Shade: Bienvenidos sean a esta hermosa noche, hijos e hijas míos… Sí, llegó la tan esperada segunda parte de "Witchcraft". Aquí empezaré a ser muy explícita, rozando lo MA, por lo tanto, aquellos que no soportan el gore o el satanismo, mejor echan pa' atrás.
Vuelvo a repetirlo: Se va a usar hechizos, magia y rituales sacados de fuentes auténticas. Abstente, por favor, de imitarles. Si provocas una catástrofe por ellas, no vayas a reclamar… Como Pilatos, Shade y Sess se lavarán las manos.
ADVERTENCIAS: +18. Escenas de violencia y gore. Lenguaje fuerte y altamente sacrílego. Brujería y actos profanos… Y un poco de Yaoi (?)
Playlist de hoy: Monster, de Starset;Faustus, de Dark Moor.
Lost II:
Witchcraft, parte 2: El Novicio ("El que con lobos anda…)
"Cursed
Black magic night
We've been struck down
Down in this hell
Spells surround me day and night
Stricken by the force of evil light
The force of evil light"
Slayer, Black Magic.
Una mariposa, grande y negra, daba golpeteos contra el vidrio. Afuera se veía un fragmento del cielo, tan plomizo y gris que no parecía posible que fueran las dos de la tarde… Una mano delgada y casi traslúcida corrió el pestillo de la ventana, empujándola hacia afuera. Una fría corriente de aire se coló dentro, haciendo gemir y temblar los cristales. El joven sirviente se frotó los ojos, entornados por el cansancio, observando como la negra mariposa se alejaba revoloteando hacia las ramas bajas del cedro que crecía pegado al muro, enmohecido con los años.
Estaba en la torre cuadrada, que era el lugar más alto de todo el castillo. Era un lugar sombrío, solitario y lleno de polvo, pero al menos era tranquilo. De hecho, este lugar había sido la "habitación" de Len en los primeros días en la casa… Aunque ya tenía habitación propia, al rubio le gustaba este escondrijo, más que nada por la hermosa vista que poseía; desde allí podía ver los tejados de las casitas y los retorcidos árboles. Con un leve suspiro cerró otra vez la ventana, solo para ver reflejado en el sucio cristal los oscuros círculos debajo de sus párpados, los ojos azules agrandados por un cerco gris, las mejillas hundidas revelando las formas del cráneo, la palidez casi fantasmagórica, la rubia cabellera revuelta y sucia y… allí, entre los pliegues de su camisa, el círculo rojo.
Len no dejaba de mirar esa circular herida roja en la piel, todavía abierta y que le producía algo de escozor. Se la habían hecho con bastante profundidad, de tal forma que, aunque pasaran años y Len se volviera viejo, vería ese blanco y siniestro anillo como un eterno y molesto recordatorio de lo que había prometido hacer para salvar su trasero:
El arte del Mal: La brujería.
El sirviente no sabía le esperaría cuando se reuniera con esos personajes, pero había una cosa segura: Le enseñarían… o más bien, le obligarían a practicar cosas contrarias a la naturaleza: La leyenda de la bruja, ese ser maligno que hacía pócimas mágicas y volaba en escoba, era muy rica en esos siglos. La buena gente siempre hablaba de ellos con temor, pues se decía que tenían poderes de muerte o de curación; se creía que arruinaban las cosechas y envenenaba los pozos; que las serpientes y los lobos hacían su voluntad; que hasta eran capaces de oscurecer el Sol y teñir de sangre la Luna, como vaticinaba el libro del Apocalipsis… Era ese halo de misterio y de horror que rodeaba a esos oscuros seres que se reunían en las espesuras de los bosques… a donde Len se vería obligado a ir.
La mirada del rubio giraba del círculo rojo a las agujas de los pinos en la lejanía: Le habían dicho, justo antes de soltarlo, que se reuniera con ellos tras pasados tres días, que cuando escuchara "la señal", se dirigiera al bosque, siguiendo el "camino señalado por el río"… Len no entendía ni banana y media, que significaba eso, pero no se atrevía a desobedecer: Fácilmente irían por su pellejo si no se presentaba. Además, ellos le habían perdonado la vida… Y Len estaba resuelto a mantener su cabeza en su puesto, porque sí el moría… ¿Qué sería entonces de su adorada Rin…?
Y justamente, el Duque Gakupo emergía del bosque, donde se había desaparecido por unas horas, abrazando por la cintura a Gumi y a Rin… Y las dos muchachas iban desnudas. Len abrió bruscamente la ventana: La piel de su gemela estaba tan pálida que casi brillaba en la tenue oscuridad. Gakupo casi la llevaba arrastrando, pues la joven gemía y se encogía al caminar, como si tuviera frio… ¡Y es que estaba helado allá fuera! Preocupado, el sirviente bajó corriendo las escaleras, tomando a la carrera dos capas del perchero del vestíbulo, y justo cuando había abierto la puerta para cubrir a su hermana… Gakupo casi le echó encima a Gumi, haciendo que Len doblara las rodillas para evitar que lo aplastara.
