasuke-sama no se aparece mucho por la casa, sospecho que las pocas oportunidades que tenía con él, se han ido al traste gracias a la llegada de Naruto, no puedo evitar no sentirme culpable al pensar muchas veces que es mejor que se vaya.

-¿Al final su amiga no vendrá? – Kaede-san estaba parada en la puerta de la cocina, su cabello gris estaba extrañamente arreglado mientras parecía lucir una piel un poco más reluciente a lo acostumbrado.-

-Ino-san al final ha preferido comprarlos, para ella ningún hombre vale la pena como para pasar una tarde de jueves cocinando.- me hacía gracia su comentario fuera como fuera.

-oh, una bonita forma de ver la vida ciertamente, pero dígame ¿para qué tanto chocolate? ¿Piensa volver a repetir lo del año pasado? – seguí batiendo mientras sentía como mis mejillas comenzaban a colorearse.

-a-algo así… todos merecen algo para estas fechas…- ¿todos?

-¿sabe que pueden malinterpretarla?... bueno, ya me dará galletas el día blanco.- y aquello no era del todo falso, siempre me llegaban dulces y golosinas para el 14 de marzo, tanto chicas como chicos apreciaban el detalle.-

-n-no creo que eso suceda Kaede-san… - en eso escuche a Sasuke-sama llegar a casa.

-¿Qué haces?- lucia más demacrado de lo normal, aquello me parecía increíblemente atrayente, su mirada oscura se poso en mi y temblé por completo, aún y creo que jamás podría acostumbrarme a su presencia tan exótica.

-c-chocolates… - me sentía cohibida y con una extraña vergüenza, como si lo que estaba haciendo fuera malo…

- ¿Para quién? - quizás fue mi imaginación, pero podía jurar que su voz sonó más dura de lo normal, como si hubiese comido pasas acidas.

-para todos Sasuke-sama, hina-chan tiene la costumbre de regalarles a todos sus conocidos y compañeros de curso una chocolatina ¿también habrá una para mí? -

-¡s-si!... Kaede-san es tan buena s-siempre que no podría no regalarle n-nada… -Kaede-san siempre estaba para salvarme, sobre todo cuando los nervios me invadían y no podía ser del todo humana, pasados unos minutos Kaede-san se retiro alegando que debía de descansar, Sasuke-sama aún estaba en la puerta mirando lo que hacía, no podía, así simplemente no podía.

- ¿y para mí? - el silencio fue roto con esa sola pregunta que significaba mucho más para mí de lo que realmente debería, sentí como se acercaba hasta posarse a mis espaldas. - Quiero uno también. -

-p-pero a s-Sasuke-sama no le gustan los dulces…- me di vuelta para mirarle, grave error.

-estoy seguro que ya me tienes uno- no podía despegar mi vista de su rostro, nos quedamos ahí, en silencio… hasta que sentí uno de sus dedos acariciar mi mejilla, y le vi a él saboreando aquel dedo. - y es el que estás haciendo ahora. -

Oh, tenía chocolate en mi mejilla… me sentí profundamente avergonzada, tanto que apenas si podía respirar bien, me ardía la cara y solo quería meterme debajo de la mesa, había sido encontrada con las manos en la masa, y el verle así… tan ¿él?

-Hinata… mírame. - Sasuke-sama estaba extrañamente serio, tanto que hizo que se me pasara todos mis nervios y me preocupara. -

-hina-chaaaan, la abuela me ha dicho que estás haciendo choco-… ¿interrumpo algo? - el amigo de Sasuke-sama estaba ahí, parado, mirándonos.

Recién ahí fui consciente de la proximidad entre nosotros, bastaba un movimiento para que nuestros cuerpos chocaran… y extrañamente, Sasuke-sama debió de enderezarse para poder ver a Naruto.

Su altura siempre me había echo sentir segura, de pequeña le solía comparar con un gran oso solitario.

-¿Qué no ves? Si hasta para eso eres imbécil. - Sasuke-sama salió sin mirar atrás dejándonos solos en la cocina. -

-nose que le pasa… está más gruñón que de costumbre ¿o siempre es así?...

-c-creo que solo está cansado Naruto-kun… t-tiene un gran contrato e-entre manos.-

-oh… nunca me cuenta nada, a veces creo que ni siquiera soy su amigo, creo que soy más su perro. - aquello me había dolido hasta a mí.

