Disclaimer: Teen Wolf ni sus personajes me pertenecen.
Summary: Stiles Stilinski sólo quería resolver un caso particular, pero sin darse cuenta, la aparición de un extraño siendo perseguido por dos desconocidos, desencadenarán un giro inesperado a su tranquila vida como oficial de policía. ¿Quién diría que el hijo del sheriff de Beacon Hills terminaría ayudando al hijo de una de las familias más peligrosas dentro de la mafia rumana?
.
Capítulo 2:
«Noche Libre»
.
La paciencia no era una virtud propia de Stiles Stilinski, de hecho, la mayor parte de su vida, la ansiedad era la principal protagonista dentro suyo y por más que los años se le encimaran sobre los hombros, el hijo del Sheriff de Beacon Hills seguía mordiéndose ligeramente el labio inferior cuando trataba de contener sus arranques de ansiedad.
Una de las lecciones que había aprendido durante la academia policial era a contener las emociones para no ser presa de ellas cuando la situación lo ameritase. Stiles, por más negaciones que imponga, era de fácil arranque cuando la razón se le escapaba de las manos.
"Muy comprometido" fueron algunas de las calificaciones hechas por sus superiores a la hora del juicio real; por su puesto, Stiles sabía que aquellas dos palabras no necesariamente significaban una felicitación ni debía de sentirse feliz por ello. Los que lo conocían sabían que cuando algo se le metía dentro, era muy difícil de sacarlo; si tomaba un caso, por más trabas que se encontrase por delante, Stiles seguiría allí, logrando hallar respuestas a sus preguntas.
Muy comprometido con su trabajo, tanto que a veces perdía la cabeza.
Como lo era en esos momentos.
Stiles miró a sus costados buscando algún rostro conocido, alguien que pudiese reconocerlo o delatarlo, pero a medida que observaba, sus latidos se hacían más regulares. El hijo del Sheriff tenía un caso entre ceja y ceja que no podía simplemente dejar pasar, al igual que el episodio del callejón con el extraño huyendo de dos desconocidos que pretendían atraparlo.
No te hagas el héroe. Esa frase seguía rondando en su mente cuando lo recordaba, provocándole cerrar los puños con fuerza, conteniendo las ganas de increpar a aquel hombre. La noche no impidió que Stiles apreciara el verdor en los ojos del desconocido ni la mirada molesta que le dedicó esa noche, como si de un chiquillo inmaduro se tratase.
Maldijo en su interior, conteniendo la rabia que volvía a surgir en él, aguardando el momento preciso para accionar.
Si bien, tenía el caso Martin sobre su escritorio, la idea de ignorar el suceso de un hombre siendo perseguido por desconocidos no le cuadraba por lo que, apenas su turno de patrullar dio luz verde, Stiles Stilinski tomó sus cosas y encendiendo el motor de su vehículo, se dirigió rumbo a la misma callejuela donde los vio, ignorando el hecho de que aquel no era la zona que le correspondía velar esa tarde.
Apenas se cercioró que no había nadie que pudiese reconocerlo fuera de su zona, bajó del vehículo portando el uniforme de la policía, su brillante placa y su arma en el cinturón del lado izquierdo del pantalón.
La tarde se estaba poniendo, coloreando la ciudad en tonos cálidos, como siempre le habían gustado. Levantó la vista al cielo rojizo y sonrió ligeramente. Un atisbo de memoria se coló entre sus ojos y el cielo el tiempo suficiente para apreciarlo y regresar su atención a su alrededor.
La misma calle se erigió frente a sus ojos y Stiles recreó todo lo sucedido con los tres desconocidos, memorizando los movimientos del hombre de orbes verdes que cruzó el gran muro valiéndose de cajas y contenedores de basura para huir de sus perseguidores. Recordó el cómo los hombres ponían su vida en perseguirlo. Razones había bastante en su cabeza y eso hacía que recorriese con mayor cautela.