―Atiende a Gumi, la pobrecita tiene mucho frío… Si se enferma, será culpa tuya. ―Y se llevó a rastras a la pobre Rin consigo… como si fuera un animal.
La mano de Len apretó tan fuerte la muñeca de Gumi que casi le hizo daño. La muchacha de pelo verde soltó un chillido y se zafó de él, corriendo hacía donde su amo para quejarse… Y la reprimenda que Len recibió por eso fue bastante fea…
...
Salió casi cojeando por el helado patio hacia el establo, caminando de forma torcida por los diez latigazos que Gakupo le propinó con su fusta en la espalda… Pero Len no sentía el dolor en absoluto.
Innovador relinchó al verle cuando abrió la puerta de su establo, pero luego casi retrocedió al ver los ojos de Len al mirarle: Estaban… helados, como el hielo de los estanques en invierno. Sin decir palabra, anudó las riendas y montándose en él, lo espoleó con los talones y salió quedamente hacía lo arbustos que delimitaban bosque adentro. Y cuando estuvo lo bastante lejos, echó a trotar hacia el camino de tierra fangosa que delimitaba a un lado del río azul verdoso, bordeado de juncos…
En ese momento, un horrible chillido, como el de un pájaro monstruoso, llegó traído por el viento a sus oídos… Esa debía ser "la señal". Len espoleó más fuerte al caballo y este partió al galope. Pronto el camino de tierra se vio remplazado por un claro rodeado de árboles y arbustos; en un árbol cercano, una extraña marca de garras, como si un oso hubiese rasguñado el tronco… Y varios metros hacia delante, la marca se repetía… Supo que ese era "el camino señalado por el río". Hizo encabritar a Innovador y este cruzó el claro hacía los arboles donde estaban las marcas. El viento le echaba los cabellos hacía atrás, mientras el corazón le latía violentamente, pero no de miedo… sino de emoción. Emoción ante lo que le podía deparar al final de ese camino.
Volvió a oír el infernal chillido, un poco más fuerte. Aun con el corazón saltándole como una liebre, Len se detuvo ante el ultimo árbol que tenía la marca, pues detrás de él se formaba una especie de caminillo pedregoso, algo oculto entre la maleza y que este descendía bruscamente por una pequeña colina hacía un grupo de árboles a lo lejos. Innovador piafó y sacudió su cabeza, nervioso.
―Tranquilo―susurró Len palmando el sedoso cuello del castaño equino―. Si te sirve de consuelo… yo temo mucho más que tú.
Hizo avanzar al caballo colina abajo. La emoción de la carrera se había disipado, volviendo esa sensación aplastante a su pecho. Conforme avanzaban, las respiraciones del joven y del animal se volvían más pedregosas… Finalmente, entre las ramas bajas de unos árboles, se vislumbraba la oscura silueta de una casa. Al acercarse más, Len observó que era una especie de una cabaña pequeña y algo torcida. La anormal quietud alrededor de ella parecía delatar un abandono prolongado… hasta que una voluta de vapor salió de una pequeña chimenea de metal, también torcida, como si se cocinara algo... Por un instante, a Len le tentó dar media vuelta y regresar… Pero al mismo tiempo sentía los músculos petrificados, lo mismo que los del animal pues al mover las riendas, Innovador no se movió. ¿Sería algún embrujo que los retenía…?
Entonces oyeron una áspera voz, que sonó como el siseo de una cobra:
―Bien hecho, muchacho. Bájate de tu montura y acércate.
Len tragó saliva y reuniendo un esfuerzo casi sobrenatural, se apeó de su montura. Sujetando con fuerza las riendas, Len caminó hacia delante, mirando nerviosamente los haces grises de entre los árboles aledaños. Aunque no veía a nadie, el sirviente sabía que lo estaba observando… Se detuvo frente a la puerta, que estaba abierta… Y recargada contra el marco de la puerta, estaba una mujer joven de largo pelo rojo fuego, que le sonreía plácidamente.
―Eres el Novicio, ¿eh? Bienvenido seas.
Len no comprendió: ― ¿El… Novicio (1)? ―La joven soltó una risita burlona, muy parecida a las de Sweet Ann.
