Dos años desde el segundo capítulo. No sé si alguien lo lea, pero necesitaba terminarlo.

Errores, sugerencias, felicitaciones y demás comentarios siempre serán bienvenidos.

Saludos!

Thorin/Bilbo of course :)

-:- -:- -:- -:- -:-

Capítulo 3. Far over the misty mountain cold

Bilbo observaba absorto una vela colocada en una sencilla mesa en su habitación. Se encontraba solo, nervioso y con la taza de té humeante en sus manos, mientras las volutas de humo de la vela producían en él un efecto tranquilizador. ¿Qué había hecho?

En ese momento, dejar su querido hogar en la Comarca parecía una muy, muy, muy mala idea. No dudaba de los enanos, es más, sabía que recibiría una bienvenida más que calurosa. Sus compañeros de armas, sus amigos, con los que había compartido momentos de alegría, angustia y tristeza, estarían feliz de verlo de nuevo. Pero muy dentro de sí, dudaba del Rey de Erebor. Porque ahora era un Rey poderoso, con una montaña que gobernar, y un ejército de enanos dispuesto a seguirlo hasta el final. No era ese enano malhumorado que había llegado a su casa muchos meses atrás, sin hogar y con un solo propósito: recuperar la Piedra del Arca y acabar con el dragón. Las cosas eran muy diferentes ahora, y si bien los sentimientos y las cosas que habían compartido eran reales, los sentimientos, las caricias, los besos… el panorama era diferente. Thorin era un rey.

Y los reyes no se enamoran de simples hobbits del campo.

La llegada al valle de Imlandris había sido sin mayores contratiempos. Sin tener el tiempo medido, y una manada de orcos y huargos tras de sí, Bilbo se pudo tomar el tiempo de admirar el paisaje.

Rivendell como siempre, era un paraíso escondido. Sus cascadas y sus bosques eran capaces de traer paz a cualquier corazón acongojado, y la compañía de Elrond (al igual que sus enigmáticos consejos) siempre era bienvenida.

Sin los enanos y sus continuos parloteos en contra de los elfos, Bilbo pudo maravillarse por la belleza étera del Valle. A la luz del atardecer, los colores pardos iluminaban cada rincón de la ciudad, como si un pintor hubiese plasmado los colores de manera cuidadosa. Todo en Rivendell invitaba al descanso de la mente, del corazón, a sanar viejas heridas y seguir adelante. Y para Bilbo, fue armarse de valor para continuar con su viaje.

Una parte del corazón del hobbit se quedó en ese Valle, sabiendo que tendría que regresar algún día para aprender más de la cultura de los elfos. Y sobre todo, porque quería mantener esa amistad con el medio-elfo Elrond.

Partes del viaje las realizó solo, y otras más acompañado. No dudó en visitar a Beorn, aun sabiendo que sería imposible que lo llamara por su nombre, quedado como conejito y que lo obligaría a comer y beber hasta considerarlo saludable y listo para partir. Claro que también le dio un pony con la condición de liberarlo antes de entrar al bosque, tal como la última ocasión.

La gran diferencia fue sin duda el Bosque Negro. Con algunos elfos esperando por él en la entrada (gracias a la oportuna intervención de Gandalf), el viaje fue ameno, lleno de anécdotas y sin ningún riesgo de ser devorado por una araña maniática, además pudo notar que parte del camino había sido restaurado, disminuyendo la probabilidad de perderse en el Bosque y no salir jamás.

La entrada al Reino del Bosque no fue a escondidas y así Bilbo pudo observar con total libertad la majestuosidad del reino. Ya no había ese temor de hacer ruido y ser descubierto y encarcelado (sin mencionar las implicaciones de traer consigo un anillo mágico), ahora era un huésped y si bien Thranduil no era la efusividad personificada (aún no olvidaba las andanzas del hobbit por su reino), recibió a Bilbo con toda la cortesía propia de su rango.

Durante su estancia, Bilbo pudo enterarse que, después de múltiples discusiones y malas caras (por parte de ambos monarcas), por fin había un acuerdo entre ambos reinos (y Bilbo sospechaba que Legolas tenía que ver en eso, neutralizando a ambos reyes cabeza dura), lo cual traía beneficio sobre todo al reino enano, que trabajaba muy duro para recuperar su esplendor de antaño.

