Author: Yuuki Auclaire
Titulo: False Redemption
Rated: T
Disclaimer: Nada es mío, todo es de Kishimoto, excepto esta historia.
Capitulo tres
La maldición se ha extendido a mí
No encontraba cómo salir del trance. Había escuchado que la música era como magia, pero en el país del fuego muy pocas personas podían hacerla, de hecho, hasta el momento él solo había escuchado mitos con respecto al tipo de música de los del país del viento. Quería que no cesara nunca, que no se apagara, que el hechicero no dejara de hacer su brujería, ya que era increíble y envolvente.
Se quedó un rato más, mirando al chico moverse suavemente mientras sus dedos se movían en aquel instrumento de madera, perdiendo la noción del tiempo.
Alrededor de aquel chico había por lo menos una docena de niños de Konoha, y tan embelesados como él, miraban con ojos de melaza los movimientos del rubio, como si de pestañear se perderían algo de la increíble música.
Todo cesó de un momento a otro y los ojos azules enfocaron a los niños alrededor.
-¿Y bien? ¡A que soy sorprendente! –vociferó el chico con voz entusiasta.
Los chicos no suprimieron ni un poco su impresión y en medio de felicitaciones y aduladoras sonrisas ratificaron la arrogante afirmación del chico. Todos parecían entusiasmados, menos uno, que más rezagado lo miraba receloso. El rubio se dio cuenta al instante.
-¿Uchiha-sama?
La expresión tomó por sorpresa a Sasuke, quien temió haber sido descubierto tan lamentablemente, pero no fue así, el rubio le hablaba al pequeño que le miraba con desconfianza.
-Mis padres dicen que los de tu clase son peligrosos y que asesinaron a muchos de mi clan –dijo simplemente sin rodeos.
Sasuke reconoció a su pequeño primo Shisui, que miraba directamente al rubio como queriendo descubrir la verdad con sus ojos acusadores. El rubio miró como el otro chico lucia convencido y no pudo reprimir una sonrisa que sonó descolocada y tonta, pero que al pelinegro le sonó peligrosa, posicionándose de inmediato delante de sus amigos, que le miraron confundidos.
-Yo podría acabar con tu clan –hubo un estremecimiento general ante tal declaración, incluso Sasuke se llevó una mano a su porta shurikens esperando cualquier movimiento sospechoso –Por mis amigos, yo podría incluso matar. ¿Tú podrías hacerlo por defender a tus amigos?
El pequeño tembló un poco dubitativo sintiéndose insignificante delante de la mirada azul, pero a pesar de estar asustado y que su propia mirada azabache quería desviarse del chico, no pudo, y tragándose su propio miedo asintió levemente.
-Lo haría.
-Ellos –señaló al resto de los infantes que parecían temerosos de pronto –son mis amigos ahora. ¿No tenemos eso en común, Uchiha-sama? Entonces no tenemos motivos para pelearnos, ahora que también somos amigos.
El pelinegro pareció confundido por un par de segundos, pero se recuperó prontamente asintiendo profundamente varias veces, como para asegurarse de que el rubio supiera que le había quedado todo claro.
-Pero mi clan…
-Yo soy Kitsune, y tu eres Shisui aunque me insististe en que te llamara Uchiha-sama. Ella es Keiko, el es Takumi, Ritsu, Mei… en este momento no tenemos ni apellidos ni clanes, solo somos nosotros escuchando las historias de la vieja Konoha.
El sonido de la voz del rubio se fue apagando, como si cada vez estuviera más lejos, como si quisiera de repente estar ausente.
-Les contaré otra historia. Hace años, unos poco años atrás, esta aldea era totalmente diferente, ¿saben? los antiguos reyes del país del fuego, trataron de defender a Konoha de un mounstro horrible… -a medida que hablaba los niños se fueron acomodando una vez más a su alrededor, sentándose cerca, escuchando con atención las palabras de Kitsune –fueron años de combate, pero entonces, se dieron cuenta que sus fuerzas eran pocas, y ya todos habían perdido la esperanza, pero entonces, fueron salvados por los actuales monarcas… escuchen.
Los cuchicheos de los niños cesaron cuando el rubio colocó nuevamente el instrumento cerca de sus labios y empezó una melodía nueva.
Sasuke no entendía. Aquel chico era del linaje del antiguo rey, era obvio, pero ¿por qué les hacía ver a los chicos que los Uchiha habían sido los salvadores, cuando en realidad, habían sido ellos los que habían traicionado al pueblo, asesinado a los monarcas y tomado el poder por la fuerza?
La melodía empezó suave pero firme, en tiempo de marcha, magnifica, como los latidos del corazón.
Era como ver todo a través de una ventana, era como estar ahí y poder sentir como propio las emociones de las personas de la historia. Escuchaba la melodía, pero sentía que el rubio le contaba en susurros la historia de esa vieja Konoha que había mencionado anteriormente, mas radiante, más viva, sin prever que dentro de esa hermosa flor vivía un terrible demonio, que crecía dentro de ella, que se alimentaba de sus miedos, y que poco a poco consumía sus entrañas. Sentía un nudo en la garganta y una pena inmensa, porque entre notas, parecía que Kitsune lamentaba terriblemente todas las muertes de las innumerables batallas, muertes en su mayoría de gente inocente, muertes que parecían que no cesarían. Las notas parecían gritos agónicos de los niños y los ancianos, de los luchadores que en batalla perdieron la vida intentando detener lo indetenible. Se confundió por segundos porque no sabía si eran los sentimientos del rubio o los propios que le conmovían.
Entendió que ese sentir era lo que podía percibir de la propia esencia del rubio, que lo envolvía como niebla y lo aterrorizaba como llamas. Entendió por fin la realidad de aquella historia que ni verdadera ni falsa había contado a los niños. La verdad era que ese demonio horrible que mencionaba la historia era el propio clan Uchiha, creciendo a costa de los miedos y el hambre de poder que algunos aldeanos, ellos mismos fueron los demonios que atacaron la aldea. Su padre había sido el líder del movimiento que había asesinado a los antiguos reyes y habían puesto fin a los tiempos de bonanza de todo el país del fuego, ellos acabaron con la esperanza, y no obstante, suprimieron cualquier recuerdo de esa época, asesinando a todos los del linaje del rey, y prohibiendo cualquier pensamiento o recuerdo que tuviera que ver con ellos. En ese tiempo mataron al país del fuego física y moralmente, y esos despojos de arrogancia y mezquindad era lo que ahora gobernaba Fugaku Uchiha.
Se preguntó si los demás podían escuchar esos susurros devastadores o solo él podía percibirlo de esa forma. Nunca antes había sentido con tanta intensidad, ni siquiera cuando su madre murió se sintió de aquella forma… culpable como si su propia mano hubiera quitado la vida de Minato Namikaze.
