Historia publicada: 31/05/2015
Editada: 25/04/2017
Publicada nuevamente:26/04/17
Historia original: Mi adorable Kim Sam Soon (Dorama)
Yo solo he cambiado algunas cosas, espero les guste n.n
El Jefe
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Capítulo 39: Amor Familiar
Caminó hacia la salida y rompió dicha hoja en pedazos.
Ella no se iría.
Sí, porque así era el amor... Una tremenda locura.
Días después...
—Ya pasó un poco más de una semana... — habló con ella misma — Y él aún no regresa...
Se puso de pie con pesadez, hoy Milk y ella abrirían su negocio.
Y él no estaría...
Se supone que las parejas deben estar juntas en los éxitos de cada uno, pero él no estaba a su lado.
Al llegar a la apertura de su restaurante fingió una sonrisa y comenzó a hacer pasteles.
Observó cómo su amiga y Gokú miraban la laptop para ver si tenían un pedido.
Sintió tanta pena por sí misma, tanta que deseó mandar todo al tacho e huir de ese lugar.
Milk ya le había dicho que debía olvidarlo, que un hombre como aquél no valía la pena.
Pero ella aún no perdía las esperanzas, y por eso se odiaba.
Un mes después...
—¿Estás segura? — le preguntaba la morena.
—Sí, lamento irme, pero necesito hacerlo — habló terminando de empacar sus cosas — Perdón, perdón por dejar el negocio así... Tú me ayudaste y yo... — sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Eh! — la tomó de los hombros — El negoció esperará a que su magnífica repostera se sienta mejor... No te preocupes por nada, solo ve — le sonrió.
Se abrazaron una a la otra y se despidieron.
Había llegado la hora.
Le dolía admitirlo, pero necesitaba de ese amor... De ese amor que hace tiempo no sentía.
De ese amor familiar.
Luego de un largo viaje, llegó.
Recordaba las calles de memoria... Y cuando observó su hogar, desde lejos, sintió como si nunca hubiese huido de ese lugar.
Caminó a paso ligero hacia la entrada y tocó aquel pequeño timbre.
Esperó unos minutos y la voz... Aquella voz que tanto añoró escuchar se hizo presente.
—¡Ya voy, ya voy!
La puerta se abrió dejando ver a una mujer rubia, con una bandeja en mano.
—Mamá... — susurró y al instante sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Bulma... — la mujer dejó caer lo que traía en manos y se lanzó a abrazarla — ¡Querido, ven! — comenzó a chillar.
Ese calor tan conocido la invadió.
Por fin estaba en casa.
Al ver a su padre correr hacia ella, lleno de felicidad, comenzó a quebrarse en llanto.
Como desahogando todas sus penas.
Como si por mucho tiempo hubiese contenido tan amargas lágrimas.
/—¡No me haré cargo de la empresa! — gritó alistando sus cosas en una maleta.
—Hija... Yo no viviré para siempre — trató de razonar el hombre mayor —Necesito que te hagas cargo
—¡Yo no quiero, papá! — lo miró — No quiero estar rodeada de papeles, de personas que tan solo les interesa su dinero y no los sentimientos de los demás
—Aun así digas que no, lamentablemente tendrás que hacerlo — se puso firme.
—Yo no quiero volverme una persona vacía, aquella que no le importa hacer daño a alguien con tal de ser el mejor. Porque así son los negocios, duros, fríos, y si no sales beneficiado, no hay trato/
—Hija... Deja de llorar — pidió su progenitor.
—Perdóname papá — rogó — Perdóneme por haber sido tan caprichosa... Tan egoísta
—Tranquila
/—Bulma, no puedes irte así — la detuvo Tights, su hermana— La empresa está cayendo en ventas... Las dos nos podemos hacer cargo
—Pero si acepto... Nunca más podré liberarme — explicó — Y mi sueño no es ese... Mi sueño es ser repostera, ¿¡Por qué no lo entienden!? — volteó a verlos con los ojos vidriosos.
—¡Tal vez papá no te lo quiera decir, pero eso te llevará a la quiebra! — estalló su hermana furiosa — Debemos concentrarnos en la empresa
—¡¿Así?! — gritó ofendida — ¡Por mi pueden irse a la mierda con la empresa, y ojalá esa poderosa familia que quiere comprar las acciones lo haga! — salió de la mansión para nunca más volver./
—Hijita — habló la señora Briefs — No tienes por qué pedir disculpas...
