Disclaimer: Teen Wolf ni sus personajes me pertenecen.

Summary: Stiles Stilinski sólo quería resolver un caso particular, pero sin darse cuenta, la aparición de un extraño siendo perseguido por dos desconocidos, desencadenarán un giro inesperado a su tranquila vida como oficial de policía. ¿Quién diría que el hijo del sheriff de Beacon Hills terminaría ayudando al hijo de una de las familias más peligrosas dentro de la mafia rumana?


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Capítulo 3:

«Mal Presentimiento»

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El aroma de Talia se asemejaba a los viñedos y al vino antiguo, aquel cuyo sabor, a medida que se volvía más y más añejado, era más delicioso. Talia tenía una esencia a otoño, cuando las hojas parecían adornar el jardín y la imagen era la lucha constante entre el verde del pasto y el castaño de las hojas muertas.

Derek Hale recordaba a su madre siempre caminando en aquel trayecto con esencia a otoño. Todas las tardes, cuando el sol pintaba con aquel tono cálido añadiendo más vida a los amplios viñedos que contaban en Bucarest, Talia caminaba bajo éstos, empapándose en la esencia de las uvas que prontamente serían convertidos en el más exquisito vino.

Cuando niño, Derek se recordaba correr escaleras abajo hasta alcanzar a su madre y caminar junto a ella. De entre los tres hijos de Talia Hale, Derek era el más apegado a ella. Su madre, al oírlo correr hacia ella, volteaba a verlo con una sonrisa serena, tan propia en ella y le extendía su mano para que él la tomara.

Aroma a vino, otoño y serenidad era lo que caracterizaba a su madre. Era como Derek la asociaba, por más que ya Bucarest dejó de ser su hogar y tierra americana terminó por recibirlos, él siempre encontraba esos tres detalles en su madre.

Ojos color vino, cabellos de otoño y sonrisa serena. Esa era Talia Hale.

─Madre… ─Salió de los labios de Derek cuando vislumbró a su madre caminando bajo los viñedos de Bucarest. Ella no pareció escucharlo, pues seguía caminando a un ritmo pausado. Derek comenzó a llamarla con mayor insistencia, hasta que finalmente, ella volteó a mirarlo─. ¿Madre?

Talia lo observaba con claro semblante preocupado, con miedo incluso. Ya no encontró su sonrisa serena. Derek comenzó a correr hacia ella, tenía que alcanzarla. Ella estaba en peligro, lo sabía.

Todo por su culpa.

Pero por más que corriese, Talia parecía más y más lejana. Derek extendió su mano como solía hacer cuando niño, cuando iba a por su madre para caminar junto a ella, pero ella sólo siguó alejándose.

─¡Madre! ─Volvió a gritar, pero no obtenía ningún resultado.

Sus pies tropezaron y el suelo lo recibió. Cuando levantó la mirada hacia donde esperaba ver a su madre, sólo encontró en el corazón del bosque de Beacon Hills, cuando la luna yacía en su máximo esplendor, observándolo en silencio.

Buscó a sus alrededores, algo que le dijese qué hacía allí, pero sólo encontró la silueta de una persona de pie, dándole la espalda, admirando casi hipnóticamente, la luna sobre ambos.

─Disculpa… ─Habló Derek intentando llamar la atención del desconocido, pero éste no parecía tener intenciones de voltearse. Derek comenzó a impacientarse sobre el curso de los acontecimientos, de cómo nadie parecía escucharlo o querer hacerlo. Se acercó a él a zancadas hasta tomar el hombro del desconocido y hacerlo voltear─. Hey…

Ver el rostro del mismo policía de la otra noche le tomó por sorpresa, principalmente porque se encontraba totalmente empapado en su propia sangre, con la mirada vacía y el rostro magullado.

Sus ojos se abrieron de par en par cuando la ilusión onírica llegó a su fin y la realidad volvió a traerlo de regreso. Dejó el viñedo de su infancia y el bosque en su subconsciente para mirar el techo blanco de una casa que no le correspondía. Comenzó a ser consciente de los dolores que azotaban su cuerpo y de los últimos acontecimientos previos a su desmayo.

