3
En las culpas del prójimo
En alguna parte del este de China
Carlisle Cullen se desesperaba.
Consideraba que lo más importante en el momento era encontrar a la otra mitad del grupo para notificar los resultados de su expedición en busca de más sobrevivientes. A su vez, no dejaba de pensar en todos los pasos que les habían llevado hasta ese momento tan desesperante, tan falto de piedad y humanidad.
Quedaban muy pocos vampiros y metamorfos, casi al borde de la extinción. A Carlisle le dolía mucho pensar en todos los familiares y amigos que había perdido en las últimas décadas gracias a los Centinelas, sobre todo porque, a pesar de todos sus esfuerzos, nunca pudo hacer mucho para poderles salvar del cada vez más inevitable destino.
Y pensar que todo había comenzado en ese fatídico día…
La nave viró bruscamente hacia la izquierda, provocando que Carlisle de desconcentrara ligeramente de sus pensamientos. Mirando nervioso en derredor, se topó con la mirada de Alice, quien le sonreía nerviosa.
—¿Alguna pista? —le preguntó a su hija adoptiva. Ella sacudió la cabeza en respuesta.
—Los tenía, pero ahora ya no. Su futuro ha vuelto a cambiar y luego desaparecer. Debieron de haber escapado una vez más, porque ahora puedo verles, aunque no logro determinar su posición exacta.
—Eso espero. —Desde los controles de la nave, la voz de Jacob Black le llegó a los dos vampiros que entablaban la conversación. Encargado de pilotar el jet construido a medida para ellos, Jacob también había hecho milagros para asegurar la supervivencia de esta mitad del grupo, a pesar de que también le habría encantado salvar a muchos más amigos y familiares. En especial mi familia, se decía en esos momentos, cuando atravesaba una cumulo estrato para resguardarse de la Muralla China, pues le parecía haber visto dos luces sospechosas. A su vez, mientras Alice se encargaban de estar vigilando el futuro de Rosalie, Emmett, Seth y los demás, él aprovechaba su asiento del piloto para tratar de ver alguna señal allá abajo, cualquier cosa que le llevase ante sus aliados y ante su esposo. El sólo pensar que Seth se las estaba ingeniando allá afuera para conseguir alimentos para todos, le hacía estremecerse. Quería estar con él.
"—Pero necesitamos un metamorfo por subgrupo", le había dicho Emmett, "para que puedan entrar en fase y comunicarse cuando sea necesario. Así incrementamos nuestras probabilidades de supervivencia", se explicó el vampiro semanas atrás, cuando decidieron separarse para cubrir mayor terreno en búsqueda de suplementos. Bajo ninguna otra circunstancia se habría separado deliberadamente de Seth.
Pero él y yo somos los únicos metamorfos vivos o libres en todo el maldito planeta, se dijo Jacob, alimentándose por la pérdida de sus amigos y compañeros de tribu.
—¿Alice? —se atrevió a preguntarle, sólo por si acaso.
—Los he encontrado —respondió ella a la pregunta que el Quileute nunca había proferido en voz alta. De pronto, todos los pasajeros del avión sintieron una mezcla de alivio y felicidad, dado que no habían llegado tarde. Carlisle dirigió la mirada a su otro hijo adoptivo, Edward, mientras le dedicaba una media sonrisa que oscilaba entre lo consolador y lo desesperado. Se sentía sumamente orgulloso de poder haber rescatado a su hijo de las instalaciones de Vancouver, aunque sentía una pena por no haber podido encontrar a más amigos o familiares ahí, dado que dicho lugar parecía más una prisión especializada en humanos traidores y en Anómalos que en vampiros y metamorfos. Le sorprendió descubrir la cantidad de Anómalos que existían en esa prisión, por no decir en el mundo. Quién diría que tantos humanos podían ser capaces de ser vampiros extraordinarios o de engendrar metamorfos. Si Edward hubiese aprovechado para convertir a cuanto humano pudiese… no, se dijo, apartando la idea de la mente, sólo les hubiera asegurado la muerte. Curiosamente, en ese momento no se le ocurría absolutamente nada en qué pensar para decirle a su hijo pues, si bien se alegraban de que el resto de su familia y los amigos estuviesen vivos, para ellos existía ese dolor constante por haber perdido a la esposa y a los hijos. Esme, Jasper, Bella, Renesmée… y los Denali no quedaban atrás.
