Capítulo I

Song to say Goodbye

You were mother nature's son ,

Someone to whom I could relate ,

Your needle and your damage done,

Remains a sordid twist of fate.

Now I'm trying to wake you up,

To pull you from the liquid sky,

Coz if I don't we'll both end up,

With just your song to say goodbye.

My Oh My.

A song to say goodbye.

Placebo

Nací el primero de Julio del 1864, en Canadá, en un pueblo llamado Quebec. Mi madre era una canadiense llamada Jeanne Williams y mi padre era un estadounidense llamado Bob Jones. Lo sé porque la hermana Cosette siempre lo decía, con suavidad, para que mi mente, en ese tiempo infantil, no se llenase de odio o rencor con ellos por abandonarme en un orfanato junto a mi hermano gemelo, Alfred. Ella decía con voz dulce ''Son cosas que pasan, mi niño, y debemos recordar que Dios siempre tiene un destino para cada persona''. Esas palabras me llenaban de aliento para esos tiempos trepidantes. Viví allí por más de 5 años, hasta que lo cerraron por falta de fondos y tuve que irme del lugar.

Mi hermano Alfred había sido adoptado cuando cumplí los 7 años de edad, en el mismo día de nuestro cumpleaños. Recuerdo estar devastado...

1871

– Matty, la hermana Marie dijo que seré adoptado– dijo mi hermano, rubio como el sol mientras limpiaba sus mocos que bajaban por su nariz con el dorso de la muñeca. – Pero, por más que le pregunte si tú irías conmigo dijo que no, incluso mencione que podríamos celebrar así nuestro cumpleaños junto, pero seguía diciendo no, no, no –rompí en llanto, no quería llorar, pero mi hermano se iría pasa siempre, estaría solo. –No me quiero ir sin ti Matty, sería poco heroico… ¿Verdad? – entre mis lágrimas podía ver su cara roja por contener las suyas. No sabía qué hacer, ni porque habían elegido solamente a mi hermano mayor, pero no quería que se fuera. Apreté su mano fuertemente, tenía tanto miedo que no podía detener el llanto, sentí como Alfred me abrazaba, y como sus lágrimas le traicionaban cayendo sobre mi hombro.

–Alfred, tus nuevos padres quieren conocerte- Dijo la hermana Marie, quien entro a la habitación, la mire y con mi mano limpie mis lágrimas.

Tenía el mismo rostro cada vez que un pequeño se iba. Como si estuviera feliz, pero triste.

– ¡NO QUIERO! – grito Alfred, negándose a soltarme. Nunca sentí a mi hermano tan cerca de mí como en ese momento, siempre he sido tímido, al lado de él quizás ni me notaban lo cual me llenaba de celos. Pero, él era mi única familia, el único que jugaba conmigo en el orfanato. Quizás el único que me quería de verdad.

–Niños, recuerden lo que les enseño la hermana Teresa, deben de… -nos miró esperando que respondiéramos.

–Ser obedientes- respondimos juntos.

–Exacto, ahora joven Matthew, suelta a tu hermano. Alfred, tu también.

–S-si hermana…- volvíamos a responder en unísono.

–Hermana, pero, ¿Por qué Matty no puede venir conmigo? Hoy es nuestro cumpleaños, no puede quedarse solo. Yo prometí cuidarlo siempre, siempre.

–No hay tiempo, tus nuevos padres esperan Alfred- la hermana había salido por la puerta de la habitación de juegos. Algunos niños nos miraban curiosos y me sentí cohibido. Muy avergonzado de las miradas alrededor.

–Ve Al, yo estaré bien- dije casi en automático, como si le susurrara mientras soltaba su mano, aunque no quería hacerlo.

–Pero, Matty, ¡Si hablamos con la hermana Teresa quizás podamos ir juntos!- exclamó.

–Solo ve, yo… y-ya tenemos 7 años, y-y se m-me cuidar sus-s-solito– gagueaba por el miedo y los nervios, siempre lo hacía cuando me ponía ansioso. Volví a abrazarle fuertemente para luego empujarlo hacía la puerta, motivándolo a que cruzara hacia las hermanas- so-solo no te olvides d-se mí. ¿Pue-puedes prometerme eso, Al?

–Sabes que nunca te olvidaría, te buscaré y jugaremos juntos, lo prometo– su pequeña mano revolvió mi pelo, luego le vi caminar con la hermana Marie y la hermana Teresa. Se iría lejos, a su nuevo hogar, uno donde yo no estaba permitido ir.

