Capítulo 2
Al despertar, salió de entre las confortables sábanas que lo cubrían y aún adormilado, estiró los brazos, recibiendo la luz del sol que se colaba por las cortinas de su habitación.
Ese día pintaba para ser bastante interesante, así que reunió toda su energía y salió de la cama para alistarse. Tomó un buen baño, se vistió y ajustó la corbata del uniforme al mirarse al espejo y… no, definitivamente nunca terminaría de acostumbrarse a ese pedacito de tela tan incómodo, así que lo deslizó con suavidad por su cuello y lo aventó sobre el colchón.
Se peinó un tanto el flequillo con los dedos y bajó corriendo las escaleras rumbo a la cocina para desayunar.
Se sirvió su cereal favorito y su madre le rebanó en trocitos una manzana para añadirla al desayuno. Su padre se sentó también para tomar el primer alimento del día y le acarició el cabello al muchacho, preguntándole como de bien iban sus notas. Él sonrió y aseguró que todo estaba en orden, debía estarlo puesto que consiguió un aumento en su mesada después de haber gastado sus ahorros en ciertas clases particulares por la tarde.
La verdad estaba un tanto ansioso por que las mismas comenzaran después de las clases de su instituto, así que su día empezó con más ánimos, motivado por hacer algo que le gustaba tanto.
Miró de reojo la hora en su reloj de pulso y al percatarse de la misma, despidió a sus padres apresuradamente y salió rumbo a la escuela, debía darse prisa y encontrarse como cada día a su mejor amigo en la parada del autobús.
Pasó por la casa de los gemelos y la miró largamente, el garaje estaba abierto ya tan temprano, seguramente Saga salía a hacer algún pendiente, pues dudaba que el menor de ellos estuviera cerca de despertar. Eso le sacó una sonrisita burlona antes de apresurar el paso hacia su destino.
— ¡Camus! —
Tal y como pensaba, un par de cuadras antes pudo notar una cabellera pelirroja, por lo cual llamó a su amigo y levantó una de las manos para saludarle.
— Te tardaste. — Respondió el muchacho francés, acercándose un poco a Milo.
—Ehh~ ¿Qué clase de palabras descaradas son esa, Cam?. — Alegó Milo un tanto juguetón, torciendo la boquita y arqueando una de las cejas.
Camus le sonrió de forma muy leve, como pocas veces hacían frente los demás. A pesar de lo que pudiera parecer a simple vista, a Camus le costaba mucho salir de la cama por la mañana y por eso se quedaba unos minutos más descansando, con el pretexto de poder tomar el autobús cuando bien podía hacer el recorrido a pie con Milo, quien no tenía problema en levantarse a tiempo. Milo conocía bien a su amigo y por eso decidió acoplar su horario y acompañarle en el autobús cada mañana.
—Nadie te obliga a venir conmigo de cualquier forma Milo. —
—Eso dices, pero te aburrirías sin mi cada mañana. —
—O quizás disfrutaría de una lectura silenciosa de camino a la escuela. —
—Traidor~. —
Y entonces Milo le correspondió la sonrisita traviesa, sin duda su amistad era muy curiosa y los demás no dejaban de preguntarse como ese par tan abismalmente diferente podía congeniar tan bien.
Luego de abordar el transporte, la mañana pasó bastante a prisa, y Milo no parecía perder las energías. Cada cambio de hora se paraba para estirarse y mirar por la ventana, molestar a Aioria al darle un pequeño zape al pasar o picarle las mejillas a Mu, uno de sus compañeros…pues parecía siempre tener esa apariencia "esponjosa" que era difícil ignorar.
—Discúlpalo, Mu… parece que hoy amaneció con más entusiasmo de que costumbre. — Añadió Camus al pasarle una copia de unos ejercicios a su compañero, pues le tocaba repartirlas a pedido de uno de los profesores.
El aludido solo asintió en agradecimiento a Camus al tomar la hoja para la tarea de mañana.
—Descuida…no sería Milo sin esas energías, además no me molesta. —
—Pues a mí si me molesta, a veces se pasa de fastidioso. — Añadió Aioria al agregarse a la conversación.
