Muchas gracias por los rewievs! Enserio me han llegado al fondo del corazón!

Cuando lo empecé a escribir era por no poder soportar más la idea en mi cabeza sin platearla en el papel, pero en el momento quie se me cruzó por la cabeza el publicarla, me asusté bastante. ¿Por qué la vas a publicar, no ves que la mayoría de las "Venezuelas" son chicas? No te lo van a aceptar Sin embargo, luego pensé que Internet es un medio "libre" (en sospecha desde Snowden) y hay cada publicación más tonta solo hay que revisar Youtube. Entonces, la única que se estaba censurando era YO. Aún así, lo publique con apresión, por lo tanto, los rewievs que me han llegado han avivado mi deseo de seguir escribiendo, así como evaporado mi miedo, por eso y con el riesgos de parecer japonesa repito a todos los que me han leido como a los que me mandaron sus opiniones: ¡Muchas gracias, realmente ayudan!

Y ahora después de un monologo interno muy largo, me adentro en las aclaraciones del capitulo indispensables para su completa compresión: se nombrarán a otros países de Suramerica por su nombre humano que les he dado yo porque Himaruya no se puesto a inventarlos aún.

Jaime/Colombia (se llama así porque me han dicho que es un nombre común en el país vecino, pude llamarlo Francisco por el General Santánder pero desde que me estoy leyendo "El General en su laberinto" le estoy agarrando una manía a Santánder, sorry por si algún colombiano/a me lee, no es con animo de ofender).

Juan Jose "Juanjo"/Ecuador (por Juan Jose Flores, 1º presidente de Ecuador, venezolano por cierto).

Manco/Perú (Emperador Inca que casí expulsa a los españoles).

Andrés/Bolivia(por Andrés de Santa Cruz y Calahumana militar y presidente de Bolivia).

Lucía/Pamaná (la razón, me gustó el nombre, nada más, llaménlo "licencia poética").

Teodoro Palacios (Teodoro significa regalo de Dios y Cristobal Colón cuando llego a las costas venezolanas pensó que era el paraíso. También puede ser visto desde la ironía. Palacios era uno de los apellidos de Bolivar).


- Yes, I know. Thank you very much.

- Ya te dije que no necesito tu ayuda-protestó el moreno.

US lo miró, este se hallaba en cama, sentado con ayuda de una almohada en su espalda, arropado hasta la cadera, con los brazos en jarra y cara de pocos amigos.

Después del incidente Jones estuvo insistiendo repetidamente en llevarlo a un hospital cercano, más Palacios se negó en rotundo al recordarle lo perjudicial que sería para ambos que la noticia arribara a oído de todos los mandatarios: el acabose, por lo menos para el latino.

- ¿Te parece que desmayarse sea una cuestión de todos los días?-ahora le tocaba al norteamericano regañarlo por su estúpido comentario.

- Teodoro lo miro con sus ojos verdes azulados. No sabía cómo rebatir a tal cuestión.

- ¡Que difícil fue localizar un medico que hiciera visitas a domicilio un feriado!-dijo más para sí mismo que para su interlocutor- Únicamente me quedaré esta noche- expresó volteando la cara hacia el enfermo- Mañana llegarán los resultados. Me imagino que con cuidados médicos será suficiente para que te recuperes.

- Sin embargo, tu medico me informó que hace mucho que no ibas a una consulta ¡Eso está mal, debes visitar al doctor cuando te sientas mal!-continuó con un tono y gestos de reprobación.

- ¿Qué eres ahora, mi padre?- habló el otro hombre desde la cama, apoyando el brazo en su pierna, tocando su mejilla con la palma de mano y entre cerrando los ojos en signo de hastío.

Alfred suspiró, intentando ser paciente. Se acaricio los cabellos con la mano para aplacar el enojo que le hacía sentir la actitud incoherente del otro - A veces me pregunto si sería bueno que te dejará ¿Cómo se que te vas a tomar las medicinas?

- No lo sabes-admitió el latino con una indiferencia que a Jones le pareció irritante.

