Author: Yuuki Auclaire
Category: Naruto
Title: False Redemption
Rated: T
Voy a fingir que no conozco tus sentimientos y me aseguraré de mantener cierta distancia entre nosotros.
False Redemption
Capitulo dos
Sasuke nunca había visto claramente el rostro de Deidara, nunca lo había visto a contraluz, solo pudo apreciarlo entre las sombras de su rostro cabizbajo cuando lo trajeron a Konoha, aun recordaba la imagen de ese momento, estaba lleno de barro, tenía el cabello rubio enmarañado, y una cara de decepción, de angustia y miraba hacia el suelo no siendo capaz de soportar su propia vergüenza. Sasuke recordaba haberse preguntado por qué ese extranjero no iba a ser sacrificado como los demás, y por qué no venía con las manos atadas como el resto. Nunca había podido detallar sus rasgos más que sus ojos zafiro, y desde el primer momento se sintió vulnerable ante esa mirada. Ese era uno de sus más grandes deseos, mirarle, tocarle sin ningún objeto que se interpusiera, porque la verdad, Deidara se había convertido en un ambición que no podía saciar, porque Deidara no solo le pertenecía a Itachi como premio de algún botín, sino, que le pertenecía en cuerpo y alma, y estaba seguro de que si su hermano le dijera "ve y muere" Deidara buscaría la muerte incansablemente hasta cumplir el deseo de Itachi, y ese era otro motivo para guardarle rencor a su hermano. No podía precisar en qué momento Deidara pasó de ser un dolor en el trasero para convertirse en una persona tan importante, y es que la verdad es que habían entablado algo parecido a una amistad.
Sasuke no estaba seguro si es que Deidara era demasiado bueno en combate o era que él siempre se distraía en su danza sangrienta, pero la realidad es que nunca le había ganado en un combate limpio, no sabía realmente por qué.
Esquivó una fuerte patada del rubio y puso un pie en una situación incómoda para recuperar el equilibrio. Deidara rió entre dientes como una pequeña celebración de su ataque. Sasuke frunció el ceño e iba a decir algo pero un sonido como de algo siendo aplastado por su pie e llamó la atención. Ni siquiera pudo darse cuenta que había pisado un "juguete" explosivo de Deidara, gracias a Dios saltó a tiempo huir, aunque su ropa quedó algo chamuscada.
-Maldición, eso es trampa. Dijimos cuerpo a cuerpo.
Deidara que mantenía una expresión maquiavélica y una sonrisa malintencionada pintaba sus rasgos se lanzo nuevamente al ataque sin escuchar mas los comentarios de Sasuke; uno tras otro iba dando fuertes golpes en dirección a sus rostro, aquellos ojos azules se mantenían fijos en los azabaches de Sasuke, atravesándolo con mucho ahínco.
De pronto un olor dulce llegó a su nariz, era leve, pero muy agradable; producto de ello sus movimientos empezaron a ser mas lentos y su corazón empezó a latir con fuerza. En un instante en que se acercó a Deidara pudo darse cuenta que ese olor tan dulce no era mas que sangre. Ese olor a sangre le hizo saber que su contrincante estaba herido, pero Deidara, lucia fuera de sí, no paraba de lanzar golpes al azar.
Aprovechando el estado de Deidara, Sasuke se agachó, le tomó de los tobillos y haló de ellos, haciendo que el rubio perdiera el equilibrio, pero no llegó a dar de lleno en el suelo, pues giró su cuerpo puso ambas manos en el suelo como soporte. El pelinegro que aun mantenía el agarre haló hacia él los tobillos de Deidara y se sentó en la parte baja de su espalda. Con sus piernas semiflexionadas inmovilizó las piernas del rubio y aprisionó sus manos con las propias.
-Gané –susurró con una media sonrisa satisfecha.
-Te dejé ganar –corrigió Deidara, pero bien sabía que su derrota se debía al caos que había en su mente. Apoyó agotado su rostro enmascarado en el suelo, inhalando un poco el olor a tierra húmeda –Ya suéltame.
