CAPITULO 2:
Despertó en una cama gigante abrazado a una mujer en un principio pensó que era Bella, su esposa, pero mientras se recuperaba los recuerdos volvían a su mente, y vio una cabellera roja, una sonrisa de hechicera, y esos ojos azules intenso que lo miraban. En menos del que pensó la tenía encima de él, acariciando su cuerpo y haciendo que olvidara otra vez, porque ella sabía cómo hacer que un hombre enamorado olvidara aunque sea unos minutos cualquier otra cosa. El estado de desnudez era grande y los cuerpos se movían; ella cabalgándolo,tomándolo, poseyendo todo de él. Sus manos avariciosas fueron a sus grandes senos donde los apretó, luego se inclinó para devorar uno de sus pezones, y tirar de él con rudeza. Un hermoso grito salió del cuerpo de Victoria, mientras se metía su pene completamente en su estrecha cavidad, sacando un gruñido de satisfacción. Entre gritos y gruñidos llegaron al completo éxtasis y placer.
— Estos si son buenos días. – murmuró besándolo una vez más.
— Buenos días mi Reina.
— En la intimidad me puedes llamar Victoria querido, como yo te llamare Edward.
— Suena bonito… Victoria. – la nombro paladeando como se sentía su nombre en su lengua.
Horas más tarde, se realizaban los preparativos para ir a Reina mando a traer vestimenta para el nuevo administrador de las propiedades en Francia. Esa era la versión oficial de por qué la Reina viajaba con los príncipes y un hombre desconocido a Francia. Aunque poco le importaba ya que era la Reina después de todo, y podía hacer lo que había dado a Edward pleno poder de administrar las empresas que estaban en Francia, no tenía interés en los números y sacar cuentas, así que en otras palabras el estaba a cargo de las riquezas del reino. Era la envidia de muchos otros nobles que esperaban ocupar ese cargo.
El equipaje de la reina estaba siendo cargado junto al de los pequeños príncipes: si bien ambos habían nacido mellizos el heredero al trono sería Ricardo, un niño pelirrojo con ojos café; mientras que el otro heredero, el pequeño Lancelot: un niño rubio de ojos azules como su padre, recibiría grandes cantidades de tierra para gobernar.
— ¿Edward estás listo ya es hora?
— Si, ya estoy listo vamos.
Había dos carrozas esperándolos: unas donde iban los sirvientes con el equipaje y la otra donde iba la Reina, sus hijos y Edward. A caballos iba la guardia que los escoltaría durante el viaje. La mayor parte de la travesía se realizaría por mar, así que cuando llegaron al puerto los hombres empezaron a subir las cosas abordo, mientras los niños corrieron a subirse y descubrir todos los recovecos del mismo, trayendo a sus niñeras de cabeza por detrás.
Mientras todo se desarrollaba afuera los amantes se quedaron en la carroza.Él cerró las cortinas mientras que ella aprovechaba para subirse en su regazo como una gata. Moría por no había hecho uso de sus servicios y eso estaba volviendo ansioso a Edward por lo que no la hizo esperar y se dedicó a recorrerla con sus grandes manos, tomando sus senos por sobre la tela molesta del vestido cuando lo que se moría era por rasgarlo fuera del camino.
— Como odio estas cosas. – susurró con la voz ronca.
— Esta noche cuando todos duerman podrás hacer lo que quieras con ellas. – dijo mientras metía la mano en sus pantalones para apretar su miembro.
— No dudes eso que lo hare. – gimió contra su cuello depositando un caliente beso en él.
Edward no sabía cómo se había acostumbrado tan rápido al cuerpo de Victoria, obviamente olvidándose de la zorra de su esposa, como la llamaba en su mente, ya que no quería pensar en ella de otra forma. Le dolía en su alma y a su ego machista pensar en Isabella. Con las ropas arregladas y aparentando normalidad salieron de carro y caminaron juntos. Edward ofreció galantemente su brazo para escoltarla y subieron al lugar donde pasarían bastantes años.
