¡Hola a todos!

Gracias por los reviews ¡Me han encantado! Los he leído lentamente y haciendo pausas para disfrutarlos más. Si, no puedo evitar leer una línea de un review saltar por 5 minutos y luego volverme a sentar para repetir el proceso XD. Aún no me acostumbro a ellos XD

Agradezco a SalyKon y LunaLunatica por sus consejos y orientación. Sin uds/vosotras aún estaría a mitad de capítulo si saber que hacer.

Nota curiosa: ¿sabían que este fic en principio iba a ser un CanadáxVenezuela? Si, como suena XD. La historia era muy diferente pero no acabo de cuadrar y evoluciono a este.

Debittouya espero que estés leyendo esto por que abajo hay un comentario para ti ;)


Sin rumbo II

Calor, sudor bañando milímetro de su cuerpo, conciencia embotada. Oía sus jadeos a la distancia, sentía el vaivén simétrico de sus cuerpos, cómo se complementaban, cómo sus instintos lo buscaban. Era esclavo del placer, esclavo de él. No podía pronunciar palabras: al principio había celebrado las caricias de su amante con «oh» y «yes» pero, conforme avanzaba el acto, su cuerpo había despertado tanto que únicamente podía respirar y recibir. Se encontraba hipersensible a cualquier estimulo, el fin se acercaba; su pareja debió adivinarlo pues respondió con más ímpetu. No obstante, Alfred no estaría satisfecho con solo alcanzar el orgasmo, él quería compartirlo, vivirlo con Teodoro, por ello, enlazó sus pies por detrás del cuello del moreno y lo atrajo hacia si, logrando que el Mar Caribe y el Océano Atlantico se fundieran en uno solo.

Se dejó ir.

Mientras su alma volvía de las alturas, sintió cómo su compañero terminaba y se separaba. Jones, abstraído en los latidos de su corazón y los recuerdos recientes, suspiró y sonrió regocijado a falta de palabras que pudieran explicar lo maravilloso que se sentía.

Cuántas ganas tenia de abrazar a Teodoro, decirle cuánto lo quería, llenarlo de besos, contemplarlo e ignorar el tiempo. Sin embargo, ese vanidoso venezolano jamas permitiría que lo vieran físicamente desarreglado o sucio. Esa resultaba seguramente la razón por la que ahora no lo estuviera acompañando. No importa, pronto lo haría.

Empero, el sonido de una hebilla lo desconcertó hasta tal punto que se sentó en la cama para descubrir con horror que Palacios se encontraba dando los últimos retoques a su atuendo de calle.

Honey, where are you going? —dijo con un hilo de voz.

El país caribeño, adornando su faz con una mueca de desagradable sorpresa, le respondió vanamente qué se iba.

Why?

—Porque la diversión ya se acabo.

But I thought you love me. —Mientras preguntaba de nuevo el motivo de la cruel actitud de su amante, desesperado, gateó hasta el borde de la cama indirectamente suplicándole que no lo dejara.

Mas Teodoro no solo desdeñó esta acción sino que se burló en su cara con una despiadada risa y una corrosiva actitud—. No me lo puedo creer ¿De verdad pensaste que te amaba? ¿Te tragaste toda esa sarta de piropos viejos? ¡Que iluso! ¡Que inocente eres Alfred! ¡De verdad sí que eres pendejo!

De un golpe esa imagen se difuminó y fue sustituida con la de su armario semi abierto. Se quedó observándolo unos segundos. Entonces, entendió que se acababa de despertar. Había sido tan real que rememorarla le empeñaba la vista. Se pasó la mano por los ojos y, por curiosidad, levantó las sabanas. Se llevó las manos a su cabeza, cerró los párpados con fuerza, pateó con sus pierna y gruñó irritado. Tendría que lavar las sabanas. Otra vez.

Hace días que lo evitaba. Desde que había descubierto las intenciones del gringo su angustia había crecido pero también su temor por enfurecerlo y, en vista que no tenía ni idea de cómo proceder, adoptó inconscientemente un patrón que se basaba en explotar algunas veces, desaparecer o ignorar en otras. Dado que no se hallaba cómodo en su casa, cuando no se encerraba en un cuarto, paseaba por las estancias. Además, se debatía entre mantenerse el mayor tiempo posible fuera de su propiedad o limitar sus salidas al mínimo, lo cual terminaba en discusiones internas y en una sarta de blasfemias tanto para él como para el norteamericano.

No había metas ni planes en el horizonte. Andaba sin rumbo por la vida y por su casa cuando captó la alegre risa del catire. Despertando violentamente de sus ensoñaciones, se acercó lo mas que pudo para comprender el porqué de la nueva actitud de Jones. Lo encontró hablando por teléfono.

—Alejandro —murmuró amargamente cuando distinguió la voz de su hermano. No le complacía que quien hiciera sonreír a Alfred fuera México y no él. Para nada.

E.E.U.U y México mantenían una relación muy particular y estrecha no exenta de peleas. Eso Palacios lo sabia muy bien, ya que ambos se lo habían comentado en numerosas ocasiones. Su familiar y el gringo se llevaban bien y tenían muchos puntos en común, pero también argüían casi todas las veces que se veían. Posiblemente se debía que vivían uno al lado del otro. Así pasaba entre Jaime y él, aunque Teodoro también creía que el origen de tantas disputas recaía en la personalidad de ambos norteamericanos. Colombia y Venezuela también discutían, mas su dinámica difería radicalmente de la otra pareja por la actitud ladina que el neogranadino tomaba en esas situaciones: él se mostraba tranquilo hasta sonriente ante una acción que no le complacía y esperaba el momento en que la persona que lo había molestado estuviera vulnerable para atacar. Por ello, el «baile» entre estas dos naciones resultaba en la mayoría de ocasiones menos vistoso.

Por otro lado, el trato entre el venezolano y el estadounidense era más cálido y liviano; eso resultaba increíble, pues si bien el carácter de Palacios se había templado con los años, seguía siendo una persona vehemente como había comprobado y padecido Jones varias veces. Además, E.U.A solía ser bastante paciente en torno a él y aparte del amor que el catire profesaba hacia él, no encontraba razones que explicaran el porqué de la estabilidad de su relación: chocaban en ideología, en estilos de vida y como enfrentarse a la misma, en valores y actitudes. Quizás—pensaba Venezuela— su armonía se basaba en que se complementaban, es decir, Palacios era desordenado y Alfred organizado, el primero era espabilado mientras el segundo obtuso por decisión cuando el tema requería una inteligente interpersonal—aunque había mejorado con los años—, el catire era adicto al trabajo y el moreno se debatía entre el esfuerzo y el hedonismo, uno convencía con la fuerza y el otro con las palabras, uno presumía de sus méritos pasados y presentes mientras el otro glorificaba parte de su adolescencia y no podía vivir sin un espejo, a uno le encantaba realizar rápidos bocetos y al otro modelar. Empero, también se parecían: les adoraban el beisbol, hacer bromas a los demás, reírse y eran personas alegres.

Sin embargo, olvidó su disquisición cuando oyó el tono de voz que le dirigía a Mexico y vio la sonrisa con que lo acompañaba.

Se le revolvió el estomago.

Observó desde la entrada de la casa como los rayos del Sol lo iluminaban todo. Estaba harto de la monotonía, harto de las señales que su subconsciente le daba. Debía saciar cierta pulsión que llevaba demasiado tiempo siendo ignorada y ya no había nada que lo detuviera.

