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Capítulo 2
La luz que se filtró entre las cortinas fue lo primero que sintió aquella mañana, entre abrió los ojos, su vista estaba algo nublada, sentía una gran pesadez en los hombros, su cuerpo le dolía y su cabeza punzaba con fuerza. Como pudo se incorporó un poco, observó el cobertor que la cubría, no lo reconoció, alzó la mirada, se encontraba en una hermosa habitación, la poca luz que entraba le dejó ver que era elegante, estaba recostada en una cama con cabecera de madera con un bello decorado.
¿Dónde estaba? Fue su primer pensamiento, se levantó de la cama y sintió que le dolía todo el cuerpo, trató de recordar la noche anterior pero solo venia a su mente las luces del club y unos ojos llenos de morbo. Suspiró, ¿Con quién se había acostado esa noche? Odiaba que eso ocurriera pero ya había tenido varias experiencias así, despertar en una habitación que no conoce, junto a un hombre que tampoco conoce y sin recordar nada.
Se observó, por lo menos estaba vestida, con una muy extraña pijama llena de conejos pero por lo menos llevaba algo, sintió su piel caliente, podía tener fiebre, llevó sus manos a su mejilla y al tocarla sintió dolor. En ese momento la puerta se abrió y ella se sorprendió de ver entrar a una chica, tal vez de su edad, completamente hermosa, de cabellos pelirrojos y ojos azules, un cuerpo de infarto, llevaba un camisón muy provocativo y encima una bata que la medio cubría.
—Que bueno que ya despertaste, ¿Estás bien? ¿Quieres algo? —preguntó con preocupación la chica.
—Oh no —Fue lo único que exclamó dando un paso atrás, por su mente no dejaba de preguntarse qué demonios pasaba, no quería creer que había pasado la noche con una chica, si había experimentado varias veces con besar a una pero sabía que no era su estilo ir a más.
Se dejó caer en la cama confundida, la pelirroja se acercó preocupada por ella y quiso tranquilizarla pero ella la alejó de un solo golpe.
—Sé que es duro asimilarlo, trata de tranquilizarse, de verdad siento mucho lo que ocurrió anoche ¿Necesitas algo? Yo te ayudare en lo que pueda…—¿Que hice? Se preguntó completamente confundida, la actitud de la pelirroja la estaba poniendo nerviosa—. Esto no es tu culpa, él es un maldito enfermo… —La interrumpió confundida.
—¿Qué estás diciendo?
—¿Recuerdas lo que ocurrió ayer? —La chica pareció comprender cuando notó su incertidumbre pero otra vez su rostro fue desfigurado por enojo—. Oh dios mío, mira como te dejó el rostro, es que si lo tengo en mis manos les corto las bolas —Tomó su cara con delicadeza pero ella se soltó.
—Estoy confundida, ¿Qué paso ayer?
—Él muy maldito te drogó y… —pareció no ser capaz de continuar.
Al escuchar aquello se asustó, se fijó que había un espejo de cuerpo completo en una de las puertas de esa habitación, se dirigió allí. Al ver su reflejo por poco le da algo, tenía las dos mejillas amoratada, un labio partido y una parte de su ceja, las heridas estaba limpias pero hinchadas. Con miedo, se levantó las mangas del pijama y se encontró con que tenía dedos marcados en la muñeca, aun más asustada levantó la camisa, su cintura tenía otro juego de dedos, descubrió su cuello que estaba lleno de chupetones. Se dejó caer en el suelo, no quería ver más.
—¿Qué me pasó?—preguntó temblorosa prefería mil veces la historia que se había creado hacia unos minutos en su mente.
Unos fragmentos de recuerdos borrosos la asaltaron, una sonrisa morbosa, ella luchando, el asco de sentir como restregaba su miembro, el golpe que le dio en una de las mejillas, sus manos en su cuerpo. Sintió ganas de vomitar, tuvo arcadas y dejó salir todo a un lado de ella.
