DISCLAIMER: Ninguno de los personajes de Yu-Gi-Oh me pertenecen, pertenecen a Kazuki Takahashi, yo sólo tome prestados a sus personajes sin afán de lucro para pasar un buen rato y que ustedes se entretengan
RESUMEN: Joey se niega a aceptar la realidad, pero ¿qué pasa si en verdad siente algo por el castaño? Después de cómo lo trato ¿este lo perdonara?...
PAREJA: Joey x Seto
6. Verdades
Seto se sentía deprimido, no quería levantarse de la cama, había llamado a la empresa para decirle a su secretaria que informara que estaba enfermo y después de que lo comunicaron con el vicepresidente de la compañía y amenazarlo con que lo destrozaría si algo pasaba en su ausencia, le comunico que estaría fuera por una semana. Necesitaba tiempo para poder reponerse del dolor que lo embargó cuando le rompieron el corazón, además necesitaba tiempo con su hermano, que a pesar de todo, se lo había tomado todo con una madurez increíble. Era bueno saber que su pequeño hermano lo apoyaba, ya que se sentía fatal por la reacción del maldito perro, como para de por si soportar una reacción negativa de parte de Mokuba, de seguro que hubiera perdido a su bebé y hubiera muerto de tristeza si Mokuba lo hubiera rechazado.
Malditos los dioses Egipcios y todas sus estupideces. ¿Por qué de todos los hombres en la tierra, era él el que tenía esa estúpida maldición egipcia? Habiendo tanto gay sobre el maldito planeta, con ganas de procrear, no, tenía que ser alguien que ni siquiera aceptaba abiertamente que era gay, ya que él estaba seguro que no le gustaban los hombres, sólo un maldito y desgraciado hombre le gustaba, y para colmo el muy maldito después de violarlo, todavía se daba el lujo de despreciarlo y creerlo un mentiroso, además de negar a su hijo. Entonces hace lo que no había hecho en mucho tiempo, llorar, llorar por la vida que le toco vivir, llorar por los padres que los dejaron solos, por el odioso de su padrastro y la educación que le dio, por el futuro incierto de su bebe, por su hermanito, por el ingrato insensible que lo desprecio, por él mismo y su indiferencia ante el mundo, en una palabra, llorar por todo lo que no se había permitido llorar durante mucho tiempo, hasta caer rendido y quedarse dormido.
Mientras tanto Joey estaba en su cama pensando en las duras palabras que le había dirigido al castaño, dándose cuenta que se había comportado como un idiota, sintiéndose culpable, pero a la vez molestándose consigo mismo, ya que el ofendido era él, según él mismo, claro. Y de este modo se durmió sintiéndose miserable. De repente se siente despertar pero al abrir los ojos se encuentra en un lugar que no reconoce, es una alcoba enorme con una cama con tela para alejar a los insectos, la retira y se sienta. Todo parece muy sencillo y a la vez muy lujoso. Ve al piso y se encuentra con unas sandalias que se pone. Se levanta y entonces se fija en lo que trae puesto, que no es precisamente su calzoncillo, sino más bien era un pedazo de tela acomodado para dar la impresión de ropa interior. ¿Dónde demonios estaba? De repente el sonido de alguien golpeando en su puerta lo saca de sus cavilaciones.
Se mueve y abre la puerta, afuera estaba una mujer cubierta por una capa, por lo que se podía distinguir de su figura y su atuendo debajo de la capa. Esta al verlo hace una pequeña reverencia. Joey, al ver que la mujer baja la cabeza y se voltea, se da cuenta de su desnudez y toma una túnica para cubrirse, va de nuevo a la puerta y la abre para que la mujer pase, esta lo hace cuidando que nadie la vea cuando entra a los aposentos del General. Al estar dentro del cuarto la mujer descubre su cabeza dejando ver sus facciones, Joey se da cuenta que es Ishizu Ishtar.
- Buenas Noches mi Señor, quería hablar con usted del Alto Sacerdote, si me lo permite- Le dice la sacerdotisa sin mirarlo directamente.
- ¿Qué es lo que sucede?- Quiere saber el rubio ya que no entiende que es lo que está pasando.
- ¿Sabe que su dragón negro será padre?- Pregunta enigmáticamente la mujer.
- ¿Qué tiene que ver mi dragón con el Sacerdote? ¿Cómo que va a ser padre?- Pregunta el rubio.
- Bueno, el dragón negro de ojos rojos es la pareja del dragón blanco de ojos azules del Sacerdote, que por sí mi señor no sabe, es una hembra. Y el dragón del Sacerdote puso un huevo no hace mucho tiempo. Esto se debe a la magia que los une. Pero esa magia no solo la comparten ellos, sino también sus dueños.- Le responde la mujer.
