Hola a todos. Esta vez no tengo mucho que decir xd. Aunque si admito que disfrute mucho escribiendo este capítulo y espero que ustedes también lo hagan cuando lo lean.


La playa

Teodoro Palacios, la representación de la República de Venezuela, se hallaba decepcionado: había imaginado que a esta hora Alfred y él estarían compartiendo risas y buen humor, que la posterior ida a la playa traería miradas llenas de significados, tropiezos accidentales y no tan accidentales; y que un paseo improvisado por la desierta orilla, con todos los actores del crepúsculo como testigos, sería el lugar de la dulce entrega de su amor.

A partir de allí todos sus días serían maravillosos.

Sin embargo, lo primero no había ocurrido y predecía que el resto tampoco por el rumbo que estaban tomando las cosas: durante el viaje no habían reñido pero tampoco había armonía, después cada quien se había metido a su cuarto y fue por casualidad que se encontraron a la entrada del bungalow y de allí partieron a la piscina principal.

Teodoro abrió los ojos repetidamente ante una súbita idea: ¿Fue casualidad o es que ya de tanto convivir juntos estamos sincronizados?

Y sonrió.

También tenía que admitir que había creído demasiado en los supuestos efectos afrodisíacos y relajantes del paisaje marítimo. Solo era el primer día en Margarita*.

Eso le recordó la tercera bandeja de tequeños** que le acababa de entregar el mesero. Agarró uno, lo sostuvo con su mano y miró hacia la alberca. Por lo menos—se dijo—podía disfrutar de la vista. Y tenía todas las razones para pensarlo, pues en enfrente suyo se hallaba un gringo que salía de la piscina bañado por los rayos de Sol y delineado por las gotas del agua; el torso, pecho y piernas portentosas. El bañador se pegaba a su cuerpo y la parte de su cabello que se adhería a su frente fue retirado con suaves movimientos de la cabezas a ambos lados.

Palacios mordió el tequeño y agradeció tener puestos sus lentes de Sol.

Jones abrió los ojos y le dirigió la mirada recriminadora que ponía antes de empezar a regañarlo.

Teodoro llevo de nuevo el tequeño a la boca mientras se acomodaba las gafas entre su pelo y observaba a Alfred esperando reprimenda.

—Teodoro ¿Eso que veo es la tercera bandeja de tequeños que pides?

—Sí.

—¿Es que quieres empegostarte el estomago***?

—No…Es que como estoy de vacaciones y tenía hambre quise comer lo que me provocaba.

—Pero, ¿no ves que acabas de salir de una situación delicada?

—Pero hace ya dos meses mínimos que estoy estable.

—Sí, es verdad, y si tenemos en cuenta cómo estabas la evolución es admirable incluso para mi, pero creo que todavía no deberías ser tan indulgente contigo mismo.

—¿Te estás preocupando por mi? —preguntó entre confuso y cada vez más alegre.

—¿Qué? —contestó a modo de pregunta perplejo.

—Bueno, desde que tuvimos la gran pelea no te habías públicamente interesado por mi salud.

—Eso… —Por un momento su mente se paralizó ante el golpe de la realidad, y en la confusión se giró y caminó de nuevo a la piscina hasta que oyó como el venezolano lo llamaba y volvió su rostro.

—Te acaban de traer la arepa. Se te va a enfriar.

Estados Unidos se volteó completamente sorprendido hacia Venezuela y el plato que sostenía. Él no había pedido una arepa pero si deseado en privado, así que, ¿cómo Palacios…?

—Cuando nos estábamos bañando en la piscina dijiste que querías una «reina pepiada**** », lo dijiste más para ti —explicó y le tendió el plato con una tímida sonrisa.

El norteamericano lo sostuvo entre sus manos, lo vio durante unos segundos, levantó su cara hacia donde se encontraba su compañero y con una pequeña pero dulce sonrisa y entrecerrando levemente sus ojos le dio las gracias.

El contemplar la sonrisa de Alfred, la primera en mucho tiempo que le regalaba, le trajo tal dicha que su mente se nubló, su corazón se aceleró, su rostro se adornó con una inmensa sonrisa y sus ojos se iluminaron al acto—. De nada —susurró.

E.U.A, que se había quedado embelesado, recordó la actitud indiferente que había planeado mostrar al caribeño en las vacaciones, mas viéndose descubierto en que sus sentimientos hacia el moreno no habían variado—sobre todo delante del susodicho— se sentó en la tumbona contigua, comió su almuerzo y evitó mirar un rato a quien hacía su mundo vibrar.

Al latino, sin embargo, esta actitud no lo afecto, pues después de lo presenciado ya nada podía arrebatarle la felicidad.

Una vez acabada la diversión en la piscina, regresaron a sus respectivas habitaciones.

Alfred se bañó, se acostó en la cama con la idea de ver una película y se quedó rendido a los 5 minutos.

Lo despertó la subida de volumen de una publicidad en uno de los canales nacionales. Ofertaban un producto de limpieza con la típica técnica de que una supuesta vecina avalaba las bondades del mismo.

Se paró, se acercó a la ventana, sus ojos se percataron de que era noche y su estomago de que era hora de cenar, se vistió, agarró sus llaves, cerró la puerta y miró por un minuto la puerta de enfrente y luego la ventana corrediza que también ejercía de puerta del otro cuarto. Las cortinas impedían la visión, pero aun así se esforzó por captar alguna silueta en movimiento. Nada, estaba oscuro.