Y pudo comparar las diferencias entre los elfos de Rivendell y los elfos del bosque negro. Sin duda la belleza que poseían era la misma, aunque a su juicio, los elfos silvanos tenían un toque más salvaje y estaban mucho más apegados a la naturaleza. Pero la amabilidad con la que lo trataron lo reconfortó. Si bien por momentos los nervios lo traicionaban, sólo imaginar la cara de sus amigos al contarle su maravillosa estancia en el reino de Thranduil lo ponía de humor excelente.

Aunque para los enanos, siempre serían come hojas, hasta el fin de sus tiempos.

Cuando menos lo imaginó, estaba dejando el bosque para, por fin después de unos días de camino, vislumbrar Dale. Y de esta manera, a primeras horas de la mañana cuando el cielo aún era naranja, Bilbo pisó la entrada de la ciudad del Valle.

Debido a que era aún temprano, había poco movimiento en la ciudad, en su mayoría de comerciantes que alistaban su mercancía para un nuevo día de trabajo, que al verlo lo reconocieron como el hobbit de la compañía. Bilbo preguntó por la casa de Bard y decidió que pasaría a saludar.

Cuando llegó, una preciosa niña gritó "Señor Bilbo!" y bajó corriendo las escaleras para darle un afectuoso abrazo. Así, Tilda y Bilbo se unieron en un mar de risas. Quien sigue el saludo fue Sigrid, mucho más recatada que su hermana, haciendo gala de su educación y dándole al hobbit la bienvenida a su hogar.

Bilbo convivió mucho con los niños de Bard al finalizar la guerra. Con frecuencia visitaba el Valle viendo en que podía ayudar, ya fuera con los enfermos o en los maltrechos campos de cultivo. En esos momentos, cualquier ayuda o idea era bien recibida. A veces Sigrid le llevaba de comer o Tilda simplemente le hacía compañía, siguiéndole y platicando con él. Así supo de su madre, de las carencias que tuvieron, de cómo Tauriel les había salvado la vida durante el ataque del dragón y eso hizo que con el tiempo, Bilbo se encariñara con ellos, en especial con la pequeña.

Con Bain la convivencia no fue tanta, dado que el joven todo el tiempo la pasaba con su padre, apoyando a la gente y en la reconstrucción.

De ser hijos de un humilde pescador habían pasado a ser hijos del señor del Valle, con todas las responsabilidades que eso conllevaba. Pero su esencia, esa cálida unión familiar permanecía, y Bilbo agradecía que sus nuevos roles no hubieran interferido en eso.

Así Bard lo invitó a quedarse con ellos, aun sabiendo que el destino final de Bilbo se encontraba a muy poca distancia.

Pero el hobbit aceptó encantado, pues desde que había entrado a la ciudad los nervios estaban acabando con él. Tenía ganas de regresar a su hogar, el valor que había tomado en Rivendell había desaparecido, y ese molesto parlotear de las mariposas en su estómago no se lo estaba poniendo fácil.

Al finalizar su desayuno, decidió dar una caminata, notando que la ciudad ya había despertado del todo y el flujo de gente era mayor.

Pero no era esa ciudad en ruinas que había dejado tras marcharse de Erebor. Aquella ciudad ya no existía. Aún quedaban evidencias de la destrucción y la guerra, pero la gente era completamente diferente. No esas expresiones de infelicidad y hastío que tenían en la ciudad del Lago, o de temor y desesperanza durante la guerra. Eran miradas de sobrevivientes, de haber pasado por sufrimiento y carencias, y ahora, disfrutar esa recompensa. Tener un buen hogar, trabajar por sacar adelante a su ciudad y tener como líder a un alma noble y llena de fortaleza como Bard.

Dale florecía y eso lleno de júbilo el corazón de Bilbo.

En su caminata pudo observas las fachadas de las casas, cuyas ventanas tenían motas de color gracias a las flores que se encontraban en las macetas graciosamente colgadas, una pequeña posada, una pequeña pero coqueta fuente. Sus pasos lo llevaron al mirador de la ciudad, desde el cual se podía observar las grandes puertas que custodiaban la entrada a la montaña, ahora bellamente restauradas y abiertas para la entrada y salida de mercancía. El ir y venir de los comerciantes, con sus carretas, y algunos campos de cultivo. Bilbo decidió acomodarse en un rincón del mirador, metió su mano a la chaqueta y sacó la carta, ya arrugada, que Thorin le había enviado tiempo atrás.

Los nervios de pronto lo invadieron y su imaginación voló, haciendo que por su mente pasaran mil escenarios posibles en el encuentro.