De igual forma no quería distraerlo, pues sabía que estaba rastreando a los demás por medio de sus pensamientos. Lo único que necesitaba era acercarse lo suficiente a la zona en donde Alice los había visualizado para saber si ya habían llegado o si los necesitaban esperar.
Jacob giró el avión hacia la derecha, siguiendo las instrucciones que Alice, ahora su copiloto, le estaba indicando. Si bien Alice no tenía mucha experiencia pilotando vehículos aéreos, el metamorfo se había encargado de darle lecciones básicas a todos los vampiros —incluyendo al Vulturi Aro, quien se mantenía en lo más recóndito de la nave, incómodo por la liquidación de todo su clan, ya fuese por muerte o, en algunos casos específicos, captura— por si algún día a Jake no le favorecía la suerte.
—¡Ahí están! —exclamó Edward con cierta energía, cosa que elevó las expectativas de todos los integrantes del vehículo. Menos mal que los compañeros contaban con un excelente sistema de defensa. Eso sí, lo que todavía les sorprendía era el saber cómo se podían mover de un lugar a otro más rápido de lo que deberían. Jake siguió con la mirada el punto clave al que Alice le estaba apuntando, por lo que vio a dónde se dirigía: una cordillera de peligrosas montañas, cubiertas casi en su totalidad por niebla y nubes. Casi parecía imposible que los demás estuviesen ahí, a pesar de su inmunidad al frío pero, en eso, lo descubrió. En la ladera de una de las montañas se vislumbraba el espacio abierto de un viejo templo, lo suficientemente grande como para aterrizar, lo que le alegró al Quileute. Niveló el vehículo para que aterrizase con cuidado, cosa que logró.
—Planta baja. Departamento de Vampiros y Metamorfos Sobrevivientes a la Insensata Masacre a Manos de Centinelas —dijo Jacob con cierto sarcasmo, permitiéndoselo tras largas semanas de angustia. Detrás de sí, sólo escuchó las risas sofocadas de un par de vampiros, cosa que le bastó. Otrora se hubiese molestado que no todos hubiesen entendido su sentido del humor. Ahora se sentía agradecido si al menos uno reaccionaba como deseaba.
Mientras estaba apagando los principales motores, Jacob abrió la compuerta para que sus compañeros pudiesen salir a reunirse con la otra mitad del grupo. Alice le preguntó si iba a bajar con ellos, a lo que el metamorfo pidió unos segundos para tranquilizarse. Se llevó ambas mano a la cabeza, pasándose los dedos por el cabello, casi temiendo que éste se enredase en su par de anillos. Si bien Seth había invadido sus sueños y sus pesadillas durante las últimas semanas, deseaba fervientemente que siguiese con vida. Ahora, cuando sólo un jet los separaba de su reencuentro, le entraron ganas de llorar por el alivio que sentía.
Compórtate. No seas un debilucho. Sobreviviste a los Centinelas y tu esposo también. Ve a felicitarle, se dijo mientras se retiraba las manos del cabello y se proporcionaba un par de bofetadas suaves, al mismo tiempo, en ambas mejillas, como para evitar dormirse. Se permitió una inspiración honda antes de levantarse del asiento y dirigirse hacia la rampa para salir del jet.
Conforme bajaba y sentía la fresca brisa que le llagaba de todas direcciones, Jacob no podía contener sus emociones al estar fuera del jet por primera vez en semanas. Estaba muy seguro de que, si fuese humano, ahora mismo las piernas le protestarían por la falta de ejercicio previo.
—¿Están seguros de que en este sitio se encuentra el resto de nuestros aliados? —inquirió Aro, mirando en derredor al resto del templo exterior, como el sitio no le convenciese del todo.