- I'm going to sleep. You should do it too. Voy a estar en el cuarto de al lado.

- Ok.

Cuando E.E.U.U cerró la puerta tras de sí, Palacios se deslizó hasta quedar con los brazos en la almohada y las manos sosteniendo su cabeza y soltó un largo y tendido suspiro.

Al país caribeño no le molestaba la presencia de las personas, le encantaba invitar y que su casa estuviera llena de gente. Pero esta situación era desesperante, se sentía como un enfermo terminal dependiendo de Alfred. Con su manía de ser el héroe, el salvador de los más pobres y necesitados. Más él no requería de uno. No quería convertirse en un parasito ¡Y menos de él! ¡Él era Venezuela, carajo! ¡Quien libertó parte importante de América, quien le dio una existencia a Jaime, Juanjo, Manco, Andrés y posteriormente a Lucia! Ese giro de acontecimientos fue extraño, no lo previo. Curioso. Si se ponía a analizar… ¡Se estaba yendo por las ramas! La cuestión era que él había logrado cosas que muchos desearían, demostró así mismo como a los demás su valía, y ahora cada día era un pesar, un infierno, violado cada vez que tomaban una decisión sin consultárselo, se había convertido en un mero objeto accesorio, sin fuerza para contrarrestar, sin voluntad, sin voz para aclamar. Una mina de oro para todos, el patio trasero de los demás, mermándole las fuerzas día tras día: una pesadilla.

¿Dónde habían quedado esos días de gloría, de admiración? ¿De dolor de cabeza para España? ¿El modelo a seguir? ¿El desatador de la revolución latinoamericana? ¿Aquella colonia que no era nadie y que fulgurantemente acabó con una parte del "Imperio donde no se pone el Sol"?

No era nadie.

Al volver a la realidad, se percató de su mirada nublada, de la sal adherida a sus mejillas y de una furia que iba invadiendo su cuerpo, que lo hizo retorcerse con violencia, apretando los puños, chirriando los dientes.

¿Que pensaría Bolívar y el resto de los próceres si lo vieran en ese estado?

Se revolvió como tigre enjaulado, con los dientes y ojos fuertemente aprisionados, se jalo los cabellos, se rasguñó la cara y los brazos, agarró la almohada y la mordió para no gritar del dolor, de rabia y de impotencia.

Por otra parte, en el cuarto contiguo, Alfred se quitó las prendas quedándose en ropa interior, se sentó en la cama, agotado, preocupado porque aunque le dijo al venezolano que se iría mañana tenía el presentimiento que Teodoro se encontraba en una situación delicada de cuidados continuos y vigilados ¿Por qué no acudió antes? Si algo le pasaba no se lo perdonaría por ser tan descuidado ¿Por qué su familia no lo ayuda? Tanto había hecho el por los demás y, ¿así se lo agradecían?

Golpeo la cama repetidas veces para ahuyentar el mal humor sin despertar al dueño de la casa. Dejó los lentes en la mesita de noche, apagó la luz y se dio la vuelta. Pensó en lo mucho que había cambiado su amigo en este tiempo ya no se reía ni hacía bromas, refunfuñaba. Sonrió con gracia al recordar lo vanidoso que era, lo difícil que era salir a tiempo con él por su complejo de estar SIEMPRE perfecto. Ah, pero cuidado ÉL ya era PERFECTO. Y su expresión mutó a una más dulce rememorar lo bien combinado que estaba, ropa de primera calidad; limpio, pulcro, uñas bien cortadas, pelo brillante y sedoso, perfume…delicioso.

La noche estrellada dio pasos agigantados a la mañana. El Sol, con fuerza, expulsó a la oscuridad, y mezclándose con la atmosfera sus colores desató, revistiendo el cielo como un arcoíris. Los pájaros le cantaban al nuevo día y el viento traía los ruidos de una cuidad ya despierta hace horas.

Alfred F. Jones despertó temprano, bien descansado, alegre y relajado. Observó el cambio sufrido por la habitación en unas horas, únicamente por la variación de la luz. Se paró, se puso la ropa que había dejado colgada y bajo en silencio a la entrada.