Agarró el celular, marcó el primer número que se le ocurrió y sonrió ¿Porque se sorprendía? Escuchó el repicar y como atendían.

—¿Qué quieres, gringo? —Alfred oyó como respondían hoscamente desde el otro lado. No pudo evitar sonreír ampliamente. Solía ser así.

—Hola a ti también, México —contestó con menos alegría que la habitual pero su interlocutor no se percató del cambio—. Quería pedirte un favor. —Definitivamente las florituras lingüísticas no iban con él.

Hubo un silencio durante unos segundos, hasta que Alejandro habló— ¿Cómo cuál sería ese? ¿Qué bizarra y absurda idea se te ocurrió ahora?

E.E.U.U soltó una carcajada y con ella su malestar. La otra nación no sabía el bien que su conversación le estaba haciendo al anglosajón—. Lo siento, no fue mi intención —respondió en tono divertido—. Pero, el favor que te voy a pedir no te tomara mucho y te aseguro que dormirás muy bien en la noche —explicó provocativamente.

—Gringo, lo que yo ahora necesito no es un deseo de «buenas noches» —suspiró—. Sino una noches de buenos besos.

—¿Es una proposición, Alejandro? —susurró con deseo, logrando que su voz sonara más grave y sedosa.

—Tal vez…En este momento incluso tú serías bienvenido para compartir fluidos —soltó con ese deje que Jones tanto conocía, quien rió ante la imagen.

—Lastima que ahora no este en casa…Podría pasarme la siguiente semana.

—A ti se te olvida que soy un hombre ocupado. Tengo mucho trabajo.

—Pero tú te refieres al trabajo institucional o al otro trabajo. —Se sintió orgulloso por sacarle la risa al mexicano. Al final él también lo acompañó.

—A ti ninguno de los dos te incumbe.

—De acuerdo, pero ¿Cuándo podrías?

—En dos semanas, a esta misma hora.

—Ok. Hablando de fluidos, recuerdo que me dijiste lo mismo en tu cumpleaños número cien ¿Te acuerdas como acabo? —cuestionó pícaro.

—Un poco…Intentaste impresionar a algunas chicas bailando sensualmente. Lo hiciste fatal.

—Y yo recuerdo cómo fue que tú bailaste: te movías con gracia y estilo. O al menos eso fue lo que di…

Perdió el hilo de discurso que tenía preparado. Unas manos le arrebataron con fuerza el celular. Jones dirigió su vista hacia dónde voló su teléfono desconcertado, encontrado la brillante mirada de Venezuela.

—Tengo rato llamándote. La comida esta lista desde hace rato. Se te va enfriar. —Cuidadosamente cubrió auricular mientras respondía a la duda en el rostro del estadounidense. Tranquilo, le devolvió el teléfono, pero no le quitó los ojos de encima.

Tañó otra vez la cuerda del arpa prestando suma atención al sonido que despedía y comparándolo con el de la tecla de piano que acababa de presionar. Cuando estuvo seguro que sendos instrumentos desprendían el mismo tono, se dejó caer en el sofá suspirando y masajeandose las cienes. Afinar sus instrumentos siempre lo relajaba y después de lo que escuchado había requerido de varias horas para medio calmarse y no matar a su hermano y al gringo.

Observó el techo con pesadumbre. Todavía no digería que esos dos se acostaran y, por lo visto, no era la primera vez. O sea, el rumor que México y Estados Unidos mantenían relaciones sexuales hacia tanto que circulaba entre todos los miembros de la familia, que aun sin prueba se dio por verdadero. Sin embargo, un descubriendo accidental de Palacios zanjó las pocas dudas que quedaban: varios años atrás sorprendió a Jones en la puerta de su casa. El norteamericano se mostró extrañamente incomodo por su presencia y cuando el venezolano se disculpó por su atrevimiento agregando que regresaría sobre sus pasos, el gringo lo invitó a pasar. Mientras, el país anglosajón se bañaba, el caribeño se tiró en la cama de su cuarto a ver la televisión, notando de inmediato el nuevo olor impregnado en las sabanas. Entonces, con la burla en las comisuras, le preguntó travieso si había tenido visita antes, a lo que el catire no respondió y tuvo que aguantar la risa y las bromas de su invitado. Meses más tarde, cuando se hallaba en casa de Alejandro para ver cómo estaba, chocó con él por equivocación y entendió porqué la fragancia le había parecido conocida.

Alejandro y Alfred jamás fueron conscientes de las emociones que suscitaron durante semanas. Teodoro disfrutó bastante esparciendo el chisme por el resto de las naciones latinas y, aunque algunos le recriminaron que actuaba de manera hipócrita —pues si el sujeto de conversación fuera él, entraría en bestia—, esto no lo detuvo debido a que vivía con la idea de que el mexicano se lo merecía por exigir siempre la atención de los demás. No obstante, en medio de todo ese alboroto, el moreno sintió una pequeña amargura que venía de su orgullo herido por no ser el escogido por E.U.A. A fin de cuentas, todos debían desearlo y el anglosajón había tenido la desfachatez de nunca mostrar interés hacia él ¿Pero quién se creía?

Empero, había olvidado la cuestión bajo el argumento de que el gringo tenía mal gusto y que resultaba una estupidez perder el tiempo con él teniendo el mundo a sus pies. Ahora, la pregunta volvía a martillarle con más fuerza: en todos los años de amistad, en todos aquellos momentos de compañía, risas y peleas Al jamas le había sugerido, preguntado o pedido que tuvieran algún contacto intimo ¿Porqué? Tenían una buena relación, mucho más estable que la que mantenía con Mexico pero era a Alejandro con quien lo hacía ¿Es que temía que lo rechazara? Bueno, la verdad no sabía que le hubiera contestado si se lo hubiera planteado, pero es que nunca lo intentó, mientras que con Alejandro sí, así que no iba por ahí ¿Será que con Alejandro no había la posibilidad de una relación seria y con él si? ¡Pero si ni siquiera eran pareja! ¡Si ese gringo hasta hace nada no sabía de la existencia de sus propios sentimientos! ¡¿Porque coño no quería tirar con él?!

Una rabia empezó a escalarle por el cuerpo como si un río de hormigas lo invadiera, volviendo a un estado de agitación parecido al que había combatido ¡¿Es que no estaba lo suficientemente bueno?! ¡Si era la persona más bella de todo el planeta! ¡Y podía demostrarlo! ¡¿Pero que coño quería ese coño 'e su pepa?! ¿Que coño tenía México que él no?! ¡¿Qué?! ¡Además era chevere, chistoso e inteligente! ¡¿Pero que más quería?! ¿Porque él no y Alejandro si?! ¡¿Porque no lo deseaba?!—. Deseo que me desees —se lamentó y suspiró para luego incorporarse pasmado ante lo que acababa de decir. Y no pudo evitar pensar en Alfred apareciendo por la puerta en ese preciso instante proponiéndole aquello que anhelaba, y, aunque al principio recelaba, una parte de él se tiraría a sus brazos allí mismo. Mas, también le dolía imaginar que Jones lo abandonaría justo después. Se percató de que no ansiaba solo un revolcón: quería sentir su relajado cuerpo, hablar con él de cosas intrascendentes, reír con él, dormir con él, despertar a su lado, desayunar junto a él, burlarse de él, enfadarse con él, viajar con él, descubrir y dejarse descubrir, planificar el futuro juntos: vivir con él una relación sana, madura y estable.