Caminó al buffet libre del hotel, se pidió un pedazo de carne con ensalada y puré y comenzó a cenar levantando de tanto en tanto la vista a la entrada.

—Hola.

Estados Unidos giró la cabeza y torso asombrado hacia la voz a sus espaldas, aquella que inconscientemente tanto había deseado oír—. Ho…hola —balbuceó mientras lo seguía con la mirada.

—¿Puedo sentarme? —preguntó colocando ambas manos en el respaldar de la silla.

—Sí, claro. —Acompañó su respuesta con una pequeña, sincera e inconsciente sonrisa que fue correspondida por el otro.

Teodoro tomó asiento y ordenó su cena.

—¿Dónde estabas?

Palacios abrió sus ojos hasta el límite que le permitían sus músculos. Por primera vez esa pregunta no se hallaba plagada de rencor o desprecio, sino de curiosidad y de…¿Decepción?—. En mi cuarto durmiendo. —Estudió su mirada— ¿Me fuiste a buscar? —cuestionó tentativamente.

—No ¡Claro que no! —Al verse posiblemente atrapado en el acto tanto por su acompañante como su propia consciencia, cruzó los brazos sobre su pecho e inmediatamente quiso golpearse por la sinceridad de su cuerpo.

Venezuela sonrió silenciosamente y desvió sus pupilas hacia el horizonte un momento antes de volver a mezclar el Mar Caribe con el Océano Atlántico—. Estuve todo este rato en los brazos de Morfeo. Estaba tan profundo que ni siquiera uno de tus asaltos me hubiera despertado. Gracias. —Despidió al mesero y comenzó a cenar— ¿Te gusta este sitió?

—Si…Pero parece que a ti no —agregó tiempo después de observar su rostro impregnado de una dulce nostalgia: los ojos fijos en el horizonte y la mente más allá.

—No es eso. Adoro este lugar…solo que me sorprende lo mucho que ha cambiado. Es decir, cuando yo era niño esto era monte y tres o cuatro casas. Posiblemente nací acá o en Cumaná, no lo sé ¿Qué pasa? —cuestionó al percatarse de la expresión entre confusa y admirada del catire.

—Es que nunca me habías hablado de tu infancia con tanto detalle. Siempre de tu época independentista en adelante. Tu niñez es un absoluto misterio para mí. De hecho, cada vez que alguien trataba el tema, tú lo hacías desaparecer —explicó con la certeza de haber descubierto algo nuevo sobre el hombre que tenía en frente.

El país latino resopló con aire de quien es pillado en una broma—. Es verdad. Aunque tú tampoco dices mucho.

—No preguntaste.

—Tampoco creo que le cuentes a todo el mundo eso.

—Cierto.

Se quedaron un rato en silencio. Perdidos en sus pensamientos. Analizando las palabras del otro.

—Entonces dijiste que naciste aquí.

—Bueno realmente no lo tengo tan claro. Los primeros años son un pelo confusos, pero Margarita me trae sobre todo buenos sentimientos. Su mar quieto unas veces, traicionero otras; sus cristalinas aguas, sus días calurosos y brillantes, las boscosas montañas al pie de las blancas playas con sus altas y gentiles palmeras ¡Ah, disculpa! Estoy confundiendo lugares —explicó mientras sus ojos recorrían el paisaje para luego posarlos en los del gringo algo apenado.

—Eso se oye como el paraíso en la Tierra.

—Quitando la explotación de perlas y todo lo que la circundaba… —Su rostro se ensombreció un momento y a Alfred se le arrugó el corazón—…lo era. —Se hizo el silencio nuevamente, mas esta vez sus miradas se hallaban conectadas y sus cuerpos también— ¿Y tú? —preguntó, sonrió dulcemente y su gesto fue replicado por su compañero

—¿Yo qué? —Palacios rió suavemente y Jones pensó que su amigo se veía adorable—. Ah, eso. Mis primeros años también están un poco borrosos. Creo que es una constante en todos nosotros—Venezuela asintió contento—. Pero lo que si recuerdo son los bosques de Virginia, como en su inmensidad se vestían según la estación hasta emular los colores del atardecer; el frió viento que me rizaba los vellos y limpiaba mis pulmones, los largos días de verano correteando bajo el Sol*****…—No entendía porqué pero desde que habían comenzado a hablar, un pequeño calor que había nacido en su pecho crecía más y más; se sentía tranquilo, seguro, infinitamente feliz. Se sentía bendecido, se sentía…pleno. Si, eso era. Hacía tanto tiempo que no lo experimentaba que había olvidado que existía.

Tenía ganas de que el mañana nunca llegara, anhelaba conversar en esa mesa junto a Teodoro para siempre. Disfrutaba contándole al otro su vida, mas no para vanagloriarse sino meramente para compartir y que lo comprendieran. Y parecía que Venezuela deseaba lo mismo, por lo que se explayó en su relato y lo acompañó con armoniosos movimientos de brazos.

Y en el silencio que vino después de la explicación se sorprendió pensando «Que ojos tan bellos tienes», y quiso abofetearse. Definitivamente esa atmósfera lo estaba embrujando. Gracias a Dios, Teodoro terminó de comer y se estaba parando.

—Me voy a mi cuarto a descansar. Mañana tendremos un día de playa ¿Tú que vas hacer?

—Lo mismo. —E.U.A se sintió aliviado de salir del local y dejar atrás ese sofocante ambiente. Sin embargo, no contaba con que el camino de regreso se hallaría en una provocadora penumbra, por tanto, evitó mirar a Palacios durante el trayecto.