—Edward y Alice nunca han fallado en encontrar a los demás, amigo mío —le explicó Carlisle—, así que no veo por qué no estarían aquí. Recuerda que tienen a Fred de su lado. Seguramente estarán comprobando que no somos Centinelas.
—Así es —intervino Edward, mirando hacia enfrente, donde había unos cuantos peldaños que conducían a la entrada de la parte resguardada del templo. A su vez, desvió su mirada a los pequeños tejados de los quioscos exteriores. Al enfocar su mirada en el que estaba la izquierda de su posición, se permitió una sonrisa.
En eso, la puerta de la zona resguardada se abrió, dando paso a un muchacho con apariencia de veinte años, pálido, alto, de hombros amplios y cabello rubio. Sus ojos estaban más oscurecidos de lo que Jacob o alguien más de su equipo esperaban encontrar. Al observar detenidamente a los cinco recién llegados, Fred se permitió un asentimiento de la cabeza y una mirada hacia su derecha, de donde salió otro muchacho, también pálido, aunque de tono oliváceo, al que Jacob estaba mucho más familiarizado. Le dedicó una sonrisa a Benjamín mientras éste se ponía al lado de Fred. Justo en el momento en que el egipcio recorría a todos con la mirada y esbozaba una ligera sonrisa en dirección a Carlisle y Edward, a la izquierda y detrás del grupo, se escuchó el aterrizar de dos pies sumamente firmes. A Jacob sólo le tomó una inspirada para reconocer que el recién aterrizado no era otro sino Seth, por lo que se giró instantáneamente para verle. Llevaba el cabello más largo y portaba un cinturón lleno de armas blancas, generalmente cuchillos, cosa que le sorprendió. ¿Acaso casi no entraba en fase, al igual que él? ¿Se estarán olvidando ya de ello o se verán impedidos?
—Jake —fue todo lo que pudo susurrar Seth antes de que éste se viese abrazado pro el Quileute mayor, sosteniéndolo contra sí como si fuese le último momento que fuesen a estar juntos. Seth le correspondió el abrazo a su esposo con una fuerza similar, olvidándose por completo que estaban en guerra, expuestos al aire libre y, sobre todo, rodeados de varios vampiros. Nada importó en el momento, ni siquiera cuando Jacob deshizo el abrazo para tomar ambas mejillas de su esposo y besarlo con suavidad pero apasionadamente a la vez.
—Emmett —saludó Alice, por lo que los Quileutes se vieron interrumpidos. Ambos, especialmente Jake, dirigieron la vista hacia los dos hermanos, quienes se abrazaban. El mayor de los metamorfos sonrió en dirección hacia ellos; le agradaba volver a ver al más fuerte de los Cullen.
—Hola, Sansón —le saludó Jake en broma, por lo que Emmett volteó hacia él y le sonrió.
—Bienvenido a nuestro santuario —le respondió el vampiro y, en eso se giró hacia su hermano—. Creí que te habían capturado, Edward.
—Les prometimos que iríamos a buscar sobrevivientes en Vancouver —le explicó Carlisle, quien esbozaba una sonrisa.
—¡Carlisle! ¡Lo logaron! —le recibió otra voz, femenina, cuya dueña bajaba los peldaños en ese momento. La mirada de Rosalie, vivaz y relajada, se encontró con la de todos y cada uno de los recién llegados, inclusive con la de Aro, y les sonrió. Emmett fue a reunirse con su esposa y, al estar al lado de ella, le tomó la mano. Por un momento, toda la preocupación y desesperación por sobrevivir pasó a segundo plano, pues ahora la familia estaba reunida.
O la mayoría de ella.
• • •
—Cuando atacan los Centinelas —empezó a explicar Kachiri, una vez que todos estaban adentro, reunidos en la sala principal—, Seth los percibe con su oído, por lo que yo envío a Rosalie al pasado para advertirnos del ataque antes de que suceda. Con ello, Clarice se adelanta al siguiente punto y nos vamos antes de que sepan que estuvimos ahí.
—Y eso es porque —intervino Seth mientras volvía del sanitario y se recargaba en el marco de la puerta, cerca de donde Clarice se examinaba las manos— nunca estuvimos ahí.