En uno, Thorin lo recibía con total educación, como sólo un gran rey o señor puede hacerlo, ofreciéndole un buen hospedaje y prometiendo una visita agradable. Después de un tiempo, amablemente le recordaba que su hogar se encontraba en la comarca.

En otro, el enano corría hacia él, lo abrazaba y lo hacía girar por los aires en medio de todos los enanos de Erebor, después lo bajaba y lo presentaba como el futuro consorte.

Obviamente, Bilbo creyó más factible el primer escenario.

Aun así en su mente se permitía ser algo cursi. Un hecho que no podía negar era que estaba completamente enamorado del Rey bajo la montaña. Que si le pedía unirse a otra aventura lo haría sin dudarlo, lo seguiría hasta el mismo corazón de Mordor con tal de estar a su lado. Tal vez se conformaba con poco, sabiendo que la situación en la cual se encontraba Thorin era muy diferente a la del viaje. Tal vez sus expectativas nunca se cumplirían, pero quería estar con él. En la montaña, con sus escandalosos amigos, verlo. Y sentirse feliz.

Ya no quería estar solo.

Sus nervios se calmaron un poco, guardó su carta y con una última mirada a la montaña, decidió seguir su camino hacia el centro de la localidad hasta que vio algo que lo hizo salir corriendo, esconderse y sacar el anillo.

El comercio florecía poco a poco en Dale, pero no solo había humanos, también enanos. Bilbo recordó las palabras de Balin, el cual le había comentado en una ocasión, que en los tiempos de prosperidad, Dale y Erebor tenían un amplio intercambio comercial, y que no era raro ver enanos vendiendo en el valle o humanos vendiendo cerca de la entrada de la montaña. Al parecer dicho intercambio comercial estaba presente ese día.

Muchos de los enanos reconocían a Bilbo como el Hobbit que ayudó a su señor a recuperar la montaña de las garras del dragón. Y siendo honestos, por aquellos lares, era muy raro (por no decir imposible) ver a un hobbit. Así que la conclusión fue simple: si veían a un hobbit, solo podía ser Bilbo.

Y esto fue lo que hizo que el portador del anillo se escondiera. En una placita de la ciudad estaba instalado un pequeño mercado. Y muchos de los comerciantes eran enanos, algunos comerciantes y otros simplemente de paseo. Con sus vistosos ropajes y cabellos trenzados, sin mencionar sus pobladas barbas.

El ruido se hacía presente en el lugar, que estaba lleno de coloridas frutas, hermosas telas, pequeños artículos para al hogar, animales de granja. En ese mar de gente, enanos y humanos charlaban, regateaban o se saludaban si eran conocidos. También se compartia información (chismes). Y el rumor que había esa tarde, era la presencia de un mediado.

Este rumor llegó a oídos de una persona con un par de ojos risueños, misma que se encontraba acomodando algunas verduras en un morral. Al escuchar que un mediano se encontraba en la ciudad (incluso juraban que se hospedaba en casa de Bard), decidió confirmar sus sospechas. Al alejarse un poco del centro de la placita, donde la cantidad de gente era menor, pudo observar como una figura menuda pasaba frente a él a una velocidad considerable.

Esos rizos eran inconfundibles.

"¿Bilbo?"

-.-

Después de escurrirse entre el mar de gente, evitando tocarlos (aunque hubo quienes se quejaron de pisotones), Bilbo se encendió detrás de una pequeña barda, quitándose el anillo y guardándolo en el acto. Aun no le gustaba esa imperiosa necesidad que tenia de mantenerlo oculto y a salvo, pero era un anillo mágico!, que dicho sea de paso, le había salvado la vida en más de una ocasión. Así que solo esperaba acostumbrarse a ese sentimiento.

¡Bendita su suerte! Apenas era medio día cuando ya habría tenido que correr para evitar ser visto por enanos. A pesar de que tenía muchas ganas de ver a sus amigos, lo cierto es que cada vez estaba más convencido de haber tomado una mala decisión. Decidió caminar hacia el rumbo contrario a la placita, solo para hacer tiempo y dejar que sus pensamientos pesimistas desaparecieran. Pero después de un rato, ya cansado y un poco acalorado, Bilbo regresó a casa de Bard para un merecido descanso (y de paso esconderse de miradas indiscretas).

Lo que no sabía es que alguien ya se le había adelantado, pues en cuanto Bofur tuvo la sospecha de que esa castaña y rizada cabellera pertenecía a Bilbo, tomó su morral y se dirigió a cada de Bard.

Una muy entusiasta Tilda lo puso al corriente de Bilbo, su hora de llegada y su caminata por la plaza. Adoraba a ese enano que siempre le daba pequeños juguetes.