Los habían atacado.

Maldijo en su interior pensando en Cora, su hermana y trató de reincorporarse del sillón en donde yacía recostado, mas un dolor lacerante concentrado en su costado derecho hizo que se detuvera abruptamente. Bajó la vista a la zona adolorida y vio su torso desnudo y vendado donde recordaba haber sido herido por una bala al tratar de huir.

─Maldita sea… ─Murmuró molesto, luchando contra el dolor al tratar de sentarse en el sillón.

─Yo no haría eso si fuera tú.

Derek levantó la vista hacia Deaton, quien se encontraba escribiendo algo en su escritorio. Derek fue consciente, entonces de que yacía en la casa del médico en quien guardaba profunda confianza, una de las pocas personas con las que podía darse aquel lujo.

─¿Dónde está mi hermana? ─Preguntó ignorando la advertencia del médico, sentándose de todos modos sobre el sillón.

─En mi habitación, durmiendo. No ha sufrido mayores daños a los propios del choque que tuvieron ─Respondió, finalizando su escritura para ponerse de pie y caminar hacia el más joven─. Ten, necesitas tomarlos en horarios si quieres que el dolor desaparezca y los tejidos se regeneren ─Habló el hombre tendiéndole una caja de medicamentos y un papel con las recomendaciones hechas

Derek lo tomó y esbozó una sonrisa pequeña en agradecimiento que Deaton supo corresponder, dirigiéndose luego a la cocina donde Hale lo oyó servir agua en un vaso, regresando junto a él.

─No tenía idea de que las cosas se hayan puesto tan difíciles en tan poco tiempo ─Dijo Deaton, tendiéndole el vaso con agua.

─Dímelo a mí. ─Derek tomó el vaso y se llevó una de las píldoras a la boca, tragándosela con el agua─. Todo se fue a la mierda en cuestión de segundos.

─¿Tienes noticias de tu madre? ─Preguntó Deaton, mirándolo seriamente.

Derek tragó el medicamento para permanecer un momento en silencio. Aún tenía el sueño latente dentro suyo y la sensación de desamparo le generaba un mal presentimiento.

─Los Hale estamos bajo cacería, Deaton ─Respondió en un hilo de voz─. No se trata sólo de una guerrilla entre pandillas. Esto se está tornando en una guerra entre familias. Mi familia se volvió el blanco de las demás dentro de la mafia por culpa mía.

─No digas eso, Derek.

─No digo más que la verdad. ─Suspiró─. No tengo noticias de mi madre. Perdí contacto con todos, salvo con Cora… Mi familia… No tengo idea de lo que vaya a pasar ahora que perdimos vínculo con las otras casas.

Deaton guardó silencio un momento, estudiando las palabras del hijo de su amiga. El choque y la herida de Derek no fue algo accidental; estaban tras los Hale. Él parecía tener un revoltijo en la cabeza y el dolor de su herida no ayudaba a serenarse. Derek bajó la vista a sus pies encontrando la camisa ensangrentada de Stiles. Deaton lo vio enderezando su cabeza con la vista puesta nuevamente en él, como si acabara de recordar algo.

─¿El chico? ─Preguntó casi con urgencia, viendo la confusión en el médico, insistió─. El policía, el que nos trajo a Cora y a mí aquí. ¿Dónde está?

─Se marchó cuando los dejó aquí. ─Respondió Deaton─. Me preguntó sobre quiénes eran y por qué los atacaron. Sabes que mantengo mi palabra de lealtad, por lo que tuve que mentirle.

─¿Te creyó? ─Una sonrisa cansina salió del médico.

─Quisiera creerlo, pero no parece de los confianzudos. Lucía muy alterado y dijo algo de que debía regresar a la estación.

─Al menos está fuera de esto ─Comentó Derek en un hilo de voz─. No quiero que gente inocente sufra por una cuestión interna.