Entrejuntó la puerta que daba a la calle, dirigió su vista al cielo matinal, oyó los ruidos que provenían de la capital, sintió la brisa en su piel- Tienes un clima primaveral espectacular.

- Si no me puedo quejar, por lo menos en Caracas no.

Estados Unidos viró la cara hacia la puerta, hallando a Venezuela apoyado en esta.

- Good morning- saludó con una mueca alegre.

- Morning-saludó cortés pero serio.

- Ah… ya me voy- musitó rascándose la cabeza, sin poder mirarlo directo a los ojos por mucho tiempo. No adivinaba porque pero su expresión de póker le imponía.

- No primero desayuna-una cosa era estar incomodo, pero otra era ser descortés y ese término entraba en conflicto con su naturaleza.

USA deshizo sus pasos hasta donde estaba Venezuela, se detuvo frente a él, lo miró directamente a los ojos haciendo que el Océano Atlántico y el Mar Caribe se encontraran. Como hipnotizado, Teodoro asintió levemente y reanudó la marcha hacia el interior, caminando lento y con la mirada perdida.

- Teo, ¿necesitas ayuda?- preguntó con amabilidad el americano, pero el latino al recordar el diálogo que había mantenido consigo mismo, rechazó el gesto- Bueno entonces prepararé el desayuno- sugirió mientras el moreno se sentaba en una silla y al ver que el otro no respondía, lo tomó como una afirmación. Pero, al abrir los cajones y estanterías uno detrás del otro se dio cuenta, con pesar, que iba ser difícil convertir sus palabras en realidad- Emm, Teodoro, no hay comida-aclaró con su cabeza metida dentro de un estante y su mano buscando inútilmente algo en su interior.

- Mierda, se olvidó ir al supermercado-contestó acodado y sus manos sosteniendo su cabeza- Espera, creo que hay unos huevos en la nevera.

- Perfecto, después haremos las compras.

- ¿Haremos?

- Sí mi vuelo sale a las 10 así que nos dará tiempo.

- A ti se te olvida que voy a trabajar, ¿o qué?

- No deberías ir a trabajar en ese estado.

- ¡¿Tú quien eres para decirme que hago o no?!-gritó bastante enojado, atravesando con la vista a su amigo ¿Ahora él le iba a dar órdenes como si fuera un esclavo? ¡Eso sí que no!

La tensión se levantó en la habitación, como ambos países se miraban. Esto no era una actuación en una conferencia: Teodoro se encontraba sumamente enfadado y a Alfred la paciencia se le acababa.

- Buenos días señor Teodoro, ¿Cómo pasó el fin de semana…?-saludo un mujer morena, regordeta y sonriente, que al ver el escenario predispuesto para una batalla campal, se asustó- Pero, ¿qué pasa aquí?

Los hombres, ante la súbita aparición voltearon sorprendidos, regresando a la realidad.

Nada- dijo Palacios, sentándose de frente a la mesa, con una mueca amarga, los ojos enfocados en el reflejo que le regalaba la cerámica y arreglándose un mechón de pelo por detrás de la oreja- Buenos días, señora Yusmelis-la miró de soslayo.

Por su parte, Estados Unidos le dio la espalda a la nación caribeña y se concentró en su labor.

- Hace mucho que no lo veía por aquí- comentó Yusmelis acercándose a Jones.

- Lo mismo digo.

- Y dígame, ¿qué lo trae por aquí?

- Ay señora Yusmelis, usted siempre igual de curiosa.

- Yo diría chismosa- farfulló Ilibarre irritado.

- ¿Desde cuando es así de simpático?- mencionó Alfred haciendo hincapié en la última palabra.

- Bueno desde hace algún tiempo que anda con ese malhumor de aquí pa'lla.

- ¿Sí? Porque sabe que vine a visitarlo ayer, vomitó sangre y se desmayó.

- ¿Otra vez botó sangre?