Sasuke se lo pensó un poco, no todos los días podía sentirlo tan cerca, pero obedeció y lo liberó. El rubio se puso de pie y acomodó su ropa mientras Sasuke hacia lo propio y comprobaba sus heridas, sin embargo, no encontró ningún corte, ni nada por el estilo, apenas y tenía unos golpes.
-¿Qué ocurre? –preguntó Deidara ante la mirada inquisitiva de Sasuke.
-Eso es lo que pregunto. ¿Quién te hirió? –preguntó sin rodeos el azabache mirándolo fijamente de arriba abajo buscando el lugar de donde emanaba ese sutil olor a sangre.
-Nadie.
Sasuke soltó aire frustrado y enojado y se acercó a él, palpó el pecho del rubio que se puso a la defensiva de inmediato, dio un par de pasos hacia atrás y se sacudió las manos de Sasuke rudamente.
-¿Qué crees que haces?
-¿No es obvio? Busco donde te han herido.
Sasuke se acercó de nueva cuenta y alargó las manos hacia él, pero Deidara se echó nuevamente para atrás. El pelinegro achicó los ojos y frunció los labios enfadado.
-No es nada. Cicatrizo rápido –argumentó molesto.
-¿Fue Otou-san?
Deidara rodó los ojos y chasqueó la lengua fastidiado. Se ajustó los guantes para no mirar al mas joven.
-¿Itachi? –tanteó nuevamente.
-Deja de entrometerte en mis asuntos –profirió Deidara de mal humor. ¿Quién se creía ese estúpido príncipe? Él no le rendía cuentas a Sasuke.
Si había algo que le molestaba de Deidara era esa forma de rechazarlo. Odiaba que le apartara y desobedeciera, cuando con su hermano era tan complaciente. No iba a negar que a veces quisiera poder decir algo y doblegar al rubio tal y como lo hacía Itachi, sin embargo, Deidara era por ley de Itachi y él no podía hacer nada para cambiarlo, a pesar de que quería al rubio solo para él. Últimamente le molestaba más y más esta situación… sobretodo esa actitud de querer proteger a Itachi a toda costa.
El rubio dio unos pasos hacia adelante, sin embargo algo le hizo detenerte justo frente a Sasuke. Se quedó como congelado y con una expresión de confusión en su rostro. Llevó una mano a su frente y se tambaleó un poco. Hace días tenía esa molestia: como una punzada en su cabeza que le nublaba la visión, acompañado de un extraño sentimiento de necesitar algo, como una sed que debía ser saciada de inmediato, pero a los pocos minutos todo pasaba. A veces sentía esa molestia con más frecuencia en la noche acompañada de un poco de dolor en su brazo derecho, podía apostar que aquella molestia no tenía nada de normal.
El pelinegro se acercó a Deidara con su habitual expresión, sin embargo, se veía un poco preocupado por el cambio del otro. Puso una mano en su hombro más para evitar que perdiera completamente el equilibrio que por cualquier otra cosa.
-¿Qué te ocurre?
Deidara negó con la cabeza, entrecerrando los ojos de dolor.
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Un par de días de aquella revuelta frente a palacio las cosas parecían estar tensas, en el ambiente había algo diferente, como un demonio dormido en medio de los habitantes de Konoha ansioso por despertar. Itachi pensaba que quizá era un sentimiento que sólo le afectaba a él… nunca podría saberlo a ciencia cierta.
Aquella vez habían encontrado a casi la totalidad de los extranjeros que querían escapar, y eso era más que lógico, no cualquiera podía huir del ejército de Konoha, el más fuerte del País del Fuego, y si le preguntaban, esa era una de las razones por la que una vez reclutó a un extranjero en sus filas: no solo había logrado burlar a sus hombres más ágiles, sino que había logrado herirle en batalla, y eso era algo que nunca nadie había hecho. Aun se preguntaba cómo lo había logrado, aunque en ese entonces ambos estaban bastante jóvenes, pero él ya era un guerrero de elite. Ya casi no recordaba nada de eso, de todas formas, lo único que recordaba era la impresión que había tenido de aquel chico con todos aquellos extraños rasgos: era distinto, lleno de convicción, de energía, bastante ágil… era hermoso, si, ese rostro maldito era una total hermosura, le habían deslumbrado ese par de ojos cristalinos y esas hebras de oro, aunque esto es irrelevante.