La idea le asustó. Mucho.

Empezó a negar otra vez sus sentimientos y, entonces, las imágenes de Estados Unidos compartiendo los momentos citados con México en vez de él poblaron su mente, arrechándolo y angustiándolo al mismo tiempo. No tenía ni idea de las posibilidades de que esos dos se convirtieran en pareja, pero ya mantenían relaciones desde hacía tiempo y el catire estaba furioso con Venezuela. Las cosas podían quedarse como estaban o…

—Tengo que matar a Alejandro. Si lo hago se acabara todo el problema. No, mejor no que si no cómo justifica la desaparición de un país, pero podría darle un toque. Si eso sería lo correcto. Tengo que dejarle claro que Al es mío. Bueno, no es exactamente mío, simplemente quiero que…me preste atención Aja si, eso es ¿Entonces, cómo lo hago? Iría días antes de la reunión y tendría unas palabras con Ale. No, mala idea ¡Ya se! Podría ir de encubierto y arruinar todo intento de acercamiento ¡Si! ¡Así podría vigilarlos! ¿Y como me escondería? ¿Y que excusa doy si me descubren? No lo harán ¿Pero cómo justifico al Gobierno mi ida a Mexico, en el remoto caso que me cacen, si se supone que estoy enfermo? ¿O podría fingir una recaída o no…? Si me lanzó por los escalaras en ángulo correcto…Tampoco funcionaría, Al esta hecho una furia conmigo, ni aun así me haría caso.

Su espalda golpeó el sofá abatido, alargó un brazo y encendió la radio. En ese momento sonó una de las canciones más populares del año pasado «Moscas en la casa». Sintió que la melodía lo comprendía y acompañaba, pues lo que relataba era exactamente lo que le sucedía: todos los días resultaban igual de tediosos, igual de vacíos. Sus días no tenían nombre ni razón para ser vividos. Ignoraba el comienzo y fin de las jornadas. El tiempo había caído sobre él como sabana pesada y lo había dejado en un estado de postración.

—¿Y porque simplemente no le dices lo que sientes por él?

Aunque fue un susurro, lo oyó claro y tan fuerte que retumbó en toda su cabeza. De un salto se sentó y comenzó a mover las manos nervioso— ¿L-lo lo q-que si-sien-siento por-por él?

—Sí —contestó su conciencia con paciencia infinita— ¿Porque tienes tanto miedo a entregar…?

—Se irá si lo hago. Todos lo hacen. —Palacios, curiosamente se extrañó de que la declaración realmente no lo sorprendiera, era como si siempre lo hubiera sabido. Un gran peso abandonó su cuerpo— No quiero que ese dolor me ahogue otra vez. No, no, no. Él me abandonó, ellos también se fueron. Hasta ella…

—Todos eran humanos y, por ende, mortales. A él la tuberculosis lo venció, se fue al sepulcro anteponiendo su descansó eterno a la edificación de una Gran Colombia que nunca se completó.

—Me preguntó si estará tranquilo. Porecito. Eso si es triste. Y sí, sé que vas a decir, y sí ellos me dejaron porque no tenían opción y ella…

—A ella se la llevo la viruela —habló nostálgico—. Nos quería tanto.

—Todo mi futuro se truncó con esa noticia. Ya estaba pagando la casa en la que viviríamos, faltaba tan poco, solo unos años más y hubiéramos sido felices. No más cartas, ni desvelos, ni ese anhelo perpetuo en el que vivíamos hasta que nos reencontrábamos.

—Era incorrecto, estaba mal. Ella era humana.

—¡Al diablo! ¡Yo la amaba! Pero su muerte, la de Sucre, la de Bolivar y la de los demás. Todo tan seguido, tan repentino me destrozaron.

—Y ese paso de mano en mano en la niñez…

—Eran buenas personas, algunas de ellas…

—Otras no.

—Si. Otras no. Desde que tengo uso de memoria, gran parte de mi infancia se tiñe de inseguridad junto con periodos de incomodidad y desesperación. Primero las constantes mudanzas: dicen que viví en Margarita, después en Coro y luego me trasladaron permanentemente a la pobre y provinciana Caracas*. En medio del alboroto, los Welsers se adueñaron de mi. No me gusta rememorar esa época y sin embargo vuelvo a ella. Quizás porque son los pilares de lo que ahora soy.

—Bases poco solidas, si me permites. Los psicólogos dicen que esos años son fundamentales.

—Ecolecua. Y los siguientes no ayudaron mucho, gracias a los piratas y la confirmación que España me detestaba y no le importa demasiado mi futuro. Cómo voy a crecer mental y emocionalmente sano con ese background. Además, viví y presencie cosas que un niño no debería. Más de una vez tuve a los piratas a un palmo de mi cara. Por eso, durante años acumule amargura, ira y desconfianza hacia todos. Muchas personas no me soportaban, ni yo mismo lo hacía. —Aun con lo terrible que se sentía, sus ojos se hallaban secos.

—Teníamos una especial habilidad para meternos en cualquier peo.

—Si…

Se quedó un rato en silencio contemplando el techo, escuchó como E.E.U.U arribaba al piso superior y se metía en su cuarto—. Tengo tanto miedo. —La voz se le quebró— Racionalmente sé que si fuéramos novios y cortáramos, Al no desaparecería de un día para otro de mi vida, pero tengo tanto miedo. No sé… como amar. Nadie me ha enseñado y no tengo ningún modelo en el cual fijarme. Me siento que voy a la deriva en este tema. No sé cómo actuar ni a quien pedir consejo. Estoy aterrado ante la idea de volverme dependiente de él y en consecuencia, me convierta en una pieza de su juego. Aparte, mis hermanos no lo tienen en buena en estima y no deseo que me odien.—El agua corría silenciosa por sus mejillas, respiraba lento hinchando sus pulmones para evitar sonido alguno que delatara su estado—. Pero también estoy hastiado de sentirme como siento y no saber que hacer —dijo entre dientes regañándose a si mismo, pues sabía que era su culpa que estuviera metido en ese problema— ¡Quiero resolverlo ya!

—Podrías pedirle que fueran despacio.

—No se si pueda ir despacio.

—Entonces, si se empatan, pídele que te demuestren su amor todos los días para que te haga sentir seguro. Déjate ir pero no te ciegas ante sus defectos, que, por suerte, muchos ya los conocemos. Eso si, aclárale tu situación o si no no avanzamos.

—¿Y con respecto a mis hermanos?

—Eso ya no se —suspiró—. Ya pensaremos.

Venezuela se limpió las lágrimas, se sentó, esperó, se paró, salió por la puerta, se detuvo en frente del cuarto de Alfred, tomó aire, tocó con sus nudillos y como no recibió respuesta levantó la voz—Alf…Estados Unidos me gustaría hablar contigo si pudiera ser. Por favor. —Al no obtener ninguna respuesta, se empezó a sentir inseguro pero no se hecho para atrás— Te prometo que será rápido y me iré inmediatamente una vez que hayamos terminado.

Para su propia sorpresa la puerta se abrió. Teodoro tragó saliva mientras Jones salía a recibirlo de muy mal humor—. Que sea rápido.

—Bueno yo… es que yo quería…

Cut the crap and tell me what you want.

