Shade: Buenas noches, mis pequeños… ¿Estáis listos? Bienvenidos al capítulo final de la Saga Witchcraft. Quiero agradecerles el haber seguido con nosotras en estos dos años de aparente "Complete" de S. of V. para darle la justicia que merece.
ADVERTENCIAS: +18. Aquí sí seremos sumamente explícitas hasta en los signos de puntuación (?) Brujería y ocultismo. Escenas gore y sangrientas. Desnudez. Lemon extremadamente fuerte que incluye sodomía y sexo grupal (Que conste que advertimos: Por favor, no nos linchen XD)
Playlist: "The Sacrilegious Scorn", de Dimmü Borgir y "Moonchild", de Adrian von Ziegler.
Lost III
Witchcraft, parte 3: The Howling (…a aullar aprende")
Se empieza el ritual, (So…)
Cuerpos a mediana luz (…do…)
Beben de otras bocas, (…mí…)
Y se excita (…a)
Mago de Oz, Aquelarre.
— ¡Oyeee, no veo ninguna mujer por aquí, hip! ¡Me engañasteee!
—Por supuesto que no, ¿y quiere por favor cerrar la boca? —le espetó Len resollando bajo el peso del mendigo.
—Ya, ya, que sensible eres niño, hip—rió Andy sacando de la solapa de su mugriento traje una botella de licor y la bebió a grandes tragos.
Len suspiró y alzó la vista al cielo, notando que ya era definitivamente de noche. Avanzaban prácticamente a paso de tortuga coja, pues el mendigo iba casi cayéndose de tanto en tanto. Hacía mucho que habían dejado de verse los tejados de la Iglesia de Asmodín y solo había enfrente de ellos una interminable sucesión de árboles rojos y follaje marchito, que sentían cuando crujían las hojas secas bajo sus zapatos. Su corazón latía con fuerza a cada paso adelante que daban, y a pesar del frío había, sentía la cara muy caliente.
Finalmente llegaron a un pequeño claro que estaba franqueado por robles. A un lado se escuchaba débilmente el sonido de caída de una pequeña cascada que alimentaba un brazo del río que atravesaba hacía el pueblo y a unos metros se alzaba una gran roca de piedra caliza que tenía la extraña forma de un rostro… Eso era lo más perturbador del sitio, pues los bejucos que caían a un lado de la roca, parecían ser cabellos y una larga grieta que le atravesaba, su boca abierta.
—Curioso lugar para hacer una fiesta, jejeje ¿seguro que es aquí? —preguntó Andy soltándose de Len y observando el lugar—. Jajajaja, parece una persona, hip—dijo señalando la roca y acercándose a ella—, hola, holaaaa... ¡¿Me hip… puede hip… escuchar hip…?!—Soltó un bufido y le tiró la botella vacía—; ¡Que burro, no me quiere hablar! Oye… ¿tienes más licor? —Le preguntó a Len a gritos, volteando la cabeza hacia atrás…
Y cayó desmayado al suelo al segundo siguiente, gracias al golpe que Len le dio en la cabeza con una roca.
"Gakupo…"
El Duque Gakupo de Venomania se dio la vuelta, sonriendo ante ese sonido tan familiar y tan… cálido. Se acercó poco a poco al gran espejo de marco dorado que estaba en el centro de su habitación. Sin ningún temor, apoyó la palma de su mano en el frío vidrio bruñido, deslizándolo a todo lo largo, como si estuviera acariciando a alguna de sus esclavas… Al bajar más la mirada, se encontró con un par de ojos escarlata que lo miraban fijamente, como el sirviente de la madrastra de Blancanieves. Esos ojos se arremolinaban entre densas humes negras, sin revelarle su verdadera forma… Así fue como se le había aparecido la primera vez…
"Soy Asmodeus, el príncipe de los pecados carnales, el ser que se encarga de llevar a los hombres a las turbias aguas de la lascivia. Yo arrebato la belleza de las vírgenes y anhelo sus corazones… Yo transporto a los hombres a los lapsos de la locura y el deseo"
Como el joven Duque de Venomania no había salido corriendo, el ser cortésmente había proseguido: Había visto su tristeza, su dolor y toda su rabia… y podía ayudarle: Le daría un rostro único, divino, que ningún mortal sería capaz de imitar o de resistir; un rostro más bello que el legendario Rey de Francia (1), un rostro superior al de los mismísimos Dioses, que parecería esculpido por el mismísimo Donatello… un rostro por el que ninguna mujer, fuera princesa, burguesa o la inclusa la última lavandera del reino, se resistiría jamás… Solo era cuestión de cerrar el trato con él… dándole un poder que jamás había imaginado, o soñado siquiera…
¡Qué cosa tan extraña es el poder que poseía! Algo extraño y al mismo maravilloso. Algo que había dado fin a su antigua apariencia desgarbada y contrahecha, que solo había conseguido pescar un resfriado… No había importado cuan noble o rico era, ni siquiera la más humilde trapera de la calle se había fijado en él. ¡Hasta Len le había superado en belleza, con esos ojos celestes y cabellos amarillos, había parecido un querubín a lado de su feo amo! Y cuando había intentado acercarse a alguna de las mujeres nobles del pueblo, estas solo se habían reído en su cara… Gumi, Gumi, la que más había querido… lo había tratado como un zapato viejo.