En aquella época era menos el tiempo que pasaba cerca de su hermano, y eso era algo problemático: Sasuke era muy dependiente de él cuando niño y era bastante débil, se negaba a entrenar con otra persona que no fuese él. Itachi se preocupaba de esto, quería que Sasuke aprendiera todo lo necesario para ser un rey… y es que desde hace mucho Sasuke era el eje de su plan maestro; no es que su pequeño hermano fuera necesario, es que era fundamental. El que Deidara fuera su defensor era precisamente porque el rubio tenía tantas habilidades que le suponían de mucha ayuda para su hermano, habilidades entre las cuales estaba poder sanar sus heridas, bueno, para aquel entonces eso creía, sin embargo, poco tiempo después notó que el rubio solo podía sanar sus heridas (de Itachi) y que su sangre no podía curar a nadie más. Itachi había escuchado de este don de los "nobles" del país del viento, que podían servir para restablecer a alguien que incluso estuviera a punto de ser besado por la muerte, siempre pensó que eran leyendas, pero era cierto, aunque al parecer Deidara solo pudiera ofrecerle sus poderes curativos a él.
Itachi rodó los ojos, sin inmutarse hacia el chico que había entrado a su alcoba.
-Onii-sama –Sasuke hizo una ligera reverencia causando que Itachi frunciera un poco el ceño.
-¿Qué se supone que haces? –preguntó Itachi con tono molesto, aun sorprendido sin dejar de mirarlo refiriéndose al título honorario y a la reverencia. ¿Qué se suponía que era ese gesto de sumisión ante él?
Sasuke sonrió de forma lúgubre, y caminó hasta llegar al extremo de la ventana en donde estaba sentado Itachi.
-Mi aprendizaje no debe parar aunque estés de misión, Otou-sama se encarga de eso.
Itachi dejó el libro que ojeaba de lado, y centro toda su atención en su hermano. No recordaba en qué momento había crecido tanto, en qué momento sus ojos habían perdido ese brillo inocente y a su vez suplantado por esa mirada llena de rencor hacia él. Su cuerpo se había vuelto más atlético, sus movimientos eran más agiles, su tono de voz estaba empapado de una crueldad aprendida a latigazos.
Su padre habitualmente durante las ausencias de Itachi le recalcaba que debía servir a su hermano, y que debía guardar respeto hacia él, tanto, como el resto de los sirvientes. Sasuke sabía que era una manera de su padre de recordarle lo poca cosa que era, y que aunque llevaba el título de príncipe como su hermano, Itachi sería el único que llegaría a ser rey. Sasuke había sido obligado desde pequeño a seguir sus pasos, constantemente comparado con Itachi, y finalmente convertido en ese miembro incorregible de la realeza, para él era visible que Sasuke se estaba convirtiendo poco a poco en una persona que solo destilaba crueldad, incapaz de preocuparse por alguien mas, inclusive, ocultando bajo esa mascara de odio lo que sentía hacia su propia familia, incapaz de amar a alguien.
-No lo hagas.
Sasuke torció un poco la boca y miró al exterior de la ventana.
-¿Y bien?
-Aniki –murmuró cruzándose de brazos. A veces odiaba ese empeño que ponía su hermano mayor en hacerlos ver como iguales, cuando el resto del clan le recordaba lo contrario a diario. -¿Qué ocurre con esa herida?
Itachi supo que se refería al corte en su hombro derecho, el cual, estaba a varios días de sanarse. Una de las principales causas de la intriga de Sasuke, pues los de su clan podían sanar mucho mejor que un humano común. Sin embargo, el menor había notado como su hermano desfilaba desde hace varios días con el hombro vendado.
