¡Amores míos! ¡Ya estoy de vuelta! ¿Qué tal las vacaciones? Les traigo un capítulo corto para que no estorbe en medio de sus deberes/tareas escolares/universitarios.
Aviso que hay lenguaje soez y machista. Estoy en contra de todo tipo de machismo, pero no puedo ignorar que mi país lo sea y que Teodoro lo refleje.
Hay un momento del capítulo que se canta la canción "Salchicha con huevo" de Jimmy Sabater. No diré nada más xd. Se recomienda escucharla en ese momento si no se conoce, por lo menos un poco.
Este capítulo en especial se lo dedico a mi Beta Reader, IceCreamHeartedAru. Gracias por tus consejos, tus explicaciones, tu tacto y buen juicio en las criticas, tus cumplidos, tu perfeccionismo y esmero a la hora de trabajar. Sin ti no habría esforzado tanto en innovar y el cuidar este fanfic. Espero que, como los demás, tú también disfrutes este capítulo.
Broken
Oscuridad. Inconsciencia completa. Tenues ruidos. El cantar de los pájaros. De repente, se hizo la luz, o más bien, se abrieron los parpados de Teodoro. Sus pupilas adormiladas recorrieron toda su habitación. Se sentó, boztezó, se desperezó, se paró de la cama, caminó hacia el baño y se observó en el espejo: su cabello ahora llegaba más abajo de la mitad de su espalda y su pollina pronto no le dejaría ver nada y su tono de piel contrastaba exquisitamente– o eso pensaba él– con sus claros y cambiantes ojos. En una palabra, era hermoso, pero había perdido forma, ya que sus piernas le parecían esqueléticas, su espalda muy delgada, en su pecho echaba en falta el poco pectoral que antes tenía y sus brazos… ¡Por Dios! Es decir, él nunca fue Swarseneger pero si se cuidaba. Por ello, decido amarrase una cola y recuperar de una vez por todas su resistencia física.
…
Alfred miró su reloj de muñeca nuevamente: ya eran las 9 de la mañana y Teodoro no había aparecido por el resquicio de las escaleras, por lo que él lo despertaría, pues consideraba que el venezolano debía aprender a distribuir su tiempo prudentemente, o sea, estaba bien que tuviera vacaciones, mas tanto tiempo vagueando haría que su cuerpo olvidara la costumbre de tener un horario y trabajar ¡Y eso no lo iba a permitir!
Sin embargo, abrió la puerta del cuarto del latino, no pudo evitar sorprenderse y preguntarse si el dormido no sería él– ¿Teo que haces?
—¿Es que no lo vez? Flexiones.
—¿Pero porqué? Si antes rechazabas todas mis ofertas para hacer ejercicio.
—Porque no me había dado cuenta de que estoy como un palillo.
Jones se llevó las manos a su boca, no cabía en sí de felicidad y de asombro: Palacios por sí mismo se dispuso no solo a realizar ejercicio, sino a cumplir con una rutina, lo cual solo significaba una cosa, la autoestima de Venezuela estaba regresando. Ya había sospechado algo cuando el latino lo había penetrado con esa mirada arrogante y decidida al irlo a buscar al aeropuerto —cada vez que lo recordaba rememoraba lo que le había costado mantener la compostura, siempre le había fascinado como un país con escaso poder bélico se sentía tan seguro—.
—¿Cuántas llevas?
—Unas 50.
—Bien, entonces ahora lo haremos un poco más difícil. Yo me sentaré en tu espalda y tú tendrás que hacer cincuenta más.
—¡Estás loco o te patina el coco! —Justo en el momento en el que el norteamericano se iba sentar encima de él, rodó por el suelo y el rubio se cayó de culo— ¡Estas muy pesado!
—¡Me estas llamando gordo!
—¡Sí!
—¡¿A ti te parece esto «estar gordo»?! —Y sin más vacilaciones se quitó la camisa.
Venezuela abrió los ojos de par en par y sus pupilas recorrieron lentamente el cuerpo del gringo de arriba abajo: pectorales bien desarrollados, hombros y brazos fuertes y un vientre plano donde ya empezaban a asomarse unos pequeños cuadritos; nada exagerado, todo bien proporcionado, en su sitio y sin una gota de grasa.