—No, mamá... Por mi culpa tal vez Tights...
/—¡Allá nadie come eso! — dijo la peliazul rechazando la canasta de pasteles que su hermana le llevó al aeropuerto para disculparse.
—Lo siento — hizo una pausa — Sigue tus sueños...
Ambas se miraron.
—Yo me haré cargo de la empresa — prosiguió la rubia.
—Hmph — como toda una chiquilla se fué a abordar el avión, sin remordimiento de que su familia jamás le pidió que se fuera./
—¡Bulma! — la tomó del rostro su padre — Escucha bien lo que te diré: Tú no tuviste la culpa, Tights quiso sobreesforzarse demasiado en la empresa... Ella aceptó que te fueras, por algo pasan las cosas, ¿Sí?
Entre quejidos asintió, pues así no cambiaría nada.
/—Es mi culpa... — susurraba entre lágrimas — Ella murió porque la dejé con todo el trabajo... ¡Es mi culpa! — gritó, y pese a la pequeña habitación que tenía alquilada sus gritos no se escucharon — ¡Tights! — comenzó a desesperarse — ¡Tengo que largarme de aquí, tengo que ir a verla...! — comenzó a rebuscar entre sus cosas dinero — ¡¿Ahora con qué regreso?! Papá estará odiandome... ¡Por mi culpa ella murió! — cayó al suelo tapándose el rostro con sus manos.
Se las arregló para pedir un préstamo, y con eso pudo ir a despedirse. Al observar a sus padres de lejos, sintió que ella no merecía estar junto a ellos, pues gracias a ella y su egoísmo su hermana estaba muerta.
Con mucho odio hacia sí misma regresó a París para poder terminar su carrera y alejarse de su familia para "Siempre"./
Sacudió la cabeza tratando de alejar esos recuerdos.
Una vez que tomaron asiento en el comedor comenzaron a platicar sobre todo lo que habían vivido estando separados.
—¿Y conociste a algún chico? — preguntó su madre emocionada — ¡Oh, el joven Thomas! ¿Fué a buscarte, verdad?
—Eh... Sí — murmuró incómoda.
—¿Y hay chicos lindos allá?
Vegeta pasó por su cabeza, todos los momentos que vivió con él hicieron que nuevamente comenzara a llorar.
—¡Linda! — su progenitora la abrazó — ¿Sucedió algo?
—Las dejo solas, es conversación de chicas — su padre despeinó los cabellos azulados de su hija con cariño y se fué.
—Nada... No pasó nada — la muchacha comenzó a limpiarse las lágrimas.
—Oye, soy tu madre, sé que algo sucede — habló — ¿Qué pasó?
Y la historia comenzó, le contó todo a su madre desde el principio. Ya que, ella no había conocido a Yamcha.
Luego pasó a Vegeta y la emoción de su madre creció cuando observó el celular de su pequeña.
Sí, Bulma aún no había borrado aquella foto, aún la tenía como fondo de pantalla.
Según la rubia Ouji era muy apuesto. Pero al oír la parte horrible de la historia se entristeció.
Entendió el por qué tuvo que hacer la transferencia de treinta mil soles a Gokú.
—¿Te digo la verdad? — preguntó su progenitora — Yo creo que él está confundido...
—Sí, claro — murmuró con ironía.
—¡Es la verdad! — exclamó — Piénsalo, su ex-novia estuvo enferma, ella ni siquiera lo engañó. No podemos decir que es mala
—Sí, pero nada justifica que no me haya llamado todo este tiempo... ¡Me dijo una semana! ¡Ya pasó un mes!
—¿Y si el volviera lo perdonarías?
—No — respondió firmemente — Lo odio
—¡Tan bonita pareja que hacen! — se entristeció.
—¿Puedo ir a mi habitación? — preguntó cansada.
—Oh sí, ha de haber sido un largo viaje... Ve y descansa
—Gracias — caminó hacia las escaleras — Oye mamá — la llamó volteando a verla — Te extrañé mucho... Te quiero — y subió corriendo.
