Señoras y señores ha llegado el final. Si en medio de la alegría sienten desazón no se preocupen porque yo estoy peor: me siento como la madre orgullosa que ve a su hijo desplegar sus alas lejos del nido.
Y ya que este es el último capitulo se lo voy a dedicar a la persona más especial e importante de mi vida: yo (a que esa no la vieron venir). Este fanfic ha sido de los más maravilloso que me ha pasado, me ha permitdo crecer como persona y escritora, me ha permitido conocer personas maravillosas que ahora consideró mis maigas, me ha premitido aprender y me acompñado en los mejores y peores momentos. Teodoro ha sido lo mejor que he creado como personaje y por ello no lo voy a abdaonar. De hecho, si algún día publico algo en serio él estara allí.
Ahora si abandonando la solemindad, les tengo preparada un sopresa: LEMON ¡Por fin! (se oyen vitores) XD Creo que el más feliz de los dos sería Alfred porque ese no ha tenido acción desde hace minimo un año (yulimar no cuenta XD). Encima viviendo un año seguido con tu enamorado, dandole de comer, cuidandolo, estando a su lado y con el estres que tenían y lo bien que viene el ejercicio para ello...Creo que el gordo esta haciendo meritos para santo XDDDDD.
Si no te gusta el lemon, no pasa nada también hay moments de ternura pero puede que te pierdas por no leer lo anterior. Espero que les guste
Cuando sus terminaciones nerviosas registraron la calidez y la presión en sus labios, su cerebro se apagó: aunque resultaba una de las cosas que más había deseado, el hecho en sí le parecía tan extraordinario que lo había dejado paralizado.
Empero, con el pasar de los segundos, la prueba física de que aquello realmente estaba ocurriendo lo trajo de vuelta a la par que una emoción de euforia se extendía por todo su cuerpo.
Respondió al beso con ímpetu mientras se acercaba al venezolano.
Instintivamente comenzaron a mover sus cabezas, descubriendo nuevos ángulos en sus labios. Jones pensaba que se iba a morir de la emoción.
Muchas ideas nacieron en la cabeza del norteamericano: quería estrujarlo, quería reír, quería gritar su alegría al mundo, decirles a todos que él era suyo y de nadie más, quería dar vueltas con él hasta que el mareo los venciera y quería tocarlo y besarlo en los sitios más inesperados y recónditos. Al final por impulso, rompió el beso e, inmediatamente lo abrazó con mucha fuerza.
Teodoro rió con estruendo, liberando así todas las emociones que chocaban en su pecho. Alfred lo siguió, lo elevó y dieron vueltas a su alrededor. Para ambos resultaba extraño cargar y ser cagado por alguien de casi tu misma altura, así que el gringo atrapó las piernas morenas entre sus brazos y lo levantó a la altura de su pecho. Por su parte, Palacios se encorvó para reducir la distancia entre ellos.
Estados Unidos levantó la cabeza y obtuvo una paradisiaca visión: el Mar Caribe y el Océano Atlántico refulgían con una luz especial.
—Me gustas muchísimo —susurró Venezuela poniendo las manos en sendas mejillas blancas, se inclinó le dio un beso en los labios. Un gesto dulce, cargado de afecto. Cuando terminaron, juntaron sus frentes.
—Y tú a mí.
Se dieron un último largo pero inocente beso antes que los pies más oscuros sintieran el frío del suelo, tomó la mano blanca más cercana, la acarició haciendo que el catire cerrara los ojos, se sonrojara ligeramente y sonriera de forma estúpida y caminaron en silencio hacia el patio. La grama cedió a sus pisadas y se dirigieron hasta la hamaca. Una vez allí, Teodoro se sentó y Alfred lo imitó.
—No puedo creer que esto esté pasando. —Todavía con las manos agarradas, E.E.U.U posicionó la que tenía libre en la mejilla de Venezuela.
—Lo sé. —Tocó la mano que estaba en su cara con una de las suyas, apoyó su cabeza en esta y cerró los ojos por un momento. Cuando los volvió a abrir una mirada tímida escapo de ellos— ¡Soy tan feliz! —susurró exultante
Jones, sorprendido por esta nueva faceta, se enterneció y unió sus labios, logrando que el gemido de asombró de su pareja se extinguiera en el acto. Se acercó al latino y puso sus manos en las caderas de este mientas Palacios estrechaba su cuello. Se besaron con un poco más de pasión.
—Me gusta tu sabor —dijo el caribeño con una media sonrisa y un ligero rubor en su cara.
«¿Y ese brillo?» Esa mirada que su novio le estaba echando sí que era nueva y aunque su razón no la había podido interpretar, su intuición sí.
Y sin mediar palabra, la nación latina lo obligó a acostarse junto a él. Una vez sus cuerpos tocaron la tela, el caribeño liberó su cuello y sus ojos relucieron con burla al percatarse de que dicha acción había paralizado al gringo—. Dime ¿qué se siente ser conquistado por una mirada?—sonrío malicioso y le guiñó el ojo
—¿Disculpa? —contestó divertido. Sabía que estaba bromeando con el estereotipo del latín lover.
—¿No te acuerdas cuando nos conocimos en los años 20? —Permitió que la expresión de Jones le guiara en su próximo movimiento—. No me pudiste quitar la vista de encima —terminó con una expresión felina.
Esa mueca lo tentó a darle la razón de una forma física. «Se ve delicioso y tentador» No obstante, no se dejaría atrapar tan fácilmente —. Yo no fui el único. —Acompañó su respuesta con una sonrisa retadora un dedo que enfatizaba su negación—. Alguien por aquí también estaba embelesado con este cuerpazo.
La carcajada de Teodoro llenó el ambiente.
—Cree lo que quieras, pero todos sabemos que desde el principio quien estaba fascinado eras tú. Aunque no quieras admitirlo.
Detrás de esa pantalla de socarrona fuerza, E.U.A sabía que su pareja le daba a razón, mas, no por ello iba a dejar pasar el comentario.
—¿Cómo estás tan seguro? —Cruzó los brazos y con una sonrisa lo invitó a la «contienda»
Sus ojos refulgieron seguros y traviesos—. Ay Alfred, esas cosas se saben
—También hay una alta probabilidad de que todo sea producto de nuestra imaginación por el simple hecho de desear mucho el amor de la otra persona.
—¿O sea que todo fueron invenciones mías?
—Puede ser.
—¿Durante tantos años? —Se acercó al gringo buscando inquietar su cuerpo. No obstante, el norteamericano aguantó bien la presión— ¿Incluso ahora con lo que acaba de pasar? —El rubio levantó los hombros como respuesta— Pero tú no malinterpretaste nada durante décadas ¿verdad? —Al ver el gesto de afirmación de su pareja, disminuyó aun más la distancia de tal forma que ya podían sentir la respiración del otro en su boca— Alfred, tú y yo sabemos que tu intuición no es de las mejores…—Entrecerró sus ojos, los cuales relucieron con picardía y fueron acompañados de una suave sonrisa.
Jones, que intentaba mantener el autocontrol, le resultaba imposible ignorar la seductora luz emitían los ojos de pareja, su sugerente sonrisa y la calidez que emanaba de su cuerpo. Su mirada estaba siendo hipnotizada por el encanto del caribeño a la par que su respiración se hacía más profunda.
Un gemido escapó de los finos labios al sentir la mano de Venezuela en contra de su piel. Cerró los ojos involuntariamente y cuando su cerebro registró que los dedos de su novio se movían a lo largo de su brazo, suspiró excitado
Aquel gesto alentó a Palacios a continuar, quien dibujó una expresión que se quedó a medio camino entre la sensual y la traviesa. Se divertía mucho y su piel se calentaba al igual que la de su compañero. Pronto su mano se atrevió a explorar otras partes de su cuerpo y se sorprendió al encontrar esa blanca capa suave y lisa, y no áspera y llena de pequeñas cicatrices como supuso.
Jones por su parte no emitía ningún sonido, pero tampoco apartaba la vista de ese paradisíaco mar. Únicamente cuando le tocaban una zona sensible se mordía los labios. Entonces, el moreno se desviaba y le dedicaba más tiempo.
Hace tiempo que Teodoro había quedado embelesado ante espectáculo que provocaba. Ese control al que su pareja se sometía por orgullo y timidez lo comprendía perfectamente. Empero, el hecho que fuera lentamente rompiendo esas barreras y que su respiración se convirtiera en resoplidos e inspiraciones profundas lo excitaba mucho. Sin olvidar el pequeño bulto que había notado en los shorts del catire. Le dio un vistazo rápido, cohibido por lo nuevo de la situación.
Sin embargo, no quería parar.
En algún momento sus manos se separaron de fornido pecho y sus ojos le regalaron a Alfred una anhelante mirada.
