Disclaimer: Teen Wolf ni sus personajes me pertenecen.
Summary: Stiles Stilinski sólo quería resolver un caso particular, pero sin darse cuenta, la aparición de un extraño siendo perseguido por dos desconocidos, desencadenarán un giro inesperado a su tranquila vida como oficial de policía. ¿Quién diría que el hijo del sheriff de Beacon Hills terminaría ayudando al hijo de una de las familias más peligrosas dentro de la mafia rumana?
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Capítulo 6:
«Un objetivo en común»
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El taxi había dejado a Stiles frente a la pequeña casa de departamentos que había en Beacon Hills y donde sólo las luces públicas junto con el rojizo manto de un amanecer aún en proceso. Debió suponer que serían alrededor de las cinco y media de la mañana; en el hipotético caso que hubiese ido a la fiesta de ex-alumnos del Instituto, calculaba que su llegada hubiese sido en el mismo horario.
Stilinski avanzó lo suficiente por el sendero hacia la entrada cuando vislumbró una moto oscura aparcada en el estacionamiento de que correspondía al departamento. Su ceño se frunció al reconocerla y no necesitó llegar a su piso para identificar a su mejor amigo sentado a puertas de su casa, completamente dormido.
Claro que Scott McCall no estaba solo.
Stiles enarcó una ceja al ver a Scott junto a Isaac Lahey, ambos recostados, cabeza con cabeza, profundamente dormidos en una clara escena de que Scott se había vuelto a amistar con su ex. Stilinski se aclaró la garganta con intenciones de hacerse oír pero parecía una tarea difícil.
─Maldita sea… ─Murmuró por lo bajo, así que sólo se limitó a abrir la puerta de su departamento con fuerza, siendo lo suficientemente fuerte como para despertar a la pareja adormilada en su pasillo.
─¡Stiles! ─Dijo McCall al reconocerlo y enderezarse a toda prisa. Stiles trató de no sonreír, pues esa escena se le parecía tan propia de un padre descubriendo a su hijo en medio de una redada─. ¿Por qué llegas a estas horas? Te hemos estado esperando toda la noche.
─¿Hemos? ─Preguntó sin dejar de mirar a un muy somnoliento Isaac enderezándose tras Scott─. Me alegro que no me hayas esperado solo. Ya sabes, la inseguridad de éstos días…
Ante el entendimiento de aquellas palabras, Scott e Isaac compartieron una mirada que involucró un fugaz sonrojo en sus mejillas, apartando la mirada del otro, concentrándose en Stiles que sólo tenía claro una cosa y era entrar a su casa.
─¿Qué sucedió contigo? ─Siguió hablando Scott, siguiéndolo al interior de su morada─. Te he estado llamando incontables veces.
─Te dije que surgió un suceso de último momento en la comisaría ─Respondió Stiles sin mirarlo, después de todo, Scott sabía cuándo mentía─. ¿Desayuno? Me muero de hambre.
─Yo sí ─Respondió Isaac ganándose una mirada por parte de ambos jóvenes.
─Stiles… ─Scott seguía insistiendo ante su mutismo, mientras que el oficial de policía sólo parecía concentrado más en buscar café en la alacena y un poco de azúcar─. Hey, dime la verdad.
Stiles volteó a mirarlo, encontrando genuina preocupación en los ojos de su mejor amigo. Stilinski dirigió, seguidamente, su mirada a Isaac que se mantenía sentado en el sofá de la sala, lucía cansado así que tenía la certeza de que no los escucharía. Stiles volvió a mirar a Scott y estuvo tentado a hablarle sobre todo, contarle sobre los Hale y la desaparición de Lydia Martin, la muerte de Corrine y su herida oculta bajo gasas y la camisa que Deaton le había prestado para aparentar un mejor aspecto del que portaba tras el tiroteo contra la Loba.
Pero antes de que las primeras vocales pudiesen ser pronunciadas por Stiles Stilinski, las palabras del médico seguían rondando la cabeza del oficial, cual feroces depredadores rondando su consciencia.
