Sí, volví :3
CAPÍTULO VIII: Formalidades
Todo alrededor de ellos se había detenido. Sus miradas seguían sosteniéndose con intensidad, parecía que hubieran pasado mil años y trataran de recordar cada rastro de su rostro que se les haya olvidado. Pero sabían que eso sería algo imposible. No pudo evitar dar una vista completa de su cuerpo, había crecido un poco más desde la última vez que lo vio. ¿Cómo es posible que alguien tan grande como él pueda incluso aún seguir creciendo? Ella ahora solo se sentía pequeña, diminuta bajo su intimidante mirada. Estaba aún mejor de lo que recordaba, su oscuro cabello aún seguía atado en una coleta hacia arriba, aún conservaba esos redondos pendientes. Pero su cuerpo, se veía mucho más fornido, había estado haciendo ejercicios, el solía ser delgado y ahora si bien no estaba gordo, estaba más musculoso y ejercitado.
El solía tener una mirada pacienciosa, un tanto floja, indiferente. Pero ahora la miraba sorprendido, con los ojos bien abiertos e incluso sus labios se encontraban separados dejando pasar su tibio aliento.
Ella no se quedaba atrás. Siempre la consideró delgada, aunque no tanto como muchas de las chicas con las que se había acostado antes, pero para él ella siempre fue perfecta. Tenía unas largas y trabajadas piernas que siempre deseó tocar lentamente, sus caderas eran anchas lo que delimitaba a la perfección su muy bien proporcionado trasero, y sus senos, si bien no eran desproporcionadamente enormes, él había comprobado ya lo perfectos que eran, le encantaban. Bien sabía que con su físico podía atraer a cualquier hombre con el que se cruzara, de echo había escuchado muchas platicas desagradables incluso dentro de su mismo círculo de amigos, sobre cómo se referían los hombres a su figura, pero sin embargo, al llegar a conocerla y saber de su carácter, todos inmediatamente tiraban la toalla. Como pareja no la soportarían.
Pero para él, fue ese maldito carácter lo que lo sedujo, lo que lo atrajo. Oírla gritarle y dar órdenes por alguna increíble razón le excitaba, hacia saltar su corazón y otras partes de su cuerpo, porque siempre la consideró una chica ruda, pero jodidamente atractiva y sexy, y fue esa la razón por la que por mucho tiempo se sintió a merced de ella, por dejarse llevar por sus estúpidos sentimientos. Pero sabía que no volvería a pasar igual, por un lado porque ella lo odiaba, eso era más que seguro, y en parte agradecía, ya que sabía que era la única mujer capaz de hacerlo perder el control sobre sí mismo; y por otra, porque él ya había cambiado, había dejado atrás la tontería de los sentimientos y había jurado no volver a caer como un bobo por ninguna otra mujer, si alguna estaba dispuesta a calentar su cama, sería con el total conocimiento de la misma que si podían llenarse de besos y abrazos un día, al siguiente para él, ella sería una completa desconocida. Está bien, sabía que estaba exagerando, nunca era tan rudo, al menos si llegaba a saludarlas, pero no se detenía a pensar en cómo se sentirían ellas, de todos modos ya lo descubriría cuando sus chismorreos llegasen a sus oídos, cuando victoriosas compartían con sus amiguitas su relato erótico de una noche con él. Si, sentía todo un matador. Aunque había olvidado a Sumiko claro, si bien no sentía nada por ella, era consiente que para ella él era como una pareja recurrente. Era la única con la que varias veces a la semana compartía su cama y a la que le permitía casi convivir, ya que después de todo le preparaba el almuerzo y la cena. No podía obviar también que sabía perfectamente que ella de vez en cuando se veía con amigos y a veces desconocidos y pasaba unas buenas noches lejos de él, pero sin embargo le parecía gracioso como la mente de ella maquinaba toda una historia de amor, donde lo imaginaba a él celoso y enojado, y ella volviendo a sus brazos pidiendo perdón con sexo salvaje. Si, él no estaba para nada celoso, de hecho no le podía importar menos, pero tampoco rechazaba cuando ella se ofrecía, así que se podía decir que la pasaba bien junto a ella.
Ella sabía que no estaba haciendo lo correcto, cómo era posible que después de todo lo que había sufrido por "su amor no correspondido", y su supuesta traición, aun su corazón siga sintiendo lo mismo que cuando tiempo atrás lo veía. Definitivamente era una tonta, una completa estúpida. Vamos, reacciona Temari… o el pensará que eres una tonta… Ahhh… mierda, esa sonrisa.