Escribió rápido una nota para el hobbit y abandonó la casa, prometiendo volver la mañana siguiente.

Así que cuando Bilbo regresó, una nota esperaba por él.

¡Bilbo!

Te vi en la plaza pero pareces liebre de lo rápido que te mueves, los hobbits son increíblemente rápidos, no pude alcanzarte.

Me dio gusto ver tu cabellera entre el mar de gente, y no entiendo porque no llegaste directamente a la montaña, todos estarán felices de verte.

Pasaré por ti el día de mañana.

A tu servicio

Bofur

Pudo notar que la letra por momentos se hacía pequeña, notando la premura de Bofur al escribir dicha nota. ¡Qué alegría y nervios sentía en ese momento! Y bastante tonto al salir corriendo. Pero ahora su presencia ya era conocida en la montaña, ya no tenía tiempo de armarse de valor.

Al caer la noche una tormenta azotó el valle, y después de un baño caliente, Bilbo se encontraba en la soledad de su habitación y con taza humeante de té, observando la danza de la flama. No tenía idea de lo que pasaría la mañana siguiente, ¿Quién aparecería en la puerta de la casa de Bard? ¿Acaso Thorin? ¿Toda la compañía? ¿Un mensajero? ¿Bofur? ¿Un carruaje para llevarlo como damisela a Erebor?

Además pensaba mucho en Thorin.

¿Y si ya no me ama, si las cosas ya no pueden ser posibles? Después de todo, sigo siendo un simple hobbit y tú un Rey, un señor poderoso.

Esa noche no pudo dormir.

Bilbo abrió sus ojos justo cuando el gallo hacía gala de su capacidad pulmonar. La noche había sido fatal para el hobbit, el dolor de estómago se hizo presente y pensó que sería incapaz de tomar siquiera un vaso de agua. Estuvo un rato acostado viendo las vigas del techo pensando en la nada, después con calma se aseó, acomodó la ropa de cama y se arregló para bajar.

Menuda sorpresa se llevó al ver a Bofur sonriendo en el comedor, junto con un Bard sonriendo a modo de disculpa (no había pasado inadvertido para él la cara del mediano el día anterior). A pesar de sus nervios y de que la incertidumbre lo estaba matando, no pudo sino sonreír a Bofur, al cual consideraba un verdadero amigo.

El desayuno fue ligero, dada la incapacidad del mediano para probar bocado. Ya no tenía tiempo de armarse de valor, de suponer mil escenarios posibles. Con Bofur a su lado, solo era cuestión de horas para que estuviera en la montaña. Buen o mal recibimiento, lo cierto era que ya no tenía escapatoria.

Aunque aún no habían terminado las sorpresas. Cuando Bard se despidió del hobbit y se retiró para comenzar sus actividades del día (ya se había demorado), y con la promesa de Bilbo de regresar pronto, fue a su sencilla habitación por las cosas con las que había viajado, dejando a su amigo en compañía de las hijas de Bard.

Ya no había vuelta atrás.

"¿Listo? Han llegado por nosotros." Le dijo el enano con una gran sonrisa, como si entre líneas le dijera "de esta no te escapas". Después de despedirse de las niñas y agradecer por las atenciones hacia su persona, los amigos salieron de la casa, solo para darse cuenta que fuera de la misma se encontraba un peculiar grupo de enanos, compuesto por Ori y su tímida sonrisa, Dori con su porte sereno, y Bombur, el cual se acercó a Bilbo y le dio tremendo abrazo que dejó sin aire al pobre hobbit.

"¡Que gusto verte muchacho!"

"Ya bájalo Bombur, nuestro pobre saqueador se está poniendo morado. " Dijo Dori sonriendo amablemente, esperado su turno para saludar a su viejo amigo.

"Que gusto verte Bilbo, pensamos que ya no regresarías a la montaña" Mencionó Ori siendo el último en saludar al hobbit.

"Lo siento chicos, tuve algunas cosas que resolver antes de volver" lo cual no era del todo falso, ya que tuvo que dejar su hogar en buenas manos para evitar que (otra vez) lo dieran por muerto. Además de tomar mucho, pero que mucho valor para volver a ver al Rey de Erebor.

Pasados los saludos, el grupo tomó camino rumbo a la montaña, y durante el trayecto, pudo ver mercaderes que se dirigían o salían de Erebor.