«Por su bien como el de los suyos, le recomiendo marcharse cuanto antes y tratar de borrar los últimos acontecimientos de su mente.»
Comentárselo a Scott sería involucrarlo en algo que ni él mismo estaba seguro de lo que era. Sólo podía apreciar la punta del iceberg, ignorando la profundidad del mismo y eso le aterraba; no por lo que pueda sucederle, sino a toda persona que le importase.
Odiaba mentirle a su mejor amigo, pero vivir lo de Corrine Tate le había dejado algo claro: Él no quería involucrar personas inocentes.
─Recibí información sobre el posible paradero de Lydia Martin, ¿recuerdas la chica de nuestro instituto? ─Dijo con toda seriedad y a juzgar por la expresión en Scott, cargado de sorpresa, supuso que le había creído. Era una verdad a medias, después de todo, Stiles sólo podía caminar sobre posibles pistas.
─Lydia… ─Procesó Scott, quizá buscando en su mente el rostro de la mujer que le hablaba Stilinski. No fueron allegados a Martin, ni a su círculo de amistades, pero Stiles la recordaba siempre rodeada del grupo de personas autodenominados "populares". Scott McCall y Stiles Stilinski nunca pertenecieron a tal grupo; apenas eran calientabancas dentro del equipo de Lacrosse, teniendo al asmático McCall y al dos pies izquierdos de Stilinski, no podían pretender demasiado─. La novia de Jackson Whittemore.
Stiles, que parecía absorto en los recuerdos de su adolescencia, levantó la mirada a su amigo como si acabara de encontrar algo nuevo en su rostro, totalmente tomado por lo que acababa de oír. No dejó que Scott dijera nada más, sólo se concentró en ir hasta el escritorio que tenía junto al sofá en donde Isaac trataba de recomponer su sueño. Movió unos papeles, sacó algunas carpetas bajo la atenta mirada de Scott y entonces, cuando éste se acercó hasta el oficial, fue consciente de todo.
─Me concentré en buscar allegados actuales de Lydia, olvidándome de otros factores que podrían esclarecer el caso ─Dijo para sí mismo, concentrándose en ordenar sus papeles en orden cronológico, incluyendo la última vez que la había visto, bajo la atenta mirada de Scott.
─¿Crees que Jackson pueda saber dónde está Lydia?
─No, pero es posible que lo busquen a él ─Dijo Stiles en un susurro que Scott no fue capaz de oír─. ¿Recuerdas algo más de ellos?
─Pues…
─Jackson y Lydia terminaron un año antes de acabar la preparatoria ─Comentó Isaac como si fuese lo menos trascendental del mundo─. Pero todos los veían juntos de igual manera, aunque ya no eran novios. Precisamente, me encontré con él en la fiesta.
Por primera vez, en lo que iba la velada junto a Isaac, Stiles había agradecido la presencia del mismo. Se recompuso, mirándolo con interés.
─¿Pudiste hablar con él? ─Preguntó con presura el oficial.
─Sí, de hecho, mencionó algo sobre que quería inaugurar su nueva casa de verano ─Siguió hablando Isaac.
─¿Dijo dónde se hallaba?
─A las afueras de Beacon Hills, cerca del Lago. ¿Por qué es tan importante esto?
Stiles volvió a mirar las hojas que tenía junto a él, sus ojos partían de un punto para redireccionarse a otro y a otro, intentando unir cabos que sólo parecían hacerse más y más lejanos. Tomó un bolígrafo de entre su lapicera y fue escribiendo sobre el dorso de la carpeta que correspondía Lydia la dirección citada por Isaac y se apresuró a juntar todas sus cosas.
─Debo irme a la estación. Necesito agilizar algunas cosas, pero quédense aquí y tomen algo ─Dijo Stiles camino a la salida. Sus pasos se detuvieron a mitad de camino recordándose de algo que parecía ser un misterio para la pareja. Retornó sus pies hacia su habitación con un objetivo claro.