—Disculpa por cortar tu conversación con México. La manera en que lo hice no estuvo bien, aunque estuviera justificado.

—¡¿Qué?! —Sin querer elevó la voz y sus lentes se deslizaron por su tabique nasal. Que Venezuela se disculpara con él resultaba un hecho extraordinario.

—Pido disculpas por mi actitud previa: el almuerzo se te enfriaba, llevaba tiempo gritándote y como no venías, te quite el celular a ver si así llamaba tu atención. Esa no es la manera. Perdón. No lo volveré a hacer. —No era del todo cierto pero tampoco mentira.

E.U.A se hallaba completamente anonadado. Abrió la boca repetida veces, emitió varios «ummm» y se rascó la cabeza buscando que contestar. De repente, se fijó en los ojos de Palacios y se dio cuenta del brilló suplicante que los salpicaba, de lo hermosos que eran y sintió que se perdía, que su consciencia se nublaba como aquella vez en la cocina. Sacudió su cabeza para recobrar su dominio, sucintamente le afirmó a su compañero que lo perdonaba y se dispuso a cerrar la puerta pero el pie del venezolano se lo impidió. Lo observó hastiado— ¿Y ahora qué?

—Emm, mira se que estas muy molesto conmigo pero…ya que vivimos bajo el mismo techo podríamos dejar las hostilidades de lado. Por favor. Emm… No necesito que volvamos a ser amigos. Solo bajar los niveles de agresividad. Si piensas que ignorarme es una buena medida la respetaré e intentaré cruzarme contigo lo menos posible.

El catire titubeo un momento, otra vez asombrado por las palabras del caribeño, para luego suspirar y declarar que lo pensaría.

La nación latinoamericana, aunque uso toda su fuerza para que no pasara, no pudo evitar que sus labios se inclinaran en una tímida sonrisa—. De acuerdo…Entonces…Te dejo en paz. Qué pases una buena tarde.

Desanduvo su camino si mirar atrás, intentado que en su caminar no se notará su estado de animo, escuchó cómo Jones cerraba la puerta, se adentró en el cuarto de música, trancó, se pegó a la hoja de madera y se deslizó por ella hasta tocar el piso con una exultante sonrisa y los ojos soñadores. Suspiró y rió con regocijo— ¡Cómo me miró! ¡Estaba totalmente hipnotizado, no podía quitarme la mirada de encima! ¡Oh Dios, el corazón me iba explotar! Oh no…No me lo puedo creer…Al final si va ser verdad. Sino, como se justifica que con la sola idea de verlo tuviera los nervios a flor de piel, que cuando hablara con él temblara y que cuando acepto mi propuesta tuviera que hacer acopio de todas mis fuerzas para no brincar de alegría. El solo recodarlo ya hace que mi corazón lata más rápido. Su actitud positiva hacia mi petición es buena señal, ¿no? ¡Ahh! ¡No puedo controlar mis emociones cuando pienso en él!

—Pero por lo menos estas más claro, ¿no?

El moreno suspiró largo y tendido—. Supongo que si —Entrecerró sus pupilas deseando fragmentar la pared con la intensidad de su mirada. No iba a escapar de su destino. Ya no.

—No digo que la situación sea agradable, pero se alivianó. De ti queda seguir en esta indecisión o saltar a lo desconocido. En una pasarás varias semanas ansioso y, al final, aunque estarás más tranquilo, pues tu status quo no se verá alterado, seguramente te arrepentirás por ni siquiera intentarlo. Mientras que en la otra te adentrarás en un terreno desconocido en el que tu experiencia no te podrá ayudar, cometerás errores y te costará hallar el camino; no obstante, darás lo mejor de ti para lograr tu objetivo y, en el caso de no conseguirlo, no habrá nadie que te reproche que no lo intentaste.

—Estoy harto de esta vida monótona, de estar paralizado por mis sentimientos e indecisiones.

—Podría salir mal o bien. Ya tienes a Alfred en tu contra, peor que eso es difícil.

—Y no me gusta arrepentirme. Detesto estar aterrado pero detesto aún más vivir sin hacer nada. No me gusta nada no poder controlar las situaciones en este tipo de temas. Sin embargo, tampoco sería la primera vez que me arriesgo. —Había tomado una decisión y sabía que la ejecutaría hasta el final— Tendré que aceptarlo. Voy a hacerlo

—¿Vas a aceptar qué? —cuestionó orgulloso su consciencia por los avances que habían logrado. Sabía lo que diría pero quería que sus labios lo pronunciaran.

—Que Al me gusta. Muchísimo. —E interiormente asustó de nuevo y se emocionó por la libertad que había ganado con la aceptación.

El norteamericano lo analizó por unos segundos mientras Venezuela se dirigía, aparentemente sereno, al cuarto de música. Cerró la puerta todavía confundido y molesto consigo mismo. Teodoro parecía albergar buenas intenciones, pero no estaba del todo seguro. No obstante, no podía decir que «no» a su petición, no después de esa mirada que le había lanzado. Otra vez se había perdido en ese paradisiaco mar que guardaban sus ojos. Se llevó las manos a su rostro irritado. Todavía no lo había superado, todavía estaba a su merced y él no deseaba ser títere de nadie.

Y menos de él.

A partir de esa conversación la tensión descendió considerablemente. El que se ignoraran había sido una genial idea, ya que permitía a Estados Unidos obviar la existencia de quien más conflictos le creaba en ese momento, y a Venezuela estar cerca de él por cortos periodos sin pelear, lo cual aliviaba su dolor en gran medida.

Con los días se percató de lo importante que era el gringo para su vida: simplemente compartir una habitación en silencio o que Jones sonreirá le iluminaba el día, mientras que si lo veía cabizbajo o que se lastimaba le entristecía y preocupaba enormemente. Mas, esto no terminaba de saciar sus deseos, pues sus expectativas apuntaban a algo más alto.

Empero, todavía no encontraba los argumentos para enfrentarse a sus hermanos. Sin embargo, lo que más lo enervaba era la intuición de que si el dilema lo tuviera México lo tolerarían mejor. Si a eso le agregaba los días que restaban para que Jones y Alejandro se reunieran, entraba en un estado de angustia que le dificultaba la resolución de sus dudas, con lo cual se estresaba más y se hundía en un circulo vicioso. No obstante y para el bien de su salud, la cuestión fue resuelta en un diálogo entre él y Ecuador.

Se encontraba navegando por internet cuando la melodía de su celular lo sobresaltó tanto que acabó tirándolo al suelo. Rezó para que la llamada no cayera antes de conseguirlo y se complació al lograrlo y a descubrir a quién pertenecía el número.

—Aló ¿Qué hubo Juanjo? Hace tiempo que no te oigo ¿Cómo estas? ¿Cómo van las cosas por tu casa?

—¡Hola Teo! Bien, ¿y tu? Un poco más tranquilas. Gracias por preguntar, aunque tú sabes la crisis golpeando fuerte.

—Y a quien no ¿Y tus animales?

—¡Muy bien! Adopte otra tortuga y una cacatua. El primero se llama Humboldt y la segunda Darwina**—dijo emocionado.

—Juanjo, ¿De dónde sacaste una cacatua? Y más con el clima que tienes en Quito.

—Ah no se. Cuando llegué a mi casa la semana pasada estaba parada en la ventana ¡Es tan linda! ¡Te mandaré unas cuantas fotos!