—Bueno, nos vemos mañana —saludó Palacios desde su puerta al joven que habitaba en la alcoba en frente a la suya.

—Hasta mañana.

Cuando cerró la lamina de manera tras de sí y sus oídos se llenaron de silencio, el venezolano sonrió mostrando sus dientes.

Tal vez el lugar si estaba obrando a su favor.

No obstante, a la mañana siguiente su relación retornó a tiempos más hoscos como el andar de un cangrejo. Jones, que se había sentido decepcionado de sí mismo por dejarse llevar por sus emociones, ya que se había prometido no caer ante los encantos de Teodoro, se había metalizado no volver a hacerlo —aunque él sabía que cada vez más le resultaba imposible no sonreír cuando el otro lo hacía, no buscarlo, no conversar con él, no querer compartir su tiempo, emociones y vivencias, es decir cada vez se sentía más inclinado a perdonarlo—.

Sin embargo, su cuerpo y corazón lo volvieron a traicionar al verse expuesto a la belleza semidesnuda del moreno y su hermosa expresión en la playa. Lo había visto antes, empero ahora resultaba diferente y no sabía si era el paisaje que los rodeaba, que había adquirido consciencia de sus sentimientos o ambas, pero debía separarse de él cuanto antes.

Se trataba de una conclusión intuitiva y subconsciente, por tanto y arrastrado por las angustiantes emociones, la respuesta se baso en una serie de conductas que destemplaron los ánimos y alejaron de nuevo los corazones de los pretendientes.

Palacios miró en la dirección en la que se había ido el rubio a la vez que bufaba. Se encontraba emocionalmente revuelto. Así no se había imaginado su primer día de playa y aquello lo frustraba, mas las palabras y gestos que le dedicaron lograron que mandaran al otro a la mierda. Y por él podía quedarse el día entero allí.

...

Wuilker, un muchacho con la piel bastante morena por el Sol, el cabello y los ojos negros y de complexión delgada; pateó el balón de futbol con fuerzas buscando que su compañero de equipo y hermano gemelo Wilmer la recibiera y marcara el primer tanto del entrenamiento.

Sin embargo, el lanzamiento fue realizado con tanta potencia que voló sobre Wilmer, pasó la portería contraria y se perdió de vista.

—Coño Wuilker, ¿otra vez? La portería está allá no en Trinidad. No joda —le recriminó Gómez, el capitán.

—¡Se vaaa! ¡Se vaaa! ¡Se fueeee! ¡Home Round, de Wuilker Castillo, llo, llo, llo, llo! —bromeó «Palillo» uno de los defensas, conocido por los demás como el jodedor del grupo.

—«Palillo» deja la guachafita y ayúdanos a recuperar la pelota —gruñó Wuilker.

—¡¿Pero, por qué?! ¡Si yo no fui quien la perdió! —rugió indignado, mas sabía que sería inútil por lo que corrió detrás de sus compañeros.

Allí flotando en el mar se localizaba el ansiado balón. Pero había un obstáculo entre eso y el equipo, un muchacho catire.

—¡Chamo! ¡Epa, chamo! —gritó el capitán para llamar su atención, mas cuando el susodicho se volteó la sorpresa acudió al equipo—. Mierda, es un gringo, y yo no se hablar inglés —susurró Gómez mirando repetidamente a los chicos, al extranjero y al balón.

—¿Cómo sabes que es un gringo? —preguntó José, uno de los medio campista apodado «Silencio» porque no paraba de hablar nunca.

—Mírale la pinta—rebatió Gómez—. «Palillo» tú hablas inglés. Dile algo.

—Emm…Excuse me…

El «Gringo» observó confuso al grupo de muchachos, siguió sus pupilas y descubrió a sus pies un gastado balón de futbol, lo cargó en sus manos y se dirigió a ellos— ¿Esto era lo que estaban buscando?

«¡¿Habla español?!» pensaron todos los miembros del equipo al unísono.

—S-si —respondió Gómez.

—Ahí te va —pateó el balón entre las aguas de tal manera que cayó entre las manos de capitán.

—D-disculpa… —pronunció segundos después de salir de su petrificación.

Jones que ya se había dado la vuelta para seguir nadando, se giró ante la llamada— ¿Si?

—¿Quieres jugar con nosotros?

...

—Déjame ver si entendí bien. O sea, como les falta un jugador me están pidiendo que juegue con ustedes y así no perderán el partido que pactaron con el equipo de la otra cuadra.

—Ecolecua.

Palacios dejó de mirar al conjunto y enfoco su vista en Jones, que en este momento le advertía con la mirada que no aceptara la invitación—¿Qué puesto sería?

—Defensa.

—De acuerdo. —Y hubo una ovación general.

—¡Perfecto! Entonces, vayamos a entrenar en serio ahora que tenemos el equipo completo —agregó con una gran sonrisa Gómez, le pasó un brazo por el hombro a Venezuela y lo miró. El país le devolvió la sonrisa.

El grupo de chicos comenzó a caminar en dirección al campo de futbol improvisado bajo los rayos del Sol. El último en moverse fue E.E.U.U, quien observó la escena y cómo los demás se distanciaba de él con los brazos cruzados.

El portero, el tipo más alto del conjunto detuvo su andadura y miró suspicaz al recién bautizado «El catire».

E.U.A se percató de que era analizado y lo confrontó— ¿Qué pasa «Portu»?