Tome a kimikiro o cómo se llame ese viejo osito polar de peluche, ya no importaba su nombre. Solo sé que corrí lo más lejos que pude, no sé cómo llegue al jardín trasero, caminé por la cocina con rapidez saliendo del orfanato. Me senté a la sombra de un árbol y lloré, no sé cuánto tiempo estuve llorando allí, para cuando me di cuenta había caído la noche, hacía mucho frío, aun soltaba uno que otro hipido, cuando caí en silencio decidí regresar a mi habitación compartida. Cuando entre la hermana Teresa esperaba con los brazos cruzados, baje la cabeza esperando que me reprochara por haber desaparecido por tanto tiempo. Sentí que las lágrimas volvían a bajar por mis mejillas, quizás para el dolor no hay límites, como si mis ojos fueran una fuente eternas. Quizás era un niño llorón, sí eso era. No hice nada para evitar que mi único familiar se fuera lejos de mí, a un lugar que no conocía, pero no puedes ir en contra de la felicidad ajena, quería que mi hermano fuera feliz con una familia que le amara, no podía ser tan egoísta. Quizás no lo volvería a ver, quizás ya nadie me querría otra vez, pero prefería eso a que mi hermano sufriera. De los dos, el más maduro era yo, no creía que Alfred fuera capaz de sobrevivir solo.

–Tu hermano se fue con su nueva familia esta tarde, joven Matthew. El pequeño Alfred quería despedirse de ti, pero luego sería difícil separarlos- ''Otra vez'' seguro pensó la hermana, pues soltó un suspiro cansado-. Sé que es duro, pero debemos evitar, como cristianos, ser egoístas. Tu hermano será muy feliz con su nueva familia.

Lo sé… Hermana, ¿Jamás lo volveré a ver? – pregunte limpiando mi rostro con el oso polar de peluche.

–No lo sé, mi niño, ahora vaya a dormir– intento ser lo más cortante posible, tal vez no quería entrar mucho en el triste hecho de que Alfred no regresaría conmigo.

–Sí, hermana Teresa, ¿podíamos rezar para que yo pueda encontrar una familia pronto?– respondí cabizbaja, sumamente deprimido.

– Por supuesto, sé que será así.

Rezamos juntos, luego me fui a dormir. Sentí algo incómodo sobre la espalda. Una cadena, era la que llevaba mamá el día en que jamás volvió, según dijo la hermana era un recuerdo que teníamos dentro de la maleta el día que nos dejaron frente a la puerta. La cadena tenía un dije, con una foto de los cuatro, abrazados mientras mirábamos a la cámara, en blanco y negro. Entonces caí en cuenta que estaba tan solo, estaba tan abandonado que esa noche no dormí, ni la siguiente, ni la siguiente a esa. Con los años desarrolle problemas para conciliar el sueño.

Cuando cumplí los 12 años de edad el orfanato había sido cerrado. Me vi obligado a salir al mundo que no estaba acostumbrado. A pesar que no era abundante la comida que nos daba en el orfanato, que no nos vestíamos con ropa nueva, allá nos enseñaron muchas cosas, oficios para el futuro, valores religiosos. Entonces, a pesar que leí la novela Oliver Twist; or The Parish Boy's Progress*, decidí que jamás robaría. Con hambre, solo y sin nada, espere conseguir algún trabajo, pero yo era un niño, lo que me dejaba pocas cosas que podría hacer para no morir de inanición.

Un día, decidí ir a una panadería que estaba cerca del orfanato. Iba siempre con la hermana Marie, cuando celebrábamos el cumpleaños del mes allí buscamos sobras de pasteles. Decidí echar suerte, para ver si el viejo dueño de la panadería me daba trabajo a cambio de hospedaje y comida, por lo menos, solo comida. Debía dejar la timidez de lado si quería lograr algún avance en mi vida, pero era difícil. Siempre fue una persona de bajo perfil, a pesar que no sé qué significa bajo perfil realmente, escuche que se refería a que una persona era invisible. Y lo soy, para casi todo el mundo. Para todos los padres que adoptaron a cada uno de los 17 niños del orfanato, excepto a mí. Para cada persona a quienes les pedía limosna y cruzaban frente a mí, fingiendo que no existía. O quizás estoy muerto, por eso nadie me ve. Aunque eso lo vería con la respuesta del señor panadero.

Cuando fui me sentí raro, envuelto en un olor delicioso, no había comido nada ese día. Ante la interrogante me respondió que sí, su hijo mayor se había marchado a los Estados unidos y necesitaba ayuda extra en la panadería. Abrace a mi viejo oso polar de peluche. Estaba ansioso de comenzar una nueva vida, de sobrevivir. Si Alfred me buscaría, yo debía sobrevivir para poder esperarlo.