Historia publicada: 31/05/2015
Editada: 25/04/2017
Publicada nuevamente:26/04/17
Historia original: Mi adorable Kim Sam Soon (Dorama)
Yo solo he cambiado algunas cosas, espero les guste n.n
El Jefe
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Capítulo 40: Llamada
Sin darse por vencido Ouji tocó también el pequeño timbre.
Una pequeña camarita se prendió.
—¿Quién es? — preguntó la rubia seria.
—Soy... Buenas tardes, soy Vegeta Ouji, novio de su hija — tartamudeo — ¿Podría abrirme? Quiero hablar con ella
—Un momento
—Sí — sonrió encantadoramente.
La puerta se abrió dejando ver a una mujer rubia, la cual le lanzó un tazón de arroz.
—¿¡Pero qué tiene!? — gruñó Ouji conteniendo su furia.
—¡Tú le has hecho daño a mi hija, así que lárgate de mi casa antes de que llame a seguridad! — amenazó y cerró la puerta dejando al muchacho confundido.
Vegeta se quitó el arroz que tenía y subió a su auto para poder descansar ahí, no pensaba moverse hasta hablar con Bulma.
Por la noche Ouji observó cómo un muchacho corría hacia la entrada de Corporación Cápsula, así que decidió prestar atención.
La misma mujer salió a abrir la puerta, recibió algo, luego se despidió del muchacho con una sonrisa y cerró la puerta.
...
—Bulma, te ha llegado un paquete — llamó — Querido, Jack ha traído los documentos de no sé compañía — prosiguió divertida.
Los dos mencionados bajaron las escaleras.
La peliazul abrió su correspondencia y leyó la pequeña nota que había:
"Bulma hoy llegó un muchacho con este paquete al apartamento, me dijo que un anciano lo había enviado porque constantemente había recibido postales en su vivienda. Él no sabía quién era 'Bulma Briefs' así que se puso a buscarte, cuando lo supo envío a este muchacho aquí. Decidí enviártelo, llegará mañana, así que si estás leyendo esto Gokú te manda saludos y estamos planeando ir pronto.
Con cariño Milk."
En efecto, habían muchas postales en la caja.
—¿Se equivocó de dirección...? — susurró dudosa.
—¿Qué? — preguntó su progenitora.
Le explicó todo a su madre, la cual chilló de alegría y tomó unas postales para leerlas.
Vegeta: Estoy en la ciudad del café, en el estado de Washington. Fuí al primer Starbucks, el café es igual. Estoy en un hotel de tres estrellas que tiene buena vista, pero no es muy limpio que digamos...
Sonrió divertida, por lo que había leído, y tomó otra postal.
Vegeta: Aunque no me gusta jugar, aposté cien dólares y perdí todo en un minuto... Siento tanta molestia
Tomó otra más:
Vegeta: Estoy en New York, en un hotel costoso, no debería gastar mucho pero estoy aprendiendo mucho en este lugar... Ojalá estuvieras aquí, no quiero llamarte porque sé que querré regresar... Te extraño
Miró la fecha en la cual se había enviado y lo supo, él le había dicho la verdad...
—¡Entonces él no te mintió! — chilló alegre su progenitora.
—Saldré a ver si está afuera... — dijo sonrojada — Mamá; no le diré que lo perdono, lo quiero hacer, pero no es justo... Le diré que se vaya y que mañana venga para que se presente ante ustedes como se debe... Prométeme que lo seguirás tratando mal, sé descortés, ¡Te lo pido!
—¿Quieres darle una lección? — preguntó.
—Sí, le diré que si te convence a tí lo perdonaré — sonrió divertida.
—¡Pero yo lo acepto!
—Pero tengo que darle una lección
—Bien... Lo haré por tí, seré terriblemente mala — bromeó — Pero muero porque estén juntos...
—¡Gracias mamá! — la abrazó y salió corriendo a fijarse si Ouji estaba afuera.
Se sorprendió al verlo salir de su auto caminando hacia ella.
—Dime el número de mi apartamento — habló Briefs.