- Shi…Shika… - respiró hondo, era lo mínimo que podía hacer al sentir su sangre congelarse, él le había vuelto a sonreír ladinamente, como solía hacerlo en el pasado, como a ella le encantaba – Shikamaru… – eso no pudo haber salido peor… pareciera que le hubieras pedido permiso…
- Ah… Temari – la reacción del chico fue indudablemente de sorpresa, no esperaba esa sumisión de parte de ella, trató de calmar las aguas dándole una afable sonrisa, pero lo que menos se esperaba era verla ahí, sonrojada, avergonzada, desarmada ante el… rayos… esa mirada, me recuerda tanto…
La noche había caído, eran alrededor de las 7 y él ya se encontraba listo para recogerla en su hotel, esa noche se celebraba una fiesta, y ella, como invitada especial no debía llegar tarde.
Estaba caminando pensando en que decirle cuando la vea, debía halagar su atuendo, o su peinado, o su maquillaje, estaba seguro que ella optaría por estar sencilla, como habitualmente andaba. De igual forma siempre conseguía lucir hermosa, sencilla pero muy atractiva. Tomo aire armándose de valor, no sabía cuánto tiempo había perdido pesando en cómo debía comportarse con ella, pero estaba seguro que ella aun debía estar en su habitación arreglándose. De pronto la vio. Y él se congeló.
Ella ya se encontraba en la puerta del imponente hotel esperándolo, se había hecho tarde. Se veía realmente hermosa, que decía, preciosa, era un verdadero ángel. Vestía un vestido color vino que resaltaba el color de su piel, al mismo tiempo recorría su cuerpo dándole una perfecta vista de su maravillosa figura. Le llegaba por encima de sus rodillas, la falda no se pegaba a su cuerpo, más bien se encontraba suelta, dándole una increíble visión de sus piernas a cada paso que ella daba. Traía los hombros descubiertos, y aunque no dejaba ver la piel de sus pechos, ya que llegaba hasta arriba y se llegaba a atar por dos tiras que rodeaban su cuello, cuando dio la vuelta, un sugerente escote sobre su trasero le daba una hermosa imagen de su tenue espalda. Había optado por usar el cabello suelto, y en la parte final de este, que llegaba a tocar sus hombros, unas sueltas ondas adornaban su rostro. Su maquillaje era apenas visible, de igual forma ella no lo necesitaba. Se veía jodidamente adorable y hermosa, Dios, debía aceptarlo, era un maldito ángel. Ella lo buscaba entre la multitud de personas que transitaban por el sitio, estaba preocupada, odiaba llegar tarde, no era propio de ella. Y él no se atrevía a acercarse, había planeado eso por horas, había platicado solo todo el camino y había creado cientos de monólogos, y ahora que la veía, se había quedado mudo y bloqueado, no podía dejar de admirarla, no sabía cuánto tiempo llevaba observándola sin siquiera haber pestañeado, le daba igual que otros lo vieran, en ese momento era solo ella. De pronto, sus miradas se encontraron, y todo a su alrededor paró. El abrió levemente la boca sorprendido al descubrirse pillado, pero no pudo hacer más, ella, por su parte rápidamente se sonrojó al verlo, lo había descubierto observándola, quien sabe desde hace cuánto. Sus enrojecidas mejillas solo consiguieron encenderlo, esa mirada, confundida, sorprendida, avergonzada, significaba todo en ese momento. De alguna manera se sentía el hombre más afortunado del mundo. Shikamaru… pensó ella. Temari… pensó él. Ninguno de los dos se atrevió a hablar, ninguno de los dos quiso romper ese mágico momento. Alrededor no había nadie para ellos, solo existían los dos. Entonces, sucedió, de esa manera que consiguió quitarle el alma y rendirse a sus pies, lo único por lo que nunca se resistía, ella le sonrió, de esa manera que conseguía personificar al ángel mismo, mostrando toda su dentadura, cerrando los ojos tiernamente. Dios, cualquiera pensaría que era tan forzada, pero para él, para él lo era todo. Jamás hubiera pensado en como acabaría esa noche, no pensó en que ese sería el momento crucial donde todo sería diferente. Jamás se imaginó que podría joderlo todo.
- Shikamaru – al fin… ahora si había vuelto en sí. No podía creer que hubiese hecho el ridículo ante él, no quería volver a mostrarse débil. Su rostro cambió en un segundo. Ahora estaba ahí de nuevo, enojada, irritada y déspota – vaya, hasta que por fin la escolta se digna en cumplir su trabajo.