Una vez en su habitación, se sorprendió al verla igual como la había dejado.
Le dolía la perdida de Vegeta, sí, porque sabía que lo había perdido para siempre.
Pero... Junto a sus padres sabía que no iba a ser tan difícil superarlo.
Dos meses después...
Ya se había acostumbrado a ayudar a su padre en la empresa, la cual estaba mejor que nunca y no necesitaba hacer mucho.
Por fin había sentido qué era tener un cargo tan alto en un lugar, todos la trataban con sumo respeto.
Los medios no se hicieron esperar al ver que había vuelto a la capital, todos preguntaban el por qué estuvo desaparecida, pero su padre no daba ningún comentario.
Había recibido llamadas de Milk, la cual le había informado que:
1) El padre de Vegeta había vuelto a ser jefe del restaurante.
2) Fernanda habia llamado al apartamento diciendo que había recibido una postal de Ouji diciendo que estaba bien.
3) Al apartamento no había llegado ninguna postal, ni llamada, nada de nada.
Con mucha tristeza en su corazón borró la foto que tenían juntos y decidió comenzar de cero.
Sólo tal vez... Ella había sido un juego y un intermedio entre Lázuli y Vegeta.
—¡Hija! — llamó su progenitora — ¡Mira quién ha venido!
Su corazón dió un brinco, corrió hacia las escaleras para poder llegar a la cocina, preguntándose:
¿Es que acaso era él? ¿Cómo la había encontrado?
Pero al llegar a su destino se entristeció, era Thomas.
—Hola — fingió una sonrisa — ¿Cómo estás, eh?
—¡Los dejo solos! — chilló la rubia encantada.
—Bien — le sonrió el peli marrón — Me preguntaba si tú... — se sonrojó — ¿Quisieras ir conmigo al cine? Para celebrar que estás en casa
—Eh... Tengo que ayudar a mi padre
Briefs había resultado ser muy buena para los experimentos, gracias a que cuando estuvo más joven su padre la agobiaba con eso.
Además de que aprendía rápido.
—Ah... Está bien — murmuró frustrado.
Al observarlo pudo ver ese deje de tristeza brotar en él, se sintió mal... Había sido muy mala con él.
Recordó aquella frase, que vió esa vez en el centro comercial:
"Ama como si nunca te hubieran lastimado, baila como si nadie te viera, canta como si nadie te escuchara, trabaja como si no necesitaras dinero, vive como si tuvieras el cielo en la tierra..."
Lo supo, si quería comenzar de nuevo, necesitaba olvidar a Vegeta, comenzar a salir con otras personas y ser libre...
—Oye Thomas — lo detuvo — Me iré a alistar, no tardo — le sonrió y corrió a su habitación.
Al salir de la mansión, subió junto al muchacho al auto de este.
—Espero te guste la película — le sonrió él.
—Confio en tí, tienes buenos gustos — devolvió la sonrisa.
—Pues vámonos — estuvo a punto de conducir hasta que se detuvo al ver a un hombre al frente de su auto — ¿Ese hombre no es...? — habló mirando a Bulma confundido.
La peliazul alzó la mirada y se quedó paralizada al ver a Vegeta enfrente de ella.
—¡Arranca! — le exigió a su acompañante — ¡Vamos conduce! — pidió al ver que este no hacía nada.
La puerta a su costado se abrió y pudo apreciar más de cerca a Ouji.
—¿Qué haces con ese sujeto? — preguntó Vegeta — ¡Bájate!
—No quiero — gruñó ella.
—Te estoy pidiendo que bajes del auto
—¿Ese era tu novio? — preguntó Thomas mirándola.
—¡Yo no lo conozco! — exclamó molesta la muchacha — Vámonos — miró al otro muchacho.
—¿¡No sabes quién soy!? — se sorprendió Vegeta.
—No, no sé quién eres — afirmó.
—Bien — accedió Thomas tomando el volante de su auto.
—¡Vete! — gruñó la muchacha empujando a su antigua pareja para poder cerrar la puerta y así por fin poder irse.
—¡Bulma! — llamó Ouji pese a que ya se había ido.
Una vez en el cine, el silencio de la sala la abrumó, la hizo pensar en él.
