Capítulo IV

Tourner Dans le Vide

''Qui peut bien me dire, ce qui est arrivé?

Depuis qu'il est parti, je n'ai pu me relever

Ce n'est plus qu'un souvenir, une larme du passé

Coincée dans mes yeux, qui ne veut plus s'en aller

Oh non ne riez pas

Vous qui ne connaissez pas

Les vertiges et la douleur

Ils sont superficiels, ils ignorent tout du cœur

Lui c'était tout mon monde, et bien plus que ça

J'espère le revoir là-bas dans l'au-delà

Aidez-moi tout s'effondre puisqu'il n'est plus là

Sais-tu mon bel amour, mon beau soldat...

Que tu me fais… Tourner dans le vide''.

Indila.

La noche había caído. Matthew se encontraba en la sala de estar, deleitándose con las notas que su prometida tocaba. Cuando Julie llegó hablaron tomando café. Matthew acepto el compromiso arreglado, siempre y cuando ella no saliera afectada con la decisión. Todos de acuerdo decidieron esperar a la visita, que se mantenía en un misterio. Arthur Kirkland entro por la puerta riendo un poco, algo ebrio y con un moretón en el cuello. El mismo hombre, muy parecido a él lo dejo caer en el mueble.

– Demonios Arthie, sabías que venias a cenar aquí, te dije claramente que no tomaras más de una copa.

Close the bloody mouth, baby*– dijo el inglés– Ugh, I want to throw up all, this country is disgusting, people are all freaking frogs– Rio, cambiando así el semblante enojado a uno mas alegre– those Frogs– dijo con tono infantil.

Matthew nunca había visto una pareja de hombres, estaba intrigado, pero asqueado. Sobre todo, miraba al invitado que le daba la espalda, no había visto bien su rostro, llevaba las mismas gafas que él, seguro era el mismo joven del bar.

– Hola, tú debes de ser el nuevo– dijo François, caminando hacia los invitados quienes estaban en la sala de estar, motivando con una palmada en la espalda a que Matthew hiciera lo mismo.

– Sí, soy compañero de trabajo de este rebelde cejón– dijo el hombre.

– Lo sé, escuche que son eh, amigos muy íntimos– dijo guiñándole un ojo.

– Sí así lo dice, sí. –Rio un poco nervioso– Pero, no es lo que usted cree. De todas formas, soy Alfred F. Jones, un placer.

– El placer es todo mío– dijo estrechándole la mano.

Matthew quedo de roca mirando a Alfred. Podrían parecerse, pero era tan diferente a como lo recordaba o imaginaba. Estaba hablando tranquilamente con François sin prestar atención a su presencia, como cuando eran niños y Alfred fingía no verlo.

– Quiero que conozcas a alguien, Matty, ven.

– Hol…– y las palabras murieron en la boca del americano.

Era extraño volver a ver a tu gemelo después de 18 años. Es como ver a un desconocido con la misma piel, los mismos genes. Estaba anonadado, parado al lado del marco de la puerta de entrada a la sala de estar. Arthur a lo lejos murmuraba cosas entre dormido, gruñón, mientras Julie se burlaba de él mirándolo. No cabía en dudas que ese día fueron muchas emociones juntas. De un momento a otro Matthew solo sintió que todo el mundo se tornó negro y antes de desmayarse escucho el ruido seco que provocaba su cuerpo contra el suelo.

Despertó, pensando que todo lo que sucedió ese día fue un sueño, un sueño raro. Su hermano lo miraba desde una silla. Matthew se sentó de golpe, aturdido y con dolor de cabeza.

– Hola– dijo Alfred.

– Hola– dijo Matthew unos segundos después.

Ambos dejaron salir una risa que por un momento paso a ser silencio.

– No sabes cuánto te busque, pero cuando regrese a Quebec ya no estabas– dijo Alfred mirándolo, ahora de pie. De un momento a otro se lanzó a abrazarlo fuertemente y Matthew correspondió el abrazo.

– Yo luche para buscarte también, desde que llegue a Francia quería que mi nombre llegara a ti, sabía que un día volverías, hermano.

Ahora todo era un mar de lágrimas.

La puerta se abrió y ambos se giraron exaltados a ver quién era. Arthur se les lanzo arriba a los dos, riendo como tonto, que difícil era bregar con un ebrio.

– 2 Alfred x 1, que oferta– menciono llenándolos de beso a ambos.

– Ya cálmate Arthie, que asustas a mi hermano– dijo Alfred jalándolo hacia afuera, el inglés hablaba con unas supuestas hadas y Matthew rio, saliendo de la cama. Estaba demasiado feliz como para prestar a tención a las mariconadas de su gemelo.

