Disclaimer: Teen Wolf ni sus personajes me pertenecen.

Summary: Stiles Stilinski sólo quería resolver un caso particular, pero sin darse cuenta, la aparición de un extraño siendo perseguido por dos desconocidos, desencadenarán un giro inesperado a su tranquila vida como oficial de policía. ¿Quién diría que el hijo del sheriff de Beacon Hills terminaría ayudando al hijo de una de las familias más peligrosas dentro de la mafia rumana?


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Capítulo 5:

«Memorias de sangre y sudor»

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La fría sensación que sus pies descalzos le transmitían la hicieron tiritar de momento a otro. Sentía con suma nitidez la frescura de la tierra húmeda por el rocío y a medida que avanzaba por el oscurecido sendero dentro del bosque que la consumía, Lydia Martin sólo podía rogar por hallarle fin. Sentía que llevaba siglos caminando por el mismo bosque, buscando una salida de él, pero a medida que avanzaba, parecía adentrarse aún más a su interior.

Sus labios formularon una plegaria que no vieron la luz, se quedaron estancados en sus carnosos labios en un intento de grito cuando la luz de la luna se coló por el claro del bosque que la congregaba, cuales reflectores. La noche volvía atraparla y ella sabía el por qué.

Cerró los ojos y aspiró profundamente, tranquilizando su ritmo cardiaco, su respiración, todo su ser. Porque sabía que aquel escenario era propio de un sueño. Uno que trataba de revelarle algo.

Alguien morirá.

Dio un paso y otro y otro más. Siguió caminando sin tanta presura entre la maleza que la congregaba en esa realidad ficticia propia de su mente. Y de algo más.

Abrió los ojos cuando dejó de sentir el frescor del suelo boscoso para arder con el asfalto cálido de la noche veraniega. Reconocía esa carretera; había transitado por ella en muchas ocasiones cuando necesitaba dejar Beacon Hills, siendo una de las tantas rutas que rodeaba el condado para salir de él.

Pero ella no estaba allí para recrear memorias de antaño. No.

Su respiración se volvió errática cuando reconoció un auto destrozado a causa de un choque contra un vehículo y con marcas de disparos que casi desconocían su procedencia inicial. Ella avanzó un poco más sobre la carretera, avanzó un poco más hacia el vehículo y sólo cuando notó un charco de sangre mojar sus pies, se detuvo.

Su boca, entreabierta entre lo que podía ser una mueca de asombro y un grito sin inicio. De sus labios querían salir palabras, pero no tenía para lo que estaba observando.

¿Lydia?

¿Me oyes? ¿Lydia?

Lydia Martin ya no sintió el rocío del bosque en sus plantas, ni siquiera la calurosa carretera golpear su piel… O la sangre manchando sus dedos.

Lydia Martin abrió los ojos y contempló los azules profundos que la observaban entre preocupación y expectación. Su sueño había terminado y en respuesta, tenía el rostro de Peter Hale intentando hablar con ella.

Cuando reconoció que estaba lejos de aquel desolador escenario, ella tomó la mano de Peter con toda la fuerza que pudo, recordando lo que sus sueños le enseñaron y sólo entonces, Peter supo que la joven había tenido otra premonición. Y a juzgar por su rostro, nada bueno traía con ello.

─¿Ly…?

─Corrine ─Dijo ella mirándolo con cierto temor, como si temiera ver la reacción en el hombre que la sostenía como si fuese a romperse en miles de fragmentos (aunque eso no fuese del todo mentira).

─¿Corrine? ¿Qué sucedió? ─Preguntó Peter pero sólo necesitó apreciar el rostro de Lydia para comprender hacia donde se encaminaba todo el asunto─. ¿Qué sucedió con ella?

─Ha muerto ─Sus palabras salieron líquidas de ella y la impresión pareció calar de a poco en el ex-esposo de la difunta─. Derek la ha asesinado.

─¿Qué? ─Peter, por primera vez desde que ella recuperó la consciencia, se mostró inquieto─. ¿Cómo? Es decir… ─Buscaba palabras, pero tan sólo parecía dar vueltas sin sentido sobre el mismo asunto─. ¿Qué has visto? Si esto lo saben los demás, él…

─Demasiado tarde.