—Número 27
—Te equivocaste... — suspiró — Es número 17
—¿Ah? — Vegeta se sorprendió.
—Ay que idiota... — dijo — De una vez te digo que te va a costar trabajo — advirtió — Discúlpate, primero con mi madre... Ella sin conocerte sintió que te quería mucho cuando le hablé de tí, pero ahora está muy molesta por lo que me hiciste. Vienes mañana a almorzar, así que por ahora vete a descansar — se dió la vuelta e ingresó a su hogar.
—¡Qué idiota! — se insultó él mismo una vez solo — ¡Era número 17! — diciendo esto se subió a su auto y se fué a su hotel.
A la mañana siguiente buscó en Google:
"¿Cómo impresionar a tus suegros?"
Se sentía realmente un tonto, pero desde que vió a aquella mujer lanzarle arroz supo que sería difícil.
Llegó a la mansión y la peliazul se sorprendió al verlo:
—¿Y esas rosas? — se burló divertida.
—¿Estoy temblando? — habló incómodo.
—Eh... Sí — rió — Ahora sabes lo que sentí cuando conocí a tu madre
Ingresaron a la vivienda y tomaron asiento en la mesa:
—He venido a disculparme — inició Ouji.
—Humph — la rubia soltó un bufido.
— Fuí de viaje a América a llevar a una amiga — informó él — Mientras estuve allá pensé mucho en casarme
La señora Briefs por poco y grita de alegría pero se contuvo.
—Y también estuve pensando en como darle una buena vida a Bulma y también tener una familia — prosiguió el pelinegro — Por eso fuí a diferentes lugares, para adquirir esa experiencia... También probé comida diferente para poder venderla aquí y poder asegurar el éxito, fué con el permiso de mi padre, es por eso que él volvió al restaurante — miró a Bulma.
—¿Dos meses no fueron suficientes? — se burló la mujer mayor.
—Es solo que quise adquirir esa experiencia... Además fué mi último viaje como soltero...
—¿Y te gustó tanto viajar solo? ¿¡Eh!? — gruñó la rubia.
Tanto Bulma como el señor Briefs permanecían en silencio.
—Es que quería ver si estaba listo para casarme... — prosiguió el muchacho.
—¿Y no habían teléfonos allá?
—No es eso, es que si escuchaba su voz volvería de inmediato... — hizo una pausa para mirar de reojo a su pareja — Así que decidí enviar postales
—Muy bien, ahora vuelvo — la mujer se puso de pie y fué hacia la cocina.
—Querida no me digas que... — habló el señor Briefs.
—Te espera una dura prueba — comentó Bulma hacia su novio.
La madre de la peliazul trajo una botella de una bebida muy rara.
—Pero querida... — insistió Briefs.
—Dijiste una vez que nuestros yernos tomarían esto si querían estar con una de nuestras hijas — dijo.
—Sí, pero fué broma...
—Si la ama debe hacerlo — la rubia miró a Ouji el cual tragó saliva — Bebe un poco por cada pregunta que te haga
—Sí, señora
—Bebe
—Pero aún no me ha preguntado...
—Te dije que bebas
—Bien — hizo caso y tosió ante la amargura del líquido.
—Nombre completo — dió inicio la mujer.
—Vegeta Ouji — bebió otro más.
—Edad
—Veintiocho años — otra vez.
—Asi que mi hija es mayor por un año... — analizó seria.
—Mamá — la tranquilizó la peliazul.
—¡Silencio! — gruñó — ¿Tienes una profesión? — miró a Ouji.
—Sí — y bebió otro más.
—Supe que tu madre tiene un hotel, ¿Por qué estás en el restaurante si tienes hoteles?
—Porque ese es el negocio de mi madre
—¿Después te dedicarás a los hoteles?
—Así es
—Bien, bebe otro poco más
—Sí
—¿Tienes hermanos?
—Soy hijo único — respondió serio y tomó otro poco más.
—Como te darás cuenta tu familia y la mía son muy diferentes... No sé si sabrán de... — se quedó en silencio — Es mejor no mencionarlo, en fin... ¿Tú crees que tu madre aceptará a Bulma?