─Hay algo más, Derek ─Dijo Deaton, llamando la atención del Hale─. Él mencionó algo sobre una chica puesta bajo custodia en la comisaría. ─Derek no parecía captar el rumbo de su preocupación, por lo que Deaton tragó profundo─. Creo que habla de Malia. Si la encuentran, no sólo la matarán a ella…

─No se atreverían a meterse con la policía de Beacon Hills.

─Estamos hablando de la mafia, Derek. ─Respondió Deaton─. Si ellos están con la Loba, sabes que ellos no son de dejar testigos, así tengan que asesinar a medio poblado de Beacon Hills.

Derek frunció el ceño y pensó en su sueño. Pensó en el oficial que apareció en sus sueños, pensó en su madre. Una sensación de desamparo volvió a azotar su interior. No quedaba mucho tiempo, no si quería salvar lo que quedaba de su familia.


Stiles apretó con un poco más de fuerza su labio inferior entre sus dientes, intentando contener la ansiedad que fluía en su interior a medida que manejaba con toda la velocidad que los parámetros de la ley se lo permitían. Sus ojos café dejaron de lado la carretera por un segundo para mirar su teléfono vibrando en el asiento del copiloto, mientras la pantalla se encendía y apagaba anunciándole la llamada entrante de su mejor amigo, Scott McCall.

─Maldición… ─Susurró para volver a subir el cambio y acelerar un poco más.

Le había enviado un mensaje de texto a Scott pidiéndole disculpas, diciéndole simplemente que algo surgió en la estación de policía y debía ir a solucionarlo. No mentía del todo, pero Scott llamaba insistentemente, quizá pensando en que había sucedido otra cosa.

No por nada McCall llevaba el título a mejor amigo. Lo conocía perfectamente, tanto así que sabía cuando Stiles no actuaba con sinceridad.

Ignoró la segunda llamada de Scott y continuó conduciendo en dirección a la estación de policía con la cabeza hecha un revoltijo de ideas y suposiciones, todas ellas vinculadas a Malia Tate y al desconocido que halló herido en la carretera junto a su hermana inconsciente. Ya no necesitaba sólo pensar que se trataba de una corazonada de que Malia decía la verdad y que podría correr la misma suerte que el hombre de ojos verdes.

Ahora estaba casi seguro de que varias personas estaban detrás de aquella cacería sin nombre y de que, posiblemente, Malia no sería la única perjudicada. Apretó con fuerza el volante bajo sus manos. Su padre seguía en la estación de policía junto a otros compañeros inocentes que, de darse el caso de un atentado, nunca podría perdonarse el no haber hecho nada por impedirlo.

Su respiración se volvió un poco más acelerada cuando vislumbró la estación policial de Beacon Hills. No se tardó demasiado en aparcar su jeep en el estacionamiento y correr escaleras arriba, caminando cual poseso hasta la celda en la que se encontraba Malia Tate.

Todos los oficiales que lo veían entrar lo miraban con confusión, claramente alarmados por el estado del rostro de Stiles Stilinski. Él no respondía a las preguntas fugaces lanzadas por sus colegas, sencillamente se limitaba a llegar hasta la principal protagonista de esa noche.

─Stilinski ─Nombró sorprendida la guardia de la celda─. Creí que tenías libre ésta noche.

─Yo también ─Dijo con la respiración desbocada─. ¿Me harías un favor? Necesito hablar con Malia.

─¿Qué? Pero no…

─¡Es una orden, Osborne! ─Dijo elevando la voz, asustando a la policía quien no dudó en tenderle la llave a su superior para ingresar hasta donde Malia.

Stiles agradeció a la mujer y con llave en mano, fue hasta la celda en la que la menor de edad yacía recostada, mirando el techo. Apenas vio a Stiles, se reincorporó para quedar sentada.

─¿Qué…?

─¿Quiénes están tras de ti y por qué? ─La pregunta y el semblante de Stiles no daba apertura a mutismos, Malia lo notó y sonrió con cierta victoria.

─¿A qué debo el honor de que me creas?

─No estoy jugando, Malia ─Respondió, molesto─. Acabo de ir junto a un tal Deaton a dejar a dos heridos por un choque. Sé que no es la primera vez que un árbol termina siendo el objetivo de un auto fuera de control, pero uno de ellos tenía una herida muy profunda de bala. Algo me dice que eso tiene mucho que ver contigo. ¿Qué está sucediendo?