-Me distraje.
-¿Por qué no ha sanado?
-Ah, el arma estaba envenenada –mintió con voz calmada.
No había arma, el causante de ese corte había sido el demonio de las nueve colas, el legendario demonio el cual casi todo el mundo ignoraba su existencia. El demonio extranjero que custodiaba el país del fuego, el cual residía en ese chico rubio de ojos azules, el hijo de Minato Namikaze.
Sasuke se quedó en silencio observando a las personas andar en varias direcciones a través de la ventana.
-¿Qué quieres saber, Sasuke?
El menor no hizo ademan de sorprenderse, sabía de antemano que su hermano tenía una habilidad para leer sus intenciones.
Sasuke se alejó ligeramente de él y su semblante sufrió un cambio radical.
-Dame a Deidara.
Itachi dejó ver su impresión ante tal petición. Deidara era de sus pertenencias, y como todas sus cosas, Sasuke las respetaba, ¿a qué se debía ese comportamiento por parte de su hermano? ¿Debía tal vez hacer algo que nunca había hecho y negarle algo a su hermano menor?
Sintió un ligero malestar al pensar en dejarle a Deidara… todo… desde el principio, había sido tan confuso todo lo relacionado a Deidara. Desde el principio, aunque lo quisiera negar, había sido posesivo, desde que le impidió mostrar libremente su rostro, para que solo a través de la sombra de la máscara se vieran esos centelleantes ojos transparentes.
Desvió la vista a la ventana para evadir la mirada de Sasuke.
-Está conmigo todo el tiempo, ¿Qué diferencia hace? –argumentó Sasuke terco. Y es que Deidara estaba a su lado todo el día.
-¿Por qué deseas eso? –preguntó intrigado el mayor, sintiendo un dolor de cabeza avecinarse.
-¿Por qué no?
-Es un esclavo… es un esclavo que está maldito.
-Es lo único que soporto de esta aldea.
Itachi endureció sus facciones, no le gustaba el desprecio que su hermano sentía por la villa, aunque estuviera corrompida, aunque fuera el nido de demonios que era, a pesar de todo eso, Itachi se encargaba de purificarla, solo por Sasuke, para Sasuke, y aunque tuviera que enviarlos a todos al infierno, construiría el lugar en que su hermano pudiera vivir, el lugar en que su hermano pudiera gobernar, pues de eso desde siempre se trató todo.
-No está bien que pienses eso. Todas las personas de la aldea deben ser apreciadas por ti.
-¡Preocúpate tú por ellas que serás rey, a mi me basta con que dejes de joderle la vida a él!
Itachi se puso de pie de pronto, dejó el libro en el alfeizar de la ventana y lo observó con una mirada impasible, imperturbable en su porte más grandioso, intimidándolo totalmente.
-¿De qué hablas? –cuestionó secamente.
-¡Sabes a lo que me refiero! ¿Por qué lo heriste? –rugió Sasuke sin importarle la impresión de su hermano. Por supuesto que sabía que las heridas que tenía Deidara, aunque seguramente no las había hecho Itachi, había sido ordenado por él.
Itachi sintió una fuerte presión en la boca del estomago. ¿Por qué le reclamaba? ¿Era justo que Deidara le dejara en peligro, a él que era la persona más importante de esa aldea?
-Deidara tiene especiales privilegios en Konoha, de hecho en todo el país del fuego, pero no puede dejar que corras peligro bajo ninguna circunstancia, ya que solo por eso sigue con vida… si no puede ser de utilidad no es necesario.
-No necesito que me cuide, puedo hacerlo yo mismo. Solo déjalo a mi lado.
¿A su lado?
Y por primera vez quiso golpearlo. Quería a su lado a un chico maldito, del linaje de los que habían despojado de sus vidas a muchos de los Uchiha, de esos de los que quisieron verlos bajo tierra a todos. Dejó a Deidara a su lado, porque sabía que nunca traicionaría sus órdenes, porque él le había perdonado la vida, él le había otorgado esa nueva vida, y solo a él le pertenecía. Entonces, ¿debía negarle su petición? ¿Ignorarlo?