Un mes después Isabella no salía de su casa con la excusa que estaba en su luna de miel. Estaba en completa negación, no quería afrontar que su matrimonio duro solo unas pocas horas por culpa de su estupidez y sus hormonas. Cualquier sonido hacia que mirara por la ventana por sise trataba de Edward regresando a casa: había practicado hablando sola lo que le diría, inclusose olvidaría de su orgullo dispuesta a pedirle perdón de rodillas si fuera necesario. Mike solía visitarla pero luego de negarse varias veces a verlo y acostarse con él dejo de hacerlo. Bella se había vuelo una persona aburrida, diferente a lo que solía ser, y se dedicó a acortejar a la virgen de Jessica en cuestiones de hombres. La única que sabía lo que realmente había pasado en su matrimonio era Jane, sus hermanos estaban convencidos que estaba felizmente casada y en su vientre el próximo heredero, pues resultó que estaba embarazada pero sin tener idea de quién era el padre de su hijo; podrían haber sido cualquiera de los dos tanto Edward o Mike, pero llegados al caso toda la responsabilidad caería en su marido.
— ¿Qué piensas hacer Bella? no puedes estar toda la vida encerrada.
— Estoy inventando una historia creíble, para justificar su ausencia espero que resulte todo. Mi padre no estará muy feliz con esto, dije que nos separaríamos para que el me casara con Alex, cosa que era una gran mentira… Dios, ese viejo repulsivo no me produce nada. Pero fue lo que tuve que hacer para que me dejara casarme con Edward sin desheredarme.
Estuvieron bastante tiempo conversando y tratando de encontrar una solución y lo único que las salvo era decir que había encontrado un trabajo digno, ayudando a la había forma de comprobar que era mentira porque todos sabían que ella se había ido a Francia por tiempo indefinido.
Ya había pasado un año desde que Edward se encontraba en a hablar el idioma, no le resulto tan difícil como esperaba y administrar las empresas tampoco por sus conocimientos en leyes. Los niños se portaban muy bien con él, había aprendido a quererlos a ambos. Cuando venía el rey a visitarlo con su amante, el palacio se volvía un caos total. Ricardo cambiaba mostrándose más caprichoso de lo que era; se ponía altanero y mal educado, pero intentaba a todas luces hacer que sus padres volvieran a estar juntos. Era un niño después de todo, él no entendía la relación que tenían. Por su parte los reyes lo ignoraban y se reían de lo que hací mismo pasaba con el príncipe Lancelot le daba lo mismo, no importaba que estuvieran junto o separados mientras tuviera a las mascotas que se dedicaba a cazar en los bosques.
Era de noche y Edward estaba solo bebiendo de los tragos más finos recordando a su gran amor, la adoraba pero luego se acordaba de su traición y volvía la furia en él, haciendo que su trago desapareciera del vaso rápidamente. Estaba por servirse otra bebida cuando su Reina entro mirándolo con deseo y mortalmente celosa y furiosa,sobre todo porque sabía que no estaba bebiendo en nombre de ella, y que la causante de su tristeza era esa maldita perra de Isabella.
— Te quiero desnudo en mi cama Edward.
— Ahí estaré.Completamente listo para ti, mi Reina.
Antes de que se retirara lo agarro por los cabellos de forma furiosa y lo beso; un beso que le saco hasta el alma, mordiendo con fuerza su labio inferior, y soltando un gruñido satisfecho desde el fondo de su garganta.
— Vete la habitación. Enseguida estoy contigo, cariño.
— Con su permiso, mi Lady.
El año para Isabella no estaba resultando nada fácil, pues se llevo las peores desilusiones del mundo con su familia, aquella a la que creía adorar tanto. Su padre había pedido la nulidad de su matrimonio con Edward a sus espaldas, pero la Iglesia había dictaminado que no podía llevarse a cabo tal petición porque su esposo no estaba para atestiguar a su favor. Su padre, furioso ante la negativa, había decidido echar a Isabella de su casa en un intento desesperado de hacerla regresar. Él insistía en que debía convertirse en la amante de Alec, incluso a pesar del estado avanzado de su embarazo. Esa fue la última vez que vio a su amada hija. Cuando llego a casa de Emmet a pedirle que la ayudará, diciéndole que su padre se había vuelto loco, él le dijo que estaba de acuerdo, que no podía ser tan egoísta, y que no debería ser tan facil para ella abrirse de piernas. Los mismo sucedió con su otro hermano: Jasper, aunque él fue más sincero diciendo que incluso su esposa no estaba de acuerdo. Así que con toda la dignidad que le quedaba, tomo sus cosas y se fue sin rumbo conocido, a vivir en algún lugar donde nadie supiera quien era.