El Duque Gakupo había parpadeado, deslumbrado… "un poder que jamás había imaginado, o soñado siquiera…" Y ese poder era… Tener a Gumi… Un momento, ¿solo a Gumi? ¡Si con esto podía tener a cualquier mujer que quisiera…! Por un momento, lo había asaltado la duda, ¿sería correcto todo esto? Pero este se había esfumado tan pronto como llegó: Si tratando de ser amable con ellas, recibía solo burlas y desprecio… Con este poder, todos bailarían este eterno baile con él…
Y como si fuera otro de esos bailes, Gakupo se terminó de abrir el cordel de su bata, dejándolo deslizarse por sus hombros hasta el suelo, mostrándose completamente desnudo ante el demonio del espejo…
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó Len mirándolo fijamente, cuando este se había despertado. Andy parpadeó, tratando de incorporarse del suelo.
— ¡Uf, amigo, hip! ¡Me siento como si un elefante se me hubiera sentado encima, hip! —masculló el mendigo sobándose el chichón de la cabeza, al parecer, sin percatarse siquiera que estaba frente a quien le había dejado inconsciente…
Al enfocar mejor la vista… Notó algo diferente en el ambiente. Una gran fogata ardía alegremente frente a ellos, envolviéndolo todo en un aire de calidez… Pero lo más sorprendente fueron las dos pequeñas mesas de madera que estaban frente a un roble, donde momentos antes no había nada, y estas estaban llenas de… ¡comida!: Pasteles y asados. Un pastel de al parecer cinco libras. Peras de agua, manzanas y bergamotas. Un pato y una liebre confitados… ¡Y lo mejor: vino y cerveza! ¡Mucha cerveza! Se frotó los ojos, esperando que fuera alguna alucinación por su desmayo… Y solo enfocó a una mujer desnuda de largo pelo rojo, ofreciéndole un gran vaso de cerveza y la vista amplia y generosa de sus túrgidos y redondos senos… No, no era una fiesta, ¡esto era el cielo!
—Bienvenido, querido amigo… Te estábamos esperando—susurró ella con voz aterciopelada, posando una mano en su mejilla sucia y mal afeitada.
—Oh, por Dios… Len, si esto es un sueño, te lo imploro por Dios que no me despiertes, hip…—susurró Andy al rubio, relamiéndose sin disimulo. Miki soltó una risita y se acercó más a él—Gracias, hermosa—Y tomó su vaso, bebiendo un largo trago… y que casi inmediatamente escupió un poco—. ¡Sabe a rayos! ¿Qué es esto…? —Se empezó a tambalear—, ¿por qué… qué me siento algo mal, eh? Debe ser esta cerveza, seguro…
—No te preocupes, es solo… un pequeño efecto—dijo Miki, dejándolo paralizado (y excitado) con un sensual beso francés—. Ahora que estás aquí, la fiesta puede empezar…
Por entre los árboles, emergieron Taito, Sweet Ann y varios personajes más que Len solo conocía a algunos otros como a Piko, Oliver, Prima, Bruno y Clara… Todos iban enfundados en sus túnicas negras ceremoniales, con las capuchas caídas, todos mirando fijamente hacía Andy. Este parpadeó, sorprendido.
—Eh… no me dijiste que iba a ver más hombres aquí, Len—masculló molesto, volteándolo a ver… para luego asustarse: La mirada de Len estaba completamente turbia y sonreía de forma extraña. Escuchó entonces a alguien soltar una carcajada espasmódica y jadear:
—Por fin… sangre fresca, jejeje—Había dicho Bruno. Por más borracho que estaba, a Andy esa frase no le gustó para nada… Intentó moverse, pero entonces unas manos lo agarraron por los brazos, aferrándolo firmemente…
— ¿Qué demonios, Len…? ¡Hummmph…!—Le pusieron una mordaza en la boca, acallando sus futuros gritos.
Y luego dijo Len a continuación:—Es hora de la fiesta, Maestro—susurró dejando entrever sus dientes de animal carnívoro entre su sonrisa.
…
—¡Bienvenidos, hermanos y hermanas míos, a esta maravillosa noche! —exclamó el Maestro de Ceremonias abriendo los brazos completamente, mostrándoles a todos los presentes su macabra sonrisa de dientes partidos. Sacó una copa de hierro y la llenó de vino —, hemos venido esta noche de sábado de octubre para celebrar la iniciación de nuestro joven hermano Len… A tu salud, muchacho.
Alzó su copa en dirección al rubio sirviente, quien estaba sentado entre Miki y Clara en el extremo opuesto del círculo que habían formado todos al sentarse en el suelo, rodeando la gran fogata del centro. Todos respondieron con el "¡Itaerit illud!" que ya Len podía decir a la perfección.
Bruno y Piko habían colocado entre los presentes los platos de comida y bebida. Len extendió las manos a la fuente más cercana y empezó a comer con avidez… Hasta ahora nunca había tenido tanta libertad de comer lo que se le antojara, sin tener que pedirle permiso a su amo o estar temiendo una reprimenda de su parte… Simplemente comía, ¡Y vaya que la comida estaba deliciosa! La mayoría estaban condimentadas con sabores picantes y extraños que le hacían brincar las papilas gustativas y que además le quemaban la garganta… haciéndole desear cada vez más… Y haciéndole perderlas luces cada vez más.
Este Aquelarre del siglo XVII comía como si fueran celtas en la época Romana: comían con las manos, por lo que no había ni cucharas o tenedores, sino pequeños puñales para cortar los trozos difíciles. Pronto, con el correr del vino, la algarabía subía… y la decencia se perdía: En algunos momentos se lanzaban la comida entre sí, como si fueran niños traviesos: En un momento, Len arrojó un trozo de embutido que aterrizó entre el escote de Sweet Ann… haciéndole reír de forma lujuriosa mientras hundía los dedos dentro de sí buscándolo y al final comiéndoselo, mientras Taito masticaba vorazmente el pato confitado, devorado incluso los huesos… El Maestro de Ceremonias era el único (aparte de Len) que comía de forma normal entre todos… bueno casi, pues cuando comía, los jugos se le escurrían de entre los labios, haciéndole parecer que escurría sangre… Y finalmente Andy, amarrado en el roble frente al círculo, trataba inútilmente de gritar, pues la mordaza le tenía la lengua atorada.