Sus pensamientos fueron interrumpidos al ver que con una linterna la alumbraban.
Era él.
—Vámonos — pidió el pelinegro a lo que la chica frunció el ceño — ¿Qué te pasa? Quiero hablar contigo
—Ya basta — gruñó Thomas poniéndose de pie — La primera vez te dejé pero esta vez no lo voy a permitir — amenazó al otro chico.
—Será la última vez — respondió Ouji.
—Bulma no quiere ir contigo
—Hubo un malentendido, solo quiero hablar con ella
—Pero ella no quiere
—¡Ella es mi novia! — amenazó con la mirada.
Los murmullos de la gente que estaba disfrutando la película no se hicieron esperar.
Briefs se puso de pie harta de todo y salió de la sala seguida de Vegeta.
—Oye espérame — llamó Ouji una vez afuera, a lo que la muchacha volteó a verlo.
—Se acabó, tú eres historia — siguió su camino.
—¿Qué es lo que te pasa? — gruñó él — ¿Es que acaso ya me olvidaste? — ella no le contestó — Fuí a buscarte a tu apartamento y no te encontré... Gokú me dijo que estabas aquí y me topé con la sorpresa de que eras tú... La dueña de corporación cápsula... Sólo vine a explicarte lo que pasó — hizo una pausa — No te llamé porque tenía miedo
Bulma soltó una risa irónica.
—Porque si oía tu voz fallaría — prosiguió Ouji, intentó tomar la mano de su pareja a lo que ella se soltó bruscamente y caminó más rápido — ¡Bulma! — llamó — ¿Sabes cuánto te extrañé?
—¿Ni una llamada? ¿Quién te crees? — sacó en cara y siguió su camino.
—¡Oye Bulma, no te vayas!
Pero ella tomó un taxi y regresó a su mansión.
Una vez que llegó a su destino se sorprendió al verlo allí.
Sin que él la vea se quitó el anillo que compraron juntos y caminó hacia la entrada de su hogar.
Vegeta se interpuso haciéndola molestar.
—No digas nada — amenazó Briefs.
—Solo escúchame...
—Ya no
—Por favor... Disculpa
—Tú no eres nadie, ya te olvidé
—Dime qué quieres... — gruñó — ¿Que me arrodille?
—Ni aunque quisiera lo harías... — hizo una pausa — No eres tan hombre
De inmediato vió como el muchacho se arrodillaba.
—Lo siento, perdóname
Briefs sacó unos billetes de su cartera y se los dió.
—Aqui tienes tu dinero — le sonrió — Así que vete y consiguete otra — lo hizo a un lado y tocó el timbre de su hogar a lo que Vegeta la tomó del brazo de inmediato.
—Sé que tienes razón, pero hay un motivo para hacer lo que hice... — la jaló — Ven conmigo
—¡Ya no más! — forcejeó — ¡Soporté todo! — lo encaró — ¿¡Pensaste en todo lo que tuve que sufrir por tí, eh!?
—Por favor Bulma vamos a hablar — la jaló de nuevo.
—¡No! — chilló — Estoy harta... — hizo una pausa — ¿Cómo es posible que la única que sabía de tí era Fernanda? ¿Y que tu padre haya vuelto al trabajo? ¿Sabes cómo me sentí? — sus ojos se pusieron cristalinos — ¡Pero estabas bien! ¡Y aún así me alegré, aunque no me llamaras! ¿Cómo pudiste? — aguantó las ganas de llorar — ¡Eres un maldito bastardo!
—Pero... — se quedó confundido — Pero yo te envié también postales...
—¿Cómo? — no le creyó.
—Yo las envié — le aseguró.
—Sí, claro — dijo con ironía.
Su madre abrió la puerta y ella ingresó de inmediato pese a las preguntas de la rubia.
Ouji se quedó afuera confundido.
¿Qué mierda había pasado?
¡Él había enviado miles de postales!
Continuará...
Tengo mucho que decir:
1) La que hacía la voz de Bulma (En japonés) falleció. Un adiós para Tsuru Hiromi.
2) ¡Bienvenidos nuevos lectores, gracias por sus votos!
3) Faltan dos o tres capítulos para el final del Fic :')