―Oh, pobre: Apenas conoces de nuestro mundo, ¿verdad? ―La mujer se acercó a él, quien de inmediato se puso muy tenso―. Relájate, no te voy a comer―soltó otra risita―. Me llamo Miki, tu eres Len, ¿verdad? El Viejo nos habló de ti… Y esperamos que no nos decepciones, ¿nee? ―Miró hacia dentro―. Te está esperando… Dame a tu caballo; tranquilo, yo cuidaré muy bien de él.
Innovador piafó al ver a la extraña acercarse a él, pero Len lo tranquilizó con un gesto. Miki sacó de sus ropajes una briznada de avena que el caballo olió interesado. La devoró en un segundo, mientras mansamente se dejaba acariciar por ella. ―Eres muy bonito… vamos a dar un paseíto―Y sacó otra brizna y se alejó, con el caballo siguiéndola con avidez.
Len suspiró al quedarse solo frente a la oscuridad fragante tras la puerta… Miró una vez más hacia atrás, observando el pequeño claro, tan quieto y silencioso como hacía unos minutos. Un último sentimiento de retirada se apoderó de él por unos instantes… pero sabía que era demasiado tarde para echarse atrás.
―El Novicio. Así es como se les llama a todos los neófitos que van a comenzar a ejercer nuestro arte―gruñó el anciano mientras encendió un cerillo para prender un cirio de color negro que colocó entre él y el sirviente, quienes estaban sentados en el suelo, rodeados por un círculo de siete velas encendidas de diferentes colores. Len asintió, sin dejar de observarse las manos.
Aparte de las velas, la casa estaba completamente a oscuras, haciendo que todas las cosas que había dentro de esta proyectaran alargadas y estrechas sombras: Las paredes estaban cubiertas de estantes con cientos de libros y rollos de pergamino llenos de polvo; se escuchaba el sonido de lento gorgoteo proveniente de un cazo en un oscuro rincón. En toda la casa se sentía un fuerte olor a incienso y especias. Las caras de Taito y Sweet Ann se veían alargadas y casi enfermas. Miki, quien había entrado silbando unos momentos después del rubio, estaba sentada en el brazo de una butaca que había en un rincón, sin dejar de mirarle… En realidad, todos lo observaban a él.
Len finalmente alzó la vista y lo miró fijamente a los ojos: Era prácticamente la primera vez que veía a su… Maestro sin la capucha de la primera vez: Era viejo, posiblemente pasando por la cincuentena, de piel manchada y nariz aguileña; los ojos grises del hombre escrutaron los suyos sin parpadear, como si le viera el alma a través de su piel… Len se sintió tembloroso por esa mirada, pero no desvió la mirada: Seguramente le buscaba alguna señal de debilidad para despacharlo… El hombre soltó una carcajada espasmódica, mostrando sus dientes amarillos, grandes y partidos.
―Toda mascota, hasta la más dócil y débil de todas, posee una fiera dentro―repuso el anciano casi como para sí, mientras echaba el cerillo a un lado. ―; Es cuestión de dejarla emerger, como lo dispuso nuestra Gran Madre… y el que reniegue eso, sufrirá su terrible cólera… Ninguno de nosotros es nadie para enfrentarle ―Len oyó murmullos en lo que parecía ser latín. Miró el anciano con una pregunta en los ojos pero sin atreverse a interrumpirlo; el anciano carraspeó― "¡Itaerit illud!" quiere decir "¡Que así sea!". Repítelo.
―Ehm… Ehm… ¡Itaerit…illud!―murmuró Len, esperando no haberlo dicho mal.
―Muy bien. Como decía, el novicio es aquel que apenas está comenzando, por lo que será importante que vengas al próximo Sabbat… y pobre de ti si no vas―susurró de forma amenazadora, por lo que Len asintió con vehemencia―. Muy bien. Allí aprenderás todo realizar todos tus deseos… Todas las cosas que deseas y que se cumplirán… Cierra los ojos, Len… y piensa en tu más grande deseo…
―Mi más grande deseo…―susurró Len cerrando los ojos, tratando de concentrarse… pero pronto se dejó envolver por el perfume del incienso… ¿Qué era lo que más deseas en el mundo, Lenny…? Sentía… sentía como si se estuviera desprendiendo de su cuerpo, como si este no respondiera a ninguno de sus movimientos… y aun así Len no se asustó, sino que lo invadía a cada segundo un agradable sopor… Entonces oyó la áspera voz preguntar:
―Contéstame… ¿Qué es lo que más deseas?
Len, en el estado en que estaba en ese momento… casi no sintió como su boca se movía:
―Deseo…
Deseo… Deseo… Deseo…
― ¿Deseas tener riquezas y poder?