Malia abrió la boca para responder, pero no logró salir palabra alguna de ella, puesto que la voz del Sheriff sonó por encima, resonando en las paredes, obligándolos a voltear hacia él.

─Sheriff, no lo entiende, necesito…

─No, lo que tú necesitas es respetar a la autoridad cuando te dice que no deberías estar aquí. No es tu obligación. ─John miró a su hijo y luego a Malia─. Ahora, dame una muy buena razón del por qué estás interrogando a la niña bajo custodia.

Stiles se relamió los labios pensando deprisa en una respuesta. No podía decirle a su padre que ignoró el protocolo de llamada a patrulla y ambulancia en caso de accidente como lo fue el de hace un rato atrás. Su padre enarcó una ceja ante su mutismo, obligándolo a aspirar aire para hablar.

─Pedí hablar con él.

La voz de Malia hizo que tanto Stiles como John voltearan a verla. Ella portaba un semblante sereno, claramente actuado para no dejarse descubrir o eso fue lo que pensó Stiles al estudiar su rostro.

─¿Es eso cierto, hijo? ─La voz de John se dirigió a Stiles quien asintió.

─Estoy decidida a hablar, pero sólo si el oficial Stilinski está dispuesto a escucharme. ─Los ojos de Malia fueron depositados sobre Stiles una vez habló─. A solas.

El sheriff miró a su hijo y luego a Malia, indeciso en salir o no de allí. Stiles no era bueno mintiendo o eso era lo que decía su padre cada vez que lo atrapaba haciendo alguna tontería de joven. John Stilinski suspiró mostrando claramente como su guardia volvió a bajar, logrando que Stiles sonriera ligeramente.

─Cinco minutos ─Condicionó el sheriff.

─Cinco minutos ─Respondió su hijo para luego ver salir a su padre de allí. Aguardó a oír el sonido de la puerta cerrándose para girarse a Malia─. Habla.

Malia se reacomodó sobre el poco cómodo asiento, respirando profundamente.

─Mi nombre real es Malia… Hale. ─Inició buscando ver en los ojos de Stiles credibilidad─. Mi padre… Peter Hale es hermano menor de una de las cabezas más importantes dentro del mundo bajo de la mafia europea, Talia Hale.

─El hombre que mencionaste… Derek.

─Es hijo de Talia. No sé por qué nos persiguen, sólo sé que la mayor parte de las grandes familias dentro de la mafia nos quieren muertos. A todos.

─Si no sabes por qué los persiguen, ¿cómo sabías que vendrían por ti también? ─Stiles se notaba cada vez más impaciente y Malia no podía estar en peor estado.

─Porque…

─Malia, dime qué sucede.

─¡Entré al despacho de mi padre, ¿de acuerdo?! ─Respondió Malia con ferocidad─. Peter y yo nunca fuimos muy unidos, pero lo conocía. Sabía cuándo actuaba extraño y las últimas semanas se notaba más… Distante y nervioso que de costumbre. Sabía que me estaba ocultando algo, por lo que entré a su despacho mientras no estaba presente. Busqué indicios de algo en sus agendas, su notebook, en todo donde pudiese leerlo hasta que hallé un registro de llamada de un número extranjero.

Stiles escuchaba atentamente cada palabra que salía de Malia, no pudiendo dejar de pensar en el accidente de coche ni en el hombre que halló herido en plena carretera. Nada de lo que vio esa noche fue accidental y lo sabía. Necesitaba hacer algo, pero sin que nadie resultara herido, principalmente su padre o cualquier otra persona inocente y ajena al disturbio.

─¿Dónde está tu padre ahora?

─Recibió una llamada hace una semana, dijo que le surgió un viaje de negocios. Nada más. ─La vio sonreír con amargura─. Tomó una maleta pequeña y se fue hace una semana. No sé nada sobre él, pero tengo una ligera sospecha de que fue la causa de que las demás familias estén buscándonos.

