PARTE 2

-¿Qué? ¿Te quedaste despierto sólo para saber cómo me había ido? -Preguntó Castiel, caminando hacia el sofá.

- No puedes culparme por querer saber si mi discípulo tiene lo que se necesita para ser un maestro. - Cas sonrió ante esa afirmación, entre irónica y sincera, al mismo tiempo. Entonces bajó la mirada, casi avergonzado y Dean entendió: -¿Así de mal? - No pudo ocultar su satisfacción al pronunciar esas palabras.

-¿Por qué asumes eso? Nos divertimos, hablamos mucho sobre cosas de las que posiblemente no podría hablar con nadie más y descubrí que la lasagna con pesto y camarones es algo que tienes que probar definitivamente una vez en la vida. No lo considero un fracaso. - Advirtió Castiel y se sentó junto al hombre.

- Eso suena tanto como una excusa, amigo. -Comentó el hombre, que no caía en sí de la satisfacción. - Vas a tener que contarme. - Dean palmoteó una vez la rodilla del ángel y se levantó. -Me muero de hambre, creo que hay pasta envasada y sopas instantáneas, ¿al señor lasagna elegante se le ofrece algo?

Castiel rió y movió la cabeza de lado a lado. ¿Qué demonios tenía Dean ahora en mente? Aún así decidió seguirle el juego y se fueron a la cocina.

Algunos minutos después ahí estaban los dos, con dos cervezas en lata (porque las botellas se habían terminado), una sopa que prometía saber a carne, pero sabía a pollo y plástico y una pasta que no podría estar más pegada, aunque hubiese estado cocinándose durante todo el día. Pero, por alguna razón, entre las bromas y las risas, el lugar elegante, la cena costosa y todos sus complementos le parecían a Castiel completamente gris en comparación. O quizás no había comparación.

- Cuéntame sobre la cacería. Se fueron bastante temprano. -Sugirió el ángel, mientras intentaba separar un montón de espagueti.

Dean terminó de tragar y morder los fideos de su sopa y bebió un sorbo de cerveza antes de comenzar.

-¿Estás usando mis consejos conmigo? - Le preguntó en broma. Y ambos rieron por mucho rato sin decir nada antes de que el cazador pudiese comentar su historia.

La cosa es que el mayor de los Winchester contó con lujo de detalles todo lo que había pasado, desde que habían atrapado al primer vampiro, justo a tiempo para salvar una familia; como lo redujeron, hasta que finalmente los condujo al nido y lo mataron, para luego tender una trampa al resto. Castiel escuchó con atención e hizo comentarios intermedios, haciendo notar que para él era importante lo que el cazador le contaba.

Lo bueno de la comida preparada es que casi no había cosas que lavar al finalizar, por lo que ambos simplemente desecharon los envases y se fueron a la sala, sin saber muy bien qué pasaría a continuación.

Dean pasó a recoger la mitad de la botella de whisky que habían dejado el día anterior y un par de vasos. Se sentó junto a Cas y le ofreció el vaso que había rellenado previamente.

- Entonces… en serio, ¿qué pasó con tu chica? -Preguntó, preparado para oír cualquier cosa.

- Bueno, es bastante obvio que nada. -Respondió Castiel, y ambos sonrieron cómplices. - Pero está bien. Supongo que malinterpreté sus intenciones y bueno… las mías.

- ¿Cuáles eran tus intenciones? - Cuestionó el cazador, quien se acomodó para mirar de frente a Castiel. Maldición, el ángel no sabía cómo evadir eso.

- Yo… no lo sé. No puedes culparme, Dean. Ella es definitivamente especial, lo sigo creyendo, pero no en esa forma… supongo que la idea de encontrar a alguien con quien compartir ideas y vivencias me confundió un poco. Pero no es como… -iba a decir "contigo" pero se alcanzó a arrepentir a tiempo. - Como si estuviese enamorado de ella o algo.

-¿Entonces me hiciste pasar por todo eso por una conversación agradable con tu nueva mejor amiga? - Inquirió Dean, molesto. Pero en el fondo estaba molesto porque aun no se podía recuperar de todas las cosas que el día anterior habían traído a la superficie. Una vez lo superase, incluso podría haberlo besado. De hecho, aun podría, pero entonces, no estaría siguiendo sus propios consejos. - Amigo, agradécele a mi buen juicio que no alcanzamos a hablar de sexo.

Dean bebió casi todo el contenido de su vaso al terminar la frase.

- Aun sería útil… en caso de que haya una siguiente ocasión. - Dijo Castiel, sabiendo que estaba tentando al destino.

- Cas, no empieces.

El tono que había usado Dean era de broma, pero en el fondo fue una advertencia que ambos leyeron. No podían seguir así, como si nada pasase, como si fueran amigos y nada más. No podían seguir lastimándose de ese modo.

El mayor de los Winchester se puso de pie, decidido a dar por terminada la noche, sin embargo, el ángel lo detuvo.

- Espera. Aun no te llevo a bailar.

-No estoy tan borracho. - Su sonrisa culpable iluminó la habitación. Era entre culpa y vergüenza, pero también un sentimiento tibio en el estómago que lo sonrojó sin motivo.