El sol brillaba casi llegando al cenit, iluminando las laderas de la montaña y los verdes campos. El alma de Bilbo tomó nuevos bríos, al notar lo recuperado del terreno, olvidando por momentos lo terrible que había sido su visión en ese mismo lugar al término de la guerra. Un campo lleno de muerte, sin ninguna planta creciendo y con los cuerpos de los orcos y algunos guerreros elfos, enanos y humanos.

Si bien quedaban zonas donde sólo había maleza, eran pocas realmente. Los humanos y los enanos habían trabajado bien el campo, y poco a poco, el fruto de su esfuerzo comenzaba a notarse.

Por momentos, olvidó sus nervios, mientras los enanos le iban platicando del resto de la compañía.

Ninguno de ellos había estado ocioso.

Así se enteró que Dwalin fue nombrado capitán de la guardia real y era la mano derecha de Thorin, siempre leal a su Rey y dispuesto a cortarle la cabeza a quien se atreviera a lastimarlo (Y Bilbo no lo dudaba ni por un momento); Balin se volvió consejero del Rey y siempre estaba a su lado, sobre todo al inicio, cuando los problemas parecían no terminar y por momentos Thorin se veía desbordado; Fili fue nombrado príncipe heredero y se preparaba día a día, trabajando por momentos con Thorin, o educándose el política junto con Kili, quien si bien no era heredero, era un príncipe y tenía una obligación con su reino ("Vieras como sufre en sus clases, dice que prefiere salir a cazar orcos" mencionó Ori); Oin trabajaba junto con los sanadores; Gloin era parte de las fuerzas armadas; Bifur obtuvo el puesto de capataz en una de las principales minas de Erebor y Nori se volvió mercader. ("o eso dice" mencionó Dori de mala gana).

Y por último le hablaron de Thorin escudo de roble, Rey bajo la Montaña. Seguía teniendo su carácter un poco amargado, pero era leal con los suyos y sólo le importaba su gente. Por eso en ocasiones, el trabajo lo agobiaba, quería hacer todo rápido y al principio de su reinado, le costaba trabajo delegar responsabilidades. Pero con la ayuda se Balin, las cosas poco a poco, habían tomado su cauce.

Entre pláticas y risas el grupo llegó a las grandes puertas de Erebor. El marco era un trabajo exquisito, trabajado a detalle en la piedra. Ahora con la calma que Bilbo sentía, pudo apreciar mejor el trabajo. Había olvidado lo grande que era la entrada, y lo pequeño que él se sentía en ese lugar.

Por estar admirando el trabajo de los enanos, no vio venir una melena oscura que salió de la montaña directo a abrazarlo y llenó sus oídos de una escandalosa risa.

"Maese Boggins! Que alegría verlo"

Y semejante Boggins solo pudo salir de los labios de Kili.

"Ya bájame Kili que no soy un muñeco" gruñó Bilbo entre dientes, al notar las miradas curiosas de unas enanas. Cuando lo bajó, solo le quedó sonreírle al joven, en verdad lo había extrañado muncho.

"Kili muchacho, otra vez te escapaste cierto?" Inquirió Bofur sonriente, conocedor de la manía del príncipe menor a escapar de sus lecciones a la menor oportunidad.

"Ey! Lo hice por una buena causa, Ori me dijo que tú le habías dicho que Bilbo estaba en casa de Bard y que irían por él. Bajé lo más rápido que pude en la mañana pero ya se había ido" le contestó a Bofur mientras tomaba el equipaje de Bilbo (a pesar de las protestas de este) y se acercaba a un guardia para entregárselo.

"Lleva el equipaje del señor Bolsón a las habitaciones para invitados en la zona residencial"

"Como ordene Alteza" contestó el guardia sorprendido de que el invitado fuera alojado cerca de la familia real.

Una vez entregado el equipaje, caminaron al interior del Reino y el hobbit no pudo más que maravillarse. La montaña de la guerra, de la restauración (o el tiempo que él estuvo ahí) ya no existía. Esos pasillos, escaleras y terrazas, antes vacíos y solo rodeados por polvo y el eco de las voces, ahora estaban llenos de vida. Enanos caminando, platicando y subiendo por las miles de escaleras iluminadas por antorchas, haciendo brillar la piedra lustrosa y algunas decoraciones de oro.

Era precioso.