Se acercó hasta los botes de basura y cajas vacías de madera, viéndolas apiladas ordenadamente, como si no hubiese sucedido nada la otra noche. Comenzó a indagar entre ellas, moviendo las cajas con su pie, alumbrando con su linterna entre ellas, buscando algún indicio que lo guiase al hombre de la otra noche.
Nada.
Había odiado la sensación que le generó la burla de su compañero de patrulla, instando a que todo fue producto de su golpe e inconsciencia de esa vez. Él no estaba loco, no estaba imaginando nada y debía de demostrarlo.
Cuando su mente parecía más absorta buscando respuestas, el sonido de su teléfono lo sacó abruptamente de su burbuja, como si el sonido haya perforado cual aguja. Sacó el móvil de su bolsillo reconociendo el nombre de Scott McCall en la pantalla. Sonrió y al instante, tomó la llamada.
─Dime que no te arrestaron por andar con exceso de velocidad. ─Saludó Stiles con gracia oyendo la risa de su mejor amigo tras la línea─. Seré policía y el hijo del sheriff, pero no puedo andar ablandando las leyes sólo por ti, viejo.
─Me alegra saber hasta qué punto llega tu amistad ─Contraatacó Scott, causando que ambos rieran como antes─. No lo has olvidado, ¿o sí?
─¿Olvidar? ─El suspiro tras la otra línea rememoró a Stiles la última conversación que tuvo con el ex-capitán del equipo de Lacrosse─. ¡No me digas que es hoy!
─¡Maldición, Stiles! Fuiste tú quien me insistió para ir a la dichosa fiesta de ex-alumnos del Instituto y ¿lo has olvidado?
Stiles se llevó una mano a la frente, fregándose la cara sin borrar la sonrisa avergonzada que tenía puesta. Hacía como un mes, Stiles le había insistido a Scott para ir a la fiesta de reencuentro de su promoción de egresados del Instituto Beacon Hills. Un mes que le sabían eternos a Stiles tras todo el trabajo que había estado acumulándose y absorbiéndolo de a poco.
─Stiles, si me dices que no vas…
─No, claro que iré. ¡Vamos, será divertido! ─Volvió a resaltar el policía─. Imagínate a todos nuestros compañeros en el mismo gimnasio de nuestra adolescencia.
─Mas te vale no faltar ─Dijo Scott a modo de advertencia, generando risas por parte suya.
─Ya, ya. Stiles tiene palabra, no lo olvides. Nos vemos a la noche ─Se despidió. Scott hizo lo mismo y cortaron la llamada.
Stiles miró nuevamente la pantalla de su teléfono con una sonrisa nostálgica en su rostro. Recordó el día en que su padre le había confesado que había perdido contacto con todos sus amigos del instituto; Stiles temía por ello, temía perder amistad con sus amigos de la adolescencia, pero tras la llamada de su mejor amigo, supo que no era así.
Levantó la mirada al cielo, viéndolo cada vez menos brillante. La tarde se estaba poniendo y sobre ésta, la noche daba sus primeros indicios de llegada. Volvió a mirar los cubos de basura y las cajas, un suspiro salió de él.
Demasiado comprometido, volvió a repetirse a sí mismo. Se llevó una mano por el rostro, conteniendo la impotencia de que muchas veces, uno no puede ganar. Pateó el cubo de basura en un arranque de rabia que, en tiempo pasados, cuando era aún un torpe adolescente, terminaría por lastimando los dedos de su pie. Aquel ya no era su caso, no se ganó ninguna dolencia de antaño, todo lo contrario.
Ante el impacto, los cubículos resonaron y temblaron un poco, causando que se sintiese un poco mejor. Cuando se disponía a marcharse de allí de regreso a su vehículo con intenciones de ir a la verdadera zona que le correspondía, algo llamó su atención. Un brillo del que no se había percatado momento antes relució frente a él, por debajo del basurero que había pateado.