─Malia… ─El sonido de la puerta de la habitación se oyó, consiguiendo la atención tanto de la oficial como de la menor.

A la sala ingresó el sheriff, la oficial que custodiaba a Malia y una mujer que consiguió que el pulso de Malia se acelerara considerablemente. Stiles miró a la menor y luego a la mujer que ingresaba a la sala, consciente del estado de Malia.

─Oficial Stilinski, puede retirarse ─Habló el sheriff─. La oficial Osborne se encargará de sacar a Malia Tate y devolver todas sus pertenencias.

─¿Quién es ella? ─Preguntó Stiles mirando a la mujer que lo acompañaba. Volteó a Malia y vio su rostro cargado de terror─. ¿Malia?

─Ella es…

─Soy Corinne Tate ─Habló la mujer de tez morena y cabello castaño─. La madre de Malia.


El lacerante dolor en su costado nublaba ligeramente su visión. Se sentía agotado y con el cuerpo pesado. Oía su propia respiración agitada, dificultada, cansada. Apretó con fuerza el volante entre sus manos a medida que avanzaba por la carretera nocturna en rumbo a la estación de policía.

Deaton insistió en acompañarlo, pero ambos sabían que eso no sería de verdadera ayuda. Deaton era bueno curando, no lastimando. Por su parte, Derek necesitaba librar a Malia de sus perseguidores con armas y sabía perfectamente donde encontrar a una posible ayudante.

Tomó su teléfono cuando éste comenzó a sonar. No necesitó mirar el nombre en pantalla para contestar, sólo lo hizo.

─Tanto tiempo ─Saludó la mujer detrás de la línea.

─Necesito tu ayuda, Braeden ─Dijo Derek.

─No esperaba tu llamada si no fuese por ello ─Respondió la mujer con cierta gracia─. Oí que buscan a los Hale.

─Estoy seguro que sabes más que eso. ─La oyó sonreír─. Pero dejaremos eso para luego. Te necesito buscando a La Loba.

─Qué casualidad, Der. Estoy tras ella.

─¿Dónde estás?

─Siguiéndola. Está en la estación policial. ─Derek tragó saliva─. Está buscando a su hija.

─Lo sé. Te veo allá.

─Espera, Der. ¿Sabes algo más?

─Estoy llegando. Sigue a La Loba, sigue sus movimientos. Trataré de entrar y sacar a Malia de ahí.

Cortó la llamada y aceleró la marcha del vehículo, rogando porque nada se salga de control. Había demasiadas vidas inocentes en juego, no quería cargar con la culpa de un error más. Un error que pagarían inocentes.


─No creo que una hija se aterrorice tanto al ver a su madre ─Dijo Stiles, llamando la atención de los presentes─. ¿Por qué Malia actúa de esta manera frente a la que dice ser su madre?

─Stilinski ─La voz severa de su padre no representó motivo alguno para echarlo para atrás. Miró a la oficial─. Abra la celda de Malia.

─No ─Reiteró Stiles─. Necesito hacerle unas preguntas a la Señora Tate.

─¿Sólo porque mi hija teme el castigo que su madre le impondrá, deberé ser sometida a un interrogatorio? ─Preguntó Corinne─. Conoce las leyes, oficial. Sin una orden directa, no puede preguntarme nada.

Stiles guardó silencio tras las palabras de la mujer. Tenía razón, sin una buena excusa, ella sólo debía depositar la fianza de su hija y salir de allí. No podía decir que tenía una corazonada sobre que esa mujer estaba mintiendo, ya no era un niño de dieciséis años.

Osborne sacó a Malia de su celda y le entregó sus pertenencias mientras guiaba a madre e hija a firmar unos documentos, dejando a los Stilinski solos.

─¿Podrías explicarme qué demonios sucede contigo hoy? ─Preguntó John molesto─. ¿Y dónde demonios dejaste tu camisa? ¿Por qué estás tan sucio?

─Es una larga historia, pero debes creerme. Esa mujer está ocultando algo. Malia corre peligro.