—Juanjo, la cacatua debe ser de alguien, no es animal endémico de Ecuador. Deberías devolverla —habló calmado pero firme—. Además ya tienes como tres loros, cinco perros, cuatro gatos, una serpiente y ocho tortugas.

—Nadie la ha reclamado. No he visto carteles buscándola, así que no la querrían tanto como tú dices. Seguro la pobre pasaba hambre. Yo le daré el amor que necesita. Acá estará bien, aparte cada una de mis mascotas es diferente, única, y especial; No son cosas que las puedas tirar así como así, tienen sentimientos. —Se defendió con aire ofendido.

Teodoro rodó los ojos y se armó de paciencia mientras escuchaba el discurso de su hermano—. Estoy de acuerdo contigo. Completamente. Todos los animales tienen su propia personalidad y por tanto son únicos. Lo que me preocupa es que con la subida del dólar, el sueldo se te quede escaso para comprar comida para ti si lo gastas todo en tus mascotas.

—Tonterias. Eso no pasará, pero en el remoto caso que si, pues ya vería como me las arreglaría. He estado al borde de la muerte algunas veces***, no tengo miedo porque no estoy en esa situación. Además, los chicos me hacen compañía y yo a ellos, si tuviera que desaparecer me gustaría pasar mis últimos momentos con ellos.

—Ok, ok. Y, ¿cómo están ellos? —Cambió de tema bruscamente. Se debatía entre admirar la valentía de su hermano ante ese momento ineludible de la vida o su miedo a pensar en ello.

—Muy bien, la verdad. —La voz de Juanjo retornó a la alegría habitual que le imprimía al asunto—Perdón por no responderte pero Emé**** me estaba llamando, espera la traeré para que la saludes. Salúdala.

—Hola Emé —dijo sin mucho entusiasmo a la tortuga que sostenía Ecuador desde el otro lado de la linea.

—Dice que «hola» también.

—Me lo imagino…

—También deberías saludar a Claudia, Julio José, Clotilde,…

—Juanjo mejor júntalos a todos y les doy un saludo colectivo —declaró Teodoro fastidiado y agobiado ante la idea de estar una hora repartiendo buenas nuevas.

—¡Excelente idea! Ya vengo. —El caribeño escuchó los ladridos felices, los ronroneos de satisfacción, los ansiosos píos, los siseos desganados y los extraños graznidos que produjeron los esfuerzos del ecuatoriano por ordenar a sus mascotas—. Ya esta. Habla.

—Hola chicos, espero que todo les vaya de maravilla y que lo que desean se les cumplan. Bueno, exceptuando el sueño de Salem, Sucre, Yenni y Mary Kate de comerse los pájaros. Se que les gustan, pero Juanjo se sentiría muy mal si lo hacen. Abrazos y besos— Un enorme bochinche recibió sus palabras con tal alegría que al venezolano le pitaron los oídos y se separó de auricular.

—¡Qué bello mensaje Teo! ¡A los chicos y a mi nos encantó! ¡Seguro estarán encantados que pases unos días con nosotros cuando mejores! Además salir de casa y rodearte de aquellos que amas te hará bien.

—Tienes razón. De acuerdo, te prometo que cuando el médico me dé el alta, tomaré el primer vuelo que salga a Quito —afirmó con una sonrisa.

—Y yo te estaré esperando para darte un abrazo.

Por unos instantes, la respiración del otro inundó el auricular. No hablaban pero si se transmitían cariño, un sincero amor fraternal. Al final, Venezuela tomó la palabra—. Ehh Juanjo esta pregunta te va a parecer un poco rara, pero como me la paso mucho tiempo en casa no puedo evitar ponerme a pensar y…La verdad me da un poquito de pena preguntarte. —Palacios se golpeó la frente como castigo. Se suponía que atraería a Juanjo a través del chisme no de la angustia. Resultaba increíble el efecto que Jones tenía sobre él.

—No le voy contar nadie. —La inusual inseguridad de su hermano lo desconcertó y preocupó al mismo tiempo. No se le ocurría qué pudiera afligirlo de esa manera, mas lo guardaría incluso bajo la tumba si su familiar lo precisaba.

—He estado pensando en México y Estados Unidos, en su relación y si se convirtieran en pareja.

—¿Y eso te preocupa?

—Si porque te imaginas cómo nos repercutiría eso. No sabemos que alcance tendría el gringo si ellos se empataran.

—En cierto sentido tienes razón. —Palacios se tranquilizó y felicitó a la vez por virar la conversación a dónde quería. Todavía no había perdido facultades—. Y en otro no: aunque es verdad que no podemos evaluar el peso que ganaría el gringo en la familia si sucediera eso, lo cierto es que México y él llevan mucho tiempo acostándose juntos y eso no ha cambiado en lo más mínimo sus planes. Sin embargo, acostarse y ser novios no es lo mismo. La única que manera que veo a Alejandro aceptándolo como pareja, y es poco probable, sería que estuviera muy enamorado de él y en ese caso no se si se enceguecería hasta tal punto que sería incapaz de ver o reconocer el daño que nos haría a los demás por la mayor cercanía que tendría.

—Sin contar que Alejandro ya es ciego a nuestros problemas.

—También. Entiendo que te preocupes, no es para menos ¿Es que has visto avances de ese tipo entre ellos?

—No, pero quién sabe lo que podría pasar. Yo prefiero prepararme antes por si acaso.

—Si mejor, pero bueno, si Alejandro lo hiciera tampoco me extrañaría tanto.

—¿No?

—No, por lo que te dije.

—Eso quieres decir que lo aceptarías ¿no?

—Por lo menos lo toleraría.

—¿Y los demás?

—Unos más, otros menos, pero creo que, en general, acabarían aguantándolo.

—¡¿Porqué?! —levantó la voz frustrado al confirmar sus sospechas.

—¿Pero por que te molestas?

—¡Porque me parece injusto que le demos esa libertad a Alejandro! ¡Yo tengo una relación de larga data con E.E.U.U y-y-y-y…! —contestó adolorido.

—Pero tú crees que realmente podemos confiar en Alejandro como confiamos en ti. Alejandro jamas ha estado pendiente de nosotros ni nos ha tendido la mano como tú lo has hecho. Él desde bien temprano nos dio la espalda para mirar al gringo y tú no. Le tengo cariño, pero todos sabemos que no podemos contar realmente con él. Debería alegrarte que nuestras expectativas hacia ti sean mayores. Nosotros sabemos que tú nunca nos traicionaras, por eso te queremos tanto.