—Dime, Camus… ¿Qué mosca le picó? Tú debes saberlo, es tu mejor amigo. —
El pelirrojo suspiró cansado, al ser tan unidos, los demás solían preguntarle sobre Milo más seguido de lo que le gustaría.
—No tengo idea, quizás está barruntando mal tiempo. —
Sus compañeros rieron de buena gana ante el comentario y Camus se retiró a dejarle sobre el pupitre la última copia a su inquieto amigo, quien salió del salón sin que pudiera si quiera percatarse. Quizás se había adelantado a cambiarse pues tocaba deportes, así que el pelirrojo se encaminó a los vestidores. Cuando llegó, se le hizo curioso no ver ahí a Milo. Cuando salió al fin junto a varios de sus compañeros, se encontró con que el muchacho estaba en el patio haciendo algunos estiramientos. A Milo le encantaban los deportes así que no era de extrañarse, pero ni siquiera lo había esperado. Parecía…como ansioso, o algo por el estilo.
Antes de que Camus pudiera preguntarle algo, el instructor de deportes les pidió se organizaron en pares con el propósito de hacer algunos ejercicios. Ni bien terminaran de darle las instrucciones, Camus esperó a que Milo llegara a su lado para realizar tales tareas juntos, pues estaba siempre implícito que eran compañeros de equipo…pero su sorpresa fue grande al notar que el rubio muchacho había hecho par con Aioria. El francés terminó entonces sentado en el suelo, siendo empujado de los hombros por Afrodita, quien se distraía por nada y por todo a la vez, haciendo que esa forma para ayudarle a estirarse fuera bastante incómoda. Lo peor es que sería una tontería reclamarle a Milo por no haber acudido a él en primer lugar…no es como si tuvieran un acuerdo sellado y firmado de exclusividad en deportes o en la actividad que fuera.
De camino a casa junto con su amigo, el pelirrojo decidió no apresurar las cosas. Si Milo tenía algo en mente que le hiciera ponerse tan…arrebatado, o al menos más de lo usual, él mismo acabaría por contárselo cuando menos lo pensara. Así era Milo, y respetaría entonces sus razones por guardarse para él ciertas cosas, después de todo él hacía lo mismo por muy amigos que fueran desde prácticamente toda su vida. De cualquier modo, lo mejor sería comportarse como siempre, con normalidad, así que decidió a hacer planes estando ya libres de las horas de clase.
—Debo pasar a la librería del centro…después podemos ir por hamburguesas, ¿Te parece?
Milo tardó un momento en contestarle, pues al parecer estaba entretenido con su celular, presuntamente enviando algún mensaje.
— ¿Cómo dices Camus? ¡Ah! Hamburguesas…suena bien, pero tengo algo que hacer ahora mismo, después hablamos ¿Si? —
Le sonrió de la forma más amplia que pudo antes de despedirse, dejando a un confundido Camus de pie en su lugar mientras le veía correr en dirección opuesta. Sí que era extraño, pero le dejaría a sus anchas, ya terminaría enterándose de lo que sucedía tarde o temprano…y aun así, tratando de auto convencerse de que todo estaba bien, no pudo evitar sentirse un tanto incómodo y hasta solitario de pronto. Estaba bastante acostumbrado a que su mejor amigo siempre volcara toda su atención hacia su seria persona. ¿Acaso lo habría aburrido? En todo el camino hacia la librería, se quedó pensando en tal probabilidad…una que no le era para nada agradable.
Comentarios de la Autora: Quizás fue algo corto pero no he tenido mucho tiempo para escribir… pero sí que tenía muchas ganas de introducir al elegante hielito en la historia. ¿Qué sería Camus sin su mejor amigo? Yo no lo culparía por sentirse algo abandonado cuando el precioso bichito no le presta la atención de siempre, y cuando se entere del culpable de tal distracción…Pobre Cam, no me gusta maltratarlo pero es por una buena causa, creo yo.
Saluditos a todos y en especial a Lissett Jimenez, agradezco tus palabras, ¡gracias por seguirme! El próximo cap estará lleno de participaciones de nuestro querido y 'malvadamente malvado' y a la vez carismático Kanon para compensar. Cambio y fuera.~