—¿A qué te refieres con que nunca estuvieron ahí? —le preguntó Jake, mirando con desconcierto a su esposo. Si bien se habían preguntado cómo era que Alice podía ver y no ver sus futuros, todos ellos en lugares diferentes, no terminaba de explicarse cómo era eso de estar y no estar a la vez.
—Kachiri envía a Rosalie unos días al pasado a advertirle a los demás del futuro ataque —le explicó Carlisle, dejando todavía más desconcertado al último Black.
—¿Kachiri envía a Rosalie al pasado?
—No. Sólo su consciencia, a su yo más joven. A su cuerpo más joven —aclaró el patriarca de los Cullen. Jake parpadeó un par de veces, intentando asimilar la información.
—Increible. —Fue todo lo que logró responder. Por su cabeza iban pasando infinidad de teorías y pensamientos concernientes a lo que acababa de escuchar. ¿Sería cierto esto del viaje al pasado? Si lo era, ¿por qué apenas ahora, después de décadas de conocer a Kachiri, se iba enterando de que ella podía enviar las consciencias de otros al pasado? ¿Acaso antes de todo este caos no consideraban necesario el dar a conocer esa información?
—Esto podría funcionar, Carlisle —musitó Aro, incluyéndose a la conversación por vez primera desde que bajaron del jet. Hasta ahora se había mantenido reticente, observando desde la periferia. Su intervención provocó el desconcierto de los demás, quienes se miraban los unos a los otros en busca de entendimiento. Era evidente que, lo que sea que Aro y Carlisle sabían, no lo habían compartido con el resto del equipo.
—¿Qué podría funcionar? —inquirió Clarice en el momento, profiriendo la pregunta que todos en la sala se estaban haciendo.
Carlisle se permitió inspirar un par de veces —por nerviosismo, no por necesitar el aire—antes de responder.
—El Programa Centinela fue ideado por un especialista en Genética e ingeniero en armamento militar, el Doctor Christopher Windflower. —Al oír este nombre, las espaldas de Seth y Jake fueron recorridas por escalofríos pues, a pesar de todas las guerras que habían vivido desde aquél lejano periodo, nunca habían olvidado ese nombre—. A principios de los años veinte ya era uno de los diseñadores de armas más importantes. Pero, en secreto, había comenzado a hacer experimentos con los no humanos, vampiros, metamorfos e híbridos vampiro-humanos por igual, usando sus poderes para su propia investigación genética.
"Pero sus experimentos no pasaron desapercibidos por mucho tiempo, dado que una vampiresa había descubierto lo que él estaba haciendo.
—Una vampiresa con la extraña habilidad de poder convertirse físicamente en cualquier otro individuo, fuese de la especie que fuese —intervino Aro, añadiendo ese dato con sumo pesar, como si no quisiese que los demás lo supieran. Tras una breve pausa, añadió—: Atheonodora, la que fue esposa de Cayo.
—Cuando viví aquéllas décadas con los Vulturi, los del clan solíamos llamarla Dora —prosiguió Carlisle—. A pesar de que las esposas siempre estaban protegidas, se me permitía conversar con ellas. De entre todas, Dora fue quien más logró congeniar conmigo. Llegué a verla como una hermana. A pesar de mis discursos sobre la paz y la tranquilidad entre las comunidades mortales e inmortales, su devoción estaba para con su esposo, por lo que se inclinó más por la matanza indiscriminada de humanos para saciar la sed.
"Cuando Windflower terminó la primera versión de los Centinelas en secreto y, con ello, logro derrocar definitivamente a los Vulturi, no sin esfuerzos, en 2021, Dora lo persiguió por todo el planeta. Y, en los Acuerdos de Paz en Múnich, en 2023, tras la rendición de Estados Unidos en el conflicto armado contra Siria y durante la primera exposición del Proyecto Centinela a los más altos gobernantes del mundo, ella encontró a Windflower… y lo mató.