La escolta… Hmm… así que estas con esas Temari
- Bueno, antes que nada quisiera aclarar dos puntos – la cortó seco, ¿quién se había creído que era para hablarle de esa forma? – en primer lugar no soy tu escolta – sí, la pondría en su lugar, nadie le hablaba así a Shikamaru Nara – si estoy aquí es porque nadie ha querido tomar este puesto y luego de haberme prometido una valiosa suma de dinero por tomarlo, no me quedó otra más que aceptar – la cara de Temari era de total incredulidad. ¿No está hablando en serio o sí? Como es eso posible, entonces él… oh… no sabía descifrar sus sentimientos en ese momento. Acaso era… ¿decepción?
- Cómo te…
- Un segundo – la volvió a callar, estaba decidido a no dejarse amilanar esta vez – te mencioné dos puntos, el segundo es que si no vine a tiempo es porque tuve cosas muy importantes que hacer y disculpe usted oh mi-lady – dijo con sorna mientras se reverenciaba claramente en forma burlesca – dispuse todo a tiempo para que disfrute de su estadía en esta aldea desde el momento en que ponga un pie aquí.
- ¿Todo a tiempo? – era su turno de hablar, quien se había creído ese don nadie para hablarle así a la princesa de Suna – que significa a tiempo para ti. Tienes idea de cuánto tiempo esperé a que llegaras a buscarme y nunca lo hiciste – si las miradas matasen, hace tiempo todo Konoha se hubiera extinguido. Temari está realmente furiosa, estaba siendo humillada por él y lo peor es que ya había gente alrededor viéndolo todo – exijo una explicación inmediatamente – Shikamaru estuvo a punto de intervenir, por su expresión, al fin se había dado cuenta de lo duro que le había hablado, después de todo ella era una importante invitada, y su deber era complacerla, pero antes que el pelinegro interviniera, Temari prosiguió – y no, no quiero tus explicaciones, quiero las del Hokage.
- Temari – Shikamaru se acercó a ella y la tomó de la mano, llevándola hacia el ascensor. Se veía avergonzado, y trató de darle la espalda a la multitud a su alrededor, este asunto debía resolverse en otro lado – no digas nada, camina – ella se hallaba confundida, desde el momento en que sintió la piel de el sobre su mano volvió a perder la seguridad que ya había logrado conseguir, otra vez enmudeció y por alguna razón se dejó llevar por el hasta el ascensor.
- A… a donde vamos
- Primero que nada, debes explicarme porque armaste tanto lío en recepción, ¿es que a ti no te enseñaron los modales?
- ¡No! – rápidamente se apartó de él como si de fuego se tratase – no – lo señaló con el dedo – eres tu quien debe explicarme que rayos significo esa contestación allá abajo. Pero quien te has creído que eres, ¿acaso has vuelto a olvidar tu lugar aquí?
"Te he dicho que te vayas, ¿quién te crees que eres para tratarme así?, ¿no sabes acaso quien soy yo?"
Un oscuro recuerdo volvió a su mente. Otra vez la arrogante y déspota Temari estaba hablándole y eso solo le dolió. Mierda, porque me tengo que poner así, no se supone que deba dolerme.
- Si – volteó a mirarle fijamente los ojos. Ella pudo percibir que se encontraba herido, sabía el porqué, apartó la vista avergonzada, no volvió a medir sus palabras – si lo sé Suna Hime, no se preocupe, se exactamente cuál es mi lugar aquí – ella quiso decir algo más, pero el sonido del ascensor abriéndose le impidió, o fue una simple excusa para no volver a flaquear. Entonces se dio cuenta que ese no era el piso donde se hallaba esperando su amiga.
- ¿Qué hacemos aquí?
- ¿Eh? – él volteó a verla – de que rayos estás hablando, ya deja de decir tonterías y ve a tu habitación – su actitud ahora era diferente, la forma en la que lo dijo, le recordó al Shikamaru de la ultima vez, ese que odió por los últimos tres años.
- Shikamaru – él sintió la cálida mano de la rubia tocar levemente la suya, no entendía el significado, era un suplicio o era un acto de aborrecimiento, ya no sabía que esperarse de ella y eso lo frustraba – yo… este no es mi piso
- Mmmm… - volteó a verla un poco frustrado, enojado, hasta ahora todo le había estado saliendo mal y ahora sentía que se le iba de las manos – De echo, este es tu nuevo piso, y la anterior habitación ya no lo será mas.
- ¿Qué?, de que rayos hablas, sabes bien que esa es mi habitación.
- Solo cierra la boca y sígueme Temari – la jaló con leve fuerza de la muñeca fuera del pasillo, y la llevó al fondo del corredor – está será tu nueva habitación de ahora en adelante
- ¿Qué? – abrió los ojos sorprendida – no, me niego, exijo que se me devuelva mi antigua habitación esta está muy lejos de todo, no la quiero
- Pe- pero de que rayos hablas, tu antigua habitación estaba al fondo de todo, está será la nueva así que será mejor que te acostumbres
- Y que si no lo hago – lo retó. Sus labios se abrieron levemente con un poco de sorpresa al darse cuenta de lo que acababa de hacer, Shikamaru sin duda alguna lo tomaría con segunda
- ¿Qué si no? – sonrió ladinamente – Mmmm… es algo en lo que no he pensado – su cabeza fue ladeada del mismo modo que su sonrisa y sus ojos ya mostraban un aire juguetón. Temari dejó de respirar.