- ¡¿Cómo?! ¡¿No es la primera vez?¡

- No…- el americano movió rápidamente la cabeza con una mirada entre preocupada y enfurecida hacia el susodicho.

- ¿Qué está haciendo?-preguntó nuevamente la mujer para apaciguar la crispación del momento.

- El desayuno.

- ¿Solo eso?

- No había nada más.

- Creo que hay harina. Hare arepas.

- Excellent.

- Pero yo tengo que ir a trabajar-puntualizó el venezolano para que se acordarán que también estaba allí.

- Con ese aspecto de enfermo no- advirtieron los otros dos.

- Ahora todos quieren ordenarme la vida-suspiró con cansancio.

Durante toda la comida, USA no dejaba de revisar su reloj instintivamente, el doctor tenía que arribar con los resultados pronto, él sabía por experiencia que la idiosincrasia venezolana y la relatividad del tiempo iban de la mano. Sin embargo, su naturaleza estadounidense y los años sin pisar dicha tierra, lo habían acostumbrado a que las palabras son literales y exactas.- Ah, por fin esta aquí- mencionó alegre al oír el timbre.

- ¿Quien?- cuestionó su amigo.

- El médico.

Alfred saltó de la silla y corrió hacia la puerta antes de que Yumelis la abriera y Teodoro lo entretuviera.

- ¿Qué hay doctor?-saludó al dejarle pasar a la casa.

- Pues no muy bien, los resultados no son nada alentadores.

- ¿Así?

- Sí mire- se los pasó y le empezó explicar mientras la cara de Alfred se iba contrayendo de preocupación a desesperación a ansiedad, sus ojos se iban ensanchando y perdiendo su felicidad característica para ser sustituido por un brillo asustadizo- Por esta razón necesita de una vigilancia constante y continuada, alguien que esté a su lado todo el tiempo.

- Yo me encargaré, doctor- exclamó con determinismo.

- ¡¿QUÉ?!-gritó el paciente que recientemente acababa de llegar- ¡¿CÓMO?!

- Usted se encuentra en una situación delicada, como mínimo debe aumentar de peso está bastante por debajo de las valores normales.

- ¡¿Pero doctor?!

- Gracias por todo, después mandaré a que compren los medicamentos- le aseguró E.E.U.U poniéndole una mano en el hombro al experto.

- ¡¿Pero no me puede dejar así, doctor?! ¡Puedo cuidarme sin ayuda de nadie! ¡Debe haber otra solución!-Vociferaba el enfermo detrás del médico, mientras este se dirigía a la salida, haciendo gestos incomprensibles.

- Sí la hay- confirmó al final.

- ¡¿Sí?¡ Dígame- dijo juntando sus manos en actitud religiosa y observando al doctor como si de un santo caído del cielo se tratara.

- Ir al hospital, y que la noticia corra de boca en boca.

Teodoro juró escuchar un vidrio quebrarse en mil pedazos con tal declaración. Y Jones presenciaba la escena con una gran pena interna- Teodoro, ¿tanta repulsión te causo?-era la pregunta que se repetía como disco rayado en su cerebro.

- Que tenga buen día señor Teodoro- el médico se despidió alegre sin la menor sospecha, que, a su partida, la disputa estaba sembrada.

Venezuela guardó las formas hasta que vio al doctor alejarse. Una vez llegado a este punto descargó parte de su furia- ¡¿ESTAS CONTENTO?!

- ¡SÍ, SI LO ESTOY!-expulsó de igual manera, dejándose llevar por lo que sentía en aquel momento.

- ¡Yo estoy bien!

- ¡¿Así?!

- ¡Sí!

- ¿Puedes hacerlo todo tu solo?

- That's rigth.

- Entonces, ¿porqué no vas a tu cuarto duermes un poco más, ya que es tu día libre?-explicó señalando la escalera.

Al ver la escalera ascendente, Teodoro tragó saliva, más no iba a dejarse ganar tan fácilmente- Prefiero dormir en el sofá es más cómodo.

- ¿Sí?