Tanto Peter como Lydia voltearon a mirar a la escuálida mujer ubicada en un sillón cercano a la cama donde la pelirroja yacía sentada junto al hermano de Talia. Meredith Walker con las ojeras propias de sus infinitas noches de insomnio desmedido y mente desequilibrada, volteó a mirarlos como si éstos no estuvieran allí, no del todo.

─Los Hale están en peligro ─Habló la de cabello enrulado─. He visto lo que Lydia presenció en sueños. Corrine fue tras tu hija y Derek le arrebató la vida.

Peter se tomó unos segundos en silencio intentando digerir la noticia que las dos mujeres que él protegía en el desolado depósito que los cobijaba, le habían brindado. Se llevó ambas manos a su cabellera y se la peinó hacia atrás. Lydia sabía de aquella reacción en el hombre, intentaba guardar la calma pero las ideas corrían más deprisa.

─Entonces, sucedió… ─Dijo Peter de un momento a otro─. Si fueron a por Malia, eso quiere decir que las demás familias vienen por nosotros también. ─Y como si acabara de recordar algo de suma importancia, volteó a mirar a Lydia y tomó de sus hombros casi con violencia─. ¿Has visto a Talia? ¿Sucedió algo con ella?

─¡Peter, tranquilízate! ─Respondió con la misma precipitación la pelirroja─. Sólo he visto a Corrine y a Derek. No sé nada de tu hermana.

Peter soltó a Lydia, enderezándose de la cama para caminar unos pasos, absorto en sus propios pensamientos, siendo observando por Lydia mientras que Meredith seguía inmersa en sus propias cavilaciones.

─Talia dijo que trataría de contener las cosas lo más que podía… Pero si han ido a por mi hija, entonces…

─Es cuestión de tiempo ─Respondió Lydia─. Necesitamos apresurarnos o ellos vendrán por nosotros.

─Necesito buscar a Malia ─Dijo Peter caminando hacia su propia cama, sacando por debajo de ésta, su valija─. Mantenerse en Beacon Hills ya no es seguro.

─Ningún lugar es seguro, Peter. ─Lydia intentó levantarse de la cama, pero sus piernas le fallaron, volviéndose a caer pero sobre su colchón improvisado.

Peter, al oír su quejido, dejó lo que estaba haciendo para dirigirse hacia ella y ayudarla a enderezarse. La pelirroja portaba un camisón largo y blanco, uno que encontró entre las prendas que hallaron en el depósito donde se ocultaban en esos momentos. Cuando uno huye, en lo último que piensa es en la comodidad, por ese motivo, Lydia terminó vistiendo lo que halló.

─¿Cómo te encuentras? ─Preguntó Peter casi en un susurro, temiendo levantar más la voz. Ella esbozó una sonrisa cansada cuando sus ojos se cruzaron con los del hombre.

─No necesitas exagerar.

─Tus piernas ─Dijo levantando un poco la tela del vestido para observar las níveas piernas de Martin con notorios moretones y raspones─. ¿Aún no sanan?

─Pasará ─Dijo ella volviendo a ocultar las huellas de maltrato recibido por debajo del vestido. Peter dirigió su atención a ella─. Ahora, necesitamos mantenernos al margen, Pete. Si lo que dices es cierto y Talia no ha podido contener la furia de las familias, necesitamos ser más cuidadosos con nuestros movimientos.

Peter olvidó como se sentía volver a tener diecisiete años, ser un joven inexperto y fogoso que quería llevarse el mundo por delante. Creyó haber pasado ya por esa etapa de su vida, pero al verse en el reflejo de los ojos de la mujer que lo observaba con tanta madurez, como si los veinticinco años que llevaba Lydia superaran a los treinta y cinco que redondeaba Peter Hale.

Él dejó salir aire de sus pulmones, recapacitando en lo dicho por la mujer. La oyó sonreír con cierta dulzura que evocó la mirada del Hale hacia ella.

─¿Desde cuándo la neurótica Lydia Martin dice algo con sentido? Pensarás ─Dijo ella sin borrar su sonrisa que sólo lo instó a suspirar de vuelta.

─Necesito ponerme en contacto con Malia o Derek… Veré la forma de hacerlo lo más discreto posible.

─Ellos están bien. ─Nuevamente, la voz de Meredith volvió a ser foco de atención de la pareja que volteó a mirarla, cargados de curiosidad─. Ellos no están solos. ─Por primera vez, Meredith les dedicó una mirada un poco más alentadora─. Hay quienes los están protegiendo.