Hablaron por un rato más antes the colgar y al cortar la comunicación, Venezuela bajó el brazo y lo dejó muerto al igual que su cuerpo. Repentinamente, la mano que sostenía su celular comenzó a temblar así como el resto de su cuerpo hasta el punto que el teléfono también se movía. Apretó los dientes y los ojos, para luego, lanzar el aparato con violencia inusitada a la vez que bramaba acerca de su injusta situación— ¡Maldición! ¡Maldito Alejandro! ¡Ahh! ¡Es tan injusto! —Agarró su cabello y lo jaló con tanto ímpetu que algunos mechones se desprendieron, abrió los ojos y comenzó a patear y tirar lo que se hallaba a su paso— ¡Estoy harto! ¡Harto! ¡Harto que tú puedas hacer lo que quieras y yo no! ¡Todos son unos hipócritas! ¡Todos y cada uno de ustedes! —gritó señalando a la nada— Qué luchamos con un enemigo externo y tenemos que unirnos ¡Ja! ¡No me hagan reír! ¡Si el enemigo lo tenemos dentro! ¡Tú, tú y tú! —vociferó a unos invisibles Argentina, Uruguay y Brasil— ¡Lo que le hicieron a Paraguay fue algo dantesco, una masacre! No me extraña que aún no los perdone ¡Porque si me lo hubieran hecho a mí los odiaría de por vida! ¡Menudos hermanos y vecinos tiene! ¡Pobre! ¡Y además nunca se han disculpado! ¡Debería darles vergüenza! ¡Tú, Chile, si tú! Siento lo que te hizo Alfred, pero tú tampoco eres un santo ¡Ni mucho menos! ¡Le quitaste la única salida al mar que tenía Bolivia para trabajar las minas de la zona! Por citar algún conflicto bélico —mencionó con claro desdén— Perú, tranquilo que no me olvido de ti. Le quitaste una buena porción a Ecuador y querías que Bolivia formara parte de ti como en la época colonial. Ecuador, mi dulce y distraído hermano. Te quiero y por eso te regalo este consejo: Juanjo, has pasado por muchas vicisitudes, tu tamaño se ha reducido gracias a Colombia y Perú, y no obstante no me ves conspirando contigo para aislar a Colombia. Yo tuve también que ceder terreno a Jaime a regañadientes, pero yo no te meto en mis problemas con él porque nuestras disputas solo nos incumben a nosotros. Con esto te quiero decir que no te apoyes en tus hermanos, y menos en estos con el historial que tienen. Tus batallas son solo tuyas y tus relaciones deben basarse en tus intereses.

»Podemos sentirnos mal con Estados Unidos—prosiguió—, podemos quejarnos, podemos recriminarle las decisiones que toma y acomete, hasta podemos intentar disuadirlo a través de diversas medidas; no obstante, cualquier cosa que hagas piensa siempre en cómo te afectara ¡Ah! ¡Casi se me olvida! México. Mi amado Alejandro. —Se lo imaginó delante de él, lo sujetó de la camisa y lo atrajo hacia si con ferocidad— Estoy harto de los privilegios que tienes solo por ser tú ¡Desde que naciste ha sido así! Bien, pues se acabó. —Su voz escapó entre sus dientes en forma de susurro y, una vez terminada la frase, su expresión cargada de desprecio mudó a una siniestra y su tono cambió a uno sedoso— Despídete de tu amigo de verija***** por que cuando consiga que vuelva a mi lado me encargare de borrar cada huella, cada olor, cada partícula, cada pensamiento, cada emoción que no verse sobre relaciones diplomáticas estrictamente hablando entre tú y él. —Lo empujó, desapareció de su visión y Palacios retornó a la realidad mientras jadeaba por el esfuerzo realizado considerablemente más calmado que antes.

—Muy poético, potente, cautivador y falso. Dudo que logres borrar de su memoria sus encuentros con Alejandro. Es una persona no un disco duro, pero lo que si puedes conseguir es que cuando recuerde esos momentos sienta poco o nada.

—¿Sigues ahí? —cuestionó con un deje de molesta.

I wish I could go away —respondió resignado—. Por cierto no mencionaste a Colombia ni a los países de América Central.

—Ellos no me darán tantos problemas en mi posible relación con E.E.U.U como los citados.

—Ok, pero algunos de los argumentos no me convencieron. Aparte, no te dirigiste a Bolivia.

— Es que todavía no se de qué acusarlo. Ya lo pensaré después. Lo que sí tengo claro es que se pueden ir todos a la mierda. Voy a hacer lo que me dé la gana.

El silencio cayó de nuevo en la habitación, lo cual permitió que los sonidos exteriores penetraran las paredes. Uno de estos fue la decepcionada voz del gringo. Al unísono todos los sentidos de Venezuela se pusieron alerta, caminó de puntillas y a grandes zancadas arribó a la puerta, la abrió con máximo sigilo y sacó la cabeza cauteloso, hallando a quien buscaba al inició de la escalera.

—¡No puede ser! ¡¿En serio que no puedes quedar?! Pero si lo habíamos planeado con dos semanas de antelación ¿Una emergencia? Espero que sea verdad y no que te acordaste que quedaste con otra persona ese mismo día. De acuerdo, te creeré…Bueno, entonces ¿para cuando? ¡¿Cómo que no lo sabes?! ¡Alejandro! ¡No me lo puedo! De acuerdo, llámame cuando puedas. —Colgó y miró la pantalla de su móvil con irritación, bufó varias veces, apretó sus manos un momento y bajó por las escaleras.

Venezuela, temblando de la felicidad, volvió a encerrarse sonriendo ampliamente—¡Si! ¡Si! ¡Si! —gritó mientras elevada un brazo con el puño cerrado, lo doblaba, ponía ambos brazos cerca de su cara y saltaba de la alegría. Su problema inmediato se había solucionado solo y aunque eso no garantizaba que Alfred lo perdonara, con las cosas más claras el sendero resultaba más fácil de transitar.

Aun así espero cuatro días a que el humor de su compañero se apaciguará. Al quinto, se dispuso a ejecutar su plan.

Bajó las escaleras de forma pausada y rígida. Tomaba grandes bocanadas de aire para conferirse valor, no obstante aquello no disminuyó las dosis de adrenalina que recorrían sin cesar su cuerpo y lo mantenían ansioso. Ya en planta baja, se asomó tímidamente hacia la sala que daba al patio y, como esperaba, vio sentado a Jones prestando atención a su telenovela. Trago saliva. En sus oídos retumbaba el latir de su corazón. Caminó y sus pasos resonaron fuertes y seguros por la estancia. Alfred tampoco fue indiferente a estos: aunque no lo demostrara abiertamente, Venezuela captó la sutil rotación de su cabeza hacia donde provenía el ruido.

La nación caribeña se detuvo unos pasos del sofá donde se hallaba el gringo, intentando no taparle la visión. Se puso las manos en los bolsillos, observó que el rubio permanecía impertérrito a la llegada del latino; y abrió la boca—. Necesito hablar contigo.

Nadie le respondió.

—Es algo muy importante. —Y de nuevo únicamente se escuchó aquello que salía del televisor—. Hablo en serio. —Palacios había llegado a una resolución y no se echaría para atrás fácilmente.

—¿No hicimos un trato acerca de bajar la agresividad domestica si nos ignorábamos mutuamente?—murmuró con las pupilas todavía clavadas en la imagen.

—Lo se pero esto es importante.

—Estoy ocupado.

—Pero esto no puede esperar. —O si no él sería presa de la cobardía.

—No es mi problema —contestó con una indiferencia que resultaba insultante.

Teodoro dominado por sus impulsos arrancó los controles de las manos de Jones, salió al patio, los tiró a la piscina, volvió y jaló con violencia el cable principal, apagando el aparato de una. Todo ante la pasmada mirada de catire, quien pasó de ese estado a la bravura en un segundo.

—Muy bien, ¿y qué es aquello tan maravilloso que no puede esperar al final de la novela? —dijo con evidente ironía y traspasándolo con sus pupilas.