Abrió el primer cajón de su mesa de noche donde todas sus pertenencias yacían en un caos innombrable, mas para el oficial Stilinski, solamente una pieza era imprescindible dentro de aquel orden incomprendido. Sonrió al vislumbrar el colgante con las tres espirales unidos, lo tomó con presura y lo guardó en su bolsillo.
Cuando salió de su habitación, lanzó unas últimas directivas a la pareja que tenía en casa para, finalmente, retirándose de allí rumbo a la estación de policía. Por más que su padre le recriminase su presencia fuera de horarios, Stiles condujo con el amanecer a sus espaldas, pensando en toda esa red de acontecimientos ligados a Lydia Martin.
Los orbes verdes de Derek Hale seguían el ritmo de los vehículos que cruzaban frente a él, siendo ésta su única entretención desde que el trayecto sobre la motocicleta de su amiga Braeden los dejó estacionados en una gasolinera cerca de los límites de Beacon Hills. En su memoria, había olvidado la última vez que abandonó el pequeño pueblo estadounidense, rememorando con mayor nitidez su llegada a éste.
Tenía quince años cuando sus pies tocaron suelo americano. Quince años cuando la vida de su familia abandonó su hogar en Bucarest y tuvo que iniciar en Beacon Hills sin que él supiese realmente el por qué.
─Sé que puede llegar a ser tedioso, Derek… ─Fueron las palabras de su madre la primera noche durmiendo en la casa que, durante los últimos quince años, se acostumbró a llamarlo hogar─, pero prometo que todo será para mejor.
Esa noche, Derek sonrió a su madre sólo para hacerla sentir menos responsable de aquel cambio brusco en su vida; porque Derek quería sólo lo mejor para su madre y si eso implicaba mentir, lo haría.
El ligero peso de una bolsa de plástico cayendo sobre su regazo, logró disipar sus memorias de juventud para traerlo de regreso a la realidad en la que Braeden lo miraba con una ceja enarcada, quizá preguntándose por qué su amigo llevaba un rostro cargado de circunstancia o nostalgia o quizá una mezcla de ambos.
─¿Todo bien?
─De maravilla ─Respondió Derek, bajando la vista a la bolsa que Braeden le había aventado─. ¿Qué es esto?
─Unos sándwiches y cigarrillos para el camino. ─Respondió, sentándose sobre la motocicleta que Derek se encargaba de vigilar─. No has comido nada y el trayecto aún resulta incierto. Mejor tener algo de reserva para lo que podría acontecer.
─No estoy acostumbrado a tu preocupación.
─Y yo no estoy acostumbrada a tu meditabunda faceta ─Comentó ella con una sonrisa ladina que fue correspondida por el hijo de Talia Hale.
─¿Has podido averiguar algo? ─Inquirió el hombre mientras abría la envoltura del sándwich de jamón y queso.
─Tengo un conocido por aquí que me debía favores. ─Inició ella llevándose a la boca un cigarrillo, brindándole fuego con su encendedor─. Tiene unos cuantos contactos que ven y oyen muchas cosas… Peter estuvo aquí ─Dijo, exhalando el humo de su interior─, pero no parecía estar con la pelirroja que describió Deaton.
─¿Estás segura? ─Preguntó nuevamente Derek─. Stilinski sospecha que él tiene a Lydia.
─Yo también lo creo ─Otorgó la morena, mirándolo por el rabillo del ojo, apreciando su rostro de circunstancia─. Me ha dicho que compró algunas cosas de primeros auxilios, ya sabes, gasas, alcohol rectificado, agua oxigenada… Según me ha dicho, lucía preocupado, mirando a todas partes, paranoico. Tomó la ruta que sale de Beacon Hills en un vehículo negro.
─¿Algo más?
─A mi contacto pareció ver que había alguien en el vehículo. ─Braeden sonrió ligeramente─. Una mujer lo acompañaba.