En un momento, el Maestro sacó de entre sus ropas una botella de cristal que tenía dentro algo que se movía… Al desatar el corcho, salió un enorme sapo verrugoso de color verde intenso… al cual acercó a sus labios y lamió por todo el lomo. El anciano suspiró y levantando la vista hacia el cielo, sonrió… Y así en un macabro juego de "toma y dame", el sapo fue pasando de mano en mano entre los asistentes, quienes lo besaban y lamían entre los horribles mugidos que hacía el animal; unos en el trasero y otros en el lomo, otros chupando con la suya la lengua y babas del bicho…
Cuando finalmente el anfibio llegó a Len, este vaciló un momento, observando perplejo los saltones ojos del animal y su asquerosa boca abierta… Tragó saliva… Y finalmente Len deslizó la lengua a todo lo largo de animal, hasta finalmente soltarlo. Casi inmediatamente sintió ganas de vomitar. Se tapó la boca con fuerza, rehuyendo con todas sus fuerzas las náuseas… hasta que… una sensación que nunca había sentido antes, le empezó a embargar por la espina dorsal, como una especie de delicioso hormigueo que penetraba su sangre, huesos y carne… Era una sensación llameante como el fuego, que volvía borrosa su razón y exaltaba sus sentidos al máximo: sentía que podía percibir, oler y saborear todo a su alrededor… Era un completo éxtasis. (2)
—Te agradecemos, oh Diosa Madre, por esta comida y este éxtasis tan sublime al que nos colocas—susurró el viejo soltando una risa espasmódica, coreado por el resto de los presentes, quienes estaban tan idos como él.
La cabeza de Len daba vueltas; su pecho y su garganta ardían como si hubiera fuego, la respiración la sentía pedregosa y silbante… y a pesar de eso, se sentía tan… vivo, como nunca antes… Volteó la cabeza hacía el aterrorizado Andy, quien amplió los ojos al ver a Len acercarse hacía él, tan horrorizado por todo lo que había visto hacía ahora, que todo el efecto de la borrachera se le había pasado, orinándose encima.
— Len, Len, por favor ayúdame—susurró el mendigo en cuanto Len lo liberó de la mordaza—. ¡Por amor de Dios, no te quedes parado ahí, ayúdame! —dijo desesperado al ver que Len no se movía, ni parpadeaba siquiera, como si no entendiera lo que le estaba diciendo…— ¡¿ACASO ERES BURRO?! ¡TE DIJE QUE ME AYUDAR…!—Y de improviso, Sweet Ann le metió una enorme manzana roja en la boca, volviéndolo a callar, entre risas burlonas de los demás.
El Duque Gakupo se acercó suavemente hasta quedar frente a frente con el espejo. Apoyó las yemas de sus largos dedos en la fría y pulida superficie, en una larga y sensual caricia desde hacia arriba hacia abajo, como si acariciara el cuero peludo de un abrigo o la piel desnuda de una mujer… O más bien, la suave piel de sus propios hombros.
Sus ojos se ensombrecieron de oscuro placer mientras recorría lentamente la silueta de su propio reflejo, al que le parecía como el de una Deidad, esculpido al cincel por alguno de esos antiguos artistas griegos… Sus dedos se detuvieron en el centro de su pecho, donde estaba su corazón, completamente oscurecido por el poder de la Lujuria de Asmodeus… Jamás iba a encontrar otra criatura más hermosa que la que estaba frente al espejo; sí, su podrido corazón latía por Gumi… pero aun así, sus ojos no se apartaban de ese divino reflejo que tenía en frente.
Su poder de la Lujuria era tan grande, que hasta incluso él mismo caía embelesado por él, como un Basilisco o Medusa que se matan ante su propia mirada de muerte reflejada… o más bien, como Narciso cuando se inclinó a tomar agua del estanque tras un día de caza y rechazar a Eco, este había quedado hechizado por su propia belleza… Como el cazador de cabellos de oro, Gakupo se inclinó para besar esos perfectos labios que veía en frente, apoyando la mano en su mejilla… dejándose llevar por la sensualidad de los helados labios del demonio.
—Alcen los brazos hacía arriba, hermanas y hermanos míos, celebremos la llegada de la Cosecha, que nuestra Gran Madre nos ha otorgado.
Len y los demás asistentes alzaron los brazos hacía arriba lo más que pudieron, como si quisieran salir volando y alcanzar con las puntas de sus dedos los titilantes luceros que tachonaban la negrura infinita del cielo, donde flotaban hacía allí las rojas y naranjas chispas de la hoguera, hasta perderse. El claro estaba completamente iluminado además de la Gran Hoguera que teñía en tonos anaranjados las pieles y los oscuros ropajes de los presentes. La Luna, espectral y acostada, parecía una inmensa y macabra cara sonriente… Había llegado la Medianoche.
— "Luna dea potens sum. Domina omnium magica. Ventorum,
et folia movens cantáte nomen meum. Uti in lunatam
frontis et pedes sidera pacem. sum
adhuc reconditis mysteria, recenter iter suscipitur. ego sum
intactum agrum aratro. Gaudete in me et scitis
pleno iuuentutis" (3)
El burbujeo constante contra las rocas de la pequeña cascada, el silbido agudo del viento y el crepitar de las llamas tapaban un poco el Cántico dedicado a la Gran Diosa. El mendigo, ahora atado de cabeza en un tronco que estaba frente a la hoguera, gemía de terror ante toda la diatriba que no lograba entender. No podía alzar la voz más, pues de tanto intentar gritar a través del paño que tenía en la boca, aferrado a la efímera esperanza de que alguien lo escuchara y fuera a ayudarlo… al final se había quedado afónico con el esfuerzo.
