Author: Yuuki Auclaire

Titulo: False Redemption

Rated: T

Disclaimer: Nada es mío, todo es de Kishimoto.

Capítulo 4:

Cruzando la línea

Itachi hizo una reverencia al verse aludido y totalmente indiferente miró directamente al otro monarca –Lamento no poder cumplir con su petición, pero esta persona no ha sido educada de forma que pueda cumplir efectivamente ese trabajo.

Deidara se limitó a mirar a Itachi, que parecía más frio de repente. Un sonrojo evidente se asomó nuevamente al meditar la clase de significado que tenían esas palabras.

-Es así, entonces. –La mirada de Sasori pasó al arete en su oreja y detalló el dragón tallado en él. Sabía que era el símbolo de Itachi, pero cuando examinó la parte visible del cuello de Deidara se percató que no llevaba símbolo alguno. –Me disculpo por mi impertinencia.

Simbólicamente el arete con un símbolo real significaba que pertenecía al príncipe, no como esclavo sexual, sino desempeñando otras funciones. Contrariamente cuando el símbolo además estaba en el cuello en forma de gargantilla denotaba sumisión y pertenencia exclusiva al dueño del símbolo. Significaba también consumación de actos sexuales.

El pelirrojo solo se alejó y el resto de la noche dejó saber que no estaba interesado en tomar ninguna compañía, alegando que su viaje había sido agotador.

Los únicos que parecían divertidos de la situación eran Hatake y Kisame que cuando los superiores se marcharon se burlaron desmedidamente de Deidara, que les susurró por lo bajo unas cuantas maldiciones.

Y asi transcurrió el resto de la noche en la que Sasuke no apareció por el resto de la velada.

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-¿Estas herido?

Nunca antes había visto ojos tan profundos, y no solo se referia al color negro que les consumia, sino a aquel animal, aquella fiera violenta que le veía por aquellas elípticas ventanas. Conocía que aquella persona sabía más allá que cualquier joven de su edad que hubiera visto antes, porque conocía la valentía, la crueldad, la vida, la miseria, la sabiduría de los ancianos, pero nunca antes se había sentido tan perdido y amenazado por la simple mirada de una persona.

Su rostro inmutable no le expresaba nada, ni su voz monótona, pero desde las oscuras orbes la energía que fluía le hacía querer enterrar su rostro entre sus brazos entrecruzados y no volver mirarlo directamente a sus ojos, que era donde más podía percibir su magnificencia.

Tragó saliva y miró la sangre que tenía en las ropas, sangre que cubría sus brazos también y la parte superior de la vestimenta justo al nivel del hombro. ¿Qué si estaba herido? Debía estarlo. Porque esa era su sangre.

Pero sus pensamientos tomaron una dirección equivocada. En su cuerpo nada dolía, no sentía el escocer de las heridas, porque en realidad no existía herida en él. Itachi lo sabía, desde el principio notó al chico cubierto de sangre pero no lo vio débil, ni adolorido, y se le ocurrió justo en esa fracción de segundo, en el momento en el que lo enfrentó, que ese chico que tuvo la fortuna de conocer era uno de los olvidados herederos de la familia Namikaze, sangre bendecida por los dioses, sangre valiosa y codiciada, sangre derramada por los Uchihas hace apenas unos años.

-No.

El pequeño temblaba aunque en su mirada azul quedaban vestigios de orgullo y de osadía. Porque aunque temeroso trataba de sostenerle la mirada aunque estaba seguro que no quería hacerlo.

-¿No te duele?

Los labios resecos se separaron mostrando una porción de la cavidad bucal, pero se volvieron a cerrar vacilantes.

Itachi se acercó a él y se acuclilló en frente, tocando con sus dedos enguantados la sangre que manchaba las vestiduras cerca del hombro, luego el brazo, luego el pecho. El niño no decía nada, solo mantenía su mirada en los ojos del otro, queriendo aparentar una firmeza que no tenía, porque sabía que si mostraba su debilidad moriría inmediatamente.