—Si usted acepta yo me encargo de mi madre
—¿Y si no acepto qué? — retó.
—Eh...
—Mamá — rió la peliazul.
—¿Pero entonces qué pasará con el bebé? — comentó Ouji haciendo que la rubia se sorprendiera.
—¿¡Bebé!? — chilló encantada pero con todas sus fuerzas se contuvo.
Luego de varias horas y copas de más, ya que al final todos comenzaron a probar aquella misteriosa bebida, el señor Briefs cansado se fué a dormir.
La señora Briefs, Bulma y Vegeta se encontraban completamente ebrios.
—¡Karaoke! — gritó la rubia con el micrófono.
Se podía observar cómo la peliazul y su pareja se encontraban con una pandereta y unas maracas bailando.
De un momento a otro Ouji tomó el micrófono y comenzó a cantar mientras las dos mujeres gritaban felices.
Sí, todo un caso.
Cansados y con el poco conocimiento que tenían, la mujer mayor le brindó una de las tantas habitaciones que tenían a su yerno para que pueda descansar mientras arropaba a su pequeña.
¿Quién iba a pensarlo?
Su niña por fin había encontrado al amor de su vida.
Al día siguiente almorzaron juntos, Ouji se pudo dar cuenta cuánta diferencia había entre su familia y la familia de la muchacha.
También supo que la progenitora de la peliazul estaba fingiendo todo su odio hacia él. Ya que, ahora lo trataba de maravilla.
—Señor Briefs pido su permiso para que Bulma salga conmigo — habló respetuosamente.
—¡Porsupuesto! — chilló la mujer mayor interrumpiendo a su esposo — ¡Vayan chicos, vayan!
Una vez reconciliados, la pareja salió a pasear, Briefs le enseñó cada lugar a su novio.
Por la noche fueron al hotel de Ouji, y decidieron dormir juntos, como aquella vez...
La muchacha le enseñó su mano al pelinegro, el cual vió que no tenía el anillo.
—¿Y la sortija? — preguntó sorprendido a lo que la chica se la enseñó con la otra mano — ¿Te la quitaste? — gruñó.
—Es porque estaba furiosa — se excusó a lo que Vegeta le colocó el anillo.
—No lo vuelvas a hacer
—Si vuelves a romperme el corazón ahora sí te mato — amenazó.
Ouji sonrió divertido y juguetonamente se acercó más a ella.
—¿Cuántos kilos bajaste? — le preguntó a su novia.
—Ni uno solo — rió.
—¿Por qué?
—Pues cuando estoy estresada como mucho
—¿No habías dicho un mes? Quiero que ya bajes... — se quejó abrazándola de la cintura aún echados — Ya no quiero esperar más
—La verdad yo tampoco — sonrió.
—Pues... — devolvió la sonrisa y comenzó a subir sus manos por el cuerpo de ella.
—¡Espera! — gritó deteniendolo.
—¿Qué? — gruñó.
—Es que... Aún no me has dicho que me amas... — lo miró.
—¿Quieres que te lo diga? — bufó.
—¡Sí, eso es muy importante! — dijo — Quiero saber si me quieres — hizo una pausa — Comienza, te estoy prestando atención — se acomodó en la cama.
—No quiero decirlo — se quejó.
—¡Te estoy escuchando!
—Oh vamos — intentó tocarla de nuevo a lo que ella lo empujó.
—Dímelo o si no, no — gruñó — ¿Por qué te es tan difícil? — se quejó.
—Pues porque tú ya lo sabes, ¿Para qué necesitas que te lo diga de nuevo? — gruñó acomodándose en la cama.
—Debes decirlo — se acercó a él — ¿Sí? — uso un tono de voz juguetón — Solo será para complacerme
—¡Yo no digo eso! — se quejó.
—¡Dímelo!
—Nunca lo he dicho — la miró — ¿Por qué te sorprendes?
—¿Nunca se lo dijiste a Lázuli?
—No
—¿¡Jamás!?
—No
—¡¿Ni a Fernanda?!
—Ella es diferente — aclaró.