- Yo-yo no, yo no lo quise decir así, lo sabes… - levanto con timidez sus manos sin aun tocar el pecho del pelinegro, por alguna razón trataba de prevenir que algo ocurriese.
De pronto lo vio acercarse cada vez más a ella, bajando la cabeza para estar a su altura, ella separó ligeramente los labios y respiró con dificultad ante su cercanía. Había olvidado su olor, y tan solo el sentirlo cerca inundó totalmente sus fosas nasales, como lo había extrañado. Su sonrisa seguía presente, riéndose del ella, de la situación, de cómo podía manejarla.
- Shika… - no pudo continuar, pudo sentir su aliento golpear levemente en su fino cuello, en algún momento su cabeza se acercó tanto y ella ladeó la suya dándole el acceso a éste. Al tan solo sentir el primer aliento todo su cuerpo se estremeció. Cerró los ojos como reflejo, se esperaba lo peor, o mejor para ella, ya lo podía imaginar.
- Mmmm… - su susurro resonó en su cuello, como si las ondas viajaran lentamente sobre su blanca piel hasta llegar a su oído. Casi pudo percibir sus labios sobre ella, no sabía si era real o solo los estaba imaginando, a esa altura ya podía sentir todo de él. De pronto los sintió en su oreja, raspando levemente con su labio inferior el lóbulo, sintió como se revolvía algo en su vientre – no me interesa.
De pronto sintió que todo se rompió, su corazón paró y él se separó. Al verlo seguía con su maldita sonrisa de siempre, pero esta vez ella solo podía ver burla y humillación sobre ella. Maldito Nara, se había vuelto a burlar de ella.
- ¿Qué? – se sentía indignada
- He dicho que no me interesa, princesita – respondió desafiante – creo haberte dicho que ni yo mismo quise este papel, pero bueno, la paga era buena y pues, cuando uno tiene sus asuntos, la necesita – casi al instante en que terminó de decir la ultima palabra, sintió un fuerte ardor en su mejilla derecha, y como su rostro en un instante volteó al sonido de una cachetada
- Eres un maldito idiota – no se tocó su ardiente mejilla solo por orgullo, no quería que sepa que le dolía a muerte – quiero que te retires ahora mismo de mi presencia, exijo otra escolta
- Que parte de lo que te he explicado no me has entendido prin…
- Vuleve a llamarme así y juro que no tendré piedad de ti Shikamaru
Las miradas eran retadoras, ninguno de los dos quería perder, Shikamaru ardía en rabia y Temari estaba lista para desplegar su abanico, no tendría piedad de él. Shikamaru entonces dio un respiro final, y se dio la vuelta marchándose. Temari lo miró sorprendida.
- Volveré por ti a las 7 – le dijo – iremos a cenar algo, por el momento, la princesa puede descansar.
Y así, como si nada se marchó, dejando a Temari con una horrible sensación en su corazón.
Al salir de aquel lugar más frustrado no se podía sentir. Todo el buen humor que había logrado juntar se había esfumado con tan solo oírla, a esa insoportable problemática mujer. Ahhh… quien me manda a aceptar.
Mientras caminaba por la calle de las comidas, oyó la voz de Naruto llamándole, estaba sentado esperando un plato de ramen, como de costumbre.
- Así que, como te decía, las chicas pensaron que sería bueno celebrarlo.
- Vaya, bonita manera de celebrar un… - ¿desamor?, esa palabra no estaba en su vocabulario – un desplante de ese tipo.
- ¿Desplante?, eso fue una gran humillación, y mira que sabes que el tipo siempre me había caído bien, pero nadie sabía que en el fondo era de esos, tu sabes, que les gusta andar de mujer en mujer – el comentario estaba de sobra, ambos se quedaron mirando por un breve momento incómodos tras las últimas palabras del rubio, estaba claro que esa era la descripción perfecta para el Nara – Ehh… bueno, tu sabes a lo que me refiero…
- Descuida – rió con molestia el pelinegro
- Me refiero a que él tenía novia, que digo novia, prometida, ahora la pobrecita esta desolada y quiere desfogar sus penas armando una alocada fiesta en la mansión Yamanaka.