Estados Unidos siguiendo sus instintos, levantó su mano y la puso en el moreno pecho. Al presenciar como Palacios cerraba los ojos y asentía, se atrevió a delinear sus brazos, manos, torso, cara y pelo; imprimiéndole la fuerza de deseo todavía encadenado. Degustó cada uno de los sonidos guturales que le latino le regalaba, sintiendo como estos le aceleraban la respiración.
—Al…
Aquello fue la gota que colmó el vaso: detuvo toda acción que estaba realizando, atrapó sus labios en un beso hambriento y empezó a lamerlos con desesperación. En el momento que tuvo acceso, su lengua comenzó a explorar desenfrenado. No obstante, eso no duro mucho, ya que tuvo luchar con la de Palacios por el espacio.
Las manos blancas acercaron todavía más la cabeza del venezolano, a la vez que agarraban con fuerza su cabello. Venezuela rugió en su boca, clavó sus uñas en la espalda de E.U.A, entrelazó sus piernas y agarró su trasero.
Jones, ante esta última acción, mordió hasta el dolor el labio inferior de su amante, lo chupó y retornó a su pelea.
—¡¿Quien quiere tequeños?!
—¡Yo!
Aquella voz femenina seguida de un bullicio infantil al otro lado de la pared cortó todo avance de los jóvenes. Por primera vez fueron conscientes de las risas, ladridos, gritos y protestas agudas; regaños y advertencias graves aderezadas con música chillona y sencilla.
Se miraron por un largo tiempo, sonrojados y jadeantes por el esfuerzo. El país caribeño, al percatarse de la situación, sonrió avergonzado y se tapó la cara con una mano; cuestión que el otro acompaño con una risa tímida.
—Vámonos adentro. —Se levantó y fue seguido por el rubio.
Ninguno habló y tampoco conectaron miradas pero la tensión entre ellos se respiraba en el ambiente.
Súbito, Palacios sintió como su mundo giraba y su espalda aterrizaba en la pared. Dirigió sus pupilas hacia el frente, encontrándose con la picara expresión de Alfred que provocaron escalofríos por su cuerpo.
El catire eliminó la distancia entre ellos tomando su cuerpo por la espalda y juntando sus pechos en un beso profundo. Aquel contacto los excitó aun más, por lo que el latino se atrevió a romper la dinámica y probó el sabor de su cuello.
Jones se estremeció y comenzó a gemir más y más fuerte a la vez que se perdía en las sensaciones que su novio le estaba proporcionando. No obstante, cuando a físicamente sintió la excitación del moreno, una alarma se activo en su cerebro—S..Sto..stop.
—¿Qué pasa?—dijo todavía obnubilado por el deseo
—¿Estás seguro que quieres seguir con esto? Es decir, no quiero presionarte. Te costó tanto decidirte a dar el paso y por eso no quiero apresurar las cosas. Yo puedo olvidar que esto pasó si no quieres seguir. Bueno, realmente no. Pero puedo darme una ducha…Una bien fría —dijo para sí desilusionado ante la posibilidad.
—Si quieres me baño contigo —respondió con tono grave, con una sonrisa lasciva y la mirada hambrienta.
—¿Qué? —susurró asombrado y sonrojado.
La Republica meneó la cabeza—. No me hagas caso, ese es el otro cerebro hablando —Inspiró y expiró varias veces con los ojos cerrados para calmarse. Escuchó su voz interior y volvió a ver al gringo—. Sí quiero, porque estoy listo. Quiero unirme contigo de esa forma. Quiero hacer el amor contigo —contestó con una mirada más serena y llena de adoración, abriendo los brazos a la espera de su compañero.
Entonces, E.E.U.U, al verse enfrentado por la realidad, dudó. Se puso nervioso por el significado y la importancia de este paso. No era acostarse con alguien y después actuar como si nunca se hubieran conocido. No. Esto era compartir sentimientos, sensaciones y lo más íntimo de cada uno. Sin máscaras: desnudos física y emocionalmente ¿Estaba listo para eso?
—Si quieres, claro —respondió de nuevo Teodoro bajando los brazos, disminuyendo su alegría y sustituyéndola por la inquietud.
«El también está nervioso» lo observó sorprendido y de un lugar recóndito de su cabeza arribó la respuesta. Sí, sí quería. Estaba intranquilo, pero la simple idea de hacerlo lo llenaba de alegría, de nervios, de deseo, de ternura y de impaciencia.
Correspondió el abrazó, le dirigió una brillante mirada— Sí quiero. —Tomó su mejilla y se dieron un beso cargado de dulzura.
Se agarraron de las manos y comenzaron a subir los peldaños de la escalera. Con cada paso aumentaban su tensión y su excitación.
Arribaron al cuarto de Teodoro, se soltaron de las manos y unieron sus labios, para luego dar paso a un beso más apasionado. Las manos blancas debutaron por el ansiado trasero mientras los dientes y labios del venezolano jugaban con su cuello y su clavícula.
Sin embargo, cuando Palacios volvió a juntar sus pelvis, algo salvaje despertó en Jones. El latino, sintiendo ese brusco cambio, buscó sus ojos y encontró una lujuriosa mirada azul—. Wanna feel it?—Lo tomó de la mano, se sentó en la cama, y lo sentó encima de suyo.
Ante ese repentino contacto, Palacios ronroneó cerrando los ojos y permitiendo que corrientes de excitación lo recorrieran.
«So beautiful» «So sexy», paladeó las expresiones y sonidos de su pareja. Todo el momento resultaba tan erótico que no podía apartar la mirada. No quería estropearlo, pero no podía evitar que la sangre corriera más rápido por sus venas, por lo que se mordió el labio inferior para acallar un gemido. Más aun, deseaba mejorar la visión, por lo que no permitiría que Venezuela se acostumbrara a la situación—. Ahora me toca explorarte. —Su sedosa voz acarició el oídos de Palacios quien recibió muevas descargas de adrenalina en su torrente sanguíneo.
A esta declaración siguió besos y lametones de Alfred por su cuello con su consecuente respuesta.
«Isn't enough»
Probó en otros lugares sin que las reacciones fueran lo suficientemente satisfactorias, mas no se iba a rendir tan rápido.
—Al…
—No me digas nada. Yo Quiero averiguarlo.
Palacios suspiró al oír la pequeña nota de desesperación en su voz, pero decidió quedarse en silencio. De repente, sintió como su barbilla era besada e Involuntariamente gimió un poco más fuerte.
Aquello alegró a Jones, por lo que continuó ascendiendo, aumentando así la presión que las uñas de Teodoro ejercían sobre sus hombros. Arribó a la oreja y se detuvo, observó por un momento el rostro concentrado de su pareja.
«Just delicious »
Mordió su lóbulo y, orgulloso, se tomó unos segundos para grabar en su memoria la imagen y la ronca suplica de que continuara con su trabajo. Adoraba su piel: en ella hallaba el olor del mar, de las lluvias torrenciales y las montañas. Y su sabor, una mezcla entre la contundencia del chocolate y la amargura del ron, era adictivo.
Sin dejar realizar su labor, Alfred colocó una mano en el pecho del latino y comenzó a masajearlo.
Venezuela arqueó la espalda hacia atrás por los estímulos. E.E.U.U lo estaba volviendo loco. Afirmó su agarre para no perder el equilibrio y se abandonó a las sensaciones: sentía su piel arder ante las caricias y la acción de su cálida boca le provocaba pequeños choques eléctricos por todo el cuerpo. Anhelada que aquel momento no terminara jamás.
Alfred, por su lado, se calentaba y se engreía a partes iguales con las respuestas de Palacios. Su ego crecía ante la idea, más que manifiesta, de que él era el que provocaba tal placer en el ser más bello del planeta. También la fantasía de que él fuera el último en la vida del latino lo emocionaba.
No obstante, a pesar que estaba disfrutando mucho, detuvo sus atenciones. Pensaba que era afortunado por poder oírlo, mas también deseaba verlo. Por lo que levantó el rostro, sus ojos se entrecerraron y sus músculos se contrajeron una triunfal sonrisa.
El latino, consciente del repentino cambio, abrió lentamente los ojos, obnubilado. Por unos segundos observó la expresión del gringo.
Cuando recuperó el control de su cuerpo, una ola de deseo arrolló a su razón, sonrió de forma salvaje ante ingenua percepción de Alfred sobre quién tenía el poder y se dejó caer sobre él.
El norteamericano perdió el equilibrio y cayó acostado en el colchón; momento que el venezolano aprovechó para agarrar sus brazos con fuerza.
—¿Te divertiste? Porque ahora me toca a mí.
E.U.A se estremeció ante la expresión y el aura que destilaba su novio: había algo de animal bravío en aquellos ojos, algo indómito que no supo precisar. Él no estaba acostumbrado a que su amante fuera tan activo y diligente. Sin embargo, inmediatamente aceptó que Teodoro no era como los demás por lo que debería mantener su mente abierta. Además, si lo pensaba bien, la idea de ser consentido resultaba atrayente.