—Estamos aquí, oh Gran Señora de la Noche, para que ampares y cumplas el deseo de tu hijo, que ha venido hasta ti, porque su inútil Dios, al que te rebelaste y rechazaste su tiranía… —musitó el Maestro de Ceremonias —…le ha fallado miserablemente. Finalmente entendió que el Dios de la Cruz es inferior a tu poder benévolo e infinito… Libéranos a Arioch (4) uno de tus hijos del Mar Muerto, para que en tú hermoso nombre cumpla su deseo…
Lentamente, el sirviente de Venomania se levantó y avanzó por entre los expectantes rostros de los demás, hacía una marca que el Maestro de Ceremonias había hecho con una rama en la tierra: Un pentagrama de dieciséis puntas (5), manteniéndose cerca de al ardor de las llamas, que arrancaban destellos rojos a sus cabellos amarillos, dejándose por un momento penetrar por el calor del fuego… Un fuego que penetraba sus venas y las convertía en cenizas ardientes… Cerrando los ojos, Len levantó una mano traslúcida hacía el cielo estrellado y la movió en un gesto de anatema, para condenar para siempre los crímenes de su amo, el Duque Gakupo, para exorcizar los cuatro malditos años donde había sufrido lo indecible… para castigar hacía lo profundo de los Infiernos el horrible tormento a su adorada gemela.
Abriendo los ojos, Len clamó a los Cielos con voz ronca y casi animal:
"Escucha ahora las palabras del Gran Dios Cornudo,
El guardián de todas las cosas salvajes y libres,
El que todo llamado debe contestar.
Yo soy el fuego dentro de tu corazón, el deseo vivo de tu alma.
Yo soy quien me mantengo en la oscuridad de la luz;
Soy a quien han llamado de entre la muerte.
Ven a mí Arioch, Dios de la Venganza y el Desquite,
A quien tantos antes de mí has cumplido sus deseos de revancha,
Flagelación y pasión, la espada y la sangre... ¡Son mis regalos para ti!" (6)
Al mismo tiempo Len extrajo de la solapa de su esclavina las dos navajas bendecidas por el aterrado Sacristán horas antes y que destellaron terribles ante el fuego. Len las juntó una junto a otro sobre su cabeza, dando una vuelta completa sobre el pentagrama, sintiendo como si de verdad el poder de Arioch se manifestara dentro de él, dando la voluntad que necesitaba para enfrentarse al Duque Gakupo y a Asmodeus… Las bajó a ambos lados de sus costados, manteniéndose con los ojos cerrados por un momento… Los abrió bruscamente, clavándolos… en Andy. El mendigo empezó a patalear con desesperación, mientras se sentía cada vez más mareado por la sangre que le empezaba a acumular en su cabeza. Soltó un estrangulado alarido de terror al ver a Len acercándose lentamente, mirándolo fijamente a los ojos… Unos ojos que, tal vez por el relejo de las llamas o algo más… No eran azules, sino amarillos, como los de una pantera negra. A los ojos de este Len "poseído" por el éxtasis de Arioch, la rabia y el dolor… los aterrados ojos lechosos y enrojecidos del hombre no eran otros que los del mismísimo Duque de Venomania, mirándolo con burla cuando abrazaba a su maltratada hermana en el suelo de la alcoba principal…
—Hummm…. ¡AAAAAHHHHHH! —gritó el mendigo con todas sus fuerzas contra la mordaza de la manzana, al sentir la punta de la primera daga penetrar su bajo vientre y deslizarse hacia abajo en un largo y profundo corte vertical, que hacía resbalar la sangre a raudales, inundando todo el pecho del tipo hasta llegar a su boca, haciéndolo tragar su propia sangre entre horribles sonidos y convulsiones, pues del shock le había quedado la boca abierta, colgándole… La segunda daga penetró por el agujero que había hecho el primero, cortando de forma limpia los intestinos del mendigo que se agitaba por las convulsiones, los cuales salieron de su cuerpo como si fueran pequeñas y rosadas culebras hasta llegar al suelo… Len entrecerró los párpados casi con placidez, los cuales le quedaron junto con gran parte del rostro teñidos de rojo por la sangre: Era como preparar un pescado por el vientre.
— ¡Acepta esta ofrende que tu hijo te da, Gran Madre! —exclamó el anciano mostrando una sonrisa alegre ante el espectáculo.
Len le dio la espalda al cadáver para mirar hacia el cielo y empezar a dar vueltas sobre sí mismo como enajenado durante unos instantes, respirando agitadamente, sintiendo como el Mal se apoderaba más y más de su ser… Por fin, sería escuchado, por fin, sería amparado.
Len Kagamine clamaba por Justicia… Len Kagamine clamaba por Venganza… Len Kagamine clamaba por Sangre.
También Gakupo daba vueltas sobre sí mismo, completamente envuelto en un éxtasis absoluto que lo embriagaba…
"Ellas nunca quisieron aceptarme por como soy… Aun cuando yo era amable con ellas, me trataban mal… Ahora, con este poder, pondrán cara de pascuas cuando me vean, como si me amaran verdaderamente…
Mientras decía eso, sombras negras se deslizaban por toda su piel, como negras serpientes que se alojaban en todo su cuerpo en círculos, gajos y formas, en como si fueran tatuajes… Unas negras alas como de murciélago emergían de entre sus hombros (7), estirándose hacia arriba en un grito gutural que resonó por todo el castillo…
…Ahora, con este poder, ¡¿quién osará resistirse a mí?! ¡Soy el hombre más hermoso y poderoso de este mundo! ¡Ninguna mujer podrá resistirse! Soy su amante, soy su marido, soy su todo… ¡Yo… SOY SU DIOS! ¡ARRODÍLLENSE Y EMPIECEN A CHUPÁRMERLA, MUJERES, PORQUE SOY SU DIOS!"