- ¿En la de Ino? – eso si no se lo esperaba. Sabía que eran grandes amigas, pero no pensó que Ino se prestaría para esas cosas, bueno tal vez sí, pero no ahora que tenía la mirada puesta en ella de todos los allegados a su padre que querían destronarla de su lugar como heredera – ella no me mencionó nada.
- Claro que no, todo se dio de un momento a otro, yo además recién me acabo de enterar.
- ¿Así que irás? – pregunto con cierta intriga, estaba claro que no era el pensamiento adecuado dada la reciente situación en la que vivía, Hinata acababa de dar a luz hace medio año y sabía que la vida del rubio había dado un giro de 360 grados desde el acontecimiento, lo veía siempre cansado, ojeroso, pero sin embargo siempre luciendo una gran sonrisa y dispuesto a cumplir cualquier misión que le sea encomendada, así era Naruto.
- La verdad no lo sé, sabes, a mí la verdad me gustaría ir…. – dudó un poco en si debía proseguir o no, pero a fin de cuentas, estaba ante un amigo – además… de repente hoy es mi día de…. Tu sabes…. Aprovechar….
- ¿Ah? – el pelinegro arqueó una ceja confundido, pero al instante lo comprendió al ver como su amigo abría totalmente lo ojos, y señalaba con ellos un punto entre sus piernas – Ohhhh….
- Si, tú sabes, con esto de la paternidad… Hinata ha estado un poco renuente últimamente, tímida, lejana, yo diría asustada – entonces el rubio le empezó a relatar los pormenores que había pasado con su actual esposa, a detalle, cosa que el pelinegro no sabía cómo debía sentirse, preocupado o ¿asqueado?, no era del todo malo, pensar en la dulce Hinata de esa manera ponía a todos calientes, pero… pensar en Naruto… ya había tenido suficiente en cómo le contaba a detalle sus intentos sexuales – así que de nada sirvió comprar ese minitraje, después de todo resulté sumamente irritado, ya sabes, en mis partecitas, no sé cómo podía explicártelo…
- Ahh… suficiente – se levantó decidido a acabar con aquella irrelevante conversación – bueno, entonces supongo que hay que prepararse para una fiesta.
Después de ver como el pelinegro se alejaba de esa forma, un nudo de emociones creció en ella, estaba enfadada, rabiosa, no podía creer que después de todo y todo el tiempo que se habían dejado de ver, el actuara de esa forma con ella, no quería pensar que ese era el nuevo Shikamaru que todos adoraban, pero por otra parte se sentía dolida, de pensar que estuvo a punto de sentir algo más, algo que para ella a ese punto estaba prohibido, y que de nuevo fuera por culpa de él.
- De verdad eres una completa estúpida Temari… - se recriminaba.
- ¿Una estúpida? – apareció su alumna en el corredor – ¿por olvidarte de mí?
- ¿Cómo dices? – la voz de la chica la sacó de sus pensamientos
- Ehh… nada – trató de bromear, después de todo, el semblante de su sensei era aún peligroso, no quería meterse en problemas.
- ¿Cómo es que diste con este lugar?
- Ah.. no sabes – se sonrojó al recordarlo – una apuesto chico me fue a buscar y me informó que se había cambiado el número de la habitación.
- ¿Apuesto chico? – es todo lo que había escuchado.
- Si, alto, atlético, pelinegro, yo diría que largo amarrado en una coleta alta.
- Agg… - se enfureció de nuevo al mencionarlo – es el idiota de mi escolta.
- ¿Su escolta? – entonces se sintió extrañada al oír a su maestra llamar de esa manera a aquel tipo, no es que antes no se halla mostrado así frente a otras personas, pero le extrañaba que le llamara idiota, nunca había hecho eso antes, siempre fue categóricamente déspota cuando se proponía, pero nunca perdía su sutileza al hablar. Definitivamente algo sucedía, o mejor dicho, había sucedido en el pasado con esos dos.
- Olvídalo, es un asunto que no quiero recordar, vamos, entremos a darnos un baño caliente y a descansar un rato, en un par de horas vendrán a llevarnos a un lugar decente a almorzar – y así entraron a aquella nueva habitación, que marcaría un nuevo rumbo a la historia de aquellas dos extranjeras, en especial de la rubia.
Al llegar a su departamento, muchas cosas se habían llenado nuevamente en su cabeza, que no le dieron tiempo a darse cuenta que había alguien más en la misma habitación.
- Shikamaru…
- ¡Ah! – el Shinobi rápidamente sacó de su bolsa un kunai y lo arrojó a la dirección de donde venía aquella voz, si no fuera por su rápido movimiento e invocación de sombras, la muchacha ya habría muerto. Unas sombras aparecieron para atraparla y empujarla fuera del peligro, la joven apenas pudo pestañear para darse cuenta de lo sucedido.