Sonrió, asintió y esperó inseguro al siguiente movimiento para luego abrir los ojos, gemir y arquear la espalda y la pelvis—Fuck!
Venezuela lo degustó con hambre, lo marcó con pasión y lo recorrió con dedicación. Su piel resultaba deliciosamente dulce y Palacios rió entre dientes al imaginar que la razón residía en la ingente cantidad de dulces que el gringo engullía cada día.
El norteño se retorció bajo el trabajo del latino: mientras sus manos viajaban por el cabello de su pareja y las sabanas del colchón, no se percató de que sus celebraciones iban en aumento tanto en número como en intensidad—Ah… Ah! Yes! There!… Fuck!… Teo! —Al darse cuenta del estruendo con el que había soltado el nombre de su amante, se tapó la boca con ambas manos y su cara se sonrojó incluso más de lo que ya estaba.
No podía recordar una sola vez que hubiera sido tan ruidoso
De repente, a un lado encontró al venezolano con una sonrisa picara en los labios—. Parece que a alguien le da pena sus expresiones de placer —canturreó travieso, se acercó a él y lo tomó de la barbilla—. No hay nada de qué apenarse. Tus gemidos son música para mis oídos y, francamente, cuando pronuncias mi nombre de esa forma me vuelves loco. —Agarró una de sus manos y la puso en su pecho para que pudiera sentir su temperatura corporal—. Esto lo provocaste tú —murmuró acentuando su mirada. Se percató que las pupilas del rubio parecían haberse quedado hipnotizadas. Las siguió y descubrió un bulto nada desdeñable entre sus piernas. Sonrió de forma salvaje—. Eso también. —Lo mordió en el cuello sacándole un gruñido—. Así que siéntete libre para expresar lo que quieras. —Juntaron sus labios en un beso sensual— Pero no te atrevas a mentirme que me pondré bravo —enfatizó con un dedo levantado y una sonrisa que resaltaba el carácter jocoso de la petición.
Jones dibujó una mueca divertida y enamorada, antes de sumergirse de nuevo en las sensaciones.
La nación latinoamericana, por su lado, siguió probando el cuerpo del norteamericano hasta que se encontró con la tela del short entre sus muslos y se detuvo. Sostenido por sus rodillas analizó la situación: como solo meter la mano entre la ropa arribaría a dónde quería. No obstante, sentía que, con ese movimiento, violaría la intimidad del catire.
La poca que le quedaba.
Sus claros iris captaron la nerviosa e impaciente luz azul de su amante antes de volver a sus pensamientos: aun con el beneplácito del gringo, no sentía que esa acción fuera correcta, ya que no se hallaban en «igualdad de condiciones», y aunque eso seguramente volvería ocurría en próximos encuentros, siendo esta la primera vez le parecía primordial que eso se respetara. Suspiró y se dijo por segunda vez en lo que iba de día que no habría marcha atrás: agarró su ropa y se la quitó sintiendo por toda su anatomía la penetrante mirada de Alfred. Se encontraba tremendamente incomodo, por lo que tomó valor y se dispuso a romper el momento— ¿Te gusta…? —empezó serio y muy ruborizado, mas, al percatarse de lo cautivado que estaba Jones, se calló.
E.U.A, arrobado, admiró pausadamente a su pareja, deteniéndose en algunas partes más que en otras. Y Palacios, consciente de esto apartó el rostro sintiéndose avergonzado y atractivo ante la masculina mirada.
El catire, sumamente concentrado en lo que tenía en frente, le costó salir del trance cuando Teodoro lo llamo.
—Al… —le habló y carraspeo por segunda vez—. Necesito un poco ayuda.
La confusión pintó la cara blanca. No entendía a qué se debía ese ligero tono rosa en sus mejillas, así que decidió seguir el dedo moreno y encontró sus propios pantalones—. Ahhh! —Alzó sus pies y permitió que su amante deslizara la tela entre sus piernas y la depositara en el piso
La agitación en conjuntó con la pena crecieron en proporciones a su desnudez, las cuales se manifestaron en su faz a través de un brillante carmín que se intensificó con la escrutadora y libidinosa mirada del venezolano. Otra vez se sentía intranquilo e inseguro ante la posición en la que se hallaba su pareja con respecto a él: que su atlético cuerpo sirviera de muralla entre él y el resto de la estancia, que aquellos brazos que le ayudaran a sostener su semi-erguida figura, que aquellos hermosos y misterioso ojos lo observaran de forma lasciva desde las alturas… Todo ello ayudaba a recordar el poder que ahora emanaba de él, como si de un depredador que decide tranquilamente qué hacer con su presa se tratara.
—Come, come here —lo llamó en un tono de casi suplica. Se medio incorporó y extendió el brazo para alcanzarlo.
El latino enternecido, le tomó la mano y se dejó guiar por el rubio: buscó su espacio en el robusto cuerpo y se alegró que encajaran perfectamente.
Sin quererlo ni buscarlo, ambos chicos crearon una ilusión: el mar arriba y el cielo abajo.
Ninguno se movía, extasiado por la visión del otro. En un momento dado, E.U.A ejerció su peso y revirtió la situación, obteniendo así tranquilidad.
Empero, olvidó todo eso cuando sintió a Venezuela moverse debajo suyo— ¿Te estoy haciendo daño? ¿Soy muy pesado? —preguntó preocupado.
Sin embargo, la expresión enamorada de su pareja junto con su meneo de cabeza lo calmo—. Más bien me gusta mucho. Sentirte de esta manera es…agradable —agregó con timidez.
El norteamericano correspondió a la sonrisa, apoyó su cabeza en el otro hombro, inspiró su esencia, cerró los ojos y se sumergió en los mensajes que sus terminales nerviosas le enviaban: en esta posición, sin un milímetro de distancia, podía sentir cómo el organismo de Palacios vibraba lleno de vida, su armónica respiración y su corazón acelerado. Se enfocó en esto último descubriendo que compartían el mismo nerviosismo, la misma euforia, el mismo amor.
Por su parte, Venezuela se concentró en la melodía que componía el cuerpo de su amado, esa pieza musical que solo le pertenecía a él: sintió la reverberación de su corazón desbocado a través de su pecho y como este se ponía en consonancia con el suyo, como sus músculos se relajaban y contraían, como sus pulmones aspiraban y botaban el aire, como la temperatura corporal ascendía con su excitación; pues Palacios sabía que abrazarse piel con piel y el hecho de tener casi la misma altura hacia que sus miembros compartieran el mismo espacio. Se relajó todavía más y permitió que suaves olas de deseo fluyeran por su organismo. Sin embargo, lo que movía su alma resultaba algo mucho más complejo y amplio: el amor, el cual en este momento lo hacía sentir exultante y afortunado. Al conectarse con este lado de su ser, la magnitud y la fuerza de los sentimientos lo abrumaron y le empañaron la vista, más aguantó las ansias de llorar y templó su ánimo para no inquietar al gringo.
De repente, su mirada enfocó dos iris celestes que lo observaban asombrados— ¿Qué te pasa?—para después verlo con tristeza.
El latino, sorprendido por el nivel de conexión que habían conseguido, olvidó el esfuerzo que estaba realizando por contener sus propios sentimientos y lloró—. Nada…
—No es verdad. Estás llorando —dijo angustiado— ¿Qué pasa? Hice algo, ¿verdad? Es mi culpa seguro. Lo siento mucho, yo… —Se sentó y empezó a perderse en las palabras, desconectándose de la realidad.
El caribeño, alarmado por esto, se incorporó y rompió con este círculo vicioso poniendo un dedo en sus labios—. No es tu culpa, aunque si tiene que ver contigo.
—¡¿Lo ves?! ¡Es mi culpa! ¡Si no hubiera…! —Su línea de pensamiento fue apagada por un beso largo e inocente. Abrió los ojos cuando el contacto terminó, visiblemente más calmado.
—Alfred, no hiciste nada mal. Todo lo que has hecho hasta ahora me ha gustado. Fueron todos los sentimientos juntos los que me provocaron esto —dijo señalando sus lagrimas—. Cuando nos acostamos y me relajé, me vino todo de golpe y como no lo expresé a tiempo salió así.
Súbito, unos brazos rodearon al moreno y lo apretujaron. Este, al notar el agarré, sonrió y abrió los ojos, encontrando dos luces azules más brillantes de lo usual.
—¡Me encantas! ¡Me haces sentir tan amado, tan afortunado, tan exaltado…! ¡Tú eres el regalo de Navidad perfecto!