Antes de que cayera la noche se marchó, después de que los niños también lo hicieran para llegar presurosos a sus casas. Lo dejó estar sabiendo que ese chico era una potencial amenaza para él mismo y para el país, y no hizo nada por atraparlo ese día, ni el siguiente, ni el siguiente a ese…
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Itachi se detuvo en medio de un camino de tierra, rodeado por frondoso arboles; hojas caían motivo de una fiera ventisca que les heló la piel. Por ahí generalmente transitaban los aldeanos hacia otro pueblo cercano transportando alimentos y diversos artículos para comerciar. Ese día particular no había mucho flujo de personas por ese paso, y aunque desde temprano solían escucharse el movimiento de personas trabajando desde el amanecer, ese día estaba solitario y silencioso.
-¿Y bien?
Hatake Kakashi miraba con su único ojo visible al príncipe, a la vez que sonreía quitándole peso al asunto que trataban en ese momento.
-La verdad, Sasuke-sama es bastante escurridizo. Ha burlado incluso la guardia de dos anbus el día de hoy.
-Kakashi…
La voz de advertencia del príncipe alertó al capitán anbu. Agitó las manos en señal de paz y rio nerviosamente antes de hablar nuevamente.
-Pero un anbu que pudo seguirlo me ha dicho que ha estado del lado oeste de la aldea, cerca del río.
Itachi asintió.
Alrededor varios aldeanos que pasaban cerca hacían una profunda reverencia y pasaban rápidamente queriendo pasar desapercibidos. Era repugnante para Itachi la forma en que huían de su mirada, como si él fuera un cazador buscando permanentemente una presa que deshuesar. Así era el panorama general de Konoha con respecto a sus monarcas: los tomaban por tiranos; asesinos que no distinguían entre clases, credos, edades ni géneros, y les temían, y los odiaban por ello.
-¿Qué hace allí?
-Pues, no han visto nada extraño, salvo que los alrededores han estado siendo frecuentados por los niños. Parecen que ahora tienen el hábito de jugar cerca del rio.
Itachi pareció confundido por la afirmación: Sasuke no era del tipo que tenía afinidad con los niños, siempre fue apático al respecto. Intuía que algo ocurría, su hermano estaba bastante distraído en los últimos días, y eso lo dejaba un poco pensativo y preocupado.
Esa semana Sasuke se desaparecía sin más en los linderos que conducían a las afueras de Konoha, se perdía por largo rato y luego aparecía. Una conducta que notaba un poco extraña, pues que había decidido dejar las horas de entrenamiento para dedicarse a otra actividad aun desconocida para Itachi, y el solo pensamiento de que su hermano se alejara de su guardia en esos tiempos que traían vientos de guerra le traía más y más dolores de cabeza.
El silencio se apoderó del momento, Kakashi también se quedó callado esperando alguna reacción de Itachi pero este parecía dispuesto a ignorarlo por los siguientes minutos.
-Quiero que estén atentos. Cualquier sonido, incluso si se parece al sonido de una hoja cayendo de un árbol; cualquier movimiento extraño, espero que me lo comuniquen.
-¿Preocupado por las noticias que llegaron hoy?
El clima estaba bastante tempestivo últimamente, aun dentro de su uniforme militar una ventisca caló, haciendo que tuviera un ligero estremecimiento. A su alrededor no había ni un solo atisbo de nieve pero el clima era húmedo y frío, así que supuso que dentro de pocos días caería probablemente una nevada. La calle de repente lucía vacía nuevamente, como si fuera muy tarde en la noche, aunque hace rato había amanecido; la gente parecía que había advertido que el príncipe se encontraba en aquél lugar y simplemente decidieron que lo mejor sería no tropezarse con él, debido al temor de ser castigados sin ninguna razón.
Abrió y cerró la mano varias veces para que la mano recobrara un poco de movilidad, ya que la tenia ligeramente entumecida debido al frío matutino.
-Este no es el momento. Lo sabes ¿Verdad? –Miró serio a Kakashi que le devolvió la mirada con la misma seriedad –La producción de alimentos no es muy fructífera con este tiempo. El invierno parece haber comenzado antes de lo planeado.
Kakashi asintió y suspiró pesaroso.
-Los aldeanos se han estado quejando de sus condiciones de vida, muchos han dejado de producir para vender, en unos días la escasez será palpable. Con las constantes misiones ha habido muchas bajas, esto no hace más que molestar a la gente: ningún padre está feliz si le traen a casa el brazo mutilado de un hijo –Kakashi enumeró las razones respondiendo así muchas de las dudas de Itachi, el cual hizo un movimiento de la cabeza alentándolo a continuar –.Los ancianos han puesto sobre la mesa el cese de todo eso, pero Fugaku-sama quiere el País del Viento. No solo los de afuera quieren un cambio; incluso aquí en Konoha se escuchan las conspiraciones como secretos a voces.
-Lo sé. Esa solicitud del País del Viento no es más que el motivo para acabar con el País del Fuego ahora que somos vulnerables en todo sentido. Otou-sama no va a retroceder en sus pasos, aunque le dije mi opinión al respecto.
Kakashi constató que no hubiera nadie alrededor, aunque sabía que de haberlo sería imposible que escucharan su conversación, de lo contrario, Itachi no habría abierto la boca, ya que era una persona meticulosa, y habría sentido la presencia de cualquiera que pudiera estar alrededor que representara una amenaza.
Recientemente habían recibido la solicitud de una audiencia con el rey de parte del monarca del País del Viento, cosa que lo había alertado notablemente. Era obvio que no gozaban de una buena relación con ellos, mucho menos después que durante la última guerra civil en Konoha muchas personas de ese país se habían visto involucradas y aún cuando habían pasado varios años su fuerza armada seguía intentando conquistar sus tierras. Unos días antes, en una misión en las fronteras habían traído una centena de habitantes para ser sacrificados, buscando entre ellos a una docena de traidores del país del fuego que habían huido y mantenían viva la esencia del anterior rey, tratando de convencer a la gente para una próxima rebelión civil.
Por esa razón cuando recibieron la dichosa nota con el sello de los monarcas del Viento, Itachi se sintió confundido y perdido por un segundo. Por supuesto, inmediatamente él declinó la oferta pero su padre, siempre codicioso, quería escuchar que propuestas traían, aunque esta negociación podría traer una inminente guerra a mediano plazo. El hecho de que hubiera representantes del país vecino podía ser una simple cortina para filtrar enemigos en su territorio y eso era algo que debía impedir a toda costa; sin embargo, su padre que poseía la última palabra, se veía entusiasmado para escuchar la negociación.
-¿Qué va a hacer al respecto?
-Tráeme la propuesta del consejo, que no actúen hasta que yo les diga. Otou-sama esta fuera de esto, es confidencial. Si fallas en esta misión tu castigo será la muerte.
Kakashi asintió e hizo una profunda reverencia, dejándole ver su respeto y lealtad.
-Mi lealtad es solo de usted, Itachi-sama.
-Mantenme informado.