- ¡Sumiko! – el rostro que puso era una combinación de sorpresa y enfado, había sido descuidado. Y ella también – como te apareces de esa forma, pude haberte lastimado
- ¿Qué?, sabes que siempre me aparezco, eres tú el debiste tener cuidado – él resopló frustrado, desde que había entrado a su casa, debió haberla reconocido, como usualmente hacía cada vez que ella lo visitaba, pero esta vez había estado tan concentrado en sus pensamientos, que ni siquiera el bolso que reposaba sobre su sillón le habían llamado la atención para notar la presencia de la chica – que rayos te sucede…
- Yo… - tenía razón, tenía que admitir que verla de nuevo lo estaba haciendo perder la cabeza – lo siento, últimamente estoy despistado.
- ¿despistado? – entonces ahora la expresión de la chica cambió, había recordado el motivo por el que había estado esperándolo todo el rato – claro, como no vas a estar despistado, si cada noche te acuestas con cada persona ya no tienes cabeza para pensar en quien será la próxima
- ¿Pero qué dices?
- Hablo de que ti vi, cretino – le reclamó con lágrimas en los ojos – hoy venía a traerte gentilmente algo de comida que había comprado para ti, y me di con la sorpresa que no estabas
- Soy escolta de la princesa de Suna ¿recuerdas?
- ¿La princesa? – soltó indignada – te refieres a esa zorra con la que me encontré desnuda rebuscando entre tus ropas – esa revelación lo tomó por sorpresa, ahora que recordaba, era cierto, se había distraído toda la mañana ya que había amanecido con… ¿Ming?.
- ¿de qué rayos hablas?
- Todos los malditos hombre son iguales, es que no puedes dejar de hacer eso ya, ¿es que no significo nada para ti, Shikamaru? – lo miró suplicante, deseando oír eso que tanto ansiaba
- Sumiko, esta conversación ya la hemos tenido cientos de veces, y la respuesta seguirá siendo la misma
- Pero que tengo yo de malo que no puedes verme de esa forma
- Maldita sea, hoy no he pasado un buen día, además tengo muchas cosas que hacer, hazme el favor de marcharte y ahorrarnos esta disgustante e irritable conversación ¿quieres? – sabía que él le diría eso, pero de todas formas había tenido la esperanza de que no fuera así.
- Shikama…
- No lo volveré a repetir Sumiko, me daré un baño y cuando salga no quiero verte – espetó amargo antes de subir por las escaleras.
El trayecto al hotel solo había servido para auto torturarse, no sabía con qué palabras exactamente debía hablarle, luego de las calurosas frases que ambos habían soltado horas antes. Sabía que era una princesa, y más aun una invitada, y debía tratarla como su superior, sin embargo, ante ella, había jurado no volver a dejarse ganar, ni mucho menos perder el poco orgullo y dignidad que ya le habían quedado. No, que importa quien sea, esa problemática no se dará el gusto de humillarlo nuevamente.
Al llegar fuera de la puerta de aquella habitación, respiró una vez más y toco con firmeza la puerta. Casi al instante una cabellera rojiza lo miraba coquetamente mientras preguntaba que se le ofrecía.
- Mi lady – no tenía por que ser descortés con aquella muchacha, no lo merecía – debo recordar que soy la escolta de la princesa de Suna, y he venido a recogerlas para llevarlas a un lugar a cenar.
- Oh claro, como olvidarme de la escolta – respondió pícaramente la muchacha, aunque para sus adentros se sentía sonrojada, no podía negar que la figura del Nara le causara ese efecto – Suna Hime aún se está alistando, si usted desea puede pasar a esperar adentro, creo que se tomará un tiempo – lo invitó a entrar abriendo la puerta - acaba de salir de la ducha – mencionó en un susurro.
El muchacho rió levemente con aquel comentario, aunque por dentro se maldecía al haberse recreado de mil formas la figura de la rubia en la ducha. Maldita perversión, concéntrate Shikamaru. La estancia era regularmente grande, la primera sala se componía de una estancia sala-comedor-cocina realmente agradable y espaciosa. Sobre la encimera de la cocina se hallaba un plato de ramen, seguramente algún pedido telefónico a habitación de parte de las chicas, deberían estar hambrientas. Pudo distinguir en el suelo, un rastro de prendas regadas por toda la estancia en dirección a la habitación, pudo reconocer que se trataba de la ropa de Temari, aunque lo desconcertaba ya que ella solía ser ordenada. No pudo evitar recrear la escena de la tarde, él tan cerca a ella, es escasos milímetros de sentirla, rozando con sus labios su suave piel, su lóbulo de la oreja, y ella, bajo él, estremeciéndose…
- Shikamaru senpai – se inclinó la muchacha al llamarlo
- ¿Eh? – el chico se volvió a recriminar haberse sumergido pensando en ella nuevamente – eto… - sonrió al recordar como lo había llamado – no tienes por qué llamarme así, simplemente dime Shikamaru
- Disculpe señor – se sonrojó la pelirroja – es que, he oído tanto de usted, es como… como una eminencia para mí, no podría…
- Vamos, somos casi de la misma edad, no tienes que hacerlo – rió el pelinegro.