Venezuela lo estudió por unos segundos, enterneciéndose por las lagrimas que albergaban los ojos de Jones. Ahora sí que estaban emocionalmente conectados—. Entonces, ¿ya no necesitas el regalo que te compré?—dijo travieso disminuyendo la solemnidad del momento.
—¡Claro que sí! ¡Quiero mi regalo"
—Pero dijiste que ya recibiste el regalo que deseabas.
—¡No! Quise decir que recibí uno inesperado. Además, un regalo más no molesta. —Eliminó la sal de los cachetes de su pareja
El latinoamericano se carcajeó y apachurró fuerte al norteamericano, quien le devolvió el abrazo—¡Te adoro!
—¡Y tú a mi me encantas! —Utilizó otra vez esa fórmula tan latina sabiendo que su idioma carecía de suficientes frases para expresar sus sentimientos. Era más que un «I like you» pero menos que un «I love you», justo lo que experimentaba en ese momento— ¡Me encantas! ¡Me encantas! ¡Me encantas! —Lo besó ímpetu y cayeron de nuevo al colchón acariciando sus lenguas con pasión desenfrenada.
La colisión de ambos cuerpos causó que ambos soltaran un sonoro gemido.
—Aunque ¿sabes? Yo creo que la verdadera razón por la que ahora casi lloras es que… ¡Por fin vas a tirar después de mínimo 12 meses! —Rió burlón—Ah no, me olvidé de Yulimar.
El nombrado rió travieso—. Ella no cuenta. En cuanto a ti…You little bastard… —murmuró y ejerció una delicada presión logrando un gemido de parte de su pareja—. Va siendo hora que pagues por todas tus bromitas y por los cuidados que te he dado durante este año… —Y comenzó a desplazarse forma ascendente y descendente.
Esos movimientos eróticos provocaron que Teodoro levantara su pelvis buscando un mayor contacto y se retorciera bajo el cuerpo más fuerte. Jones lo agarró de la espalda y lo atrajo más hacia sí para no perder contacto—Fuck, babe! You' re fuckin' delicious! Fuckin' sexy! You gonna kill me!
Y a Venezuela lo iba a matar de éxtasis ese tono tan grave, masculino y rasposo ¡Dios! Nunca lo había oído así, ni siquiera se imaginaba que tuviera esta faceta tan suculenta. No era que no le gustara su tono agudo, pero sabía que era una fachada ante el mundo. Su verdadera voz resultaba un poco más grave. Sin embargo, esta…Si algún día le venía con ella, sería capaz de olvidar que estaba en su trabajo y delante de su jefe y se lanzaría a sus brazos.
—What is it, babe? —susurró tiempo después ante una frase incoherente que lanzó Palacios. Se enorgullecía de haberle sacado los colores al venezolano, tarea por demás de difícil por su tono de piel. Se apoyó un poco más sobre el moreno con picardía para sacarle otro sonido de placer antes de escucharlo.
Inmediatamente, todo se detuvo. Alfred abrió los ojos con violencia y su mandíbula se relajó permitiendo una ligera abertura de su boca.
—A-Alfred. No me hagas caso. Ya te dije que a veces el segundo cerebro toma el control de mi cuerpo y…—Pero no continuó al sentir como el norteamericano se apartaba, rodaba en la cama y se acostaba a su lado.
El latino se sentó sobre sus rodillas, preocupado por la actitud del otro.
—Si es lo que quieres…—aclaró el catire.
—No es lo que lo que yo quiera. Tenemos que quererlo los dos.
—Yo quiero.
—Alfred…
—De verdad.
—¿Estás seguro?
—Sí
El caribeño suspiró, gateó hasta su mesa de noche, sacó los utensilios necesarios, agarró el envoltorio cuadrado y con sus dedos lo abrió.
—Teodoro…
El nombrado giró su rostro hacia dónde provenía la voz y sus ojos captaron el nerviosismo en la cara más blanca.
—Yo…La verdad…No tengo mucha experiencia en…—Pero calló por la vergüenza y la mirada confusa de su pareja.
—Nunca lo hubiera imaginado.
—¿Ah, sí? Me alegró —dijo un poco más aliviado. No obstante, como una de las cejas del moreno seguía levantada, supuso que tenía que continuar con su explicación—Yo…—empezó rehuyendo los verde iris y sintiendo cómo su cara se calentaba de nuevo—…No suelo exponerme a situaciones en donde no puedo mantener…el control.
—Eso es relativo, depende del rol que tomes en ese momento.
—Bueno, sí, visto así…Pero también es por mi tamaño y peso que muchas veces no prefieren…
—Aunque admito que en cierto sentido tienes razón, la verdad es que existen posiciones en las que tu peso o tamaño no molestaría a una pareja más pequeña. Si con quienes estuviste tenían experiencia, debían saberlo. Otra cosa es que no quisieran.
—Vaya, no lo había pensado…—dijo todavía mirando a un punto indefinido en el colchón hasta que, instintivamente, subió sus pupilas al captar por el rabillo del ojo una sombra que se cernía sobre él: Efectivamente se trataba de su novio que se había posicionado encima de él. Sus ojos destilaban amor y su sonrisa dulzura. Aquella mirada funcionaba como un analgésico para su alma.
—¿Al?
—¿Mmm?
—No hay nada de malo con que no tengas experiencia. Eso no te hace ni mejor ni peor persona.
—¿Y a tus ojos?
—A mis ojos la opinión que tengo de ti no cambia.
—¿De verdad?
—Bueno, ahora sé que tengo que ir con más cuidado.
E.U.A suspiró decepcionado consigo mismo—. Te vas a aburrir conmigo.
Venezuela puso una mano en su mejilla, atrayendo de nuevo su atención—. No, no lo haré. El sexo no solo va de eso. Tú ya lo sabes.
—Sí, pero tú…
—Yo no soy tan simple como para solo querer eso. Y menos de la persona de la que estoy enamorado. De hecho, para mí, lo más importante es que la persona sea abierta de mente y quiera probar. La rutina me aburre —agregó con una mueca picara.
Se besaron y el caribeño, sentado entre las piernas del gringo, se preparó ante la mirada de su pareja. De repente, por impulso, volvió a ver al otro hombre.
—Hazlo de una.
—Alfred…
—Por favor.
—¿No será más tu miedo el que habla?
—Solo hazlo.
El moreno bufó y se posicionó. Alfred levantó las piernas y Teodoro comenzó, más inmediatamente paró al ver como el catire apretaba las sabanas con sus manos—. Alfred, mejor lo hacemos otro día, cuando ya nos conozcamos más en este aspecto.
—Tú dale.
El latino volvió suspirar y continuó. Empero, poco después tuvo que parar obligado por los gemidos de dolor de su pareja y por la tensión de su cuerpo, por lo que regresó al punto de inicio, recibiendo por «gracias» una queja de su amante— ¿Por qué paraste?
—¿De verdad lo estás preguntando? —dijo molesto—. Es obvio que estás asustado. Si seguía te iba a lastimar y yo también iba a salir mal parado. No tiene nada de agradable que los dos acabemos adoloridos. Y jamás me perdonaría que te lastimara.
—Pero yo quiero…
—¡¿Por qué estás tan empeñado en hacerlo justo hoy?! ¡Nos sobran días! —exclamó exasperado y quitándose el condón.
Escondió su rostro triste entre su pollina. Le había apenado que el venezolano se pusiera tan agresivo en un momento en que él se encontraba tan vulnerable. No obstante, pensándolo mejor, la actitud del latino se debía a que la persona que más quería en el mundo había rechazado varias veces su intento de protección. Sonrió derrotado y encaró a su pareja con determinación—. Porque quiero compartir ese momento tan especial contigo. Para mí lo es y quiero que seas tú. Me cuesta mucho ceder el control. Ya sé que no es del todo cierto, pero para mí, por ahora, significa eso. Por eso… —Vio a Teodoro bufar reuniendo paciencia—. Eso no es todo, hay otra razón por la que estoy empeñado.
—¿Y cuál es?
El gringo rehuyó su mirada una vez más y la posó en la pared más alejada del cuarto—. Me da pena decirlo. —Vio al venezolano por el rabillo del ojo antes de volver apartar los ojos.
El caribeño se hallaba confundido: no sabía si enfadarse aun más o extrañarse por el comportamiento del otro. Optó por una mezcla—. Alfred, estamos solos. Nadie te va oír. Aunque gritaras, la gente que está en la fiesta no te oiría. Ni siquiera se darían cuenta de que un camión chocó en frente de su casa con lo duro que tienen la música
—Me sigue dando pena. Acércate.
Palacios rodó los ojos y cumplió la petición. Cuando estuvieron uno en frente del otro a escasos milímetros, Venezuela observó los celestes iris con atención, percibiendo como su consciencia se le diluía con el pasar del tiempo. Exhaló por la nariz mientras cerraba los ojos y los volvía a abrir—¿Qué querías decirme? —Intentó aparentar seguridad, pero resultaba obvio que se estaba perdiendo en la esencia del norteamericano.