Stiles Stilinski había recibido varios golpes desde joven, aunque no fuese de los que les gustara buscarse problemas. Entre todos esos recuerdos, el punzante dolor de una bala penetrando tejidos se asemejaba mucho al instante en que vio cómo los ojos de su madre fueron quedándose sin vida, como si ésta se derramase de ellos y él no pudiese hacer nada por contenerla.

Por supuesto, el dolor físico terminaba por volverse una huella casi borrosa en la memoria que poseía el cuerpo, mientras que el dolor en el alma lo perseguía eternamente.

Cuando Stiles fue haciéndose de vuelta con la realidad, abriendo de a poco los ojos, recordó esa sensación de agobio y desolación punzante concentrada en su pecho cuando su madre había muerto. A medida que iba siendo consciente de la realidad que lo separaba de las memorias dolorosas de su niñez, fue capaz de comprender que el punzante dolor era producto de una bala que lo hirió con cierta profundidad.

Con intención de mirar hacia la zona lastimada, Stiles volteó el rostro hacia su hombro izquierdo, aunque en el proceso, ver a Derek Hale dormido en un sillón próximo a la cama donde residía su magullado cuerpo, pareció llamar más la atención en el oficial.

El hombre de prominentes y ceñudas cejas oscuras poseía un rostro calmo al encontrarse dormido y aquel detalle bastó para que Stiles lo contemplara un poco más de lo necesario, porque no supo con exactitud donde se encontraba lo llamativo en el hombre que dormía junto a él, si en su innegable atractivo o en el semblante solitario (incluso triste) que enseñaba, incluso estando dormido.

Stiles se reacomodó mejor en la cama, ignorando el punzante dolor en su hombro, concentrado más en Derek y en la duda que abarcó su mente al encontrarlo allí. Stiles recordó el colgante con las tres espirales que halló en el callejón y estimó que debía pertenecerle a Derek. No supo cuánto tiempo se tomó observándolo, pero sólo fue consciente de él, cuando la voz del hombre rompió el silencio.

─Deaton dijo que no debías moverte mucho aún.

Stiles pegó un respingo al oírlo hablar, encontrándose con los orbes verdes tan profundos como el bosque mismo, instando a sus mejillas a sonrojarse como cual niño atrapado a mitad de una travesura.

─Me siento mejor ─Mintió el oficial, apartando la mirada de Hale para concentrarse en el vendaje que llevaba sobre gran parte de su pecho y hombro izquierdo─. ¿Qué sucedió después de que perdí la consciencia?

Derek bajó un poco los ojos al suelo. Stiles tomó aquella acción como un intento de huida, solía asociarse con el arrepentimiento o el remordimiento y lo veía muy seguido en los sujetos puestos bajo interrogatorio tras algún crimen. Stiles había visto esa mirada en más de una ocasión y temió por oír la respuesta del de cabellos negros.

─Corrine… ─Derek no pudo terminar de hablar, el sonido de la puerta abriéndose impidió que continuara y la imagen de Malia y Kira Yukimura ingresando a la habitación fue suficiente como para que, tanto Stiles como Derek, se recompusieran en sus sitios─. ¿Cómo te sientes? ─Preguntó de inmediato a su prima. Ésta evocó una sonrisa pequeña, de esas que no sabes cómo interpretar.

─Mejor ─Respondió ella, repartiendo miradas entre los dos hombres─. Gracias a ustedes. Corrine ya no volverá a amenazarnos ─Fueron sus palabras y Stiles no necesitó componer más piezas dentro del rompecabezas para comprender por qué Derek y Malia lucían de ese modo.

Corrine había muerto.

Stiles miró a Derek y éste, al sentir su mirada, sólo pudo enderezarse del asiento que lo acogía con intenciones claras de marcharse de allí. Stiles intentó decir algo, cualquier cosa, pero necesitaba que Derek lo mirase y le explicara las cosas.

Mas éste, sólo le dirigió una mirada severa.

─Apenas puedas moverte mejor, vete. Ya has hecho suficiente, Stilinski.

Stiles tenía intenciones de responder a aquellas palabras, pero Derek ya se había marchado de la habitación. Malia y Kira sólo suspiraron cuando el sonido de la puerta irrumpió la poca calma que congregaba el sitio.

─¿Qué le sucede? ─Preguntó molesto.