¿Riquezas? ¿Poder? Nunca fue poderoso, ni le interesaba el poder; siempre fue una persona sencilla. Sus padres fueron campesinos, gente que vivía de la tierra para subsistir… Realmente, la primera vez que Len vio una moneda fue un día que el Gobernador de la región visitó Asmodín y este había arrojado monedas hacía la ávida multitud… El niño había observado deslumbrado el grueso y reluciente pedazo de metal entre sus pequeños dedos… y luego vio los ojos de su gemela mirar los hermosos pañuelos que un vendedor ambulante exhibía con malabares en un puesto.
"¡Mira, Len! ¡Mira ese listón!" había dicho la niña señalando un grande y blanco listón de seda que se elevaba una y otra vez entre las enormes manos del gitano. Este había notado el interés de la niña y le había dicho que se lo daría por tres libras… Rin había puesto cara de desolación al oírle: ¿Tres libras? Miró con tristeza a sus padres, quienes no habían podido pescar una sola moneda entre la pequeña turba que seguía peleándose por las monedas… Justo iba a irse, cuando….
"Tengo una moneda de oro. ¿Es suficiente?" Rin se había volteado al oír la voz de su hermano. Y se sorprendió al verle atarle el listón en su cabello… Se le llenaron los ojos de lágrimas ante ese gesto tan tierno. Lo abrazó con fuerza, agradeciéndoselo. "Siempre a la orden, princesa" había susurrado Len, besando su mejilla…
―No. ―susurró Len al fin, sonriendo. El anciano carraspeó.
― ¿Deseas amor?
―…―Amor. Esa pregunta fue bastante difícil, pues… No podía negarlo, no, no podía: Amaba a Rin… Y lo peor es que eso ya no lo asqueaba, ni le importaba… ¿Deseas su amor, Len? ¡Oh, cuanto lo deseaba! Esos cabellos, esa piel, esos labios… Todo eso lo deseaba para él. Pero… pero él la quería de verdad, a pesar de ser su propio hermano… Sí, Len deseaba el amor, el amor de Rin… Pero nunca, nunca la obligaría a algo que ella no deseara, como le estaba haciendo el Duque de Venomania… en ese momento. Su puño izquierdo se cerró con fuerza, recordando los gritos de dolor de su adorada gemela…
―…No.
― ¿Deseas tener tu libertad?
―No.
― ¿Entonces, que es lo que deseas? ― Len abrió los ojos y alzó la cabeza. El anciano lo miró a los ojos… Una luz salvaje provenía de los ojos (antes temerosos) de Len, al soltar esa ansiada palabra:
―…Venganza.
Miki, Taito y Sweet Ann se miraron.
― ¿Quieres vengarte, eh? ― El anciano se irguió y suspiró―. No es sorprendente, pues mucha gente acude a nuestro arte para… desquitarse, cosa que ningún rezo en una Iglesia cumplirá. ―Miró hacia el techo―. Su Dios de arriba solo causa desdichas y tristezas a los que le sirven, ¡con la promesa de una recompensa celestial por dar "la otra mejilla"! ―Escupió en el suelo con desprecio―, mientras los buenos sufren pesares, los malos engordan por arrozales…―Sus ojos brillaban de forma febril― ¿Ya te diste cuenta?
―Sí…―repuso Len respirando con agitación, perdiendo el control de sí mismo―. ¡Sí! ¡He estado pidiendo durante semanas que mi hermana sea liberada de ese monstruo… sin resultado! ¡Yo solo me quedo parado mientras ese… ese… ese maldito puerco la ultraja y deshonra! ―chilló Len, completamente fuera de sí―. Nos dicen en la Iglesia que si le rezamos a Dios, este nos ayudará… ¡Es mentira, una vil y asquerosa mentira!
Taito y Sweet Ann soltaron chillidos de regocijo― ¡Así es! ¡No des más la otra mejilla, Len! ―chilló a su vez Miki, completamente excitada por su discurso: Su aspecto dulce y aparentemente inofensivo había cambiado a uno descontrolado y salvaje―: Yo tuve que trabajar para un capataz para saldar una deuda… Me golpeaba, me violaba y nunca me pagaba… Recé, como tú, recé a ese maldito y despreciable Dios, a que me ayudara… ¡Solo me trajo más sufrimiento! ¿Y…Y sabes que hice, Lenny? ―su pecho subía y bajaba―. Me entregué a la magia, a los hechizos, a la Diosa Madre… ¡Y vi como su repugnante cuerpo se hinchaba y pudría, retorcido en su cama!
― ¡Me orino encima en la Iglesia y en su Cruz!―rió Sweet Ann escupiéndole encima a una cruz solitaria que había en el suelo, haciendo bufar a un gato que estaba acurrucado―. Nosotros, nosotros no nos atenemos a las leyes de Dios, nos atenemos a las leyes de Lilith (2), la Gran Madre, quien fue la primera en plantarle cara y cobrar su libertad… Bajo los ojos de la Madre, somos libres, decidimos nuestro propio destino, sí que ese maldito barbudo nos diga que hacer―Se acercó al agitado muchacho―;… Así, somos libres y somos poderosos.