Kakashi desapareció en una voluta de humo, dejándolo parado en medio del camino de tierra. Se adentró en la profundidad del bosque buscando vestigios de algo extraño, algún rastro de algún enemigo, o algo parecido, sin obtener resultado. Desde hace varios días estaba haciendo lo mismo y recorría buscando algún lugar vulnerable a enemigos, pero Konoha era una aldea fuerte, con una guardia permanente maciza en demasía; un enemigo no podría entrar a menos que se les diera el camino libre.
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Konoha no era el lugar de la gente paciente, a los habitantes no les gustaba la espera, y mucho menos cuando la espera traía consigo algo tan denso. Varios días pasaron desde que aceptaron la solicitud del rey del País del Viento, y todos estaban a la expectativa. Para el evento, Fugaku había ordenado una recepción ostentosa; como si la persona que estaba recibiendo fuera su más fiel amigo. En el palacio las cosas estaban dispuestas para una celebración privada, solo con las personas más adineradas del país, que en esta ocasión se habían trasladado para el evento, ya que ese sería un día en que habría seguramente una trascendental toma de decisiones en que irrebatiblemente de alguna u otra forma debía participar la gente más importante del país.
Por su parte, Itachi se encargó de doblar la seguridad dentro y fuera de Konoha, y varios emisarios se desplegaron con órdenes de Itachi a todas las aldeas del país del fuego con instrucciones relacionadas a la seguridad. Debían estar preparados en cualquier momento, y aunque no se encontraban en su mejor momento, tendrían que dejar ver a los visitantes que eran fuertes aunque la realidad era otra.
El ambiente estaba claramente tenso, el movimiento de las personas desplazándose por Konoha se había incrementado notablemente a la espera de novedades, y la gente estaba ansiosa y emocionada ante la gran cantidad de personalidades en la aldea, era como si se encontrara de gala todo el tiempo.
El príncipe menor contrariamente a Itachi, se hallaba imbuido en sus propios asuntos. No le importaba mucho lo que pasara, tal vez se debía a su juventud, pero se sentía ajeno a todo lo que pasara con la aldea, como si él no formara parte de ella. Siguió indagando en las acciones del joven rubio, al que iba a escuchar todos los días como un ritual imposible de romper, sin dejarse ver, solo sintiendo.
No sabía si era el hecho de que encontraba consuelo en las frases de la melodía de Kitsune, que le recordaba la verdad, en que su clan no eran más que un puñado de traidores y asesinos, desde las ramas más bajas hasta el líder: su padre.
Odiaba esa sangre que le recorría por las venas, porque él se sentía igual de traidor y aun más sanguinario que todos ellos.
Esa noche fue a verificar el estado de Deidara aunque las instrucciones de Iruka era que lo dejara solo, porque aunque su situación no era crítica necesitaba tiempo en reposo para reponerse al cien por ciento.
Entró en la habitación que hacía las veces de enfermería, cuyo espacio era bastante reducido: solo había una cama, un estante lleno de medicinas y una mesita en la cual reposaba una jarra de agua, un vaso, y una vasija en la que flotaba un pedazo de gasa.
Deidara dormía en ese momento, o por lo menos eso le pareció porque al momento de entrar en el recinto no recibió ningún movimiento que le diera a entender que el rubio estuviera consciente, pero no tuvo tiempo de pensar en averiguar con profundidad su estado cuando le miró el rostro descubierto. Hace mucho tiempo que no lo observaba, y de hecho era la primera vez que podía observarlo a detalle. Sasuke no creía en ninguna deidad, pero si hubiera tenido que describir aquella imagen sin duda habría dicho que era celestial.
El rostro de Deidara era indescifrable, estoico, imperturbable. Sus ojos alargados estaban cerrados y las pestañas rubias espesas delineaban el contorno del ojo. El parpado que cubría la orbe azul parecía una fina tela cubriendo un tesoro incalculable; la nariz perfilada, los labios finos tan perfectos los cuales parecían pintados por un sutil artista, todos esos rasgos, toda esa piel inmaculada estaba bañada de rayos plateados de luna. Si existía un Dios en ese momento parecía que Deidara estaba bastante cerca de él.
Perfecto en muchos sentidos.
Desde sus habilidades de pelea, hasta su físico, Deidara era todo lo que quería, y todo lo que con naturalidad era negado.
Sigilosamente se acercó a la cama de sábanas de blanco impoluto y contempló por largo rato la visión de su guardia personal. Acercó su mano vacilante a los mechones de oro, siendo solo capaz de rozar superficialmente los más cercanos a la faz de Deidara sin obtener ninguna respuesta, dio gracias por eso, porque de pillarlo haciendo eso quizá se pondría insoportable.
Se arriesgó a tocar sus mejillas y posteriormente su nariz, toque que luego resbaló hasta sus labios. Sentía la respiración del blondo contra sus dedos, y sus labios se curvaron en una sonrisa.
Si de verdad estaba maldito podría asegurar que la maldición se había extendido hasta él.
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Su recuperación había sido horrible en toda extensión de la palabra. No había analgésico que le hiciera mella, ni había medicina que pudiera curarlo prontamente, sin embargo, el proceso de recuperación no había tardado mas que un par de días. El hombro ya no le causaba ninguna molestia y físicamente nunca mostró ninguna marca ni herida.
No recordaba mucho lo que había pasado aquella noche, salvo por aquel intenso dolor y ese sentimiento cálido que le confortaba y que estaba seguro que venían de los brazos que en ese momento lo mantuvo cautivo. En aquel instante pensó que iba a morir, y a pesar que la idea de morir nunca le había causado preocupación, sentía que estaba enlazado a la vida por un hilo irrompible.
Cuando la tarde se acercaba el pueblo lucia bastante agitado.
Deidara inspeccionó los alrededores como le había sido ordenado, cuando pasó por el mercadillo no se sorprendió al ver un revuelo en progreso. Un hombre regordete le gritaba a un niño que estaba encogido en el piso junto a unas frutas que estaban desperdigadas en el suelo.
-Págame lo que has tomado –le vociferó el hombre.
Aquel no era cualquier comerciante. Deidara sabía que se trataba de un poderoso terrateniente y que de hecho, varios de los puestos de frutas y vegetales le pertenecían.
El pequeño niño temblaba fuertemente en el piso, unas lágrimas de temor le resbalaron por las mejillas.
Deidara observó una tiara en su frente y un símbolo grabado en medio de ella con el emblema de una familia adinerada. Obviamente aquel chico era un esclavo; ese tipo de prendas eran simbólicas, para que la gente alrededor distinguiera que eran esclavos de esa familia. Ver que uno de ellos corriera descalzo, vistiendo unos harapos no era en absoluto raro, ya que para ellos valían más la vida y el bienestar de los perros que de los sirvientes; así que era normal que se olvidaran que habían adquirido uno y por ende alimentarlos y vestirlos.
-N-no teng…
-¡Mentira! Ladronzuelo, págame lo que me has robado.