Miguel, también conocido como «Portu» por un error de apreciación geográfica en cuanto al origen de sus abuelos, quienes hablaban portugués pero no por eso provenían de Portugal sino de Angola. Miguel, un chico de aspecto zambo y de pocas palabras lo interpeló— ¿Por qué no nos dijiste que lo conocías antes de que empezáramos a hablar con él?

—Porque no lo conocía.

—Si claro —dijo con ironía—. Entonces ¿Por qué al verlo pronunciaste su nombre?

—Naah

—Claro que lo hiciste. Inmediatamente después que lo viste susurraste su nombre. Yo lo sé porque estaba atrás tuyo.

A Jones se le borró la sonrisa del rostro.

—Mentiste no solo cuando te preguntamos si lo conocías, sino también cuando te pedimos que nos dieras nombres de algún amigo tuyo que jugara futbol ¿Por qué?

Se miraron fijamente a los ojos por largo rato. Ambos serios y firmes en su determinación. «Portu» intentaba descubrir qué se guardaba tras ese frío cielo y «Catire» que desistiera en su empeño. Al final Miguel suspiró y reanudó su caminata. Jones lo siguió tiempo después.

El entusiasmo por encontrar a los dos jugadores que faltaban para completar el equipo fue tal que inmediatamente reanudaron la práctica, o más bien un juego improvisado en el que no solo buscaban divertirse sino comprobar la habilidad de los recién llegados. De esta manera, Alfred pronto comprendió que «Delantero» era un titulo sin importancia, ya que su tarea principal y única residía en cubrir todas las necesidades que los demás no lograban cumplir. En realidad, se trataba de un deber colectivo.

En este momento Palacios y Jones iban en equipos contrarios y como el equipo de Venezuela no conocía la forma de jugar de E.E.U.U, cometieron varios errores que se saldaron con goles para alegría del «Catire».

—«El Catire» es burda de rápido —dijo Gómez viendo como otro equipo celebrara un nuevo gol gracias a E.U.A. A lado del capitán estaban Wilmer y Teodoro.

—¡Naguara! Corre como alma que lleva er diablo.

—Eso es porque él en su país estaba en el equipo de atletismo…Mmm, Gómez, cámbiame el puesto, tengo una idea de cómo pararlo.

En velocidad nadie le ganaba a Jones, eso lo sabía todo el mundo. Por ello, la apuesta de Palacios se basaba en no permitir que recibiera el balón y, por ende, no solo se la pasaba pegado al gringo más que el propio sudor, sino que intentaba anticiparse a las jugadas que recibiría. Una tarea extenuante y que sin embargo rindió, pues por un lado impidió que marcara más goles y por el otro volvió a poner en el juego al equipo de Gómez.

En una de esas que Alfred perdió el balón a manos de Teodoro por enredarse con sus propios pies, el norteamericano se giró molesto hacia él y le espetó—¿Por qué te metiste en el equipo? Tú querías descansar ¿Ahora haces ejercicio? Actúas de una manera contradictoria.

Venezuela se volvió hacia su contrincante con un aire frío y hostil, lo miró de arriba a abajo en silencio y frunció levemente el ceño—. Yo hago lo que me da gana. Esta es mi casa y tú solo eres un extranjero en ella —susurró con algo de despreció y arrastrando las palabras ante un sorprendido muchacho.

A partir de ese momento «El Catire» no le volvió a dirigir la palabra, consciente que había traspasado un límite y el venezolano, al expulsar ese mensaje, llego inmediatamente a la resolución de que no iba permitir que Alfred se le encaramara más, no importa cuánto lo quisiera.

...

Un libro era agarrado por su lado izquierdo y se encontraba levemente reclinado gracias a la presión que ejercía una mano blanca de dedos largos que estaba conectada a un cuerpo delgado, de huesos finos y músculos que no recibían mucha actividad física; piernas, brazos y torso pequeño pero proporcionados, cuello largo, labios finos, nariz respingona llena de pecas al igual que las mejillas; pelo ondulado castaño claro con un toque de dorado a la altura de los hombros, la frente cubierta con una pollina y una finas cejas protegían unos ojos de color avellana que ahora se hallaban concentrados en las palabras del libro.

Acostada sobre su panza, vestía un sencillo vestido blanco que escondía unas pequeñas curvas.

Al otro lado de la pared, sentada en una mecedora, una anciana de color canela, pelo corto pintado de marrón, de cejas finas, ojos negros con algunos lunares negros en su cuerpo y huesos anchos no se perdía un minuto de la telenovela. Mas, un sonido exterior la extrajo de la historia—¡María, el timbre! ¡María!

—Vooooooy —gritó mientras saltaba torpemente de su cama. Corrió por la casa hasta llegar a la ventana y se alegró mucho de la visión que le regaló, abrió la puerta y se le tiró encima a una chica alta, bastante morena, de pelo largo liso negro y ojos grandes de igual color y cuerpo de guitarra— ¡Yuliiii!

La nombrada rió mientras atrapaba a la más pequeña e intentaba no caerse—. Sigues igual de empalagosa. Cuidado que me tumbas los lentes de Sol ¿Cómo estás? —dijo al soltarla.

—Muy bien —La morena aguantó la risa cuando vio que la otra brincó al responderle— ¿Y tú?

—Magnifica querida ¿No se nota? —dijo coqueta, moviendo la melena.

—¿Cuándo llegaste? ¿Por qué no me dijiste para irte a buscar al aeropuerto?

—Quería que fuera una sorpresa.

—¡María, quién es? —preguntó la anciana desde el interior.

—Pensé que tu abuela estaría durmiendo.