"Fue la primera vez que mató a alguien sin necesidad de alimentarse, en especial con sus propias manos. Pero el matar a Windflower no dio el resultado que ella esperaba. Sólo convenció al gobierno humano de que el Programa Centinela era más necesario de lo que él les había propuesto. Así que ese día capturaron a Dora, la torturaron, hicieron experimentos con ella. En su ADN, ellos descubrieron los secretos de sus poderes de metamorfosis física. Eso les dio la clave que necesitaban para crear armas que pudieran adaptarse al poder de cualquier vampiro y a la resistencia de los metamorfos. Y en menos de setenta años, las máquinas que han destruido a tantos de nuestra especie, así como a la de Jacob y Seth, fueron perfeccionadas.
"Pero todo comenzó aquél día en 2023, el día de su primer asesinato. El día en que realmente se comportó como una vampiresa. —Al terminar su relato, Carlisle pareció sentirse agotado, cosa que no pasó desapercibida a Jacob. ¿Exactamente cuándo pensaba revelarles a todos que el ex novio de su esposo era el principal causante de todo este conflicto, de este apocalipsis? De haber sabido que toda esta situación se iba a desencadenar por ese malnacido, lo hubiera asesinado aquél día, cuando trató de matarlos a ambos en su departamento.
—Quiere volver a ese día. —La voz de Kachiri logró sacar del ensimismamiento a Jake, quien ahora miraba a la vampiresa, al igual que los demás.
—Si puedo llegar a ella e impedir el asesinato, evitar que la capturen, podremos evitar la segunda versión de los Centinelas, quizá hasta conseguir la destrucción definitiva de la primera versión.
—Y dar fin a esta guerra antes de que comience —puntualizó Aro, a lo que Carlisle asintió.
Rosalie miró de reojo a sus demás compañeros, esperando una respuesta a esta aseveración. Sus ojos se toparon con los de Benjamin, quien le miró con el mismo anhelo. Clarice desvió su mirada hacia Seth, quien se la devolvió. Entre ellos también se estaba formulando las preguntas que nadie hacía en voz alta: ¿funcionará? y ¿Kachiri podrá enviar a alguien setenta y pico de años al pasado?
—Puedo enviar a alguien un par de semanas al pasado —se excusó Kachiri—, quizá un mes. Pero ustedes hablan de regresar varias décadas. Tú tienes una mente excepcional, Carlisle, inclusive para ser vampiro, pero la mente no puede extenderse más allá de un límite sin dañarse. Te destrozaría. Lo siento mucho. Nadie podría sobrevivir a ese viaje —puntualizó la amazónica, generando decepción general en la sala. Jake se quedó pensando un poco más en el asunto, atando cabos, generando posibilidades. Sí, era cierto lo que Kachri les estaba diciendo, pero no estaba analizando todas las probabilidades.
En ese momento se sintió más orgulloso de sí mismo de lo que jamás se había sentido.
—¿Y si la mente de alguien puede repararse? —propuso de pronto, provocando que todas las miradas se desviasen hacia él—. ¿Y si alguien pudiera sanar casi tan rápido como se hizo daño, más rápido que un vampiro? —Su pregunta generó un silencio absoluto en la sala, con lo que se empezó a preocupar de que su idea no fuese realmente convincente.
Pero, justo en ese momento, se equivocaba.
• • •
—Asegúrate de que esté bien cerrada, Jake —le sugería Seth a su esposo mientras Clarice, Emmett, Rosalie, Alice, Fred y Benjamín salían por la puerta, dirigiéndose a la zona exterior a ocupar los puestos que habían discutido en los últimos minutos. Adentro sólo se quedaban Edward, Carlisle, Kachiri, Aro y, por supuesto, Jake. Necesitaban que los que tenían habilidades ofensivas, fuesen psíquicas o físicas, defendieran la zona resguardada desde el exterior.
Jake tenía entre sus manos un barrote, capaz de asegurar la puerta una vez que estuviese cerrada. Sonreía ligeramente a Seth mientras asentía en señal de respuesta.
—Cuando vuelva a despertar en este cuerpo, estaremos en un mejor futuro —le aseguró a su esposo antes de inclinarse hacia él y darle un largo, lento y suave beso de despedida, en el que ambos se deseaban la mejor de las suertes.