El hombre fuera de sí alzó un bastón y le golpeó el rostro con él.
El cabello castaño del muchacho se sacudió con el movimiento, mientras que un agudo gemido salía de sus labios. Las lágrimas cayeron en mayor cantidad por sus mejillas.
-No tiene dinero –asumió Deidara en voz alta, adelantándose, haciéndose paso entre la muchedumbre.
Sabía que tenía la razón. A los esclavos no se les pagaba, y si uno de ellos tuviera dinero es porque lo habrían hurtado de sus propietarios, por esa razón si algún comerciante recibía dinero de parte de un esclavo este llamaría inmediatamente a las autoridades y notificarían a sus amos del delito, y éste tomaría represalias en su contra.
El hombre dirigió su atención a él. No hacía falta que desviara su mirada hasta el pendiente con el emblema real en la oreja derecha de Deidara para saber de quién se trataba. El hombre arrugó el ceño e hizo un gesto de repugnancia.
-Este chico me robó.
Deidara se detuvo justo frente al chico que estaba sentado en el piso temeroso.
-¿Es verdad?
El chico desvió la mirada avergonzado.
-No me importaría dejarle las frutas descompuestas pero con los impuestos tan altos ni los desperdicios se pueden tirar, espero que entienda, Deidara-sama.
Los labios del hombre se movieron lanzando las frases con veneno y las curvó en una sonrisa maligna. Era obvio que no sentía verdadero respeto por Deidara, incluso el nombre honorifico lo pronuncio con sorna.
Deidara entendió al mirar las frutas desperdigadas que el chico había intentado robar los desperdicios, la fruta en su mayoría estaba descompuesta y golpeada, es decir, lo que el chico había robado no era más que la basura que el hombre iba a tirar.
-Eso no vale nada, deja en paz al chico.
-Entonces págame lo que me ha robado.
El rubio frunció el ceño y miró al niño enfadado. Si no fuera porque tenía prohibido tocar a los habitantes de Konoha ya habría golpeado a ese infeliz. Obviamente él tampoco tenía dinero: todo lo que poseía desde las ropas hasta las armas eran pagadas por Itachi, y en su condición de esclavo tampoco poseía remuneración por su trabajo.
-Levántate –le ordenó al chico duramente.
El castaño hizo un rápido asentimiento y se puso de pie vacilante.
Se acercó al castaño y arrancó la tiara de plata en su frente haciéndole gemir de dolor en el proceso. Se volvió y la lanzó al comerciante.
-Es plata. Fúndela si te da la gana.
El hombre lo miró enfurecido y respirando rápidamente, enfadado.
-Por supuesto, un esclavo ayudando a otro. A lo mejor le enseña a ser el favorito del príncipe también.
Deidara respiró profundo tratando de no darle importancia al comentario mal intencionado. Bastante conocía los rumores de que la única razón por la que el príncipe lo mantenía con vida era porque lo satisfacía más allá del campo de batalla. Obviamente aquello no podía estar más alejado de la realidad.
En el momento en que se dio la vuelta para marcharse sintió una fuerza que le evitaba moverse y sonrió internamente, pues sabía que aquel tozudo hombre no le dejaría marchar tan fácil. Le había sujetado del brazo fuertemente negándole la posibilidad de irse.
-Ya te lo dije, asqueroso lame botas, págame.
El rostro del hombre se contrajo en una mueca de coraje.
-No tengo dinero –afirmó con toda la honestidad del mundo, pero impregnando su tono con firmeza -. El príncipe me costea todo, ¿no soy su favorito?
Trató de zafarse pero el hombre lo tenía fuertemente sujeto, y si forcejeaba mucho mas con él seguramente lo lastimaría, cosa que no podía darse el lujo de hacer.
El comerciante hizo un movimiento con el bastón que tenía en la otra mano y le golpeó directamente en el rostro, haciendo que la máscara cayera rota en el suelo. Unos pedazos del objeto le hicieron unos pequeños cortes justo en la mejilla en la que el tipo le había golpeado.
La gente alrededor y el propio comerciante se quedaron impresionados por el rostro de porcelana de Deidara. Muy pocos de ellos recordaban como eran los rasgos de los rubios ni lo impactantes que podían llegar a ser. El gesto de disgusto en el rostro blanquecino no dejaba de hacerlo sumamente hermoso, ni los azules de los ojos llenos de ira los hacían verse menos sublimes.
Deidara estaba al borde. Gruñó de ira contenida y respirando rápidamente hizo un esfuerzo en soltarse sin ser demasiado brusco, pero el hombre lo tomó con la mano en el que mantenía el bastón sujeto y la afianzó en su cuello como una sabandija.
-¡Debo admitir el buen gusto de Itachi-sama! –Siseó excitado en voz baja –Quizá deberías pagarme con tu cuerpo.
Si Deidara no hubiera estado tan enfadado se habría reído como un maniaco y luego lo habría mutilado hasta la muerte, pero estaba tan enfadado que trataba de mantener su respiración lo más calmada posible para no hacerle daño. Si no fuera una orden directa de Itachi no hacerle daño a esa mierda de gente, ese tipo ya estaría en el quinto infierno.
De improvisto se escuchó en el lugar el sonido de cascos, que alarmó a las personas que se movieron buscando el origen del sonido.
El hombre soltó a Deidara y a éste le pareció que se había encogido terriblemente, como un perro acechado.
Algunos se apartaron del círculo que los rodeaba y observaron varios sujetos de la armada escoltando a tres personas que venían a caballo. Cuando el rubio se dio la vuelta nuevamente para observar a los recién llegados inmediatamente distinguió el rostro sereno de Itachi que cabalgaba elegantemente sobre un caballo de color negro.
-¿Ocurre algo aquí?
La muchedumbre se sumió en una reverencia ante el príncipe, menos el chico que se arrodillo complemente en el suelo por ser un esclavo y Deidara que apenas bajó ligeramente el rostro para que el azabache no le mirara el rostro descubierto y sus ojos malditos.
-Mi señor –empezó el hombre alzando el rostro cuando se le dio el permiso de hablar –Este chico me ha robado, ya usted sabe que en esta temporada es difícil cosechar, los sembradíos están helados, nadie quiere trabajar, y entonces éste esclavo se atrevió a hurtar mi sustento.
Itachi desvió la vista hasta Deidara y nunca antes éste se sintió tan escrutado. Aún sin mirarlo directamente el rostro le ardía de vergüenza.
-…Y entonces este rubio le defendió en su delito, lo que es también penado.
Deidara apretó los dientes y una maldición quedo atrapada en sus labios. Ese estúpido ¿Cómo se atrevía?
Pero en aquella situación el comerciante tenia todas las de ganar. Los dos acusados eran esclavos y no estaban autorizados a hablar en frente de un noble a menos que se les concediera el permiso. Por su parte la gente alrededor se mantenía a la expectativa, como si estuvieran únicamente contemplando un gran espectáculo.