- Entonces ven, veamos una película. ¿Qué? Yo no duermo y sería agradable pasar aunque sea una noche acompañado.

- Tú, Castiel, estás borracho. - Advirtió el cazador, sin embargo avanzó un paso más cerca del sofá.

- La última vez que eso pasó me bebí una licorera entera, Dean. Estoy bien con un poco de whisky. - El ángel se puso de pie y quedó frente al hombre, a una distancia más corta de la que ambos pensaron al principio, pero aun así, con un abismo en medio. - Entonces, déjame llevarte a casa.

Castiel dijo eso con total seriedad, pero Dean se rió. Y es que, ¿qué iba a hacer?

- Estoy en casa, idiota. - Replicó, aun con la sombra de su risa en los labios.

Castiel se dio por vencido y se volvió a sentar, vaciando lo último que quedaba de whisky. Por alguna razón, la actitud del ángel despertó un poquito de culpa en Dean, quien en vez de marcharse a su habitación como lo había planeado, fue a tomar otra botella de alcohol del bar y se sentó junto al ángel, sirviéndose.

-Lo siento Cas, no quise sonar tan brusco… ya sabes que hay veces en que soy medio… bueno, ya sabes. - Se disculpó.

Cas sonrió y bebió su trago.

- Lamento la posición en que te puse ayer, Dean. Yo sé que… Pero Sam insistió y tú apareciste, entonces no lo pude evitar. Te lo voy a compensar algún día, en serio. - Dijo, en realidad arrepentido de lo que había ocurrido y los sentimientos que sabía, habían resurgido en el hombre.

Silencio. La única interrupción eran las respiraciones de ambos y el sonido de sus gargantas, de vez en cuando, bebiendo.

Entonces, contra todos sus esfuerzos, Castiel simplemente se dejó llevar y acarició despacio el cabello del hombre. Se sentía tan bien.

- ¿Tú sabes que algún día vamos a tener que hablar de esto, verdad? - Susurró Dean y bebió lo último de su vaso. Entonces miró a Castiel.

El ángel había decidido mirar al cazador justo cuando este comenzó a hablar y la cantidad de piel que su mano abarcaba había aumentado. Entonces, cuando Dean lo miró, él solo se inclinó y depositó con suavidad sus labios en los del hombre, quien, más impresionado que molesto se alejó con un dejo de brusquedad.

- ¿Qué haces? - Su voz suave y temerosa no se condecía con sus movimientos y expresión.

- Te llevo a casa. -Y sin esperar respuesta, lo volvió a besar, con más decisión.

La respuesta sin decir, no obstante, estaba en la disposición con la que Dean recibió los labios de su ángel. Y ambos se apoyaron en el cuerpo del otro para alcanzar más, para acortar esa distancia que aunque ya no existía, seguía siendo demasiado grande.

- Entonces hazlo como corresponde. -Susurró Dean, en una de las pocas ocasiones en que sus labios se despegaron y volvió a besar con ansiedad al ángel.

- Ahora te arrepientes de no haberme hablado de sexo ¿ah? - Replicó Cas, mientras sus manos se colaban por debajo de la camisa del cazador.

Dean solo sonrió contra la piel del cuello del ángel y antes de que ambos se dieran cuenta, ya estaban de pie, rumbo a la habitación del hombre.

Algún día se reirían de eso. Y si Sam estuviese presente, posiblemente se escandalizaría. Chocaron contra la puerta, Dean se enredó con sus zapatos y Castiel se apretó la mano con la puerta, al cerrarla. Fue un desastre, pero era simple y se sentía como se siente la libertad.

Como se debería sentir.

A la mañana siguiente, ambos bajaron juntos a desayunar, como a las 11 de la mañana. Era cierto que el ángel no dormía, pero no era menos cierto que el hombre no lo dejaría salir de esa cama sin él. Cas se puso una de sus camisas, que le quedaba un poco grande, pero era perfecta porque olía a Dean y eso lo hacía increíblemente feliz.

- Te voy a hacer mi desayuno especial de campeones. Huevo, tocino café y tostadas. Ya vas a ver. -Anunció Dean, a medida de que entraban a la cocina.

Sam leía un diario online, por lo que apenas notó la forma en que su hermano miró a su amigo al decir esas palabras. Al final levantó la cabeza y miró al ángel, sin todavía caer en cuenta de su pelo mojado y la ropa que había visto tantas veces en su hermano.

- Entonces, ¿Cómo te fue con tu cita? - Preguntó y probó su café, que aun estaba un poco caliente.

Cas ocultó su sonrisa lo mejor que pudo y Dean se aclaró la garganta de forma bastante notoria.

- Mejor de lo que esperé. -Respondió el ángel, luchando con las comisuras de sus labios.

Antes de que Sam pudiese hacer otra pregunta o comentario, Dean puso una taza en frente de Castiel y aprovechó de dejar su mano ahí para agregar:

- De hecho, mejor de lo que los dos creíamos. El sujeto tiene talento.

Y mucho tiempo después, en un día bastante lejano, los tres se reirían de los veinte minutos enteros que el menor de los Winchester se tomó para unir todos los puntos, a través de balbuceos, expresiones raras y ojos entrecerrados (bueno, Castiel y Dean. Sam sólo rodaría los ojos).