- Lo siento, mi sensei además me habló tanto de usted que…
- ¿Qué ella hizo qué? – interrumpió abruptamente el mencionado
- ¿Qué yo hice qué? – amos voltearon a mirar de donde procedía la demandante voz, uno de ellos rápidamente se avergonzó y enrojeció, no debió decir tanto, el otro, enmudeció.
Se veía preciosa, con aquel vestido suelto hasta las rodillas, muy raro en ella, adornado con dibujos de flores y aves, siguió recorriendo con la mirada de abajo hacia arriba, al llegar a su cuello, pudo vislumbrar un llamativo collar que prendía de ella, con un dije que reposaba por encima de la fina línea que marcaba el inicio de sus senos, que levemente escapaba por encima de la prenda. Más arriba, su expresión cambio a una de admiración y embelesamiento, podía escuchar el sonido de su corazón palpitar, se veía preciosa, con su cabello suelto, hasta sus hombros, levemente húmedo, adornado de un lado con un peineta que sujetaba una parte de su cabello, mostrando levemente una porción de su fino cuello. Todo en ella era belleza. Y no podía ocultarlo, en sus labios una expresión de sorpresa se había marcado, y no le era indiferente a las chicas que se encontraban en aquella habitación.
El carraspeo de una incómoda alumna sacó a ambos de su ensoñación, ella perdida en su mirada penetrante y él en su belleza. Definitivamente algo había pasado entre ese par en su pasado. Rápidamente al oírla, ambos desviaron la mirada y cambiaron a una postura más formal, tenían que seguir con el protocolo.
- Buenas noches, Temari-sama – inclinó la cabeza levemente como símbolo de respeto y cortesía, y por qué no, para levantar brevemente la bandera de paz – luce muy elegante esta noche – el sonrojo inmediato de la kunoichi fue evidente
- Eh… Shiamaru-sama – soltó en un susurro. ¿Pero qué estás haciendo idiota? Estas quedando como una completa estúpida, ¿Qué edad tienes? – Eh... quiero decir Mhmmg – acomodó la garganta (XD no sabía cómo poner esa onomatopeya jajaja) - buenas noches, y gracias, aunque, claramente no estoy nada elegante, quise ser lo más casual posible.
- Oh vamos, sensei usted ni queriendo puede dejar de verse elegante – irrumpió la joven alumna, llevándose una mirada reprochadora de su maestra – quiero decir, es cierto, se ve hermosa.
- Gracias – respondió arrastrando las palabras incómoda – Minei.
- Bueno, debía pasar por ustedes a las 7 para llevarlas a cenar, sin embargo, he decidido venir unos minutos antes para informarles que hubo un ligero cambio de planes – recordó el chico, y mentalmente ya estaba recreando todo lo que tenía preparado para esa noche, si, iba a dejar bien claro quién era Shikamaru Nara.
- ¿Cambio de planes?, ¿a qué te refieres?
- Pues, una compañera, Tenten, no sé si la recuerdas
- Oh claro, la de las coletas – recordó la rubia
- Si, la misma, pues ella ha decidido celebrar una fiesta esta noche, y conversando el tema, Ino pensó que sería una buena idea que vayas, como son amigas, quería celebrar también tu bienvenida – Ino… al escuchar ese nombre, algo dentro de ella se rompió. Sintió una fuerte punzada en su corazón y un amargo recuerdo pasó por su mente. Él la había mencionado como si nada, como si no supiera que a ella le afectara. ¿Su amiga?, como podía decir aquello luego de lo ocurrido entre los tres… ¿acaso trataba de jugar con ella? – entonces, que dices, sería una buena ocasión para despejar la mente antes de entrar a discutir todo este loco tema de la guerra y estos conflictos
- ¿Guerra?, no es una simple guerra Shikamaru – necesitaba expulsar su enfado – como puedes ser tan irresponsable de proponerme eso sabiendo la importante reunión que tenemos mañana sobre un asunto tan delicado que podría poner en riesgo la vida de todo nuestro mundo si no se trata a tiempo.