─Podría ser Lydia Martin, ¿eh? ─Derek le dio un bocado a su sándwich, meditando todo cuanto podía.
Braeden dio otra calada a su cigarrillo. Al parecer, ambos tenían sus propias preocupaciones metidas entre ceja y ceja. El silencio se instauró un momento más hasta que la morena lo quebró con su voz.
─¿Confías en él? ─Derek, ante la duda generada por su pregunta, la miró confuso─. Stilinski.
─No parece ser peligroso, si esa es tu pregunta. ─Responde─. No luce como amenaza.
─No. Muy blando para llegar a serlo. ─Derek asintió a las palabras de Braeden─. ¿Sabes algo más sobre él?
─Sólo sé que no lo quiero cerca.
Braeden sonrió a su afirmación, ganándose la mirada del de ojos verdes.
─¿Qué sucede?
─No te había visto preocupado por otra persona que no fuese parte de tu familia, sólo eso.
Derek soltó una risa sarcástica, brindándole otra mordida a su sándwich.
─No es preocupación ─Respondió─. No quiero a la policía metida, sólo eso.
─Como digas. ─Derek rodó los ojos─. Otro detalle… Tengo un nombre que podría interesarnos. Un posible interesado en Peter. ─Ella dio otra calada a su cigarrillo, sacándose un papel del bolsillo de su chaqueta─. Ten. Es el nombre de nuestro primer escalón para llegar a tu tío.
─¿Valak? ─Braeden asintió─. ¿El médico?
─Que no te engañe su título. Valak es uno de los principales monitores dentro del mercado negro en cuanto a trata de personas, experimentación, trasplantes ilegales… ─Derek parecía absorto en el papel que tenía entre sus dedos con el nombre de un conocido de su madre. Creía conocer a fondo las cosas, pero sólo se dio cuenta que tenía toda una escalera que llevaba a un infierno sin precedentes─. Valak estuvo involucrado en la caza de Brujas, fue uno de los más interesados. Te podrás imaginar el por qué.
Derek sólo pudo hacerse a una idea, una que revolvía su estómago al pensar en lo que Valak, el tan instruido y jovial médico que creyó conocer, podría llegar a hacer con mujeres "especiales".
─¿Crees que Valak sepa el paradero de Peter?
─No. Creo que Valak está buscando a Lydia. ─Respondió Braeden con seriedad─. Si Peter ha huido con Martin tiene un buen motivo para hacerlo. El mismo que vincula a Valak con toda ésta cacería.
Braeden apagó el cigarrillo que hace un momento circulaba entre sus dedos a sus labios, montándose a horcajadas sobre la motocicleta. Derek dirigió sus pies hasta el basurero, procesando toda la información que tenía delante.
─¿Cómo hallamos a Valak? ─Preguntó Derek─. No tenemos idea de dónde pueda estar o cómo llegar hasta él.
─Esa es la parte que no te gustará. ─Respondió Braeden encendiendo su móvil─. ¿Hace cuánto no hablas con tu padre, Der?
Los ojos verdes de Derek mostraron clara sorpresa, una sorpresa que pasó a confusión y finalmente a enojo. El ceño fruncido en Hale causó gracia en su amiga que sólo podía hacer sonar el motor de su moto.
─¿Por qué demonios tenemos que recurrir a él? ─Preguntó sin ocultar su descontento con la morena.
─Porque, te guste o no, tu padre es uno de los allegados de Valak. ─Fue su respuesta─. Así que sé un buen hijo pródigo y vayamos donde tu padre.
Derek dudó en montarse a la motocicleta más sabía que había mucho más en juego que un momento incómodo retomando relación con su padre a quien, hacía tantos años, que había dejado de lado. Quince años, pensó.
Quince años es bastante tiempo.