Llego a la ciudad de Bath alejado de todo el agobio y la decepción que fue su familia. Se tocaba el abultado vientre pensando en que ahora empezaba una nueva vida para ía algunas pocas libras encima pero las suficientes como para vivir por un tiempo. Había pensado seriamente en abrir un negocio, pero lo único que sabía hacer era pan. Así que fue lo que decidió: vendería pan.
El comienzo para ella fue difícil, sobre todo encontrar un lugar para vivir. Terminó cambiandomuchas de sus joyas más valiosas por una pequeña y destartalada casa. Las personas la miraban extraño a todos lados donde iba, después de todo era una mujer sola y embarazada sin un hombre que mantuviera la familia. El nacimiento de su hijo fue ía tenido, quince horas de parto para traer al mundo un hermoso niño que bautizo con el nombre de Robben Scott Massen. El niño tenía una suave pelusa color cobrizo en su tierna cabeza y unos intenso ojos chocolate, por lo que no dejaba duda que el padre era Edward; cosa que agradeció porque odiaría que su hijo hubiera resultado de su aventura con Mike el segundo padre, que tenía en la lista.
Vivía de forma humilde sin tantos de los lujos que siempre tuvo, apenas le alcanzaba con lo justo para poder comer y vestirse. A su hijo no le faltaba nada ella se encargaría de darle todo lo que estuviera en sus manos. Con los meses se fue haciendo amiga de un campesino llamado Jacob Black. Él iba constantemente a su casa a cenar y jugaba con Robben, parecían un especie de familia pero ella lo mantenía lejos, no quería que su amistad se confundiera. Como era de esperarse pronto las habladurías empezaron a circular, así que las visitas se fueron haciendo más en secreto o se hablaban en lugares privados.
— Isabella, mira a Robby– Bella volteo para su cara de felicidad. Su hijo estaba dando los primeros lágrimas llegaron a su rostro cuando llego a los brazos de Jacob.
— Mila tío, mine
— Si Robby, caminaste bebe.
Bella lo quito de los brazos a Jacob y comenzó a dar vueltas con él en sus brazos; el pequeño Robben sonreía, unas hermosas risitasllenado el corazón de a su hijo con todo el alma. No sabría que hacer su si pequeño no estuviera con ella.
Con la cena servida, Jacob sentado en la cabecera y ella a uno de sus costados ella admitió que había escuchado los nuevos chismes de la señora Pratt. Aquella mujer siempre desvariaba. En el pueblo solían contar que se había vuelto loca por la pérdida de su hijo.
— Yo también me volvería así si algo le pasara a mi pequeño Robby. – susurró mirándolo con adoración.
— Nada le pasará, lo cuidamos mucho.
— Por supuesto que mi Robby estará perfectamente.
Luego de acostar al pequeño, llego a la sala para encontrar con que Jacob la estaba esperando con una taza de te. Siempre se tomaban una taza al acabar la noche pero Isabella intuía que esta noche no sería como todas las noches anteriores, que él venía a visitarla.
— Esta exquisito como siempre Jacob
— Me permites una pieza de baile. – pidió poniéndose de pie, mientras le tendía una mano.
— No hay música. – susurró desconcertada.
— Solo imagina la música Isabella.
Una parte de ella quería negarse pero otra parte no quería hacer ese desaire a Jacob. Así es que comenzó a bailar por el salón mientras él tarareaba una canción desconocida. Estaban tan juntos que tarde dio cuenta que solo unos pocos centímetros separaban sus labios.
— Jacob estoy casada.
— ¿Y en dónde esta Bella? Déjame estar contigo.
— No sé. No puedo hacerlo… un día él regresara. Estoy segura.
— Déjame ser tu amante hasta que eso ocurra. Quizás nunca regrese de todos ser una familia, y cuando vuelva, si es que lo hace, ya veremos que hacemos.
Y eso fue suficiente para que ella, lo besara con pasió tanto tiempo que tenía a su interior a la antigua Bella que no le importaba el resto solo disfrutar. Él por su parte la cargo en sus brazos en dirección su habitación depositándola en la cama mientras se desvestía.
Francia, diciembre 1567
Se hacían los preparativos para suregreso después de cinco años. Edward volvía junto con la Reina y los niños. Ricardo ya tenía la edad suficiente para empezar su preparación para convertirse en rey. La comitiva real los estaba esperando, para ir al puerto donde comenzaba la nueva aventura pero él sentía una ansiedad por volver y saber que fue de la zorra de su esposa. Todavía no había cobrado su venganza y no podía esperar el mejor momento para hacerlo.