- Bueno, tampoco es que te esté obligando a hacerlo – se defendió el pelinegro ante su ataque, no entendía como de pronto su humor había cambiado, aunque claro, viniendo de ella que más podría esperarse, ¿pero una fiesta?, no era como si le estuviera proponiendo una orgía – como quieras, si no quieres ir no lo haremos y punto.
- Por su puesto que no quiero ir, es lo más estúpido que has podido decir hasta ahora
- Sensei – irrumpió la alumna tratando de calmar el ambiente de tensión que acababa de formarse, y al ver el semblante del chico, temía que algo inapropiado pueda llegar a suceder.
- Silencio Minei, no toleraré más faltas de respeto – y así, tomo con amargura su abrigo que descansaba sobre una mesa y su abanico y salió tirando con fuerza la puerta, esperando que los otros dos la sigan para no quedar como una estúpida.
El ambiente en aquel restaurante en el centro de la ciudad no podía ser más tenso de lo que ya era. Ambos, sentados de lado a lado, uno frente al otro, comían retándose con la mirada, la joven pelirroja había tenido que lidiar con aquel silencio incomodo por casi media hora, mientras esperaban que les sirvieran los platos y después que éstos sean devorados.
- Así que… Tenten era ¿no? – el comentario captó la mirada de ambos, una desinteresada, y la otra acuchilladora.
- Minei basta – cortó su maestra
- Yo solo quería saber quién era ella – se defendió la muchacha
- Es una vieja amiga… - apuntó el Nara, un tanto desafiante – de ambos – prosiguió esta vez mirando a los ojos acusadoramente a la rubia.
- ¿A sí? – continuó con la conversación – nunca me hablo de ella sensei
- Hay mucha gente de la que no te he mencionado Minei – respondió escuetamente – conozco a tanta gente que demoraría una vida en mencionarlos, incluso si son amigos.
- ¿A sí? – esta vez el que decidió continuar fue el chico – y dime, de que sirve tener tantos amigos, si no eres agradecida con ellos – soltó acusadoramente
- ¿Amigos?, yo sé muy bien quienes son y quienes no mis amigos – se defendió
- Entonces, Tenten ya no lo es, ¿es eso?
- Yo no he dicho que no sea mi amiga, he dicho que hay personas que pensé que eran mis amigos y no lo son mas – empezó a alterarse, el chico la sacaba de sus casillas.
- Y que culpa tiene la pobre Tenten de tus idilios amicales – las palabras estaban dichas, ambos se retaban con la mirada, ninguna quería dar su brazo a torcer – ella ha pasado por un mal momento últimamente y solo quería ver a sus amigas reunidas para darle apoyo y ánimo – la chica suspiró enfadada.
- No iré a esa fiesta – respondió lenta y pausadamente, el chico sonrió amargado, no insistiría más a aquella chica.
- Es una lástima, tendré que decirle que mandas saludos, si deseas.
- Y que es lo que le ha sucedido para tan grande alboroto – el joven abrió los ojos y rió ladinamente
- Vaya, hasta que por fin te interesa saberlo – la provocó una vez más
- Por su puesto que me interesa saberlo, es mi amiga, idiota – la alumna pudo ver como los puños se formaron en su maestra, ya había visto eso antes, y no quería que sucediera en este momento.
- Tranquila sensei, Shikamaru-sama solo trata de invitarla cordialmente a ver a sus amigas, es eso
- He dicho que tú no te metas, Minei, maldita sea – le apuntó con su abanico, llamando la atención de todos en el sitio. El chico se levantó a evitar un problema, avergonzado y sorprendido, aunque no era para menos.
- Temari – la regaño – ya basta, no es su culpa, si no quieres, no volveré a mencionarlo. Siéntate.
- Tu no me dirás que hacer, escolta – respondió déspotamente – yo te diré lo que haremos – se guardó el enorme abanico, aun parada – me llevarás a esa maldita fiesta y ninguno de los dos volverá a mencionar nada, o les volaré la cabeza – y dicho esto, salió del restaurante echando humos, seguida de su asustada alumna y un joven pelinegro que, al verse ganador, sonrió maliciosamente pensando en la gran noche que le esperaba.
Holaaaaaa, hace tanto que no escribía, realmente lo siento, pero como ya expliqué en la otra historia, mi laptop se quemó -_- (mejor dicho la quemé XD), y la verdad, aun no se arregla, sin embargo pensé que no era justo dejar la historia en pausa, así que transcribí de mi mente recuerdos el capítulo, ojala lo haya escrito sin olvidar nada, pero todo por ustedes :3. Espero que les haya gustado, y al fin se rencontraron, cuéntenme que creen que sucederá en el próximo episodio jaajaja y que tal les ha parecido este, cualquier duda les aclararé, los quiero. GAABS.
porfa lean mi otra historia (doy penita jajajaaj, háganme caso).