─Sólo es Derek siendo Derek ─Respondió Kira encogida de hombros─. Por cierto, me llamo Kira Yukimura. ─La que, anteriormente, portaba la máscara de zorro le dedicó un asentimiento de cabeza a modo de saludo al oficial que respondió con una pequeña sonrisa─. Gracias por proteger a Malia.

─Yo no…

─Oh, no trates de quitarte crédito ─Dijo Malia con diversión─. Debo decir que al principio me caías pésimo, pero te luciste.

Stiles sonrió con mayor soltura, contagiándose de la gracia de las dos jóvenes que hablaban con suma energía alrededor suyo. Stiles pudo olvidarse por un momento del malestar de su hombro, de Derek y su extraña manera de querer comportarse y de los últimos acontecimientos que sacudieron su vida como si de una esfera de cristal fuese.

La puerta volvió a abrirse dando la bienvenida al moreno rostro del médico que Stiles conoció apenas unas horas atrás. Con su calma habitual, Deaton caminó hacia donde se hallaba el herido y despachó a las dos adolescentes para continuar con su trabajo.

─Debo darle las gracias, Oficial ─Dijo Deaton con una sonrisa sincera a medida que iba quitando las vendas con sumo cuidado─. Los Hale han sido como una familia para mí por muchos años. No soportaría perderlos.

─¿El agradecimiento involucra información? ─Preguntó Stiles con una sonrisa que fue correspondida por el médico.

─Lamento decir que mi voto de confidencialidad con los Hale está por encima… Pero supongo que usted ya no es del todo ignorante de lo que sucedió horas atrás.

─El bajo mundo de la mafia causa estragos en mi pueblo. No puedo permitir que gente inocente sufra a consecuencia de un conflicto interno. ─Deaton suspiró con cierta rendición─. Puedo ayudarlos, yo…

─No soy muy partidario de la mayoría de los pensamientos de Derek, pero creo que ésta vez, tiene razón con respecto a su cercanía, Oficial Stilinski ─Deaton limpió la herida con cuidado y paciencia, sintiendo las muecas de dolor que el más joven lanzaba de vez en cuando─. Su deber es con su gente. Lo que suceda con la mafia, no le concierne.

─Corrine Tate estaba dispuesta a asesinar a toda la estación policial si los oficiales se entrometían. Si eso sucedía, ¿acaso yo no…?

─Como bien dice: "si se entrometían". ─Deaton cubrió nuevamente la herida de Stiles con vendajes nuevos─. La mafia será tan cruenta como uno pueda imaginarse, pero no se caracteriza por hacerse de enemigos que no le beneficien. Uno no querrá más testigos que perjudiquen el negocio, ¿o sí? Corrine tenía prohibido dañar o involucrar civiles comunes de ser posible, pues eso desmantelaría la farsa que la mafia ha tratado de mantener por tanto tiempo.

─Pero están en peligro. ─Insistió Stiles casi con ruego─. No puedo sólo marcharme y fingir que no corre por mi interés.

Deaton miró a Stiles y una sonrisa amable se formó en su rostro. La morena mano del médico acabó sobre el hombro sano del oficial en un gesto paternal que a Stilinski le sentó casi como el de su propio padre.

─Ahora comprendo la preocupación de Derek con respecto a usted, Oficial.

─¿Preocupación?

─Su función es intentar mantener el orden dentro de la ciudad. No es ningún tipo de deidad a la cual la gente acude para implorarle cosas. Usted no puede mantener el orden de las cosas siempre y por su bien como el de los suyos, le recomiendo marcharse cuanto antes y tratar de borrar los últimos acontecimientos de su mente.

Stiles esbozó una sonrisa sarcástica.

─Por lo visto, esa frase se la enseñó Derek Hale, Doctor.

Deaton no pudo resguardarse una risa pequeña mientras se alejaba de su paciente para recoger sus elementos de curación.

─Derek Hale podrá parecer muchas cosas, Oficial, pero créame que es el que más se preocupa por todos ─La mirada oscura del hombre viajó al oficial─. Incluso por usted. ¿Acaso cree que una persona que no se preocupa por otros, pasaría la noche sentado junto a un enfermo que no le corresponde? ─Las mejillas del oficial se tiñeron ligeramente de carmín tras oírle decir esas palabras, apartando la mirada del de bata de inmediato─. Le diré a Kira que le traiga un poco de ropa. Alístese que le acercaré hasta una parada de taxi. Debemos ser lo más precavidos por el momento. No queremos más inocentes involucrados.