El Uchiha sacó un kunai y justo antes que el niño pudiera hacer algo, clavo la hoja filosa en el pecho y las deslizó hasta dejar un corte poco profundo y algo extenso.

Un gemido brotó solitario de los labios del pequeño Deidara. Su mirada abatida no dejó de interrogarle, pero no hubo respuesta por parte del moreno, que le vio inmutable desvanecerse en el suelo.

No tenía derecho a llorar, no tenía fuerzas de hacerlo tampoco. Si aquel joven lo mataba no lo importaba, ya no había valor en él, ni nada que resguardar. Tenía miedo, pero no podía huir.

Por unos minutos su vista se volvió nublosa, pero poco a poco pudo enfocar los rasgos de su verdugo.

Itachi lo evaluaba. Estaba sorprendido y satisfecho, pues en los siguientes minutos en que la herida se cerraba rápidamente pudo tener la certeza que el eslabón más débil de su plan en ese momento fue fortalecido.

En cuanto llego a Konoha los murmullos parecían no tener fin, después de todo ¡había metido un rubio en el palacio! Por supuesto, su padre fue la primera persona en sorprenderse por la decisión de Itachi de quedarse con aquel ser, que a fin de cuentas nada de especial tenía desde su criterio, pero no eran cuestionadas las razones del príncipe, su padre respetaba la figura del chico que más tarde sería rey del país del Fuego.

Por su parte la estadía de Deidara fue bastante privilegiada para ser un esclavo, y aun en el presente recordaría fuertemente la primera vez que salió al campo de entrenamiento. Fue su primera excursión desde que había llegado a Konoha y sentía que el olor a libertad le azotaba en la nariz, el cabello rubio recién cortado le pinchaba en el cuello, y sus ojos azules que por tanto tiempo habían visto solo el techo del calabozo ahora reflejaban el cielo azul. Los aldeanos le miraban con curiosidad y asombro, unos incluso le miraban ofendidos y escandalizados, pero él estaba demasiado sumido en el verdor de Konoha, y en la cúpula celeste que les cubría.

Ese día le habían acicalado y le habían dicho que tenía órdenes de ir a entrenar y él a pesar de su confusión entendía que no tenía elección. Caminó detrás de un guardia hasta el lugar y cuando llegó no terminó de sorprenderse: habían tantos luchadores que podía estimar que fácilmente eran más de un centenar, y sus habilidades eran sorprendentes.

En un momento dado todos los luchadores se apartaron del campo, dejando únicamente a dos personas. Deidara se acercó y su corazón se aceleró al ver al chico de antes en ropas de entrenamiento, que certera y rápidamente lanzaba objetos filosos hacia el otro, fue golpeado, dejándolo fuera de combate.

No pudo darse cuenta el momento en que se había acercado lo más que podía para apreciarlo bien, pero se sentía entre intimidado y maravillado. Aquel chico que veía debía ser el hombre más fuerte que sus ojos hubieran visto: Itachi.

Cuando el príncipe se acercó a donde él estaba, Deidara endureció sus facciones para aparentar seguridad mirándolo fijamente. Itachi miró al niño rubio y frunció un poco el ceño al observar la mirada clavada en su rostro descaradamente.

Uno de los guardias puso una mano sobre su cabeza y le obligó a mirar al piso, primero trato de oponerse, pero luego simplemente se dio por vencido. Los demás alrededor también hacían reverencias al príncipe.

-¿Tu nombre?

La voz de Itachi se escuchó potente y cortante.

-Deidara.

-¿Sabes pelear?

Tragó dudando de la respuesta que debía dar, pero un empujón del guardia le obligó a contestar con una negación de su cabeza. Itachi le indicó al guardia que soltara al chico.

El príncipe sacó un kunai con un emblema grabado en él y lo extendió a Deidara.