- No te entiendo Sacerdotisa- Le contesta Joey sientiendose cada vez mas confundido por las palabras de la mujer.
- La vida del Sacerdote y la del dragón blanco de ojos azules están ligadas, al igual que la vida del General y el dragón negro de ojos rojos. Por lo que gracias a la unión que comparten ellos se creó la de ustedes, o al revés, la verdad, eso no me queda muy claro. Pero la unión de los dragones a dado fruto cuya vida está ligada a otra vida. Los dioses los han bendecido y han aprobado su unión, como han aprobado la de ustedes ya que su unión también ha dado fruto y este se gesta en el cuerpo del sacerdote.- Esta vez la mujer si voltea a verlo al responderle.
Joey se sentó pesadamente, no supo ni donde, ni le importo, solo pensaba en las palabras que le acababa de decir la sacerdotisa. Iba a ser padre, eso era lo más maravilloso del mundo. Pero también era lo más peligroso, su amado Sacerdote podía correr peligro si se llegaba a saber que estaba embarazado. Primero, porque él tenía muchos enemigos, segundo porque el Sacerdote debía dedicar su vida, y por ende cuerpo al servicio de Ra, ¿Qué pasaba si se enteraban que también el cuerpo del Sacerdote estuvo a su servicio?
- ¿Por qué te has arriesgado tanto Sacerdotisa al venir a mis habitaciones y contarme esto?- Pregunta el general.
- Porque temo por la seguridad del Sacerdote, como bien sabe, en el reino ha habido algunos levantamientos hostiles y el faraón se ha ganado muchos enemigos al no actuar con prudencia por lo tanto el sacerdote al ser su primo sería uno de los principales blancos a asesinar para llegar al faraón. Por lo que estoy aquí para suplicarle que lo proteja de todo mal y que no se vaya a atrever a dañarlo de algún modo, ya que él, para mí como para los dioses es sagrado.- Le dice con convicción y directamente a los ojos la sacerdotisa.
- No tienes de que preocuparte Sacerdotisa, te prometo que daré mi vida por él, si es preciso.- Joey sabe que a pesar de su confusión está hablando con la verdad.
- Confió en usted general al igual que los dioses le confían una de sus más preciadas joyas. No se atreva a hacerlo sufrir o llorara lágrimas de sangre.- Las palabras de la mujer a pesar de ser dichas con calma hacen que un escalofrió recorra la espalda del rubio debido a la implícita amenaza en ellas.
- Pierde cuidado Sacerdotisa, daría mi vida por el si es preciso. No dejare que nadie lo dañe, nunca.- Respondió el rubio con convicción.
La sacerdotisa se dirige a la puerta, se coloca la capucha y mirando a ambos lados cautelosa, sale hasta desaparecer.
Joey se queda solo en sus habitaciones preguntándose ¿Qué voy a hacer? Una y mil ideas pasaban por la cabeza de Joey, que iban desde la felicidad más profunda hasta la más negra preocupación.
Entonces el rubio despierta, ¿Qué significaba ese sueño? ¿En verdad había sido un sueño? Y ¿Por qué le dejo un desasosiego y un profundo ardor en el pecho? Y esa noche no pudo dormir más. No dejaba de pensar en la cara de Seto cuando le dijo que estaba embarazado y él lo había insultado. Su cara reflejaba un profundo dolor y se veía que lo había herido demasiado, pero eso en lugar de causarle satisfacción como se la hubiera causado en otro tiempo solo lo hacía sentir a él también herido ¿Qué significaba eso?
Al día siguiente, Joey estuvo esperando que llegara Kaiba, pero este no apareció. Así pasaron los días y esto iba incomodando mas a Joey, ¿tanto lo había afectado que no apareciera Kaiba? Pero por qué demonios si se quería burlar de él. Un hombre no puede tener hijos, eso es ir contra la naturaleza. Pero ¿y si fuera cierto? ¿Acaso Yami no había salido de un rompecabezas en el que estuvo por miles de años encerrado y había sido faraón en Egipto? Eso era igual o más raro.
Todo esto a Joey lo tenía muy confundido, además estaba el hecho que se había acostado con otro hombre, y no solo cualquier hombre, Seto Kaiba entre todos. Y lo peor es que tenía que admitir que fue el mejor sexo que había tenido en la vida. No es que tampoco fuera un experto, pero había sido algo diferente, ahora que lo podía recordar, más o menos lo que paso, no podía evitar que un estremecimiento le recorriera el cuerpo al recordar la entrega de Kaiba, que estaba seguro era su primera vez, tan apasionado y ardiente. Maldita sea, le había robado su primera vez a Kaiba y se había portado como un patán.