Palacios trago saliva, no precisamente por el hambre, y desvió su mirada— Ehh…Alfred ponte la camisa anda.
— ¿Por qué? ¿No te gusta este cuerpo? —cuestionó orgulloso.
—Si…
—¿Entonces admitirás que te equivocaste?
—Si me equivoque…Pero igual no te sentarás encima de mí, mis músculos no se encuentran lo suficientemente fuertes para soportarte ¿Por qué no hacemos una cosa? Desayuno y planeamos como me vas a entrenar ¿Te parece?
Y así lo hicieron y en poco tiempo se comenzó a ver los cambios en el cuerpo del latino, no solo porque era joven, sino también por la rutina militar que le obligaba a realizar Jones que lo extenuaba hasta el extremo y que el propio norteamericano estuvo a punto de suspender en una ocasión en la que su amigo casi se desmaya, mas el venezolano se lo impidió.
Con la mejora física también llegaron mejoras emocionales, ahora Teodoro se mostraba más entusiasmado en recuperar su vida social y lo hacía. E.E.U.U se regocijaba con que su amigo volviera a ser el de antes: alegre, juguetón, lanzado, creativo, travieso, dulce y astuto. Todo en lo referente a él era perfecto para sus ojos ¿Todo? Bueno no, resultaba obvio que Venezuela tenía sus defectos como desordenado, vanidoso, cínico, flojo en ocasiones, corrupto, débil para exigir a sus jefes comportarse como es debido. Además, había torturado a sus propios conciudadanos, mas eso a Alfred poco le importaba porque todo él mismo había atormentado a media humanidad.
Sin embargo, había una cosa de Teodoro que lo enfurecía, un solo hábito que el latino ya traía de antes y, no obstante, el gringo no podía determinar cuándo empezó a odiarlo: su constante y continuado flirteo con las chicas. Resultaba imposible pasear por la calle, irse a comer, ver una película en el cine o salir sin que Palacios les dedicara un silbido, una mirada coqueta, unas palabras atrevidas.
¡Simplemente lo volvía loco!
Y no pudo morderse la lengua después de que él causante de tal malestar le susurrara a la mesera «Aunque la comida resulte deliciosa, seguro que no tendrá parangón con tu belleza»– Teodoro— lo llamó Jones.
El susodicho que seguía con la mirada a la piropeada, giró la cabeza extrañado ante el tono tan serio del norteamericano.— ¿Que pasó?
—¿Por qué haces eso?
Ante la pregunta Venezuela elevó los hombres en señal de no entender nada.
—¿Por qué piropeas a cualquier chica que se te cruza?
—¿Y por qué no? Estoy expresando mi opinión y ellas les gusta.
—¿No crees que les estas faltando el respeto?
—Para nada. Lo estaría haciendo se dijera «tú con tantas curvas y yo sin frenos», «quien fuera pan para meterte la salchicha», «adiós corazón de melón, te espero en la cama sin pantalón» o «fueras yegua pa' montarte». Pero los que yo echo son del mismo estilo que el que le dedique a la mesera ¿Y esa cara? ¿No me digas que jamás habías escuchados piropos vulgares? ¡Ay no puede ser! ¿Tú nunca le has echado los perros a una mujer*?
—¡Por supuesto que sí!
—Entonces, ¿Cómo lo haces?
—Bueno…hablo con ella, la miró, le pregunto las cosas típicas.
—Debes levantártelas bien poco.
—¡¿Qué?! ¿Qué si las enamoro poco?
—Sí.
—¡Claro que no!
—¿Ah sí? ¿Cuándo fue la última vez que te fuiste a la cama con una? Más fácil ¿Cuándo fue la última vez que conseguiste el teléfono de una?
—Pues…Tampoco es que este muy preocupado por eso.
—Me lo imaginaba.
—¿Y porque no lisonjeas a los hombres?
—¡¿Estás loco?!
—¿Por qué? Seguro que entre parejas homosexuales se hace.
—Ellos son la excepción. Mira, hay un código por el cual no debes flirtear con un tipo a menos que quieras recibir una paliza, o si te encuentras en estos sitios de gais y lesbianas. Eso deberías saberlo ya.