-Tu deber en Konoha, tu deber hasta el día de tu muerte es la protección del segundo príncipe. Así que protégete de los más fuertes, acaba con los que acechan tu vida, corre cuando no tengas oportunidad de ganar, porque tu vida no vale nada, pero el príncipe es tu razón para vivir, y yo seré tu verdugo.

Itachi despertó un poco sobresaltado y suspirando se llevó una mano al rostro. Giró un poco la cabeza hacia la ventana y notó el cielo aun oscuro.

"Otra vez el mismo sueño".

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A veces era tan difícil respirar, caminar, o simplemente vivir. Pero él solo era un peón que debía estar ahí, así que hacía el esfuerzo todos los días de llevar las cosas con rectitud, para que todo saliera perfecto desde el momento de la creación de su plan, pero a veces simplemente se cansaba, como ese día que se sentía innecesariamente vulnerable, como si pudiera romper el delgado hilo de su cordura en cualquier momento.

No era un buen día.

Había paseado por el pueblo, en compañía del resto de los anbus que siempre le escoltaban, y era difícil ignorar el hecho de ser odiado por todos los aldeanos que le dedicaban reverencias hipócritas y deseos de muerte bien engalanados con palabras falsas.

El ambiente estaba últimamente más frio, y en el mercadillo no había prácticamente nada, con esa fría helada era difícil la disposición de alimento y agua, y gracias a la pésima gestión que había tenido su padre la cosa iba de mal en peor. Itachi sabía de esto, pero intervenir no era ni su intención ni una alternativa, ya que por desgracia, Fugaku aún era el rey de ese despojo de país. Además de todo ello, la visita del rey del país de viento le dejó un sabor amargo en la boca, como si pudiera saborear la inminente guerra que se avecinaba.

También estaba el hecho de que Itachi estaba algo alterado por la conducta de Sasuke la noche anterior, se suponía que él debía estar presente, después de todo, Itachi quería que el fortaleciera los lazos del país del fuego con otros países.

Ese día en particular sentía como todos parecían estar de acuerdo para molestarlo, y justo pensaba en eso cuando visualizó a Sasuke con Deidara en el jardín del palacio. Deidara se notaba entusiasmado hablando con el pelinegro que parecía estarlo escuchando con especial atención.

-Ya sabe cómo es Sasuke-sama. Seguro se quedó por ahí entrenando o…

Ya no escuchaba las palabras de Kakashi a su lado, solo podía mantener la vista fija en su hermano y Deidara. Ambos lucían ajenos a todos, y al contrario de cuando se encontraba con otras personas, Sasuke lucia cómodo y un poco emocionado. Era algo digno de ver, el más joven de los Uchiha hablaba manteniendo su temple, pero de vez en cuando lanzaba miradas de soslayo a su acompañante, llenas de sentimientos que luchaba por ocultar.

Hatake, algo curioso no tener la atención del príncipe, siguió con la mirada encontrando el foco de la distracción de Itachi.

-Cada vez lucen más cercanos. –La sonrisa socarrona de Hatake se perfiló en su rostro mientras veía a los dos más jóvenes, los cuales, a unos metros ignoraban su presencia. Al no recibir respuesta de Itachi, Kakashi siguió con su monologo –Pensar que en un principio Sasuke-sama rechazaba a Deidara-sama, y ahora incluso comen juntos.

El ceño de Itachi se frunció inmediatamente y Hatake recobró la atención del Uchiha- ¿Qué?

Con una sonrisa en los labios Hatake le comunicó que últimamente cuando Sasuke rechazaba comer con su hermano pedía que le llevaran los alimentos a su habitación y comía en compañía del rubio.

-Es inevitable, ¿no? Usted también se debió dar cuenta, Sasuke-sama esta embebido de atracción por Deidara-sama. Cada día parece más fuerte, incluso aunque Deidara-sama le pertenezca a usted, alteza.