—Tranquila…estas a salvo —No se dio cuenta que había empezado a temblar y sollozar, nunca se había sentido tan sucia en su vida, restregó sus brazos y piernas por encima de la pijama—. Ven, vamos al baño.
Entraron por una de las puertas de la habitación, había un baño espacioso, hizo que se apoyara en la bañera mientras ella tomaba una tela y la humedecía, limpió su rostro con delicadeza, no había sentido que nadie se preocupaba por ella de la manera en que lo estaba haciendo aquella desconocida.
—¿Quién eres?—preguntó con curiosidad.
—Mi nombre es Rangiku Matsumoto…—se calló al ver que ella hacia un gesto de dolor al tocar una de sus heridas—. Maldito. —susurró con rencor.
Rangiku parecía saber que le había ocurrido, le daba miedo preguntar, solo tenía pequeños recuerdos en su mente. No recordaba más que las manos de aquel chico en su cuerpo, otra arcada la asaltó, la pelirroja fue rápida y logró llevarla a tiempo al inodoro, se dejó caer en el suelo y empezó a llorar, no le importaba que aquella desconocida viera su momento de debilidad. Sintió las manos en su espalda acariciándola, la arrulló como si fuera una niña pequeña, cuando dejó de vomitar, ella limpió su rostro.
—¿El me…
—Yo realmente no lo sé —dijo apenada, pensó que era por lastima pero se sorprendió al ver realmente sus ojos entristecido, la chica no parecía tenerle solo lastima sino empatía. No supo si aquello la reconfortó o no.
—¿Cómo llegue aquí?
—Yo vi como ese maldito te sacaba del local, no te veías en tus cuatro sentidos, así que los seguí, por un momento los perdí en el estacionamiento pero escuché un grito. Asustada fui por uno de los guardias de seguridad, él fue el que detuvo al desgraciado, le dio la paliza de su vida
Ella recordó los ojos gatunos azules, recordó como la cargaba. Se preguntó que tan a tiempo habrá llegado, sintió de nuevo el asco.
—Déjame un momento a solas, por favor —Rangiku dudó pero luego asintió, se levantó y la dejó sola en el baño.
Ella temblorosa empezó a despojarse de su ropa, observó su pecho y sintió aun más ganas de llorar tenia moretones. En la parte inferior, otra marca de una mano en sus piernas. Supo que Rangiku la había bañado, aun así se sentía sucia, abrió el grifo de la bañera y esperó que se llenara, luego se sumergió en ella y empezó a restregarse la piel.
Gritó de impotencia cuando se restregó por tercera vez y aun sentía que estaba a sucia, que sus manos seguían sobre ella. Su piel ya estaba enrojecida. La puerta se abrió y Rangiku entró preocupada, su gritó la había alertado, al ver que ella se restregaba con fuerza, la detuvo, ella se apartó de su tacto. La pelirroja se dejó caer en el suelo junto a la bañera quedando a la altura de ella.
—Te estás lastimando
—Maldición
Rangiku tomó una toalla doblada cercana a ella, se la dio. Ella se levantó tratando de cubrir su cuerpo lo más posible para que no la viera, a pesar de ya saber que la había visto.
La pelirroja la llevó fuera del baño, la sentó en su cama y empezó a secarle su largo cabello. El gesto la tranquilizó un poco, trató de no dejarse llevar por las emociones que la estaban asaltando.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó luego de unos minutos.
—Nell…Nelliel
—Nell, cuando te bañabas me llamó el guardia de seguridad…—pareció dudar pero luego siguió—. Van a soltar a el maldito si no vas de inmediato a colocar la denuncia, están esperando por ti…¿Crees que pueda…
—Sí —respondió sin dejarla terminar—. ¿Dónde está mi ropa? —El gesto de Rangiku no pasó desapercibido y ella entendió.