Curioso, se encogió sobre sus rodillas para apreciar su nuevo descubrimiento. Aguzó la vista cuando reconoció que había algo aguardándolo por debajo del gran contenedor metálico; cuando metió la mano por debajo de éste, tomó lo que creyó ver y apenas la luz pegó el objeto reconoció un colgante oscuro, cuyo dije era la unión de tres espirales.
Stiles lo observó detenidamente, analizando cada parte, buscando que esa pequeña pieza pudiese significar algo ante sus miles de preguntas.
Entonces, el sonido de un paso en falso lo alertó. Alguien estaba cerca suyo y acababa de retroceder. Stiles se giró y vio a una persona encapuchada mirándola a unos pasos de él, intentando reparar en su anonimato entre las sombras proyectadas por los edificios.
Cuando sus ojos se encontraron con los del policía, la persona retrocedió otro paso y echó a correr lejos suyo. Stiles gritó a que se detuviera, pero el desconocido hizo caso omiso a su orden, por lo que el oficial terminó echando una carrera contra la del fisgón que tenía por delante.
─¡Detente! ─Volvió a repetir pero la persona no hacía más que correr y correr.
En un momento dado, el desconocido parece tropezarse con una persona que caminaba en sentido contrario, haciéndolo caer de bruces al suelo permitiendo que Stiles tomara la delantera de la situación.
Tomó a la persona del brazo cuando la capucha cayó y el rostro de una mujer se encontró con la del oficial. El ceño acentuado en la mujer y sus ojos amenazantes causaron estragos silenciosos en el hombre.
─¿Por qué corrías? ─Interrogó, pero ella, en lugar de responder, sacó de su bolsillo un pequeño aerosol anti-violación que terminó rociando sobre los ojos del oficial, consiguiendo que el hombre la soltara y ella echara a correr nuevamente─. ¡Maldición! ─Bramó adolorido mientras intentaba calmar el ardor en su vista.
El oficial trató de seguirle el paso a la desconocida, pero la imposibilidad visual y el dolor que conllevaba, pudo más con él. Se maldijo y maldijo a la sospechosa por actuar de ese modo y sólo entonces, la voz bien conocida (y poco agradable) por Stiles, lo hizo volcar la atención sobre lo que tenía delante.
─¡Suéltame, maldita sea! ─Gritaba desaforadamente la mujer al ser presa por otro oficial de Beacon Hills, precisamente uno de los que se burlaron de Stilinski cuando su gran hazaña en el callejón recorrió el departamento.
─¡Eh, Stilinski! ─Gritó el oficial con una sonrisa divertida─. Primero un vagabundo y ahora una niña. ¿Qué sigue?
La risotada desatada a continuación fue suficiente para hacer pasar el ardor de ojos y acentuar el dolor en el orgullo. Perfecto, pensó con desgana.
Stiles fregó sus ojos, mojándolos nuevamente con el agua del lavatorio del baño. Los friccionó y sintió alivio que el ardor fuese disminuyendo en ellos. Parpadeó un par de veces y observó su reflejo en el espejo que tenía delante. Sus ojos estaban rojizos, pero al menos la molestia en ellos había disminuido. Colocó las manos sobre la mesa del lavabo y dejó salir un suspiro de él, sin dejar de mirar su reflejo.
Encogido de hombros, se separó de la mesada y se dirigió hacia la puerta del baño que contaba la estación de policía de Beacon Hills. La noticia de su "gran hazaña" había corrido como pólvora encendida y los comentarios no hacían más que explotar a su alrededor.
Desde que había iniciado su carrera policial, muchas personas estaban al pendiente de él. Claro que cuando decía "al pendiente" no era precisamente a la espera de ayudarlo o ver que necesitase algo, todo lo contrario; al tratarse del hijo del Sheriff, muchos cotilleaban que su afiliación a la comisaría se debía a eso y pocos creían en su propia capacidad, diciendo que sólo estaba allí porque era "el hijo del sheriff". Nunca pensó que odiaría esas palabras.
Las personas estaban al pendiente de hazañas como las del callejón y con la chica del aerosol para hablar con mayor credibilidad sobre la incompetencia de Stiles Stilinski.