─¿Y te basas en algo más que en suposiciones personales? ─Stiles se mordió la lengua para no sacar a relucir lo del accidente de Derek Hale, enmudeciendo frente a su padre─. Bien. Trata de que esto no se vuelva a repetir; recuerda que eres el blanco de muchas críticas, hijo. No les des de qué hablar.

John palmeó el hombro de su hijo con una pequeña sonrisa en su rostro, finalizando la charla y saliendo finalmente de allí. Stiles, por su parte, suspiró cansado. Su padre tenía razón, ya tenía suficientes ojos encima como para armar un escándalo con algo que aún no tenía pruebas suficientes que lo respaldaran.

Se despeinó el cabello y caminó fuera de la sala hasta el lobby de la comisaría. Sus ojos castaños se encontraron con los de Malia, lucía asustada. Nuevamente, algo dentro de él luchaba por salir. Ella estaba en peligro, pero no podía hacer nada.

Se alejó de allí con intenciones de salir y respirar un poco de aire. No le gustaría ver cómo Malia era llevada contra su voluntad sin que él pueda hacer algo por remediarlo.

La fresca brisa de la noche lo recibió, recordándole que había olvidado su camisa ensangrentada en la casa del doctor Deaton. Bajó la vista a su camisilla sucia con manchas de sangre, agradeciendo que su padre no haya reparado en ellas. Había sido una noche larga.

Escuchó unos pasos detrás de él, se volteó a mirar. Sus ojos no disimularon la sorpresa de ver a Derek Hale recostado contra un auto, con la respiración entrecortada y sosteniéndose el costado derecho, lugar donde Stiles recordaba haber visto a Deaton sacar una bala.

Había sido una noche larga… Y aún no terminaba.

─¿Qué haces aquí? ─Stiles habló por lo bajo, acercándose a él.

─Sube al auto ─Ordenó Derek con el ceño fruncido.

─Oh, claro. Después de ti. ¡¿Acaso crees que te haré caso?! ─Respondió molesto─. ¿Por qué estás aquí? Estás herido.

─Entra al auto si no quieres que toda la estación policial termine asesinada. ─Stiles observó sus imponentes ojos verdes. El hombre no estaba bromeando y él no debía llamar la atención, no si quería mantener el caso "callejón" lejos de su padre.

Stiles maldijo por lo bajo y entró al vehículo, mirando a sus espaldas, esperando que nadie los esté observando. Derek hizo lo mismo y apenas ambos estuvieron dentro del vehículo, trancó las puertas. Stiles lo miró molesto.

─Claro, pon el seguro. Como si tu amenaza no fuese lo suficientemente buena como para hacerme entrar desde un comienzo.

─¿Podrías callarte? Maldita sea. ─Derek volvió a mirar a sus espaldas, esperando a que Malia y Corinne salgan de una buena vez─. Necesito que me digas todo lo que has visto.

─¿Empezando contigo o con Malia?

─Dentro de la estación policial. ─Respondió Derek─. Corinne apareció sola, pero tiene aliados que están a la espera de su señal para abrir fuego contra la estación.

─No ha dicho nada relevante, sólo que es su madre y le dará un duro castigo por escaparse. ─Stiles acentuó su ceño fruncido─. Ella no es su madre, ¿verdad?

─Lamentablemente, sí. ─Derek volvió a mirar a sus espaldas─. ¿No mencionó nada más?

─Ella no. ─La mirada de Hale pasó sobre Stilinski─. Pero Malia me habló un poco de tu familia y de lo que está sucediendo... Derek Hale.

─Esa mocosa…

─Está asustada, no tenía de otra ─Respondió molesto─. Es sólo una chica de diecisiete años cuya seguridad, ahora, es incierta.

─Pues no es la única. ─Derek volteó a mirarlo y guardó silencio un momento─. Si sabes lo que te conviene, olvidarás todo lo que te ha dicho Malia. Te olvidarás que me has visto a mí o a Cora. Olvidarás a Deaton y seguirás con tu vida.

Stiles sonrió ladinamente, viendo el enojo claro en el rostro de Derek.

─¿O qué?

─O todos mueren ─Respondió Derek apuntándolo con un arma─. Empezando contigo.