—¿Mientras están pasando su telenovela favorita? No lo creo —dijo entre risas y la invitó a entrar para saludarla—. Abuela, mira quién vino.

—¿Puedo pasar? —cuestionó Yulimar metiendo la cabeza en el cuarto tímidamente.

—¡Ay, mija, por supuesto que sí! ¡Tú siempre eres bienvenida!

La alta muchacha se acercó a la señora, se inclinó, le dio un beso en la mejilla mientras la otra se sonreía y le tomaba las manos— ¿Cómo estás? —dijo con ternura.

—Muy bien, señora Amalia. Gracias por preguntar ¿Y usted?

—Acá, chica viendo mi novelita. A ver si el José Javier por fin le da su amor a Ana Isabel.

—Sí, ella se lanzó de un helicóptero sin paracaídas y se salvó aun con la matada que se dio, corrió por media ciudad, entró a la empresa del multimillonario José, se metió en medio de una importantísima reunió entre él y los alemanes, se le declaró y luego se desmayó. Todo muy real, si—relató María con un tono irónico que enfureció a la anciana, quien le dirigió una mirada asesina.

La muchacha se giró intentando no captar el regaño, ya que sino acabaría riéndose.

—Señora Amalia, ¿puedo pedirle un favor?

—Claro.

—Puedo llevarme a María. Le aseguro que la alimentare y le daré un techito donde dormir.

—Toda tuya.

Yulimar agarró a María por el brazo y la arrastró hasta su cuarto. María tomó las cosas que necesitaba. La morena volvió a asirla del brazo y juntas, corriendo, salieron a la calle y se perdieron, mientras atrás quedaba el «diviértanse» de la señora Amalia.

...

—Ahora ¿De dónde ishuids dikfjfd?

—¡Agh! «Silencio» ¿No puedes esperarte a tragar? ¡No joda! —regañó Gómez al mediocampista.

«Silencio» iba a replicar, mas sintió las miradas de advertencia sobre su cogote y se retractó.

—Y agradece que fue Gómez, que es cortes, porque si hubiera sido otro peor hubieras salido —sentenció «Portu» con tono severo.

—Bueno, pero díganme cómo se conocieron— reformuló «Silencio» intentando inteligentemente desviar la atención de sí.

Inmediatamente los ojos se repartieron para observar al medio de la mesa y al final donde se hallaban Palacios y Jones respectivamente. Los interrogados dejaron la pelea entre ellos un momento y se miraron con aprehensión «¿Y ahora qué decimos?» pudieron leer en las pupilas del otro.

—Pues… —empezó Venezuela buscando palabras a toda velocidad.

—Mi madre… —intervino E.E.U.U con presteza, haciendo que la atención se desviara de nuevo al otro lado de la mesa.

El caribeño abrió los ojos como platos—¿Tu madre? Cuál madre huevón ¿Qué coño…? —dijo sin emitir sonido, solo moviendo los labios y agujerando a Jones con la mirada.

El norteamericano le hizo una seña por fuera de la vista de los demás para que se calmara, pero aquello lo exacerbó más: Venezuela suspiró quedamente mientras se llevaba una mano a la cara y se la pasaba lentamente y con fuerza hasta el cuello, cerró esa misma mano en un puño y posó sus pupilas irritadas en él.

Estaba seguro de que el moreno acababa de lanzar una suplica salpicada de groserías al Cielo para que los salvara. Gracias a Dios el resto se encontraba demasiado concertado en su discurso como para percatarse de los absurdos movimientos que estaba realizando su complice.

—…es venezolana…

—¡No juegue!

—¡Naguara!

—¡No joda!

—… —Y Teodoro juró que se había muerto, qué Dios por fin lo había abandonado, que esta era la prueba fehaciente de que quería más a sus hermanos Jaime y Alejandro que a él. Su mente se había apagado con lo que había escuchado y ahora Estados Unidos navegaba solo ante la tranquilidad o la tormenta.

—…Si lo es, lo que pasa es que mi papá, ingeniero petroquímico, vino acá contratado para asesorar a PDVSA******. Como le gustó el país, cuando terminó su trabajo se fue a Caracas y allá conoció a mi mamá, se enamoró perdidamente de ella, comenzaron a salir y se casaron. Luego mi mamá salió embarazada y parió inesperadamente en Estados Unidos en una visita que le hicieron a mis abuelos paternos—digo «inesperadamente» porque me adelanté algunas semanas—. Así que, oficialmente soy venezolano por parte madre y además porque acá estudie toda mi educaciónn primaria.

«Entonces, mi papá consiguió un trabajo mejor en Estados Unidos y nos mudamos a Chicago, pero yo me quede con la idea de volver algún día y no solo pasar vacaciones. Entonces, en mientras estudiaba en la universidad, vi un programa por el cual cursabas varias materias aquí durante un año y te las convalidaban. Y bueno, me vine y ahora estoy viviendo con mis tíos en Caracas».

—Pero, ¿qué estudias? —preguntó curioso «Silencio».

—Es algo entre diseño gráfico y publicidad.

—¿Y tú? —cuestionó dirigiéndose a Teodoro.

—Bellas Artes, pero mi sueño es que me acepten en La Sinfónica.

A ese oración siguió una exclamación unánime.

—¿Con qué instrumento? —dijo Gómez.

—Con ninguno. Quiero ser maestro de orquesta.

La sorpresa fue tal que la quietud se asentó en el comedor de la casa.