Alfred sonrío complacido— ¿Sabes? Para alguien que pide apertura de mente, eres poco paciente con los demás
Aquel comentario lo atravesó como una flecha en un campo de batalla. Lo analizó bravo pero no replicó a sabiendas de que el otro tenía razón.
—También se que intentabas protegerme. Gracias. —Lo abrazó y lo besó en la frente sintiendo como el enfado de su pareja disminuía, se acercó a su oreja de tal forma que el moreno pudiera captar su respiración—. Tengo muchas ganas de hacerlo porque…
El enfado rápidamente fue sustituido por la estupefacción. El carmín difuminado en sus mejillas denotaba el efecto que esas palabras lograban en su ser. Palacios se separó al final del mensaje, todavía callado y sin saber cómo responder.
—Por favor, no me mires así —susurró el catire avergonzado.
—E-es que estoy impactado ¿E-eso es verdad?
—Sí… ¿Es que tú no has tenido ningu…?
—No-no-no, es decir, sí. Sí —aclaró cada vez más sonrojado—, de hecho…Fue el motivo por el que se me cayeron las bebidas y te ensucie ¿Te acuerdas, cuando ibas a limpiar la piscina y yo…?
—¿Te refieres a…? ¿Cuando yo estaba y tú viniste…? ¿En ese momento estabas teniendo una conmigo? —Fue testigo de cómo la nación sureña asentía frenéticamente con un color en la faz que causaría envidia a cualquier tomate—Mmm ¿Así que te parezco atractivo? —musitó de forma lasciva.
—¡Noooo! ¡Me estoy acostando contigo por pena! —dijo irónico y disgustado intentando esconder de nuevo su timidez.
Más el gringo no se amilanó.
—¿Así que te gusta verme sin camisa? ¿Te gusta este torso? —dijo mientras se pasaba la mano.
—¡Ni por asomo!
Sin embargo Alfred, ante la actitud desafiante de Teodoro, solo se envalentonaba más y más. Quería oírlo decir que se babeaba por él, y hasta que no lo obtuviera no pararía— ¿Te gustan estas piernas? —dijo repitiendo el mismo proceso.
—¡Sí, coño, sí! ¡Me gusta tu torso! ¡Me encantan tus duros pectorales! ¡Tus fuertes piernas! ¡Tu fornida espalda! ¡Me encanta ver como se te marcan los músculos! ¡Adoro tu cabello y me pierdo en tus ojos! ¡¿Contento?! —El rubor del latino se expandió todavía más al escuchar la risa de E.E.U.U.
—Mucho—Se sentó—. Te ves tan sexy así colorado. De solo pensar cómo voy a conseguir ese tono me enciendo.
A modo de respuesta, su novio lo tumbó de nuevo en la cama mientras lo mordía en el cuello. Jones, por su parte, repetía el nombre de quién le propinaba placer intercalándolo con palabras malsonantes y gemidos—Babe, you know how turn me on!
El nombrado detuvo las caricias, subió su rostro y miró directamente a su amante— ¿Quieres que lo volvamos a intentar?
—Sí.
—De acuerdo, pero si te duele, dímelo.
—Te lo prometo.
—Esta vez lo haremos a mi manera.
—De acuerdo.
Venezuela se embadurnó los dedos de lubricante, gateó hasta posicionarse encima del rubio con la mirada más sensual que el gringo jamás había visto y que le dieron escalofríos de excitación, poseyó su boca, jugó con su lengua y le sacó algunas exclamaciones las cuales fueron correspondidas por las suyas debido al mensaje pectoral que estaba recibiendo de unas manos blancas. Bajó por su cuello y lo saboreó con fruición a la vez que sus manos viajaban hacia allá. Sin prisa pero sin calma. Jugó un poco con zona para avisarlo y cuando comenzó sintió la tensión en el cuerpo del otro.
«Menos que la vez anterior. Eso es un avance»
Siguió acariciándolo comprobando con orgullo que Alfred cedía a su avance. Estuvo un rato así hasta que oyó una protesta desesperada salir de los finos labios. Se tragó un acceso de risa y lo hizo sufrir un poco más antes de cumplir con sus exigencias. Abrió otro paquete de condón, se lo puso, buscó su sitio entre las piernas de Jones y comenzó a introducírselo, parándose de vez en cuando para preguntarle cómo se sentía. Cuando ya estuvo totalmente dentro suspiró y tembló excitado: se sentía tan bien, tan cálido. Deseaba olvidarse de la prudencia y tomarlo con vehemencia, mas el amor que le tenía y su orgullo como buen amante se lo impidieron. Dirigió sus pupilas hacia su pareja y descubrió que este lo observaba con deleite.
—¿Cómo te sientes?
—Good. Keep going —respondió con expresión lujuriosa y utilizando ese tono de voz que tanto lo volvía loco.
Obedeció a su petición primero suave y titubeante y luego confiado y enérgico.
El catire pocas veces recordaba haberse sentido tan bien. Aunque era cierto que le dolía un poco, no quería parar. Era demasiado delicioso, demasiado placentero. Sentía que su cuerpo se estaba lentamente acostumbrando al vaivén y se preguntaba por qué se había negado hasta ahora este vicio. A cada embestida no podía evitar responder con algo que confirmaba su disfrute ¿Qué había dicho? Ni idea. Sentía su organismo caliente, despierto y. Veía pero no miraba. Y quería más, necesitaba más —Har…der.
—No sabes lo qué estás pidiendo —dijo con una sonrisa de desconcierto.
—I said harder…
—Ok —sonrió con malicia, se acostó encima del muchacho y redobló sus movimientos.
Piel con piel, el calor emanando de ambos, pequeñas gotas de sudor, alientos encontrados, movimientos rítmicos, susurros y exclamaciones obscenas, jadeos y nombres los envolvieron.
Las piernas de Alfred abrazaron la espalda baja de Teodoro, atrayéndolo y haciéndolo consciente su nivel de excitación y elevando el suyo. Su corazón iba a estallar, el oxigeno resultaba insuficiente y cada vez sus pulmones captaban menos, su cuerpo hipersensible se prendía con el más mínimo roce, su consciencia se había perdido entre tantos estímulos. Ya no hablaba, se había abandonado a la voluntad de otro. Él sabía que el fin estaba cerca—. I'm gonna…—informó con un hilo de voz.
De repente, una de sus manos fue poseía por una más morena. Sintió como sus dedos eran entrelazados y que su palma funcionaba como apoyo. Aquel contacto delicado e intimo los afianzó hizo revolotear las mariposas en sus estómagos y los unió más como pareja.
Desde su visión neblinosa fue testigo de la aparición de esos hermosos iris, aquel color irreal, aquel mar paradisiaco en los que amaba perderse, aquella mirada libinosa que solo era para él. Se concentró en ellos y sintió cómo su cuerpo su contraía y se relajaba deliciosa y definitivamente.
Poco después, la mano blanca sintió la nueva presión que el venezolano ejercía sobre ella. En medio de su embotamiento mental, se percató y disfrutó del clímax de su amante, el cual le pareció el espectáculo más sensual y hermoso del planeta.
Por su lado, Teodoro, una vez regresado de las alturas buscó los finos labios y se fundieron un beso final cargado tanto de amor como de las últimas chispas de deseo.
—Vuelvo en un momento —musitó el venezolano separándose del norteamericano y alejándose de la cama.
Por un momento, a Jones le asaltaron las imágenes de su sueño y, con ellas, su angustia al ver como su novio desaparecía detrás de la puerta del baño. Sin embargo, cuando lo vio salir de nuevo con un brillo soñador en sus ojos y una sonrisa de enamorado enmarcada en su rostro, supo que sus temores resultaban estúpidos.
Todavía de pie, el suramericano agarró la mano que en la antes se había sostenido y la beso con devoción. El gringo sorprendido por el gesto no pudo evitar adornar su faz con una sonrisa tonta «¿Cómo pude dudar? »
Venezuela se acurrucó a su lado. Tanto su cuerpo como el de su amante fueron arropados por la sabana que el norteño halaba. Cuando instintivamente Alfred abrazó la espalda más fina, pegando sendos pechos, juró sentir como Palacios ronroneaba bajo su toque.
—Alfred… —susurró todavía con sus pupilas pegadas al rostro del otro desde que había salido del aseo.
—Me vuelves loco —declaró e inmediatamente adivinó por la suave risa del muchacho que había respondido justamente lo que su novio pensaba declamar.
Se apapacharon un rato.
—Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo —dijo Teodoro hinchando con sus palabras corazón de su pareja.
—Puedo decir lo mismo. No recuerdo ninguna vez que me haya sentido tan bien, tan…
—¿Completo?
