Ch. 6: Felicidad

Katniss siempre se sorprendía, cuando descubría la felicidad en pequeñas cosas.

A veces eran minúsculas, cosas como que Peeta decidiera experimentar con el pan y se le ocurriera colocar una nueva golosina o, el simple acto de verlo amasando el pan casero sobre la mesa, hacían que Katniss se sintiera feliz. Que el sol estuviera radiante pero no quemara, que hubieran llegado nuevas cintas de colores y pronto viera a las niñas correr con coletas coloridas por el pueblo, la hacía feliz.

"Es abrumador ser feliz" pensaba. Porque no se puede ser feliz para siempre, pronto vendrá la adversidad seguramente… y cuando Peeta le preguntaba "¿qué tipo de adversidad?" Ella se quedaba incapaz de contestarle alguna cosa.

"Ser feliz es una elección" le dijo Sae. "Eres capaz de distinguir la felicidad más pequeña porque has sufrido".

Katniss se consolaba pensando que quizá y su dosis de dolor en la vida ya había sido saldada, entonces lo único que quedaba eran cosas buenas. Pero el pasar del tiempo le dijo que aquello no era verdad, no es que solo hubiera dicha en el camino, es que no todo es completamente malo y nada es completamente bueno; es cuestión de como quieras tomarlo. Haymitch era un borracho sin remedio, pero los había salvado de los juegos, había planeado una rebelión sin consultárselo, pero ahora eran libres y estaba feliz ahora.

La vida de pareja no era perfecta. Ellos tenían sus discusiones, cosas que iban desde los celos no conscientes de ella, hasta como él pensaba que debía moderar la caza y cuidar un poco su vida. Continuamente, ella se sentía enojada y si podía gritaba todo lo que llevaba dentro hasta que se escapaba de ella y la dejaba tranquila, podría tener la más grande de las discusiones y quizá dejarlo a él con la palabra en la boca e irse dando un portazo. Pero después ambos se disculparían con el otro y todas las dudas que pudieran tener albergadas en su mente, se desvanecerían cuando al dormir, él pasara un brazo alrededor de ella y al observar el vello de sus manos no pudiera evitar sonreír. Porque hasta el vello rubio de sus manos, irregulares por el horno la hacía sentir contenta.

Probablemente era verdad, y ella había elegido ser feliz.

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Para Peeta las cosas eran más simples. Si algo había comprendido, es que pensar demasiado no era del todo bueno, debido al capitolio no podía confiar totalmente en su cerebro; así que se dedicaba mejor a sentir las cosas.

Él sentía que era feliz y solo se dedicaba a sentirlo, los sentimientos se sienten, no se piensan. Para él, que Katniss se conflictuara ante la felicidad le resultaba adorable, pero no le decía demasiado porque ese era su modus operandi y ella solo debía descubrirlo.

Vivir, amar… No tenía que explicarse nada, estaba convencido que después de lo que habían pasado… era su turno de ser felices y se lo demostraría a Katniss, todas las veces que fueran necesario.