-¿Por esa razón lo golpeaste? –preguntó haciendo alusión a las heridas del rostro de Deidara en los hematomas en su cuello.
El hombre hizo amago de volver a hablar pero se quedó callado por un momento.
-Solo le exigí una compensación si quería llevarse al chico sin haberme pagado, solo me defendí porque quiso llevarlo a la fuerza.
El chico castaño se tensionó al escuchar tal mentira, pero lucia bastante resignado a su destino. Deidara en cambio apretaba los puños para no golpearlo y los dientes para no gritar en contra de aquel desgraciado.
Itachi asintió una vez con gesto de entendimiento.
-Éste rubio lleva el emblema de la familia real. Es propiedad de los Uchiha, dime, ¿Qué quieres como compensación?
Hubo un murmullo general.
El hombre sonrió complacido y bastante feliz por las palabras del príncipe. Por supuesto habría pedido dinero, pero ese rubio valía mucho más de lo que le pudieran pagar por aquellos trozos de basura.
-¡Es mentira, Uchiha-sama!
Deidara estuvo a punto de golpearse el rostro de la pura frustración. Ese niño idiota.
Uno de los guardias que escoltaba a Itachi se acercó con intenciones de abofetearlo por hablar sin que se le permitiera, pero Itachi lo detuvo.
-¿Qué es mentira?
El chico titubeó un poco antes de responder con voz temblorosa –Él no intento golpear a este señor. Solo forcejeó cuando le dijo que le compensara complaciéndolo como con el príncipe, que le pagara con su cuerpo, y dijo también algo como que era su favorito-.
El rostro de Itachi no cambió mucho su gesto, se permitió quedarse un par de segundos mirando a Deidara fijamente mientras los demás lo observaban expectantes.
-¿Favorito?
A pesar de que la palabra salió de manera interrogante en un susurro de sus labios, parecía más como si se lo preguntara a sí mismo. Luego sus labios se curvaron ligeramente hacia abajo.
Deidara bajó más el rostro avergonzado, tenía ganas ahora de golpear al chiquillo por boca floja. Odiaba que diera esos innecesarios detalles.
Ante la esperada respuesta por todos estiró la mano con dirección a Deidara.
-Ven.
Deidara se estremeció y no supo muy bien que quería decir con aquella mano extendida, pero inmediatamente se acercó hacia el Uchiha, deteniéndose a un lado del imponente caballo negro y su jinete. La mano que le había sido extendida se deslizó por el contorno del rostro hasta detenerse en el mentón que sin rudeza viró hacia la derecha, de modo que las personas frente a este miraran el perfil de Deidara.
-En caso de que no lo sepan –dijo en voz fuerte que le erizó los vellos. Luego deslizó los dedos hasta el pendiente en la oreja de Deidara que se estremeció notablemente por el toque del Uchiha –Este Suzaku es emblema del futuro rey del País del Fuego, Itachi Uchiha, por lo tanto, éste esclavo me pertenece. El precio por tocar mis pertenencias es bastante alto, deberían saberlo.
El hombre retrocedió un par de pasos intimidado por la voz del príncipe, en el mismo momento uno de los generales del ejército de Konoha que los acompañaba se acercó automáticamente a un lado del comerciante sin quitarle la mirada de encima, y aunque mantenía su rostro cubierto podía intuirse el gesto de advertencia que tenía.
-No lo toqué. N-no le hice…
-Deidara –mencionó silenciando las palabras del hombre que trago duro nervioso, con ganas de huir.
Deidara alzó el rostro hasta contemplar los rasgos de Itachi.
-¿Con que mano te tocó?
Decir que entendía lo que estaba diciendo y prever lo que iba a hacer sería una burda mentira. Sus pensamientos no podían ir más lejos que sus latidos de su corazón acelerados y la repentina baja de temperatura de su cuerpo, sin embargo, dirigió intuitivamente su mano a la herida que tenía en el rostro, pero este movimiento hizo que Uchiha frunciera el ceño.
-¿Con que mano te hizo esto? –aclaró tocando una marca de dedos en el cuello del rubio.
Deidara asintió mecánicamente. –Con la derecha –sentenció escuetamente sin dejar entrever sus pensamientos mirándolo directamente hacia los ojos.
Una mirada de soslayo fue lo que dirigió Itachi a Kakashi para que éste último desenfundara su katana y de un corte limpio separó la extremidad desde la muñeca del resto del cuerpo.
El hombre se encorvó del dolor y profirió varias maldiciones mirando la sangre emanar de su brazo ensangrentado.
-El que vuelva a tocarlo en una próxima oportunidad no correrá con esta suerte.
Cuando el futuro monarca del fuego retomó su camino dejando a Deidara atrás, Kakashi sin embargo no se marchó, sino que se acercó a Deidara que con la mirada impasible miraba el rostro consternado y lloroso del joven.
-Esta vez lo has hecho enojar, Deidara-kun. ¿No deberías estarte quieto en la jaula de oro que hizo para ti?
Deidara entornó los ojos con molestia.
-Tsk, ¿Qué dices? Sabes que no eres un civil, puedo joderte la vida si quiero, maldito.
Hatake sonrió aún más.
-Sé que de hecho no eres precisamente el favorito, pero tu posición es bastante delicada en este país, por ser del linaje de Namikaze-sama… Hará lo necesario para tenerte bajo la imagen de un simple objeto en su habitación, aunque tú y yo sabemos que eso está bastante lejano a pasar, o al menos eso creo.
Deidara lo tomó del cuello, cosa que al otro no lo tomó por sorpresa.
-¿Qué estas insinuando? ¿Qué soy como ustedes, bastardos, que en su tiempo de ocio se meten con otros hombres?
-¿No estas demasiado susceptible? Además, solo es un decir. Por otro lado tienes que evitar llamar la atención de esa manera a menos que quieras una visita de un par de anbus.
-¿Por qué dices eso? –preguntó bajando un poco su tono aunque con rencor.
-Eres un esclavo de una raza maldita y despreciada por Konoha, aun la gente se pregunta qué haces aquí; se te ha aceptado porque eres una herramienta de Itachi-sama, pero no puedes querer ser más que eso. No eres uno más aquí en Konoha, no puedes aspirar a un trato especial para alguien que traicionó a su propio clan, alguien que debería estar muerto. Así que haz algo productivo y evita llamar la atención de esa forma.
-¿Quién te ha dicho eso? ¿Ha sido él?
-No es necesario. Por más vidas que acabes en nombre del país del fuego o de Konoha nunca podrás ser uno de nosotros. No de esa forma, ¿entiendes?
La voz de Kakashi se hizo cada vez más seria. Deidara entendía que no era dicho con mala intención de hecho era algo que ya sabía, pero últimamente, quizá por el trato que recibía de Sasuke, inconscientemente le había hecho pensar que podría llegar a pertenecer a aquel lugar.