—Así es y puedo afirmarlo desde todo punto de vista. — Rieron juntos ante la pequeña malicia que destilaba la frase y la expresión del catire—. De hecho, hace muchísimo que no me hacían sentir tan bien —entrecerró los ojos y amplió su picara sonrisa.
—Mmm, vaya, me alegra saber que no tengo competencia —dijo compartiéndola emoción.
—Bueno, en cierto sentido sí: tienes que mantener el mismo nivel.
—No te preocupes: me esforzaré para que cada vez sea mejor.
—Esperaré con ansias esos momentos para evaluarte. —Lo besó expresando la felicidad que le causaba la idea, se separó y movió sus dedos entre las sabanas indeciso— ¿Tú te divertiste conmigo?
—Claro.
—Aún con mi inexperiencia.
—Aún así es muy divertido, porque ambos estamos descubriendo facetas nuevas de ti. Eso aumenta el factor de novedad en todo encuentro. Quizás incluso descubramos algo de mí que hasta yo ignoro.
Estados Unidos abrazó con fuerza a su sonriente moreno.
—Por cierto —dijo tiempo después—, hablando de ti ¿Sueles usar mucho la palabra «babe» con tus amantes?
La pregunta causó estupor en el gringo, quien pestañeó sucesivas veces y abrió la boca buscando los vocablos que no acudieron. Luego de un gran esfuerzo por espabilar, su cerebro únicamente produjo un «¿Huh? »
—¿No te acuerdas? —Mas, ante la mirada fija, decidió continuar— Te dirigiste a mí en varias ocasiones con esa palabra.
Nuevos pestañeos y confusión arribaron al rostro de Jones e, incluso, cerró los ojos con fuerza en un intento de aumentar su concentración. Venezuela, al verlo en ese estado, quiso ayudarlo y le narró cada una de las situaciones a las que se refería. En esos instantes, los colores de la faz de Alfred comenzaron a cambiar y brillar más a cada frase que escuchaba—. Yo-yo-yo n-no lo hi-hice a-aproposito n-ni siquie-ra estaba pensando en…—Pero no continuo: abrumado por la pena se cubrió la cara con las manos.
Aquel momento lo agarró por sorpresa. Había olvidado lo pacato que E.U.A era en relación a algunos temas—. A mí me pareció increíblemente sexy.
—El asombrado volvió rostro— ¡¿Uhh?!
—Es que no sabes la expresión con qué lo dijiste. El tono de voz ¡Dios! No sabía que tenías esa voz.
—¿Esa voz?
—Tan grave, áspera y cargada de deseo. Yo pensaba que si alguna vez la utilizabas para hablarme en medio de mi trabajo, aunque estuviera mi jefe allí, yo seguro me lanzaBA a tus brazos y me dejabA hacer lo qué sea.
Alfred se rascó la cabeza confundido. No sabía si sentirse orgulloso, halagado o avergonzado. Pero si era consciente de que era feliz. Abrazó dulcemente a Venezuela y lo miró con esa calidez que solo le hacía sentir el latino—. Bueno, intentaré descubrir cuál tono de voz es ese, porque si ese es el efecto que consigo con solo hacer eso…—Sonrío de forma traviesa y le hizo cosquillas a Palacios, quien rió y le devolvió el gesto.
Después de un rato de mimos, sendos brazos dorados y blancos estrecharon el cuerpo del otro, fundiendo sus miradas, permitiendo que el sueño los venciera.
El caribeño apoyo su cabeza en el pecho lampiño, escuchó la repetitiva, suave y relajante melodía que producía el norteño.
El estadounidense pintó una soñolienta sonrisa, acercó su nariz al cabello de su pareja, lo olió, metió una mano entre las hebras oscuras y las acarició, regalando y regalándose calma hasta quedarse completamente dormido.
Repentinamente, en medio de la total oscuridad, algo se encendió. Sin abrir los ojos, los sentidos iniciaron el trabajo de proporcionarle información de dónde se localizaba: Calor, sentía calor. Una fuente de calor que no era él, externa. Aire cálido, sonidos suaves y repetitivos. « ¿Dónde estoy?» Algo lo agarraba, era pesado y desprendía calor «¿Qué hora es?» No. Lo abrazaba tanto por su pecho como por su espalda, y sus piernas también estaban entrelazadas «¿Qué día es?» Sus piernas también estaban pegadas a algo… ¡Estaba desnudo! Y esos sonidos eran ronquidos. Abrió los ojos con violencia y giró la cabeza descubriendo a un gringo profundamente dormido con la boca ligera y ridículamente entreabierta.
Ahora si lo recordó todo: las bromas y las caricias cada vez menos inocentes en el chinchorro, la pared fría y la traviesa expresión de Alfred, el acuerdo, los besos salvajes, la exploración de sus cuerpos, la molestia momentánea y el clímax.
Sonrió, mas como ese gesto quedó pequeño para la inmensidad de sus emociones y estas pedían con desesperación un escape, empezó a reír bajo y pronto se convirtió en un ataque de risa que llenó toda la habitación y acabó despertando a Jones; quien al principio se unió preguntando entre bocanadas de aire qué pasaba. Empero, al transcurrir el tiempo y no obtener respuestas, se empezó a preocupar.
—Es…solo…que —dijo intentando recuperar la compostura más le dio otro acceso de risa y tuvo que esperar —recordé todo lo que habíamos hecho y me sentí tan dichoso que tenía que expresarlo…Lo siento si…te desperté, quería dejarte durmiendo pero tenía que expresarlo y mi cuerpo solo halló esta forma. —Terminó con lágrimas en los ojos.
Al sentir los labios de Alfred encima de los suyos, olvidó todo atisbo de risa.
—¿Sabes? Estaba pensando en que abrir nuestros regalos sin la presencia del otro es un poco triste ¿Por qué no te vienes a mi casa a principios de enero, más o menos entre el 2 y el 9, los abrimos allá y pasamos un buen rato juntos?
—¿Tienes sed? —preguntó al oírlo carraspear por segunda vez.
—La verdad es que sí.
—Creo que tengo agua por acá ¿Dónde la deje? —dijo levantándose y buscando por su cuarto una botella.
Jones abrió completamente los ojos, sus pupilas se dilataron e iniciaron su recorriendo descendiente por todo el cuerpo del latino: ojos grandes, brillantes y adornados por largas pestañas, piel lustrosa, labios carnosos, deltoides marcados, torso fuerte y plano, piernas largas y musculadas, trasero turgente, vientre lindo y… Su libido aumentó nuevamente, su cuerpo se calentó, su boca se llenó de saliva, su lengua mojó sus labios ante suculenta visión e, instintivamente, su mirada enamorada se convirtió en una depredadora.
—Aquí está— dijo girándose hacia su novio y entregándosela en la mano. Se sentó y lo vio beber. Intuitivamente se percató del calor que emanaba de Alfred, así como de la sugerente posición en la que se había sentado: con la espalda recta, había estirado el cuello para que todos sus músculos destacaran. Teodoro dejó caer la mandíbula suavemente mientras su mirada se perdía en ese amasijo de músculos. Solo cuando Jones alzó una ceja curioso, despertó de su trance—Ehh…Me parece una buena idea, aunque si fuera por mi me gustaría ir a un lugar montañoso o dónde pueda ver nieve.
—¿Ver nieve?
—Sí, nunca tengo mucho la oportunidad de vivir alrededor de ella, y como pensé que en tu casa, en el norte, abunda por estas épocas, podría aprovechar. Aunque si es muy complicado olvídalo, ya encontraré otro momento.
Ante esa explicación, el rubio bebió un poco más del agua antes de continuar—. Por cierto, hablando de recuerdos ¿A qué te referías con bañarte conmigo cuando estábamos en la sala antes de subir?
—No creo que eso tenga más que una interpretación.
—¿Era solo una idea o respondía a algo más? —Se acercó y puso una media sonrisa en su rostro.
—¿Por qué te interesa saberlo? —dijo tímido por la repentina seguridad que desprendía E.U.A.
—Por curiosidad, porque la idea me parece excitante y porque creo que hay algo más allí; si tenemos en cuenta que la otra fantasía que tuviste conmigo fue en un lugar rodeado por agua: la piscina.
La nación sureña se mordió la lengua. Lo había cazado—. Bueno, si te digo la verdad, la idea del agua en sí es una de mis fantasía —dijo apenado.
La mueca se ensanchó, mostrando los blancos dientes. Se acercó todavía más— ¿Sabes en qué otra cosa que estaba pensando? En tu jefe.
Venezuela se quejó sonoramente y elevó los ojos—. Eso es lo más matapasiones que has dicho en todo el día.