Las ojeras debajo de sus ojos café no parecían enlentecer los movimientos de sus manos, diestras a la hora de colocar clavillos sobre fotografías estratégicamente ubicadas y cruzar hilos rojos sobre los cabezales de éstos, señalizando el trayecto de sus suposiciones y la relación entre ellas. Stiles Stilinski no era un hueso fácil de roer cuando tenía su mente trabajando al cien por ciento, después de todo, bastante dedicado era alguna de las características que titulaban al hijo del Sherif.
Cuando su padre llegó a la estación tras sus horas de descanso, no se sorprendió de ver a su hijo revolviendo papeles en su oficina, pues sabía sobre el carácter del mismo cuando tenía un caso complicado entre manos.
Tocó la puerta de la oficina de Stiles, llamando la atención de éste, quien sonrió a su padre.
─¿Café? ─Preguntó, ingresando a la oficina de su hijo con dos tazas de café negro, uno descafeinado, claramente para Stiles─. ¿Has madrugado a pesar de la fiesta de anoche?
Stiles trató de no atragantarse cuando oyó la pregunta de su padre, recordando que, en lugar de ir a la dichosa fiesta del instituto, se divirtió en un tiroteo en el que Corrine Tate acabó muriendo.
─No me quedé mucho tiempo ─Mintió─. Me sentía cansado así que regresé a casa.
─Me parece bien. ─Respondió su padre─. ¿Sigues con el caso Martin?
─Así es. ─Stiles se giró a mirar nuevamente su panel─. Ayer me encontré con algunos conocidos de ella y pude captar algunos datos más.
─¿No que habías ido a divertirte, hijo? ─Preguntó su padre con gracia─. No cabe duda, eres peor que yo.
Stiles rio por el comentario, sentándose en su asiento frente a su padre quien lucía entretenido con las referencias que iba uniendo. Stiles era bastante comprometido con su trabajo, eso no lo negaba nadie, así que mentir porque su padre no se preocupara más por él, ignorando el hecho de la herida que llevaba en su hombro, era un precio justo.
─Bien, no te entretengo más ─Dijo John con una sonrisa─. Si necesitas algo más…
─No se preocupe, Sheriff ─Respondió su hijo y el mayor se marchó con una sonrisa que lo contagió.
Stiles volvió a mirar el panel lleno de datos, rostros, nombres, lugares y fechas, con sus teorías plasmadas con símbolos que sólo él entendía para no involucrar nombres de carácter confidencial como lo era Derek Hale y allegados.
Pensar en lo acontecido la noche anterior volvía a despertar su interés sobre el de ojos verdes, cuyo dije tenía en su poder. Se preguntó si Derek era consciente de la ausencia del objeto, después de todo, Malia estaba en la escena del callejón, quizá buscándolo o quizá sólo huyendo, pero de algo estaba seguro: ella lo había visto recoger el dije, ella sabía que él lo poseía.
¿Por qué no se lo dijo a Derek?
─Toc, toc… ─Una voz ingresando a su oficina con una falsa simpatía cambió la expresión de Stiles de buen humor a uno pésimo─. ¿Llego en mal momento?
─Theo Raeken ─Nombró Stiles con desagrado tatuado en su voz.
─¿Por qué tanto cariño, eh? ─Preguntó con ironía, consiguiendo que el hijo del Sheriff acentuara su ceño fruncido─. ¿Estás ocupado?
─Para ti, sí.
─Ouch… ─Theo hizo un gesto de falso dolor al llevarse una mano al pecho, recibiendo como respuesta un revoleo de ojos por parte de Stilinski─. ¿Por qué siento que no te agrado?
─Oh, ¿quizá sea porque no me agradas? ─Ironizó Stiles.
─¿Sigues molesto por lo de la academia policial? ─Preguntó Theo sin borrar su sonrisa triunfal─. No puedes probar los fraudes que dices que he cometido.
─Eso es porque, muy a mí pesar, eres de los que hacen bien las cosas ─Respondió Stiles tajante─. No me agradas, Raeken. Podrás estar dentro del plantel policial, pero no te considero alguien imprescindible. ─Stiles se levantó de su asiento, caminando hacia la salida con intenciones de invitarlo a salir de su oficina.