Esas palabras en su cabeza lo hicieron dudar sobre si quería o no salir del cuarto de baño; se regañó mentalmente, no podía quedarse toda la vida allí, temiendo las críticas de los demás.
No te hagas el héroe.
Volvió a recordar esas palabras. Tomó el pomo de la puerta y la abrió casi con rabia por ellas. La imagen de su padre fuera del baño, recostado contra la pared frente a él redujeron su enfado al mínimo, mas al ver el rostro ceñudo de John Stilinski, volvió a sentirse como el adolescente de dieciséis años que llegaba tarde a su casa y su padre lo aguardaba en el sillón, esperando la gran explicación de su llegada.
Frunció el ceño y pretendió pasar de su padre con la excusa de que tenía mucho que hacer.
─¿Qué hacías en una zona que no te correspondía, Stilinski? ─Inquirió su padre impidiéndole avanzar demasiado.
Stiles se encogió de hombros y se giró a mirarlo.
─Estaba comprando algo de una tienda cuando apareció la chica y echó a correr. Nada de otro mundo ─Respondió, pero su excusa no parecía ser creíble para su padre. No le sorprendería, su padre era un detector de mentiras y Stiles no quería lidiar con eso, no en esos momentos que tenían varios pares de ojos a la espera de verlo fracasar nuevamente─. Escucha, tengo mucho trabajo. No volverá a suceder.
Sin esperar respuesta por parte de su padre, Stiles se volvió sobre sus pies para retomar la marcha rumbo a la zona de declaraciones donde se encontraba la chica que lo atacó con el bendito aerosol. El vidrio le dio un panorama de la mujer que estaba siendo interrogada por una oficial que tomaba sus declaraciones.
Stiles se concentró en estudiarla antes de entrar junto a ellas, observando la tensión en la postura de la chica y la celeridad en su forma de hablar. Cuando la atrapó al caer al piso y ésta se volvió a mirarlo, Stiles creyó ver resentimiento en sus ojos pero en esos momentos, sabía que no sólo expresaba eso la mujer.
También miedo.
Entró a la oficina y la mujer levantó sus ojos a él y volvió a encontrarse con esos ojos cargados de miedo y por ende, de rabia. Ella parecía asustada por lo que pudiese sucederle, entonces a Stiles le resultaba incluso inofensiva. Ella trataba de huir de algo, algo que él aún no conocía.
─¿Qué tenemos aquí? ─Preguntó Stiles a la oficial que le tomaba las declaraciones.
─Se llama Malia Tale, menor de edad, agresión policial ─Dijo la mujer policía con un deje de gracia en la última parte que no pasó desapercibido por Stiles─. Y… Tenencia de arma de fuego.
Stiles volcó su mirada de la oficial a la de la interrogada, quien se encogió de hombros mirando a otro punto, quizá avergonzada de haber sido atrapada.
─Entonces, tuve suerte de que no decidieras dispararme ─Comentó Stiles a Malia. Ella no parecía querer responder, por lo que Stiles se encogió de hombros y se acercó a ella─. ¿Tienes idea de que portar armas sin permiso, peor aún, siendo menor de edad, es un delito grave? ─Malia siguió sin responderle, causando que Stiles perdiera la poca paciencia que poseía en esos momentos. Suspiró para volver a mirar a la oficial─. ¿Ha hecho ya una llamada?
─Se rehúsa a dármelo ─Dijo la mujer─. Lo que me resulta aún más extraño ─Volvió a hablar la oficial─, no encuentro en el sistema a ninguna Malia Tale.
Stiles miró con desconfianza a la muchacha que tenía delante, como si ésta pudiese ser capaz de cualquier cosa ante el primer paso en falso.
─¿No tienes documentos? ─Preguntó Stiles.
─Carece de cualquier tipo de documento ─Responde la oficial─. Al parecer o, fue despojada de todas sus pertenencias o pretende ocultar algo.