Taito y Miki cruzaron sus brazos por delante y se tomaron firmemente de las manos.
Enlazaron las manos junto con ella y al Maestro, formando un arco abierto, con las manos cruzadas y extendidas… Len entendió y cruzó enlazó sus manos, la izquierda con Miki, y la derecha, con su Maestro. Bajó los ojos, observando el círculo llameante de las velas, sintiendo como un hormigueo le recorría la piel a través de su espalda… Como si la energía de cada uno de ellos, se pasara a través de sus manos aferradas, hacía él… Era una sensación deliciosa y embriagante.
― El mundo se representa como un círculo; el ciclo de la agricultura es circular, igual que el ciclo de la luna… Son la luz y de oscuridad, danzando. Lo oscuro se integra dentro de nosotros como la vida y la muerte. ―explicó Sweet Ann con voz sosegada. ―. Como una serpiente que se come la cola, como la corren las agujas del tiempo en un reloj… Así se representa Lilith, la Gran Diosa.
― Lilith una y son tres, como los ciclos de la luna: La doncella, La madre y La anciana, todas representan el ciclo del año y sus frutos… Todas representan a esa alma libre, que no se deja atar por nadie, sino que busca sus propios deseos… No posee grilletes, ni cadenas, ni lazos… Es ella sola, la que se libera de las ataduras del mundo patriarcal, como una fiera libre… no como un perro atado―siguió Taito, sonriendo a Len de forma irónica.
― Lilith, Diosa Madre, te hemos traído aquí, a otro de tus hijos―musitó el anciano, alzando la vista a un pequeño agujero del techo, donde se veía un fragmento del cielo de la tarde―, otórgale algo de tu enorme poder como Reina del Mundo, con el que te rehusaste a someterte a la deseos de Yahvé y de Adán…―Como si fuera un conjuro mágico, un aire frío y penetrante se coló entre las paredes, deslizando bajo la camisa de Len, quien lo sintió como si fueran las suaves manos de la mítica criatura, dándole un abrazo de bienvenida… se dejó penetrar por esa sensación―. Ha rechazado a la Cruz, y se entrega a tu mano… La sangre es el Agua de la Vida… ―Y clavó sus grisáceos ojos en Len―… Y te la ofrecemos, para que nos otorgues libertad y poder…
Len abrió los ojos al sentir el filo del puñal deslizarse por su antebrazo, pero no hizo ni un solo sonido de dolor… Solo apretó los ojos. Alzó la vista, al observar el plateado acero que goteaba su sangre en el centro del círculo, justo encima de la vela negra, que chisporroteó. Todos soltaron un chillido, como si estuvieran invocándola… Finalmente, todos se soltaron al mismo tiempo, aunque Len casi cayó desfallecido… Volvió en sí al sentir unos golpes leves en su mejilla, para ver cuatro pares de ojos, mirándolo con afabilidad. El anciano sonrió.
― Puedes ser un perrito faldero, pero siento que allí, muy escondido dentro de ti… hay un lobo esperando salir―sonrió con las comisuras de los labios, palmando la cabeza de Len―…Cuando puedas liberarlo, conocerás tu verdadera libertad. Recuerda: La libertad es poder.
―Eso haré… Maestro―susurró el sirviente, con una sonrisa en su pálido rostro. El anciano lo tomó de las mejillas, y lo besó, deslizando su lengua dentro de él. Sus labios eran fríos como el hielo… Y Len no sintió asco en absoluto: Había descubierto un arma para enfrentarse al Duque Gakupo.
…
Pero la pócima del gallo, la cabra y el cabello no funcionaron. Fue como si el Duque Gakupo hubiera bebido agua normal: Se la tragó entera, sin tener espasmos o convulsiones... y tuvo el descaro de sonreírle en la cara.
Ustedes pensarían que en ese momento Len había arrojado la toalla... Pero al día siguiente vio como ese enorme saco de lona ensangrentado era arrojado al pequeño agujero de tierra de ese rincón del patio, como si fuera algo estorboso que debía apartarse de la vista de todos, marcado con una triste estaca de madera... Cuando Gakupo se había retirado, Len discretamente se acercó y le colocó una pequeña siempreviva, que era la única flor que había en otoño… para que esos pequeños no tuvieran un entierro tan indigno como les había dispuesto el monstruo de su padre. Apretó los dientes, cuando una ráfaga de viento le trajo el silbido en la lejanía...