El grupo caminaba a paso lento, mientras observaban divertidos como el rostro de Bilbo se sorprendía y sus ojos parecían abrirse más y más mientras se internaban en el reino. Al notar esto, Bilbo se sonrojó de manera furiosa, haciendo reír a todos en el acto. Solo atinó a murmurar:

"No solo Rivendell me dejó sin aliento"

Y pronto tuvo a un grupo de enanos furiosos (y ruidosos) detrás de él diciendo que como era posible esa monstruosa comparación. Que poner al mismo nivel a los enanos y los come hojas, era una blasfemia. Bilbo comenzó a reír mientras Ori cerraba la comitiva con andar pausado y una sonrisa leve. En definitiva extrañaba eso, y así el grupo llegó al restaurante de Bombur, donde un hambriento enano esperaba por ellos.

"Hasta que al fin llegan!" Habló Dwalin con potente voz, haciendo que tanto Ori como Bilbo dieran un respingo sorprendidos. "Aye Bilbo! Pensamos que nunca regresarías!" le dijo al momento de levantarse y saludar.

"Que va Dwalin, solo unos pendientes que resolver"

"Ja! Unos pendientes de casi un año" le contestó socarronamente Dwalin haciendo reír a los enanos en el acto y dejando a Bilbo sin palabras. Era evidente que las palabras del enano tenían un trasfondo que el mediano supo interpretar muy bien.

De esta manera Bilbo pasó la tarde con los enanos (a excepción de Kili que tenía cosas que hacer y Dwalin que tenía que ir con Thorin… a ponerlo al corriente), comió los deliciosos platillos del comedor de Bombur y poco a poco el resto de los enanos comenzó a llegar. Como bien recordaba, el escandalo era su carta de presentación, al igual que las canciones. Todos hablaban y reían, recordando viejos tiempos y celebrando que el hobbit estuviera de vuelta. Gloin prometió que le presentaría a su familia, Oin le dijo que estaba muy pálido y le haría una revisión, a lo cual Bombur contestó que él se haría cargo de engordarlo. Pronto, el hobbit dejó de hablar y se limitó a ver a sus amigos.

Por fin ya no se sentía solo.

Aunque la calma duró poco. Ya de noche, la reunión se trasladó al comedor del área residencial del Ala Real de la Montaña, donde vivía el Rey con su familia.

Con alegría todos iban platicando, pero cierto hobbit parecía un corderito entre lobos.

Estaba aterrado.

El camino se le hizo eterno, la mente comenzó a jugarle malas pasadas. Le dolía el estómago y sólo quería salir corriendo. Y en medio de todos estos malestares, llegaron a las puertas de la zona residencial, las cuales estaban abiertas y custodiadas por guardias, quienes saludaron a los invitados que eran más que conocidos. Y en menos de un pestañeo, Thorin apareció ante ellos acompañado de Balin y Dwalin. El consejero se acercó a Bilbo, quien no dudo en abrazarlo. Para él, Balin siempre había sido fuente de consejo y alivio cuando las cosas se complicaban. Al separarse, Bilbo notó una mirada traviesa y en seguida apareció Thorin en su campo visual. Al acercarse al enano, el resto de la compañía se dirigía al comedor.

En ese momento eran ellos. Todo el viaje, todos los nervios, las noches en vela y las mariposas en el estómago. Todo se reducía a ese momento, donde las palabras sobraban. Y las miradas eran las protagonistas.

Suavemente Thorin tomó sus manos y murmuró "Llegaste"

Y sin querer romper ese momento, Bilbo contestó "Perdón por la tardanza"

"Bienvenido" le dijo Thorin y sonrió con su boca y sus ojos.

En ese momento Bilbo tuvo la certeza que su viaje no había sido en vano.

De pronto unas voces juveniles se escucharon al fondo del pasillo y Fili junto con su hermano hicieron su aparición. Bilbo se acercó a abrazar al muchacho mientras Kili compartía una mirada traviesa con Thorin, quien solo atinó a rodar los ojos.

Pronto sus sobrinos tomaron al hobbit de cada lado y lo llevaron a rastras al comedor para iniciar la fiesta.

Thorin se acercó a la entrada del comedor a observar a su familia, a sus amigos, a sus hijos (puesto que él consideraba así a sus sobrinos), y por último a Bilbo. Lo tenía todo.

Era feliz

Bienvenido a casa gishavel.

-:- -:- -:- -:- -:-

Escribir este capítulo fue un drama, ya que estaba inspirada y escribí felizmente. Y no sé qué fue lo que ocurrió que cuando abrí el archivo no se había guardado nada. El infarto se hizo inminente y tiré la toalla haha. Pero hace poco encontré unos apuntes sobre este capítulo y decidí terminarlo. Y aquí está!

Besos