Ch 8. Compromiso (parte 2)
Katniss pensaba que la actitud de Peeta era verdaderamente rara, pero no era algo extraño. En los últimos meses había días en los que ese extraño humor le aquejaba y la cara de preocupación no se le desdibujaba hiciera ella lo que hiciese. A pesar de que volvía a la normalidad, ya no podía sentirse tranquila, la inseguridad volvía en esos momentos golpeándola.
Había averiguado en todas partes, si Peeta no tenía algún problema, nadie sabía nada, él parece el de siempre respondían. Fue hasta que Haymitch hizo su típico chiste es que todo se nubló "A lo mejor no le das suficiente" se refería a otra cosa, pero quizá era verdad, no era suficiente.
Peeta tenía sueños bien marcados y lo sabía, desde ese día en que estuvieron juntos en los juegos, él se había desvivido por ella. Pero no lograba preguntarse la última vez que ella se había preocupado por la felicidad de Peeta ¿era tan egoísta que no podía siquiera procurar a su compañero?
No dudaba del amor de Peeta, pero quizá el amor de ella no era tan grande, quizá y en verdad, no era una relación recíproca y era su culpa. No pudo evitarlo y lloró, ya no era tan fuerte como antes y sin Peeta seguro se desquebrajaría sin remedio. Más egoísmo, era una persona horrible. Buscando soluciones, resolvió crear un día perfecto, solo debía recrear la felicidad de los días de antaño y todo sería como antes.
El domingo temprano, se vistió con un vestido azul que a Peeta le gustaba mucho y organizó todo para un picnic, después irían hacia un lugar conocido solo por ella donde los rayos del sol se ponían al atardecer de una forma espectacular. Un día perfecto.
Peeta estaba sorprendido, pero ciertamente a Katniss no le pareció feliz. Tomados de las manos, llegaron a un parque muy frecuentado en fin de semana. Preparando todo, unos niños pasaron jugando con una pelota divertidos, Katniss alzó la vista para preguntar algo y vio a Peeta ensimismado observándolos, la pelota pasó cerca y Peeta corrió para regresarla, los niños lo invitaron a jugar lo conocían de la panadería. Katniss le dijo que fuera.
-Así que era eso- se dijo. Entonces comprendió y una tristeza se apoderó de su corazón.
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El atardecer a solas no fue romántico como lo había esperado Katniss, también porque su ánimo se había escapado en el almuerzo, ahora sabía que no había manera; se sintió miserable.
-¿Qué pasa? –preguntó Peeta
-¿Tú realmente los quieres no es verdad?
-¿Perdona?
-Los niños, eso es lo que quieres ¿verdad?
-Yo te quiero a ti –contestó tomándola de las manos pero ella las soltó
-Es por eso porque has estado tan triste –el llanto se apoderó de ella, se descontroló, no podía parar –porque yo...
-no es eso, claro que no –contestó besándole las manos
-No soy suficiente...
-¡Pensaba que era momento de casarnos! –interrumpió Peeta apretando fuertemente sus manos.
Katniss abrió grande los ojos.
