¡Hola! !Feliz Navidad! ¿Cómo están? ¿Cómo están pasando las fiestas? Hace tiempo que tenías ganas de publicar, pero no encontraba tiempo, hasta ahora, pero como aún no tengo listo el siguiente capi, les dejo esto como regalo del Niño Jesús.

Espero que lo disfruten

¡Y que el prox año todo les salga bien! :)


Especial de Navidad

El muérdago

Teodoro estaba, pacientemente, regando las orquídeas del jardín, concentrado en no olvidar ninguna. Levantó la vista: el cielo de diciembre siempre tenía algo especial, no sabía qué era, pero lo hacia sonreír.

Al acabar la faena se dirigió a la puerta, sin darse cuenta de que cierto gringo lo había estado vigilando todo el tiempo. No arribó a tocar el picaporte, pues una ráfaga dorada y azul salió tan rápido, cerrando la puerta tras sí, que los ojos verde-azulados de Palacios hubieron de pestañar varias veces para captar el movimiento.

—Ah, hola Al —dijo el moreno un poco extrañado por el comportamiento del otro. Mas, luego se fijó en que exhibía una expresión traviesa y que las comisuras de sus labios se elevaban formando una sonrisa triunfadora.

Do you see that? —la actitud de E.U.A cada vez resultaba más curiosa a ojos del venezolano: estaba excitado como un niño el día de Navidad, dando pequeños brinquitos con la voz aguda y ahogada de quien intenta acallar un grito.

Venezuela seriamente pensaba que Jones había, por fin, perdido todos los tornillos y necesitaba un medico con urgencia. Sin embargo, cuando el Mar Caribe siguió el dedo ascendente del rubio, se dio cuenta de la verdad: encima de ellos había un muérdago.

Pasmado por la sutil jugada del norteamericano, tan perfecta, tan silenciosa; solamente atinó a abrir la boca y los ojos de par en par: cayó en la trampa y de la manera más estúpida.

Bajó la mirada lentamente, encontrando la expresión de satisfacción más intensa que recordaba en la cara del gringo.

—Bueno, ya sabes qué tenemos que hacer —susurró con picardía y entrecerrando los ojos los cuales brillaban con deseo, mientras se acercaba al rostro del otro.

—¿Te refieres a un beso? —Teodoro se percató del olor de menta que expedía la boca de Alfred. Obviamente, había esperado por este momento.

Aha! —mencionó todavía más cerca.

—De acuerdo. Pero te lo doy yo —Palacios esperó a que Jones cerrara escondiera sus pupilas entre sus parpados, luego desvió el rostro y tocó con sus labios una de las mejillas del norteamericano.

What the hell you are doing?! —visiblemente enojado, se distanció de un salto.

—Dándote un beso —respondió con su mejor cara de sorpresa fingida.

Come on, Teodoro! Tú conoces la tradición. Kiss me!

—Está bien, está bien. Te besaré —mientras el gringo tenía los ojos cerrados, el moreno tragó saliva y miró a todos los lados intentando maquinar un plan para salir de esa situación.

Y, de repente, el cachorro del vecino cruzó el portón medio abierto de la casa de Palacios y se detuvo frente a Venezuela. Movió la cola alegremente y meneó la cabeza a un lado.

Quizás era su imaginación, pero Alfred sentía que ya había pasado mucho tiempo, mucho sin obtener una respuesta, demasiado y se estaba desesperando. De improviso, sintió una lengua caliente recorrerla toda la parte frontal del rostro, desde la boca, al final de la nariz.

Jones, perplejo se sentía. Y pensar que una de las naciones más galardonada como la sexy, seductora, atractiva y provocativa del mundo, en materia de besos fuera un fracaso, no le entraba en la cabeza al catire.

Abrió los parpados sin comprender y su sorpresa incrementó al no encontrar a nadie enfrente de él. Solo a sus pies había un pequeño perro de pocos meses que le ladraba y hacia morisquetas invitándolo a jugar.

Toby? What are you doing here? —levantó al animal entre manos para mirarlo más de cerca, el cual, ante el gesto, volvió a lamerle la cara.

Sin saber por qué, Alfred giró el rostro a la calle y pudo captar medio cuerpo de su amigo a la carrera. La rabia se esparció por todo su cuerpo como una descarga eléctrica. Sintió como toda la adrenalina lo preparaba para la acción, que sus pulmones aumentaban su tamaño, que su energía —impulsada por la emoción de ser rechazado)—incrementaba a niveles inusitados, que todo su cuerpo temblaba y no de alegría.

— ¡Te-o-do-ro! —gruñó con el hilo de voz que expiraba de su boca entre sus dientes aprisionados. Bajó a Toby con tranquilidad, ajustó sus lentes e inició la cacería.

Teodoro, come back here, you bastard!