Decidió dejar de pensar en eso, pero se daba cuenta que por cualquier camino que tomara su pensamiento siempre recaía en lo mismo: Kaiba.
Al cabo de una semana Kaiba volvió a la escuela y como era su costumbre no interactuaba con nadie, la única diferencia era que incluso a Joey ignoraba haciendo como que no existía. Eso si extraño a todos ya que lo único que hacía ver a Kaiba casi como un estudiante norma, casi, era que peleara con Joey. Ahora que Kaiba ni siquiera lo miraba, era como si Kaiba ahora si fuera una muralla inquebrantable, además, de que a muchos, como Bakura, le quitara la diversión de ver a los dos peleando.
Y así pasaron semanas, semanas que para Joey fueron un infierno, los sueños no paraban, no dejaba de pensar en Kaiba y a pesar de que este no se dignaba ni siquiera a mirarlo, el no podía evitar mirarlo en clase, y sentir deseos de tocarlo, de hablar con él, no importaba si era para pegarle o maldecirle, maldita sea, Joey necesitaba tener cualquier tipo de contacto con él.
Por otro lado Seto estaba que se moría por tocar al rubio, sus hormonas estaban descontroladas y anhelaba ser abrazado y acariciado, pero se mantenía fuerte, tenía que hacer al rubio pagar su humillación. También cada día notaba como su vientre iba creciendo poco a poco, no podía evitar todos los días después de bañarse verse en el espejo de lado y notar los cambios que iba teniendo su cuerpo.
Y como pasaban los días, pasaban las semanas y pasaban los meses, dos meses para ser exactos. Dos meses que para nuestro querido rubio fueron un infierno, dos meses donde había podido pensar y llegar a la conclusión que estaba locamente enamorado de Kaiba y que por su estupidez lo perdió para siempre. Joey no dejaba de soñar con Kaiba, con su cuerpo, su entrega, sus ojos y sus acciones, tanto pasadas como presentes, se había dado cuenta que no era un amor repentino, sino que era algo que desde hacia tiempo venía creciendo, sólo que él no había querido verlo.
Para Kaiba los dos meses no pasaron mejor, seguía teniendo esas odiosas nauseas, el estúpido de Bakura le seguía cobrando por su silencio y se seguía burlando como si supiera lo que estaba pasando. Su hermanito por otro lado estaba muy contento, se la pasaba haciendo planes para su nuevo sobrinito y lo bien que lo iba a cuidar, esto le daba un respiro al castaño y lo hacía sentirse mejor.
Un día, después de mucho pensarlo, Joey tuvo el valor suficiente y se paro delante de Kaiba.
- Tenemos que hablar.- dice el rubio con seguridad.
- Tú y yo no tenemos nada que hablar.- Contesta molesto Seto.
- Claro que tenemos cosas que hablar, tenemos que hablar de lo que paso en esa fiesta, tenemos que hablar del pasado y el presente y tenemos que hablar del bebe.- Dice decidido Joey.
- Cállate, idiota, además recuerdo perfectamente lo que me dijiste que pensabas de mi estado- Seto contesto mirando cuidadosamente a todos lados y cerciorarse que no había nadie escuchando.
- Comprende Kaiba que lo que me dijiste no es fácil de aceptar, además que no recordaba que había pasado aquella noche, pero ahora recuerdo, además los sueños contigo me están volviendo loco. Sueño con un pasado que me persigue y sueño con lo sucedido en la fiesta. Pero me di cuenta que siempre eres tú, pasado, presente e incluso futuro eres sólo tú.- Dice Joey cada vez más desesperado.
- Pues eso de futuro olvídalo. Tú y yo no fuimos, somos o seremos algo. Tú te -encargaste de ello. Así que hasta nunca.-
Dicho esto, Seto dejo a Joey parado y siguió como si nada su camino, o al menos lo aparento ya que sentía una fuerte punzada en el pecho que le decía que debía perdonarlo y que se sentiría bien tenerlo otra vez, pero como siempre su orgullo podía más.
Pero Joey Wheeler no se iba a dar por vencido, no señor. Así que siguió intentándolo e intentándolo sin dar su brazo a torcer y sin darse por vencido a pesar de las negativas de Kaiba.
Todos en su pandilla se dieron cuenta del raro comportamiento de Joey, pero cuando le preguntaban este solo decía que no se iba a dejar ignorar por Kaiba ya que este no era mejor que él, y como siempre pasaba lo mismo pensaron que era otra de sus manías para hacer enfadar a Kaiba y lo dejaron pasar, ya que sabían que cuando quería Joey Wheeler era un verdadero cabeza hueca.