- Por supuesto-escupió altanero.

- Claaaro. Señora Yusmelis, dígame el señor suele subir las escaleras.

- No ya no, incluso pide que, al final de mi jornada, le ayude a bajar el colchón hasta la sala y en la mañana que se suba de nuevo, para las apariencias supongo.

- ¡SEÑORA YUSMELIS!

- Interesante.

- ¡ ¿Qué empeño tienen hoy con arrasar con mi orgullo y dignidad?!-no obstante, antes de que Teodoro tuviera tiempo de berrear algo más, E.E.U.U lo cargó en brazos y lo transportó hasta su cama. No sin esfuerzo, pues el venezolano se revolvía en las extremidades del norteamericano.

- Ay Dios mío, esto es una bomba de relojería- suspiró la señora de servicio ante el espectáculo.

Después de depositar a su amigo en su cama, ordenó a Yusmelis hacer la compra mientras él se pasaba la mañana con libros de cocina para satisfacer el paladar del paciente, y cuando llegó la hora subió orgulloso, con su plato en una mano.

Palacios, quien se encontraba leyendo, lo cual no era cierto pues el hambre desviaba su atención, al ver a Alfred entrando con "eso" en sus manos, realmente se asustó y preguntó si el hombre que tenía enfrente no intentaría, por medio de la comida, cometer un asesinato.

El plato se componía de una serie de alimentos variados, sin orden, ni simetría. Nada estético. No resultaba nada agradable a la vista. Y el olor, mejor no hablar. Incluso, Teodoro se atrevía a pensar que, sí sus ojos no le fallaban, había visto a los componentes de esa comida brillar de una forma MUY extraña.

No podía ser cierto que él iba a tragar "eso".

- ¡La comida está servida!- exclamó Jones de forma teatral, acercándolo a Teodoro quien se cruzó de brazos e intentó alejarse.

Oh si lo era…

USA dejó su preparación en la mesita de noche junto al paciente para que pudiera admirarla más de cerca. Sin embargo, la reacción fue bien distinta, mientras buscaba una silla, Teodoro se aproximó para olerla y apartó bruscamente la cara con un claro gesto de asco.

- ¡Time for lunch!-dijo Alfred alegre rellenando la cuchara con comida y acercándola a la boca del moreno.

- I'm not going to eat that- anunció en la misma posición.

- Why not?

- Because I'm not hungry.

- Pero estas muy flaco.

- Pero no tengo hambre.

- Pues eso es porque te acostumbraste a no comer. Y Tenemos que cambiarlo.

-No.

- Anda seguro que esta bueno.

- No.

- Pruébalo.

- No. Pruébalo tú primero- astuto ideó un plan: si el norteamericano comía su propia preparación se daría cuenta inmediatamente de lo mala que estaba y él se salvaba de una posible intoxicación.

- Ok-US metió la cuchara en su boca mientras Teodoro aguantaba la respiración entre expectante y esperanzado ante cualquier gesto de repulsión por parte de su amigo y al no encontrar dicha respuesta, sino todo lo contrario: placer. El venezolano se planteo si Alfred no vendría de otra galaxia y se estremeció de repugnancia por la imagen que enfrente tenía- Esta bueno. Ahora tu.

- ¡Oh no!

Comenzó así una pelea de alimentación entre Teodoro y Alfred, que más bien parecía el típico intento de un padre de dar de comer a un bebe revoltoso que se retorcía en su puesto y no cedía a ninguno de las caras ridículas, bromas y llamadas estereotipadas como "aquí viene el avioncitooooo". Sin embargo, después de 45 minutos tratando buenas maneras, E.E.U.U terminó con su paciencia y le advirtió a Venezuela- Si no te comes lo que te he preparado, de ahora en adelante le diré a Inglaterra que te la haga él personalmente. Ahora vuelvo.

Cuando el rubio se fue, Venezuela se abrazó su estomago y dejó salir un grito ahogado. Se estaba muriendo de hambre, pero su orgullo de no sentirse un mantenido y repulsión lo había refrenado hasta entonces. Miró el plato de nuevo. Era asqueroso, más sus glándulas salivaron y es que el instinto puede más.