-n-nunca nadie se había quedado en casa… m-más que nosotros tres o itachi-sama a veces… p-para Sasuke-sama nuestro hogar es s-su refugio, c-creo que no le hubiese dejado quedarse sino… sino lo considerara su amigo n-Naruto-kun. - le sonreí abiertamente, intentando darle valor a aquel triste hombre.

-Eres un angel ¿sabías?... ¿me das? Huele muy bien, ¿Por qué haces tantos? – Esta vez él estaba viendo hacia mis chocolates.

-oh… p-para todos, mañana es s-san Valentín y… y les doy a todos unos chocolates caseros, e-es una forma de agradecerles por que cuidan de mi de alguna u otra forma creo… no lo sé. –

-ya veo, eres buena ¿sabías? ¡De veras lo pienso! – me sonroje hasta las orejas, y una especie de calidez se puso en mi pecho al saber que alguien creía eso de mí, él era un gran hombre.

-a-algo así… -

-¡Hey! Pero no te pongas así. - su risa era contagiosa- cualquiera diría que no estás acostumbrada a los halagos. - y definitivamente no lo estaba. - y estas cosas están muy buenas, te harías un dineral vendiendo esto. -

-c-cuando niña quería tener mi repostería… k-Kaede-san siempre me ha enseñado a cocinar muchas cosas, quería tener una tienda en d-donde Sasuke-sama encontrara c-cosas no t-tan dulces para que pudiera disfrutar…

-no funcionaria, el mundo no es así de amargado. - reímos juntos. - aunque una sección para ácidos como él no estaría mal…

- ¿tú dices? - aquel sueño era el más bonito que tenía y el único que había perdurado hasta el momento. - no recordaba eso…-

-¿Qué cosa? –

-ese sueño, pase días enteros haciendo recetas de galletas saladas para Sasuke-sama-

-¿lo quieres mucho? Él tiene mucha suerte por tenerte, sabía que existías por una foto en su billetera, pero ya lo conoces, es un celoso psicópata que no habla de nada que quiere. -

-a-así es él. - lo de la foto en la billetera no lo sabía. - él es mi mundo. - se sentía bien decirlo, se sentía demasiado bien decirlo, mis ojos picaron por unos momentos y aquello me dio risa. -

- ¿Cuánto tiempo falta para que estén listos? -podía ver como caía su baba, y sus ojitos brillaban por probar unos cuantos. -

-hay unos listos en la nevera… esos son de almendras, los del molde amarillo son de fresas y los del molde morado son de menta.-

-¡tienes muchos! ¿Cuántos son? ¿serán unos 500 chocolates?

-m-más o menos… siempre me quedo con unos cuantos.

-esos son especiales ¿cierto? - apunto a los que tenía en la mano, ya estaban en el molde y solo bastan ponerlos al congelador. -

-e-estos son para s-Sasuke-sama… s-son amargos con centro c-cítrico. -

-él no es humano. - me reí ante su comentario y su cara de pronto azul. -

- ¿quieres salir a dar una vuelta? – me quito el molde y él mismo lo puso en el refrigerador.

-¿Cómo?... -no entendía, y aquello me dio mal augurio.

-sí, vamos a dar una vuelta hina-chan, te hace falta ventilarte, te invito un helado. –

-e-está bien… supongo, pero debo de limpiar Naruto-kun, Kaede-san me regañara. - y vaya que lo haría. Si algo había aprendido de todos esos años conviviendo con aquella adorable ancianita de cabellos blancos y piel aceitunada, era que detestaba el desorden y las cosas a medio hacer.-

-no te preocupes, yo te ayudo después- dijo mientras reía y me empujaba hacia la salida, al poco tiempo después me vi encima de una moto con una chaqueta demasiado grande para mí y un casco algo pesado, aquello no tenía muy buena pinta. - ¡¿lista hina-chan?!

- ¡D-de ninguna manera! - le grite por encima de rugido del motor, inevitablemente carcajeaba como loca, no me había sentido así de bien en días.

- ¡Vámonos! - y la motocicleta partió,

salimos rumbo a la carretera, por una pista no muy transitada, las estrellas estaban radiantes y parecían titilar al compás de los rugidos de aquella moto negra, éramos uno con la noche en esos momentos.

Las curvas me daban un poco de miedo por lo que me apretaba todo lo que podía a la amplia espalda de aquel sujeto, tenía un miedo atroz y mis piernas no parecían responder, pero por lo demás la risa nerviosa no podía dejar de salir, adrenalina pura.