La mano de Kakashi se posó en su cabeza y agitó sus cabellos amistosamente.
-Seguro que más adelantes entenderás lo que digo.
Se sacudió el toque amistoso de Hatake y le gruñó enfadado, a lo que el de pelo plateado le acentuó más la sonrisa.
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El momento en que atravesaba el jardín principal del palacio la siguiente vez que vio a Deidara, inmediatamente, se acercó a él y maldijo la máscara* que lo cubría.
-Estás bien –la boca de Sasuke prácticamente se había movido sola, y realmente no se le ocurrió nada mejor que decir, y a pesar de que su frase había sido una afirmación, se notaba que después de varios días sin verlo la preocupación era imposible de ocultar, aunque hacía lo que podía.
-¿Por qué tendría que estar mal?
El habitual mal humor de Deidara le ratificó su respuesta favorable, así que asintió complacido, y suspiró aliviado para sus adentros.
-Iruka me dijo que habías estado…
-Nada. Estoy bien.
Sasuke frunció el ceño reflejando su disconformidad con la respuesta.
-¿No deberías tener respeto como mi subordinado? –La pregunta fue dicha entre dientes apretados –Debería notificar tu desobediencia con mi padre, o quizá con mi hermano.
-¿Qué desea, su majestad?
Sasuke sonrió.
Un sonido de cascos lo alejó de sus pensamientos para enfocarse en uno de los caminos de piedra que daba entrada a palacio. A lo lejos divisaron un grupo de personas que se acercaban a paso moderado montados en caballos –Deidara intuyó que venían de lejos porque no era común ver a personas cabalgando a menos que tuvieran que cruzar grandes trechos o que fueran de la nobleza-. Una docena de personas iban alrededor de un pequeño grupo, como en calidad de escoltas, y solo cuando distinguió el emblema real del País de Viento supo que los invitados habían llegado.
Todos los jinetes se quedaron mirando a los dos chicos que estaban en medio del paso. Sasuke, quitándole importancia se hizo a un lado haciéndose el desentendido. Lo último que quería en ese momento era tener que relacionarse con extranjeros.
Deidara se debatió entre interceptarlos e interrogarlos o dejarles ese trabajo a los guardias a unos metros de ellos. Sentía que era también su responsabilidad por ser capitán anbu, sin embargo sabía que en su posición de esclavo intervenir sería muy mal visto.
Estuvo quieto en medio del camino mirando fijamente al chico de en frente, que le miró expectante, esperando alguna intervención; en el último momento se hizo a un lado rápidamente, desconcertando al líder del grupo. El cabello rubio de Deidara en la coleta se agitó por el brusco movimiento al quitarse del camino.
Cuando pasaron por su lado uno de los jinetes aminoró la marcha girando el rostro en su dirección mirándolo fijamente. El paso del caballo se hizo cada vez más lento hasta dejar de andar por completo.
Deidara se sorprendió de verse admirando el cabello rojizo del hombre, ese rojo tan extraño que parecía sangre. Nunca había visto nada parecido desde que había llegado a Konoha, y a pesar de que en su niñez si había observado hebras similares, en ese momento se le hizo lejano, como si en el pasado hubiera sido producto de su imaginación.
El chico tenía ojos dorados intensos, su tez clara estaba un poco tostada por el sol, pero lo que más llamaba la atención era el aura de poderío que lo rodeaba.
Estaba desencajado por el escrutinio del pelirrojo; por alguna razón sus labios quisieron formar una frase, pero sabía que sería mejor desviar la mirada y hacer como que no había visto nada. No tuvo que preocuparse por eso, porque justo en ese momento el chico emprendió la marcha a un ritmo lento para reunirse con los otros que a pesar de que se habían adelantado se detuvieron esperando la llegada del pelirrojo.
Observó como unos metros más allá los guardias les recibían e intercambiaban palabras con uno de los jinetes, y estos desmontaron los caballos y pasaron por el gran portón que rodeaba palacio a pie.
-Que estúpido.
Deidara miró a Sasuke que suspiró mirando en la dirección en que habían ido los extranjeros, así que le fue fácil llegar a la conclusión de que hablaba de ellos.
-Se reúnen aun cuando saben que el contrario ha masacrado a su gente. Incluso, otou-sama ha organizado en festín para recibirlos. ¿No es absurdo? Mientras ellos se dan la mano hay gente que muere en la frontera.
El rubio profirió una risa.
-¿Detecto algo de humanidad en usted, Sasuke-sama?
En los ojos de Sasuke un brillo amenazador le hizo borrar su sonrisa del todo. Se le notaba enfadado, pero Deidara no podía saber por qué con seguridad. Sasuke muy pocas veces sentía afinidad por las personas de la aldea, era como si pensara que las muertes de los aldeanos de Konoha eran más como un acto de justicia.
Se preguntó por qué Deidara seguía siendo fiel a ese país, fiel a ellos, a su hermano. Por qué sentía que su deuda era tan grande.
Por más que lo pensaba no le hallaba el sentido.
Su hermano lo había traído como esclavo y no obstante lo había entrenado prácticamente para masacrar a su propia gente. Si estuviera en su lugar odiaría a Itachi, pero Deidara era tan dependiente de él que le daba asco.
-¿Por qué no lo traicionas?
Deidara lo observó confundido por sus palabras.
-¿De qué hablas?
No le respondió, no quería decirle que si Itachi no estuviera nadie sería capaz de retenerlo, ni siquiera él podría hacer el esfuerzo de hacerlo. No, nunca le diría que aun sin pelear sabía que era una batalla perdida.
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Ya había caído la noche. Era la primera vez que se quedaba por tanto tiempo, ese día no había niños alrededor, en parte porque los alrededores de Konoha eran fuertemente custodiados y se había establecido un toque de queda para evitar que los aldeanos husmearan en zonas potencialmente peligrosas como aquella, que a pesar de ser muy tranquila se encontraba cerca de los limites de Konoha.
Cuando llegó miró al rubio observar hacia un punto indefinido como si estuviera ausente. Parecía que no había notado la ausencia de los chiquillos. Le vio apretar la rudimentaria flauta en sus manos y mirarla con aprehensión, como si quisiera atravesarla y luego se dejó caer recostado en la gruesa base del árbol. En el momento en que cerró los ojos Sasuke pensó que dormiría, sin embargo, llevándose el instrumento cerca de los labios hizo que el aire se convirtiera en envolvente música.
Le dio escalofríos. Era tan diferente a lo que había escuchado antes, se sintió descubierto y mareado, el mismo tuvo que afianzar su agarre de la rama del árbol donde se encontraba sentado. Sintió los latidos de su corazón acelerarse levemente. Sentía que se caería en cualquier momento, y justo cuando pensó que el chico le descubriría la música cesó y él se encontró extrañamente bien.
El chico suspiró y metió el instrumento en un bolsillo de su albornoz. Se levantó sacudiéndose levemente, enfocando su mirada al rio, el lado opuesto en el que se encontraba Sasuke.
