Codename: Kids Next Door es una serie animada creada por Tom Warburton para la cadena Cartoon Network, yo solo soy fan de la serie sin derecho de autoría sobre los personajes, su historia ni su universo, escribir fanfiction es una entretención sin fines de lucro.
Reto a completar: 31 capítulos de 500 palabras exactas cada uno, cien por cada miembro humano del sector V.
Número cuatro luchaba con su almohada en su cama -Que también era el ring- e iba ganando como siempre en esas peleas matutinas.
Luego de someter a su pobre victima gritó emocionado.
— ¡Sí! ¡Soy el número uno en la lucha libre! — E inmediatamente su humor cambió, bajó los brazos, agachó la cabeza y pateó una piedra invisible.
El número uno solo era uno, ese chico tan bárbaro que los extraterrestres lo reclutaron, ese que odiaba la playa y los días de descanso, ese pelón de lentes oscuros que fue un incomparable líder.
Ellos dos tuvieron inconvenientes en el pasado, pero cuando número uno mandaba, era una orden y él lo hacía, porque se podía confiar en ese niño.
Lo extrañaba bastante al igual que el resto y era imposible ocultarlo del todo, pero se guardaba mucho de su dolor para sí, debía ser fuerte, porque era el fuerte del equipo y porque el resto al verlo no tan herido sacaban fuerzas queriendo imitarlo, de las ocasiones en las que juntos se pusieron a llorar estando estancados en una misión él ha sido el primero en secarse las lágrimas, en dejar de gimotear y levantarse diciendo que ellos tan bien eran increíbles, que lograrían salir de esas dificultades porque eran los mejores chicos del barrio después de uno.
Luego cinco tomó la palabra en esas ocasiones volviendo a su posición de líder, dando un discurso más corto, menos frenético pero más elaborado, entonces juntos salieron de esos apuros.
Debía ser fuerte, porque tres necesitaba que la abrazaran para llorar y lloraba tanto que luego de empapar a dos y cinco le tocaba él ser mojado por las lágrimas de ella, pero a diferencia de sus otros dos amigos cuatro la aguantaba colgando del cuello el triple de tiempo.
El chico agradecía que eso ya no ocurría tan seguido, más que todo fue dentro de los primeros dos meses de la partida de uno que esa chica se la pasó llorando como nunca en su vida.
A saber de dónde su cuerpo sacaba tanta agua, era como una fábrica de líquido andante.
Salió de su cuarto para desayunar junto al resto del sector encontrándose con todo el comedor decorado y simios arcoíris vestidos de santa Claus en cada esquina.
—Okay, entiendo la decoración pero ¿Y los changos de colores? — Se sentó en una silla y se sirvió el cereal de esos "changos de colores".
—Quise compartirles un poco de felicidad ¡Y los simios arcoíris trabajan compartiendo alegría y amor! — Le contestó la asiática antes de llevarse otra gran cucharada de cereal a la boca.
—Mientras no los metas en mi cuarto por mi todo bien— Y comió un poco, a los mordiscos notó que sus amigos lo veían raro por lo que tragó — ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? — Preguntó tocándosela.
—Nada, es que no le gritaste a tres para que quitara sus peluches de tu vista— Le contestó dos.
Él solo se encogió de hombros —Se acerca navidad— Respondió y comió.