- ¿lista hina-chan? -escuche su voz por encima del viento y el rugido, ¿lista para qué?

Y en eso acelero a mil y no supe más de mi vida, todo se volvió a un celaje oscuro, el viento recorría mi cuerpo y por algún loco motivo, aquel intento suicida me gusto, ame la poca seguridad que me otorgaba Naruto en aquel momento.

Paramos en un auto-servicio a mitad de la nada, nunca había estado por ahí.

-la casa queda a unos 20 minutos de aquí, así que no pasara nada. - me dijo cómplice.

-¿Cómo que no pasara nada? No entiendo Naruto-kun. -

-Sasuke… -oh.

-c-creo que no se d-dio ni cuenta.- esperaba de todo corazón que no se molestara por nuestra salida rápida.-

-eso ya lo veremos. - parecía contarse un chiste interior porque rio tapándose la boca, mientras comprábamos un pote de helado para cada uno. -

- ¿te gusta vivir acá hina-chan? – de pronto él parecía triste. - viví gran parte de mi infancia aquí, pero jamás pude acostumbrarme a esta vida…

- ¿Qué vida Naruto-kun?

-soy un nómada, un errante hina-chan, ¿sabes? Siempre me vi recorriendo el mundo en mi motocicleta, estudie claro… tan tonto no soy, o creo no serlo, pero tener un trabajo estable y un hogar al que volver nunca fue mi ideal de vida feliz…-

-oh, ya veo… n-no todos nacemos para lo mismo n-Naruto-kun. -

-Sasuke es así, él ama su hogar, su familia, él espera volver a casa para poder verte a ti… y le tengo envida ¿sabes? Él tiene a alguien y yo… una vez hubo una chica, una por la que sacrificaría mis sueños y me asentaría, solo por ella… la seguí a otro país incluso.

- ¿y que paso? -eso no tenía un final feliz, mi corazón lo sabía.

-me engaño con uno que otro tipo, al final era una perra sin corazón… -rio tristemente, no quería verlo así, dolía, comió en silencio el helado mientras parecía meditar algo. - pero al final me di cuenta hina-chan, que algunos nacemos sin estrellas al lado. - sonrió abiertamente esa vez. - no todos podemos tener a una hina-chan en nuestras vidas ¿cierto? - me revolvió el cabello alegre, pero no podía dejar de sentirlo muy, pero muy triste en el fondo. -

-y-yo creo que eres un gran hombre Naruto-kun… a-algún día encontraras a alguien. - le asegure mientras tomaba sus grandes manos y las apretaba a la altura de su pecho, era como si estuviésemos rezando porque él tuviera su final feliz, asintió feliz. - no te rindas Naruto-kun, el que se rinde se muere. -

Volvimos a casa en un silencio confortable, esta vez se fue despacio, como si no quisiera llegar a casa, y claro… ya sabía por qué.

Frente al portón estaba Sasuke-sama pegado al teléfono hablando con alguien, tenía su cara de muy pocos amigos, al vernos suspiro aliviado e inmediatamente me aparto de Naruto y su motocicleta, cerciorándose de que estaba en perfecto estado.

-s-solo fuimos a comer helado… f-fue divertido Sasuke-sama. - susurre con un poco de miedo, me sonrió quedamente. -

-estaba preocupado. - me levanto en vilo para cargarme y entrar conmigo a la casa, a Naruto ni siquiera le dirigió la palabra. - estaba por llamar a la policía sino volvías antes de las 12.- olvidaba lo extremo que era Sasuke-sama.

-n-Naruto-kun n-no es malo manejando… él es responsable. -

-no sabe cuidar ni de sí mismo Hinata… - para cuando me vine a dar cuenta ya estaba en mi habitación. -

-n-no soy una niña que necesita ser protegida siempre.- me aventure a decir.-

-por desgracia. - nuestras miradas se cruzaron, podía ver la furia contenida en su mirada, y su mandíbula tensa, le abrace esperando reconfortarlo, a los pocos segundos me devolvió el abrazo. - si por mi fuera te tendría en una torre en donde nada pudiese pasarte. - admitió serio, sabía que no bromeaba. -

-n-no regañes a Naruto-kun… él solo era amable. -

-no intercedas por él. - sentí su aliento en mi cuello y me dio escalofrió, no pude evitar apegarme aún más a su cuerpo, sentí su duro torso contra el mío, aquello estaba muy mal. - Hinata… es hora de dormir. -

-no quiero. - le abrace aún más fuerte, quería, necesitaba ser egoísta, le necesitaba cerca mío, sobre todo luego de la historia de Naruto no podía dejar de sentir que Sasuke se iría alguna vez. - q-quédate conmigo. - susurre bajito. - porfavor…

- ¿tuve opción? – había diversión en su voz, quizás ya no estuviera enojado ahora, pero sabía que aquello no podría volver a ocurrir.