Meditó un par de veces y llegó a la conclusión que mejor que eso sería cambiar de argumento, a uno que no le trajera problemas con Sasuke.
-Otouto, ese interés en el puede hacer que Otou-sama lo deseche.
Sasuke sabía que era cierto, sabía que si Fugaku descubría que tenía interés en el chico ordenaría su muerte, pero es que se podría decir que en esa aldea ese chico era su único amigo, era lo único que le importaba de ese estúpido lugar.
-Ordénale entonces que me obedezca.
Itachi se lo pensó un momento antes de asentir levemente. No le gustaba la idea de crear un conflicto entre su hermano menor por el rubio, además tenía otras cosas de las que preocuparse; una de ellas era ese chakra que se dejaba sentir a los alrededores de la aldea. Sabía que era peligroso el hecho de que alguien además de él lo percibiera, pero estaba seguro de que a esas alturas era imposible de que no se hubieran percatado de eso hasta el momento. El chakra era perteneciente a ese rubio de nombre Naruto, ese chico ejercía un poder increíble sobre él mismo, por ello, cuando le vio por primera vez supo que era hijo de Minato Namikaze, el derrocado rey del país del fuego.
Cuando se hubo ido Sasuke, Itachi se recostó en su cama, sujetándose el vendaje de su hombro, el cual había empezado a sangrar nuevamente; tenía la impresión de que la herida, lejos de sanar, parecía consumirlo con esos restos de chakra que había quedado en ella. Cada día le dolía mas, sin embargo, dejar que Deidara lo sanara era algo que ya había descartado, pues cada vez que lo hacía sentía que lo necesitaba más para ayudarlo a restablecerse, sentía una extraña necesidad, era como que le estuviera vendiendo su alma al diablo, y que este estuviera tomándola poco a poco.
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Se despertó sobresaltado, con la sensación de ahogo aun en su pecho, a pesar de que el viento azotaba duramente la ventana de su habitación, sentía un intenso dolor en su hombro, tanto, que le hacía la visión borrosa, y tenía una sensación extraña en su cuerpo, como de necesitar algo urgentemente… como una sed que le recorría y le agobiaba, algo que no podía resistir, y a medida que intentaba ignorarlo, esa sensación iba tomando más fuerza, cortándole la respiración.
Se levantó de la cama y al hacerlo notó como estaba sumamente débil esa noche, reparó que a duras penas podía ponerse de pie, el dolor del hombro le hacía querer retorcerse de desesperación. Se colocó la capa lo mejor que pudo y salió de aquella pequeña cabaña en la que vivía con dirección al palacio, por alguna razón sabía que debía estar ahí.
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No podía dormir, de todas las noches de insomnio que habia tenido las últimas dos semanas, esa habia sido la peor. El dolor cada día se iba haciendo peor, y tal como pensó, la herida estaba tomando mas tamaño en su hombro, poco a poco esa energía del ataque parecía estarlo consumiendo.
Desvió la vista la ventana, había percibido la presencia de Deidara cerca, sin embargo, se movía lentamente y cuando lo vio entrar por su ventana supo por qué: el rubio estaba desaliñado, sin su inseparable mascara, y su rostro sumamente pálido, una mano temblorosa sujetaba su hombro y la otra descansaba sin vida, como si tuviera una lesión muy grave. La boca se abría y cerraba a un ritmo desigual en busca del oxígeno que parecía no podía entrar correctamente a sus pulmones. A penas dio dos pasos trastabillantes cayó de rodillas mirándolo fijamente, clamando en silencio por ayuda. No era necesario que preguntara que hacía ahí, mejor aún, intuyó solo al verlo la razón que lo había llevado hasta donde él estaba. No tuvo que preguntarlo porque sabía que él sentía el mismo dolor. Sabía que su herida era la culpable del estado del rubio, y sentía esa ardiente necesidad de estar cerca del rubio, pues de alguna forma, tenían una conexión, la cual, Itachi sabía era la responsable de que Deidara pudiera sanarlo. No necesitaba preguntarle si tenía la misma necesidad que él sentía, pues solo con ver su rostro lo sabía, e internamente rio, porque él debía verse igual de lastimero y necesitado que Deidara.