-Al final no vinieron –susurró melancólico.
Los zafiros reflejaron fielmente el movimiento del agua, haciéndolos aun mas cristalinos.
Kitsune se pasó la mano por el cabello rubio desordenándolo un poco en un gesto de agotamiento, como preguntándose si valía la pena seguir esperando en ese lugar, y tomando una decisión rápida a la interrogante volvió a sentarse en el suelo, recargándose del grueso tronco y cerró los ojos negándole seguir escudriñando su mirada.
Hacía frio, y Sasuke empezó a preguntarse qué hacía todavía en aquel lugar, porque él no tenía un albornoz que le cubriera del pésimo clima, y maldijo haber salido con la ropa de entrenamiento, que por cuestiones de comodidad para las batallas era bastante ligera y dejaba calar el frio. Muy pronto una gota de agua que se deslizo por su rostro le obligo a sopesar la idea de suspender la observación y retirarse del lugar, pero pocas veces podía ver tan claramente la personalidad de aquel "Kitsune", ya que siempre se mostraba alegre y optimista con los niños, aunque las melodías dijeran lo contrario.
Las gotas se hicieron más constante y a Sasuke le sacudían a menudo estremecimientos de la helada lluvia. No podría estar allí mucho tiempo, porque el cielo rojizo le decía que lo de esa noche era de hecho una tormenta. Tenía la piel de sus brazos desnudos erizada y en ese momento recordó la reciente herida que le había dejado el entrenamiento, que escocia con la lluvia.
Otra vez la idea de irse le daba vueltas en la cabeza como la opción más lógica, pero al mirar al rubio encogerse bajo el empapado albornoz le hizo permanecer. Nunca había tenido intenciones de ayudarlo, ni había tenido curiosidad de nada, de hecho, era como si cerca de aquellas tenebrosas melodías él podía alcanzar aunque fuera por segundo un momento de paz.
Era débil; era obvio que no era un luchador, a esas alturas Sasuke sabía con certeza que solo se trataba de un niño de esa raza maldita, mas nada. Era innegable que no soportaría hasta la mañana siguiente si aguardaba toda la tormenta recargado de ese árbol, cuando el viento helado le azotaba el cuerpo y la lluvia le apuñalaba con saña.
Se decepcionó un poco cuando llegó a esa conclusión y se balanceó suavemente en la rama para irse, pero apenas se deslizó para una rama cercana volvió a mirar el rubio, que tenía el rostro mirando al cielo a pesar de sus ojos cerrados y su cabello rubio se había pegado a los lados de su rostro y se le había oscurecido levemente por el agua.
No se podía ir, lo sabía, de haber podido lo habría hecho cuando su cerebro le decía que era lo correcto.
-¿Cuánto tiempo más… vas a estar ahí?
Sasuke rio internamente cuando supo que se dirigía a él, aunque lo sorprendió un poco de igual modo.
-¿Por qué tendría que responderle a un maldito?
Saltó de la rama y aterrizo limpiamente en el suelo frente a Kitsune. Este ni siquiera abrió los ojos para observar a su interlocutor por lo que un par de líneas se dibujaron en el entrecejo de Uchiha.
-Si quieres atraparme este es el momento… eres un Uchiha después de todo.
Sasuke se quedó desencajado. ¿Cómo sabía que era un Uchiha si ni siquiera le había visto?
-Cualquiera seria el momento, no eres más que un niño.
Un temblor sacudió casi imperceptiblemente el cuerpo de Kitsune que se envolvió más en los harapos empapados.
-No podrías.
El pelinegro sonrió con prepotencia.
-¿Me estas desafiando, pobre cosa?
Contrario a lo que pensó, el rubio abrió sus ojos y le traspasó con ellos. La sonrisa menguó un poco, nuevamente ese sentimiento denso que le hizo querer retroceder un poco. ¿Qué era esa aura? ¿Qué era esa gran presencia que rodeaba al chico?
-Teme.
-¿Acaso quieres morir rápidamente?
El rubio no hizo ademan de levantarse, al contrario lo continuó mirando con ahínco.
-No podrías… por dos razones: la primera, porque estas herido, y la segunda porque no puedes usar tus armas contra mí.
Sasuke borró cualquier atisbo de sonrisa y le miró seriamente. Claro que podía usar sus armas. ¿Qué se creía ese niño idiota?
-Podemos probarlo si quieres.
Kitsune rio y se levantó temblando un poco, haciendo que la imagen desencajara con lo que decía.
-Intenta hacerlo.
Sasuke dirigió su mano directamente a su katana y la agitó delante del chico sin intenciones de hacer un gran daño, solo de demostrar que podía hacerlo, pero justo cuando la hoja estaba a centímetros del hombro del rubio el cuerpo de Sasuke se detuvo, como si su cuerpo no acatara las órdenes de su cerebro. Durante esa fracción de tiempo observó un rápido destelló carmesí en los ojos ajenos que lo desconcertó.
-No puedes hacerlo.
Estaba confundido, mucho más que antes. ¿Qué le había hecho? ¿Por qué no podía atacarlo?
No se dio cuenta cuando el rubio se acercó y levemente levantó la mano hasta tocar la filosa hoja de su katana. Deslizó los dedos por encima evitando su filo hasta situarse sobre la mano de Sasuke y luego sobre el brazo herido del moreno.
Fue como una corriente eléctrica lo que le recorrió el brazo justo donde el rubio lo había tocado hasta que la mano se desvaneció a un lado de su dueño que sonrió complacido.
-Por no delatarme. Es un obsequio.
Sasuke corrió la mirada hacía donde había estado posada la fría mano del rubio y descubrió que la herida que hace un rato le escocia estaba completamente curada.
-¿Qué has hecho?
-¿Por qué tendría que contestarle a un Uchiha? –rio el rubio y le sacó la lengua.
-Responde.
Sasuke sostuvo su brazo firmemente, pero kitsune se deshizo de su gesto jocoso y le miró malhumorado.
-Sueltame, Uchiha.
El tono fue como una orden, y su cuerpo se quedó congelado al tono de voz del ojiazul. Pero contrario a lo que había sentido con su música se quedó afianzado con el sentimiento de que no debía dejarlo ir, como si lo hiciera su mundo se destrozaría. Tenía el estómago comprimido, era una sensación tan irreal como nunca había sentido algo antes.
Le miró a los ojos y fue como si se sumergiera en un helado mar en donde no encontraba la salida, pero también, bajo este había tanta calidez…
Tenía sentimientos encontrados, no estaba seguro de lo que sentía ni de lo que pensaba, era como explorar un lugar desconocido.
-¿Qué es esto? –susurró al momento que soltó la katana sin darse cuenta y se acercaba más y más al otro chico.
Kitsune trató de zafarse pero el agarre era bastante fuerte e igual que con Sasuke, una parte de él le decía que debía mantener esa conexión. Miró el rostro de Sasuke que parecía tener miles de pensamientos pero con su mirada fija en él.