—Espero que vuelvas sano y salvo a nuestro pasado y que regreses a un excelente futuro, Jake —le deseó Seth, casi al borde de las lágrimas, mismas que se aguantaba porque sabía perfectamente que no era el momento para volverse tan sentimental.
—Ocknehk markwanta eo`likne nanairti —le respondió Jake, posiblemente por enésima vez en tantos años que llevaban de matrimonio. Esto le provocó una cálida sonrisa a Seth, quien se olvidó momentáneamente de sus ganas de llorar.
—"A pesar de la adversidad del mundo, tú eres mi fuerza" —tradujo Seth a pesar de que, entre ellos dos, no era necesario hacerlo. Se permitieron un último beso antes de que Seth empezara a retroceder para tomar su posición en el exterior.
—Recuérdalo cada momento en que yo me encuentre en el pasado, Seth. Recuérdalo bien. Lo recordaré durante cada segundo de mi ausencia. —La voz de Jake se fue quebrando conforme se acercaba hacia el final de su última oración. A pesar de que definitivamente se reencontraría con la versión joven de Seth, sabía que no iba a ser lo mismo. El Seth de 2023 no había experimentado absolutamente nada de todo este horror; nadie en 2023 sabía sobre los Centinelas —excepto, como reveló Carlisle, los en ese entonces ya derrotados Vulturi—, nadie de ellos podía siquiera imaginar lo que se avecinaba. Ni siquiera Alice, dado que ella no era un Centinela y, de ninguna manera, podría visualizar el peligro inminente.
Ambos Quileutes se miraron amargamente mientras cada quien tomaba su camino. A pesar de ello, Jake miró con orgullo a su esposo mientras él tomaba su posición. Y pensar que antes él era muy emocional y lloraba a la menor provocación, pensó Jake con cierta nostalgia, esbozando media sonrisa ante el recuerdo de sus primeros meses sin definir la relación, durante todo el conflicto con la llamada Victoria, durante el embarazo de bella —se obligó a quitar esta línea de su mente, pues no estaba listo para recordar a su mejor amiga de toda la vida— y los años que le siguieron a ese drama.
Con una última mirada hacia Seth, Jake cerró definitivamente la puerta. Su corazón empezó a desbordarse debido al miedo y la excitación. Sabía que no debía demorar mucho más su partida, de modo que aseguró la puerta con el barrote y regresó a la cámara principal, donde los cuatro vampiros le estaban esperando alrededor de una especie de mesa hecha con piedra, tan parte del templo como cualquier otra construcción adyacente, dentro o fuera de la habitación.
—Voy a despertar en mi cuerpo de entonces, no tengo ni idea de en dónde, ¿y luego? —inquirió Jake. Sabía que desconocía su posición en 2023, dado que los Cullen fueron generosos en pagarles a los muchachos el viaje por su décimo aniversario de bodas. A su vez, recordaba vagamente que, durante varios años indeterminados, los Cullen habían dejado Forks porque ya levantaban sospechas por su eterna juventud.
—Tendrás que ir a Denali a buscarme —Ah, Denali. Sabía que no estaban en Forks para 2023, se dijo Jake, aliviado con la información—. Tendrás que convencerme, convencernos, de todo esto.
—¿Y Edward no podrá simplemente leerme la mente? —inquirió Jake, pensando en una solución más práctica.
—En ese entonces no pensábamos ni siquiera en la posibilidad de que los humanos conociesen nuestra existencia, mucho menos que pudiesen destruirnos —explicó Edward, a apareciendo en el campo de visión de Jake y cruzándose de brazos—. Claro que me encantaría prevenir a mi yo más joven de tu llegada, así la asimilación sería más efectiva.
—De modo que tendrás que hacer por nosotros lo que una vez hicimos por ti —reanudó Carlisle, parándose ante Jake y colocándole ambas manos en los hombros en un gesto paternal, cosa que conmovió a Jake a pesar del tacto gélido del vampiro—. Dirígenos, guíanos, instrúyenos con tu conocimiento, experiencia y prudencia. Recordarás que nosotros éramos muy… dóciles en aquél entonces.