Piko y Prima habían empezado a tocar el tambor y la flauta respectivamente, llenando el claro de un sonido frenético, casi primitivo… No era nada parecido a las carolas (8) de esa época, demasiado rígidas y formales, sino que todos se levantaban empezaban a moverse libremente al son de la música, algunos solos y otros agarrados de otro, dando vueltas y giros.
— ¡Len, baila conmigo! —le invitó Miki entre risas, pero el sirviente intentó rechazarla con un gesto embarazado: No sabía bailar—. Anda, no seas tímido—Lo agarró de las muñecas y empezó a dar vueltas con él alrededor de la fogata. Len al principio casi se cayó, pues estaba mareado (la cabeza le seguía dando vueltas, pero sin dejar de ser una sensación agradable) pero pronto emergió de su cansado rostro una sonrisa auténtica (o casi) mientras giraba con la pelirroja en una especie de "Rueda-Rueda" que terminó con los dos cayéndose al suelo, riéndose a carcajadas. Luego, Len, el Maestro de Ceremonias, Miki, Sweet Ann, Taito, Oliver, Bruno, Clara, Kiku y Rinto se juntaron conforme la música de Piko y Prima se hacía más rápida y frenética. Como el juego del gusanito, todos se pusieron uno detrás de otro, formando el símbolo de la Serpiente que se muerde la Cola…
…Y Lo que al principio era un baile algo coordinado… Pronto se empezó a descontrolar: El anciano, quien bailaba muy bien a pesar de su edad, se abrió la túnica y se la empezó a quitar, revelando la piel de su pecho hundido tan apergaminada y manchada como la de su rostro, los brazos cubiertos de una pelusilla gris… y finalmente hasta caer todo.
Len miraba todo lo que sucedía con perplejidad… y con más perplejidad para ustedes que no se asustó siquiera… Sino que también el sirviente se había empezado a dejarse desprender de sus ropas, cuando las manos de Miki habían tocado sus hombros y siempre con una sonrisa enigmática, había empezado a jalarle la corbata… Su viejo ropaje (manchado de sangre) fue deslizándose por su piel hasta caer al suelo en un ruidito sordo. Lo mismo había hecho el resto de los presentes (menos Miki, quien de hecho ya estaba desnuda) y esta se había acercado más a Len y sin ningún pudor lo besó en los labios, probando por si misma el sabor amargo y picosito de la sangre… Len, completamente atontado por el éxtasis, cerró los ojos y enredó sus manos entre los rojos cabellos de Miki, devolviéndole el beso con algo de torpeza, que solo logró excitar más a la joven bruja.
A su alrededor, los demás también se habían empezado a entregar a diferentes juegos pecaminosos, sin importar un carajo si era un hombre o una mujer a quien el otro estaba besando y acariciando: A un rincón, Piko y Oliver se habían enzarzado en una especie de "lucha greco-romana en el suelo, desgarrándose las ropas y mordiéndose los cuellos con pasión, arrancándose gemidos y gritos. Bruno se turnaba entre Clara y Kiku, en el que mientras una le besaba apasionadamente, la otra le había levantado la falda de la túnica, para empezar a dejar besos y lamidas a todo lo largo de su miembro, entre gemidos amortiguados del pelinegro. Y como si fueran sus opuestos, Taito y Rinto habían acorralado a Prima, haciéndole soltar su flauta; Taito estaba pasando levemente la punta curva de su picahielos en la nívea piel de los senos de la mujer, quien se retorcía entre risas y placer, con Rinto frotándose con sonidos roncos detrás de ella, como si fuera un animal en celo. Y finalmente, el Maestro de Ceremonias observaba todo con una sonrisa, como si fuera un feliz espectador.
— ¿Estás listo? —susurró Miki contra los labios de Len relamiéndose con malicia, luego de varios minutos de sugestivos besos y caricias… La pelirroja miró hacia abajo y volvió a mirarlo, mostrando una de su chispeantes sonrisas—;…Hum, veo que tu amigo sí, jejeje—Y estaba deslizando las manos por el abdomen de Len con tortuosa lentitud, provocándole al rubio risitas y roncos gruñidos; Miki se estaba mordiendo la lengua y cuando justo había abandonado su bajo vientre… Unas manos agarraron a la pelirroja de los hombros y la apartaron suavemente del exaltado joven— ¿Pero qué…? ¡Sweet Ann!
— Lo lamento, querida… pero él es mío—repuso la bruja rubia con un aire indolente que hizo que Miki arqueara una ceja —. Je, yo le vi primero… Hey, no seas rencorosa, pronto te daremos atención a ti—Y agarró a Len bruscamente de las encarnadas mejillas y lo besó profundamente, deslizando su lengua dentro de él. Miki por su parte soltó un bufido y se fue a acurrucarse en los arrugados y manchados brazos del Maestro de Ceremonias en busca de un apasionado "consuelo".