-c-creo que no.- me sonrió mientras nos recostábamos en mi cama, sin decirnos nada y con un silencio que era por lo demás demasiado agradable, en algún punto me dormí y no supe más del mundo, solo que al despertar él seguía ahí, con un fuerte brazo sobre mi cintura y su respiración acompasada.

-es tan hermoso…-

- ¿eh? ¿Qué es hermoso hina-chan? ¿yo? - ¿eh?... había hablado en voz alta, estaba soñando despierta… una vez más.

-n-no Naruto-kun… -negué con ambas manos realmente avergonzada. - no deseo agregar más preocupaciones a Sasuke-sama, lo mejor será que me quede… aunque si usted sale no sería una mala idea traerme un poco de helado. - se rio mientras me revolvía el cabello.

-eres una consentida hina-chan, me gusta. - ambos reímos. - ¿aún quedan chocolates?

-c-creo que quedan algunos… s-Sasuke-sama incluso probó los de sabor dulce. - agradecía enormemente aquello, el que dijera que estaban exquisitos todos fue la mayor alegría que me pudiesen dar, tantos años intentando preparar algo para él, algo que jamás se concretaba… creo que al final, todos aquellos chocolates que regalaba, solo eran para compensar el hecho de que él no estaría para recibir lo que eran destinados solo para él.

Me levante en silencio para preparar todo, Ino-san me pasaría a buscar para ayudarme con la gran bolsa que me tocaba llevar ese día, por lo que sabía todos estaban expectantes ante aquellos simples chocolates ya hechos tradición en mi curso, me ponía enormemente feliz todo eso.

-Me tome el atrevimiento de envolverlos por usted Hina-chan. – Kaede-san estaba perfectamente vestida en la cocina, con pequeñas bolsitas transparentes que dejaba ver los bonitos chocolates en sus capacillos de diferentes colores y diseños, todos adornados con un gran lazo rojo, estaba de verdad, muy agradecida.

-eres la mejor Kaede-san. - la abrace aceptando su calor de madre. -

- ¡claro que lo soy! – rio mientras me daba unas palmaditas en la espalda. - venga, come que si no se te hará tarde ¿y Sasuke? ¿aun duerme? – me sonroje enormemente por mi atrevimiento de la noche anterior. -

-le p-pedí que se quedara a-anoche… m-me muevo mucho quizás no haya pasado una buena velada… me gustaba dormir con él cuando era pequeña. - me atreví a mencionar, mientras Kaede estaba aún de espaldas y no podía ver mi cara de añoranza.

-me lo imagine, Sasuke no puede negarte nada chiquilla… pero sabes que a estas alturas aquello puede malinterpretarse ¿cierto? Él es un hombre y tú una mujer. - su mirada se fue a mi busto

- ¡K-KAEDE-SAN! - me tape escandalizada, mientras se reía de mí, no rostro no podía sentirlo más rojo. - n-no es eso… -sabía que no tenía excusa alguna.

-y aunque así fuera dudo que te importe… ¿no? – me habían pillado, asentí tristemente mientras comía mi ahora insípido cereal y tomaba mi jugo triste. - ten los ojos bien abiertos Hinata, bien abiertos. -

- ¿Cómo? - algo me iba a decir cuando el escandaloso rubio se asomó por la puerta de la cocina.

-Hina-chan ¿tu gritaste? – oh, ya veo, a veces olvidaba que no estábamos solas, pasamos muchos años solo con nuestra compañía y el tener de pronto a dos hombres en casa era algo un poco… imprevisto intrusivo.

-m-me asuste por algo creo, Naruto-kun buenos días. -

-que lindas estas hoy hina-chan. - cierto, me había puesto mi uniforme de la talla correcta o algo así. - woah, si te has peinado y todo. -

- ¡n-Naruto-kun! – le reclame, al momento tocaron el timbre. - oh, esa debe de ser Ino-san. -

Tome mis chocolates y procedí a salir de ahí antes que Naruto hiciera otro comentario sobre mi aspecto.