Por otro lado Seto ya no hallaba la forma de deshacerse de Wheeler, siempre se lo topaba, parecía su sombra. Le hablaba por teléfono a su casa, a la empresa, le dejaba recados de que necesitaba hablar con él. ¿De qué demonios tenían que hablar si ya había dejado muy claro lo que sentía por él? ¿Cuánto tiempo se iba a comportar así?
Un día cuando Joey lo vio solo en el salón no quiso desaprovechar la oportunidad y se le acerco.
- Kaiba por favor, déjame acercarme a ti- Le dice desesperado el rubio.
- ¿Por qué habría de hacerlo, si te recuerdo que fuiste tu el que me hizo a un lado?- Responde el castaño con todo el desden que puede.
- Lo siento Kaiba, en verdad todo esto me tiene muy confundido, pero sé que necesito estar a tu lado y al lado de nuestro hijo- Le suplica Joey.
- ¿Lo siento? ¿Lo siento? ¡Ah! Ahora si es nuestro hijo y no un cuento para humillarte ya que soy un bastardo sin corazón que hasta estos extremos llega para hacerte la vida miserable.- Le responde enojado Seto, no creyendo en sus palabras.
- ¡Perdóname Kaiba! ¿Cuántas veces te lo tengo que pedir para que me des una oportunidad?- La angustia de Joey crece con cada negativa de Kaiba.
- Mil no serian suficientes para hacerme olvidar como me trataste Wheeler, yo quería una oportunidad contigo y tú la arruinaste. Tú siempre arruinas todo. Te odio Joey Wheeler. Así que hazme le favor de olvidarte de mi o mi hijo.- Le grita enojado Seto.
- Por favor Kaiba, no me hagas esto- La angustia en la voz de Joey es evidente y sus ojos se empiezan a llenar de lagrimas.
Seto no puede mas y quiere salir de ahí inmediatamente, no soporta estar viendo al cachorro, no, al perro, frente a él, con esos ojos color chocolate que sabe ame y que le parten el corazón al ver el tormento por el que ha pasado su dueño. Pero tiene que ser fuerte, el también ha pasado por muchos tormentos y además está el dolor que le hizo sentir, no lo puede perdonar por eso, al menos todavía no se siente capaz de hacerlo. El maldito tiene que aprender su lección.
Joey al ver que se quiere ir lo detiene, lo abraza por la cintura y cae sobre sus rodillas, humillándose frente a él, implorándole que le perdone, que fue un tonto. Ya no le importa nada, ni las lagrimas que caen de su rostro sin que se dé cuenta, ni que su orgullo se halla hecho añicos, ni estar hincando ante el que por mucho tiempo fue su peor enemigo. Sólo lo quiere a él, juntos para siempre, como siempre debió ser.
- Te amo Seto, por favor, perdóname- Le dice Joey con todo su corazón.
Seto no podía creer lo que escucho, pero fue demasiado para el por lo que se liberó lo más rápido que pudo del rubio dejando ahí.
Joey por su parte, se dio cuenta en que estado estaba, se levanto y se fue a la azotea, no podía permitir que sus amigos lo vieran en ese estado. Además, tenía mucho que pensar y llorar, porque eso era lo que quería sobre todas los cosas llorar.
Esa noche Seto no podía dormir, no dejaba de pensar en Wheeler y lo que había hecho, no podía dejar de pensar en la profunda tristeza que vio en sus ojos, no podía dejar de pensar en el te amo que le había dicho. Pensando en eso, se quedo dormido. Cuando abrió los ojos, se encontró con un panorama que no le gusto para nada, parecía estar en medio de una guerra, una batalla. Había extrañas criaturas por todos lados, que bien sabía, eran sacadas del reino de las Sombras. El estaba montando su dragón blanco de ojos azules y frente a él se encontraba el general sobre el dragón negro de ojos rojos. Todo era caos, destrucción y desolación. Mas allá pudo ver al Faraón luchando. ¿Qué demonios estaba pasando?
La lucha se volvió más encarnizada se vio a el mismo lanzando hechizos de ataque y de protección, mientras con el rabillo del ojo veía al general hacer lo mismo. De repente, todo se complico, un monstruo lo embistió haciendo que casi perdiera el control sobre su dragón. Le lanzo un hechizo pero no hizo efecto, de repente vio como el general se interponía entre él y el monstruo. Todo paso muy rápido, un estallido, un resplandor segador junto a un sonido devastador, el general había logrado destruir al monstruo pero se veía que él y su dragón estaban en muy malas condiciones, como en cámara lenta, los vio descender hasta el suelo. Sin pensarlo dos veces, apuro a su dragón para atraparlos y frenar su caída.