Oírle mencionar aquello al médico consiguió que Stiles recapacitara un poco más sobre el peligro que tenía delante. Derek tenía razón, no debía involucrarse más, no sólo por su bienestar, sino por el de las personas que lo rodeaban. Pensar en ello, volcó al recuerdo de su padre, de los demás oficiales de la policía, de Scott… Y Lydia.

Algo en su cabeza hizo click al recordar a la pelirroja desaparecida semanas atrás y por más que intentara desvincularla del asunto, sentía que ella podría llegar a estar involucrada con todo el asunto de la Mafia.

─Deaton.

El médico detuvo sus pasos bajo el umbral de la puerta apenas oyó la voz de Stiles, volviéndose a mirarlo.

─¿Conoce a Lydia Martin?

Deaton mantuvo su silencio prolongándolo a unos segundos en el que, quizá, pensaba en una respuesta a esa pregunta. Finalmente, decidió suspirar y negar con la cabeza en un claro intento por mantener la compostura ante algo así.

─Oficial, se lo ruego. No conseguirá nada involucrándose más. ─No esperó a que Stiles pudiese protestar, sencillamente se marchó dejando algo claro para Stilinski.

Sus suposiciones eran ciertas. Lydia estaba implicada con la mafia.


Derek observaba en silencio desde la oscuridad del cuarto de Deaton cómo éste acompañaba a Stiles Stilinski fuera de su morada. Parecían hablar de algo y a juzgar por el semblante molesto de Stiles, Derek pudo intuir que el oficial deseaba inmiscuirse más en el asunto. Suspiró cuando vio un taxi arribando hacia su ubicación y cierto alivio llenó el pecho de Derek Hale al ver cómo el oficial Stilinski subía al vehículo amarillo.

─Luces preocupado.

Derek se volteó a sus espaldas, encontrando a Braeden en el umbral de la puerta. El de orbes verdes sonrió ligeramente al verla, contemplando con cierta culpa el vendaje que cubría su abdomen y parte de su brazo derecho, resultado del enfrentamiento contra La Loba. Ella supo lo que Derek observaba, por lo que se adentró a la habitación con cuidado.

─Sabes que te cobraré, ¿no? ─Preguntó ella, oyéndolo sonreír.

─No esperaba menos de ti ─Respondió. Derek se volvió hacia la cama que contaba el cuarto y en donde reposaba aún Cora Hale, inconsciente─. Siento que todo se está saliendo de control.

─Lo está. ─Él se encogió de hombros─. Pero no es por culpa tuya, lo sabes. Corrine sólo trataba de provocarte.

─Lo sé. ─Braeden observó fugazmente cómo los puños de Hale se ceñían con fuerza, conteniendo la impotencia calando fuerte en él─. Necesito marcharme. ─Dirigió los ojos a Braeden─. ¿Vendrás conmigo?

─¿Cómo en los viejos tiempos? ─Preguntó ella con cierta diversión que no llegó a los ojos de Derek─. Sabes que no estás solo.

Derek posó su mano sobre el hombro sano de la morena y salió del cuarto con intenciones de bajar hacia donde Deaton se hallaba.

Alan Deaton ha sido por mucho tiempo el médico de cabecera de la familia Hale desde que Derek tenía uso de memoria. Ante cada suceso de importancia, Deaton se había encargado de estar presente, velando por el bienestar de los Hale con devoción casi santa.

Derek no mentía al pensar que encontraba una figura paterna en el moreno, pues en momentos que se sentía perdido, Deaton parecía tener siempre una solución.

Llegó hasta la cocina en donde halló al médico preparándose una taza de café, volteándose a mirarlo al oírlo llegar.

─¿Descafeinado? ─Preguntó el moreno con su habitual buen humor.

Derek rechazó la oferta con un gesto de mano, congregándose a la mesada tipo isla que poseía la cocina del hombre, apoyó sus manos sobre la fina piedra que revestía el mueble y sólo cuando los ojos oscuros de Deaton dieron con la preocupación de Hale, su sonrisa se apaciguó un poco más.

─¿Qué planeas hacer?

─Irme ─Dijo con cierta pena en su voz. Deaton no lo culpaba, con tantos acontecimientos desencadenados en cuestión de horas─. Mi madre fue capturada y aún no sé por quién. Peter se esfumó del mapa y Corrine está muerta.