Estados Unidos rió sensual, deleitando en el proceso a su chico—. Déjame terminar. —Siguió y se puso encima del caribeño haciendo que sus cuerpos se tocaran y le extrajera un gemido de placer al suramericano—. A tu jefe no le gusto y lo último que querría es que tu y yo fuéramos íntimos…—Se restregó contra el otro hombre haciéndolo estremecer—…pero mira por donde, hay alguien que no cumplió con sus órdenes.
En medio gemidos y suspiros, rió travieso ante la insinuación del norteamericano— ¿Estás sugiriendo que merezco un castigo? —pregunto acompañando los movimientos de su pareja.
Jones arqueó la espalda y blasfemó antes de continuar—. Los dos sabemos que eres inmune a los castigos. La rebeldía es tu vicio.
—Y los vicios tienen que ser saciados.
—Exacto. —suspiró ante el mordisco que recibió en el cuello— Y pensé que podía ayudarte con eso.
—Que alma tan caritativa—susurró pícaro y unieron sus labios en un beso pasional, ahogando sus gemidos, dejándose llevar por su parte animal.
Sin embargo, el estomago de Alfred tenía otros planes y se lo recordó a través de un quejido bastante audible. Ambos hombres pararon en seco. E.E.U.U. dirigió a su barriga una mirada de reproche mientras Venezuela se carcajeaba.
—Bueno, eso estuvo bien pero creo que deberíamos hacerle caso a tu estomago —dijo parándose de la cama, para decepción de gringo.
—Podríamos quedarnos un rato más aquí.
—Eso sería peligroso para la nevera. — Juguetón, le tocó la nariz con su dedo índice— Ambos sabemos que si no comes ahora arrasarás con lo que hay para la semana y lo que se compró para Navidad. Seguro que te comes todo el pan de jamón.
—Pero si todavía no lo has hecho.
—No importa, seguro que te comes todos los ingredientes ¿O no te acuerdas del atracón de harina qué te diste pensando que era una bolsa de galletas?
—Eso fue porque estaba pasando la borrachera. —Mas se calló al saber que eso no era un argumento ante la mirada triunfal de su novio.
—De todas maneras sería bueno que nos bañáramos: estamos llenos de productos de limpieza y sudor. Después sería bueno que comiéramos algo, ya que nos saltamos el almuerzo. Estaba pensando que podríamos cocinar algo especial porque, no sé tú, pero no tengo ganas de salir. Y para celebrar podríamos abrir la botella de whisky.
—¿La qué te regale?
—Sí: una ocasión tan especial lo amerita. —Le guiñó el ojo— No te preocupes, luego tendremos tiempo.
El rubio se paró y le dirigió una sonrisa—. Entonces mejor me voy apurando, pues estoy hambriento. —Salió del cuarto.
El venezolano emitió una suave risa, buscó su ropa interior y caminó.
Súbito, sintió cómo una manos lo levantaban por su cadera, cómo su cabello caía por acción de la gravedad y cómo su cuerpo quedaba dividido por la mitad por el hueso del hombro; de tal manera que sus piernas tocaban el pecho de E.U.A y sus manos su espalda— ¿Alfred?
—¿Mmm? —No podía verle el rostro, pero sabía que estaba sonriendo.
—Mi ropa —dijo señalándola.
—No creo que por ahora la vayas a necesitar.
Su corazón se detuvo. Jones estaba utilizando el mismo tono que él había admitido amar.
—Tu oferta era muy buena, pero la verdad es que tengo más hambre de otras cosas. Y no te preocupes, si hace falta, yo haré el mercado. —Y silbando feliz se encaminó a la ducha con el venezolano al hombro
…
El tablero señaló su existencia, mas el altavoz no indicó su presencia. Normal, aun faltaban 45 minutos para su aterrizaje.
Alfred F. Jones, más conocido como la representación del país más poderoso del mundo, había trasnochado aquella noche emocionado por la llegada de su novio, se había levantado temprano y había hecho todos los preparativos necesarios. Después se había bañado, se había acicalado y había partido al aeropuerto con el reporte matutino radial como acompañante.
«¿Y ahora cómo mato el tiempo?». Bien, podía calmar su angustia como siempre: satisfaciendo su gula con comida chatarra. Pero sabía que ello descompensaría su estomago con el del venezolano y quería compartir todos los momentos que pudiera con él. Podía sentarse a esperar y tomar la actitud casi inhumana de sus misiones con la CIA, mas ponerse en esa sintonía y salir de ella requería cierto tiempo y él deseaba que quien recibiera a Teodoro fuera Alfred y no «El rey del hielo». Además, se sentía tan bien con todas esas emociones positivas revoloteando en su interior. Tan vivo, tan activo, tan pleno.
No quería acabar con eso, por lo que decidió acostumbrarse.
Para reconducir sus pensamientos anduvo hacia las tiendas del aeropuerto, las recorrió con curiosidad e intentado que su nerviosismo no dictara su velocidad. En medio de su paseo se le ocurrió comprarle un regalo y cuando su mirada captó los accesorios de invierno supo que ese era el lugar.
¿Qué le podía comprar? Quería algo sencillo y no muy caro, a fin de cuentas era un detalle ¿Unos guantes? Eso seguro vendría perfecto para sus lindas manos, pero cómo no sabía su talla el fallo estaba asegurado ¿Un gorrito? Con lo maniático que era con su pelo, la posibilidad que algo se lo estropeara haría que nunca se lo pusiera —Primero muerto que bañado en sangre —dijo con desprecio mientras alzaba la mandíbula y su rostro se llenaba de indignación, para luego reírse de sí mismo felicitándose por su excelente imitación.
De repente, su vista captó las bufandas y su cara se ilumino ¡Eso era! Todo el mundo necesita es una bufanda. Ahora solo hacía falta elegir el color. El azul era bonito pero muy común. El negro era combinable con todo pero muy oscuro. El blanco era precioso pero muy sencillo. El fucsia…Definitivamente no. El verde era lindo, pero ya sus ojos eran verdes…
Giró su cabeza y el rojo le golpeó. Se acerco más y comprobó que era un hermoso color: era intenso y brillante como su pareja. Sabía que Palacios le gustaría porque su bandera lo tenía. Aparte, la tela tenía estampadas dos estrellas. Eso le encantaría.
Mientras corría hacia la puerta su cerebro registró el motor de un avión en descenso y al altavoz dando el reporte de su arribada. Sus ojos se iluminaron.
¡Por fin había llegado!
…
Las tiras de caucho que hacían de puerta entre la pista y el edificio comenzaron a moverse, dejando entre ver la primera maleta.
«¡Al fin!»
Su vista se agudizó al máximo, buscando la suya entre las que iban apareciendo: algunas era agarradas inmediatamente, otras daban la vuelta entera y regresaban al inicio, había las que eran celebradas por los niños y una fue reclamada cual agua en el desierto nada más cruzó la puerta. Las morenas manos la agarraron con fuerza y la sacaron con tal violencia que confundió a los presentes.
Venezuela se recriminó silenciosamente. Pero es que no pudo evitarlo.
Ya no aguantaba las ganas de verlo.
Salió por las puertas corredizas y lo primero que captó el Mar Caribe fue ese luminoso cielo celeste que esperaba impaciente a que terminara de cruzar las cintas que los separaba.
…
Con atención y creciente impaciencia fue fijándose en cada uno de los rostros que salía por esas puertas, miró el reloj y tuvo el impulso de llamarlo por teléfono, mas se resistió.
De repente, detrás de una pelirroja, se asomaron unos cabellos oscuros y unos iris muy claros que obviamente lo enfocaban a él.
«Honey!»
Emocionado, caminó con grandes zancadas hasta donde saldría el venezolano y allí lo recibió con los brazos abiertos. Percibió su cuerpo y su alegría se intensificó, olió su perfume y sintió que era allí donde pertenecía.
Por su parte, el venezolano escuchó su corazón, se percató de la fuerza con la que era envuelto y se sintió protegido; olió su cabello y se enterneció.
Ambos estaban exaltados. Sin embargo, recordaron que debían fingir ser solo amigos, por lo que se separaron de un salto al unísono.
—¿El viaje fue bien?
—Sí, aunque no dormí se me hizo corto. —Los muchachos dirigieron sus respectivos ojos a los labios del otro. Empero, la alarma mental volvió a sonar— Será mejor que nos vayamos —dijo tomando su maleta y empezando a arrastrarla hacia la salida.
EE.U.U se tornó serio y caminó en silencio a su lado.
En un momento dado, el latino sintió que los dedos que agarraban el manillar de la maleta eran acariciados delicadamente por unos más grandes y cálidos. Se dejó hacer y les permitió el paso, lo cual trajo como resultado que el gringo acabara encargándose del equipaje.
A pocos metros de la salida, Jones le pidió que sostuviera la valija sin detener su marcha para poder ponerse su chaqueta, sus guantes y gorro. Palacios al ver aquello, se acordó de los suyos e imitó al rubio.