Una vez en el piso, los deposito con suavidad sobre la tierra. Todo alrededor era destrucción y muerte, pero no le importaba nada más que llegar al general. Bajo de su dragón y corrió hasta el general, lo bajo del dragón que también estaba muy mal herido. Cuando lo tuvo recostado sobre su regazo, trato de curarlo pero no surtía efecto. No sabía qué hacer, podía ver que la vida del general se le estaba yendo de las manos.
- Mi amor, no te preocupes, tienes que estar bien, tienes que salvarte por nuestro bebe- Al decir esto el general toca con cariño el abultado vientre del sacerdote escondido entre su túnica.
- No me puedes dejar, tienes que quedarte con nosotros- decía llorando Seto.
- Sabes que es imposible, mi amor, Anubis me llama, mí tiempo se acabo- Le dice el rubio, mientras con una mano acaricia cariñosamente una mejilla del sacerdote.
- Te amo, por favor, quédate conmigo.- y lo aferra fuerte contra su pecho.
- Siempre voy a estar contigo, pero ahora me tengo que ir. Te prometo, mi hermoso sacerdote, que te buscare en cada vida que siga después de estas y que siempre te encontrare para estar juntos. Siempre juntos.- Al decir esto un chorro de sangre sale de su boca y se desvanece en los brazos del castaño.
Un grito aterrador sale de los labios del castaño al comprobar que la vida de su amado se ha ido. Y por el mismo grito despierta. Por su cara siente las lágrimas correr, su corazón esta acelerado y siente el más horrible vacio dentro de su corazón que no había sentido nunca.
Mokuba entra asustado a su cuarto, oyó el desgarrador grito y quiere asegurarse que su hermano está bien. Cuando entra en la habitación lo encuentra llorando mirando un punto en el infinito apretando fuertemente las sabanas de su cama. Se sube a su cama, se sienta y atrae a su hermano hasta él.
- Todo está bien, Seto, sólo fue una pesadilla- Dice para reconfortarlo y siente como Seto se acurruca en él.
- Tranquilo, tienes que calmarte, le hará daño al bebé- Y comienza a acariciar los cabellos del castaño hasta que Seto se duerme.
Al día siguiente Seto despierta desubicado, se siente extraño. Se da cuenta que su hermanito está abrazado a él y de repente recuerda su sueño, todo el dolor y angustia que sintió al perder al General. No podía permitirse perderlo nuevamente, tenía que hablar con Joey. Esta vez no lo iba a dejar irse. Así que con esta decisión en mente se alista y arregla para el colegio. Durante todo el día busca un momento para hablar con el cachorro pero no lo encuentra, y no puede evitar fijarse en lo tristes que se ven esos ojos color chocolate.
Al terminar las clases todos iban saliendo y Seto no puedo aguardar mas al ver como Joey se apresuraba a salir.
- Wheeler, espera quiero hablar contigo.- Dice serio.
Joey se detiene y les dice a sus amigos que se adelanten que el los alcanzara dentro de un rato.
- ¿Qué es lo que quieres Kaiba?- Le pregunta Joey, temeroso a una nueva sarta de insultos.
- Quiero que lo intentemos- Le responde.
Esto deja mudo a Joey, ya que era lo que menos se esperaba. No sabe que decirle, no sabe que pensar por lo que se queda viéndolo directamente a esos ojos azules que sabe que ama pero sin decir nada.
- ¿Qué me respondes?- Pregunta Seto, preocupado por el silencio del rubio.
- ¿Por qué?- Es todo lo que sale de la boca del rubio.
- Porque todos merecemos una segunda oportunidad y yo no quiero arruinar este por culpa del orgullo.- Le responde seguro Seto.
Joey no necesita nada mas, se acerca al castaño y le da un casto beso en los labios. Seto responde al beso. Para los dos en ese instante no existe nada ni nadie, sólo ellos dos y ese amor que ha podido traspasar siglos. Lo demás puede esperar.
NOTAS: Espero que les guste este capítulo. Lamento la demora, pero me encontraba atascada en un trabajo que me absorbía mucho tiempo, que no me gustaba y en el cual estaba muy estresada como para poder escribir algo. Ahora que ya no tengo esa presión al fin pude tener inspiración. Muchas gracias a todos los que han seguido este fic y gracias por sus comentarios. Voy a editar los primeros capítulos y espero el próximo capítulo terminarlo antes de un año.