—Tenemos un virtuoso entre nosotros. —Teodoro levantó la vista y encontró el rostro de feliz admiración de Gómez, quien le dio un pequeño empujón y a cambió recibió una pasada de nudillos por su cabeza por parte Palacios. A Venezuela de verdad le había caído muy bien Gómez.

Estados Unidos los observó con triste envidia: él había perdido esa conexión con el latino.

—Por cierto ¿Qué estudian ustedes? —preguntó Palacios a todos.

—Primero intentamos con una Ingeniería Eléctrica porque era lo que querían nuestros papás. —comenzó Wilmer.

—Pero no dábamos pie con bola a las matemáticas así que cambiamos a turismo y por eso estamos acá —terminó Wilker

—Pues díganle a sus tíos de mi parte que tienen una bella casa —expresó el país latino analizando el lugar.

—Gracias. Nosotros ayudamos a decorarlo. No hace falta que nos alabes, ya sabemos que tenemos un gusto excelente —dijeron los dos al unísono orgullosos, provocando las risas de los demás.

—Yo estudio Comunicación Social —dijo Gómez.

—Sí, y se va especializar en la prensa rosa y los escándalos.

—Cállate «Palillo».—Mas eso reforzó la risa del bromista— Me gusta la política y los deportes. No, miento, me gusta todo, excepto lo rosa. Ya me definiré en el futuro.

—O no —agregó la representación de la nación caribeña con una mueca traviesa.

—O no —lo siguió su interlocutor con la misma expresión y se rieron.

—¿Y dónde estudias?

—En la Central*******.

—¡¿No puede ser?! Igual que Al y yo.

—Noooo.

—Tampoco es tan sorprendente. Mucha gente desea y estudia allí —remarcó «Portu»

—Por cierto «Catire» yo estoy estudiando lo mismo que tu papá antes de especializarse —intervino «Palillo» con entusiasmo.

—¿Y cómo te va?

—Pues no muy bien…

—¿Vas URBE********?—se metió Venezuela

—Sí.

—¿Y aún no tienes acento?*********

—Este tiene el oído más duro que una tapia —dijo entre risas Gomez.

—Y no me gusta. Me refiero la carrera.

—Entonces sé comediante. Seguro que se te da bien —lo alentó Teodoro.

—Eso le digo yo —habló con una gran sonrisa en el rostro mientras rodeaba el cuello de «Palillo»—. Por cierto, «Portu» y «Silencio» estudian agronomía en Maracay, en el mismo año y clase.

—¿Y todavía no se han caído a piña?

—Ese es el gran misterio —dijo en tono burlón «Palillo» y casi todos se rieron. «Portu» se sonrió y miró amistosamente a su compañero de clase y quien le devolvió el gesto

—De hecho somos los que tenemos mejor media —dijo «Silencio»

—¡¿En serio?! —exclamó el país caribeño asombrado.

«Portu» asintió.

De repente Palacios sintió que algo caliente y suave se depositaba en sus piernas y al mirar hacia abajo descubrió un gatito blanco y negro—. Hola ¿Quién eres tú, coshita bonita?—dijo con inmensa ternura mientras cargaba e inspeccionaba al mínimo por todos los lados.

—El es «Gato» —clarificó Wilmer.

—¿Cómo que «Gato»? —dijo Venezuela.

—No le hemos puesto nombre todavía, no se nos ocurre.

—No hombre.

—Nos hemos estado desviando del tema. Todavía no nos han contestado cómo se conocieron — redirigió la conversación Gómez hacia los recién llegados mientras entrecerraba los ojos y sonreía con malicia.

—Vas a ser un buen periodista —dijo Alfred supuestamente alegre y tranquilo.

—Nos conocimos en una fiesta por amigos de amigos y nos hicimos inseparables. De hecho, ahorramos para este viaje porque Al se va en diciembre.

El resto posó sus tristes pupilas en el recién nombrado.

—Lastimosamente es cierto. Mi año se termina en diciembre —explicó a la vez que su faz se cubría de pena, pero no por lo que la mayoría imaginaba—.¿Y ustedes de qué se conocen?

—Todos los años nuestras familias venían acá a pasar las vacaciones, así que todos esperamos los feriados para vernos y con la tecnología retomamos la conexión el resto del año. Este año lo que pasa es que con las huelgas estudiantiles tenemos tiempo de sobra y nos vinimos antes.

—¡Miren! ¡El gato tiene los ojos del mismo color que Teodoro! —exclamó «Silencio» señalando el animal.

—¡Es verdad! ¡Ya sé! Llamemos al gato «Teo» y a Teo «Gato» —afirmó Wilker.

...

—Bueno, chicas hemos pasado juntas dos días maravillosos, pero ha llegado la hora de verlos ¡Esta decidido! —expuso con emoción Yulimar.

—¡Si! —dijeron a coro el grupo que la secundaba.

Sin embargo, un exhalación interrumpió la alegría. Era María, que con una cara de fastidio se negaba a seguir el plan.

—¿Y ahora qué, María? —preguntó Yulimar con cierta irritación, poniendo sus manos en las caderas.

—Es que, ¿de verdad es necesario ir? —habló quejumbrosa desde donde estaba sentada mirando hacia su amiga que se encontraba de pie.

—Son nuestros amigos. Nos conocemos desde hace mucho.

—Si yo no digo que no…Pero todas sabemos que esa no es la intención con la que vamos.

—María, tenemos años yendo así.

—Sí pero… ¿Ustedes no se cansan? —observó a su alrededor buscando apoyo y al no encontrarlo se puso aún más nerviosa—. Es decir… son como nuestros hermanos… ¿No? Además siempre son los mismos.