Cuando el suramericano sacó y se puso las orejeras, el catire reprimió una risa: se veía graciosamente adorable.
Súbito, el gruñido y una grosería de Teodoro borraron su tranquilidad.
—¡Deje la bufanda! —Dio un golpe a la maleta, se paró con el ceño fruncido y claramente recriminándose por dentro.
—Creo que la acabo de ver.
—¿Qué? —dijo sorprendido girándose hacia él.
—Que me pareció verla en el fondo, mientras revolvías las cosas.
Inmediatamente el venezolano se agachó de nuevo y metió la mano para seguir buscando—. Al, yo no la…
Cuando unas caricias lo recorrieron alrededor de todo el cuello, se pasmó: cómo suaves olas, los dedos blancos de Alfred anudaron la tela con dulzura y firmeza, permitiéndole respirar.
Venezuela, que no reaccionó hasta que la acción hubo finalizado, se levantó desconcertado, paseó sus ojos del rostro sonriente de su novio al pedazo de tela anclado a su anatomía, estudiándolas por igual. Era muy bonita y práctica. El júbilo se arremolinó en su pecho y lo hinchó. Quiso expresar de forma ostensible su alegría, pero como no podía, se contentó con regalarle un «gracias» con la mirada y la expresión más hermosa que podía producir.
Los labios de Jones ardieron. Mientras miraba los de Palacios, comprimió los suyos en un intento de disuadir a su cerebro, correspondió las palabras, volvió a tomar la maleta y prosiguieron con su camino.
Pocos pasos después de cruzar la puerta que separaba el edificio del mundo exterior, el moreno tiritó, se protegió su boca con su bufanda y se metió las manos en los bolsillos.
Durante el trayecto fueron hablando de sus respectivas vacaciones familiares. Alfred se explayó y Teodoro eludió hábilmente algunos temas. No obstante, para el catire no pasó desapercibido los constantes escalofríos del latino y sintió tristeza, frustración e impotencia por no ser capaz de resolverlo; por ello se alegró mucho cuando llegaron a su carro— ¡Por fin! Ya te puedes meter dentro. Yo me encargo de la maleta.
Ningún paso se escuchó, ninguna puerta se abrió, el viento no se movió ni tampoco los labios. E.E.U.U extrañado por esto, pensó que sus sentidos lo habían engañado, mas cuando se irguió luego de cerrar el maletero, se percató de que la imagen mental se correspondía con la real: Allí a su lado seguía parado y temblando su novio— ¿Pasa algo?
Venezuela, que desde que lo había visto había sentido una sed difícil de soportar, esta se convirtió en un imperativo a saciar al tenerlo tan cerca; por lo que acortó distancias y se tiró a su pecho.
—¿Te-Teodoro? —dijo sorprendido y sonrojado por la repentina acción.
—No hay nadie por aquí —dijo sin levantar la cara— No hay cámaras tampoco, ¿verdad?—tembló.
—No —dijo apesadumbrado y lo abrazó.
Sintió esa especie de ronroneo provenir del cuerpo más flaco y se calmó. Unos brazos delgados lo rodearon por debajo de la chaqueta.
Se quedaron un rato en silencio hasta que el caribeño habló—. Qué calientico estás. Pareces una estufita
—¡Por supuesto! Si no, no sería un buen novio. Tengo que cubrir todas las necesidades de mi pareja.
—Entonces, ¿eres mi estufita personal? —Soltó una pequeña risa que fue seguida por la del rubio.
—Eso y mucho más. Lo que necesites.
El latinoamericano se enderezó. Ambos hombres fundieron sus miradas y después sus labios en un beso anhelante y cariñoso.
—Vámonos —susurró, se dedicaron una silenciosa muestra de afecto antes de montarse en el auto y arrancar. Una vez en la carretera, las risas y las conversaciones se atropellaban mutuamente, los temas cambiaban a una inusitada velocidad, pero el entusiasmo no decaía. En un semáforo, Teodoro se giró hacia Alfred, quien captó su mirada y le preguntó si quería decirle algo en especial.
—¡Sí! Durante todos estos días he estado contemplando el cielo buscando…Pero nunca encontré esa belleza que desprenden tus ojos —dijo galante, sosteniendo una de las blancas manos entre las suyas.
Perplejo al principio, sonrojado después, Jones se vio asediado por la necesidad de escapar de la situación y quedarse—.No digas esas cosas —murmuró entre dientes esquivando la mirada.
—No es mentira. —Afirmó el agarre— No existe un cielo o un mar con un color más hermoso que tus ojos o Sol más radiante que tu sonrisa.
Ahora sí que un atardecer se veía pálido en comparación. Jones era tirado por dos sentimientos muy opuestos: la complacencia por los piropos y la molestia por cómo alguien podía controlarlo. No podía esconderse y tampoco estaba seguro de que quisiera. Por todo ello, su cara se convirtió en un mapa de emociones que se repetían sin un orden claro. Por lo que acabó dándole un beso en los labios que desapareció tan rápido como vino— ¿E-era eso lo que me querías decir?—preguntó sin mirarlo.
—La verdad es que no. —Se rascó la cabeza— Aunque eso no quiere decir que no sea verdad ¡Ah, sí! !Ya me acorde! Al, te pasaste la salida a tu casa.
—Lo sé.
—¿No te diste cuenta a tiempo?
—Claro que sí.
—¿Entonces? —cuestionó confundido, mas al ver la sonrisa que se le pintó al otro en la cara, su sentimiento de extrañeza creció.
—No vamos a mi casa.
—¡¿Qué?!
—Vamos a las montañas ¿No querías ver nieve? —dijo y con una sonrisa triunfal le guiñó un ojo antes de esquivar la última entrada a la ciudad.
…
Meses después, en una gran sala, sentados alrededor de una alargada mesa, se hallaban varios rostros juveniles que ejemplificaban la diversidad de la raza humana. Las caras, que no dejaban traslucir el paso de los siglos, sí mostraban el fastidio del momento.
Desde hace un tiempo ya casi nadie prestaba atención a la discusión presente. Lo que al principio los impresionó dada la excelente amistad entre ellos, acabó con su paciencia; más como sus reclamos no surtieron ningún efecto, terminaron por ignorarlos.
Ninguno de ellos entendía muy bien porqué Teodoro había pasado de sentir cariño por el gringo a despreciarlo desde que su último jefe había tomado posesión del cargo. No obstante, poco les importaba. Ellos solo querían esta pelea finalizara y se instalara de nuevo el silencio en el lugar.
Eso era lo que casi todos deseaban.
Y con «casi» eso no incluía a Colombia, que observaba el desarrollo del enfrentamiento con interés, analizando cada gesto y cada palabra que esos dos vertían.
Ni a Canadá, que contemplaba el hecho con una dulzura que desaparecía bajo un creciente dolor de cabeza. Le hacía feliz que su hermano por fin hubiera encontrado el amor y podía entender que tuvieran que fingir, ¿pero tenían que ser tan ruidosos? Bueno, por lo menos ambos habían hallado una persona que los soportara.
De repente, se sintió observado, giró su rostro hacia el frente y captó los traviesos iris de Francia y como estos se transformaban en una mirada de complicidad. Correspondió el sentimiento y movió la cabeza a adonde ahora le indicaba sutilmente el galo, y encontró a un inglés afligido y ensimismado.
Kirkland por puro instinto levantó fastidiado cuello, tropezando con una suave luz violeta. Aquel rostro que le regalaba una mirada triste y compresiva lo impactó y le provocó que sus latidos aumentaran.
¿Desde cuándo Matthew era atractivo?
Y en medio de todo ese panorama, estaban los causantes del mismo lanzándose ácidos comentarios a un volumen elevado.
—¡Y es por eso que eres un estúpido, un idiota y un huevón! —profirió Venezuela evidentemente molesto.
E.U.A se quito su máscara de irritación y permitió que su cara expresara la complicidad del momento, seguro de que ya nadie les prestaba atención— Seré un idiota, pero soy tu idiota. Lanzó retador.
Teodoro sonrió juguetón dispuesto a seguir la broma: se acercó un poco más y se puso a su altura para que pudiera ver y leer sus labios—Por siempre y para siempre.
¿Les gusto? Quería hcer algo distinto al "dale duro contra el muro" Admito que podria haber sido mucho más...gráfico pero me dio pena y además quería que quedara sensual y picante, no vulgar. No sé si lo conseguí.
Gracias por acompañarme en este viaje y nos vemos en otros fics (el proximo será sobre las colonias españolas y un poco de Spaus). Por si quieren seguir hablando conmigo, tengo un facebook con este mismo nombre de usuario y mi blog "A traves de la pantalla" (tambien tiene face) que retomaré despues de publicar este capítulo.
Les deseo todo lo mejor y nos estamos leyendo