Todos cenaron juntos, exceptuando a Arthur quien cayó dormido como tronco cuando Alfred lo llevo su habitación. De alguna forma se pusieron al día. François y Julie los miraban intrigados por la tan conmovedora historia. Alfred había sido adoptado por una familia de bajos recursos, pero, que deseaban un hijo. Vivió en Estados Unidos hasta los 19 años de edad y viajo a Inglaterra para especializarse en leyes. Había estudiado mucho y se enamoró de su vecino, Arthur, definiéndolo como un gruñón, François afirmo con la cabeza esa afirmación. No le gustaba hablar mucho de ese tema pues por mucho tiempo pensó que estaba enfermo, y que debía medicarse por ser homosexual. Pero, con Arthur entendió que no era así. Vivian juntos y todo. Julie lloro por la conmovedora historia, Matthew y François se miraron, fue solo un momento, pero sintió que le gustaría estar con alguien así de feliz como lo estaba su hermano.

Antes de que Alfred volviera a Inglaterra junto con Arthur, para terminar su doctorado en derecho público, políticas y gobierno, prometieron escribirse siempre. Alfred compró una pintura a su hermano. Ahora debían de separarse otra vez, y esta vez habría un reencuentro.

De repente, todo en la vida de Matthew Williams tenía un orden, hablaba siempre con Elizabeth, a quien visitaba cuando podía. Se había hecho amigo de un Ruso llamado Iván Braginski, a quien le instruía en el mundo del arte francés, era una persona muy cálida a pesar que siempre le daba cierto terror. Su boda con Julie fue muy privada, con un pequeño círculo de amigos de ambos. Todo iba de maravilla hasta que un día todo se vino abajo con François. Su amistad de había vuelto extraña, casi tanto como la de su hermano y Arthur, algo que no le gustaba. Estaba casado con su hermana. Esas cosas no debían hacerse, Dios le iba a castigar de la peor manera, y así fue. Pensaba que la anemia de Francis desaparecería con una mejor dieta, que su fiebre y dolor en las articulaciones se iría tarde o temprano, pero, entonces empezó a vomitar sangre, y Matthew dejo todo para cuidarlo. Cuando fueron con Ludwig a Alemania, para ver a un especialista le habían dicho que el francés padecía una enfermedad nueva llamada leucemia. Matthew empezaba a deteriorar su salud también, no dormía vigilando a su amigo, comía lo necesario, siempre tenía un ojo sobre el francés, con el temor de que un día muriera por su falta de cuidado. Era como si el final de la obra, todo cambiara de trágico a alegre, de triunfo a derrota. Cuando Francis no podía levantarse, lo lavaba, lo alimentaba, había jurado seguirlo hasta el fin del mundo si era necesario. Los medicamentos que el doctor proveía lo ayudaban en cierta manera. Días oscuros venían, Matthew lo presentía con aflicción. Su relación con Julie se fortaleció mucho, pues prácticamente ella hacía todas las labores para mantener la empresa a flote, sin su hermano a la cabeza, tenía que cargar sola todo el peso, pues él se empeñaba en cuidar a su mentor.

– Me voy a morir– dijo el francés suavemente.

– Deja de decir tonterías, mejoraras, lo hiciste una vez. ¿No? Sé que te pararás de esa cama y podremos pasear juntos por el jardín, como hace unos meses– decía el canadiense, intentando convencerse a sí mismo, pero sabía que era tan poco probable como que en el caribe nevara.

– Es algo tonto decirlo ahora, después de todo. Pero, ¿Sabes por qué nunca me case?

–No– dijo, mientras peinaba las hebras doradas, un poco opacas, con las manos. Francis tenía la cabeza sobre las piernas del canadiense.

J'aime.

– Oh cállate. No juegues conmigo, te conozco Francis, mucho más de lo que crees– dijo halándole las mejillas.

El francés rio quedamente, como si respirar le costara.

– Es la verdad– dijo mirándolo a los ojos.

je t'aime aussi– susurro.

– Esto es muy homosexual– bromeó el francés, volviendo a reír con dificultad.

– Contigo, ¿Qué no lo es? – dijo burlándose el más joven.

–Salut!– Julie entro por la puerta, y se detuvo con dramatismo fingido– Oh por Dios, me asquean, denme un lado, par de maricas– dijo con ternura recostándose al lado de su esposo, adoraba burlarse de ellos. Esa actitud de que nada malo pasaba era la que calmaba la tensión y la tristeza en la casa.

François solo tenía 36 años cuando falleció, una mañana de abril.