-¿Qué ocurre? –preguntó el rubio como si él no hubiera irrumpido a mitad de la noche en la habitación de otro. Pero Itachi sabia a lo que se refería, quería saber por qué a pesar de no estar malherido tenía ese dolor punzante que trataba de calmar para no soltar gemidos de dolor.
Itachi miró contrariado como Deidara a pesar de estar en el suelo jadeante, a pesar de eso, se encontraba con aquella mirada retadora que le miró por primera vez hace años y lo aceptaba para sí, pero estaba impresionado.
-No te ordené que vinieras.
Deidara miró el hombro sangrante de Itachi, cuya sangre empezaba a deslizarse a pesar de las vendas, y era como que él mismo hubiera desencadenado el dolor en el pelinegro, porque en seguida Itachi se vio sacudido por ese dolor férreo. Se llevó una mano al vendaje con la mirada fija en el visitante. Necesitaba la ayuda del rubio, pero quería ignorar eso que sabía se había cernido en él, esa sensación que le hacía mantener la distancia con Deidara.
Deidara apretó los labios, atrapando así, junto con sus quejidos de dolor, una maldición para Itachi.
-Basta, déjame sanarte –pronunció incapaz de mantener un lenguaje apropiado, olvidándose de los honorificos y que esa persona que lo veía con superioridad era su amo.
Todos los sentidos de Itachi se encendieron al escuchar la orden, y justo cuando el rubio termino de proferir la última palabra, los ojos azules se transfiguraron en dos lunas de sangre, y a su vez, Itachi sintió su propio sharingan activarse sin él preverlo, ambos pares de ojos entrelazados en alguna rara conexión. Su cuerpo se movió como un títere ante la orden del más joven, se acercó y se arrodilló frente a él, con el rostro erguido, sin ser capaz de desviar el sharingan del par de ojos que habían sido azules. ¿Por qué le hacía sentirse así? ¿Qué era esa fuerza que le movía a cumplir esa orden de Deidara? No podía explicarse pero era como que aquella fuerza le hiciera imposible desobedecer.
El rubio estiró el brazo, para tocar con su mano el hombro herido del Uchiha, a penas sus yemas rozaron la herida, el dolor se multiplicó como nunca lo había sentido. Sus ojos volvieron a aclararse y con eso, el sharingan de Itachi se desactivo mientras se desvanecía en sus brazos, el cual puso una mano en su boca para callar el intento de grito de dolor.
La herida se sanaba poco a poco, sentía bastante alivio a decir verdad, pero entre sus brazos, Deidara se removía intentando zafarse del agarre.
-Entonces, así funciona. Mientras me sanas, tú recibes todo el daño.
No era la primera vez que le sanaba, pero anteriormente no habían sido heridas tan alarmantes, por lo tanto, era consciente que Deidara se debilitaba, pero nunca que pudiera sentir su mismo dolor, o quizá más. El cuerpo de Deidara se removía fuertemente, como si temiera que en cualquier momento le abandonara la vida, e Itachi contempló con cierto morbo como los ojos azules se volvían más cristalinos y las lágrimas empezaban a brotar de ellos. Mantuvo su mano firme tapando los labios de Deidara sin dejar de contemplarlo, su gesto de dolor era para él tan hermoso que no podía parar de observarlo aunado al placer que dejaba el dolor que abandonaba su cuerpo. Sus ojos azabaches dibujaron el rostro de Deidara con vehemencia, le complacía la situación en toda la extensión de la palabra…
Deidara por su lado apenas y podía mantenerlo enfocado, su visión estaba nublosa, su cuerpo tiritaba del dolor, no era dueño de sus movimientos, sentía y sabía que si el otro no lo soltaba perdería el conocimiento, y ciertamente eso pasó, no pudo ver la intensa mirada oscura cernida en él, ni las ganas del otro por consumir su energía vital completamente, se desvaneció sin ser consciente de nada mas, entonces Itachi soltó el cuerpo inconsciente y se alejó y volvió a sentarse en el borde de la cama sin quitar los ojos del rubio desmayado en el suelo. No debía moverlo, si lo tocaba lo debilitaría aun mas, ese chico no tenía la resistencia de un Uchiha, no habría sobrevivido si el ataque hubiera sido para él. Fue entonces consciente del poder inmenso del portador del demonio legendario que le había infringido tal ataque.