─¿Ah, no? ─Preguntó─. ¿Y qué tal si te dijera que tengo algo que te podría interesar? ─Stiles enarcó una ceja sin intenciones de ceder─. Tienes el caso de Lydia Martin, ¿no?
─Eso no es noticia.
─Pues la posible localización de Lydia podría serlo. ─Stiles frunció el ceño a medida que Theo sonreía, confiado─. Tengo mis fuentes, ya sabes, crecí en las calles, Stilinski… Sé más de lo que podrías imaginar.
─¿Y pretendes decírmelo? ─Theo no borró su sonrisa─. ¿Por qué?
─Pregunta incorrecta. "¿Por cuánto?" es lo que debes preguntar.
Stiles abrió la puerta de su oficina e hizo un gesto claro al otro oficial para que se marchara. El hijo del sheriff conocía de sobremanera el tipo de persona que Theo Raeken era: mañoso, embustero, desleal. Si buscaba hacer un trueque, Stiles estaba seguro que no deseaba hacerlo con él. Mucho menos con información confidencial.
─Pensé que eras más inteligente, Stilinski ─Dijo Theo caminando hacia la salida─. Quizá por eso La Loba terminó hiriéndote.
Stiles abrió los ojos cuales plato, consiguiendo que la sonrisa en el otro oficial se ensanchara lo suficiente para saber que había mordido el anzuelo.
─Tu padre podrá ignorar detalles que a su edad se le escapa, pero puedo oler la sangre por debajo del aromatizante con que llenaste tu oficina o los pañuelos de sangre que pretendías ocultar en el basurero. ─Stiles cerró la puerta de su oficina con claro enfado─. ¿Puedo preguntar cómo se encuentra Corrine?
Un sudor frío recorrió la sien de Stilinski ante la mención de la mujer, recobrando escenas de la noche anterior en la cual oyó los últimos disparos que acabaron con la vida de la madre de Malia Hale. No se molestó en ocultar la frustración que embargaba su ser, sólo pudo dirigirse hasta su asiento y sentarse para recobrar el aliento de a poco.
─¿Cómo lo…?
─Tengo mis contactos, Stilinski ─Respondió Theo con su tranquilidad característica─. Sé cómo terminó el enfrentamiento, incluso sé que la escena fue borrada como si nada hubiese sucedido.
─¿Qué?
─Eliminaron el cuerpo y se deshicieron de los vehículos baleados. ¿Cómo? Pues, la mafia hace bien su trabajo de mantenerse por lo bajo. ─Theo no ocultaba la gracia que le confería la mandíbula tensa en Stiles─. ¿Por qué crees que nadie sabe nada sobre los Tate? ¿Y los Hale? La mafia tiene capas y capas de protección, es como una cebolla cuyo centro está resguardado perfectamente.
─¿Qué sabes sobre Lydia Martin? ─Preguntó Stiles, intentando quitarse el sabor amargo que Theo dejó en él.
─Sé que un tal Peter Hale la tiene cautiva y andan prófugos. La atención de muchas familias está sobre ella, pero las intenciones de Peter aún no son claras. ─Theo sacó un papel del interior del bolsillo de sus pantalones, lo desdobló y se lo pasó a Stiles─. Sé quién tiene respuestas.
─¿Quién es Valak? ─Preguntó Stiles, releyendo el nombre en el papel.
─Si buscas a Lydia, buscas a Valak. ─Theo sonrió─. Y casualmente, no eres el único interesado en él. Tengo un asunto pendiente con ese hombre y necesito llegar a él tanto como tú. ¿Qué dices?
Stiles tragó un momento, cuestionándose sobre sus propias decisiones. Suspiró.
─¿Qué quieres a cambio?
─Un sencillo favor ─Respondió─. Mataremos a dos pájaros de un tiro.