La verdad es que de no haber estado completamente ido, Len hubiera dudado muchísimo en hacer esto… Sin embargo, su razón hacía mucho que había enmudecido y su cuerpo parecía estar obrando por cuenta propia. Si en algún momento, la imagen inocente y hermosa de su adorada gemela aterrizó en su mente, fue algo efímero como la niebla, al sentir los "dedos mágicos" de Sweet Ann al masturbarle rítmicamente, arrancándole fuertes gemidos… Era la primera vez que Len experimentaba algo así (si no estaba equivocado, él era el único "virgen" de la Cofradía), y su rostro se enrojecía más, su respiración se atragantaba y una deliciosa sensación se deslizaba por su bajo vientre, al sentirle acariciar todo su cuerpo a través de sus dedos, sus labios y su lengua, dejándole marcas en todo el cuerpo… Y luego sintió un aliento en su nuca y unos labios surcando su cuello: Era nada menos que el Maestro de Ceremonias, quien se había pegado sus espaldas, acompañado por Miki… El sirviente soltó un grito amortiguado al sentir el miembro del anciano penetrarle lentamente por detrás y empezar a embestirle, mientras Miki y Sweet Ann se turnaban para "montarlo"… Len sentía una mezcla de punzante dolor y de un delicioso y pecaminoso placer que lo envolvía en una espiral difusa… De un momento a otro, Len respiraba de forma acompasada sobre el frío suelo, con prácticamente todos los miembros del Aquelarre a su alrededor, sobre todo con Sweet Ann y Miki enroscadas a su alrededor, ronroneando de satisfacción. Era un calor sofocante, pero aun así agradable… Tan agradable, que el sirviente cayó en un sopor delicioso.
"Lenny… Lenny…"
Len abrió los ojos, ante esa voz ronca. Solo vio la oscuridad azul diluida de la pronta madrugada frente a él, ese color plomizo cuando ya se fue la noche, pero que aún no llega el alba. Se frotó los ojos, sintiendo un fuerte dolor de cabeza taladrándole el cráneo y un regusto amargo en la boca, como si hubiera comido algo repulsivo, como mierda o… o… o el trasero de una rana. Soltó un gemido de espanto, tapándose la boca y trató de incorporarse, notando además que no estaba desnudo, sino vestido, como si alguien le había vuelto a colocar sus ropas… Cerró los ojos un momento, con la mente atascada en un millar de preguntas, entra estas, la más obvia:
¿Qué diablos había pasado anoche…?
—Despierta Lenny, tenemos que irnos—Entonces sintió una helada mano palmoteándole el hombro: Era el Maestro de Ceremonias, quien lo miraba con una sonrisita irónica —, ¿dormiste bien, jovencito?
—Eh… Creo que sí—musitó el sirviente levantándose lentamente, pues todavía sentía ligeras nauseas. Al enfocar mejor la vista, observó que solo estaban Miki, Piko y Sweet Ann y que las cosas de comida bebida e instrumentos habían desaparecido —, ¿Dónde están los demás? ¿Qué… qué pasó aquí?
—Créeme, Lenny, es mejor que no sepas…—murmuró Piko con una mueca, y casi al instante, Miki le dio un fuerte puntapié, haciéndole brincar de dolor.
—Ya todo terminó, Len. El ritual se ha completado y eres uno de nosotros—dijo ella con una plácida sonrisa—. Créeme: estuviste increíble… lo lograste y de una manera espectacular, para ser un Neófito.
—Ya solo te queda… ejecutarlo que has pactado con Arioch—dijo Sweet Ann con tono condescendiente, mientras recogía sus largos cabellos dorados—, por parte de nosotros, nos vamos: Ya va a amanecer… Será mejor que regreses a tu hogar y te prepares para lo que viene—agregó. Len asintió mirando el suelo con aflicción: Toda la sensación de poder del éxtasis se había terminado, y ahora solo tenía miedo e incertidumbre…
Notándolo, el Maestro de Ceremonias apoyó una nervuda mano en el hombro de su discípulo, mirándolo con gesto suave y paternal… La mirada más cercana a una amable que Len había recibido de parte de alguien en todos estos años…—Len… No te puedo asegurar lo que te deparará La Suerte a ti y a tu hermana cuando esto termine por fin, pero solo puedo decirte una cosa: A pesar de todo lo que has sufrido… llegaste al final del rompecabezas imposible que era tu vida; quizás algún día lo desordenes de nuevo para resolverlo, Len… porque la vida nunca se dijo que fuera fácil, y menos para criaturas como tú o como yo… —Le agarró de la mejilla, haciendo que Len lo mirara a los grises y acuosos ojos que parecían más vivos que nunca—, nunca más vuelvas a agachar tus orejas o a esconder tu cola, pequeño lobito, hazlo por ti y por tu hermana. ¿Entendiste? —le palmoteó enérgicamente, sin dejar su sonrisa enigmática.
—Sí… Sí lo haré, Maestro—susurró Len todavía sintiéndose atontado. Lentamente retrocedió y echó a andar hacía el caminillo que había tomado hacía unas horas atrás con Andy… ¡Andy! Qué… ¡¿Qué le había hecho?! Por más que lo intentó, Len apenas podía recordar lo que había pasado tras la fastuosa cena… Se estremeció al recodar el sabor amargo y a la vez picoso de la sangre tipia del tipo escurriéndole por el rostro hasta sus labios…
Agitó bruscamente la cabeza y volteó un momento la cabeza hacia atrás: El resto del Aquelarre ya se había ido.
Había regresado al pueblo y rescatado a Innovador tras haberlo dejado amarrado en el anillar de un potrero que estaba cerca de un bar. El caballo relinchó con ansiedad, como si adivinara la multitud de sentimientos que ahora surcaban la mente de su amigo humano. Quedamente, ambos abandonaron el pueblo para internarse hacía el oscuro bosquecillo que lo llevaba hacía el castillo del Duque de Venomania.