—¿Eso quiere decir que los has frecuentado? —Estados Unidos, eludiendo la última sentencia, recondujo la conversación hacia donde él deseaba.
Teodoro entrecerró los ojos al máximo por lo íntimo de la pregunta y por verse acorralado elegantemente por las palabras del otro. Hábil. Muy hábil, tenía admitir— ¿Y tú?
—Yo pregunté primero— contestó agudizando su mirada.
—Si pero llevas un rato con este interrogatorio. Me toca.
—De acuerdo. Pregunta.
—¿Te has acostado con un hombre?
Jones observó fijamente al venezolano y este le devolvió la mirada. Obviamente la nación caribeña no iba a ceder. Suspiró, cerró los ojos y puso los brazos en jarra antes de responder—. Si ¿Y tú?
Palacios solo asintió sin despegar su pupila del otro. En ese momento llegaron los platos, para alivio de Venezuela, debido a que, desde que las preguntas comenzaron sintió un extraño e incomodo sentimiento que desechó nada más empezar a comer.
Pocos días más tarde, Venezuela bajo por las escaleras recién bañado y encontró a su compañero sentado en una silla y con la atención imbuida en la pantalla de su laptop. —¿Qué haces? —mencionó cuando llego a su lado, cruzó sus brazos por alrededor de los hombros de Alfred y apoyo su barbilla en la cabellera rubia para ver mejor.
—Trabajo— respondió sin inmutarse.
—¿Estás bravo?
—No ¿Por qué lo preguntas?
—Porque estás increíblemente serio.
—Estoy concentrado.
—¿Es algo que pueda ver, o es una de tus documentos «top secret»? —las dos últimas palabras las había pronunciado con tanto sorna que Estados Unidos no pudo evitar reír
—A estas alturas ni yo mismo lo sé. — La nación norteamericana levantó su cabeza y el cielo y el Mar Caribe se tocaron.
Entre ambos países la distancia era de menos de 30 centímetros. Venezuela y E.U.A permanecían con las pupilas unidas, totalmente serios.
—¿Desde cuándo los ojos de Al son tan profundos? ¿Tan brillantes? ¿Tan… hermosos? —reflexionó Teodoro empezando a perder la cordura.
Por su parte, Jones no pensaba, estaba hipnotizado por ese color cristalino entre el verde y el azul y no se percató que un leve sonrojo coloreo sus mejillas.
—¡¿Y desde cuando pienso en estas cosas?! —esa fue la alarma interna que hizo que el venezolano se separara y dejara al catire en el mismo estado que si hubiera salido de un trance. — Ah…Vo-voy a ir a la peluquería ¿Me acompañas?
—¿Eh? ¿La peluquería?
—Sí, tú mientras tanto puedes ver tiendas en el centro comercial.
—Lo siento tengo que acabar esto. Voy retrasado
—¿Te pareces bien que depende de la hora que llegue cocinas tú o yo? Es que voy a tardar.
—Sí.
Efectivamente se demoró bastante, tanto que Jones se cuestionó a sí mismo si su amigo, en realidad, se preparaba para su boda ¿Pero qué demonios estaba haciendo?
Y parece que alguien escuchó sus preguntas, pues solo había terminado de formularlas en su cabeza cuando oyó como la puerta de la entrada se abría y unos pasos se dirigían a la cocina— ¿Qué hubo? ¿Ya te pusiste a cocinar?
—Teo…
—¿Cómo me quedó? —dijo dando una vuelta lenta para que lo admirara.
Definitivamente era un cambio. En un estilo esgrafilado, su pelo iba aumentando en largura de adelante hacia atrás: su pollina esta peinada hacia el lado izquierdo y casi le ocultaba el ojo, a los lados varios mechones acariciaban su cara los cuales no bajaban de su barbilla, mientras la parte de atrás descendía ligeramente por su cuello.
—Bi-bien, muy bien.
—Lo sabía. Fue mirarme en el espejo y querer besarme a mí mismo.
Ahora sí que Venezuela había vuelto completamente.
—Deja la cena ya lo hago yo.
—Pero acabas de llegar de la peluquería.