—Eres muy exigente —sentenció la morena.

—No, lo que pasa es que…

—Las chicas de la otra cuadra me dijeron que hay dos nuevos—comunicó Anaïs con una sonrisa.

—Pero… —María se sintió pequeña ante la presión ejercida por Yulimar y el silencio cómplice de las demás, así que se agarró las piernas y se las arrimó hasta el pecho, vio como Yulimar la miraba con desaprobación y volvió a bajar la vista.

—Haz lo que quieras, pero no te quejes después si te quedas aislada —susurró con desprecio, se dio la vuelta y caminó hacia la salida seguida del resto de las chicas.

María que había escuchado el mensaje con creciente ansiedad y miedo, sintió que su inseguridad aumentaba en detrimento de su voluntad y, por ende, se levantó y anduvo el camino que las demás habían transitado. No obstante, la amargura que desde hace tiempo se albergaba en su pecho, se expandió un poco más.

...

Gómez movió un poco más el balón por la arena antes de lanzarlo por el aire. Jones captó de inmediato la táctica que su capitán intentaba desarrollar.

Y su contrincante también.

E.E.U.U corrió para alcanzar la pelota que aún volaba en el aire.

Y Palacios corrió para impedirle la jugada.

E.U.A la bajo con el pecho y la paro con el pie. Venezuela metió el pie y casi logra que la pierda.

—Cuando vas a entender que la pelota es mía. —Alfred lo empujo, y por hallarse en una posición inestable, Venezuela cayó y se llenó de arena. Sin embargo, en el ínterin le puso una zancadilla. El gringo se cayó a su lado.

El balón rodó fuera de su alcance.

Teodoro se levantó y le dedicó un «primero muerto que bañado en sangre» plagado de rabia. El catire le agarró el tobillo, el venezolano se volvió a encontrar con el piso, el norteamericano sonrió y empezó a pararse sin soltar el agarré, mas el moreno tiró una patada hacia atrás y le embadurnó la cara de arena. E.U.A tosió, sus ojos le lagrimeaban.

El venezolano ya estaba otra vez en el juego.

—Esos dos no se han dado cuenta de que ya salieron de los límites del campo —dijo Gómez.

—Cómo quieres que se den cuentan con esa pelea en medio —habló «Portu» que ahora fungía como el capitán del otro equipo.

Gómez bufó hastiado—. Si están en distintos equipos la cosa se mueve, incluso juegan muy bien, pero si están en el mismo no hay forma de que se entiendan. Son muy buenos jugadores, pero si esto sigue así van a barrer el piso con nosotros.

—No creo que podamos hacer mucho la verdad. No se trata de una simple discusión. Las palabras no servirán.

—¿Y tú qué sugieres? ¿Qué se caigan a piña?

—No, claro que no. Solo que se necesita algo que los saque de su círculo vicioso porque a veces sacan la cabeza pero la vuelven a meter. Seguramente quieren salir de allí pero la cotidianidad se les impone. Se necesita de algo «extraordinario» que los noqueé.

—¿Cómo qué?

—No lo sé porque todavía no he logrado determinar la verdadera naturaleza de su relación.

Mientras aquella conversación sucedía, los protagonistas de la misma se localizaban varios metros más allá, fuera de las miradas de sus compañeros y enfrascados en su lucha: siempre tocando el balón mas nunca ejecutando un pase decisivo. En una de esas, los pies se enredaron entre si y la potencia de la patada envió la pelota por encima de sus cabezas y de regreso al campo, a la vez que ellos perdían el equilibrio.

Alfred hábilmente puso las manos y las rodillas para evitar golpearse el torso y cerró los ojos intentando que la arena no le entrara.

Una vez eliminado el susto, abrió los ojos y descubrió que Teodoro no tuvo tanta suerte, ya que se encontraba acostado debajo de él. Las manos de Alfred se hallaban a sendos lados de la cabeza de Palacios, lo mismo ocurría con sus piernas.

Ambos chicos observaron como el pecho del otro bajaba y subía con velocidad. Jones se fijó en despeinado cabello del venezolano. Palacios sentía las gotas de sudor que caían y recorrían su cuerpo. Luego se miraron a los ojos y su mundo se desvaneció: cielo azul brillante, sin limites, coronado con rayos de Sol. Aguas cristalinas de un color impreciso. Un firmamento que resplandecía con una luz especial, atrayente. Un mar que en sus profundas aguas refulgía un tesoro, una luz hipnótica como un canto de sirena.

Jones, títere ya de sus emociones, enfocó de manera maquinal su vista en los labios de aquel que le subyugaba tan placenteramente: aquella zona tan roja y carnosa. Palacios, por su lado, dejo viajar sus pupilas por la piel de aquel que le hacía perder la cabeza. Esa cubierta había sido lamida varias veces por el Sol hasta conseguir un hermoso tono dorado que conjuntaba sus claros ojos, y su cara pintada de carmesí resultaba tan sugerente y tentativa como sus finos labios.

Alfred observó de nuevo aquellas pupilas que le hacían perder el aliento. Su visión se reducía al igual que la distancia que los separaba.

«Podría volar en aquel cielo por siempre» —pensó Teodoro.

«Podría nadar en aquel paraíso para siempre» —pensó Alfred.

Sendos alientos fueron sentidos. Los mechones del gringo le habrían hecho cosquillas en cualquier situación menos esta. El olor del corporal de venezolano lo embriagaba.

—¡Gooooooooooooooool!