Sasuke no fue consciente cuando se puso tan cerca del otro chico, ni advirtió cuando su rostro buscaba instintivamente tener contacto con el rostro del otro, pero le enceguecía la mirada azul de Kitsune y los sonidos de su propio corazón le ensordecían.
"Lo necesito"
Y sin saberlo, ese fue un pensamiento colectivo.
…pero lo que siempre recordaría del final de aquella escena fue el gran cabezazo que cortó cualquier conexión que hubieran podido establecer en ese instante.
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Cuando llegó al gran salón se sorprendió. Era bien sabido que al rey le gustaban los lujos, pero aquella fiesta era un extremo: solo la elite de la política, los comerciantes más adinerados, los terratenientes más poderosos; aquello era miserablemente elitista, como le gustaba a Fugaku. Él estaba en el centro del salón y a su lado estaba el que se imaginó que sería el monarca del viento a juzgar por sus ropas y postura elegante. Al acercarse más se dio cuenta de los cabellos rojizos que ya había visto antes y reconoció la intimidante mirada verde que transmitía un absoluto poderío, a su lado, Fugaku parecía un pobre diablo. Al lado de éste se encontraba Itachi que dignamente tomaba de una copa de vino, mirando de vez en cuando a su alrededor.
No apartó su mirada de él, sino que lo estudió con afán, queriendo memorizar sus acciones, sus gestos. Lo odiaba tanto que le era imposible no maravillarse de la perfección que demarcaba su persona.
En ese momento se percató de que no había indicios del paradero de Sasuke. Incluso cuando lo había visto hace rato pensó que iba en dirección al palacio a cambiarse su ropa, sin embargo, no se encontraba ahí.
No se preocupó demasiado por ese detalle. Sabía que Sasuke estaría bien y él esa noche tenía órdenes precisas de custodiar el salón.
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-…Creo que podríamos organizar algunos combates, será una buena distracción antes de hablar de negocios.
Akasuna asintió y dirigió su mirada a un punto fijo en el lugar.
-No pude evitar notar que aún hay rubios en Konoha.
Fugaku pareció azorado de pronto, al contrario de Itachi que miró en la dirección en la que estaba enfocado el pelirrojo, notando que miraba la figura rígida de Deidara, que avistaba alternativamente por todo el lugar buscando cualquier movimiento extraño.
-No los hay. Es un esclavo traído hace varios años a Konoha. –silenció Itachi de inmediato.
-¿Traído? –el pelirrojo rio –De mi país supongo. –Le echó una mirada desafiante que Itachi no pasó desapercibida.
Anteriormente era tan común que los nobles huyeran al país del viento que era lo mas normal ver rubios en ese país.
-No se equivoca –respondió Itachi igual de desafiante.
Sasori no apartó la mirada pero así como sacó a relucir el tema lo zanjó.
La charla fue de todo menos amena, ya que Akasuna apenas decía monosílabos a Fugaku en respuesta a sus elaboradas y arrogantes frases, en cambio, a Itachi parecía tratarlo con más cuidado, como si en el fondo creyera que él era realmente un igual.
A menudo se acercaban las personas queriendo intercambiar palabras con los monarcas, cuestión que parecía que solo lo hacían por el placer que les daba que notaran que estaban allí.
Cuando estuvo más avanzada la noche, algunos de los más adinerados personajes le ofrecieron sus obsequios de bienvenida al rey del País de Viento, y por supuesto, no faltaron los que ofrecieron a los esclavos más hermosos de sus casas para ofrecerlos para el festín del rey y los súbditos que lo habían acompañado.
Sasori se levantó elegantemente de su sitio y les informó que solo iba a elegir a un acompañante y se acercó a evaluar a detalle a los esclavos para elegir a uno de ellos, sin embargo se detuvo justo frente a Deidara que mantuvo su mirada baja para evitar el contacto visual.
-Alza el rostro.
Deidara supo que era con él, pero incluso el tono demandante del pelirrojo no le cayó en gracia, así que simplemente ignoró sus palabras y se mantuvo firme en su posición.
-Hn, tiene agallas para ignorar las palabras de un rey, siendo simplemente un esclavo.
-Soy miembro de la guardia real y de la armada de Konoha, majestad–atajó instantáneamente sin mirarlo y pronunciando con desdén la última palabra.
Itachi desde su lugar parecía atento a la escena. El resto de las personas no se quedaron atrás al notar la extraña escena. Varios murmullos recorrieron el salón, entre ellos de personas escandalizadas ante las palabras de Deidara.
-¿Armada? Pero aún así, aunque digas que eres solo un soldado. Llevas un símbolo de esclavitud y una máscara que no hace más que evidenciar su estatus aquí.
-Por favor, Sasori-san, no hable con este esclavo; -Dijo Fugaku acercando a la escena, dejando mostrar una mueca de asco –mejor escoja el de su gusto como obsequio de parte del Pais del Fuego.
Sasori ni siquiera volvió su rostro en dirección a Fugaku sino que permaneció atento a Deidara y éste a su vez son sus ojos fijos en los esmeraldas.
-Fugaku-sama –pronunció Sasori sin verlo -¿No es esta una actitud bastante desconfiada para un aliado? Tienen a un miembro de su guardia con su rostro oculto frente a mí. ¿Debo tomar esto como una respuesta a mis proposiciones?
Pero no fue la voz de Fugaku la que respondió, sino la de Itachi, que a paso firme se había acercado al lugar.
Una mano fuerte retiró la máscara de su rostro dejando al descubierto un gesto entre confundido y enfadado.
-Por supuesto que no. Lamento el inconveniente.
Deidara sintió sus mejillas arder de improvisto. Estaba avergonzado de que le mirara sin la máscara que por tanto tiempo le había cubierto de él, así que inmediatamente bajó su mirada para resguardarse de los ojos azabaches.
Sasori no dejó de contemplarlo ni por un segundo y una media sonrisa le adornó la boca, no pasó desapercibido ninguno de sus gestos.
-Éste, Itachi-san, quiero que me acompañe esta noche.
¡Fin del Capitulo!
*El dato de la máscara es que Deidara tiene obviamente varias de reemplazo, ya que debido a sus entrenamientos pueden dañarse.
Gracias por sus comentarios, son verdaderamente super valiosos.
El capítulo ha sido catastrófico, y es obviamente de pura transición, para el próximo les aseguro mas de las parejitas, pero todo esto tenia que pasar, por eso me enfoqué sobre todo en meter todo en este capi no importara todo lo largo que fuera.
Ténganme paciencia, les aseguro que estaré mas seguido por el fandom.
Les cuento que el ItaDei es una pareja jodidamente difícil, y que guau, es casi imposible saber como reaccionara, por ese detalle están en este capitulo un poco fuera de su carácter normal en la serie, pero ¡vamos! No llegarían a nada si no fuera por el OOC.