No podía rendirse… Si Akita Neru había sido la siguiente víctima del trágico bebedizo para abortar del Duque Gakupo (pues quería tener a sus esclavas siempre bellas y esbeltas... no gordas y pesadas por un embarazo) ... ¿Quién podría asegurarle de qué la siguiente no sería Rin?
"No ganará siempre, amo" pensó Len abandonando la pequeña y triste tumba.
Siguió durante las noches siguientes, ya simplemente escapándose del castillo para reunirse con el grupo: lo cual resulta fácil si eres el sirviente y estás obligado a quedarte hasta tarde apagando todas las luces de la casa y, para cuando lo hubieras hecho, todos estaban dormidos. Cuando ocurría, Len se deslizaba silenciosamente hacía fuera, despertaba a Innovador y se internaba hacía bosque adentro, siguiendo las mismas señales.
Pero las semanas pasaban y el Duque al irse fortaleciendo cada vez más… La paciencia de Len ante la supuestamente "infalible" brujería se fue fragmentando…
―Esto no funciona: Sigue vivo―repuso Len con un gruñido que casi sonó animal. Taito y Sweet Ann arquearon las cejas por el tono que usó.
―Estás impaciente, lo comprendo―musitó el Maestro de Ceremonias (3), que permanecía sentado en el suelo―, pero debes recordar que nuestro poder es relativo: En cada persona funciona diferente.
― ¿Diferente? ¿Es decir que debo estar probando y errando hasta hallar la indicada? ¡Y todos esos ridículos procesos para un resultado incierto!
―Será mejor que te calmes, que encolerizándote no lograrás nada―susurró Miki con algo de molestia.
― ¡Calmarme! ¿Y como? ―la voz de Len se estaba volviendo más y más aguda, y si seguía así, solo los murciélagos lo podrían escuchar. ― ¡No lo entienden!
¿Acaso ellos no lo entendían? No, no lo entendían: Rin estaba actuando de forma extraña últimamente… Sumado a una leve hinchazón en su vientre... Para Len es como el mundo se le hubiera acabado… No: ¡Se le acabó hace mucho! ¡Y estos le piden que se calme! Las miradas de reproches del grupo solo lo hicieron enojarse más: Golpeó con el puño la frágil pared, haciendo que un cuadro de Lilith cayera al suelo, quebrando el marco de cristal que lo protegía... Oyó detrás de él gemidos y siseos. Seguramente pensarían matarlo por haber hecho eso... ¡Que le importaba eso a él ahora, si todo había terminado para él y para Rin…!
Sintió una mano posarse en su hombro. Ese tacto lo sintió como fuego lacerante: Se volteó bruscamente y agarró con fuerza esa mano, para luego quedarse sorprendido: Era el Maestro de Ceremonias mirándolo con una suave sonrisa.
―Sí lo entiendo, Len. Y me alegra que hayas hecho eso―Tanto Len como los otros tres se quedaron extrañados―, dejaste de tener miedo: No te asustaste cuando te toqué el hombro, y tú pensabas que te iba a matar, ¿cierto? Y no huiste o te escondiste, sino que me enfrentaste... no como un perrito faldero, sino como un lobo. Esa es la respuesta.
― ¿De qué me está hablando, anciano?―susurró Len, molesto por no entender qué diablos decía. El hombre rió.
―Dejaste de tener miedo. Al haberlo perdido, ya tienes plena consciencia de tu ser... Siempre has vivido con miedo, temeroso de lo que el Duque de Venomania podría hacerte... Y ahora, enfrentaste la muerte sin temor, como el lobo a un búfalo, aun cuando el búfalo es más grande que él... Esa es la clave: El Duque te ha "domado" por el miedo, ¿no es verdad? ―Len se quedó sin habla. Era cierto: Todos estos años siempre había vivido con constante miedo a lo que el Duque podría hacerle... ―, y él cree que te tiene doblegado por estar usando a tu hermana... Pero tú, muchacho, no debes rendirte: Si te rindes... ¡Nada valdrá entonces en tu patética vida! ―Lo zarandeó con fuerza―, no te dejes llevar por la impaciencia, pues ella puede ser tan mortal como una víbora... Sé inteligente, Len: Adivina su punto débil y ataca desde allí... ¿Me has entendido?
―Sí... Sí...―musitó Len, todavía abrumado por la gran cantidad de cosas que le había hecho. El anciano le tomó del brazo y lo empujó fuera de la casa.
―No regresarás hasta que lo averigües. Será tu tarea de Novicio. Y te diré otra cosa―bajó los párpados sin dejar de sonreír afable, justo antes de cerrarle la puerta.―…Cuando obtengas ese conocimiento, ya habrás ganado la mitad de tu deseo... y eso es algo que ninguna magia puede hacer.