Despertaron. Aquel gritó perforó su ilusión. Dirigieron su cabeza hacia dónde provenía la bulla. Volvieron la vista al otro y se percataron de lo que estaban a punto de hacer. La revoltura emocional se hizo presente: estaban molestos el uno con el otro pero habían estado a punto de besarse y para rematar en un lugar público—no es que denigraran sus gustos, simplemente que estaban conscientes de la aceptación que recibían las orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad—.

El repudio, la tensión sexual y el nerviosismo les impedían pensar con claridad y en consecuencia actuaron torpemente. El país caribeño rodó en un intento de zafarse de la situación, mas desplazó el brazo de E.E.U.U, haciéndole perder el equilibrio y que cayera justo encima de él.

Ahora si que no existía distancia entre ellos, sin contar que tanto el uno como el otro se encontraban muy próximos a cierta parte muy sensible, lo cual los estaba excitando.

Esto era demasiado.

Ambos muchachos, emulando con su cara los colores del atardecer, se levantaron y salieron corriendo al campo, solo para descubrir que los demás se habían olvidado de ellos y hablaban entretenidamente con un grupo de chicas.

—Oh ya están de vuelta ¿Tanto se han esforzado? Bueno, estos son «Catire» y « Gato». Chicos, estas son Anaïs, Oriana, Vicky, María y Yulimar.

La última nombrada sonrió de forma sensual al gringo y se encaminó hacia donde se hallaba. Ese iba a ser su levante del año, lo sabía.

...

María saludó a todos los chicos con igual candidez, cariño e incomodidad. Estaba feliz por verlos, pero el ambiente que las chicas imponían la incomodaba y que muchos lo fomentaran no ayudaba. Eran sus amigos de la infancia y no podía imaginarse con ellos más allá de la relación establecida. Pero, por otro lado, le dolía no despertar nada ellos, que al pasar a ninguno se le iluminara la mirada y se le escapara una sonrisa como con Yulimar o Anaïs. Sabía que no era muy bonita, mas, ¿su fealdad resultaba tal como para no recibir atención?

De repente, fijo su vista en el horizonte y se percató que dos figuras venían a buena velocidad. El de la izquierda, resultaba un chico sumamente atractivo: alto, de cuerpo atlético, espalda ancha, cara un poco cuadrada para su gusto pero sus claros ojos y cabello lo disimulaba.

Miró de reojo a su amiga y supo que había perdido la guerra antes de que la hubieran declarado.

Quiso posar sus pupilas en la arena, empero, unos pies morenos, al final de su campo de visión, se lo impidieron. Unos pies desconocidos. Levantó lentamente sus ojos y la belleza la deslumbró. Allí enfrente ella se encontraba un joven de cuerpo atlético proporcionado, facciones suaves, labios sensuales, hermosa sonrisa, ojos de ensueño y cabello brillante.

—Mucho gusto. Soy «Gato» pero me llamo Teodoro.


*Isla al norte de Venezuela que conforma el estado Nueva Esparta.

**Tequeño: Consiste en una masa de harina de trigo rellena de queso blanco frita en forma de dedo. Tiene distintos tamaños. Es una comida popular en Venezuela y Colombia, utilizado normalmente como entremés en fiestas y reuniones, como desayuno, como comida rápida o como merienda.

*** Embadurnar, untar o pringar con una materia viscosa y pegajosa. En este caso se refiere a esa sensación molesta de revoltura estomacal o estar hinchado.

****Arepa Reina Pepiada: Es quizás la arepa más famosa de Venezuela. la historia de esta arepa comienza en un negocio de arepas de Heriberto Alvarez en Caracas. En 1955 cuando la modelo venezolana Susana Dujim ganó el concurso de Miss Mundo, siendo a su vez la primera latinoamericana que lo ganaba, Heriberto y sus hermanos quisieron hacerle un homenaje creando una arepa nueva que llevaría en nombre de «reina». El día de la inauguraron, vistieron a una de sus sobrinas de reina y la sentaron un altar, lo cual atrajo la atención de los transeúntes hasta que un señor preguntó porqué había una muchacha vestida así y sentada allí. Cuando los dueños le dijeron que era para honrar a la modelo, el hombre exclamó que él era el padre de Dujim y que traería a su hija a comer allí, cosa que ocurrió y le agregaron a «reina» la palabra «pepiada» que era la manera de la época para referirse a las mujeres con curvas.

Los ingredientes de la «reina pepiada» cambian de casa en casa pero los que nunca faltan son aguacate y pollo hervido hasta que se disuelve en la boca. luego hay quien le hecha mayonesa, guisantes, etc.

*****La primera ciudad fundada en Estados Unidos fue el fuerte Jamestown (no estoy contento con los asentamiento de Florida ni Puerto Rico porque eran de domino español). Jamestown no duro mucho pero los colonos siguieron fundando en lo que hoy se conoce como el Estado de Virginia.

******PDVSA: Petróleos de Venezuela S.A. La empresa estatal que surgió después de obtener la total concesión petróleo nacional a manos de los estadounidenses.

*******La Universidad Central de Venezuela es la institución educativa superior pública más antigua y grande de Venezuela. Está repartida por Caracas.

********URBE: Universidad Rafael Belloso Chacín es una institución educativa superior privada que queda en ciudad de Maracaibo, capital del Estado Zulia. Dicho estado esta rodeado por el Lago de Maracaibo que es de donde se extrae el petróleo. La ingeniería petroquímica es una especialización de la ingeniería química.

*********Los zulianos tienen un acento muy particular y reconocible para el resto de los venezolanos.