Palacios tomó aire, sintiendo como todo su cuerpo se tensaba y el mensaje subía por su garganta—. Me gustas —declaró con los ojos fijos en el Mar Atlántico contenido en las pupilas del aquel que le robaba la tranquilidad.

—Disculpa, creo que no oí bien ¿Me lo podrías repetir? —cuestionó mientras se rascaba una oreja.

—Me gustas. Mucho. —Cuánto más lo repetía más seguro se sentía acerca de sus sentimientos.

La risa cínica del rubio inundó el lugar. Se carcajeó con fuerza hasta que se vio obligado a parar por falta de oxigeno—. Que broma más buena, de verdad. Y original, muy original. Vamos, ríete.

—No es una broma —respondió serio.

El gringo reanudó su carcajada, pero al ver que el venezolano no mudada de expresión la situación fue perdiendo su hilaridad. Al final, E.E.U.U adoptó un semblante pétreo— ¿Tú crees que yo soy idiota?

—Para nada, aunque a veces te comportas como tal.

El gringo apoyó sus codos en sus piernas, arropó una mano con la otra y las acercó a su boca hasta tocarla a la vez que escudriñaba al moreno con la vista— ¿Qué es lo que te propones?

—¿A qué te refieres? —preguntó extrañado.

—¡Ya se! Tienes miedo de que deje de comprarte petróleo y por eso montaste esta farsa.

—Eso no tiene sentido. Como naciones, hemos pasado momentos de tensión mayores al actual y nunca dejaste de comprarme ¿O necesitas que te recuerde del posible intento de asesinato a Nixon cuando era vicepresidente? Y no es una farsa. Me gustas. Punto.

Estados Unidos se mantuvo circunspecto durante un tiempo que a Palacios le parecieron horas y, cuando levantó la cabeza, una mueca de seguridad adornaba su cara—. Es eso ¡Claro! No quieres que me vaya porque tendrías que hacer el trabajo pesado que yo hago —explicó mirando con suficiencia a Venezuela.

—Aunque admito que no me gusta hacer el trabajo pesado y te lo agradezco, no estoy mocho******. Ya realizaba este tipo de trabajo mucho antes de que tú llegaras a ayudarme, así que no me costaría volver a acostumbrarme. Aparte, tengo a Yusmelis.

No bien había terminado su aclaración cuando ya el norteamericano lucía una sonrisa de suficiencia. El país caribeño bufo imperceptiblemente ¿Con qué saldría esta vez?

—Tu ego ¿Cómo no lo vi antes?

—Explícate.

—Para ti soy solo un trofeo: como a ti te gusta acostarte con todo el mundo porque te hace sentir superior y México lo logro antes, ahora estás ansioso de conseguirlo en el menor tiempo posible.

—Y dime, si eres un trofeo para mi ¿Porqué no lo hice antes con todas las oportunidades que tuve?

—Por que me convertí en una pieza interesante desde que descubriste lo de México y yo —agregó con altanería.

El latino se abstuvo de rodar los ojos únicamente por la situación—. Alfred yo ya lo sabía. Lo sé desde hace mucho tiempo. Décadas, para ser exactos; y el rumor hace añales que circula por toda Latinoamérica.

Jones sintió una cachetada en todo su orgullo. Su rostro adquirió un lindo color rubí al mismo tiempo que se llevaba las manos a la boca para detener una exclamación, para luego, girar la cabeza cerciorándose que nadie más los escuchaba— ¡Eso es mentira! ¡Mentira! —bramó entre ofendido y avergonzado.

—¿Porque no llamas a Panamá y le preguntas tu mismo? Dile que vienes de mi parte —le azuzó mientras le entregaba su teléfono.

Todavía con las mejillas coloradas, buscó el número, lo presionó y carraspeó a la vez que el captaba los pitidos del teléfono. Evitó hacer contacto visual con Teodoro en un intento de calmarse. Sin embargo, su incomodidad en vez de disminuir aumentaba con cada segundo gracias a la penetrante mirada que le dirigía su ex amigo—. Ho-hola Panamá ¿Cómo estás?

—¡Oh, Estados Unidos! ¡Qué sorpresa! ¡Bien! ¿Y tú?.

—Bien…Escucha, ¿es verdad qué todos, y con todos me refiero a los latinos, saben que México y yo tenemos relaciones sexuales? —El silencio al otro lado de la linea fue tan monumental que el catire albergó dudas de si la comunicación se había cortado—. Venezuela, ya me contó. Solo quiero confirmar. Aja, aja, mmm, ah, oh…

Al mismo tiempo que ambas naciones americanas conversaban, por la cara de Palacios cruzó una expresión de triunfo tan rauda como un cometa. Él no había planeado contarle, pero ahora agradecía que su compañero se lo hubiera «sacado», ya que cuando el mexicano y estadounidense se vieran expuestos a la vergüenza, dejarían de frecuentarse por un largo periodo, momento en el cual el venezolano podría actuar. Lo único de lo que debía preocuparse ahora era de la inminente llamada de su hermana una vez acabado el dialogo con el norteamericano. Entonces recordó que había apagado su celular antes de bajar.

El caribeño río mentalmente: ni deseándolo le hubiera salido tan bien.

—Sí, es verdad —dijo al colgar. Se llevo las manos a su cabeza y agachó el torso—. Y al parecer México aún no lo sabe.

—No te preocupes, ya se encargará Panamá de eso. —Mientras Lucía no se explayara en sus explicaciones no tendría problemas.

Otra vez el silencio se aposentó. Empero, en esta ocasión el dueño de la casa comenzó a intranquilizarse: E.U.A no elevaba su cabeza, no hablaba, no se movía. Venezuela, cautelosamente, se acercó para estudiar su estado, y, por acortar distancia escuchó los murmullos que el otro expelía— ¿Qué pretendes Teodoro? De verdad, ¿qué piensas sacar de esto?

—No se porqué te esfuerzas tanto en no creerme.

—¡Por que la gente no actúa así cuando está enamorada! ¡No coquetea con alguien, luego se acuesta con otra y, al final afirma que le gustaba la primera! —gritó entre irritado, confuso y adolorido.

Venezuela se quedó pasmado. Alfred tenía razón: él se había aclarado pero no había ofrecido explicaciones a los demás. Había olvidado ese detalle en la emoción—. Bueno, eso te quería comentar: me comporté de esa forma por que estaba confundido.

—Si, claro.

—Enserio ¿Tú sabes lo que se me viene encima si me enamoro de ti? Mis hermanos me odiarían…

—No odian a México.

—México nunca ha recibido el mismo trato que lo demás —mencionó con indiferencia. No tenía ganas de describirle los pormenores de sus relaciones familiares—. Como sea, no creo que tenga que recordarte lo que les has hecho…

—Tu no entras en ese grupo.

—Si pero tengo una lealtad hacia ellos que cumplir. —Atestiguó cómo en la cara del otro se dibujaban las dudas, pero no se las iba a resolver— Además…

—¿Y entonces porqué me dices que supuestamente te gusto si tienes un deber que cumplir?

Venezuela suspiró y se masajeó el entrecejo—. Porque los mande a la mierda, mentalmente hablando, porque son unos hipócritas ya que le permiten a México acostarse contigo sin reprochárselo, mientras que si yo lo hago me caerían encima.

—¿O sea que para ti es lo mismo acostarse con alguien que estar enamorado? —replicó con indignación.

—¡No! Lo que quiero decir es que si yo hiciera lo mismo que México inmediatamente me lo reprocharían. Imagínate si digo que me atraes.