…
Era una noche sin tormenta, pero ventosa. El aire hacía temblar los cristales de las ventanas y las grietas de las paredes... Oyó entonces unos golpecitos en la puerta. Refunfuñó, pues estaba concentrándose... en no dejar de revolver "en el sentido contrario a las agujas del reloj cada siete veces de una en el sentido correcto" Se levantó y se frotó la pierna izquierda, que se le había dormido. La dejó borbotear lentamente tras probarla con el cucharón de madera: Le faltaba un poco más de sal.
― ¿Quién es?―preguntó con voz sosegada, pero sin bajar la guardia: Durante todos sus años había aprendido a no confiar en nadie, pues solo el Diablo sabía si eran los entrometidos de la Inquisición:
Hacía poco, había observado cómo habían quemado en la plaza mayor de Asmodín a CUL, una vieja aprendiz suya de largo pelo rojo... La muchacha fue calcinada en unos segundos, pero fue tiempo suficiente para gritarle a la multitud: "Jejejeje... ¡Todos estáis malditos! ¡Así como a mí, caerá fuego a sus cuerpos!"
"Seguramente eso pasará muy pronto... y creo que sé quien será el portador de ese fuego" se dijo para sí, mientras abría la puerta y contemplaba el cabello rubio revuelto y las mejillas enrojecidas del joven sirviente. ― ¿Y bien?
― Yo... yo... vine de inmediato a usted, Maestro... Mi amo ha hecho un Pacto con Satán para tener su poder... Es por eso que... tiene esa habilidad infernal retener a mi hermana y a las demás para sí... Encontré a alguien que también ha perdido a un ser querido por el cerdo de mi amo... y que puede ayudar...
El viejo sonrió― Entra ahora, respira un poco y cuéntamelo todo... Así podremos ayudarte a realizar tu deseo―Le dio una palmada en la mejilla―. Felicidades: Ahora sí estás listo, Len.
―Asmodeus. Tu amo posee a Asmodeus―murmuró el Maestro de Ceremonias poniendo un largo dedo en una página de su libro―, es el Demonio de la Lujuria (4). Posee un gran poder y los que lo conjuran a su protección... no son fáciles de vencer: es decir, que la brujería ordinaria no les hace efecto―sonrió con pesar al ver la cara de desolación del sirviente neófito―. Sin embargo, como todo en este mundo, todo posee un punto débil. Y este es… ―levantó una rata que mordisqueaba un trozo de pan por la cola; ante la mirada de Len y de los demás, cogió un cuchillo y se lo enterró en el pecho, acallando sus horribles chillidos. Deslizó el cuchillo hacia abajo, abriéndole todo el vientre y sacando entre los dedos manchados de sangre…―…Su corazón. Toma el libro y lee el pie de página.
Los ojos de Len se posaron en una página bastante desgastada, donde se apretaba un texto espigado que estaba debajo de unos dibujos bastante macabros de demonios de largas barbas, cuernos de ciervo y rostros cadavéricos, se asomaba un pie de página que decía:
"...Si queréis vencer a un protegido de Asmodeus ("Suena a Asmodín" pensó Len al ver ese terrible nombre en el papel) primero debéis ofrecer un sacrificio para invocar la anulación al poder maléfico del protegido; y luego, de los jugos de la persona ofrecida, crearéis una pócima en la cual impregnaréis un metal afilado, preferiblemente metal. En síntesis, una..."
―...Navaja profunda al corazón, impregnada del veneno, es suficiente para acabar con la Bestia―susurró el anciano, completando la frase y sobresaltando a Len―. He ahí para cumplir tu deseo: debes clavar un hierro al corazón de tu amo y el hechizo que retiene a tu hermana se romperá.
― ¿Es... está seguro?-susurró Len mirando con avidez ese pequeño párrafo, respirando agitadamente. ¿Seria verdad? ¿Lograría cumplir la promesa a su hermanita?
Taito soltó una risotada―Si esto no funciona, haz explotar el castillo y problema resuelto, jejeje.
...
"―Muy bien. Esto es lo que harás, Len: tomarás estas dagas e irás a la Iglesia de Asmodín, donde estará el sacristán. Como debe preparase para las misas del anochecer, estará solo...
― ¿Quien está ahí? ―susurró de pronto el religioso al oír una especie de murmullo proveniente del otro lado del vestíbulo. "Tal vez fue una rata" pensó… pero a las ratas, con sus quedos pasitos de hombre… no se les oye respirar.