Len lo dejaba andar a través del bosque casi a rienda suelta, mientras miraba distraídamente las ramas desnudas de los árboles y las hojas caídas que flotaban sobre los helados estanques. Toda la sensación de euforia, alegría y éxtasis que lo habían embargado en esa confusa noche se habían reemplazado por un nerviosismo casi insoportable que le estaba recorriendo la espina dorsal… La rana de ojos saltones… La oración al Señor de la Venganza… El filo del puñal cortando la carne hacia abajo, como si estuviera preparando un pescado por el vientre… La sangre caliente deslizándose por su piel y manchando su ropa… Los cuerpos de los demás miembros juntándose muy de cerca con la suya…
"Lenny… Lenny"
Era la misma voz que había oído antes… Len automáticamente jaló las riendas del caballo, haciéndolo detenerse en medio de una especie de claro donde solo había arbustos y rocas. Temiendo creerse haberse vuelto ya loco, Len preguntó en voz alta:
— ¿Quién es…?
¿Quién es…? ¿Quién es…? ¿Quién es…? Rebotó como un Eco alrededor del claro hasta perderse en los alrededores. Por primera vez en varios días, Len volvió a sentir miedo, como debería sentirlo un niño pequeño cuando se separa de su madre en medio de una calle concurrida… Esa clase de miedo que te paraliza y te deja en blanco… Entonces, la voz… Arioch, el Señor de la Venganza, volvió a las profundidades de su mente:
"Sigue adelante, no mires hacía atrás… Pues cuando todo esto se termine, tu reloj se detendrá y no verás más nunca la luz. El Mal está adentro de ti, donde solo podrás ver un largo corredor de eterna oscuridad… Así es como se sacia el odio de los hombres: Es parte de cada uno de nosotros, así como el aire que respiramos para vivir…
"No… no… ¡NO, NO!" gritó Len dentro de su mente una y otra vez, sopesándose los cabellos, tratando de acallar la voz, que siguió sin piedad:
...No niegues quién eres y en qué te convertiste, Len Kagamine… Abre los ojos y mira"
Abrió bruscamente los ojos y miró hacia delante de la montura… y soltó un aullido de terror: Era el mendigo, tirado en medio del claro, con una enorme mancha de sangre que empezaba desde un largo y tremendo corte en su bajo vientre y que subía por su estómago, donde sus intestinos, ya secos, se desparramaban hacía fuera. Sus ojos, completamente blancos y volteados, lo miraban fijamente, mientras en su boca manchada de sangre, estaba formada una macabra sonrisa…
Innovador soltó un chillido de consternación, pues el sirviente se había resbalado de la montura y había caído al suelo encogido, como si le hubiera dado un ataque…
Estaba perdido… Completamente perdido… Pues, aunque hubiera la posibilidad de que finalmente todo este Infierno que el Duque Gakupo le había hecho pasar durante estos cuatro y oscuros años terminaría (quizás o quizás no, nadie podía asegurárselo), ¿Quién podía asegurarle también de que precisamente ese mismo Infierno, esos mismos sentimientos de rabia y dolor acumulados lo perseguirían a él y a su dulce Rin por siempre…? El anciano se había equivocado: nunca sería libre… Libre de sí mismo…
…Un aullido lo hizo volver en sí.
Len abrió los ojos y se los frotó para ver mejor lo que tenía en frente: Entre las grandes rocas que bordeaban la pequeña colina que presidia el caminillo donde se llegaba a la casona, lo miraba fijamente un lobo completamente blanco… o casi, pues su blanco y esponjoso pelaje estaba salpicado de grandes manchas de sangre, como si hubiera tenido una horrible pelea; su cuello estaba rodeado por una gruesa cadena de hierro, atravesado por una soga reventada... Sin embargo, lo más enigmático del animal eran sus ojos, de un azul pálido, que lo miraban de forma incansable… y casi tan temerosa como él.
Esa aparición había hecho perder los estribos a Innovador, quien se encabritó levantando las patas delanteras en al aire, chillando de forma ensordecedora. Len temió un momento por su vida: Ese lobo podría fácilmente matarlos a ambos de una sola mordida, pensó al ver los blancos colmillos de la bestia que mostraba al jadear… Aun así, su sentido de supervivencia no parecía responderle: al contrario, era como si eso lo llamara… Y eso fue lo que justamente hizo Len: Lentamente se incorporó, sin dejar de mirar cara a cara al animal, quien de pronto empezó a hacer ruiditos lastimeros y a mover la cabeza de un lado a otro, como si algo le doliera; al mover la enorme cabeza hacía un lado, el sirviente notó que la cadena le apretaba el cuello, dejándole marcas rojas que penetraban el pelo y la piel…
Con muchísima cautela, Len se acercó hacía el lobo, quien se mantuvo impertérrito y mirándolo no con hostilidad, sino con curiosidad, como él había vuelto a mirar a Kaito cuando este le había dicho que quería ser su Aliado… Sus manos temblorosas se posaron en el hermoso pelaje del animal, tanteando a través de su cuello, en busca del cierre de la gruesa cadena… hasta finalmente oír un seco chasquido y el sonido metálico de algo cayendo contra el suelo…
Animal y sirviente se miraron fijamente a los ojos… "Fui como tú, un perro faldero atado y maltratado por sus amos…" parecía decirle a Len con sus hermosos ojos azules, "…pero nadie en este mundo puede negarse a lo que uno es y a lo que uno fue destinado a ser… Puedes creer que tu vida será triste, lluvioso y gris, pero tras la lluvia siempre viene el sol. Sé libre… sé libre, hermano Lobo, para que puedas respirar y correr, amar y proteger a tu Loba y cuidar a tus cachorros… tal y como lo dicta la Gran Madre. Solo así será llevadero el castigo que has de cargar en tus hombros, por pedir la libertad tuya y la de tu amada."