—Yo te prestaré, pareces de mi talla —fue la respuesta de la pelirroja.
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Entrar a la oficina policial se sintió como lo peor que había hecho en su vida, sus piernas temblaban y sintió miedo de caer, agradeció que Rangiku permaneciera a su lado a pesar de que ella no se lo había pedido. Al entrar en una de las oficinas, un oficial conversaba junto a un hombre, estaba de espalda a ellas, su primera reacción fue dar un paso atrás con miedo a que fuera su atacante pero vio a tiempo los reflejos azules de su cabello, tenía su cabello tintado, el hombre que la atacó era pelinegro.
—Señorita ¿Usted es Nelliel Tu Odelschwanck?—preguntó el oficial, el hombre que había estado hablando con él, se giró.
Sus ojos gatunos la observaron, era un hombre alto y de complexión musculosa, aun llevaba su uniforme como guardia de seguridad, su mirada la evaluó y por un momento ella se volvió a sentir indefensa y se abrazó a sí misma.
—Sí, soy yo
—Siéntese por favor
Los minutos siguientes fue los más humillantes de su vida, tuvo que decir todo lo que recordaba o medio recordaba de aquella noche, la mirada del oficial se iba oscureciendo cada vez más.
—Señorita, su demanda será procesada, para eso debo confirmar primero que usted reconoce a su atacante y adicional debe realizarse una prueba, será beneficioso a la hora de el juicio
—¿Juicio?
—Desde luego, no podemos dejar a ese desgraciado suelto, sígame por favor, y ustedes también ya que son los testigos.
Pronto fue llevada a una habitación donde había una especie de ventana, ella lo había visto en la series policiales, en una mesa estaba un oficial frente a un hombre joven. A penas lo vio lo reconoció, era él, su mente le gritó que saliera de allí pero solo apretó sus muñecas y se mantuvo firme.
—Sí, es él
—Perfecto señorita, una agente la acompañara a realizarse los exámenes y será todo por hoy, estaremos en contacto.
—Gracias
Ella salió junto a Rangiku y el guardia de seguridad, él no había dicho nada a parte de algunas declaraciones pero de vez en cuando sentía su mirada sobre ella. Era momento de agradecerle al hombre por ayudarla.
—Gracias por lo de anoche —dijo apenas estuvieron en el pasillo donde se separarían, ella aun sería sometida a una evaluación.
—Agradécele a su amiga que se fijó en cómo el maldito salía con usted, debes tener más cuidado para la próxima —La respuesta fue algo fría pero igual agradeció el consejo.
*.*.*
Había estado equivocada una hora antes, su momento más humillante no había sido relatarle lo sucedido al oficial, sino lo que ahora vivía. La doctora la examinaba completamente, siendo fotografiados sus hematomas, cuando fue el turno de su área intima aquello la terminó de desmoronar y comenzó a llorar, la doctora trató de tranquilizarla, al finalizar ella se sintió muy desmoralizada.
—Gracias a Dios aquel hombre llegó, tiene muchas muestra de agresión pero no la…no culminó el acto—susurró tratando de ser sutil mientras redactaba el acta.
Nell la entendió, no había sido penetrada pero el acto igual estaba implícito, se sentía abusada y sucia, se sentía a la deriva. Todo lo que había hecho estos últimos meses regresaba como un golpe a su cara, se sentía culpable de todo lo que había pasado, su desenfreno la había orillado a ese lado.
—Nell vamos, tranquila…volvamos a casa —susurró Rangiku con miedo de romperla más, parecía desolada.
La chica internamente se preguntó ¿Cuál casa? Ella nunca había tenido una y estaba segura que nunca la tendría. Aun así se dejó llevar por la pelirroja, no tenia ánimos de luchar, solo quería estar en una cómoda cama y dormir, olvidar todo aquello.
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¡Gracias por leer!
Espero que lo disfrutaran y muchas gracias por sus comentarios :).
¡Hasta la proxima!