Cogió su lamparilla y dobló a ese vestíbulo, que daba a un corredor descubierto al aire libre donde estaban las hileras de osamentas de diversas religiosas y curas del pueblo... Allí vio una figura algo pequeña, revestida de negro, encorvada y dejando una flor frente a una lápida que... si no estaba mal, era la de la Hermana Kaiko, que había muerto hacía años de las secuelas de la viruela… Su lápida decía:
Beloved Sister Kaiko
1361 – 1389
"Where your treasure is your heart will be also"
― ¿Hola?
―Perdóneme, padre, que he pecado... ―dijo la figura con una especie de siseo, enderezándose y mirándolo fijamente... El sacristán diría después que solo había podido verle los ojos, de un azul fijo y helado... De pronto sacó un objeto brillante de entre los pliegues de su esclavina (5) El hombre se sobrecogió y empezó a retroceder, murmurando oraciones, aferrado a su rosario... Len solo rio―. No vine a lastimarle... solo vine a dejar un recuerdo a una amiga y a pedirle que bendiga esto―Señaló las dos dagas, apuntándolas a su estómago―. Hágalo y me iré en paz, padre.
―Eh... eh... ―tartamudeó el párroco observando con ojos desorbitados las filosas puntas, a las cuales movía su temblorosa mano derecha―, en el nombre del P-Padre, del Hijo y de-del Espíritu S-Santo...
―Amén―susurró Len clavando la punta en el pecho del hombre y hundiéndola un poco, haciéndole salir corriendo del corredor, soltando la pequeña lámpara que llevaba y rompiéndose, envolviéndolo todo en oscuridad...
…Luego, irás por las calles vacías del pueblo, buscando a un candidato perfecto: Sé cuidadoso al elegir; espéralo, como la araña en su telaraña, cuando se vale de los rocíos de agua en su red, para atraer a la mosca a su trampa...
― ¿Di… hip… dices que hay una fiesta por aquí? ―susurró el mendigo del porquerizo a quien Len había abordado: era larguirucho, de pelo negro y barba sucia. Mientras hablaba, Len arrugó la nariz ante el tufo a licor pasado que este despedía.
―Oh sí, mi querido amigo Andy (6)… Ahora mismo iba yendo hacía ella, para celebrar la… la Cosecha: Habrá música, comida, bebidas, mujeres...
― ¿Mujeres? Hip… ¿Dijiste mujeres? ¡Entonces te acompaño, amigo hip! ―exclamó Andy levantándose y siguiendo a Len... o más bien, apoyándose en Len, pues se tambaleaba al caminar. El pobre sirviente rezongaba ante el peso del mendigo, pero internamente, sonreía...
...Y finalmente lo llevas hacía el bosque, justo detrás de esa roca que se conoce como "La Roca del Narigudo" para que celebremos juntos el Sabbat... Buena suerte"
To be continued…
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Author`s Note:
(1) Se les llama "Novicios" (en alusión a las novicias de las aprendices de monjas en el cristianismo) a los nuevos en el Aquelarre, considerándolos en la parte más baja en la Jerarquía de la Brujería. Otro nombre es Neófito.
(2) Lilith es un personaje bíblico. En la tradición judía la relacionan con la primera esposa de Adán, pero esta, al negarse a someterse a los deseos de este, huyó del Edén y juntándose con demonios del Mar Muerto, engendró cientos de monstruos. Existían (y todavía existen) cultos a Lilith en todo el mundo, no solo en la Europa Medieval; la cual suelen llamar "La Gran Diosa" o "Gran Madre", asociándola en la cultura babilónica como "Ishtar". Mayormente sus adeptos son/eran mujeres (Suelen llamarse "Hijas de Lilith") pero también hubo/hay hombres entre sus filas.
(3) El líder del Aquelarre se le conoce también como "Maestro de Ceremonias"
(4) Asmodeus es concebido como el demonio responsable de pervertir los deseos sexuales de los humanos, de motivar la voluptuosidad y hacer que las almas, dantescamente hablando, sean condenadas al Segundo círculo del Infierno. Es considerado uno de los siete demonios más importantes del Círculo Infernal.
(5) La esclavina es un tipo de capa de paño ligero que posee un capuchón y bolsillos laterales.
(6) Este personaje inventado la representación de Javier Andrés Avendaño, un *censurado* del cual nos vengamos poniéndolo como el "Sacrificio".
Originalmente pusimos a Yamcha XD.
-.-
Shade: Originalmente pensaba seguir un poco más, pero decidí ser justa con todos y darle lo que va a ocurrirle a "Andy" y a Len su espacio propio. Y sí, La Hermana Kaiko murió hacía mucho.
Advertencias del próximo capítulo: Gore, violencia, sacrilegio al 100%. Un lemon imposible de creer… o de soportar.
¡Atención: Estamos trabajando en un regalo sorpresa para ustedes! ¡Espérenlo pronto!