El día paso sin demoras, al llegar varias personas nos saludaron, Ino-san estaba radiante, a lo lejos vi una cabellera de fuego, mi corazón se detuvo por esos segundos ¿Cómo lo tomaría? ¿sería mal visto? ¿le haría sentir mal?

-ne hina-chan, ¿le darás a Gaara un chocolate? – Ino-san había visto el mismo cabello que yo.

-n-no lo sé… ¿y Kiba? ¿aún siguen peleados? – su mirada pareció entristecerse un poco.

-me arrepiento un poco con eso de molestarlo por el chico nuevo, la verdad quería arreglarlo hoy, pero…. No sé si pueda. - su mirada se ensombreció.

A lo lejos vimos como una chica de primer año parecía estar regalándole unos chocolates a Kiba-kun, él los aceptaba sin más.

-s-sabes que Kiba-kun no puede negarse a los dulces ¿cierto?... dulces son dulces, ese es su lema… ¿Ino-san?

- ¡Si!... tienes razón. - su sonrisa no fue convincente, parecía de verdad muy triste y no sabía cómo animarla. -

-vamos, habla con él Ino-san… n-no hay que orgullosa. - me guiño un ojo y partió en busca del castaño, sonreí mientras caminaba hacia mi salón.

Fui repartiendo chocolates a todos aquellos que conocía, y otros muchos más que no había visto en lo absoluto, tanto mujeres como hombres me agradecían con una sonrisa de felicidad y procedían a comerse sus chocolates, era un momento de verdad dulce.

Al llegar a mi salón aún no había mucha gente, misa-san me ayudo a repartirlos todos, dejando uno en cada puesto, siendo en total 40 alumnos.

-wuoh, ¡chocolates de hina-chan! ¡Muchas gracias hina-chan! – Toruma-san era el quinto en llegar y el quinto en darme las gracias. –

A lo lejos pude ver como Gaara-san miraba atentamente sus chocolates, estaba nerviosa, muy nerviosa, sentía que luego de su confesión, él ya no era igual que todos, él estaba por sobre todas aquellas personas por el simple hecho de quererme… ¿aquello estaba mal? No quería hacerlo sufrir, no quería darle vagas esperanzas, pero le estaba; aun así, profundamente agradecida por su cariño, amor y respeto… me sorprendí un poco al ver cómo me sonreía, con un pequeño sonrojo en sus mejillas, con esos ojos brillantes cual zafiros… mi sonrisa fue instantánea, mi felicidad por su felicidad…

Al receso de las 11, mientras estaba en el patio que daba a las canchas del colegio, Gaara-san se me acerco, sentándose silenciosamente a mi lado mientras ponía una pequeña cajita rosada en mi regazo.

-Feliz san Valentín Hinata-san- su voz profunda y agradable me dio un poco de escalofrío. -

-f-feliz san Valentín g-Gaara-san… -

-ábrelo porfavor, espero que sea de su agrado, por cierto, los chocolates estaban exquisitos… me atreví a guardar uno para la posteridad. -

-oh…- no sabía cómo tomar aquello. - es…- era un pequeño colgante de una botella exquisitamente labrada que rezaba "bébeme", en honor al libro Alicia en el país de las maravillas. - es… hermoso- no había visto tal exquisitez ni en sueños. - n-no puedo aceptarlo!

-claro que puede, y lo hará… siempre la he comparado con Alicia, tan pequeña y perdida… tan valiente. - sus dedos recogieron un mechón de mi cabello y lo guardo tras mi oreja, en una caricia intima. - si te sientes pequeña siempre puedes beber aquello y volverte gigante. - me reí ante su lógica.

-gracias Gaara-san. - le sonreí agradecida, muy agradecida, nunca había pensado aquello. - siempre sabes que decir… me gustaría ser como tú. -

-oh, no pequeña, estas muy bien así, has hecho un buen trabajo. - me guiño un ojo mientras se levantaba y se iba. - he quedado con los de club de arte, por cierto ¿no estás interesada?