─Sabes lo que sucede cuando uno se separa de la familia, Derek ─Recordó el médico─, no duramos mucho sin ella.

─Apenas den con el cuerpo de Corrine, sabes que vendrán por mí. No puedo quedarme y que todos apeligren por mi culpa. ─El de ojos verdes carraspeó molesto─. Maldita sea… No quería matarla, Deaton… Nos hubiese servido para quitar de ella algún tipo de información, pero cuando disparó contra Stilinski, yo…

─Derek, escúchame ─Pidió el moreno apoyando su mano sobre el hombro del más joven─. Corrine no nos hubiese servido de nada, créeme. ─La confusión en el rostro de Hale logró que el mayor se encogiera de hombros con levedad─. Mi hermana me acaba de comunicar el trato que tenía Corrine con Las Calaveras. Sabes que ellos la odiaban más que a nosotros, pero a pesar de eso, trabajaban juntos. Quise saber por qué, así que pedí a Marin que investigara un poco sobre eso.

─¿Algo relevante?

─Más que eso ─Respondió el médico─. Corrine hizo un trato con Las Calaveras pues ellos iban a matarla. Ellos querían a Malia, no Corrine.

─¿Por qué?

─Para atraer a Peter.

─¿Peter? ¿Por qué? ─Tal información sólo parecía carecer de sentido a medida que intentaba entrelazar los puntos.

─Por las Banshees. ─La voz de Malia resonó en la cocina, ganándose la atención, tanto de Deaton como de Derek─. Bueno, eso fue lo que Corrine mencionó en el auto, cuando me sacó de la comisaría. Dijo que a Peter le habían dejado de interesar los negocios. A todo esto, ¿quiénes son las Banshees?

Derek miró a Deaton, aguardando por alguna respuesta y éste, a juzgar por el semblante que portaba, sabía más que sólo eso. Se reacomodó mejor en su sitio, quizá pensando en que no tenía de otra más que hablar.

─Es un grupo minoritario y casi extinto dentro de la Mafia Europea, conformado por mujeres ─Respondió Deaton─. Antiguamente, eran acompañantes de los grandes líderes de las familias pues guardaban secretos, información que sólo ellas podían poseer.

─¿Por qué? ─Preguntó Malia.

─Había un mito que solía recorrer entre las poderosas familias que vinculaban a las Banshees con cierto don de visión. Adivinas, brujas, llámenlas como quieran, el punto es que los líderes de las familias creían en eso y se acostumbró mucho poseer una Banshee por familia, sirviendo como oráculo para planear los movimientos de cada grupo.

─¿Ese mito es cierto? ─Preguntó Derek con su ceño fruncido─. ¿Por qué Peter está vinculado con ellas?

─Desconozco que el mito sea o no cierto; en un principio creía que se trataban de supersticiones antiguas, pues de a poco, las Banshees iban desapareciendo. Quizá Peter buscaba algo de ellas.

─¿Por desaparecer te refieres a…? ─Deaton asintió a la pregunta de Malia.

─Si eliminabas a la Banshee de una familia enemiga, era como dejarlos ciegos; ellos ya no podían predecir los movimientos de los demás grupos. ─Deaton bajó la vista al café negro que tenía frente a él─. Hace décadas atrás, hubo una masacre de los que pocos hablan. Asesinaban mujeres que eran catalogadas como Banshees, evitando que cualquier otra familia pudiese apoderarse de ellas.

Derek bajó la vista a sus manos apoyadas sobre la mesada recordando memorias juveniles y una pesadilla que solía hacerlo despertar sudado por las noches.

─Lydia Martin ─Derek levantó la vista hacia Deaton─, es una Banshee también.

─¿Quién es ella? ─Preguntó Malia.

─La mujer que Stiles Stilinski está buscando ─Respondió Deaton sin dejar de mirar a Derek─. Si lo que suponemos sobre Peter es cierto, entonces él está huyendo con Lydia.

Derek se retiró a toda prisa de la cocina con intenciones de salir de allí, pero Malia lo detuvo sujetándolo del brazo.

─¿A dónde crees que vas? ¿Qué planeas, Derek?

─Si Corrine buscaba atraer a Peter, eso quiere decir que el blanco real no somos nosotros. ─Derek levantó la vista al oír el sonido de un arma cargándose, viendo a Braeden lista para salir detrás de él─. Debo encontrar a Peter. Si las familias lo buscan a él, tendremos una posibilidad de encontrar a mi madre.