Itachi era consciente de todo aquello, pero se negaba a aceptar que todo lo que ocurría había sido por su propia culpa. La sangre maldita del rubio parecía que también podía hacer efecto en su hermano, el cual no disimulaba la atracción y el afecto que crecía con los días. Él no podía culpar a su hermano. Recordó el olor dulce de la sangre de Deidara, y todo lo que la misma hacía en él, sin embargo esa atracción no era tan fuerte, o no lo había sido hasta el momento.

-Vámonos –ordenó tosco y se dio la vuelta sin decir más nada. Luego hablaría con Sasuke.

Kakashi más atrás solo rio bajo mientras echaba una última mirada a la escena.

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Se tocó la frente inconscientemente y le dolía un poco a pesar de no haber sido tan fuerte el cabezazo. Kitsune le había golpeado solo con intención de separarlo, y con una extraña expresión se alejó de él hasta perderse en el bosque.

Él mismo en ese instante estaba confundido, ya que no sabía por qué su cuerpo había reaccionado así por el rubio. Nunca en su vida había sentido algo así, como si una fuerza invisible le atrajera fuertemente al otro. Eso era lo que había pasado la noche anterior, acontecimiento sin embargo, que Sasuke no había podido olvidar fácilmente.

Sasuke sostuvo los palillos mientras los miraba si verlos realmente. Solo con la vista perdida igual que sus pensamientos. Últimamente sentía que algo estaba cambiando en él. Quizá era más egoísta ahora, quizá más codicioso.

-Sasuke-sama, si es posible no simplemente vea los alimentos. Podríamos durar días aquí sí solamente no se traga lo que le han servido.

La voz de Deidara le sacó una sonrisa socarrona, puesto que las palabras toscas del rubio no concordaban para nada con los honoríficos que usaba para referirse a él. A Sasuke no le importaba realmente, Deidara podría un día llamarlo simplemente "Sasuke" y a él eso le parecería fenomenal.

El rubio estaba en posición "seiza" a un lado de la puerta y aunque sus ojos no estaban sobre él su atención si, cosa que a Sasuke le encantaba. –Quiero té. –objetó con saña.

-No le hubiera dicho a las mucamas que se retiraran, entonces –objetó Deidara entendiendo la clara indirecta del príncipe que aún le sonreía socarrón.

-Quizá simplemente debería quedarme aquí encerrado para siempre, ya que no puedo terminar mi comida.

Deidara suspiró resignado antes de acercarse hasta la mesa baja en donde comía Sasuke. La verdad era que acompañar a Sasuke a comer era terriblemente aburrido, ya que pasaban demasiado tiempo encerrados dentro de la habitación y eso lo ponía de mal humor, así que lo mejor era cooperar para que salieran de ese maldito lugar lo más pronto posible.

Por lo general las mucamas que le servían a los príncipes y al rey eran las esclavas más bellas del palacio, que por cierto recibían una educación desde temprana edad para aprender las técnicas más sofisticadas de servicio, de modo que la familia real pudiera sentirse a gusto. Deidara por su parte, había recibido también esta educación por petición de Itachi, así que el rubio estaba familiarizado con esos rituales.

Para Sasuke mirar a Deidara servir le té era un espectáculo digno de ver. Podía ver los mechones oro caer libremente por rostro mientras elegantemente inclinaba su cabeza para servirle. Tenía unos movimientos gráciles que concordaban perfectamente con su físico delicado.

Cuando la taza estuvo llena la deslizó cuidadosamente hacía Sasuke, que le miraba intensamente.

Deidara le miró con el ceño fruncido instándole a tomar el té, lo que el pelinegro hizo de inmediato sin apartar la vista de encima.

Recientemente había notado que el rubio casi siempre desviaba el rostro mientras él comía, y una duda le pasó por la mente: ¿en qué momento comía Deidara? Es decir, el rubio pasaba todo el día con él, y nunca lo había visto ingerir comida.

-Oi, ¿Qué tal si soy envenenado?

El rubio quiso golpear al príncipe. Estaba siendo poco razonable y él no era conocido por tener mucha paciencia. –Sasuke-sama, ¿Por qué no simplemente termina su maldita comida de una vez?