Stiles miró severamente a la chica que tenía delante entonces, se volvió a la oficial con intenciones de marcharse.
─Métanla en una celda hasta que se digne a hablar. No podemos actuar sin documentos y ella, sin un adulto que se haga responsable.
─¡¿Qué?! ─La voz de Malia sonó histérica, haciendo que los dos oficiales la miraran─. ¡No pueden dejarme en una celda!
─¿Y qué esperas que hagamos? ¿Dejarte libre para que vayas a quemarle los ojos a todo aquel que pase frente a ti? ─Preguntó Stiles sin ocultar su molestia. Ella sólo pareció enfurecerse más.
─¡No pueden dejarme en una celda! ─Volvió a repetir─. Ellos me encontrarán y me matarán… ¡No pueden hacerlo!
─¿Ellos? ─Preguntó Stiles frunciendo el ceño con desconfianza─. ¿Quiénes?
Malia intentaba hablar pero parecía que temía por lo que iría a decir. Stiles leía miedo en ella, un genuino miedo que causaba tantas preguntas en él. Finalmente, el oficial se encogió de hombros y caminó hasta la menor, recostándose contra el escritorio que contaba el sitio.
─Dinos algún número que podamos llamar. Si estás en peligro o algo semejante, éste es el lugar preciso donde puedes hablar de esto. ─Stiles ya no se notaba molesto y Malia parecía ceder un poco más.
─No lo entiendes… Si llamo a alguien… Ellos… ─Stiles se dio cuenta de cuán blancos estaban los nudillos de la chica delante de él, pues tenía los puños cerrados, impedidos por un par de esposas que imposibilitaban sus movimientos. Ella se notaba alterada nuevamente─. Necesito que busques a alguien.
─¿Buscar a alguien? ─Preguntó Stiles con una sonrisa divertida─. ¿Qué crees que somos, niña? ─Ella frunció aún más el ceño─. Te pedimos un simple número. Necesitamos llamar a alguien que te conozca y pueda sacarte de aquí, porque…
─Hale ─Respondió Malia, cansada de tantas vueltas. Stiles la miró interrogante, pero no pasó por alto el cómo el labio inferior de la muchacha temblaba ligeramente─. Busca a Derek Hale… Por favor… Él debe saber que vienen por nosotros.
Derek Hale, repitió Stiles, pero antes de poder decir algo más, preguntar algo más sobre éste nuevo nombre, dos oficiales entraron a la oficina listos para llevarse a Malia Tale a la celda que contaba la comisaría.
Ella trató de zafarse, de soltarse del agarre fuerte de los oficiales, diciéndoles que no entendían lo que estaban haciendo, que estaban sentenciándolos a todos, pues vendrían a por ella y los matarían a todos en el proceso. Ella buscaba la mirada de Stiles, buscaba algún indicio de esperanza en él, pero él sabía que no podría hacer nada.
Pero la mirada de miedo de Malia le estrujó el pecho, repitiendo sus palabras una y otra vez en su cabeza. Ella estaba huyendo de algo, pero él aún no dimensionaba el tamaño del peligro que la perseguía.
Cuando cruzó frente a él, Malia logró zafar un brazo de los policías y con éste, tomó la camisa de Stiles para jalarlo con ella. Él intentó liberarse de ella, pero ella tenía un agarre bastante fuerte.
─Te buscarán a ti también ─Dijo Malia cuando se acercó a él─. Buscarán lo que encontraste en el callejón.
Los policías la estironearon y quitaron de encima a Stiles, quien quedó aturdido tras aquellas palabras. Miró a Malia marcharse con los policías y sus latidos se aceleraron considerablemente, puesto que no creía que nadie supiera sobre su hallazgo en el callejón.
Buscarán lo que encontraste en el callejón.
Stiles dudó en detenerlos, en preguntarle a Malia sobre lo que sabía acerca del colgante que encontró, pero sabía que no era el momento. Debía mantener el perfil bajo en ese asunto, puesto que nadie parecía creer en su palabra ni en el suceso vivido noches atrás.