Agarró la cuchara, la introdujo, masticó con dificultad, venciendo su pulsión, tragó. Si era una de las peores cosas que había probado, pero su cuerpo le agradecía infinitamente ese aporte de calorías. Deseaba más ¡Y ya!

Comió sin parar, compulsivamente, como si se le hubiera abierto un agujero en la barriga. Introducía, masticaba, tragaba, introducía, masticaba, tragaba.

Al llegar USA, observó sorprendido la escena, más cuando Teodoro se dio cuenta que lo había atrapado infraganti, apartó el plato con indiferencia- No quiero.

Eso fue demasiado para Alfred, quien en un resurgir de su ira acumulada, se lanzó encima de Teodoro por lo hipócrita de su último gesto, puesto que él como Alfred F. Jones, no la toleraba.

- ¡Estoy harto! ¡ ¿Por qué actúas así?! ¡Te estas muriendo de hambre y no comes! ¡ ¿ES QUE QUIERES MORIR TEODORO?!-gritó fúrico sosteniendo las manos del otro

- ¡ES TU CULPA POR ENTRAR EN MI CASA Y METERTE ASÍ EN MI VIDA!

- ¡ ¿Pero se puede saber que he hecho mal?!

- ¡Deja de rompe mi orgullo! ¡NO SOY NINGUN DEBILUCHO!

- ¡¿Quién está tratando de romper tu orgullo?! Teodoro soy tu amigo y estoy preocupado por ti.

- ¡YO NO TENGO NINGUN AMIGO. TODOS QUIEREN USARME! ¡SOLO SOY UNA MINA PARA LOS DEMÁS! ¡UN PAÍS AL CUAL CONQUISTAR! ¡UN CUBO DE…!- en un estado totalmente febril, impulsado por las hirientes palabras del venezolano, que habían atravesado su corazón, ahora sangrante, levantó la mano y le profirió una cachetada.

Teodoro, anodino por tal acción ejercida contra él, más las connotaciones que él mismo se había adjudicado. Cada palabra, cada oración fue destruyéndolo por dentro. Tragó hondo, sintió la tristeza venir de su corazón e invadir su cuerpo. Supo que las lagrimas pronto aparecerían y que su estomago pedía a horrores comida. Bajó la cabeza, quedando sus ojos tapados por la pollina* y descargó.

Era cierto, no era nada, ya no. Sus días de gloria habían pasado y era solo el basurero de los demás. No tenía fuerza, ni siquiera podía darle pelea a Alfred. Oh Dios, ¿en que se había convertido? Prefería no contestar, la respuesta ya la sabía.

Alfred no hallaba como sentirse ¿Estaba enfadado? ¿Se sentía desdichado? ¿Ambas? Empero, cuando se percató de las lágrimas que bañaban las mejillas de quien consideraba su amigo, lo soltó.

Tengo hambre- soltó a decir el moreno después de un silencio intentando recomponer su voz y que no sonara tan quebrada.

Alfred se levantó, buscó el plato, acercó la silla- ¿Quieres que te de la comida?

Teodoro asintió sin mirarlo, aun llorando en silencio. Si ya no se sentía nadie, si era un país conquistado, se podía permitir que alguien le dirigiera la vida y le diera de comer.

Jones aproximó el cubierto a la boca del dueño de la casa, quien la abrió sin rechistar y comió no sin manifestar el asco.

- ¿Tan mal está?- preguntó afligido, lo último que deseaba era torturarlo más.

No hubo respuesta.

Y así, la tarde transcurrió en una atmosfera irrespirable de tristeza, decepción, desasosiego, ideales resquebrajados, ilusiones desgarradas y esperanzas perdidas. Todo en un silencio magistral que solo era roto por los débiles sollozos del que alguna vez se sintió orgulloso de ser una de las mejores naciones de Latinoamérica y había fallado en el intento.


*Pollina: Flequillo, cabello que cubre la frente.