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Sasuke suspiró molesto mirándose el brazo ensangrentado. Por eso no le gustaba entrenar con Suigetsu, era tan burdo para los combates que siempre terminaba con sangre por todos lados.
Sus pasos lo llevaron dentro de una arboleda lejana a palacio. A menudo se alejaba de los lugares concurridos para pensar. Y ese día realmente estaba malhumorado.
Se subió en una rama no demasiado alta y cerró los ojos.
Se preguntaba en dónde estaría Deidara. Temprano se había encontrado con Iruka y le había dicho que había tenido una lesión que debía atender pero nada que pusiera en peligro su vida, por lo que se relajó y dejó el asunto por la paz, porque había muchas personas en ese momento, y lo último que quería era llamar la atención de su padre con todas sus preguntas.
Con Deidara todo era un misterio, a pesar que él siempre confiaba en el rubio, éste ni siquiera parecía confiar en él después de tantos años. Quizá sería por el propio hecho de que Sasuke era un Uchiha… no lo culparía de ser asi; después de todo, habían sido los Uchiha que habían asesinado a casi todos los de su clase, habían sido ellos los que tomaron el trono por la fuerza, y que habían robado incluso la identidad de Konoha y todo el país del Fuego.
Sasuke escuchó un ruido algo lejano, como de unos niños riendo y luego un sonido uniforme, hermoso, dulce, que se asemejaba al sonido del viento en una dulce canción. Se quedó muy quieto, escuchando la dulce melodía, dejando que todo su ser percibiera las frases dichas sin palabras. Se dejó envolver. Cerró los ojos y quiso entender que le decía, y notó que en ellas había tanta dulzura como tristeza, y había vida y muerte; como de alguien que cuenta la fugaz vida de una flor de loto; naciendo de un pantano y que sin duda alguna volverá al fango al final de su historia, pero antes de su muerte, incluso esa flor, desde lo alto, puede olvidar momentáneamente su origen.
Esas frases no eran de una leyenda, no eran de un cuento de final feliz, no eran mentiras; eran por el contrario; una declaración, una amenaza, una promesa… y aunque en ese momento no lo supo, esas frases solo eran con relación a su propia existencia, desde el momento de su alumbramiento, su cúspide y luego el momento de su muerte.
Y no supo el momento en que emprendió la marcha buscando una comprensión absoluta, pero cuando mezclándose con el verdor de los arboles, miró al hacedor del sonido, entendió parte aquella tristeza, y lo compadeció profundamente.
Entre los marrones y los verdes de la tierra y los arboles; entre unos niños que sonreían alegremente como si de un espectáculo de magia se tratara, había un joven que con los ojos opacos de recuerdos de una existencia olvidada por todos, tocaba ésa melodía inentendible para los pequeños. Una flauta era el instrumento que aullaba todo el dolor y la agonía, que le envolvía a su alrededor, y estremecía sus entrañas.
A pesar de haber visto joyas similares, inclusive unas orbes del mismo color, nunca había apreciado la magnificencia de una mirada que le hiciera sentirse más indefenso y desnudo. Esas llamas que refulgían de color azul.
Fin del capítulo
¡Seguro que ya saben quien es el personaje del final! xD lamento la demora, sinceramente no esperaba continuar este fic, porque fue una idea que surgió y ya. Espero que les agrade.
Gracias a todas por sus visitas y comentarios.
¡Hasta la próxima!