No podía hacer nada. No podía ser un héroe. Y eso estaba matándolo.
El agua templada ayudaba a liberar tensión de sus músculos, sintiendo cómo su cuerpo iba relajándose de a poco a medida que el agua lo empapaba bajo la ducha. Stiles se llevó ambas manos a su rostro y se lo fregó mientras el agua caía por éste. Aún sentía un poco de ardor en los ojos, pero en menor magnitud, para su suerte. No mentía al pensar que aquel aerosol podría dejarlo con la vista nula o por lo menos dañada, pero su suerte era otra.
Pasó ambas manos por su cabello, peinándoselo hacia atrás, cerrando los ojos, dejando que el agua alejara todo pensamiento de él, intentando relajarse, pero aún quedaba algo en su mente. Aún recordaba el miedo tatuado en los ojos de Malia y la sensación de que, pudiendo hacer algo, no lo hizo.
Si sus palabras eran ciertas, entonces… Silenció sus pensamientos porque culpabilizarse de algo que no podía remediar era gastar fuerzas en vano.
Te buscarán a ti también… Buscarán lo que encontraste en el callejón.
Cerró los ojos con fuerza, quería dejar de pensar en eso. Tenía que hacerlo.
Antes de dejar la estación de policía esa noche, Stiles entró a la oficina de su padre con un pedido claro. Su padre escuchó las palabras de su hijo con respecto a lo sucedido en la sala de interrogatorio, sobre la identidad dudosa de la joven que atraparon pero quitando el hecho de que Stiles había acudido a aquel callejón por el colgante.
─Si te digo que cuidaremos de Malia Tale, ¿te irás de una vez? ─Preguntó su padre con un deje de gracia en su voz. Stiles se encogió de hombros.
─No, me iré si me prometes que, ante cualquier movilización sospechosa durante la noche, me marcarás. Vendré enseguida.
─Hijo, eres policía, no un justiciero que debe evitar el mal a toda costa ─Respondió su padre. Stiles apartó la mirada, volviendo a recordar las palabras del hombre de ojos verdes─. Tienes una noche libre, eso significa que puedes olvidarte un poco de trabajo por una noche. No se caerá el mundo porque tú no estés.
Stiles sonrió y golpeó el hombro de su padre a modo cariñoso que fue correspondido por una carcajada por parte del mayor. Finalmente, Stiles se retiró de la estación con la preocupación latente en su pecho y seguía así, a pesar de estar bajo la ducha, luchando por tranquilizarse. Tenía un mal presentimiento y por más fuerzas que ponga en el acto de repelerlo, no se iba.
Cerró el grifo de la ducha y con una toalla se secó el cuerpo, para finalmente, atarlo a su cintura y salir del baño. Cuando entró a su cuarto, vislumbró la pantalla de su teléfono encenderse sobre su escritorio y ni siquiera necesitó ver la pantalla para reconocer que se trataría de Scott.
─¿Desde cuándo tan ansioso? ─Preguntó divertido Stiles, oyendo la risa nerviosa de su amigo.
─Tú eras el enfermo de la puntualidad. ¿Qué nos sucedió? ─Ambos rieron─. Dime que ya estás en camino; estoy sólo… Con Isaac. Dime que ya vienes. ─Lo último salió como un susurro, claramente para no hacerse oír por su acompañante.
Stiles no reparó en su risa tras la línea tras oír aquella frase. Scott McCall nunca sintió tanta ansiedad, no cuando eso no involucraba a su ex-novio de la preparatoria, Isaac Lahey. Un romance de tres años que terminó cuando la universidad y la distancia los separó.
Lo que más gracia le daba a Stilinski era el no haber previsto que la fiesta de ex-alumnos, involucraría también a Isaac, siendo éste también un ex-alumno del Instituto de Beacon Hills.