De pronto, Jake, soltó un ligero bufido. Nunca fui un bien líder, pensó para sí.
—Confiamos en que podrás ser un buen líder esta vez —le respondió Edward. A pesar de conocerle por décadas, Jake se olvidó por completo que su amigo podía leerle la mente—. Después de todo, el futuro de todos dependerá de ti.
—No se me olvida que alguna vez fuiste un poco impaciente y enojón —prosiguió el patriarca de los Cullen, sonriente—. Tendrás que tenernos paciencia, sobre todo porque Alice no podrá ver el futuro que dices, como ya sabes. Los Centinelas le bloquean esa posibilidad.
—La paciencia no es mi fuerte —masculló Jake, reconociendo que, aun en este futuro, tenía problemas con la paciencia, a pesar de ser ya un hombre maduro y experimentado en la vida.
—También me necesitarás a mí —se inmiscuyó Aro, provocando el desconcierto de Jake.
—¿Qué? —inquirió el metamorfo.
—Atheonodora fue una gran parte de mi clan, a pesar de que nunca dejamos salir a las esposas de la torre, excepto aquélla vez en que… bueno, ustedes saben, del malentendido con Renesmée. Siempre reconocí el talento de ella y la instruí con pensamientos que ahora reconozco como peligrosos. Odiábamos a los humanos, salvo a la hora de alimentarnos. Como sabrás, eso sólo avivó el odio que adquirió por Windflower una vez que nos exterminó al clan y a la guardia con sus primeros Centinelas. Será necesario que Carlisle y yo estemos unidos, lado a lado, cuando no podríamos estar más separados en nuestras vidas.
Jake miró insólito a Aro. Si lo que decía era cierto —aunado al hecho de que el clan Vulturi ya había sido destruido para entonces—, entonces al último de los Black le quedaba muchísimo por hacer en el pasado, cosa que le empezó a preocupar de más. Miró de lleno a Carlisle, quien asintió, corroborando las palabras del vampiro italiano —ni sabía si realmente era italiano o no, y ni le interesaba, sólo sabía que ahí tuvo él su clan—.
—Genial —masculló Jake—, más tarea. ¿Y a ti en dónde te podré buscar en el pasado?
—Bueno… —empezó Aro, perdiendo de pronto toda la elocuencia con la que siempre se había expresado—, es complicado.
A Jake no le quedó más remedio que asentir ligeramente. Si las versiones jóvenes de los Cullen sabían en dónde se hallaba Aro en ese entonces, le bastaría para empezar la búsqueda.
Carlisle le dedicó una leve sonrisa y un par de palmadas en los hombros antes de solarle y dejarle acomodarse en la mesa de piedra, cosa que Jake hizo con movimientos lentos aunque no torpes. Si sentía miedo en ese entonces, no lo dejaría ver. Se colocó boca arriba, inspirando lenta pero profundamente. Por la parte superior de su vista logró ver que Kachiri se colocaba en su posición designada, junto a su cabeza. Por la periferia de sus ojos notó ambas manos de la vampiresa, una a cada lado de sus sienes.
—Básicamente, tu cuerpo estará dormido mientras tu mente viaja en el tiempo —le explicó Kachiri con un tono que denotaba su experiencia en la instrucción a otros—. Mientras estés allá, el pasado y el presente seguirán coexistiendo. Pero —Kachiri se permitió una pausa dramática o, quizá, no sabía cómo plantear la situación—, una vez que despiertes —otra pausa—, lo que hayas hecho permanecerá y se convertirá en historia. Y, para el resto de nosotros, será la única historia que conoceremos. Será como si los últimos setenta y algo de años nunca hubiesen ocurrido. Y este mundo, esta guerra, esta masacre, será únicamente recordada por ti.
Jake se quedó absorto, con la mirada en el techo, mientras sopesaba toda la información que había recibido. Se empezaba a preguntar si su ofrecimiento realmente valdría la pena o si era sensato. Intentó no pensar en ello pues, ahora mismo, todo el futuro dependía únicamente de él. Tenían que detener a Atheonodora. Y, si puedo, matar yo mismo a Windflower una vez que hayamos destruido sus malditas máquinas, se atrevió a fantasear, descartándolo en el momento. Aunque odiara con todo el corazón a ese humano, Windflower no podía morir. Irónicamente, él debía vivir para que los vampiros y los metamorfos también lo hicieran. Pero, ¿por qué jodidamente él, específicamente él?