-c-creo que he perdido el toque… -me vi obligada a admitir algo que llevaba meses sin afrontar, Gaara se detuvo y me miro atentamente. - n-no encuentro inspiración, todo sale mal… tampoco puedo tocar el piano, mis dedos no me responder al violín, mis pies se han vuelto torpes y mis brazos se han convertido en simples brazos de marioneta… ¿Qué hago? N-no… n-no sé qué hacer. - y de la nada todo exploto, todo aquello que venía guardando en noches silenciosas salió gracias a un simple "bébeme" quería ser gigante… era lo que más anhelaba, pero ni siquiera me daban las fuerzas para abrir la maldita botella. -

- ¿Por qué no habías dicho nada? ¿sabes cuál es la mejor cura para aquello? – su sonrisa era tranquilizadora. El viento soplo fuertemente y revolvió mis cabellos, tenía miedo, él me daba tanta confianza que se me hacía espeluznante, tenía miedo al perder todo aquello que me hacía ser yo, mis mediocridades eran lo que me habían mantenido en pie todos aquellos años de ausencia de él, y si él se iba, y si ya no podía expresarme… ¿Qué seria? – Amor… eso se soluciona con Amor Hinata, yo amo… - se llevó su mano a su hermoso tatuaje. - amo tantas cosas y personas que es imposible quedarme en la nada, ama Hinata, atrévete a amar y no tengas miedo, el enojo, el dolor o la desesperanza por aquel amor son de igual manera magníficos, es lo que te da vida. -

Sus palabras jamás las olvidaría ni con el pasar de los años… fueron las que me impulsaron a aquellos sueños, a aquel amor, a aquel sufrimiento, odio y desesperanza que me devolvió la vida.

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NOTAS.

¡BIEN! hasta aquí que sino queda muy largo, falta la segunda parte de aquellos recuerdos del día de san Valentín e.e ¿Qué pasará? Hinata enfrenta una severa crisis que viene de varios capítulos más atrás, ella se expresa a través de su arte ya que de otra forma no puede, pero con Gaara pasa algo especial que bien explico ella, le está tan profundamente agradecida por ese amor que él le profesa y no puede corresponder, que le agradece con confianza ciega casi inconscientemente, vimos también parte de la historia de Naruto con respecto a sakura, aunque falta mucho más, esto no era lo que tenía planeado por lo que mi ideal hasta el capítulo 16 se fue a la mierda jajaja estoy meramente improvisando, tengo una vaga idea de que pasará pero como pasará, eso solo los personajes lo saben! XD

Srta. Perseidas.

annie-nyu :totalmente de acuerdo, de todas formas, Hinata tiene bien claro a quien quiere y por quien daría la vida, eso no cambiara n.n su amor eterno es Sasuke. Muchas gracias por comentar en cada capítulo, eres la mejor ❤

GilCa : ¡Gilda-chan! ¿Te has hecho cuenta? Como vemos Naruto es un revoltoso, pero gracias a él comenzara a mejorar la situación, aunque creo que le haremos sufrir un poquito, creo…. XD ¡Besos!

xiomey uchiha hyuga : El especial de ellos dos quizás se venga en el siguiente capítulo sino me hubiese quedad demasiado largo, iban a ser más de 25 páginas, aquí solo tenemos 12 n.n ¡Saluditos! PD: Es que Sasuke es tan sexy e.e

Nora: por culpa de Naruto que se estancó un poquito, pero de igual forma él será el responsable de que todo esto avance, ¡muchas gracias por comentar! Besito y nos leemos n.n

Zareh: es que no puedo simpatizar con ella jaja intento tener empatía con ese personaje, pero no puedo, me pasa igual que cuando la veo de rival de Hinata no puedo con eso jaja ❤ muchos saludos y gracias por siempre comentar, es importante para mi n.n

Patohf: ¡Ya llegó por quien lloraban chequetas! ¡No pude evitar recordar a Sid jaja es que Naruto es un loquillo, Sasuke intenta no tener celos porque son infantiles y él es el adulto ahí, pero la verdad no puede, está en su sangre jajaja obvio le daremos celos, por irse tanto tiempo -_- saludos!

SchrodingerThe7 oh no, él es leal, jamás dañaría a un amigo, y si es que aquello pasara creo que lo hablaría con Sasuke y se iría sin decir más, porque sabe que Hinata es la luz de su amigo, mucho tiempo lo vio perdido T_T besitos!

Carmison Princess : rubio oxigenado jajaja lo anotare como insulto por ahí jajaja bye! ❤