Len asintió lentamente, mientras miraba sin parpadear los ojos azules del Lobo blanco, que le resultaban, extrañamente, familiares…
— Soy… Soy tú, ¿verdad? —le preguntó Len en un murmullo, y casi al mismo tiempo, se abofeteó mentalmente: "Baka Len, los animales no hablan" El lobo le miró jadeando… Como si le estuviera… sonriendo.
Agitando su larga y peluda cola, el animal ágilmente saltó hacía las rocas más altas, volteó la cabeza una vez más hacía Len, soltó un corto y penetrante ladrido y se esfumó entre la niebla. Len se quedó mirando el punto donde el animal había desaparecido, hasta que la luz del alba se apareció sobre la colina, tiñendo de dorado el otoñal bosque. Se acercó a Innovador y le acarició el hocico con afecto.
—Es hora, amigo. —le susurró haciendo que el caballo soltara un enérgico relincho de respuesta.
Len sonrió y jalándolo de la rienda, corrieron colina arriba para correr sin parar hasta el patio del Castillo, donde, acurrucado entre cinco potes de helado de vainilla con chispitas vacíos, el Conde del Reino Azul, Kaito Shion, dormitaba esperándolo…
…
—Maestro, Maestro… tenemos que irnos—susurró Miki sacudiendo al anciano que dormitaba en la silla. El hombre se despertó bruscamente y gruñó.
—Cálmate hija, se te va a salir el corazón—repuso él con una sonrisa plácida; en ese momento entraron jadeando Taito y Sweet Ann, quien, por primera vez, no tenía su sonrisa traviesa, sino una cara de aflicción—, ¿qué les pasa?
—Maestro, ¿no oye los ruidos de afuera? —repuso Sweet Ann con un leve tono histérico. El anciano aguzó el oído… En efecto: Se oían lejanos alaridos, como de gente gritando. Resollando por una vieja reuma que tenía, el Maestro de Ceremonias salió afuera de la pequeña casita y se encaminó con Miki y guiados por Sweet Ann y Taito hacía la pequeña colina donde se podía ver mejor la panorámica de todo el valle…
Allí, en la parte alta de la colina que dominaba todo el pueblo de Asmodín… se veía un gran muro de fuego se elevaba hacía el cielo, tiñéndolo de colores naranjas que contrastaban con el azul oscuro del anochecer. Las llamas parecían estar devorando una especie de torre de piedra… Ahora, la única casa de todo este paraje que poseía una torre de piedra como esa era la de…
—…Sí—le confirmó Sweet Ann, como si le hubiera leído el pensamiento.
—El pequeño sirviente lo logró…—masculló Taito haciendo una mueca—, ¿vieron? Al final me hizo caso: "Explota la casa de tu amo, y problema resuelto" jejeje…
—Maldición, ¿y ahora qué? Es peligroso quedarnos aquí—musitó Miki con nerviosismo—, pueden venir a buscar más cómplices o qué se yo…
—Tranquilízate, Miki, que yo lo he hecho antes… y ya tenía una corazonada de que tarde o temprano esto iba a pasar…—susurró el anciano dándose media vuelta con ánimo de llamar al resto del Aquelarre para organizar una pronta huida del pueblo (era algo natural, con semejante tragedia, pensó) cuando… Oyó un grito traído por el viento, que lo hizo detenerse.
—¿Maestro?
Ese lejano grito… que había llegado hasta ellos a través del incendio… No, no era de los alterados aldeanos… Lo reconocía, era la voz de Len.
Pero no había sonado como un simple grito… sino más bien como el aullido de un Lobo.
…
The End (Again?)
Author`s Note:
(1) Se refiere a Felipe el Hermoso, Rey de Francia (1280 – 1314)
(2) En las cofradías o reuniones de brujas, era importantísimo, antes de iniciar una sesión, que los participantes alcanzaran el éxtasis, y esto se lograba principalmente al entrar en contacto con sustancias tóxicas o ciertas drogas que eran capaces de "alterar" los sentidos y ponerlos a disposición para ejecutar los rituales. Generalmente se lograba con ungüentos o ciertos animales, como sapos y ranas; de ahí a su vinculación con la brujería.
(3) Oración de la Gran Diosa.
(4) Arioch, es el Demonio de la Venganza, según la Demonología. Es diferente de Alastor, pues Arioch únicamente es vengativo cuando es contratado por lo que es conocido como el "Caballero de Espadas", su ritual debe ejecutarse con tales elementos (o cuchillos en su defecto). El punto seis (6) corresponde a su invocación.
(5) El pentagrama de dieciséis puntas, o también conocido como "Dos Octetos" es mucho más poderoso que el conocido pentagrama de cinco puntas, en lo que a magia negra se refiere; generalmente se usa para "anular" otros hechizos o embrujos.
(6) Véase nota cuatro (4)
(7) Inspirado en el video fanmade/parodia "The Madness of Duchess Venomania", donde Luka le empiezan a salir sombras en su piel.
(8) Carolas: Forma de danza medieval donde un círculo de bailarines cogidos de la mano y bailando mientras cantan.
Shade: Se ha terminado, amigos míos… Y déjenme decirles que esto ha sido todo un viaje de placerpara mí y para Sess, al hacer lo que era correcto: Darle a este fic el merecido pedazo que le hacía falta, antes de dejarlo ir a dormir, para dejar a Len y a su familia en paz… Al menos, en este fic, claro:3
Sess: Una vez más, quiero darles mi más sentido agradecimiento a todos los que siguieron pendientes de esta fumada (?) es algo que nos da mucha alegría.
¡ATENCION, ATENCIÓN! Estamos preparando una sorpresa más, una que (creo yo), que NADIE más ha hecho en este Fandom. Espero que les guste :3