─Tranquilo, tranquilo. Trata de que no te mate cuando llegue ─Bromeó Stiles pero la risa nerviosa en Scott claramente no daba pie a bromas─. Intenta no tomar demasiado, sabes cómo te pones cuando lo haces.
─Muy gracioso. Apúrate que creo que tendré otro ataque de asma ─La línea se cortó y Stiles sonrió divertido mirando su pantalla.
Durante su estadía en la preparatoria, Stiles fue testigo del romance adolescente que afectó a Scott McCall por el huérfano y, aparentemente, frágil, Isaac Lahey. Scott siempre sintió esa necesidad por proteger a las personas. Isaac necesitaba alguien en quien confiar. Fueron los tres años más felices para ambos, pero las historias de adolescentes no siempre terminan bien.
O al menos, para Scott e Isaac.
Stiles volvió a dejar su teléfono sobre el escritorio para buscar la ropa que usaría esa noche. Una camisa blanca y unos pantalones de jeans, algo sencillo. Fue hasta su mesa de noche para colocarse su colonia, cuando volvió a encontrarse con el colgante que rescató del callejón. Lo observó detenidamente para tomarlo con su diestra, admirándolo en silencio.
Recordó al hombre del callejón, sus ojos intensos y verdes, el hecho de estar siendo perseguido.
Recordó a Malia Tale, huyendo de quienes querían matarla aún sin saber muy bien por qué. Recordó sus palabras, recordó el nombre que le había dado. Recordó el cómo ella lo miró antes de ser llevada a la celda.
Apretó con fuerza el dije y trató de hacer memoria de más cosas, de hilar los hechos, pero, aunque no tuviese fundamentos para unir el acontecimiento del callejón con Malia, sentía que estaban relacionados. Principalmente, porque Malia lo había visto recoger el dije del suelo.
Te buscarán a ti también… Buscarán lo que encontraste en el callejón.
─Deja de pensar en eso, Stiles… ─Se dijo a sí mismo, intentando apartar las cosas, por un momento, de su cabeza.
Terminó de prepararse y bajó las escaleras de su departamento para ir a por las llaves de su jeep. Ya no poseía el jeep de su adolescencia, protagonista de millones de historias durante ésta, pero no podía deshacerse de su amor por el modelo, por lo que cambió su antiguo jeep por uno muy parecido, pero, por supuesto, en mejor estado.
Sonrió cuando encendió el motor. En memorias pasadas, el motor tendría su periodo de tiempo para encenderse. Sonrió divertido, poniéndose en marcha para ir a rescatar a su mejor amigo de los romances fallidos del instituto.
Encendió la radio poniendo una de sus emisoras favoritas, clásicos de los 80' en adelante. La tan conocida canción Every breath you take sonó y Stiles subió un poco más el volumen, cantándolo por lo bajo a dúo con Sting del 83'.
Iba por una de las carreteras que conducían al Instituto Beacon Hills, lucía desértica y la iluminación no era tan buena. Siempre le había parecido algo tétrico el paisaje de las carreteras de Beacon Hills con esa poca iluminación y la cantidad de bosque que tenían alrededor, como si fuese una escena propia para alguna película de terror de los 90'.
Cuando regresó su atención a la carretera oscura, iluminada tan sólo por la luna enaltecida, ver una ligera columna de humo ascender llamó su atención. Aceleró el paso del jeep y a medida que avanzaba, el humo iba tomando más forma. Entonces, al acercarse más, vio la figura de una persona avanzando hacia la carretera casi arrastrándose.
Stiles frenó apenas reconoció que se trataba de un vehículo destrozado a causa de un choque contra uno de los frondosos árboles que contaba la carretera, siendo la fuente de aquella columna de humo. Bajó del vehículo y se dirigió de prisa al hombre que salía a rastras del vehículo, reconociendo que no estaba sólo. Había un cuerpo tendido junto a él, inconsciente.
─Hey, ¿qué sucedió? ─Preguntó Stiles apenas llegó junto al hombre. Su mirada fue directo al cuerpo de la mujer recostada sobre el suelo.