—Sí, pero tú has estado trabajando todo el día. Si quieres puedes ir a ver la televisión.
—Prefiero quedarme aquí sentado y poner la mesa.
—De acuerdo.— Venezuela se dio la vuelta, se puso un bolsa en la cabeza para cubrirse el pelo (con las consecuentes risas de E.E.U.U) y se dispuso a trabajar— Eh…Por cierto, pensaba ir a tomarme unos tragos después de cenar ¿Vienes? — en realidad el latino rezaba porque se negara, no lo quería cerca en estos momentos, se encontraba increíblemente confundido; mas tenía que ser cortes.
—Bueno…La verdad es que estoy cansado y deseaba quedarme. Cuando estés volviendo me llamas.
—Ok.
Una hora más tarde, Alfred encendió el televisor, buscó el canal, prendió la videoconsola y observó como el juego que le habían regalado funcionaba a la vez que sentía una alegría recorrerle todo el cuerpo ¡Noche de videojuegos!
Rápidamente fue absorbido por las intrigas. Tenía la atención centrada en la pantalla, pues el enemigo podía aparecer en cualquier momento y si se descuidaba perdería. Cuando acabo con el último obstáculo y arribó al arco que daba paso al nivel 6, paró el juego, se estiró, se frotó los ojos y bostezó ¿ Cuántas veces había reiniciado los distintos niveles antes de lograr su objetivo? Como era un perfeccionista en esa materia, no le bastaba con completar las estaciones, sino que debía conseguirlo con la máxima puntación.
El sueño apenas le dejaba abrir los parpados, su cuerpo se sentía pesado y lento y su mente no respondía. Definitivamente se iría a descansar.
Por curiosidad, extrajo de su bolsillo su celular y vio la hora ¡La una de la mañana! Teodoro había partido a las nueve ¿Qué lo demoraría tanto? Sin embargo, el contacto más cercano que tuvo con el venezolano fue su contestadora.
…
Cuerpos anónimos bailaban al compás de la música atronadora y las luces cambiantes de los focos. Ajenos a lo que les circundaba, únicamente se preocupaban de disfrutar de los ritmos que entraban en sus cuerpos, de olvidarse de quienes eran por una noche, de fundirse con las letras, de adentrase en un trance que acabaría con los primeros rayos del alba.
Este espectáculo era presenciado desde la barra por un joven de mediana estatura, ojos claros y piel morena. Muchas chicas ya lo habían identificado y con miradas tímidas y atrevidas lo invitaban a unirse al baile, pero él les contestaba que más tarde, ahora degustaba con gran placer su bebida. De hecho, se iba a pedir otra. Hizo contacto visual con el camarero, quien entendió las señas de inmediato y le trajo otro vaso. Sin embargo, cuando Teodoro se propuso a pagarle el otro lo detuvo.
—Ya fue pagado.
—¿Por quién?
Palacios siguió el dedo del trabajador, descubriendo, detrás suyo, a una hermosa mujer de cabello ondulado, camisa brillante y minifalda.
—¿No crees que ya pasó tu hora de dormir? —preguntó seductoramente.
—No soy tan joven como crees —respondió en el mismo estilo y la invitó a sentarse— ¿Cómo te llamas?
—Tatiana ¿Y tú?
—Teodoro.
La chica rió con vehemencia— ¡Pero qué almita de Dios debes ser para cargar con semejante nombre!
—Lo único que hay de santo en este cuerpo es el nombre— agregó con una mirada atrevida.
—¿Ah sí? Demuéstralo.
El venezolano esperó unos segundos a que otra canción empezara y extendió su mano hacia su acompañante, quien la tomo y, juntos, se encaminaron a la pista de baile.
…
Los rayos del Sol hendían al firmamento como si de una espada se tratara, cuando, de un carro, bajó un joven sonriente que buscaba sus llaves mientras canturreaba «salchichas con huevo me pidió al amanecer».
Sigilosamente, cerró la puerta aún con la sonrisa en los labios. Aunque no le duro mucho.
—Where the funking hell have you been?! —Teodoro se sobresaltó en el momento en que, a la vez, escuchó el grito rabioso de Alfred y se encendieron las luces: el gringo estaba en el rellano de la escalera y con cara de pocos amigos— I called you hundreds of times! You even not called me as I asked you!