La leucemia lo mató lentamente. El funeral se llenó de sus amigos más cercanos. Todos lloraban, pero el más afectado era Matthew, quien era consolado por su esposa y su hermano mayor, parecía que soltaba alaridos. De repente la casa se hizo más callada, el más reservado. Cuando llego el 1910 Matthew fumaba la pipa que François siempre fumaba. Seguía pintando los cuadros de siempre, hasta que cambió radicalmente. Se había hecho muy famoso por sus obras contemporáneas, abstractas donde reflejaba el luto, aún luego de 14 años, seguía sintiendo la lluvia de abril sobre sus hombros. Frío. Por eso congeniaba tan bien con Iván, su más cercano socio y amigo. Los ojos de ambos desprendían el mismo mensaje.

Elizabeth seguía comunicándose con él, en cartas. Ella había montado una cafetería en Budapest, donde le iba muy bien, incluso luego de su divorcio con Roderich. Julie seguía siendo su esposa, pero todo era tan diferente. A pesar de todo tuvieron dos hijos, François y Matilde, era muy extraño verlos crecer, debería ser algo esperanzador, pero seguía deprimido, abatido. Era como vivir en la muerte. Luego de la primera guerra mundial empezó a viajar por el mundo, escribiendo en un diario historias varías, volviéndose famoso en Asia. Alfred seguía con Arthur en esa vieja casa el Londres, de alguna forma los envidiaba enormemente. Iván y él montaron una escuela de artes para jóvenes de bajos recursos, donde ayudaba a jóvenes a desarrollarse en el mundo de las artes que se volvía un mercado salvaje. Seguía vacío, como si ninguna acción le llenara ese hueco en su memoria.

A pesar de todo, sin François, sentía girando en el vació. En un mundo sin luz, sin brillo y sin magia.

Se sentó un día con Julie, quien había sacado el tocadiscos y colocaron la melodía favorita del difunto francés en su aniversario de nacimiento, el 14 de Julio, justo el día de la independencia francesa.

Depuis qu'il est parti, je n'ai pu me relever * – dijo el hombre, ahora de pelos un poco más arriba de los hombros, como los llevaba el francés. Acomodo sus lentes que se habían resbalado del puente de su nariz.

– Oui… moi aussi*– comentó su esposa.

La música sonaba suave, melodiosa. Cerró los ojos recordando los momentos dulces del pasado, cuando el francés cantaba por las mañanas. Cuando lo vio por primera vez. Cuando le ayudo a rencontrarse con su gemelo. Por fin, esas lágrimas estancadas en su memoria salían libremente, dejándolo simplemente… Ser.

Fin.

Notas de autor:

Hola, tome el riesgo de hacer una mezcla entre narración en tercera persona (actualidad) y primera persona para el pasado, exclusivo del capítulo I. Espero les guste tanto como yo disfruté escribiendo.

Hice esto porque esa canción de Indila no salía de mi mente, y lo soñé. Creo que es una canción preciosa y el fanfic toma sentido con las letras de sus canciones medida que lean entenderán por qué tal canción. Mi mente inició con ''tourner dans le vide'', pero esa canción la usé para el desenlace final porque es inesperado el significado. Solo serán tres capítulos, pero son muy profundos. Incluso coloque Protégé-moi de placebo.

Francia representado por François Bonnefoy es un coqueto aristócrata, es la representación país del amor, de la creatividad y la revolución. Su presencia ayuda a crecer a Matthew, quien representa a Canadá, un chico tímido, inseguro, pero, cuando sabe que puede, tiende a ser el mejor en todo lo que se propone. Así creció su economía, así creció su arte y cultura. Puse a François como nuevo tutor de Matthew por la historia, pues en el anime y en la realidad fue muy poco tiempo en que Francia tomo posesión de Canadá, justamente Quebec y Montreal, hasta que Gran Bretaña tomo posesión de todo esos terrenos. Pero, su gente siempre mantiene sus costumbres francesas, por eso en alguna parte del fanfic ellos hablan en francés, ya que donde se desarrolla el inicio de la historia se habla puramente en francés. Matthew es bilingüe, pues el hijo mayor de James trabaja como mercantil en USA y le enseñó. Al final se siente un poco apresurado, pero decidí dejarlo abierto, porque You only live once.

Adoro Hetalia, tiene más universos alternos que Marvel, siempre puedes aprender algo nuevo, y hacer ship de países. Está el human verse, el Card verse, todos aceptados. Y eso me encanta ;)

Aclaraciones:

Close the bloody mouth, baby* Cierra la maldit. boca, cariño. Ugh, I want to throw up all, this country is disgusting, people are some freaking frogs… those Frog* Uhg, quiero vomitarlo todo, este país es desagradable, las personas son maldit. Ranas… esas ranas.

Mon petit* Mi pequeño.

Depuis qu'il est parti, je n'ai pu me relever* Desde que él se fue, no me he podido reponer.

Oui, moi aussi* Si, yo también.

¡Gracias por leer!