─Tienes que irte… ─Stiles reconoció esa voz. Sus ojos volvieron a encontrarse con los verdes profundos que recordaba día tras día, cuya frase nunca parecía poder sacar de su cabeza─. Llévatala… Por favor…
Era el mismo hombre del callejón, pero en esos momentos, no gozaba de la agilidad ni viveza que poseyó aquella noche. El choque le causó varios golpes en su cuerpo, pudiendo ver cómo la sien del hombre estaba sangrando. Stiles frunció el ceño y volteó a la mujer para poder ver su rostro. Seguía respirando, algo que tranquilizó a Stiles.
─Llamaré a una ambulacia y una patrulla para…
─No. ─La voz del hombre sonaba defnitiva, no daba espacio a dudas. Stiles lo miró confundido─. Si lo haces, vendrán a terminar el trabajo.
─¿Quiénes? ¿Esto fue provocado? ─Preguntó Stiles, recibiendo un asentimiento débil por parte del hombre─. Con más razón. Necesito llamar a una patrulla.
─¡Sólo llévate a mi hermana! ─Gritó molesto─. Al final de calle Forthwar hay una casa modesta. Busca a Deaton. Él sabrá qué hacer con ella ─Dijo mirando el cuerpo inconsciente de su hermana.
─¿Y qué pretendes que haga contigo? ¿Dejarte aquí? ─Stiles estaba perdiendo la paciencia. Ignoró las palabras del hombre y tomó a la chica con cuidado de no moverla demasiado para subirla a la parte trasera del Jeep, recostándola en el asiento.
Cuando se volvió para ir a por el hombre, éste se encontraba enderezándose sobre el suelo, pero lucía demasiado herido. El sujeto intentó estabilizarse cuando estuvo en pie, pero el equilibrio le falló amagando con caerse de bruces al suelo, mas Stiles logró llegar a él a tiempo para impedirlo.
Apenas sujetó al hombre contra su cuerpo, sintió cómo su camisa estaba humedeciéndose. Bajó la mirada para encontrar cómo la blancura de su camisa iba tornándose escarlata por la sangre que desprendía el hombre de su cuerpo.
Stiles maldijo por lo bajo y tomó fuerzas para llevar al hombre hasta el asiento del copiloto de su jeep y subirlo. Casi era un peso muerto, pues no parecía poseer mucha fuerza en él. Stiles comprobó que el hombre tenía una herida considerable en su costado, claramente no fue producto netamente del choque.
Se deshizo de su camisa blanca quedando con una camisilla del mismo color que también fue pintada de rojo y con su prenda, hizo un ovillo para impedir que la sangre siga escurriéndose de él.
─Aprieta aquí y mantente despierto. ─Ordenó Stiles.
─Nada de patrullas o ambulancias…
─Tú no das las órdenes aquí, grandote ─Respondió de mala gana Stiles antes de cerrar la puerta y dirigirse hacia el volante para partir de allí de una vez.
─Ve a la calle Forthwar, Deaton sabrá que hacer ─Volvió a hablar el hombre en un hilo de voz, retorciéndose por el dolor que tenía en su costado.
Herida de bala, supuso Stiles, arrancando el motor del vehículo, preguntándose si sería buena idea seguir las instrucciones del hombre o hacer lo que la ley mandaba.
Recordó las palabras de Malia, su promesa de muerte si es que la mantenían allí. Temía que fuese cierto y ver al hombre y a su hermana ante semejante accidente, parecía ser una premonición de ello.
─Muy bien, Stiles. Es tu noche libre, puedes ignorar las leyes por un día ─Se dijo a sí mismo cuando su destino dejó de ser la fiesta del Instituto para convertirse en una carrera contra el tiempo rumbo a la dirección citada por el hombre que se desangraba junto a él.
Stiles volvió a darle un último vistazo al rostro adolorido del hombre del callejón mientras la música seguía sonando en la radio.
«Oh can't you see, you belong to me. My poor heart aches with every step you take»