—Entonces ¿Porqué te acostaste con esa…? —El cinismo y el desprecio aún flotaban en su voz.

—Más respeto —le advirtió severo—. Como te comentaba: pensaba que estaba confundido y en parte así era, debido a qué no sabía qué hacer con mis hermanos.

»Sin embargo —prosiguió—, la mayor parte de forma de actuar se basaba en mi miedo a que me estaba enamorando de ti. Todavía no he acabado —amonestó a su oyente por un bufido desganado—. Realmente no era consciente de mis sentimientos hacia ti, pero subconscientemente si los registraba. Ahora creo que mi gusto hacia ti viene de antes, pero los sucesivos problemas en la región y entre nosotros, sumado a lo que te conté anteriormente impidieron que me diera cuenta.

»No obstante, tu repentina llegada, que al principio me molestó, luego me hizo desconfiar por tu vehemente promesa de «aun cuando el sueño intente vencerme no me separaré de tu lado». —Hizo una pequeña pausa notando lo difícil que era exponerse sin protección a otro— Las veces que alguien se había preocupado así por mi las puedo contar con los dedos de la mano y me sobrarían. No podía creer que fuera tan dichoso, todo mi ser aclamaba que te despreciara por tus viles mentiras; entonces, como no cedías, decidí que te echaría con mi mal comportamiento, más volviste a impactarme con tu paciencia, bondad y dedicación; y al final derribaste mis barreras y en vez de alejarte me aceptaste, me curaste y me permitiste conectarme contigo a un nivel de profundidad que muy pocas veces he sentido. Hacia tanto que no pasaba que había olvidado cuánto lo necesitaba. Después de todo eso, me resultó imposible no enamorarme más de ti. Es más, ni siquiera se me ocurrió detener el curso de las cosas por que estaba disfrutando tanto…Por fin era feliz. —El Mar Caribe brillaba con una fuerza y belleza que Alfred nunca había vislumbrado, y una sonrisa que el gringo jamas había imaginado adornaba su cara— Pero a la vez que eso sucedía, mi miedo aumentaba. Se que suena contradictorio pero es verdad: tengo miedo a enamorarme por si luego me van a herir. Ya sufrí demasiado en mi infancia y esta fue la manera que encontré para protegerme; en el fondo soy bastante sensible. Se que dirás que todas las colonias hemos tenido una vida difícil y tal vez tengas razón, pero esa fue la manera que hallé para sobrellevarla. Y entonces te preguntaras porque he decidido dejar que fluyan mis sentimientos si tanto temor tengo: pues por que he comprendido que el dolor es una parte de la vida y al encerrarme pierdo más cosas de las que gano. —Impactado por lograr su objetivo permaneció callado un rato, suspiró quedamente y atendió la llamada de su corazón que le aconsejaba que se tranquilizara, mas ambos conocían la respuesta.

Por su parte, E.E.U.U había transitado diversos estados emocionales —siempre con el cinismo como acompañante—: primero la sorpresa, después la irritación y el enfado y, por último la desesperación, la confusión y la inseguridad por no entender lo que el otro planeaba. Sin embargo, en algún momento olvidó su resentimiento y quedó cautivado con el discurso del venezolano. Años después afirmaría que se debió a su deseo de ser correspondido; pero en ese momento, la decepción que sentía sobre si mismo al verse incapaz de apartar la mirada del moreno más las emociones mencionadas, nublaban su juicio.

Al cabo de unos minutos de silencio, el poder de carisma del venezolano había cedido terreno de nuevo al cinismo, aunque no con la misma intensidad que antes—. Lo siento si hiero tus sentimientos pero no te creo —soltó sorpresivamente afligido. Desvió sus ojos. No aguantaba la angustia que transpiraba Venezuela.

—¿Porque? —murmuró tragando fuerte

—Porque no actúas según el patrón —dijo lo más firme que pudo aunque a Teodoro le sonó como excusa.

—Ya te dije porqué actué así. Aparte, la vida no es como las películas la pintan. Es por eso que las llaman historias de ficción. No creo que puedas encontrar ninguna pareja pasada o presente que cumplan los cánones de las películas: España y Austria se casaron sin amor. Con los años se enamoraron y, sin embargo, aún cuando España proclamaba que su corazón pertenecía a Austria, lo engañaba en sus viajes; algo que Austria también hacía aunque con menos frecuencia.

—Eso era así en el pasado.

—Y ahora también. Ni tú mismo cumples con lo preestablecido en las películas: probablemente has estado enamorado de mi durante años pero no lo sabías. Si esto fuera una película, tu te hubieras matado para que yo tuviera la mejor impresión de ti, cosa que no hiciste pues en muchas ocasiones me arrechaste a tal punto que no quería saber nada más de ti. Aparte que en todos esos años no es que te mantuvieras inocente y puro ¿o me equivoco?

Estados Unidos agachó la cabeza consternado. Estaba cansado de tanta discusión, de tanta disquisición, tanto pensar, tanto sentir. Ya no se hallaba seguro de nada y eso lo frustraba.

Venezuela viendo el agotamiento del catire y adivinando que se encontraba en una trifulca interna sobre qué postura seguir, sumado a que con la última intervención había puesto su mundo del revés sintió tristeza por el rechazo; pero más apenado se sintió al comprender el dolor del otro, por lo que, siguiendo su intuición se acercó a quien más amaba, se encuclillo— Alfred—el norteamericano dirigió su faz hacia donde provenía la voz, admirándose al instante que solamente les separara un palmo—, se que todavía no me crees y lo entiendo porque el historial que tengo no ayuda, pero no soporto que tu pierdas la esperanza en algo tan bonito como el amor. Por eso, todos los días voy a demostrarte cuanto me importas. No me importa un carajo si me lleva días, meses o años, no descansare hasta ver una sonrisa en tu rostro, una de verdad.


Notas:

*La capital de Venezuela se traslado 3 veces durante el siglo XVI hasta que, al finales de este se decidió por Caracas por su situación estratégica.

**Homenaje los botánico Alexandre von Humboldt que estudió la fauna y la flora de gran parte de América y al biólogo Charles Darwin que con el viaje a Las Galapagos desarrolló su teoría de la evolución. Curiosamente, aunque Humboldt es bastante conocido en América, resulta prácticamente desconocido en su país natal, Alemania.

***Ecuador ha estado a punto de fragmentarse por lo menos una vez después de su Independencia: entre 1857 y 1860 por crisis gubernamentales (muchas facciones desean el mismo poder e incluso el persidente de Perú se metió en la pelea porque le prometieron más tierras para su país que enfrentaba disputas territoriales con Ecuador desde la Independencia).

**** Aimé Bonpland era el compañero de investigación de Humboldt. A pesar de que su nombre se escriba Aimé, se pronuncia Emé.

***** Amigo con el que tienes relaciones sexuales. En España se les conoce como «amigo con derecho a roce».

******Mocho: en Venezuela se refiere a aquellas personas que han perdido una mano o parte de esta.

Debittouya: ¿contento? XD Me djiiste "quiero ver a Teito moviendo ficha". Pues aquí lo tienes y viene más, esto es una ¿sexy amenaza? ¿Eso existe? Mejor me voy yendo que se me empeizan a cruzar los cables XD.

Nos vemos en el siguiente capítulo. Cuídense muuuuucho :D