Capítulo 4: Diferente
Hay algo incierto acerca de estar juntos, aún después de todo para Katniss.
Ambos son notoriamente diferentes, independiente del físico: ambos son como polos opuestos, ella gusta del bosque y de la naturaleza, de la independencia que la furia de la vida salvaje le ofrece aunque sea de forma momentánea. Peeta por su parte es más hogareño, le gusta pintar y decorar pasteles en casa, tener un rato familiar o con amigos; le gusta estar con la gente, si pudiera escoger otra vida cualquiera que quiera, probablemente elegiría nuevamente ser Peeta Mellark y ser panadero.
Katniss no sabe si elegiría la misma vida una vez más. Esos pensamientos la atormentan haciéndola creer que es una mala persona, ¿No elegiría a Prim? ¿A Peeta? pero entonces ve a Peeta dormir tranquilo como si fuera un niño envolviéndola entre sus brazos y piensa que si Peeta Mellark la ama, debe de haber algo bueno en ella. A veces le gustaría saber que es y le pregunta, él responde simplemente que todo es bueno en ella, a veces le gustaría reclamarle que fuera más específico pero es cuando la atonta besándola apasionadamente y ya olvida que quería preguntar.
Peeta sabe que es cuando tiene dudas y prefiere quitarlas o esconderlas para que ella sonría radiante y vuelva a ser feliz.
Peeta sabe que él es más de sentir y ella de pensar. Como si fuera él el corazón y ella el cerebro, es complementario, perfecto, eso a él le va bien. Pero a veces le gustaría que Katniss pensara un poco menos y sintiera un poco más, que buscara menos explicaciones y se dedicara a percibir que estar juntos es natural porque está bien. A veces le gustaría, pero Katniss lo vuelve loco siendo ella, volviendo sucia a casa y tirando el arco y las botas por cualquier parte para despellejar la caza. Le gusta aunque oculte sus emociones detrás de esa arruga en su frente cuando frunce la mirada.
Katniss ama el olor a harina que trae a casa Peeta, pensaba que quizá en algún momento la hartaría pero nunca se cansa. Cualquier cosa que tenga ese olor le hace pensar en Peeta, aún más de lo que piensa en él y no le gusta aceptar. Su espalda ancha labrada por el peso de la harina, sus manos que se amoldan a su cuerpo como cuando amasa ¿Cómo no amar la harina?
Pero al final del día ambos se deshacen de todo y quedan ahí en la cama, envueltos y diferentes el uno del otro.
Lo incierto es, que a pesar de que son diferentes se siente bien estar juntos, como si hubiera sido algo planeado. Katniss se pregunta si fue así siempre, pero bien, es así ahora y no quiere más que abrazarlo. Peeta no se lo pregunta, prefiere sentir el ahora y si en la panadería la extraña, siempre puede recordar ese momento en que la tiene entre sus brazos.
