Más allá del borde (O de como Spica nunca fue para mí)

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La primera vez que Katsuki vio a Izuku, pensó que era un mocoso llorón, con ojos que ven mucho más allá de lo que quiere mostrar, tembloroso y jadeante.

Algún día pensó Katsuki antes de caer dormido esa noche... Izuku los arrastraría ambos a algún pozo extravagante en el que no brillasen las estrellas, y Katsuki se dejaría llevar gustoso.

Katsuki sabe que existen cosas eternas...

Y que Deku no es una de ellas.

No le es complicado deducirlo, lo conoce como a la palma de su mano, es algo tan simple como respirar, es aún más simple traspasar el hospital una tarde con poca paciencia y aún menos tacto.

Podría ser en cualquier momento, podría ser en tres meses, en un día o en un año.

Katsuki no es paciente, él ha sabido durante mucho tiempo la forma en la que Deku lo mira como si tratara de tatuar cada detalle más allá de la retina, en algún lugar difuso entre las costillas, y el esternón.

Bakugou lo sabe porque el mira a Deku de la misma manera. Durante tanto tiempo que ya ha perdido la cuenta.

Entonces Deku empieza a esforzarse demasiado.

Lo ve cada vez menos, y siempre hay alguien que comenta: "Deku, debería tomarse un descanso, ¿cuantos villanos capturo ayer?". Katsuki no puede más que pensar que Deku es un imbécil.

Sucede sobre el concreto, la primera vez que Izuku lo besa.

Tiene el aspecto de alguien que esta mareado debajo del agua, falto de aire... Se ve francamente horrible, pero para Katsuki el rostro de Izuku parece moteado de estrellas y cree que si devuelve el beso podrá encontrar algún tipo de Spica resplandeciente en alguna parte. Lo intenta una vez, dos veces, tres veces.

Ninguna de ellas funciona.

Y él piensa que es mejor así.

Deku deja el cepillo de dientes en el lavabo, y se olvida de recoger la ropa tendida cuando llueve, a veces se roba sus camisas y no se las devuelve sino hasta cuando no tiene ni una sola que ponerse, a Katsuki le gusta particularmente cuando todo su cuerpo se estremece tras el más mínimo toque.

Hasta el día de hoy Katsuki no ha podido decir que lo ama.

Sueña con ello el cielo cubierto de estrellas parpadeantes—, Te amo. —Dice, y ni una sola maldición escapa de sus labios, la mano de Izuku no explota en pedazos ni siquiera tras enredar sus dedos juntos, él lo conoce demasiado bien. Primero su rostro será rojo, después soltara un par de risitas... Entonces... Entonces lo más probable es que él diga:

—Yo también, Kacchan.

A la mañana siguiente, Deku está en la cocina. La cafetera es un murmullo ronco en la habitación, y Katsuki cree que pudo haber estado llorando aun cuando su sueño era uno tan tranquilo.

Espera que lo amargo borre el sabor cobrizo en sus labios.

Katsuki nunca ha olvidado que esto no es más que un espejismo, es como ver una silueta en el agua caleidoscópica y llena de vida, pero a punto de desaparecer como la brisa apaga una flama.

Izuku baja con una maleta de mano, sus pasos son silenciosos contra el tatami, el trata de ser lo más sigiloso posible, pero para Kacchan no lo es... Izuku ha dejado de ser un misterio hace mucho tiempo.

—¿Qué estás haciendo, Deku? —Bakugou levanta la vista de su libro, olvida por completo todo lo anterior, deja de lado la luna y las refulgentes espadas.

—Me voy, Kacchan —Dice Izuku, y Katsuki nunca ha escuchado esa voz, una voz que no le pertenece a Izuku por completo.

Olvida su libro, ya no sirve lo calcino más allá de cualquier recuperación. Sujeta la mano de Izuku, esa que lleva la maleta, sus dedos se aprietan juntos y se sorprende que no estén ardiendo.

—Sabes que tengo que irme, Kacchan —y su apodo nunca ha sonado más agridulce, Deku intenta alejarse, quiere evitar que el injerto que han construido un monstruo que habita ya no en una sino en dos personas—. No puedo permanecer aquí...

Izuku intenta apartarse, pero Katsuki toma la maleta y con la otra mano intenta sujetarse tan fuerte como puede, intenta mostrar todo lo que no sabe decir.

Si Katsuki no hubiese compartido toda su vida con Deku, no podría distinguir las veces en las que Izuku era terco, de las veces en las que se estaba rompiendo.

—Esta es nuestra maldita casa, Deku —intenta, y espera que su voz no suene tan rota como se siente, ni que le desgarre los pulmones con cada silaba—. Las plantas son tuyas, la cafetera también, los zapatos en el estante.

Parece que Izuku fuera a llorar, lo ha visto llorar infinidad de veces y lo ha hecho llorar otras tantas, sin embargo, esta es la primera vez que siente remordimiento. Izuku quiere gritar pero su boca esta presionada en el hombro de Katsuki. Como desearía que cada parte de Izuku fuera suya en ese simple tacto.

—Está bien —murmura— puedes quedarte.

—Kacchan —masculla Izuku, lo repite una y otra vez, Katsuki lo deja, no preferiría escuchar ningún otro nombre, no soportaría escucharlo de otra voz—. Kacchan...

—Quedate aquí, Deku —Dice, pero no termina de decir el resto...

"Quedate conmigo".

La maleta hace un ruido sordo en la habitación, pero único que Katsuki escucha es la respiración de Deku contra su hombro.

Unas semanas más tarde, es un trabajo demasiado fácil.

El villano está huyendo, solo va un par de cuadras adelante, y con el sol quemándole las retinas es fácil encontrarlo. Katsuki se adelanta, esperando que al girar Deku estará a su lado, pero esta atrás en el suelo.

El villano no es más que polvo en su memoria, se deja caer de rodillas.

La cara de Izuku se hace más borrosa, antes podría contar cada peca cuando se da cuenta esta limpiando las lágrimas de la cara de Izuku no sabe cuándo han dejado de ser suyas, no sabe cuándo se han mezclado permanentemente.

—No llores, Kacchan —susurra Izuku.

—Lo siento —es lo único que puede responder—, Deku...

—Es mi culpa... —interrumpe Izuku— Yo...

—¡Esta bien! —Exclama, y lo ve en la cara de Deku. Como si un mecanismo hubiera empezado a girar, incluso si ahora solo daba un par de vueltas antes de detenerse.

Hay cosas que Katsuki sabe, y que Deku cree que no sabe. Cuando lo beso por primera vez, cuando dijo que se quedara, Katsuki siempre lo supo, que no habría ninguna eternidad para ellos dos.

Aun así, Katsuki quiere intentarlo, no hay estrellas y el sol le cae a plomo sobre la espalda.

—Te amo...

Fue la primera y la última vez.

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Notas:

Tenía esto guardado, pero quería llorar con la perspectiva de Kacchan también.

Regresare al fondo de mi cama, llámenme luego.