—¡Pensé que estarías durmiendo! —Palacios pasó a su lado y continuó subiendo las escaleras. Pero para Norteamérica la cosa no terminaba ahí.
—Me dijiste que te ibas a beber ¡¿Por qué tardaste tanto?!— vociferó detrás de Venezuela, siguiéndolo.
—Me fui a una discoteca— afirmó disgustado, intentando alejarse de su perseguidor. Se encontraba fatigado.
—¡¿No podías llamar?!
—¡Ya te dije que pensaba que dormías! ¡No quería importunar! —El latino, que venía caminando cabizbajo, levantó su rostro y se pasmó al comprobar que, automáticamente, se había dirigido a la habitación de Estados Unidos.
En ese instante el catire, que continuaba protestando y andando al mismo tiempo, chocó con el moreno quien había detenido súbitamente su marcha.
Teodoro juró sentir como algo salvaje rugió en el interior de Alfred. Los vellos del cuello se le erizaron cuando la voz de Jones se convirtió en un susurro apenas audible repleto de ira. La misma sensación que la de una bestia respirándote en el cogote.
—Teodoro. Why do you smell like a woman?
El susodicho se giro lentamente, con terror, y lo que vio no lo alivió. Allí, un poco más arriba que él estaba Alfred con una expresión calma que antecede la tormenta.— Ehhh Alfred…esto.
—Why your body is full of woman perfume?
—Tal vez se deba a que baile con algunas— agregó inseguro.
—I'm going to repeat the question one more time. —Llegados a este punto, el venezolano se dio cuenta con horror que Jones lo había acorralado, ya que había arribado al extremo del cuarto donde estaba la cama y la salida se encontraba tapada por el cuerpo del más alto—. Why do you smell like a woman? —pronunció las palabras de manera pausada y clara, articulando bien las silabas. No obstante, al observar que Venezuela balbuceaba de nuevo una respuesta sin sentido, se lanzó encima de él, cayendo los dos en la cama. En ese momento, aprovecho la confusión la persona causante de su furia para apresarle sendas piernas y brazos, aunque esta vez, fue más difícil porque Palacios había recobrado su fuerza.
—¡Quieres saber lo que en realidad paso! ¡Fui a una discoteca! ¡Tome! ¡Baile con varias mujeres! ¡Y hasta me acosté con una! ¡Como lo oíste! ¡Me acosté con una chica! ¡Dormí con ella! ¡Me la tiré! ¿Y sabes qué más? ¡Lo disfrute!
—¡Son of a bitch!— Y sintió que algo se destruyó en mil pedazos en su interiory que cada uno de estos se clavaba en su alma desgarrándola por completo. Quiso gritar, blasfemar, destruir todo a su alrededor, mas su fuerza y voz lo habían abandonado. El sufrimiento lo rodeo y sedó sus sentidos. Por fin había descubierto al dueño de su corazón ¡Qué irónica es la vida! Para descubrir aquello que lo llena, que le da paz y lo resguarda los días más tormentosos, la razón por que intenta ser mejor persona cada día tuvo que ser apuñalado, sentir la «traición» en carnes propias.
Retener esa agonía resultaba demasiado para el cuerpo del norteamericano, el cual empezó a temblar y respirar entrecortadamente. Sus ojos anegados en lagrimas le impedían una clara visión, sus mejillas impregnadas en sal se encontraban pegajosas, sus lagrimas le bañaban la cara y caían a la cama como gotas de roció matutino. Su voz había vuelto pero en forma de quejidos y gemidos de congoja.
Al fin consiguió la fuerza para articular una palabra, una oración— Why…? Why…? Why…? Why her…? Why her…? Why…? Why her…and not…me?
Vocabulario:
*echar los perros: ligar.
¿Qué les parece? No me odien a mi, sino a Teo que fue el que ¿metió la pata? Me costó mucho poner este final, aunque me llamaba bastante poner a Alfred furioso, ya que nunca se le ve en ese estado en el anime. Tranquilos que aquí no termina la cosa. Pronto (y ahora es en serio) saldrá otro capítulo. Nos veremos pronto.