Porque lo dejamos vivir aquél día. Seth y yo condenamos a nuestros hermanos y a los vampiros al tener piedad de él.
—Muy bien, Jacob, necesito que despejes tu mente y que te relajes todo lo posible —le pidió Kachiri.
—¿Qué quieres decir? —inquirió Jake.
—Si tu mente está agitada, me será más difícil sostenerte y, por ello, podrías desplazarte entre pasado y futuro.
—¿Y si necesito agitarme un poco? —le preguntó Jake, esbozando una sonrisa mental. Disfrutaba con la posibilidad, aunque no sin reconocer el riesgo que la amazónica le estaba explicando.
Kachiri se tomó sus segundos antes de responder.
—Piensa en cosas relajantes —le propuso, lo que preocupó seriamente a Jake. Lo único relajante en lo que podía pensar en ese momento era en su esposo, aunque él estaba allá afuera, protegiéndolos, arriesgándose.
—Cosas relajantes —repitió Jake, más para esforzarse en hacerlo que por enfatizar la sugerencia de Kachiri—. ¿No tendrás alguna buena noticia?
—Pues, como no envejeces por estar entrando en fase, lucirás prácticamente igual. Quizá ligeramente más joven, dado que ya sé que últimamente ni Seth ni tú han entrado en fase. Sí, ya conozco las historias de tu tribu. Nos las contaste hace unos cinco años.
—Sí, reanuda el envejecimiento tras un periodo prolongado sin metamorfosis —comentó Jake por lo bajo, perfectamente consciente de que todos en la sala le escuchaban a la perfección.
—No podrás estar mucho tiempo en el pasado —le explicó Edward a Jake, por lo que él desvió sus ojos hacia él a pesar de que el joven Cullen se colocó en su línea de visión, a su izquierda—. Los Centinelas nos encontrarán. Siempre lo hacen.
—Y esta vez no podremos huir —puntualizó Kachiri—. No tendremos escapatoria. —Hizo una última pausa, durante la cual Jake pudo ver que, en los ojos de ella, aparecía un súbito miedo y preocupación inminente—. Es nuestra última oportunidad, Jacob Black.
—¿Realmente crees que funcione? —inquirió Aro, reutilizando su dicción habitual.
—Tengo fe en él —le respondió Carlisle—. Como Alfa, y con el paso de los años, desarrolló una capacidad de sanación increíble, casi instantánea. Sobrevivirá al viaje, estoy seguro. Además, Jake tiene madera de líder, aunque lo niegue.
—No me preocupa él, sino nosotros. Estábamos ciegos ante los pasos de los humanos, los menospreciábamos. No sabíamos que todo esto se estaba maquinando…
—Ahora lo sabremos —puntualizó el patriarca de los Cullen, provocando un silencio general en la sala. Seguramente todos estaban pensando en la posible futilidad del enorme esfuerzo que todos estaban realizando en este momento o, quizá, ya ansiaban conocer el nuevo presente, a pesar de que ni siquiera podrían recordar que alguna vez fueron partícipes del actual.
Entonces, en ese momento, a Jake le preocupó seriamente el hecho de ser el único en el planeta capaz de recordar los horrores provocados por el genocidio de No Humanos.
—Los veré pronto. —Fue todo lo que el metamorfo les pudo decir a los vampiros. No le molestaría admitir que, en ese momento, se sentía más asustado de lo que se había sentido hasta el momento.
—Tal vez te arda un poco —le advirtió Kachiri y, momentos después, Jake sintió que la cabeza se le inflamaba dentro del cerebro y que, en cuestión de minutos, podría abrírsele como una nuez y estallar en mil pedazos.
Jake grito mientras un vórtice de luces y una fulminante luz blanca le entorpecían el resto de los sentidos.