Sasuke amplió su sonrisa aún más.

-Quizá deberías probar tu primero. Si mueres por mí el país estará agradecido.

Deidara lo miró directamente y Sasuke sintió regocijo: verlo sin la máscara era extraño pero agradable en extremo. Deidara era tan hermoso que creía que nunca se acostumbraría a mirar ese rostro por mucho tiempo.

-Está bien -. Suspiró acercando sus manos a la comida para servir un poco en un tazón y probar un bocado rápido para complacer al príncipe, pero Sasuke lo tomó por el brazo y lo apartó. En cambio tomo con sus palillos un poco de comida de su plato y lo ofreció a la boca del otro directamente. El rubio abrió sus ojos como platos al ver lo que trataba de hacer. Aquello era inaudito, si alguien lo viera se ganaría una reprimenda, y Deidara unos azotes. -¿Pero qué…

-Hacer a tu príncipe esperar, que grosero –susurró con una sonrisa ladina.

Deidara iba a replicar pero teniendo un poco de miedo por ser descubierto en aquella comprometedora escena se acercó rápidamente y tomó lo que Sasuke le ofrecía, hiriéndose un poco el paladar con los palillos por la velocidad con la que hizo el movimiento. Gimió por lo bajo, pero el moreno claramente escuchó su quejido y dejó escapar una risa divertida.

-Mira que eres un idiota.

-Maldito desgraciado –dijo aun adolorido haciendo que la risa de Sasuke se hiciera más fuerte.

-Eres muy valiente para insultarme. Déjame ver.

Se acercó a Deidara y este extrañamente dejó que el moreno tomara su rostro e inclinara su cabeza hacia arriba para verificar la herida. –Eres un tonto. Solo un rasguño –dijo suavemente sin soltar el rostro contrario.

Era difícil adivinar que estaba pensando Sasuke, pero se negaba a soltarlo. Deidara se incomodó un poco e intentó alejarse pero Sasuke no lo permitió. El pulgar de la mano de Sasuke que estaba cerca de la faz del rubio se paseó audazmente por sus labios haciendo estremecer a Deidara.

–Tal vez… -la voz que salió de los labios del menor de los Uchiha se escuchó algo grave y suave, una voz que nunca había escuchado hasta el momento -… aún está sangrando.

Cuando la última palabra fue dicha Deidara sintió los labios del moreno en un roce suave contra los suyos. No era un beso, era una caricia gentil. Sintió su corazón acelerado por aquella acción repentina y rápidamente puso las dos manos en el pecho de Sasuke con los ojos abiertos de par en par y con el rostro pálido.

-¿Pero qué rayos estás pensando? ¡Soy un hombre, maldito bastardo! –la sangre de Deidara se le subió a la cabeza con la acción del más chico que parecía haber pisoteado su orgullo masculino.

Sasuke apretó la mandíbula un poco fastidiado -¿Y eso qué?

Deidara quiso golpearlo, pero sabiendo que eso era imposible se levantó enfadado y con el corazón desbocado salió y Sasuke no hizo nada por detenerlo.

El moreno sonrió pensando que irónicamente el lugar donde Kitsune había golpeado la noche anterior estaba más cálido que los labios que habían acariciado a Deidara.

Fin del capítulo.

Iba a hacer el capítulo más largo, pero la pereza pudo más conmigo. Este capítulo estuvo mucho tiempo guardado en la computadora, pero cuando terminaba de escribir una parte la borraba y ninguna me convencía en lo absoluto, además que en cierta parte los personajes se rebelaron contra mi e hicieron lo que les vino en gana, pero de pronto escribí la escena SasuDei y me gustó y pues, así quedó, y no tengo idea por qué esta pareja endemoniada sale en todos mis fics. xD

PD: Faltan escenas con Sasori y prometo romance en el próximo capi 3

Gracias por todos sus comentarios, me hacen muy feliz y cuando los leí me hicieron querer retomar la historia. ¡Los amo!