—No me importa, me lo tienes que decir
—Ash, no lo diré — se cruzó de brazos.
—¿No? — jugó con los cabellos de este — ¿Es que acaso estás mal de la cabeza?
—¿Por qué te gusta discutir sobre todo?
—¡Vegeta! ¿En toda tu vida no le has dicho a nadie que lo amas? ¿Acaso no eres humano?
—Yo no digo ese tipo de cosas
—Hummm yo lo he dicho muchas veces — se halagó.
—¿Así? Pues no me lo has dicho a mí
—Ash — lo calmó — No estoy hablando necesariamente de los hombres... A cualquier persona se lo puedes decir — lo abrazó — La gente a la que amas necesita escucharlo de tu boca
—¿Para qué? Si eso no se dice, se siente
—El amor se expresa, las personas tienen que oírlo porque si no ese amor se muere
—¿Para qué sirve expresarlo? Sólo basta con sentirlo
—¡Necio! Todo eso se expresa — tocó el pecho del muchacho — No es suficiente con que tú lo sientas
—¡Ash, es infantil! — gruñó.
—¡Así somos las mujeres!
—Yo creo que en este momento no deberíamos discutirlo — intentó tocarla nuevamente.
—No, no... ¡Espera! — lo alejó — Tengo que curarte antes, debes ser expresivo... ¡Dime que me quieres! — lo tomó del cuello juguetonamente — ¡Dí que me amas!
—¡Suéltame!
—Esto te mereces, dímelo o te vas a morir
—Me voy a ahogar
—¡Dilo o voy a quedar viuda antes de casarme!
—¡Está bien, está bien! — rió — Te quiero
—¡Dilo más fuerte!
—¡Te quiero! — intentó alejarla.
—¡Muy bien! — le sonrió abrazándolo.
—No creí que fueras tan fuerte — se sorprendió Ouji.
—La cosa es que te curé — sonrió — Debes sentirlo y decirlo, te hará bien, vas a ser mejor persona... Todo esto es por tu bien
—Solo es una perdida de tiempo — sonrió y comenzó a tocarla nuevamente a lo que ella reía.
De un momento a otro lo empujó de nuevo.
—¿¡Y ahora qué pasa!? — gruñó Ouji ante el rechazo.
—No quisiera embarazarme... ¿No tienes protección?
El muchacho se sonrojó.
—¿Hum? — exigió ella.
—Pues no...
—Párate y ve a comprarlos — lo animó.
—¿Y dónde voy a comprarlos a esta hora? — se quejó.
—Hay una tienda al frente
—Oye yo no quiero ir — la abrazó de nuevo a lo que ella lo alejó.
—¡Ay! — chilló — ¿¡Quieres que me case embarazada!?
—Pues dicen que las mujeres embarazadas se ven lindas
—¡Ay cómo te atreves! ¡Ve a comprarlos! — con la almohada le pegó.
Vegeta gruñó.
—¡Ve rápido! — prosiguió la muchacha empujandolo de la cama, a lo que su pareja se puso de pie con pesadez — ¡No tardes mucho! — animó juguetona.
—Ajá — gruñó caminando hacia la salida.
—¡Qué lindo eres corazón! — gritó contenta.
...
Una vez que llegó a la tienda empezó a buscar los dichosos condones.
Se sorprendió al ver que no había ni uno en dónde deberían estar.
Así que fué a preguntar al vendedor.
Se avergonzó al ver que era una mujer.
—¿Sí? — habló la muchacha.
—¿Tiene usted...? — trató de hablar.
—¿Qué?
—De esos... Ya sabe — pasó sus manos por su cabeza.
—¿Qué cosa? ¿Qué es lo que busca?
—No... — se avergonzó — Ya no importa — fué en busca de otra tienda.
...
—Ash, ¿Por qué se demora tanto? — la peliazul daba vueltas en la cama — ¿Es que acaso fué a la fábrica?
Su celular sonó sacándola de sus pensamientos.
—¿Sí? — contestó.
—Hola, soy yo, Lázuli
Se sentó abruptamente en la cama.
¿Por qué ella la estaba llamando?
Continuara...
